Parte uno: Entrégate
Capítulo 4
Pasaron dos semanas, dos semanas en las que no tuve noticias de Naruto, dos semanas en las que no había adelantado nada de la historia entre Tanahi y Menma.
Golpeé mi cabeza contra el volante del auto, me sentía frustrada desde anoche, cuando intenté escribir la primera escena sexual y comprobé que no podía avanzar más allá de un beso. Despegué mi cabeza del volante, me peiné el cabello con los dedos, estaba metida en un pantano creativo, así que lo mejor era relajarme, y preocuparme por mis problemas reales: hoy Hanabi terminaba su castigo y el señor Smith nos había convocado a una reunión.
Miré mis botas cortas, eran nuevas y maltrataban como el infierno. Me bajé del coche y caminé hacia las escaleras del colegio, el pasillo que conducía hasta la oficina del Director era bastante solitario; la señora de recepción me hizo esperar unos minutos mientras me anunciaban. Sumida en mis pensamientos, recordé lo último que había escrito de "Atada a ti".
«Las manos de Tanahi tomaron vida propia, subiéndolas hasta enredar sus dedos entre los cabellos rubios de Menma, la lenguade él pidió acceso a su boca avanzando como una serpiente y enredándose. Sintió como su cuerpo se hacía gelatinoso mientras la devoraba, sus labios descendieron poco a poco invadiendo, profanando, succionando y lamiendo cada pedazo de piel expuesta, necesitaba sentir más, su sexo dolía, palpitaba y se humedecía»
—Señorita Hyûga, ya puede usted pasar—dijo, amablemente la señora, sacándome de mis pensamientos. Suspiré fuertemente, el señor Smith, como siempre, estaba impecablemente vestido, las madres de las dos chicas que cumplieron la penalización junto con Hanabi, se hallaban ya sentadas, esperando.
El Director reiteró su discurso sobre las normas y reglas del Instituto pero no podía captar nada, mi atención, mi mente y mis sentidos estaban en el último párrafo que había escrito anoche, en la manera en como los sentimientos de Tanahi eran muy parecidos a los míos cuando Naruto Uzumaki estaba cerca.
Ese hombre me estaba enloqueciendo, se había apoderado de mi mente, de mis sueños. Era algo así como una sombra que me perseguía día y noche, algo que no me dejaba pensar más que en sus carnosos labios sobre los míos.
¡Cabrón seductor! No sé cómo haces para que mi cuerpo reaccione tan desproporcionadamente ante el más pequeño de tus toques. ¡Jodido libidinoso! Tu lengua en mi boca, y muero de deseo.
—¿Señorita Hyûga?—miré al Director de la escuela, sin saber que me decía.
—¿Disculpe?—expresé tontamente. Vi cómo el señor Smith negaba con su cabeza, antes de preguntarme nuevamente.
—Necesitamos saber si está de acuerdo con que Hanabi, a partir de este momento, permanezca internada también los fines de semana.
Vi a mi hermana parada a mi lado ¿En qué momento había entrado a la oficina? El Director me observaba nuevamente,negué con la cabeza antes de hablar.
—Pero, el castigo era hasta hoy—dije sin saber por qué debía aprobar eso.
—¿Haescuchado algo de lo que he dicho, señorita Hyûga?—cerré los ojos fuertemente sintiendo mi cara arder, ¡estaba descubierta!
¡Jodido Naruto! ¡Jodido libro!
—Lo lamento señor Smith, estoy preocupada por asuntos laborales —vi como las otras señoras decían algo por lo bajo y contuve las ganas de bufar —. ¿Por qué Hanabi debe quedar interna?—el señor Smith dio un largo suspiro antes de hablar.
—Señora McCould, señora Mills, espero que no tengamos que vernos nuevamente por una situación como esta—las urracas negaron antes de musitar algunas palabras conel Director y luego, marcharse junto con sus hijas.
—Ahora que se fueron las damas ¿podría explicarme?
—Señorita Hyûga, le decía que Hanabi nos ha expresado su intención de permanecer interna en el Instituto también los fines de semana, pero para ello necesitamos su aprobación.
Giré mi cabeza mirando a mi hermana fijamente, pero ella no me miraba. Su rostro estaba girado hacia la ventana que daba al jardín exterior; negué con mi cabeza y suspiré larga y sonoramente.
—Director Smith, ¿podría prestarnos su oficina por un momento? Necesito conversar un minuto con Hanabi para aclarar algunas cosas antes de tomar la decisión.
—¡Por supuesto!
—Gracias—el Director asintió antes de levantarse de su silla y salir de la oficina.
Me giré completamente para enfrentar a Hanabi.
—¿Interna? —murmuré— Hanabi, al menos mírame. Sé que estás enojada por la forma en como te hice ir del cementerio, yo tenía toda la buena intención de que pasáramos tiempo juntas, pero estoy escribiendo un nuevo libro sobre un tema con el que no estoy del todo cómoda y hay personas que están ayudándome, tenía que ir. ¿Puedes entender eso?—Hanabi siguió sin mirarme, así que suspiré resignada y hablé fuerte.
» No voy a aprobar que te quedes a vivir en el colegio—dije enojada—. No fue para eso que decidí hacerme cargo de ti—se tapó sus oídos con las manos—. Pensaba tener una conversación con la señorita que creo que eres pero, veo que aún sigues siendo una niña. Recoge tus cosas y te espero en el auto, nos vamos a mi casa —me levanté de la silla dispuesta a esperarla en el auto.
—Tú bien lo has dicho, tu casa —dijo ella cuando yo había llegado a la puerta—. Yo soy una extraña ahí, estoy mucho mejor como interna— susurró en voz baja.
—No voy a dejarte aquí—repetí entre dientes—. El Juez me otorgo tu tenencia y es mi obligación velar por ti.
—Ese es el problema, soy tu obligación—intenté negar, pero Hanabi me interrumpió—. ¡No lo niegues! Tú, a mí, no me miras, no me reconoces. Tú, cuando me miras, ves a mi madre.
—Esa es una estupidez, eres mi hermana.
—Pues yo no me siento como tal, yo me siento un objeto, una cosa, una mascota a la cual le quieres demostrar que eres mejor ama que mamá—iba a rebatirle, pero Hanabi siguió hablando—¡no soy tonta, Hinata! soy menor de edad y eso es muy diferente. Bien me puedo pasar el poco tiempo que falta para mi emancipación acá, encerrada en este Internado, y creo que sería lo mejor para ambas.
—Ya dije que no te dejaré aquí. ¡No quiero hablar más sobre esto!
—¡Ese es tu deseo! ¿Dónde están mis deseos? ¿Quién los cumple? No quiero imponerte mi presencia sabiendo que te recuerdo a quien más odias. Si quieres, puedes venir a visitarme, sería un tiempo para conocernos.
—¡No!
—Seamos prácticas, yo me quedo acá, tú vienes a visitarme, así tienes espacio para ir tus citas laborales y yo me dedico a mejorar mis calificaciones. No creas que no te entiendo, no es fácil hacerse cargo de mí... Más aún cuando soy el reflejo de esa mujer que te dejó sola.
—Tú no eres la culpable de los errores de Hanna.
—Aún así, me culpas—la primera lágrima descendió por su mejilla y yo suspiré hondo, esperando que mi paciencia no terminara siendo un acto de despojo religioso.
—¡No!
Las lágrimas no se llevaban bien conmigo, la última vez que lloré fue cuando descubrí el engaño de Utakata, ese mismo día, en soledad y bajo la lluvia fría, me prometí no más lágrimas y juré ser dura como el hierro.
—¿Sabes qué?, no fuiste la única. A mí también me dejó sola, ella se fue estipulando que debía quedarme contigo, sin importarle mis deseos, tal cual como lo estás haciendo tú, ahora.
—No voy a dejarte acá.
—¿No te has detenido a pensar por qué mamá me dejó contigo?
—Hanabi, lo único que importa es que estás a mi cargo y que eres mi hermana.
—A mí también me gustaría intentar tener una hermana, Hinata, pero no así, no haciendo las cosas porque un Juez o un papel nos obliga, no porque quieras ser mejor que Hanna Hyûga—susurró antes de salir de la oficina dejándome sola.
Me dejé caer en la silla, sintiendo mi pecho oprimirse. Mi hermana pequeña, mi única hermana, dándome lecciones de cómo mejorar mi vida; cuando el Director Smith entró nuevamente a la oficina, acordamos que Hanabi se quedaría interna un tiempo y que después de eso, evaluaríamos nuevamente la situación.
Salí de allí con una sensación de agobio, no me sentía capaz de imponerme a mi hermana, sabía que se sentía sola pero insistió tanto en que no me quería como compañía que opté por una retirada. Debía recomponerme, armarme de nuevo antes de volver a la carga, así que me fue directo a mi reconstituyente del ánimo: Inojin, mi ahijado y mi sol personal.
Me dirigí a la casa donde vivían Ino y Sai, íbamos a tener una tarde de chicas: Ino, mi solecito y yo. A la hora de la siesta de Inojin, mi amiga y yo nos instalamos en el sofá de la sala y, entre brownies y refrescos, le conté lo sucedido con Hanabi en la escuela y como sentía que repetía los pasos de Hanna al dejarla sola en ese lugar.
Si no hubiese sido por Ino, en mi adolescencia no habría salido de los tonos grises, ella me conocía y entendía lo que pasaba con mi hermana, por eso me consoló saber que, en su criterio, había hecho lo correcto al dejarla en el Internado.
Pensaba, al igual que yo, que el planteamiento de Hanabi fue maduro, pero, emocionalmente, estaba muy sola y necesitaba que yo encontrara una salida. Me sugirió que empezara por permitirle crear su propio espacio dentro de mi casa y que me relajara con lo de "mi madre abandónica"; Hanabi era una chiquilla que se merecía ser reconocida por lo que era, no por ser la hija de Hanna.
Sai regresó del trabajo cerca de las seis, tan pronto la puerta fue abierta, Inojin—que despertó de la siesta de muy buen humor— se bajó de mis piernas y fue corriendo hacia su papá.
—¡Ay, papi, te eché tanto de menos!—este niño algún día sería un gran actor—¿Me trajiste algo?—y puso sus ojos como un cachorrito.
Sai sacó una galleta de su saco y se la entregó, él le dio un abrazo y un beso, le declaró su amor eterno y volvió a ver sus caricaturas.
—¿Cómo están, chicas?—me dio un beso en la mejilla y a Ino, la atrapó en un abrazo y la besó en la frente.
—Tú linda esposa debería abrir una consultoría, es la mejor aconsejando.
—Es una joya, por eso hay que llenar el mundo con sus hijos... y los míos, por supuesto—le dio un beso rápido en los labios.
Ino le dio un golpe suave en el pecho y disimuló enojo.
—Espérame un segundo—Ino empujó a su esposo hacia las escaleras y me guiñó un ojo.
—¡Hey! ¿Podrían dejar lo de los hijos para otro día? Hay un pequeño en el salón—iba a decir "un pequeño y una virgen" pero ese chiste ya no me parecía gracioso.
Minutos después, Ino bajó con un pequeño bolso en su mano y una sonrisa en su cara.
—He hablado con Sai, Inojin y yo iremos a tu casa y haremos una pijamada, como en los viejos tiempos.
—Ino no es nece...
—Sí, sí lo es Hinaaata—afirmó—. Te sientes triste, necesitas la mejor compañía y apoyo femenino. Baby, ve a despedirte de papá, esta noche dormiremos con la manina Hinaata.
Inojin subió las escaleras y cuando bajó tenía un puchero.
—Me quedo con papi—dijo seriamente—. No podemos dejarlo solo ¡alguien tiene que cuidarlo!—colocó sus bracitos en jarra como hacía Ino...
El fruto nunca cae muy lejos del árbol.
Sai bajo las escaleras, mirándonos divertido.
—Necesitan hablar, vayan las dos, yo malcriaré un poco al príncipe, le leeré un cuento antes de dormir y lo llevaré a la escuela, mañana—bajó los escalones que faltaban y dio un íntimo abrazo a Ino.
Bien provistas de pizzas, cervezas y refrescos, llegamos al apartamento. Mientras Ino se preocupaba por la película y la comida, yo me di una ducha.
—¿Disney o DSex? ¡Así de extremas estamos, nena!—me gritó de la sala — ya que no está Inojin, voto porque escuchemos el programa del arrogantemente caliente Doctor Sex—mi amiga se movía con rapidez, antes de que contestara, ya tenía porcionda la pizza, la cerveza lista y la radio encendida.
—Buenas noches oyentes, sean todos bienvenidos a un programa más de "Hablemos de Sexo", con ustedes el Doctor Sex y esta servidora, Karin. ¿Cómo estás, DSex?
—Perfectamente linda, déjame decirte que ese vestido te queda perfecto —se escuchó una risilla cómplice—¿Qué tenemos para hoy?
—Un tema que a más de una mujer va a encantarle: ¿El tamaño importa?—sonidos predeterminados de chiflidos interrumpieron la conversación, sabía que era Sasori jugando desde la cabina.
—Pues, yo creo que depende a quién le preguntes. Yo estoy más que satisfecho con mi tamaño — Mr. Arrogante
—Nunca te lo he visto, DSex, así que no puedo confirmar eso —la suave risa de Karin se escuchó—, pero tienes mucha razón en lo que dices; dependiendo a quien le preguntes.
—"El hombre es la medida de todas las cosas" decía Protágoras[18]. Pero, en este caso... es la mujer quien mide "la cosa" —el idiota ahora se la daba de comediante.
—Biólogos de la Universidad de Cambridge dicen que en la época de los Homo Sapiens las mujeres utilizaban el tamaño del pene como uno de los factores para elegir al mejor compañero sexual con fines reproductivos.
—Las cosas no han cambiado mucho... lo único: no nos eligen con fines reproductivos—sí... hoy, Mr. Arrogante, estaba de muy buen humor.
—Hay estudios que afirman que las mujeres prefieren a los hombres más altos, con espaldas anchas y cadera angosta, ya que eso asegura un pene fuerte y vigoroso.
Pude escuchar la sonrisa de Naruto e inmediatamente mi mente reprodujo la imagen de su sonrisita burlona.
¡Dios, tenía a ese hombre tatuado a mi retina!
—¡Las apariencias engañan, Karin! Juzgarían el libro por la portada.
—Tienes razón Si un hombre es bajo y tiene un cuerpo con forma de pera, un pene grande no aumentará su atractivo sexual.
—¡Sí! ¡Somos pocos los hombres que cumplimos con ese parámetro!
—¡Por Dios, Ino! ¿Cómo puede ser tan farsante?—furiosa, mordí mi pizza y tomé un trago de cerveza.
—Cariño, tú lo viste. Más guapo no puede ser... en cuanto lo otro, es un rumor persistente—mi amiga se encogió de hombros, mientras miraba el radio y masticaba.
—¿Cuánto es la medida exacta de un pene, o al menos la más exacta?— preguntó Karin.
—¡Juro que si dice un chiste sobre eso, apago la radio!
—¡Amargada!—pensé tirarle un cojín a mi amiga, pero ella me hizo señas para que escuchara.
—Según la Academia Nacional de Cirugía Francesa, el tamaño del pene en reposo es de entre 9 y 9,5 centímetros y de 12,8 a 14,5 en erección.
—O sea, que el que diga que tiene más de 15 centímetros es un mentiroso, mujeres—acotó Karin, divertida.
—¿Por qué no dejamos que sean ustedes mismas las que nos digan si importa o no el tamaño del pene? Esperamos sus llamadas mientras vamos a una pausa comercial y volvemos enseguida—se escuchó la voz de Naruto.
—Odio ese programa, es una oda a la fanfarronería de Naruto —dije entre dientes, mientras escuchaba los comerciales.
—¿Por qué? Yo sé que tuvimos una no muy buena experiencia pero aún así, lo amo. El tipo es un arrogante pero joder, es un especialista experto en el tema y tiene la voz más ardiente de todo el universo—exclamó, mientras tomaba el esmalte para pintarme las uñas.
Según ella, eso subía los ánimos. Por hoy, la dejaría hacer lo que fuera conmigo, mañana me quitaría ese color rojo de mis pies. De igual modo, yo usaba siempre zapatos, así que no se notaba en absoluto.
La pausa comercial fue muy rápida y luego de dos canciones—más que perfectas para follar—, según las palabras de Ino, se escuchó nuevamente la sexy y ardiente voz de Naruto Uzumaki.
—Hablemos de Sexo, te atiende Doctor Sex.
—Hola, hermoso—dijo la chica al otro lado de la línea—. Mira, yo creo que sí importa el tamaño a la hora de hacer el amor, tú sabes, un pene pequeño no va poder llegar a lugares que sí puede un miembro grande.
—Has tenido alguna experiencia... Creo que aún no sé tu nombre — musitó Naruto con voz suave.
—Mi nombre no importa ¿verdad? Mi primera vez, fue con el nerd de la escuela pero joder, ese era ¡El miembro! Me hizo ver hasta las estrellitas del cielo. Luego estuve con Owen, el capitán del equipo de béisbol, lo tenía tan chico que te juro que casi me quedo dormida en medio de la faena.
Naruto rió abiertamente ante lo espontáneo de la chica, Evidentemente, la mujer quería impresionarlo
—Tenemos otra llamada, no nos cuelgues, chica A —dijo, aún con risa —. Hablemos de Sexo, al habla Doctor Sex.
—Mi nombre es Sarah, yo pienso que no importa el tamaño siempre y cuando la mueva bien y sepa estimular.
—Aquí tenemos a una chica que lo sabe gozar—intervino Karin.
—Para eso se crearon los previos. Yo exijo buen trabajo en la anticipación, así quedo tan deseosa que el solo hecho de sentir que me penetran, llego a un fabuloso orgasmo.
—Gracias por tu apreciación, Sarah —murmuró Karin—. ¿Qué piensas, chica A?
—Que su marido la tiene chica y le toca conformarse con ella —la cabina estalló en risas—¡Hey, DSex! ¿Por qué no me muestra lo efectivo de esa teoría—silbidos y exclamaciones se escucharon en el locutorio. ¡Yo sabía que la muy braga floja iba tras de él!
—Lamentablemente, estoy muy bien dotado, chica A—contestó Naruto, divertido.
—En su currículo, Doctor Sex pone 16 centímetros—Karin le siguió el juego.
—No puedo servirte como conejillo de Indias pero ya llegará el indicado para ti, que tengas una buena noche...—Naruto rió—. Seguimos en "Hablemos de Sexo". ¿Importa el tamaño del pene a la hora de intimar? Vamos con un poco de música y regresamos.
Yo me fui a la cocina, a dejar los restos de comida e Ino, entró al baño, cuando volví a la sala, quedé pasmada cuando reconocí una voz cantarina que salía al aire.
¡Ino!
—Hola Sex —dijo Ino, con su voz pequeña—, mi nombre es Mary— rodé los ojos—. Pues, yo creo que tamaño no es igual a potencia—dijo resuelta mientras salía del baño enfocando su mirada en la mía—. Ese es un error que muchas de las mujeres creen, un mito...
—¡Cierto!—agregó Karin—. Muchas veces un pene de gran tamaño no siempre tiene una gran performance sexual. La potencia o capacidad de mantener erecciones firmes y prolongadas, no es un atributo propio de los hombres más dotados.
Yo le hacía gestos para que cortara la llamada, ella se negaba y me hacía gestos amenazantes para que me quedara tranquila.
—La potencia sexual depende de muchos factores —la voz de Naruto se escuchó y ella daba saltitos por toda la sala—. En especial, de la capacidad de mantener la excitación en el plano mental. Para ello, es necesaria la atención completa y permanente en la relación y, principalmente, la atención que el hombre pone en la estimulación sexual de las zonas femeninas más erógenas, en especial el clítoris.
Él y su "Eru-Ero" —Erudición de Academia Máxima de la Erótica de lo Erótico— volvían loca a mi amiga.
—Sí, ese es mi punto—la muy loca, respondía como si nada.
—Dime Mary, ¿estás sola en casa o estás acompañada?
Empecé a negar con la cabeza y terminé negando con cabeza, manos y todo mi cuerpo, pero fue inútil. Ino me dio una sonrisita maligna y...
—Tengo a mi amiga Hi...—¡noo!—...lda frente a mí, se muere por hablar contigo.
—¡Te odio!—articulé sin voz, mientras ella me extendía el teléfono.
—Eso es por pensar en quitarte el esmalte tan pronto me vaya. Te conozco, Hyûga—me dijo, bajito, mientras tapaba el teléfono.
Tomé el aparato con rabia pensando en cortar la llamada cuando la voz moja bragas de Naruto Uzumaki se escuchó.
—Hilda, queremos saber tu opinión—murmuró Naruto. Tomé aire fuertemente antes de llevar el aparato y hablar—. Es importante para nosotros, no seas tímida, cuéntanos tus experiencias... si es que has tenido alguna—¿Se estaba burlando de mí?... ¡Idiota!
—Bueno, yo...
—¿Escuchas a menudo el programa?—él y su maldita manía de interrumpirme.
—Mi amiga Mary lo escucha más que yo, no soy asidua a este tipo de temas.
—Mmmm. Si tienes problemas en la cama, puedo recomendarte un Sexólogo amigo mío—¡lo sabía! ¡Él sabía que era yo!
—No, mis problemas no son de esa índole, pero no estoy llamando para comentar mis problemas, sino para dar una opinión al tema de hoy.
Ino, recostada en el sofá, se apretaba la panza, simulando un ataque de risa.
—Soy todo oídos Hinata, perdón Hilda—murmuró, burlón.
Al escuchar mi nombre, se sentó y me miró extrañada. Mi gesto fue claro: Ino, te voy a matar tan lentamente, pero ni aun así, se me va a pasar la furia contigo.
—Estoy de acuerdo con Mary y Karin. Así que yo no alardearía de tener un buen miembro, si no sé cómo usarlo, Doctor Sex...
Y sí soy suicida, media población femenina me odiaba en estos instantes, yo Hinata Hyûga estaba diciéndole malo en la cama al hombre con la voz más caliente de todo Nueva York.
Por medio de los auriculares pude escuchar la risa jocosa y altiva de Naruto. Ino estaba estupefacta frente a mí, pero la ignoré.
—Bueno, puedo alardear de que nunca se han quejado de mi potencia y empuje—murmuró, siempre tan seguro de sí mismo—. Es más, celebran que me ocupe del clítoris, Hilda.
—¡Ajá!—traté de que me saliera irónico y aburrido.
Ino todavía no podía cerrar su boca de lo asombrada que estaba con mi desplante a su Dios del cielo de los orgasmos.
—Toda la sensibilidad femenina tiene que ver con el clítoris. A diferencia de lo que muchos creen, no es un órgano pequeño, sino que se extiende por dentro de los genitales femeninos. Esa es la parte principal que roza el pene cuando es introducido. La naturaleza es sabia: penes cortos y delgados o penes largos y gruesos terminan rozando esta parte sensible sobre la vagina, produciendo la excitación sexual.
Demasiada información para mi sensibilidad, le tendí el teléfono a Ino y me fui a la habitación ella cortó la llamada y me siguió.
—Un pene grande para una mujer es comparable al color de ojos. No porque sea imprescindible, sino por una cuestión de gusto particular y estímulo psíquico o fantasía que le despierta—expresó Karin.
—¡Exactamente! Para gustos colores, chica que colgaste el teléfono sin despedirte y no olvides nuestra máxima: cada quien debe explorar y sacar su propia conclusión sobre el sexo, lo importante es tener la vivencia y disfrutarlo. Vamos con más música enseguida volvemos.
Una nueva tanda de música se escuchó justo antes que mi celular empezara a repicar, lo contesté al tercer timbrazo.
—¿Fuiste tú la que llamaste al programa?—Mi corazón se detuvo por unos instantes, Ino dejó de pintarme las uñas para observarme al no decir quién estaba llamando—¿Es Kiba? —Articuló sin emitir sonido. Apreté el teléfono a mi oído mientras escuchaba a Naruto hablar.
—Contesta Hinata, ¿fuiste tú?—su voz, al otro lado de la línea, se escuchaba agitada.
—Lo siento señor, está equivocado —colgué.
—¿Quién era?—preguntó tomando mi pie para terminar su obra de arte, como ella la había bautizado—. Parece que hubieses escuchado al mismo demonio.
—Simplemente, era un equivocado—musité, intentando restarle importancia. El teléfono volvió a repicar pero lo ignoré
—¿No vas a contestar?—Fingí mirar la pantalla pero ya sabía quién era.
—Es el mismo número y el hombre esta ebrio...—¡genial!, estaba empezando a mentir. La melodía de un nuevo mensaje de texto se escuchó justo cuando Ino terminaba mi dedo pequeño.
—Voy por un par de bocadillos, me dio hambre—se levantó de la cama y salió de la habitación por lo que aproveché para mirar el texto.
Sé que eras tú, Hinata.
Conozco tu voz, el sonido de tu respiración.
Quiero tus jadeos en mi cama.
No huyas, Dulzura.
No soy un hombre paciente.
Naruto
No contesté el mensaje, no quería que Ino notara nada extraño, cuando iba a apagar mi celular un nuevo mensaje entro a la bandeja.
¿A qué juegas, Dulzura?
No te equivoques, tú eres mi ficha.
La próxima vez que nos veamos, será para un sí.
Naruto.
—¿Es Sai? mi celular se ha quedado sin batería —negué con la cabeza —. He puesto a cargar el celular en tu sala. No importa, ¿verdad?—negué— ¿Y, quién es?
—Es Kiba. Hatake quiere verme mañana —se me estaba dando bien esto de mentir.
—¿Cómo vas con el libro?—preguntó Ino, tendiéndome una taza con helado.
—Ino, es más de media noche—dije mirando el helado de vainilla.
—Abrí la nevera y me antojé—respondió mi amiga, sacándome la lengua —. Una vez al año, no hace daño.
—¿Te colocaste la inyección?
—Por supuesto, Hinata, ahora no me cambies el tema. ¿Cómo vamos con "Atada"?
—Tengo que replantear el tema, no está saliendo como quiero.
—Muero por leer, Kiba es un maldito con suerte—dijo antes de volver a escuchar la voz de mi perdición.
—Y para terminar este programa, quiero dejarlos con una canción en especial. No es de las que acostumbramos a colocar en este programa, pero uno de nuestros oyentes, quiere que Hinata escuche esta canción —giré mis ojos mirando hacia mi equipo, como si pudiera verlo a través de él¡es más imbécil de lo que creía!—Espero que hayan disfrutado este programa y, Dulzura, pocas veces se presentan segundas oportunidades... no la rechaces otra vez.
La música empezó a escucharse, afortunadamente Ino no se percató de lo que dijo ¡gracias, helado de vainilla! Conocía la canción... ¿por qué me dedicaba esa canción a mí?
—Me gusta ese artista—era The Weeknd—, aunque sus canciones son tan tristes y melancólicas.
—¿Tristes? Tiene una donde dice "meteré mi polla hasta tu garganta"— rebatí—¡Es vulgar y obsceno!
—No, es triste. Habla de la soledad, sexo, drogas, desde un punto de vista tan prosaico que pareciera decir puras banalidades, pero... para muchas personas, es la vida misma.
—Amiga, esto no resiste análisis, es muy simple, el chico de la canción quiere sexo y se inventa una historia emotiva para obtenerlo, aunque después se sienta vacío... cosa fundamental para seguir teniendo sexo sin compromiso. Manipulación sexual, nada más que manipulación sexual.
—¡Qué certero y cínico análisis! si no te conociera diría que un chico como ese te está persiguiendo.
—¡Qué! ¿A mí? ¡Estás loca!—dije completamente nerviosa, ante la mirada entrecerrada de mi mejor amiga—. Solo digo lo obvio—me comí tres cucharadas de helado negando con la cabeza cuando se me congelo el cerebro, mientras Ino se destornillaba de la risa a mi lado... Zanjado el tema.
O eso creía.
—Si tú anduvieras en algo raro, yo lo sabría ¿verdad? —dijo Ino lamiendo su cuchara, y echándome una mirada entre inquisidora y pícara.
—¡Vamos, ridícula!—le tiré una almohada—Es hora de dormir.
—Sí, mañana tengo un día muy pesado, tengo que sacar una campaña y está todo muy atrasado.
—Gracias por todo, Ino—susurré mientras la abrazaba muy fuerte.
—Sabes que siempre estaré para ti, Hinata, siempre...
Estaba quedándome dormida cuando me llegó un último mensaje.
La próxima vez que te vea, no huirás Será el fin de este absurdo jueguito.
Al día siguiente me levanté con energías renovadas gracias a la noche de chicas, con las uñas de las manos y los pies pintadas de un rojo sangre violento ¡y, ni siquiera tengo uñas!
Ino estaba cambiándose en mi habitación y yo preparaba el desayuno cuando sonó el timbre.
—¡Hinata, es Sai! le pedí que pasara por mí—gritó Ino, asomando su cabeza por la puerta de mi habitación—. Por fa' amiga, entretenlo unos minutos mientras termino.
—Le daré tu desayuno, si no te apuras —yo ya me había bañado, pero permanecía en bata y me acomodaba una toalla en la cabeza.
—Hola Sai, Ino dice que. . .
Cualquier palabra que hubiese querido decir se quedó dentro de mi boca, un par de carnosos labios chocaron contra los míos y de inmediato, los reconocí.
¡Oh joder! ¡Qué benditos buenos días!
Mi cuerpo reaccionó por cuenta propia y mi cerebro, con una lujuria desconocida hasta hace poco por mí, me dio la orden perentoria de toquetear su cabello y de responderle el beso.
—Sai, mi amor no va...—me aparté completamente de Naruto cuando oí a Ino.
—No es Sai—le dije mientras ajustaba mi bata y me sacaba definitivamente la toalla del pelo.
—¿Doctor Sex?—su cara era un poema.
—Buenos días, Ino—ella no respondió el saludo, estaba ocupada en agarrar su chaqueta, su cartera y mirarme fijamente.
—¡Yo sabía que andabas en algo raro!—sonó su celular— ¡maldición! Sai me espera. Hyûga, no creas que te salvaste de mi interrogatorio —y salió como alma que lleva el diablo.
—¿Viste lo que hiciste? ¡joder! ¿Qué haces aquí?
—Tenemos cosas pendientes y ya no quiero darle más larga.
—¿Y crees que violentándome en mi ca...?
Naruto tomó mi mano girándome y dejándome atrapada entre sus brazos y la pared, sus labios se unieron a los míos en el mismo festival de siempre: fuerte, pasional y audaz. Automáticamente, mi cuerpo respondió exageradamente a los estímulos del hombre que me devoraba como si no hubiese un mañana. Me levantó de un impulso, rodeó sus caderas con mis piernas y me hizo sentir lo caliente y dura que estaba su erección.
—¡Maldita sea! te deseo tanto que duele —embistió contra mí—¡Dime que sí!— murmuró besando mi cuello.
—¡No!—susurré halando sus cabellos.
—Esta es la última vez, Hinata. No habrá otra oportunidad—volvía a besar mi boca.
—¡No!—respondí mientras le devolvía los besos.
¡Eres una impresentable, Hinata!
—Acepta mi propuesta y déjame enseñarte todo lo que debes saber referente al sexo.
—No te daré ese poder—Naruto mordisqueó el lóbulo de mi oreja acercándome mucho más a él, por las sensaciones que recorrían mi cuerpo pensé que moriría en cualquier momento.
¡Resiste, Hinata! Re... sis... te.
—Estoy aburriéndome de estar detrás de ti Dulzura.
—Pues, no lo hagas—lo besé en su cuello.
Modo: Hinata Desatada.
—No puedes negar lo innegable: sé que me deseas.
¡Se atrevió a jadearme en la cara!
—¿Y?
—Yo te deseo más—encajó con fuerza su dura erección entre mis muslos, haciéndome gritar bajo su aliento.
¡Wow!, ¿no será que tiene una barra de titanio ahí?
—No deberías estar aquí—sus labios, eran adictivos.
Y no debería estar besándolo pero ¡me enloquece!
—¿Por qué no? Tú me gustas más que nadie—succionó mi labio inferior — solo que mi paciencia tiene un límite.
—¡Eres tan fanfarrón! ¡Tan soberbio! ¡Tan insoportable!—nuevamente su miembro entre mis muslos, mi bata ya se salía.
¡Dios!, sé qué hace mucho no voy a la Iglesia, pero no me castigues así.
—¿Te gusta esto, Hinata?—el muy idiota frotaba con vigor su barra de titanio contra mi entrepierna—. ¿Te gusta cómo se siente mi dureza en tu centro?, ¿puedes imaginar lo bien que nos vamos a sentir cuando encajemos?
—¡Oh, por Dios!—chillé, solo un poquito, cuando sentí que iba a explotar.
—No querida, yo soy mejor que Dios. Nací para esto, Dulzura.
—Hereje—estuve a punto de morderle la oreja.
—Di que sí, maldita sea. ¡Acepta de una jodida vez!
Después de cada frase, me embestía, me besaba, me mordía.
—¡No quiero!—iba a lloriquear, el placer era tan intenso que si volvía a embestirme iba a deshacerme.
—¿Te gusta?—un empellón más fiero y tuve que pensar en ese capítulo de los Simpson en donde Homero, vestido con un mini bañador rojo, paseaba por una de las playas de Río de Janeiro.
—No hables.
Se rió, suavecito, de mi petición.
—Tu corazón se acelera, la sangre se pone espesa y fluye lenta, sientes que vas a morir, vas a correrte y te gusta—se alejó para mirar mi cara—¡Por todos los cielos, sí que te gusta!
—Sí, maldita sea, ¡me gusta, ¡ni se te ocurra detenerte!—tiré fuerte de su cabello y con desesperación, me froté contra su cuerpo.
—Entonces, Hinata—se detuvo abruptamente enfocando su mirada en la mía, quise llorar y patear sus pelotas—, ¿por qué no dejamos este tonto juego en que tú quieres ser el gato?
Me separé totalmente de él, me ajusté muy firme la bata y lo miré.
—Yo...
—¡Acepta ya! Solo así podré devorarte como tú sueñas y yo deseo.
¡El muy imbécil cree que es mi sueño! ¡Maldición, lo es!
—Eres tan arrogante, tan...
—¡Contesta, Hinata!
—Con mis condiciones.
¡Muy bien, Hinata Hyûga! vende cara tu derrota.
Él me dio su sonrisa marca de la casa antes de acercarse a besarme, cómo zafé mi mano de su amarre, ¿quién diablos sabe? Pero antes que nuestros labios pudieran acercarse, lo aparté de mí. Tener esa barra calentona a pocos centímetros de mi pequeña nena no era sano... no, señor.
—Mañana, en la cafetería de la otra vez —dije, tratando de controlar mi respiración.
—En mi casa, a las siete—replicó, suavemente.
—No en la noche. No en tu casa.
Estaba agitada. Su aroma embotaba mis sentidos, ahora entiendo al pobre Superman cuando estaba cerca de la kriptonita... Naruto Uzumaki era mi propio meteorito destructivo, aún así, debía mantenerme firme.
—Tengo el día ocupado, Hinata, y mi casa es un lugar seguro.
—Debe haber otro lugar—traté de despegarme de la pared pero él me retuvo.
—Te da miedo estar conmigo en mi casa, Dulzura—arqueó una ceja con autoridad—. Puedes ir a mi oficina, tengo consulta hasta las cuatro de la tarde—su mirada estaba enfocada en mi boca henchida por sus besos, llevó sus dedos a mi rostro tocando con reverencia y luego su libidinosa lengua humedeció sus labios.
—¿Tu oficina?—asume, Hinata, ya no puedes darle más larga al asunto.
—No te muerdas la mejilla—ni me había dado cuenta que lo hacía—. Nos vemos mañana en mi oficina, está en la torre "Vitae ", piso seis — asentí sin poder hablar, su toque enviaba electricidad a través de mi cuerpo —. Te espero a las cinco, nena.
—¿A las cinco?
¡Perfecto, Hinata! Ese toque de retrasada mental te queda muy bien. Hacer preguntas tontas debe ser efecto secundario de un orgasmo malogrado.
—No me hagas esperarte o vendré por ti—sus dedos dejaron mi mejilla para acariciar mis labios—. Ya has aceptado mi propuesta y eres mía.
Sin decir más, se alejó de mí y se fue dejándome el corazón latiendo a mil por hora y con la respiración acelerada.
¡Qué demonios acababa de aceptar! Peiné mis cabellos dejando que mi cuerpo se resbalase por la pared. Me había rendido, eso había pasado. Tal cual como había condenado a Tanahi, me había condenado a soportar en mi cama a Naruto Uzumaki.
¡Excelente, Hinata!, si algo aprendimos del abuelo es a nunca echarnos para atrás... ¿se referiría también a esto? ¡Joder!
Haciendo un recuento de mi situación, establecí claramente que era deseo. Simplemente eso. Naruto había dado a mi cuerpo sensaciones que nunca antes había experimentado y ahora yo quería saber más. No voy a morirme virgen, y no estoy dispuesta a que nadie me rompa el corazón, ¡así de simple! Hay que limitarse al sexo y a aprender como disfrutarlo. ¡Es todo, y puedo con ello!
La llamada de Ino no se hizo esperar, cuando contesté solo dijo:
"—Almuerzo. No puedes negarte. Doctor Sex".
Y aquí estaba yo, preparándome para la tortura.
Llegué al McDonald's —sí, a McDonald's. Sabía que Ino se contendría ahí—y tan pronto Inojin terminó su "Cajita Feliz", se fue directo a los juegos y empezó mi tortura.
—¿Desde cuándo?—murmuró, cuadrando el rostro.
—Ino...
—¡Qué Ino ni que mierdas, Hinata! Somos amigas desde que teníamos acné, así que dímelo, ¿desde cuándo follas con el Doctor Sex?
—Ino, estamos en un lugar infantil.
—Me importa una mierda.
—No he follado con él—peiné mis cabellos hacia atrás.
—No me mientas, ese hombre prendía de ti como si fueses la última mujer en su vida.
—Ino.
—Hinaa... Esto no es por cotillear, soy tu amiga. Ese hombre es el más ardiente de la ciudad, él tiene mujeres con solo un chasquear de dedos y Utakata ya te destrozó lo suficiente.
—Me he resistido lo más que he podido y sé lo que hizo Utakata.
—Perdón.
—No le he contado esto a nadie, pero sabes que las escenas de cama no son mi fuerte, Kiba pensó que si alguien me ayudaba...
—¡Detente!, ¿Qué tiene que ver eso con que Doctor Sex estuviese haciéndote el amor con ropa esta mañana?
—¿Podrías dejar de decirle Doctor Sex? Naruto es el amigo de Kiba— continué.
—Ok, eso lo entiendo pero, una cosa es que él te explique la teoría y otra, que practique la teoría contigo.
—Es que ese el asunto. Voy a practicar la teoría.
La cuchara con helado quedó a medio camino de la boca de Ino.
Son ideas mías o Ino está comiendo mucho helado.
—¡Mierda!—gritó Ino, haciendo que muchas madres la volteasen a ver.
—Sip, muy mierda...
—¿Por qué nunca me pasan estas cosas a mí? aprender sexo con el hombre más follable de la faz de la tierra, luego de Brat Pitt, en la película Troya.
—¡Ino!—le grité—, te recuerdo que ese es tu hijo—señalé a Inojin que bajaba de la resbaladera—y que estás casada.
—Lo sé y amo a Sai, pero se vale soñar, guapa —dijo mi amiga entre risas—. Entonces, ¿aprenderás sobre sexo con el mejor maestro?
—No he dicho sí, todavía.
—No voy a reñirte por lo que vas a hacer, porque creo que eres lo suficiente adulta para asumir lo que sea que vas a hacer, solo espero que sepas diferenciar entre sexo y amor. Doctor Sex o Naruto, es un hombre al que los compromisos no le van, se le ve a leguas. Él es un hombre de solo folladas y, no quiero ver tu corazón partido, ¿vale amiga?
—¿Crees que no lo sé, Ino?—dije en voz baja—. Es solo que él despierta tantas cosas en mí.
—En ti y en media población femenina, así que protege tu corazón. Hagas lo que hagas, mantén presente que es solo sexo.
Después de eso, Inojin llegó a nosotros diciendo que quería irse. Nos despedimos y conduje a casa.
Al llegar, me coloqué una sudadera cómoda y traté de no pensar en Naruto Uzumaki, abrí mi laptop y me dispuse a continuar con la redacción del libro. No había avanzado mucho, cuando a mi celular, entró un mensaje.
Mañana, tú y yo.
Has tomado una excelente decisión, Dulzura.
Te deseo como un maldito maniático.
Naruto
Tomé mi laptop y la llevé hasta mi cama, dispuesta a trabajar, pero me sentía frustrada. Me recosté y suspiré fuertemente, no me podía olvidar de sus besos, de la manera en cómo sus pantalones quedaban estrechos por la erección; acaricié mis labios con mis dedos, aún podía sentirlos quemándose por los besos de esta mañana.
Ya no te puedes arrepentir, Hinata.
Miré el computador y leí el último párrafo escrito.
Se había metido a la cueva del lobo, había aceptado los designios de Menma, y en ese momento la excitación y el temor ante la locura que acababa de cometer, quemaba su cuerpo... Estaba perdida.
—Estamos perdidas, Tanahi... —cerré los ojos. Mañana será un nuevo día.
La luz del sol me despertó, no había dormido mucho. Me dolía mi cabeza no logré descansar, mi cerebro, el muy idiota se convirtió en un generador continuo de un sinfín de preguntas y nunca me dio respuestas.
Me levanté con el cuerpo pesándome una tonelada. ¿Cómo llegué al baño?, no lo sabía. El agua tibia parecía relajar mis músculos y aclarar mi cabeza; cuando salí de la ducha me miré en el espejo, mis ojeras estaban bastante pronunciadas, tomé el peine deslizándolo por mi cabello suavemente y comencé a verbalizar todo lo que durante el día debía hacer.
Eran más de las once de la mañana, cuando una idea cruzó por mi cabeza: cuando terminara "Atada a ti", no solamente sabría sobre sexo, si no que tendría algo más...
Continuará...
