CAPÍTULO SEIS

Bella/Marie

Ese fin de semana

Me bajé del avión en Spokane International y sentí como si estuviera flotando en el aire. El vino de cortesía de primera clase aún corría por mis venas, calmando mis nervios con cada paso que daba.

Entrando en el baño más cercano, me abrí paso frente a un espejo y me miré por última vez. Quería asegurarme de que no hubiera dudas sobre lo que quería hacer después de la cena. Mis rizos eran suaves y en una cola de caballo baja, mis labios cubiertos con un brillante tono de rosa, y mi vestido gris claro de corte bajo mostraba la curva de mis pechos de copa C.

Lo bajé un poco más, justo encima de mis pezones, sólo para dejar mis intenciones súper claras. Dándome la vuelta, me aseguré de haber arrancado las etiquetas de mis tacones rojos y de que el bolso de gran tamaño que había comprado para este viaje aún coincidiera.

Mi cuerpo zumbaba anticipando todas las cosas sucias que Anthony escribió en esa escena de sexo, y esperaba que pudiera cumplir con todas y cada una de ellas. Los pensamientos de sentir su polla dentro de mí habían dominado mi mente toda la semana, y estaba tan distraída que casi me olvidé de darle publicar a My Hot Neighbor.

Esperaba que fuera atractivo en persona, pero me preparé para la posibilidad de que nos viéramos y retrocediéramos, admitiendo torpemente que no estaba destinado a ser así. Que era mejor que volviéramos a escribir nuestras cartas semanales sin contacto cara a cara. Por otra parte, si este hombre era un mero cinco de diez, me lo iba a follar. Y punto.

Saliendo del baño, me dirigí a la sala C y me dirigí directamente a la sala de recogida de equipajes. Me abrí paso entre la multitud, yendo hacia la Zona de Transporte VIP.

Al acercarme a la fila de conductores de esmoquin que sostenían mini pizarras, entrecerré los ojos y traté de encontrar mi nombre. Rachel Vine. Ashley Carrington. Janet Alwyn...¿Marie? No, tú estás aquí por una Bella Turner. GRACIAS. A. DIOS.

Llegué al final de la fila y me di cuenta de que nadie tenía un cartel para mí. Entonces me percaté que había otra línea al otro lado del carrusel principal. Respirando profundamente, me acerqué y empecé a mirar el nuevo juego de pizarras blancas. Alex Mitchell. Tamisha Draper. Tiffany...

—¿Isabela?— dijo una voz profunda de repente, mi verdadero nombre, sacándome de mi búsqueda. Confundida, miré de un lado a otro, viendo una cara familiar. Era Edward. El mejor amigo de mi padre.

—Hola...— me acerqué a él, con la esperanza de que no me retrasara demasiado para encontrame con Anthony.

—Oye, hace mucho tiempo que no te veo en la ciudad— dijo, sonriendo con una perfecta dentadura —¿Cómo has estado? ¿Sigues trabajando en ese lugar de tutorías privadas?—

—No, ahora hago otra cosa— dije —algo que realmente disfruto.—

—¿Qué es eso, exactamente?—

—Nada emocionante, solo que es mejor que enseñar a estudiantes universitarios malcriados todo el día— cambié de tema —¿Supongo que ahora eres un chofer profesional? ¿Vas a recoger a una celebridad local o a...?— mi voz se me quedó atascada en la garganta una vez que bajé la mirada y vi las palabras en su pizarra.

Marie, es un placer conocerte siete meses después...Anthony

¡OH. DIOS. MÍO!

Mis ojos se abrieron de par en par al releer sus palabras escritas a mano, y me convencí de que me jugaban una mala pasada. De repente miró hacia el final del pasillo, esforzándose por ver si la persona a la que él esperaba había llegado.

Ya ha llegado... Soy yo.

Me ardieron las mejillas cuando sus impresionantes ojos azules se encontraron con los míos y me di cuenta que no era un juego o ninguna coincidencia. El hombre con el que estuve hablando durante casi un maldito año se encontraba de pie justo frente a mí. El mejor amigo de mi padre.

¿Anthony es Edward? ¿Edward es Anthony? ¿Qué. Demonios?

—No soy un conductor de limusinas— dijo, con sus labios curvándose en una sonrisa que de repente parecía mucho más sexy de lo que recordaba —estoy aquí para recoger a una muy buena amiga mía— asentí, completamente sin palabras. Le envié a este hombre una foto de mi coño...

—¿Qué te trae a la ciudad?— preguntó —¿La fiesta de aniversario de la compañía de tu padre o su hijo que está por nacer?— preguntó, con sus ojos encontrándose con los míos otra vez— probablemente ambas cosas, ¿no?— no dije nada. Sólo me quedé allí, mirándolo.

—Pareces un poco enferma— presionó su mano contra mi frente, prendiendo fuego a todos los nervios de mi cuerpo con su toque —¿Necesitas que te compre una aspirina en una de las tiendas de regalos?—

—No, yo...— me aclaré la garganta y di un paso atrás, mirándolo.

Me reproché no haberle prestado demasiada atención antes... por no tener su fugaz presencia en mis recuerdos, porque no podía negar lo que era obvio. ¿Este hombre siempre tuvo este aspecto? ¿Siempre había sido muy sexy?

Llevaba su oscuro cabello negro en un corte bajo, pero unos pocos mechones de cabello caían sobre sus gruesas cejas. Su camisa blanca se aferraba a sus músculos en todos los lugares correctos, las mangas cortas exponían un tatuaje negro y gris que serpenteaba alrededor de la parte superior de su brazo izquierdo. Su "V" perfectamente tallada sobresalía un poco de la cintura de sus vaqueros azul oscuro. Unos vaqueros que esconden la polla más perfecta que he visto nunca...

—¿Isabela?— Levantó la ceja —¿Quieres que te compre una aspirina?—

—No— sacudí la cabeza, saliendo del trance —estoy segura de que puedo conseguir algo de ibuprofeno de mi amigo cuando él, uh, cuando llegue aquí.—

—¿Cuál es el nombre de tu amigo?—

—No tiene.—

—¿Eh?— levantó la ceja —¿Seguro que no quieres esa aspirina?—

—Voy a comprar una botella entera en cuanto la vea— dije, ajustando la correa de mi bolso —estoy segura de que necesitaré mucha esta noche. Eso, y algo de vino. Mucho vino— sonrió, pareciendo divertido.

—Sólo asegúrate de no tomarlas al mismo tiempo. ¿Cuánto tiempo estarás en la ciudad?—

—Honestamente, ya no lo sé...—

—¿Cómo?—

—Quiero decir, todo depende— dije, alejándome un paso más de él —estoy aquí por un proyecto, para mi nuevo trabajo, así que depende de lo mucho que consiga hacer, pero... sí. ¡Adiós!— me di la vuelta y me alejé corriendo, escuchándolo gritar:

—¡Fue un placer verte, Isabela!— no tenía ni idea de a dónde diablos iba, a dónde diablos podía ir para resolver esto, pero no me importaba.

Caminé entre viajeros con mi acelerado corazón a kilómetro por minuto, ignorando la sensación de ardor en mis piernas. Cuando me detuve, estaba apoyada en un quiosco de boletos, pero ya sabía que no podía pagar un vuelo de regreso a casa el mismo día.

Saqué mi teléfono y busqué el hotel Hilton más cercano, rápidamente usé algunos de mis puntos para una reserva. Luego seguí las señales hasta la parada de taxis, agradeciendo que estuvieran al otro lado, lejos de Edward.

Sentándome en el asiento trasero del primer taxi amarillo que se detuvo, cerré los ojos y me apoyé contra la ventana, esperando que todo esto fuera una pesadilla de la que pronto despertaría.

Más tarde, salí de la ducha con dolor. No podía soportar más chorros de agua hirviendo contra mi piel. O más pensamientos sobre Edward...

Envolviendo mi cuerpo con una toalla, entré en la habitación y me acerqué a las ventanas. Observé los aviones descendiendo sobre el asfalto, preguntándome cuánto tiempo me esperó Edward, si seguía allí.

Curiosa y culpable, me dejé caer en la cama y abrí mi computadora portátil, iniciando sesión en Cartas y Letras. En el momento en que apareció mi perfil, llegó una nueva alerta. Edward/Anthony.

Debatí ir a cenar antes de leerlo, o resistir el impulso hasta mañana, pero ganó la curiosidad.

Asunto de la carta: Nuestro encuentro

Querida Marie:

Voy a hacer algunas suposiciones sobre por qué me mentirías descaradamente acerca de venir a Spokane y desperdiciar mi maldito tiempo.

Uno, cambiaste de opinión en el último momento porque no querías arruinar el estado actual de nuestra relación.

Te perdonaré si es así, pero como sabes lo importante que es el tiempo para mí, no responderé a más mensajes tuyos.

La mujer que conocí nunca haría esta mierda. Por otra parte, tal vez nunca fue quien pensé que era.

Dos, me has estado mintiendo todo este tiempo, y el reloj finalmente ha acabado con tu farsa.

Nunca te perdonaré esto tampoco, pero agradecería una respuesta, para poder saber la verdad.

Después de siete meses de cartas, me debes una explicación. Sea cual sea.

Anthony