A/N: Qué bien he cuadrado el tema de las actualizaciones con esta historia, ¿no?
¡Feliz año nuevo, chiquets! Espero que el 2021 sea más amable con vosotres de lo que ha sido el 2020. Mucho amor 💜
Capítulo 6: Tienes como… un brillo en los ojos
Hotel Clermont, Atlanta
25 de mayo del 2026, 19:38h
- ¿Lo llevas todo? – se asegura Chloe antes dejar la habitación de hotel.
Beca, saliendo al pasillo ya, palmea los bolsillos de su cazadora de cuero para asegurarse de que guardó el móvil en uno de ellos y las llaves del coche de alquiler en el otro.
Emite un "uh-huh" de asentimiento algo distraído mientras pasa la cadena de su bolso por encima de su cabeza para cruzárselo sobre el pecho. Al mismo tiempo, empuja con un pie su maleta sobre las cuatro ruedas para seguir avanzando y que no se queden bloqueando la puerta.
Sin embargo, no avanza mucho.
Se detiene cuando un mechón de su pelo se engancha en la cadena del bolso de forma tan dolorosa que le vienen lágrimas a los ojos y gruñe, frustrada, por no poder ver lo que está haciendo.
Chloe sale de la habitación, probablemente mirando hacia otro lado, porque al encontrarse de golpe con Beca, deja escapar un "woah" sorprendido y se equilibra con una mano en la cintura de Beca.
Beca escucha el click de la cerradura al encajar con la pieza del marco. Chloe se queda pegada a ella, sin espacio para avanzar, atrapada casi literalmente entre la espada y la pared.
- Bec, ¿qué…? – se corta a sí misma y Beca asume que ha visto el problema –. Oh – murmura, lleno de comprensión –. Espera, deja que te ayude con eso.
Beca siente manos que apartan las suyas del mechón enredado y Chloe lo libera rápidamente de la cadena metálica con la experiencia de alguien que lo ha sufrido múltiples veces y puede ver lo que está haciendo.
- Uf, gracias – Beca suspira aliviada, frotándose la zona dolorida por la tirantez.
Chloe emite una risa grave justo al lado de su oreja y Beca reprime a tiempo un escalofrío que casi la coge por sorpresa.
- No hay de qué.
Un golpeteo de dedos en su cintura le pide que se vuelva hacia Chloe, y Beca obedece. La mirada de la pelirroja está llena de cariño cuando alarga sus manos y recoloca el cuello de su cazadora de cuero, que había quedado retorcido bajo la cadena del bolso.
Ambas se sonríen un largo instante, hasta que, con un juguetón empujón, Chloe obliga a Beca a trastabillar unos pasos hacia atrás.
Golpea su maleta con sus gemelos y esta se desplaza por el impulso, pero las ruedas se quedan enganchadas en una hendidura en la moqueta del pasillo y se inclina peligrosamente hacia un lado.
Beca reacciona rápido y la coge por el mango justo antes de que vuelque.
- Oye – protesta, entornando los ojos.
Chloe solo se encoge de hombros sin una pizca de arrepentimiento, la lengua entre los dientes y su azul bebé reluciendo con un brillo divertido.
- ¿Qué? Estabas en todo el medio.
Beca pone los ojos en blanco, aunque al gesto le falta su mordisco habitual, y tira de su maleta pasillo abajo, en dirección a los ascensores.
Sabe que Chloe la sigue solo porque el sonido de sus risas está cada vez más cerca.
Aeropuerto Hartsfield-Jackson, Atlanta
25 de mayo del 2026, 20:24h
- Última llamada para los pasajeros del vuelo Delta XV4853 con destino a Los Ángeles, embarquen por la puerta D2 – anuncia la voz algo robótica de una mujer por la megafonía, solo para repetir el mensaje en dos idiomas más.
Parada justo frente a la puerta de embarque, Beca alza la mirada instintivamente hacia el alto techo blanco del aeropuerto, como si estuviera buscando el altavoz del que sale la voz a pesar de que no podría importarle menos.
La línea para embarcar consiste en un último grupo de estudiantes y una pareja de mediana edad que se mantiene a unos cuantos pasos de distancia, protegidos por mascarillas.
Beca hace contacto visual con una de las azafatas del mostrador, y puede ver en su mirada interrogante que no está segura de si Beca va a subirse a ese vuelo o está parada en esa zona por otro motivo diferente.
Mueve la cabeza en un pequeño asentimiento, y se gira hacia Chloe, que espera de pie a su lado porque había insistido en acompañarla hasta el embarque y así ella también mataba tiempo hasta su vuelo.
- ¿Crees que si les pides que esperen un poco más, te harían caso? – pregunta Chloe, entre la broma y la seriedad.
El resoplido de Beca es incrédulo.
- ¿Por qué iban a hacer eso?
- ¿Porque eres famosa? – el tono de Chloe lo hace sonar como algo obvio y Beca no puede evitar soltar una carcajada.
- No soy tan famosa – rebate con una sacudida de cabeza –. Yo estoy aquí – marca con una mano un nivel a la altura de su cintura –, y para que retrasaran un vuelo por mí tendría que estar… – alza la mano rápidamente hasta por encima de su cabeza –, aquí.
Chloe se la aparta de un manotazo, todavía sin parecer muy convencida.
- Tendría que ser Beyoncé – continúa Beca entre risas –, o Michelle Obama, o la reencarnación de George Washington.
- No veo la diferencia entre tú y Beyoncé – dice Chloe tras una pausa, encogiéndose de hombros, aunque sus labios no paran de intentar curvarse hacia arriba y delatar lo difícil que le está siendo no echarse a reír.
Beca, en cambio, no se reprime.
Echa la cabeza hacia atrás con sus carcajadas y disfruta de la sonrisa orgullosa de Chloe por haber conseguido hacer su despedida un poco más dulce y menos agria, de la armonía de sus risas cuando suenan juntas.
- Eso es porque tú me ves con buenos ojos – su voz derrocha cariño, al igual que la forma en que mira a Chloe.
La pelirroja esboza una sonrisa torcida ante su respuesta y le regala un guiño pícaro.
- Con muy buenos ojos – remarca de forma lenta y seductora.
Beca pone los suyos en blanco y le da un suave empujón en el hombro. Chloe le sigue el juego y se deja llevar por el impulso pero, igual que un boomerang, vuelve a su posición inicial.
- Última llamada para los pasajeros del vuelo Delta XV4853 con destino a Los Ángeles, embarquen por la puerta D2 – repite la voz de la megafonía.
La risa de Beca se convierte en un suspiro triste, y la curva de sus labios se derrite hacia abajo cuando ve que solo queda el matrimonio por embarcar.
- Tengo que irme – anuncia innecesariamente, solo por ver si poner las palabras ahí fuera, darles forma física en el aire, hace que sea más fácil convencerse de ellas.
Chloe asiente, llena de reticencia, pero también de resignación. Abre los brazos en una petición silenciosa por un abrazo de despedida a la que Beca responde de forma inmediata, sin dudarlo tan solo un segundo.
Se hunde en Chloe, quien cruza sus brazos tras su nuca con fuerza, y por un momento Beca se plantea susurrarle al oído que nunca la deje marchar.
- Recuerda que me debes una cena – murmura Chloe.
Beca suelta una risa.
- Tranquila, no se me olvidará nunca – promete.
Se siente ridícula, porque ella nunca ha tenido problemas para despedirse. Y tampoco es como si no fueran a volver a verse nunca más. Pero, entonces, ¿de dónde viene ese rechazo visceral a la sola idea de soltar a Chloe?
Con mucho esfuerzo, se separa de Chloe y suspira.
La pelirroja le lanza una última mirada, una última sonrisa, un último apretón de manos, y la deja marchar.
Beca rueda su maleta hacia el puesto de embarque y enseña su identificación y el billete electrónico. La azafata comprueba que está todo correcto y la deja pasar a la pasarela con deseos de que tenga un buen vuelo.
Por encima del hombro, Beca lanza una última mirada, una última sonrisa, hasta que el techo de la pasarela corta su visión del aeropuerto y Chloe desaparece.
Aeropuerto Hartsfield-Jackson, Atlanta
25 de mayo del 2026, 21:21h
christieparks_barden te ha etiquetado en una publicación
Casi con reticencia, Chloe usa los últimos minutos que está permitido usar el móvil antes del despegue para abrir la notificación de Instagram.
Descubre que es un post con varias fotografías de los diferentes asistentes a la reunión de los diez años, y dado que Chloe no vio en ningún momento a un fotógrafo oficial trabajando por allí, asume que la propia Christie las hizo con su móvil cuando nadie se daba cuenta.
Desliza el dedo pulgar sobre la pantalla hacia la izquierda en busca de la foto en la que aparece ella, y se detiene en la número 7/10 al reconocer a Stacie.
Su mirada vaga por el momento capturado: todas estaban mirando a Stacie, quien parecía estar en medio de contarles alguna de sus anécdotas a juzgar por sus expresiones de diversión contenida.
Se ve a sí misma, en medio de una risa, con Beca a su lado. Ve el brazo que tenía colgado de los hombros de la morena, ve la forma en que, aunque su agarre es descuidado, se aseguraba de mantener a Beca cerca.
Y no puede evitar sonreír al recordar, de golpe, la promesa de los organizadores en aquel evento de Facebook que lo empezó todo.
¡Una noche para el recuerdo!, prometían.
Chloe se permite sentir el ligero resentir de sus músculos, la satisfacción casi amodorrada que recorre su cuerpo y tiene como punto de origen el espacio entre sus piernas, la chispa de deseo que nunca terminó de ser avivada, pero tampoco apagada, en la ducha.
Se permite pensar y recordar qué lo ha causado. Quién.
Y ríe para sí misma porque, aunque de una forma completamente inesperada, al final sí que había resultado ser una noche para el recuerdo.
Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, Los Ángeles
26 de mayo del 2026, 03:18h
Kyle es tan puntual como prometía en sus mensajes, y Beca apenas lleva esperando cinco minutos en la acera del aeropuerto cuando ve su Chevrolet híbrido deslizarse por el carril de los taxis hasta detenerse frente a ella.
Despeinado y con aspecto de ir todavía medio dormido, Kyle baja la ventanilla del lado del copiloto. Gira la rueda de la radio para disminuir el volumen de la música y se inclina ligeramente sobre la consola central, subiéndose las gafas que resbalan por el puente de su nariz para recolocarlas.
- Su carruaje espera – anuncia en voz quizá demasiado alta para esta hora de la madrugada.
Beca arrastra su maleta mientras rodea el Chevrolet. Con la eficiencia de alguien que está acostumbrado a hacer esto a menudo, la guarda en el maletero y toma asiento al lado de Kyle, cerrando la puerta antes siquiera de que su pierna derecha toque la alfombrilla del suelo.
Apenas ha tardado un minuto en toda la maniobra, y eso a pesar de lo tarde que es y el sueño que ralentiza sus movimientos.
- Cinturón – indica Kyle, despegando una mano del volante para señalar hacia la pieza vacía en el lateral del asiento de Beca.
La morena sigue la orden completamente innecesaria, porque ya tenía el brazo echado hacia atrás para alcanzar el cinturón, y engancha la pieza de metal en la abertura con un satisfactorio click.
Antes de moverse del sitio, Kyle le lanza una rápida mirada para comprobar que esté todo bien, pero algo debe ver en Beca porque vuelve a girarse hacia ella y esta vez su mirada permanece fija.
Beca frunce el ceño y le devuelve la mirada, extrañada.
- ¿Qué? – inquiere, comenzando a sentirse ligeramente cohibida.
Sabe que viene de estar metida cuatro horas en un avión, es muy posible que tenga algo en la cara de lo que no se ha dado cuenta porque no se ha molestado en perder tiempo en entrar en un baño. A lo mejor babeó mientras dormía y todavía tiene el hilillo de saliva en su barbilla.
Todo lo disimuladamente que puede, se pasa una mano por la zona para ver si siente en el sensible interior de sus dedos la irregularidad de la baba seca, pero no nota más que la piel lisa de su barbilla.
Kyle sacude la cabeza y frunce el ceño con confusión.
- Estás… – su voz se apaga mientras busca la palabra adecuada para expresar lo que está pensando –. No sé – dice al final, encogiéndose de hombros –. Estás diferente.
Eso hace que Beca se tense ligeramente, y se muerde el interior de su mejilla. Se pregunta si será cierto eso que se dice sobre las personas que acaban de echar un polvo, si es cierto que los demás lo pueden presentir.
- ¿Diferente? – repite, monótona, para demostrar que no le cree.
- Sí – asegura Kyle –. Tienes como… – agita una mano frente a su propia cara –, un brillo en los ojos.
Beca no sabe si reír o ponerse a gritar para que el suelo se abra y la trague entera.
- Será que he venido todo el camino durmiendo – desestima con toda la despreocupación de la que es capaz.
Por suerte para ella, se salva de tener que tomar una decisión porque el taxi que tienen detrás se impacienta al ver que no están avanzando y les pita varias veces. El estruendo del claxon es, por primera vez en su vida, bien recibido.
Kyle parece olvidarse por completo de lo que estaban hablando y hace un gesto con la mano en el hueco entre ambos asientos para tranquilizar al taxista. Pone su Chevrolet en marcha y pronto se incorporan al tráfico siempre constante de las autopistas de Los Ángeles.
Su asistente lucha contra un enorme bostezo que ni siquiera se molesta en tratar de ocultar y alarga a tientas una mano hacia el posavasos del coche, en el que hay encajado un termo metálico.
- Recuérdame de nuevo por qué accedí a venir a buscarte – murmura con voz cansada mientras usa el pulgar para hacer saltar el tapón del termo.
Beca exhala un resoplido por su nariz y se gira hacia él con toda la seriedad de la que es capaz a las tres y media de la madrugada.
- Oh, no sé – dice con aparente tranquilidad –. ¿Quizá porque accediste a la reunión sin consultarme? ¿O quizá porque tramaste a mis espaldas para que me subastasen a un grupo de lunáticos desesperados? – termina con una mirada fulminante.
Kyle hace una mueca y se encoge poco a poco con cada palabra que cae de labios de Beca. Al final, ladea la cabeza y guiña los ojos, como si estuviera considerando cuánto de cierto hay en esas acusaciones y de cuántas es verdaderamente culpable.
- Cualquier otra persona te habría puesto de patitas en la calle por mucho menos – observa Beca.
- En mi defensa – rebate Kyle, alzando un dedo índice del volante –, sí que intenté consultarte sobre la reunión, pero no me dejaste…
- Oh, venga ya – le interrumpe Beca, indignada.
- ¡Me diste control absoluto!
- ¡Pero no para eso!
Se hace un tenso silencio mientras los dos rumian sus defensas y sus recriminaciones en sus cabezas, demasiado cansados como para ponerse a discutir pero, al mismo tiempo, demasiado orgullosos como para admitir su parte de culpa en la situación.
El Chevrolet sigue avanzando por el tráfico con fluidez y Beca saca su móvil para disuadir a Kyle de cualquier otro intento de conversación.
Ve que tiene un mensaje nuevo de Chloe que le ha llegado hace apenas unos segundos y, bajando el brillo al mínimo para no quedarse ciega, abre el chat.
Lo primero que la recibe es una foto de Chloe ya metida en la cama, sin maquillaje alguno. Solo la mitad de su cara para arriba asoma por debajo de la sábana, pero aun así Beca puede entrever la sonrisa agotada que probablemente tenga en los labios.
Inmediatamente, siente su mal humor desaparecer de su cuerpo sin dejar rastro alguno, como si nunca hubiera estado ahí, y su cuerpo se hunde en el asiento del coche con un suspiro del que apenas es consciente.
Chloe (03.33)
Imagen
Por fin en casa
Avísame cuando llegues 💜
Aunque si mis cálculos no fallan, debes de estar ya en LA
Ah, y no seas demasiado dura con Kyle
Seguro que lo hizo con la mejor de las intenciones
xxxx
.
Beca atrapa su labio inferior entre los dientes y lo mordisquea nerviosamente. Baja las manos a su regazo, la pantalla encendida del iPhone es un recordatorio constante de que Beca ha hecho, accidentalmente o no, precisamente todo lo contrario a lo que Chloe pide.
Mira por el rabillo del ojo a Kyle: su mandíbula firme y la tensa línea de sus hombros, la fuerza con la que sus dedos agarran el volante del Chevrolet y la determinación con la que mantiene su vista al frente.
Beca suspira de nuevo y sus hombros se hunden con la larga exhalación. Se roza la frente, se rasca la nariz con un nudillo, se remueve en el asiento, cruza y descruza las piernas varias veces en posiciones distintas.
Desvía la mirada hacia la ventana, al paisaje borroso de Los Ángeles que se mueve a su alrededor como un torbellino que amenaza con tragárselos y arrastrarles a la tierra de Oz.
Empieza a reconocer los edificios y las calles, lo que significa que deben estar cerca ya de su apartamento, de modo que Beca decide ser la adulta de los dos y ofrecer una rama del olivo de la reconciliación.
- Mira… – dice en una sonora exhalación, su tono conciliador y cansado –. Lo de la reunión no me importa, puedo perdonarlo.
Ve a Kyle estirarse, pero ese es el único indicativo que recibe de que esté escuchando.
- Pero nunca – le advierte, apuntando hacia él con un dedo acusatorio –, y digo nunca – resalta –, vuelvas a organizar algo a mis espaldas y sin preguntarme primero, ¿vale?
Recibe un asentimiento apresurado, si no algo aliviado, como promesa; y Beca descansa de nuevo en el asiento con la tranquilidad que le proporciona saber que Kyle no se atreverá a romper su palabra.
Porque si algo es Kyle, es un hombre de honor.
- Si Chloe no hubiera estado ahí para salvarme, a saber con quién habría acabado… – piensa Beca en voz alta.
Solo imaginárselo hace que le entre un escalofrío de repelús y auténtico pánico, y de nuevo le da las gracias a todos los dioses existentes y por existir por hacer que las Bellas hubieran vuelto al auditorio en el momento preciso.
- Por cierto – dice de golpe, girándose hacia su asistente –. Recuérdame mañana que le haga una transferencia de 300$ para cubrir su puja – comenta de forma distraída mientras observa los familiares edificios del inicio de su calle.
- Vale – confirma Kyle con un pequeño gesto de cabeza para sí mismo.
Y así de simple, Kyle y ella vuelven a estar bien.
El Chevrolet gira para meterse en la entrada para coches del edificio de Beca y se detiene justo frente a la verja cerrada. Presiona el botón para llamar a recepción, y solo tienen que esperar un par de segundos hasta que escuchan un crujir estático al otro lado.
- Vengo a dejar a Beca Mitchell – dice Kyle en voz alta para que lo capte el altavoz del monitor –. Apartamento 25.
Beca se inclina ligeramente hacia delante, entrando en el ángulo de visión de la pequeña cámara, y saluda. La verja emite un zumbido electrónico y comienza a abrirse hacia dentro con lentitud algo exasperante.
Kyle frena justo delante de la puerta de entrada. Antes de desabrocharse el cinturón, Beca puede ver a través de la ventanilla cómo el conserje de guardia abre la puerta de cristal y se apresura a recibirla.
- Entonces… – la palabra suena casi tímida, y Beca alza la mirada del botón del cinturón, sorprendida –. ¿Te lo pasaste bien?
Se suaviza al ver la incertidumbre de Kyle y esboza una sonrisa muy a su pesar.
- Sí – admite con un asentimiento.
Se gira hacia la puerta del coche que el conserje mantiene abierta para ella y su pie derecho toca el asfalto, pero antes de terminar de salir del Chevrolet se vuelve hacia Kyle una última vez.
- Gracias – dice, sincera, aunque deja un poco en el aire a qué se refiere.
¿A empujarle a ir a la reunión, aunque hubiera significado hacerle un poco de chantaje emocional? ¿A levantarse a las tres de la madrugada a pesar de que mañana ambos tienen que entrar a trabajar a las ocho, para ir a buscarla al aeropuerto?
Sea cual sea la interpretación que le da Kyle, sonríe y se encoge de hombros para quitarle importancia, aunque sus ojos relucen un poco tras los cristales de sus gafas.
- Nos vemos en cuatro horas – se despide.
Beca responde con un gruñido, y la risa de Kyle se ahoga a la mitad cuando el conserje cierra la puerta del Chevrolet una vez Beca ya está a salvo en la acera.
- ¿Ha tenido un buen viaje? – le pregunta el hombre de manera cordial mientras carga con su maleta y deja que pase primero al interior de la lujosa recepción del edificio.
Beca vuelve a revivir el fin de semana en un flash: la visita sorpresa que le hizo a su padre aprovechando que tuvo el viernes libre, el reencuentro con las Bellas, su paseo nocturno por Barden con Chloe.
Chloe.
En la cama, en el baño, en la ducha.
Vestida, desnuda, y todo lo que se encuentra entre ambos estados opuestos.
Las inflexiones de su voz al hablar, al reír, al gemir, al gritar.
Esta vez, cuando sonríe, siente que hay una cierta capa lasciva en ella que espera que el conserje no sea capaz de interpretar.
- No me puedo quejar – responde con cierto retintín divertido en su tono que solo ella entiende.
El conserje, probablemente acostumbrado a oír todo tipo de contestaciones enigmáticas a las preguntas que solo hace porque son parte de su trabajo, esboza una sonrisa respetuosa y se despide con una inclinación de cabeza cuando Beca entra en el ascensor.
Chloe (10.23)
He recibido 300$ en mi cuenta
De una tal B. Mitchell
Es esta mi recompensa por mis múltiples servicios durante el fin de semana? 😝
Becs (10.26)
Entonces me parece una cifra exagerada…
Chloe (10.27)
OYE!
Colegio Jackson Heights, Nueva York
28 de mayo del 2026, 12:01h
Chloe acaba de sacar el iPhone del tercer cajón de su mesa, donde lo guarda bajo llave durante las clases, cuando empieza a vibrar de esa forma alocada que solo puede significar dos cosas: o algo terrible ha pasado, o las Bellas tienen cotilleo.
Deja el tenedor dentro del tupper que contiene su ensalada de pasta y arrastra el iPhone para sacarlo de la franja de sol que se cuela por la esquina de la ventana y refleja en la pantalla.
El chat grupal de las Bellas permanece en calma, de momento. En su lugar, su pantalla de bloqueo está llena de los mensajes exaltados de Stacie, los curiosos de Aubrey, y los preocupados de Beca.
Chloe se siente cada vez más inclinada a pensar que algo terrible ha debido de pasar, y si tiene que recibir malas noticias prefiere que vengan de Beca primero.
Se retuerce en la silla de modo que su brazo presiona contra el respaldo y sus piernas cuelgan por uno de los laterales, su espalda a la puerta, porque por algún motivo, ahora siente que necesita privacidad cada vez que habla con Beca.
No es como si sus conversaciones fueran subidas de tono, al revés, han vuelto a la normalidad con tanta facilidad que parece que nunca cruzaron la línea a algo más.
A veces Chloe se sorprende a sí misma pensando en el fin de semana como se piensa en el recuerdo de un sueño particularmente extraño a lo largo del día siguiente. Y es que, más veces que no, así es como se siente: como una alucinación.
Si cualquier otra persona se pusiera a leer sus mensajes con Beca pre-fin de semana y post-fin de semana, probablemente no notaría diferencia alguna.
Pero Chloe sabe leer el subtexto y está ahí, alto y claro.
Quizá por eso Chloe se siente tan protectora de sus conversaciones de Beca, porque son la única prueba que tiene de que no fue todo una elaborada fantasía suya.
Una nueva tanda de vibraciones la saca de su ensimismamiento y apunta la cámara del iPhone a su rostro para que se desbloquee con el reconocimiento facial. Entra con un golpe de pulgar en la app de mensajes y abre el chat de Beca, resaltado en negrita sobre todos los demás.
Becs (12.01)
Primera vez que no se equivocan 😉
Tú quién crees que fue?
Yo apuesto por el botones al que traumatizamos accidentalmente
tmz,com / beca-mitchell-romance-nuevo-hotel-fotos-348373
.
Chloe ve que hay más mensajes debajo, pero los deja para después de haber abierto el link que le ha mandado Beca. Con el ceño fruncido y los dedos marcando un ritmo impaciente en su mesa, espera a que cargue la página.
El titular, en negrita y mayúsculas, aparece de forma tan repentina que es como un puñetazo a los ojos.
BECA MITCHELL, ¿INVOLUCRADA EN UN NUEVO ROMANCE DE FIN DE SEMANA?
Como si estuviera fuera de su cuerpo, Chloe ve sus propios ojos caer hacia abajo para seguir leyendo el escaso artículo que acompaña al titular.
Beca Mitchell estuvo este fin de semana de vuelta en Atlanta para la reunión de los diez años de su graduación en la universidad. Pero parece que Beca hizo algo más que sumergirse en los recuerdos de su época universitaria.
TMZ se ha hecho con unas fotos en las que se puede ver a la cantante salir de su habitación el domingo por la tarde, acompañada de una pelirroja que, según nos asegura nuestra fuente, pasó la noche con ella.
Chloe llega entonces a las fotos, capturas del breve momento que compartieron en la puerta de la habitación de Beca.
Son cuatro, sacadas de lejos y desde un móvil, a juzgar por la calidad. La imagen está llena de grano por la poca luz y la distancia a la que estaba la persona, lo que probablemente hizo que pusiera el zoom a tope.
En la primera, Chloe le está desenredando el pelo, aunque eso no se aprecia y parece que simplemente está jugando con sus mechones.
En la segunda, está haciendo que Beca gire con una mano en su cintura.
En la tercera, le está recolocando la cazadora de cuero.
En la cuarta, se están sonriendo mutuamente.
No muestran nada, en realidad. Podrían significar cualquier cosa.
Pero, igual que con los mensajes, si las conoces puedes leer el subtexto que delata que hay un nuevo nivel a la hora de relacionarse la una con la otra que antes no estaba ahí.
Se nota en la cercanía de sus cuerpos, en la forma en que se miran, en la forma en que se tocan, en la forma en que derrochan intimidad; incluso más que si alguien hubiera sacado una foto de ellas morreándose en pleno pasillo.
Todavía sin saber muy bien cómo sentirse al respecto, Chloe cierra el artículo y vuelve a su chat con Beca para leer los mensajes restantes.
Becs (12.02)
Bromas aparte
No te preocupes por esto, vale?
Mi public…
.
Una notificación emergente que aparece en la parte superior de su pantalla distrae a Chloe a mitad de leer los mensajes de Beca, pero es prácticamente inevitable porque el texto está en mayúsculas, acompañado de al menos una docena de signos de exclamación.
Es un mensaje de Stacie.
Con el ceño fruncido y el labio inferior entre los dientes, Chloe presiona sobre la notificación y el chat de Beca es sustituido por el de Stacie.
Stace (12.03)
tmz,com / beca-mitchell-romance-nuevo-hotel-fotos-348373
TÍATÍATÍATÍATÍATÍA
QUÉ FUERTEEEEEEEEEE
NO DOY CRÉDITO!
LO SABÍA!
.
Stacie debe ver que Chloe ha leído sus mensajes, porque casi al instante le salta una llamada entrante de la Bella.
Chloe se queda mirando fijamente la pantalla, apresada por la indecisión y un poco de miedo. Si coge la llamada sabe perfectamente el tipo de preguntas que va a recibir y no tiene ni idea de qué tiene permitido decir y qué no.
Pero, si no coge la llamada, ¿acaso no sería su silencio una admisión de culpabilidad incluso más irrefutable que si trata de contestar con evasivas?
Con un suspiro lleno de conflicto, Chloe se decide y presiona con el pulgar el botón de contestar.
- ¡QUÉ FUERTE ME PARECE! – es el grito que le recibe desde el otro lado de la línea nada más se acerca el altavoz al oído. Casi de manera inmediata, se lo vuelve a separar con una mueca de dolor –. ¿POR FIN TE TIRAS A BECA Y TENGO QUE ENTERARME POR LOS PAPARAZZI?
Chloe arruga el rostro y lanza una mirada paranoica por encima del hombro hacia el umbral de la puerta de su clase para asegurarse de que sigue sola.
- ¿Puedes bajar un poco el volumen? – sisea Chloe, a pesar de que sabe que es inútil porque Stacie no va a hacerle caso.
Por precaución, baja ella el volumen del iPhone presionando las teclas laterales y cruza el aula para cerrar la puerta. Si Stacie va a gritar sobre su vida sexual durante toda la llamada, no quiere que se acabe enterando el colegio entero.
- ¿¡Estás de coña?! – exclama Stacie –. ¡Llevo años esperando este momento!
- Stace, no es lo que tú…
- Sí, sí, ya sé – le corta la Bella en tono cansino, y Chloe se la imagina poniendo los ojos en blanco de forma exagerada –. No estáis haciendo nada en las fotos, bla bla bla… Es lo mismo que me ha dicho Beca.
Chloe casi sonríe al darse cuenta de que Beca y ella están siguiendo la misma estrategia para tratar de preservar su noche como algo sagrado, algo que pertenece solo a ellas; pero la pregunta burlona de Stacie le quita un poco el encanto a esa pequeña coincidencia.
- Que, ¿os habéis puesto de acuerdo para responder igual?
- …no – Chloe no sabe por qué duda antes de contestar, porque es un claro y firme no, pero es así como le sale y se maldice a sí misma porque ese pequeño instante de duda puede interpretarse como una admisión.
Las escandalosas carcajadas de Stacie confirman que es así como la Bella se lo ha tomado.
- ¡Si es que lo sabía! – exclama, eufórica –. ¡LO PUTO SABÍA!
- De verdad que no… – Chloe vuelve a intentar negarlo todo, pero Stacie no quiere saber nada de eso.
- Siempre supe que – continúa adelante como si nada, arrollando con su entusiasmo cualquier intento de Chloe de abrir la boca –, si alguna de las Bellas acababa aplicando el pacto de los diez años, seríais vosotras.
Eso hace que Chloe se pause por dos razones.
La primera: se había olvidado por completo del pacto de los diez años. No había vuelto a pensar en ello desde hacía años, porque durante mucho tiempo estuvo completamente convencida de que al final no le iba a hacer falta.
La segunda: algo en las palabras de Stacie le irrita, como si fueran ortigas que estuvieran frotando su piel y llenándola de sarpullidos que Chloe no se alcanza a rascar.
Frunce el ceño y trata de discernir por qué le molesta tanto, hasta el punto de sentirlo casi como una traición.
- ¿Acaso estás insinuando que nunca tuviste fe en que fuéramos a encontrar el amor? – pregunta al cabo de una densa pausa en la que lucha consigo misma por expresarlo con las palabras adecuadas.
Su tono alerta que más vale que proceda con cautela porque está andando sobre una capa de hielo tan fina que es prácticamente cristal, y Stacie se toma en serio sus señales de advertencia.
Le hace espabilar, como una buena bofetada puede hacer que un borracho recupere la sobriedad de golpe, y deja a toda su exuberante felicidad relegada en un asiento de segunda fila por el momento.
- No – dice, tranquila, apacible, y con lo más cercano a la seriedad de lo que es capaz en tales circunstancias –. Simplemente siempre he pensado que lo estabais buscando en las personas equivocadas.
Algo dentro de Chloe se estremece ante la simpleza con la que Stacie hace esa admisión, pero la pelirroja lo empuja hacia un lado porque no está preparada ahora mismo para lidiar con lo que quiera que sea eso.
Sacude la cabeza para obligarse a centrarse en el tema que están tratando.
- Bueno, pues – responde, un poco torpe, un poco seca –, te equivocas, ¿vale?
- Vale – Stacie lo acepta sin más, dócilmente.
Aun así, Chloe siente que necesita dar más explicaciones.
- Beca y yo no estamos aplicando el pacto de los diez años.
- Vale – repite Stacie en el mismo tono.
Y más explicaciones.
- No hay nada romántico entre nosotras.
- Vale – y una vez más, Stacie no trata de cuestionarlo.
Y por algún motivo, que Stacie lo asuma de forma tan complaciente y no trate de pelear hasta que extraiga algún tipo de admisión de Chloe; por algún motivo, eso le irrita más que si hubiera seguido llevándole la contraria.
Pero, para bien y para mal, el timbre suena para anunciar el final del recreo y Chloe da un brinco en su silla.
- Tengo que dejarte, los niños están a punto de volver a clase – exhala, frotándose el puente de la nariz entre dos dedos –. Y no digas vale otra vez – advierte antes de que Stacie pueda contestar.
La Bella suelta una alegre carcajada y Chloe sabe lo que va a decir, en qué tono, y con qué sonrisa, antes incluso de que abra la boca para decirlo.
- Vale – se burla.
Chloe no puede evitar reír.
- Que te den – dice a modo de despedida.
- Yo también te quiero – canturrea Stacie.
Chloe le cuelga a la mitad.
