[ IX ]
~ Tres días ~
—
Sonreímos con picardía a la vez ante la gran idea que tuvo Peri, la rodeamos lentamente, haciédome con su servilleta.
—Muy bien señorita Winkle, cierre los ojos— dije alargando mi voz. Doblé el trozo de tela y se lo até por el lado de su cabeza —¿Ves algo?— negó, era toda nuestra. Vidia se puso a atarle las muñecas con otra servilleta por su cuenta.
—¿Es necesario que…?
—Shh~— la besé, tumbándola en la cama. El juguetónomo que quedaba encima de su cabeza me dio una idea, llevé la atadura de sus manos al extremo y lo enganché con el aparato. —Esto va a ser divertido.
Le acaricié los brazos hasta hacerle cosquillas, descubriendo sus pechos con demasiada hambre. Vidia se me adelantó, devorando su pezón izquierdo, me hice con el derecho mientras descendía mi mano hacia sus pantalones. Me encontré una mano inesperada, así que cambié mi boca por mis dedos y me mudé a sus labios para besarla, dejándola respirar sólo para chupar su lengua.
Una forzada expresión me susurró que Vidia estaba haciendo de las suyas. Al echar la mirada, la vi metiendo un dedo donde no debía.
—Si quieres que paremos, sólo dilo ¿vale?— le recordé.
—Bésame— respondió imperativa, atrevida. Obedecí, pellizcando su libre pezón, malvada, pasando de su saliva a su cuello para morderla. Su respiración creció al ritmo del brazo de Vidia, que hacía mover su cuerpo entero de arriba a abajo con su destreza.
—¿Te gusta esto?— le preguntó, alcanzando sus labios, dejándome libre su pecho izquierdo para manosearlo. —¿Vas a correrte con la ropa puesta Peri?— las miré un momento —¿mojarás tus bragas?— tenía las mejillas enrojecidas.
—Sí~
—Buena chica— Vidia me estaba excitando hasta a mí, creció en velocidad. Peri descansaba los pies en el borde de la cama y a cada zarandeo se echaba más arriba. Seguí con su boca, lamiéndole los labios entre sus alientos, negándole sus besos hasta que no pude más y le metí la lengua hasta donde empezaba la suya, retorciendo sus pezones.
Se puso a gemir nada más dejarle respirar, ya podía escuchar el chapoteo incesante arqueándola, fue todo un récord de tiempo. Le agarré los pechos con fuerza para mantenerla en su sitio, Vidia no paró ni cuando sus piernas cedieron.
—M-más~— alcé las cejas al escucharla pedir más.
—Tink, agarrale las piernas— me senté en su barriga y alcé sus muslos, viendo como Vidia volvía a la carga, mojando no solo sus bragas, sino sus pantalones y la cama. Nunca había escuchado a Peri chillar tanto, se revolvía bajo mi entrepierna y me costaba mantener sus piernas quietas.
Tenía que aprenderme la técnica de mano que usaba para darle placer, no dejaba de correrse.
—V-vale, ya…— dejé caer sus piernas, Vidia se secó su mano goteando con los pantalones de Peri, y palpé su entrepierna para sentir lo mojada que estaba, la marca llegaba a medio muslo.
Me di la vuelta encima de ella siguiendo los suspiros de alivio que mi escarchadora soltaba, y le deshice la venda entre pequeños besos, viendo como su rostro volvía a su pálido habitual poco a poco.
—¿Qué tal~?— me acercó sus manos con una sonrisa, esperando a que desatara sus manos.
—Soys lo mejor— trató de subirme la falda en cuanto pudo. —¿Puedo pedir que te pongas mis bragas?— parpadeé un par de veces —S-si quieres…— iban a estar empapadas de arriba a abajo, y no me hacía especial ilusión, pero por ella me aventuré a probarlo.
—Claro, sí, ¿por qué no?— me quité las mías sin pensarlo demasiado.
Se puso en pie como pudo para bajarse los pantalones, sus considerables fluidos gotearon desde su brecha de muslo, corriendo aún por sus piernas. Verla tan sucia ante mí me dio un tirón en el vientre.
Bajó sus bragas con cuidado, oliéndolas como solía hacer con la comida antes de dármelas. Vidia le dio un ligero azote en las nalgas que nos sorprendió a las dos.
—Eres más sucia de lo que imaginé, me gusta— la avergonzó.
Me puse sus bragas, sintiendo su fría humedad rápidamente en mí por toda la tela. Se arrodilló delante de mí antes de que pudiera decir nada, y se puso a lamer mi entrepierna con sus manos estrujándome las nalgas. Ya no sabía qué esperarme de ella, me tumbé en el sitio donde estaba Peri sin preocuparme de manchar la cama por lo sucia que estaba ya, y siguió comiendo sus bragas con una pasión que desconocía en ella.
Me dejé llevar por la extraña sensación que tenía al tener su saliva y sus fluidos en mi entrepierna a la vez, Vidia me entretuvo con sus largos besos.
—Voy a encender eso si no te importa— Vidia se puso del revés, quedando con sus pechos encima de los míos.
—Espera, me pongo más arriba— subí hasta la altura del aparato, dejándome con unas geniales vistas de su penetración mientras las dos se entretenían con mi placer.
Aproveché la cercanía para lamer su clítoris, sintiendo demasiados dedos jugueteando conmigo. Escuché a Vidia dándole instrucciones, pero el sonido del mecanismo me impedía entenderlas del todo.
De pronto, un frío dedo se metió por mi ano, alcanzando un punto de placer que desconocía. Unos dedos más cálidos me masajeaban el clítoris, y sus lenguas se pelearon entre las bragas que aún llevaba.
Cerré los ojos para tratar de asimilar el color de todas las sensaciones que me llegaban, no se detenían, me chupaban, me mordían, me penetraban y quería que siguieran hasta el anochecer.
Hice todo lo que pude para aguantar el orgasmo, para hacer durar esa sensación como la noche anterior, pero mi nivel de excitación estaba por las nubes, mis dos queridas hadas unieron fuerzas para hacerme correr y no pude hacer mucho para evitarlo.
Peri voló a mi lado para besarme con una enorme sonrisa, se lo estaba pasando en grande.
—Eh~ ahora me toca a mí ¿no?— reímos, pensando en cómo jugar con ella esta vez.
Salí de debajo de ella, se dio la vuelta para tumbarse bocarriba y se quitó la ropa, poniéndola encima de la marca de Peri para no mancharse el pelo. Me puse a besarla del revés cuando escuché el tímido ruido de unos arbustos. Pensé que podría ser algún tipo de animalillo suelto, pero me mantuve alerta por si acaso.
Sin duda se trataba de unos pasos, y se acercaban.
—Otra vez no…— nos quedamos en silencio hasta que ese alguien tocó la puerta.
—¿H-Hola? ¿Hay alguien?
—Será posible…— rodé los ojos, viendo que era la que estaba más vestida para recibirla.
—Perdón por aparecer otra vez, sé que me dijísteis que no volviera a aparecer pero he estado pensando en algo que creo que os va a interesar.
Ya con mi pelo un poco menos alocado y mi vestido en su sitio, salí para hablar con ella.
—Hola~ ¿qué tal?— traté de no parecer demasiado molesta.
—Bien… heh, vine porque estuve pensando en lo que dijiste de tu hermana, que es un hada del Invierno ¿no?— asentí, intrigada —bien pues creo, bueno, no lo creo, estoy bastante segura de que puedo hacer unos polvos que le permitan cruzar al lado cálido sin problemas, es una solución que mezcla las proteínas de los animales que son capaces de mutar sus propiedades al cambiar de estación, de la misma forma que los scouts vigilantes tienen polvos para la visión nocturna, pero adaptada a su caso— tragué saliva antes de emocionarme demasiado.
—¿Acabas de decir que puedes convertir a Peri en un hada del lado cálido?
—No exactamente, sería más bien un hada de las cuatro estaciones, capaz de cruzar de un lado para otro sin problemas— abrí mucho los ojos.
—A-aha, sí, de acuerdo, ¿cuál es el truco? ¿qué quieres a cambio? No puede ser tan bueno.
—Bueno… sólo quería ayudar y eso, no hace falta que me des nada a cambio, sólo te lo decía por si te interesaba, tardaría un par de días en conseguir los ingredientes, hacerlo y probarlo, ¿te parece bien entonces?— inspiré aire de golpe.
Vidia salió apareció con prisas.
—Ya decía yo que me sonaba esa horrible voz, ¿qué diablos haces aquí Zeta? Espera, no me digas que ella era la hada de jardín de la que me hablaste.
—Sí, ¿por qué?— la miré extrañada.
—Es una estúpida guardiana del polvo de hada que no sabe lo que hace, ¿es que no lo ves?— la señaló entera.
—Oye no la trates así, quiere ayudarnos ¿vale?
—¡Ha! La última vez que confié en ella me destrozó las alas, míralas— no pude ver nada fuera de lo común —¡todas esas manchas! Son horribles y todo porque me aseguró que podría volar más rápido que nadie— su voz se volvió más grave.
—Para empezar, eso ni se nota y te dije que no abusaras de ellos, te echaste todo el bote entero— se defendió.
—Da igual, el caso es que no puedes confiar en ella y mucho menos para poner en riesgo a Peri, lárgate antes de que te eche a patadas.
—¡Espera! No, ¿y si funciona? Hay que darle una oportunidad.
—Mirad chicas, no quería meterme en líos, si hubiera sabido que Vidia estaba con vosotras ni me hubiera acercado, ya me voy.
—¡No!— traté de mantenerlas en el mismo sitio. —¿Qué problema tienes con ella Vid? Se ofrece para ayudarnos y la tratas de esa forma por una tontería, ella… ¿Cómo has dicho que se llamaba?
—Zarina, y no es una buena hada, créeme, tú no la conoces de nada y no tienes ni idea de lo que ha hecho.
—Para que lo sepas he ayudado a muchas más personas que tú señorita arrogante.
—¿Quieres ver cómo la echo volando en un tornado?
—¡Parad! ¡No! Nadie va a salir volando— las cogí de la mano a las dos. —No tengo ni idea de lo que habrá pasado con vosotras dos, pero no pienso perder la posibilidad de que Peri sea un hada cálida por esto. Me da igual lo que pienses de ella, si es una buena o mala hada lo decidiré yo con mi criterio.
—Haced lo que os dé la gana— nos soltó un soplo de aire y se fue volando a toda velocidad. No esperaba que se pusiera de esa forma por un hada.
—Mejor me voy— la agarré fuerte para que ella no se escapara.
—No. Tú te quedas. ¿Se puede saber qué le hiciste para que se haya puesto de esa forma? No puede ser sólo por la tontería de sus alas.
—No… no lo es, digamos que no la ayudé mucho cuando pasó lo de Honeydrop y desde entonces me guarda rencor…
—¿Honeydrop?
—¿No sabes quién es?— negué —¿no te ha contado lo de su ex?
—Ah, sé que falleció, pero no sabía su nombre. El hada del agua ¿verdad?
—Sí… era una hada encantadora, todas la queríamos mucho— su mirada se perdió. —Mira, de verdad que quiero ayudarte con lo de tu hermana, pero lo último que necesito ahora mismo es tener a Vidia cerca.
—La mantendré al margen si es necesario, ¿tú qué dices Peri? ¿le damos una oportunidad?— pregunté a través de la puerta, sabía que nos estaba escuchando.
—¡Sí!
No la invité a pasar por el desastre que teníamos montado dentro, así que charlamos sobre esos polvos mágicos fuera. Nos contó sobre sus proyectos y descubrimientos que hizo a lo largo de los años, y cómo ayudaron a todos. De alguna forma, sentí que estaba hablando con una versión guardiana del polvo de mí misma, su inquieta curiosidad y ganas de ir más lejos me recordó a mí con el tintineo.
Le cogí confianza rápidamente, y de alguna forma supe que nos haríamos buenas amigas, sobretodo si lograba meter a Peri en el lado cálido.
Pregunté también sobre los riesgos, sobre si los ministros y la reina darían el visto bueno, y sobre si el efecto sería permanente o no. Todo fueron respuestas positivas, tan bueno que no me lo podía creer, iba a necesitar que alguien más respaldara sus palabras antes de nada, especialmente después de escuchar a Vidia.
—¿Y qué hay de su talento? ¿Seguiría escarchando por aquí?
—De eso no estoy segura, normalmente los talentos no cambian de estación en estación, pero los que son específicos de Invierno… podría ser que se convirtiera en un hada del agua.
—¡Deja de hacerle preguntas y dile que se vaya a por los ingredientes de una vez!— Peri estaba de los nervios.
—De acuerdo, pero si todo sale bien, tienes que permitirme agradecértelo de alguna forma, algo que desees de verdad.
—Lo que quiero no se puede conseguir, pero pensaré en algo. Gracias Tink por confiar en mí después de lo que dijo Vidia.
—Todos cometemos errores, si te contara todas las meteduras de pata que llevo hasta la fecha podríamos estar hasta mañana— nos reímos.
La despedimos sabiendo que la volveríamos a ver pronto, me pareció extraño que se fuera andando otra vez.
Al entrar de nuevo, recibí un abrazo que casi me rompe las costillas. Peri estaba más emocionada que nunca, atropellaba las palabras imaginando que todo iba bien y se convertía en un hada del agua. Sin embargo, tuve que bajarle los ánimos un poco.
Le recordé que aún no sabíamos si esos polvos iban a funcionar, ni siquiera si había algún riesgo a tener en cuenta. Lo que más me preocupaba era que pudiera tener efectos secundarios en ella y perdiera su talento o que le pasara algo malo, no quería perderla de nuevo.
Decidimos que iría a ver a Hada Gary por la mañana para hablar de Zarina, tenía muchas preguntas en la cabeza y no sabía si todas las respuestas iban a gustarme.
No vimos a Vidia en el resto del día, no supe qué pensar de ella. Iba a tener que pasar por su casa después de desayunar.
Peri me despertó con unos ojos muy abiertos y demasiada energía, se me acumulaban los recados.
Empezamos por desayunar, me soltó con demasiadas prisas todas las vueltas que le dio a la cabeza al quedarme dormida, tenía unas ganas inmensas de conseguir esos polvos que si fuera por ella iría a buscar los ingredientes yo misma.
—Vamos vete de una vez— rodé los ojos, me estaba echando a patadas para que averiguara si ese sueño podría hacerse realidad o no.
Empecé por Hada Gary, conocía a medio Pixie Hollow y por supuesto, a todas las hadas guardianas del polvo. Hablé con él de Zarina, de sus polvos modificados y de lo atrevidos que eran sus experimentos. Después de exponerle la idea que teníamos en mente, me aconsejó que si fuera él, no se arriesgaría con algo así, por mera precaución.
No era un buen comienzo, pero tenía que seguir indagando. Pregunté por más referencias que pudieran servirme, dijo que los scouts o las hadas sanadoras podrían serme de gran ayuda.
Volé a por los scouts primero, terminando ante Nyx y su grupo de entrenamiento. Dijo que sin duda sus polvos eran de gran ayuda para ocasiones puntuales, desde visión nocturna hasta potenciadores de fuerza y velocidad. No aptos para cualquiera y prohibidos sin una justificación clara. Nunca tuvieron ningún problema con ellos, así que me los recomendó.
Seguí mi camino hacia Primavera, pensando en que después de todo, sus polvos parecían de fiar.
En el centro sanador, me contaron que Zarina estaba haciendo descubrimientos de lo más interesantes últimamente, trabajaba muy duro para ayudar a los que más lo necesitaban sin pedir nada a cambio. Vidia debió de haberme acompañado, todos la apreciaban por su gran y único talento.
Salí de allí con una grata sensación, sabiendo que le iba a alegrar aún más el día.
Pasé por casa a por algo de ropa porque la de Peri quedó hecha un desastre, y de pronto se me ocurrió una idea para ponerla incluso un poco más contenta.
Fui hacia el lago de los nenúfares, dando con Silvermist a la primera.
—¿Estoy soñando?— se frotó los ojos un par de veces —¿Tink? ¿Eres tú de verdad?
—Venga ya, no hace tanto que no nos vemos.
Le conté sobre el mejunje en el que estábamos metidas, y le pedí que me acompañara para que le enseñara cuatro cosillas a Peri sobre el talento del agua, por si al final su talento cambiaba. Aceptó encantada.
Saltando de un tema a otro, con Vidia en la cabeza, pensé que quizás sabría algo sobre su ex.
—Oye y ¿sabes algo de la novia que tenía Vidia? Honeydrop creo que se llamaba, era un hada del agua— su expresión cambió de repente, la hice detener a medio vuelo.
—¿Por qué lo preguntas? Eso pasó hace años, no creo que sea buena idea sacar el tema, además Vidia odia hablar de ella— se puso muy a la defensiva, raras veces la había visto de esa forma.
—Zarina mencionó que molestó a Vidia o algo así cuando pasó lo de su novia, y desde entonces parecen estar super enfadadas, quería que hicieran las paces— se quedó pensativa un momento, descendiendo el vuelo hasta descansar en el suelo.
—Ellas dos eran muy amigas en esa época, no estaba en el mismo grupo de amigas pero sí que Honey me contaba sobre Vidia mientras trabajábamos, le ponía de los nervios que pasara tiempo con Zeta, había como una especie de triángulo amoroso por decirlo de alguna forma. La cosa se complicó cuando Honey se le declaró y empezaron a salir. Digamos que… Zeta se puso absurdamente celosa, y luego, al cabo de unos meses… un halcón partió el corazón de Vidia. Todos la culpamos por ponerla en peligro de esa forma, yo incluida, y a partir de entonces cambió su forma de ser. No sé muy bien qué pasó con ella y Zeta, pero sea lo que fuese no creo que vaya a arreglarse con una disculpa.
—Vaya… sabía que su historia era trágica pero no pensé que fuera tan…
—Ya, yo no le sacaría demasiado el tema a Vid, no creo que lo haya superado del todo.
—Aún así, tiene que haber una forma de que se lleven bien, Zeta es un hada increíble por lo que he escuchado, y si logra ayudarnos a nosotras… ¿Crees que Vid querrá seguir estando con nosotras si nos hacemos amigas de ella?
—No sabría decirte…
—Vamos a preguntarle— salí con ella arrastras sin pensarlo demasiado. Necesitaba hablar con ella.
Llegamos a su casa con un saco de preguntas, pero nadie contestó. Forcé la puerta para meternos dentro, pero allí no había nadie. Me decepcioné, siempre estaba allí cuando la necesitaba.
—En fin, vamos a por Peri.
La escuchamos gritar nada más me brillaron las alas, preguntando en si íbamos a seguir adelante con lo de los polvos o no. Le chillé de la misma forma que sí, sintiendo el congelador revolverse de un lado a otro.
—Traigo una sorpresita que te va a gustar~— entré primera, recibiendo un abrazo que me empotró contra la pared.
—¿Qué es?— me besó por toda la boca.
—Sil— se apartó de mí, sorprendida como poco.
—Ah, hola— dijo al verla entrar.
—Dice que va a ayudarte con tu nuevo talento, si es que los polvos funcionan y te conviertes en un hada del agua.
—¿¡De verdad!?
Se arregló un poco antes de salir al Invierno. Silvermist le enseñó lo básico sobre el agua desde el río, mostrándole cómo la dominaba y hacía trucos de lo más chulos. Peri estaba en el mismísimo borde prestando toda su atención, emocionada como poco, preguntándole de todo. Era encantador verla tan feliz, pero un sentimiento repentino me hizo pensar en Vidia.
—Chicas, voy a buscar a Vidia a ver si la encuentro, no tardaré demasiado— me despidieron sin más, no iban a echarme mucho de menos.
Pasé otra vez por su casa, pero seguía vacía. Busqué en todos los sitios donde se me ocurrió, pero no la encontré por ninguna parte. Se me ocurrió que quizás, por alguna extraña razón, estaría en casa de Zarina, así que me fui hacia el molino de polvo de hada.
De pregunta en pregunta, dí con ella. Se sorprendió al verme.
—Esto te sonará a estupidez pero, ¿has visto a Vidia? No la encuentro por ninguna parte desde que la perdimos de vista.
—Sí creo que has ido al último lugar al que iría— se rió —pero si no la encuentras por ningún sitio… ¿has ido al monte de los halcones? Solía volar por ahí cuando algo le torturaba por dentro.
—¿Me acomp-
—No. Además, tengo trabajo que hacer y los polvos de Peri no van a hacerse solos, que por cierto, mañana seguramente los tendré— levanté mis pulgares —No te preocupes por ese lugar, ya no hay halcones por ahí.
—Vale… iré con cuidado por si acaso… Gracias por los polvos de nuevo, sigo esperando a que me digas cómo agradecértelo porque no tengo ni idea.
—Descuida, dale recuerdos a Peri.
—¡Lo haré!
Salí volando a por Vidia, de una vez por todas. Nunca me había acercado a aquella zona, tan al oeste, de verdad creía que habrían halcones al llamarse así.
Di un par de aleteos hasta que la vi, cruzando el cielo con una velocidad que hacía temblar los árboles. Me costó lo suyo interceptarla, pero lo conseguí.
—¿¡Qué demonios haces tú aquí!?— gritó, algo sudada, recuperando el aliento con un aire molesto.
—Venía a por ti, te largaste de esa forma así que-
—¿Vas a permitir que Zeta le eche los polvos a Peri?— no me dejó responder —pues claro que sí, qué pregunta más tonta. Mira haced lo que queráis pero no me metas en esto— me apartó siguiendo con su vuelo sin más, tuve que seguirla rápidamente.
—¡Claro que te voy a meter en esto! voy a insistir hasta que tú y Zarina hagáis las paces y volváis a ser amigas.
—¡Tú no sabes nada de Zeta! Hazme el favor de largarte.
—Sé que estuvo enamorada de ti, que se puso muy celosa por Honeydrop y que-— se dio la vuelta hacia mí con violencia.
—No vuelvas a pronunciar su nombre— el tono de sus palabras me dejó sin voz, pero eso no me impidió besarla.
La abracé dejando de batir mis alas, calmando sus respiraciones.
—Sólo quiero que pases página de verdad, que perdones a Zeta y vuelvas a estar con nosotras. No quiero distanciarme de ti por algo así, somos un equipo ¿recuerdas? Por favor Vid, al menos vuelve al congelador, no quiero tener que echarte de nuevo.
—Necesito estar sola Tink, lo siento— un golpe de viento me empujó, y Vidia desapareció volando a toda velocidad.
Iba a ser imposible dar con ella otra vez, y ya llevaba un buen rato sin ver a Peri, así que me di por vencida con un mal sabor de boca.
