Dos semanas después de aquella revelación.
Las clases avanzaban con normalidad, estas no se detenían por nada y menos por cuestiones del corazón.
Naruto ya llevaba varios días quedándose a dormir en el cuarto vecino, todavía no se sentía lo suficientemente listo como para volver a su habitación asignada y tener que compartir el espacio con su… con Gaara.
Deidara le contó que las cosas ahí adentro marchaban igual, aunque el pelirrojo se limitaba a hablarle solo de ser necesario. Igual nunca se llevaron bien del todo y estaba claro que sin Naruto ahí, ya no había necesidad de disimular.
El que sí buscó a Naruto al otro día de ese hecho fue Sai, quería hablar con el cómo la mayoría de sus amigos.
¿Por qué?
Porque el mayor cambio se notó a la hora del almuerzo. El numeroso grupo de amigos se dividió en dos:
Por un lado, estaba Naruto y sus compañeros de clases, sus hermanos, Sasori y Juugo.
Y del otro, los que respaldaban a Gaara: Konan, Yahiko, Nagato y Sai, más algunos otros compañeros de ultimo grado como Kakuzu, Hidan y Kisame
Fue impactante para muchos el que Sai eligiera permanecer al lado del pelirrojo y no de Naruto, quien en realidad no lo juzgaría. Él podía estar donde quisiera y aun así siempre serian amigos.
Regresando al hecho de que Sai quería platicar con él, no pudo ser de inmediato ya que no tenía ánimos. Para este punto ya había hablado con Rin, Sasuke y sus hermanos, quienes estaban al tanto de los detalles y todo eso.
Sin embargo, ante la insistencia del chico pálido, accedió a encontrarse con él en su lugar de relajación: la azotea. Se dirigía al lugar cuando fue interceptado por su n… pretendiente.
— ¿Vas a algún lado, dobe? —preguntó dulcemente, con un tono de voz que recientemente había adoptado solo con él.
— Es Sai, quiere charlar un poco. Se qué quedamos de terminar de ver la serie…
— Ve.
— ¿Eh? ¿no te molesta? —cuestionó boquiabierto. Esperaba que lo mandara a freír espárragos o algo de ese estilo.
— No seas tonto, quiero que arregles lo que tengas que arreglar con Sai, con… Sabaku o con quien sea. No me gusta verte decaído —volteó hacia ambos lados para asegurarse de que no estuviera nadie cerca y lo empujó cuidadosamente contra la pared del pasillo. Una vez lo suficientemente cerca continúo hablándole en el oído— esto es para que te de ánimos —susurró y luego le dio un pequeño beso en los labios, uno muy ligero que dejó con ganas de más a Naruto.
— T-te veo al rato, teme —así, con la cara ardiéndole de la pena y con una sonrisita, salió corriendo a encontrarse con su amigo dejando al Uchiha sonriendo orgulloso de sus pequeños avances.
Por lo menos con esta acción, Naruto se iba con otro semblante, ya más despierto y alegre.
— ¡Awww! Que bonitos se ven, cuñadito —Deidara apareció de la nada a unos metros de él.
— Ya te habías tardado, pensé que estabas con Itachi
— Quisiera, pero no. Además me tienes que hacer mi tarea, hm.
— Estás delirando, el trato consiste en ayudarte a mejorar tus notas. No hagas que le cuente a mi hermano que eres un holgazán —Advirtió.
— Me caes mal, Sasuke, hm.
— Es mutuo te lo aseguro. Ahora andando.
¿Hacia dónde iban?
A la biblioteca, donde llevaban varios días dedicando dos horas de su tiempo a estudiar, ayudarle con tareas o lo que fuese necesario para que Deidara terminara el curso satisfactoriamente.
El sol comenzaba a descender e incluso se podía sentir el ambiente algo frío.
Sai dibujaba algo en una pequeña libreta sentado a la orilla de aquella azotea, la verdad era que llevaba un buen rato ahí. Tenía que pensar muy bien lo que iba a decir o solo terminaría por arruinar más las cosas.
Naruto llegó y se sentó a su lado en silencio, no quería interrumpir el momento creativo del chico pálido.
Luego emprendieron una charla sobre temas irrelevantes para entrar en contexto, de las clases, lo que habían hecho en vacaciones…
— …pero no es eso de lo que querías hablar supongo. Te agradecería que fueras al grano, Sai —sugirió de la manera más calmada posible.
— Gaara la está pasando mal y supongo que tú también.
— Supones bien…
— No soy quién para decirles o más bien decirte lo que debes hacer, pero ya pasaron dos semanas y todo quedó en pausa. Creo que ahora tienen mucho más para decirse y arreglar lo que sea que se haya roto, soy testigo de su amistad desde que esta comenzó y no me gustaría que todo terminara así.
— ¿Desde cuándo lo sabías, Sai? —indagó.
— ¿El qué?
— Lo que Gaara sentía por mí, porque tú lo sabes por boca de él y no por los jodidos rumores de siempre. Dime ¿fue antes o después de que te enamoraras de él?
La pregunta lo descolocó, le cayó como balde de agua fría y las expresiones de su rostro se tornaron más genuinas de lo que nunca habían sido. Naruto conocía su secreto sin necesidad de que él se lo contara.
— Te sorprende ¿eh? —sonrió triunfante— puede que yo sea un completo imbécil para comprender mis sentimientos, pero con los de los demás no es tan difícil. Incluso con Gaara, no es que no tuviera mis sospechas y eso, es solo que para mí era más cómodo ignorar lo que me decían y relacionarlo con Sakura. En tu caso, me di cuenta hace unos meses, de cómo te molestaban ciertas actitudes que él tenía conmigo, la cercanía y todo eso; tu cara no muestra emociones normalmente pero si cuando es incomodidad o molestia. Te apartabas, desviabas la mirada o algo por el estilo, ahí lo entendí, pero tranquilo que yo no pienso decir nada.
— No tiene caso que te lo niegue entonces… —contestó Sai ya con la cabeza agachada— aun así, te aseguro que mis sentimientos no interfieren, yo quiero que ustedes sigan siendo tan unidos como antes.
— Lo veo difícil, sino es que imposible. Aunque tienes razón en que debo hablar con Gaara, estuve pensando mucho y fui algo cruel con él.
— Puedo decirle que venga a verte aquí mañana.
— Me parece —se levantó con la intención de retirarse— pero Sai…
— Dime
— Deberías decirle…
— ¿Para ser rechazado y terminar como ustedes dos? No, gracias —y trazó en su rostro una de sus típicas sonrisas.
— Jeje tienes razón. Aunque me sorprende que tu sientas miedo-ttebayo.
— Y hay que ver quien lo dice. A ti te gusta Sasuke ¿no?
— Algo hay de eso… —rio rascándose la nuca, tocar ese tema todavía le avergonzaba un poco— Te veré luego.
Se fue de ahí para eludir el tema.
Hablando de miedo siendo él el que más lo sentía.
Al día siguiente:
Deidara y Sasori se encontraban acarreando materiales al club de arte, la tarea habría sido más pesada para este par de no ser porque en el camino se toparon a Naruto y lo obligaron a ayudarles.
El problema es que Deidara se quejaba mucho y hacia poco.
— ¡Estoy muerto, Danna! —gimoteaba a un lado de su compañero
— Yo te veo muy vivo, por desgracia.
— No seas tan cruel conmigo —se le paró enfrente y empezó a zarandearlo por los hombros— invítame algo de beber, anda di que si, por favor.
En lo que el rubio de coleta seguía con su pequeño drama, su hermano se había alejado un par de metros de ahí al notar una cuarta presencia acercándose con marcado disgusto hacia ellos.
— Joven Namikaze, venga conmigo de inmediato.
Era una orden ¿y de quién venía?
Del profesor Itachi por supuesto.
Deidara soltó de inmediato a su compañero y obedeció. Caminaba a paso lento detrás de él, podía darse una idea de lo que le esperaba.
Atrás quedaba el Akasuna, serio como siempre y parecía que no le importaba en absoluto lo que estaba aconteciendo, de no ser porque Naruto notó como su cuerpo se tensó y había apretado los puños, manteniéndolos a cada lado de su cuerpo.
— Sasori…
— ¿Qué?
— Es posible que a ti… ¿te guste mi hermano?
— Hemos pasado tanto tiempo juntos que… sí. Es posible, pero no importa ahora.
— ¡¿Cómo no va a importar?! —enunció conmovido.
— Escucha, niño. Tu y yo sabemos que Deidara está enamorado de Itachi, es feliz y todo el cuento. Déjalo así.
Sin decir más el pelirrojo se fue, caminando con las manos metidas en sus bolsillos.
Eso sí que fue inesperado. De pronto, todo el mundo tiene un amor no correspondido.
No sabía cómo había llegado ahí, ni si era buena idea pero ahí estaba.
Gaara le había insistido en que quería hablar con el antes que con Naruto. La pregunta era ¿para qué? si ellos no se llevaban bien para empezar.
Solo estaba sentado, recargado sobre su silla y con los brazos cruzados. No pidió nada porque se supone que sería algo rápido pero las cosas no avanzaban.
El chico frente a él no decía palabra alguna todavía y ya tenían como 15 minutos ahí, viéndose fijamente, como queriendo asesinarse solo con la mirada.
— ¿Querías hablar o hacerme perder mi tiempo? —le cuestionó Sasuke desesperado.
— Cálmate, que para mí tampoco es muy motivante estar aquí.
— Entonces ve al grano, Sabaku.
— ¿Te gusta Naruto?
— Sí —respondió, firme y claro.
— Eso fue fácil.
— Hm
— ¿Qué hay entre ustedes? —preguntó sin vacilar.
— No es de tu incumbencia.
— Los vi…
— ¿Cómo y dónde?
— En el pasillo, yo vi… —lo dudó un poco pero ya venía preparado emocionalmente— vi cuando lo besaste.
— ¿Ahora nos espías o algo así?
— No, fue casualidad.
— Ya ¿y qué con eso?
— El siente lo mismo por ti.
— Sí
— No fue una pregunta —Sasuke solo levantó una ceja— En el fondo yo lo sabía, lo supe desde el día que volví cuando estabas en nuestra habitación —se tomó un momento antes de continuar— Supongo que lo de ustedes se dio cuando pasaste la noche en su casa, en fin de año ¿fue ahí no?
— Mira Gaara, no voy a darte detalles de mi vida personal, ni de la de Naruto si eso es lo que pretendes…
— No te preocupes, no me interesa. Tampoco soy tan masoquista —inhaló y exhaló profundamente— solo quería decir que no pienso interferir, esta guerra estaba perdida desde el principio. Lástima que haya arruinado lo poco que tenía con Naruto para entenderlo.
— No voy a opinar sobre eso, pero supongo que debería agradecerte .
— Si quieres… —se puso de pie para irse, no tenía nada más que decir.
La conversación fue extraña, la verdad es que Sasuke esperaba que le dijera que iba a luchar por el amor de su rubio o algo así. Afortunadamente no fue el caso, pero recordó algo y esta era la oportunidad perfecta.
— Espera, Sabaku —este le volteó a verlo— siéntate, quiero aprovechar el incomodo encuentro para hacerte unas preguntas.
— ¿Sobre qué? —contesto sentado nuevamente..
— Sakura Haruno y tú. Cuéntame algunas cosas.
Debía aprender a controlarse.
Siempre ha sido una persona bastante pacífica y serena, incluso desde pequeño y eso fue impresionante debido al temperamento de su hermanito, algo muy difícil de lidiar hasta el día de hoy. Y en parte también el de su padre.
Digamos que, durante algunos años de su infancia, eso le sirvió de entrenamiento.
El problema ahora era que de poco le servía todo aquello en este momento. Estaba enamorado de alguien difícil de tratar y eso lo sabía desde el principio, se justificaba diciéndose que uno no elige de quien se enamora y cosas de ese estilo.
Se encontraban encerrados en un salón de clases vacío. Solo rogaba a dios que nadie llegara a abrir o tocar la puerta.
— ¿Me estas montando una escenita de celos? ¿en serio? —Deidara se movía y hablaba exageradamente.
— Te he dicho que no, solamente te comenté que no es prudente que te acerques así a Akasuna. Además, si quieres algo yo puedo comprártelo— con esta era la tercera vez que le repetía lo mismo con palabras diferentes. Es que él no estaba celoso o ¿sí?
— A mí no falta el dinero, hm. Entiende que así no llevamos mi Danna y yo
— ¿TU Danna? —le cuestionó el mayor— ¿desde cuándo ese chico es una especie de pertenencia para ti?
Deidara solo se cruzó de brazos y negó con la cabeza sonriendo ligeramente. En realidad, quería carcajearse en su cara aunque no le pareció correcto de momento.
— Dei, te estoy hablando —insistió Itachi, pero el menor no tenía ni la más mínima intención de responder. Al cabo de unos minutos desistió, la verdad si se sentía un poco estúpido en ese papel de inseguro— Venga ya, discúlpame.
— No hm. Soy un facilote que te engaña con Sasori ¿no? —dijo con falsa indignación.
— ¿Me perdonas si te doy un beso? —el rubio asintió haciendo un puchero— no se puede, estamos en el colegio, jovencito hermoso.
Fastidiado, Deidara caminó hacia la puerta para marcharse y dejar a su desconsiderado profesor ahí solo como un perrito, pero este lo alcanzó y lo giró para posicionarlo frente a él.
Luego capturó sus labios por algunos segundos, segundos que fueron suficientes para hacer estremecer a su amado alumno. Quedó encantado con la cara que tenía cuando rompió el contacto.
— Suficiente, por cada beso es un punto menos —Indicó sonriendo malicioso.
— Asumo mi parte de la culpa, como ya te lo dije. Ahora, si ya no tienes más preguntas, me retiro.
— Te agradezco por responderme.
Gaara se levantó finalmente y ya de espaldas volvió a hablar.
— Está de más decirte que si lo lastimas…
— Él es perfectamente capaz de partirme la cara, ya me lo demostró antes.
El pelirrojo sonrió sin mirarlo, como le hubiera gustado haber estado en el colegio cuando todo eso pasó.
De camino a la azotea por segunda vez en la semana, decidió pasar al baño y refrescarse un poco la cara. Esto iba a ser difícil pero necesario.
Al salir de los sanitarios dobló a la derecha y entre los diferentes alumnos que transitaban por el lugar, la divisó a ella y a Fuu. Era lo único que le faltaba, la cereza del pastel.
No detuvo su andar, ya debería estar acostumbrado a lo que venía y si quería evitarlo ya era demasiado tarde, pero al pasar a un lado de ellas…
— Hola, Narutin —le saludó la peliverde tan alegre como siempre.
No puedo cresponder el saludo por la sorpresa que se llevó:
Sakura agachó la cabeza avergonzada y desvió la mirada
¿Y el show?
¿Y los insultos?
Desconcertado, eso era poco.
Ahora que entendía a la perfección el enojo de la chica pelirosada hacia su persona, esta ni quiera lo había querido mirar.
— ¿Y tu novio?
— ¡Suigetsu! —reprendió Sasuke.
— Ya, ya. Es broma, pero si me gustaría saber dónde lo dejaste.
— En este momento debe estar con Gaara.
Sus compañeros de cuarto se miraron entre ellos.
— ¿Y lo dices tan tranquilo? —cuestionó el peliblanco de nuevo.
— Por supuesto.
La platica extraña con el de ojos turquesas lo dejó satisfecho de alguna manera.
Empezaba a oscurecer.
Ya tenía decidido que si Naruto no aparecía ahí en los próximos 10 minutos se iría, tal vez no quería hablar con el todavía. Ni siquiera él estaba seguro de querer hacerlo, pero había cedido gracias a la insistencia de Sai.
— Lamento haberte hecho esperar, estaba ocupado.
— No hay problema, no tiene mucho que llegué —mintió.
Y ahora el ambiente se sentía tan tenso que cualquier que se acercara ahí podría salir herido. Ninguno de los dos sabía por dónde empezar.
— Lo …—
— Yo…—
Se interrumpieron mutuamente.
— Te escucho, Gaara —le permitió dar el primer paso.
— Me comentó Sai que te veías algo afligido…
— No te lo voy a negar —contestó el rubio.
— No tienes porqué, no es tu culpa que yo me enamorara de ti siendo novio de Sakura —Naruto sintió incrementar su nerviosismo— en parte es mi culpa que su amistad se haya ido a la mierda. También admito que nunca moví un dedo para que ella te dejara en paz y no te molestara de la manera en que lo hacía, aunque ahora espero que no lo haga más —el otro lo miró como pidiendo que explicara porque no estaba entendiendo esa parte— Me pidió disculpas el día que volvimos a clases, no me preguntes cómo lo hizo porque no lo sé, pero me aseguró que por fin ha entendido todo.
— ¿Es en serio? —Naruto no daba crédito a lo que escuchaba.
— Si, después de eso me la he topado por ahí con más frecuencia porque es amiga y compañera de cuarto de Konan también, es como si no se percatara de mi existencia ahora… ¿No ha hablado contigo?
— Justo me la acabo de encontrar de camino acá y me sacó de onda que no me dijera nada.
— Tal vez le da vergüenza. Después de todo tú eras su mejor amigo, siempre me dijo que eras como el hermano que nunca tuvo —dio un profundo suspiro— Si te lo pide ¿podrás perdonarla?
— Yo no tengo nada que perdonarle, no soy una persona rencorosa y lo sabes, pero eso no quiere decir que volveremos a llevarnos igual… —dejó se hablar cuando notó que los ojos de su compañero empezaban a llenarse de lágrimas—Oh no, no lo digo por…—
— Tranquilo, no hay problema, hasta yo entiendo eso. Es algo que aplica tanto para ella como para mi ¿no es así?
— Bueno… sí.
— Me conformo con que me saludes de vez en cuando y regreses al cuarto. Hablé con Sasori y él no tiene problema con hacer el cambio, además así hasta Deidara estará más a gusto —rio por lo bajo— de todas formas esa es tu habitación, tú la decoraste, le diste vida y color. Sería injusto que terminaras cambiándote por errores míos.
— No hace falta. Admito que sí, no he querido volver porque para ambos podría ser bastante dificultoso, pero se supone que para eso estamos aquí ¿no? —Gaara se encogió de hombros— ahora déjame hacerte una pregunta.
— Claro, dime.
— ¿Cómo fue? Es decir ¿yo lo provoqué? ¿te di "alas"? —el chico pelirrojo sonrió y negó con la cabeza.
— No tengo una fecha en específico para poder explicártelo, como te dije aquel día las cosas se dieron desde que te vi. Y con el trato y la convivencia llegué a confundir tu amabilidad… —exhaló— Ay Naruto, es que tu tratas así a todo el mundo pero yo fui de tonto a ver cosas donde no las había. Aunque antes de salir de vacaciones tu…
— ¿Yo…? —le incitó continuar.
— Te alejaste del Uchiha y me sentí feliz porque te la pasabas conmigo como si él no te interesara en lo absoluto. Eso fue lo que me motivó a decírtelo.
— ¡Oh, mierda! ¡Soy un imbécil! —exclamó cubriéndose la cara con ambas manos— Gaara, lo siento mucho en serio. Soy el rey de los imbéciles.
— ¿Pasó algo entre él y tú? —Naruto asintió— tranquilo, no es necesario que me lo cuentes. Yo entiendo, entonces… ¿te… te gusta?
— Gaara… —
— No me tengas lástima, Naru. Créeme que eso me hace más daño que el que me hayas rechazado.
— No es eso, es solo que no me parece justo ni correcto hablarte a ti sobre ese tema.
El chico pelirrojo entendió y decidió no insistir.
La verdad él tampoco tenía muchas ganas de saber sobre los amoríos de Naruto con Sasuke, estaba en un proceso de asimilación y aceptación, más no significaba que ya no sintiera nada.
— Solo una cosa… —el ojiazul lo vio a la cara para que prosiguiera— No lo esquives, no te niegues esa oportunidad. El Uchiha va en serio.
— No comprendo lo que tratas de decir.
— Claro que lo haces, te conozco —Por toda respuesta solo recibió una ligera sonrisa de Naruto.
La platica se prolongó un rato más.
Llegaron a la conclusión de que faltando escasos meses para que terminara el ciclo escolar, no tenía ningún caso hacer más cambios con respecto a las habitaciones.
Naruto volvería a su cuarto en unos días más.
Por ahora solo debían avanzar, dejar que las cosas siguieran su curso y esperar a que sanara lo que hubiera que sanar. Sin rencores, ni secretos, ni mentiras por el bien de su amistad.
Su verdadera amistad.
Una visita inesperada acababa de llegar al hogar de los Namikaze:
— Papá, no era necesario que vinieras. Ya te había explicado por teléfono que todo está en orden —explicaba Minato lo más templadamente posible. Su padre no se había tomado muy bien el que hubiera abandonado su cargo como director.
— Eso lo veremos mañana, no pasé años de mi vida trabajando para poner en alto el nombre del colegio como para que tú, de buenas a primeras, me dejes todo tirado —argumentó el hombre de largos cabellos blancos— Además no vine solo por eso, quiero pasar tiempo con mis nietos. No los he visto hace más de un año, dime que los muchachos ya tienen unas… buenas novias, si sabes a lo que me refiero… —le guiñó un ojo.
Si Minato lo pensaba un poco, tal vez la llegada de su padre Jiraiya no sea tan inoportuna, todavía le quedaban un par de semanas más antes de ir a Francia con Kushina y pasar un tiempo con ella o ayudarla con su trabajo de ser posible; mientras tanto podría apoyarse de su padre para resolver ciertas inquietudes con respecto a sus hijos.
— No cambias papá —dijo negando con la cabeza— Bueno te cuento: Karin ya tiene novio, es un chiquillo conocido de la familia Uchiha…
— ¡Ojo ahí, Minato! No querrás ser abuelo tan joven.
— Yo confío en mi hija y en la educación que hemos dado —sonrió orgulloso.
— Bueno ¿y los muchachos? —la sonrisa del rubio se volvió nerviosa— no me digas que ya embarazaron a alguna chiquilla, tantas veces que les expliqué como se pone un condón adecuadamente…
— No, papá. Ellos no tienen… novia —dudó entre continuar o no— es eso sobre lo que me gustaría pedirte tu opinión. Verás, Deidara nos ha informado que está enamorado de un chico…
— ¡Pffff! —escupió el sake estaba por tragar— Minato, eso ya lo veía venir. Con ese cabello largo y cuidado casi como el de una princesa, no sé qué esperanzas podías tener…—bromeaba el mayor.
— Eso no es todo, Naruto…
— ¿Qué pasa con mi renacuajo? Dime que piensa volver con aquella chiquilla pechugona…
— No, escúchame —el otro guardó silencio— Tengo una fuerte sospecha de que… Naruto está enamorado del hijo menor del matrimonio Uchiha.
— ¡¿QUEEEEEEEEEEE?!
La mandíbula de Jiraiya cayó al piso de la impresión.
Su nieto preferido, al que tantas veces trató de explicarle las mejores tácticas para enamorar a cualquier chica, terminó por interesarse en un… hombre.
Definitivamente no podría esperar a mañana, será sumamente divertido volver a ver a su nietecito favorito.
