Wizdad
Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.
Género: Romance/Family/Humor.
Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
El día después
Harry pasó alrededor de dos minutos enteros con los ojos puestos en el techo y la mente en blanco. No recordaba dónde estaba, qué ocurrió, ni quién era. Resultó que la advertencia sobre los efectos del alcohol de duendes no eran tan exagerados.
Poco a poco, se percató de que poseía un cuerpo con cuatro extremidades y capacidad de movimiento. Se encontraba tendido en un sofá, de lado a lado, y un micropuff púrpura estaba sobre su pecho, observándolo. Harry jugueteó con la bola de pelo unos instantes.
Una cabecita se asomó en su campo de visión. Luego otra. Hablaron, uno se marchó, y volvió al cabo de unos segundos con un hombre atractivo, que Harry tardó en recordar que era Draco.
—Ya, dejen a Potter, es un dormilón —decía a sus hijos, instándolos a salir de la sala.
Scorpius sostuvo a su micropuff y ambos se retiraron, después de que Altair les dirigiese un par de miradas extrañadas.
En cuanto se quedaron solos, Draco se cruzó de brazos y arqueó una ceja. Harry intentó sonreírle, aunque tenía la boca increíblemente seca.
—Hey, recuerdo mi nombre —Lo vio rodar los ojos—. Pensé que habías dicho que no volverían hasta mediodía…
—Son casi las dos de la tarde, Harry —aclaró Draco, con suavidad—. Astoria incluso comprobó tu respiración y te hizo rulitos.
Harry se llevó una mano a la cabeza e hizo ademán de sentarse. Ahí, lo golpeó una fuerza invisible que lo derribó contra el sofá, y comenzó el dolor. La latían las sienes, le pulsaba el cuerpo, podría jurar que alguien lo atacó con un martillo en mano. No recordaba sentir nada remotamente parecido desde los primeros entrenamientos en la Academia.
Cuando una mano se balanceó frente a él con un frasco, Harry bebió de la poción sin hacer preguntas. El efecto fue casi inmediato, pero debido al nivel de dolor experimentado segundos atrás, permaneció un poco más tendido en el mueble.
—Alcohol de duendes —explicó Draco, meneando la cabeza—, todo se siente muy bien hasta que haces el primer movimiento por la mañana. Bienvenido a la adolescencia tardía; ese es el resultado de cualquier juego con bebidas de por medio.
Harry logró sentarse tras un momento, sin sentir que era despedazado, y se masajeó las sienes. Draco le ofreció entonces un vaso de agua, que se acabó en dos tragos.
—No recuerdo nada después de que hablábamos de los juegos con bebidas y por qué nunca tuve uno —confesó, con su propia voz pastosa sonándole ajena.
—Yo recuerdo la imagen mental de un Potty de diez años corriendo desnudo por la calle detrás de alguien que se llevó su ropa —Draco se apretó el puente de la nariz un segundo—, después de eso la ambrosía hizo lo suyo.
Harry apoyó los codos en sus rodillas y lo observó desde abajo. Se sentía exhausto, pero también feliz. Tranquilo. Quizás fue una excelente idea lo de anoche.
—¿Tú a qué hora reaccionaste? —indagó, conteniendo un bostezo.
—Once y tanto —Draco arrugó el entrecejo—, no estoy seguro, morí un rato por el dolor, después tuve que tomar la poción deprisa y asegurarme de que este lugar fuese apto para niños. La última vez que bebí con alguien encontré un vibrador con crema batida en el sofá.
—¿Cómo…?
—No lo quiero saber —Negó Draco—, no me hace falta ese recuerdo, sólo sé que lo desaparecí y que Blaise se rio el resto del día.
Harry soltó un débil resoplido y reunió fuerzas para levantarse; se suponía que estaba invitado a almorzar en La Madriguera, pero la hora de la comida ya había pasado. Aun así, dudaba que Molly se la fuese a negar.
De reojo, distinguió su rostro en el espejo de la sala y tuvo que contener un grito, sólo porque habría regresado el dolor que palpitaba en su cabeza, contenido a duras penas por la poción. Su cabello estaba repleto de placas para rulos de varios colores. Alguien le dibujó un monóculo en el ojo izquierdo que tenía el mismo tamaño del marco de sus lentes, y le llenaron la barba de tiza blanca. Además, por cómo durmió, tenía marcas de los lentes al presionar su cara.
Al levantar las manos, se fijó en que le pintaron tres uñas de la mano izquierda y cuatro y media (el pulgar sólo tenía pintura en la mitad) de la derecha. Los tonos variaban.
Draco mantenía una expresión impasible a su lado, aunque en sus ojos brillaba una chispa burlona que no había cambiado demasiado con respecto a su "yo" adolescente.
—Te encontraron medio inconsciente Astoria y dos niños, ¿qué esperabas? ¿Salir intacto?
Seguramente sus hijos habrían hecho mucho más que eso. Podía imaginar a Lily dibujándole todo el brazo con marcadores. Suspiró. Draco le rozó el pómulo con el índice, atrayendo su atención de vuelta.
—El monóculo fue mi toque, ¿no te encanta? Los niños se reían un montón.
Harry estrechó los ojos en su dirección y él se limitó a esbozar una sonrisita.
—No seas amargado, San Potter, vamos a quitarte esos rulos y devolverte a la normalidad para que comas algo…
Terminó sentado en el suelo, en el espacio entre las piernas de Draco, que ocupó el sofá. Astoria usaba rulos encantados para reforzar su agarre si se intentaban retirar con la varita, así que alguien debía armarse de paciencia y dedicarse a soltarlos uno a uno; ese era su trabajo. Harry fingía no disfrutar demasiado de las manos de Draco en su cabello, los roces de los dedos en sus orejas, los toques en la cabeza que podían haber sido caricias, porque los mellizos, mal escondidos en el umbral de la sala, los veían con curiosidad.
—¿Qué les dijiste sobre por qué estaba medio muerto en tu sofá, para que estén murmurando tanto entre ellos?
—Que tuviste una de las misiones más importantes de tu carrera como Auror y caíste rendido —respondió Draco, en voz muy, muy baja—. Ah, y que obviamente terminaste aquí porque viniste a pedirme ayuda, ya que no podías hacerlo solo y soy el mejor mago que has tenido la suerte de conocer.
Harry dejó escapar una risita. La poción ya había completado su efecto y no le dolía nada. Sólo tenía ganas de cerrar los ojos y pedirle a Draco que no parase tan pronto, recostar la cabeza en sus piernas, mantenerse bajo las palmas de sus manos…
—Draco.
—¿Hm?
Giró un poco el rostro, frenando la tarea de Draco de retirar los rulos. Este le dedicó una mirada curiosa.
Sentía que tenía algo importante en la punta de la lengua, algo que necesitaba ser sacado. Pero no podía conectar su boca a su mente para recordarlo.
Cuando esta idea cruzó su cabeza, observó los labios de Draco un instante, y volteó el rostro casi de inmediato, al notar lo que hacía.
Perfecto, Potter, se dijo. Primero dejas que te vea así, y ahora eso.
—No, nada —indicó, bajando aún más la voz.
Idiota, idiota, idiota.
Draco continuó retirándole rulos del cabello. Cuando los mellizos consiguieron acercarse, Altair se paró frente a él mirándolo con gran atención, mientras que Scorpius se sentó a su lado y comenzó a hacerle preguntas sobre su estado; si estaba bien, si se sentía cansado, si quería comer, si tenía sed, si le gustaría probar un batido de chocolate que aprendió a hacer.
—No tiene ninguna herida —comentó Altair, llevándose una mano a la barbilla. El bowtruckle de pie sobre su hombro lo imitó—, ¿las misiones importantes no dejan siempre heridas?
Draco le dio un golpecito sin fuerza en la espalda al otro mago para que contestase y fingió que sólo se concentraba en quitarle los rulos.
—Sí, las dejan —Harry le enseñó una sonrisa que esperaba fuese tranquilizadora—, pero cuando vine con tu padre, me sanó y me evitó más heridas.
Altair lo sopesó un instante, vio a su mascota de tallos, y luego asintió, como si aceptase la lógica inherente a esa explicación. Scorpius observaba a su padre como si fuese Merlín en su regreso del Más Allá.
—Padre —llamó Scorpius, en un susurro—, ¿vas a ser Auror?
Podía imaginar el disgusto de Draco, a pesar de no tenerlo al frente y estar seguro de que lo disimuló bien para que Scorpius no pensase que era por él.
—No, Scorp, los Aurores se arriesgan mucho —alegó él. Y no aceptan ex-Mortífagos, agregó Harry, consciente de que el pensamiento pasaría por su cabeza—. Eso me quitaría tiempo con ustedes, ¿y si luego me pasa algo?
Scorpius emitió el vago sonido de sorpresa y lamento que Draco debió esperar como reacción. Altair sólo ladeó la cabeza y arrugó el entrecejo, pensativo.
—Pero si el señor Potter es Auror y vino a buscarte, tú serías un mejor Auror, y al mejor Auror no le pasa nada —razonó Altair, suavemente.
Draco repitió aquello de atinarle un golpecito en la espalda para que hablase por él. Harry contuvo la risa.
—Incluso al mejor Auror le pasan ciertas cosas a veces, cuando pelea con magos malvados —indicó, encogiéndose de hombros.
—Pero el mejor Auror debe ser mejor que los malos…
—Sí, sólo que algunas veces son muchos malos, ¿comprendes? Y si son, uhm, veinte contra uno…—Harry gesticuló, hasta que Altair asintió, despacio.
—Sí, los malos no son justos —aceptó el niño, con otro asentimiento que su bowtruckle copió—. Tengo que decírselo a Lily —añadió después, más vacilante.
Harry arqueó las cejas.
—¿A Lily?
—Para que tenga cuidado cuando sea Auror Jefe —replicó Altair, en tono de obviedad—, porque quiere atrapar magos oscuros, pero si son muchos magos contra ella solita…
Su Lily quería ser Auror.
Cinco minutos más tarde, Harry se lamentaba entre bocados de un delicioso omelette que no podía disfrutar con la idea de que llegaría tarde a La Madriguera, pasaría menos tiempo con Lily, y después ella crecería, sería tarde, y no podría volver a verla porque sería Auror Jefe.
Draco lo escuchaba con atención, como si gran parte de lo que decía no fuesen más que disparates. Scorpius tomaba un baño con su micropuff (aparentemente, se llevaba un barco, el micropuff hacía de pirata, y se peleaban con jabón tres veces por semana; los otros días sus rutinas variaban), y Altair daba vueltas por el jardín, según las barreras de la casa, haciendo lo que fuese que hacía Altair a solas con plantas y su bowtruckle.
—¿Y si Lily ya no me quiere cuando se entere de que renuncié a los Aurores?
Para entonces, Harry ya se sostenía los rulos de duración de veinticuatro horas, cortesía de Astoria, y lloriqueaba más de lo que comía.
—Cómprale otra corona.
Harry le dirigió una mirada desagradable al hombre a su lado, con un puchero que no resaltaba su lado más rudo.
—¿Qué? —Draco se encogió de hombros—. Créeme, preferirá la idea de que no seas Auror a que seas, no sé, el siguiente Lord Voldemort. Además, puedes conseguir otro trabajo, le darías publicidad a cualquier sitio.
Otro trabajo. Siguió las instrucciones de Ginny para relajarse tan al pie de la letra, que no se preguntó qué haría después. No era como si lo necesitase; un par de años atrás descubrió que entraban a su bóveda de Gringotts cientos de galeones de unas pociones de su abuelo que acababan de ser puestas a la venta de nuevo, y sospechaba que el único modo de que los Potter llegasen a la bancarrota en las próximas generaciones sería que James empezase a arrojar monedas al suelo cada vez que cambiaba de locación.
Anotó mentalmente abrir una bóveda secundaria para James.
—¿Qué trabajo podría conseguir? —preguntó, en voz baja.
Draco podría no ser un experto en empleos normales, pero sin duda sabría de más vacantes en el mundo mágico que él.
—Oh, ¿ahora comenzarás a preguntarte qué es digno del gran Harry Potter? —Draco arqueó una ceja. Él rodó los ojos.
—Sólo quería tu opinión, el comentario desdeñoso podía esperar.
Al terminar de comer, se reclinó en el respaldar del asiento y se cruzó de brazos, viéndolo con clara diversión. Draco lo retó con la mirada por un instante, luego imitó su postura.
Se pasaron unos segundos así, examinando al otro. Lo sorprendió que Draco en verdad le hubiese dado tantas vueltas, porque sonaba muy serio al responder.
—Profesor.
Harry abrió la boca y la cerró sin haber emitido un solo sonido. Lo hizo un par de veces más, antes de encontrar su voz.
—¿Me estás diciendo que podría ser…?
Draco asintió, despacio.
—Yo dejaría a mis hijos en tu salón sin preocuparme. Cuando pensé que les haría bien una escuela y conocer a otros niños, tuve que pasar por tres lugares del mundo mágico; todos ponían trabas para hijos de ex-Mortífagos —Se encogió de hombros—. El programa que Granger implementa me ayudó con eso, pero los primeros días, aun así…
Arrugó la tela de su camisa entre los dedos por unos instantes, en silencio.
—Les puse hechizos de detección de peligro durante meses.
Lo dijo en un tono tan bajo, que si Harry no hubiese estado atento, ni siquiera lo habría escuchado. Le rompió el corazón imaginarse a Draco deteniéndose un momento, antes de llevar a los mellizos a la escuela, para colocarles un hechizo, porque temía que alguien los fuese a lastimar, por el simple hecho de ser sus hijos.
—¿Se activaron alguna vez? —inquirió Harry, casi sin voz. Draco asintió.
—Sí, fue- fue una tontería, en realidad —Sacudió la cabeza—, el hechizo me avisó de un peligro menor, otro niño. Intentó hacerle algo a Scorpius, pero el hechizo se detuvo en poco tiempo. Después me enteré de que Albus se había lanzado sobre ese niño para que dejase de molestarlo.
Oh. Aquella debió ser una de las muchas, muchas, ocasiones en que Harry terminaba en la oficina de Hermione.
También hizo la nota mental de preguntarle a Albus al respecto, aunque dudaba que le fuese a decir demasiado.
—Pero los dejarías conmigo —repuso Harry, percatándose de lo que en verdad suponían esas palabras, de la muestra de confianza que significaba.
Esa idea le sacó una sonrisita.
Y luego Draco se vio en la obligación de hacer su respectivo comentario desdeñoso para simular que no tuvo un minuto completo de sinceridad, por supuesto.
—Al menos ya sabes hacer más que sólo expelliarmus y patronus.
Harry le atinó una patada sin fuerza por debajo de la mesa, Draco se la regresó, y acabaron en un enredo de extremidades ocultas por el mantel.
—¿Sabes qué? Lo pensaré. Me gusta la idea —Harry asintió un par de veces—, sí, supongo que Hermione se pondrá estricta y me evaluará antes de dejarme acercarme a un aula llena de niños, pero podría ayudar con la parte de la magia. Lo demás lo dejaré para personas más pacientes.
—Lo peor que puede pasar es que te diga que ni loca te dejaría a cargo de un grupo de niños.
—Me haces sentir tan apoyado, Draco —Harry rodó los ojos, traicionándose a sí mismo con otra sonrisa, cuando lo escuchó reír—. ¿Tú qué piensas hacer con tu renovada libertad de los especialistas?
Draco lo consideró unos segundos.
—Aparte de poner en orden ciertas finanzas de la familia, mi madre quiere abrir una especie de floristería oculta en la comunidad mágica de Burdeos —Frente a la mirada incrédula de Harry, sólo se volvió a encoger de hombros—, no sé, no me preguntes al respecto, creo que la aburre estar todo el día en casa, y como mi padre y ella ya no se ocupan de todo el patrimonio, debe quedarles más tiempo libre. Nunca estuvieron acostumbrados a no hacer nada.
Harry imaginó que nadie en el Ministerio se creería que los Malfoy abrirían una floristería en una ciudad francesa. Era mejor que sus actividades de magos oscuros.
—¿Y además de ayudarla? —Harry elevó las cejas—. No creo que no tengas grandes y ambiciosos planes…
La sonrisa de medio lado de Draco lo delató.
—Puede que estés viendo al socio encargado del catálogo de pociones de Sortilegios Weasley.
Harry estaba seguro de haber soltado un sonido bastante vergonzoso a causa de la sorpresa. Fue el turno de Draco de arquear las cejas.
—¿Qué? Es un negocio próspero, millonario, y de grandes ideas, Potter.
Claro que sabía que George quería seguir expandiendo su empresa. Angelina se encargaba de un catálogo de artículos para el Quidditch, y gracias a la colaboración de Charlie, tenían una sección para mascotas, todo con ese toque alocado, divertido y dispuesto para bromas que lo caracterizaba. Y sí, había escuchado en las comidas en La Madriguera que quería añadir más pociones y necesitaba otro socio.
No que fuesen a considerarlo a él. De pronto, era tan obvio.
—Ginny te recomendó, ¿cierto?
—Es posible que haya dicho algo como que se arrepentiría de no volverme su socio y ella se lo recordaría por el resto de sus días, de forma poco sutil —admitió Draco, bastante solemne.
—Es…es genial, es…—Harry se rio—. ¿Te das cuenta de lo irónico que suena?
—Lo sé, fue lo que le dije a Gin. George estuvo un buen rato riéndose, hasta que respiró profundo y dijo que le encantaba la idea —Draco alzó las manos, en señal de rendición.
Scorpius eligió ese momento para asomarse por el umbral que daba al comedor. Esperó a que Draco asintiese para indicar que podía pasar. Usaba una bata de baño peluda y verde, con mangas en forma de patas, orejas en una capucha y un conjunto de picos blandos en la espalda, que puede que pretendiesen convertirlo en un dinosaurio o un dragón de nueve años.
—Bolita sigue mojado, padre —Le explicó a Draco, con un puchero, mientras este le daba la vuelta y bajaba la capucha de la bata para secarle el cabello con un hechizo.
—Yo me ocupo de Bolita, tú ve a vestirte. Y sécate bien, sabes lo que te pasa cuando te vistes mojado, Scorp…
El niño se marchó tras unos segundos, dejando a Draco con un micropuff púrpura en la palma de la mano, y una expresión que parecía decir "¿cómo llegué a esta situación?". Convocó una toalla miniatura con un accio y apuntó a Harry con esta, de la manera más amenazadora que era capaz.
—"Bolita" es sensible a hechizos de secados, si se te ocurre hacer algún comentario gracioso me voy a asegurar de que esos rizos en tu cabeza sean de por vida.
Harry elevó las manos. Él estrechó los ojos un momento, después suspiró y empezó a secar el pelaje de la criaturita con su pequeña toalla.
—¿Así que harás pociones para bromas? —continuó Harry, porque tenía curiosidad, pero no podía apartar la mirada del micropuff feliz con las atenciones. Era una escena que merecía ser guardada en un Pensadero.
—Haré pociones, en general —respondió Draco, concentrando en su tarea—, George está condicionando mi laboratorio y tengo montones de trabajos de Severus que deben ser descifrados, probados y adaptados. Si algo le gusta y le ve una finalidad de bromas, lo comercializará en Sortilegios Weasley. Haré las pociones medicinales para las donaciones mensuales a hospitales mágicos, y cualquier poción restante con un uso que se pueda fabricar seguramente será vendida al mejor postor de su área.
—Suena increíble —reconoció Harry, ya sin el tono divertido de antes.
—Es bueno como socio —Draco le restó importancia con un gesto de su mano libre y colocó al micropuff, ya seco, en la mesa. Bolita empezó a dar saltitos hacia Harry para saludarlo.
Harry se fue poco después de que Altair entrase a la cocina, sin tanto protocolo como su hermano, y le dijese a Draco algo sobre una planta bailarina.
En todo el día, no dejó de tener la impresión de que olvidaba un detalle relevante.
