Notas de la autora: Hola preciosas! Aquí les dejo el séptimo capítulo. Estoy terminando la siguiente entrega de Mi fan, así que tengan un poco de paciencia conmigo, jajajaja. De nuevo les agradezco mucho sus comentarios. Soy tan feliz cuando los leo... Intento contestar a todos, pero últimamente fanfiction da error y algunos salen como si estuvieran en el limbo... se ven en mi bandeja de correo, pero luego no puedo visualizarlos en la web ni contestarlos. ¿Será cosa de fantasmas? jajajaja... En fin, ya las libero de mis locuras. Un beso y mil gracias de nuevo por su apoyo. Aún me sorprende lo buenas que son conmigo. ¡Nos leemos al final!
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Capítulo séptimo
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- Ofrezco 75.000 aristos
Cientos de exclamaciones de asombro se oyeron por todo el jardín. Ningún vestido se había vendido por esa cantidad. La castaña se tensó sobre sí misma, reconociendo la voz que había ofrecido semejante puja. Soltó un grito ahogado y se llevó las manos al pecho al ver su figura al final del pasillo. Xiao Lang siguió sus ojos, hallando entre la multitud a un hombre de cabello gris y sonrisa dulce.
- Yukito…
El príncipe heredero sintió como la molestia crecía en su estomago. Reconocía al caballero que había llegado acompañado del mismísimo Touya Kinomoto. Yukito Tsukishiro, el hermano mayor de Yue y el hijo heredero del ducado Tsukishiro. Fue nombrado caballero a sus veintidós años. Diestro con la espada y tan bueno cómo su hermano menor con el arco. Muy popular entre los aprendices por su cálido carácter y muy buen estratega. También tenía dotes de administración y mando. Sí, sabía mucho de ese par de hermanos. Pero al parecer había algo de ellos que se le había pasado y que ahora le resultaba demasiado importante. ¿Qué relación tenían los hermanos Tsukishiro con Sakura Kinomoto? Pero no tuvo mucho tiempo para pensar. Otra voz se alzó entre la multitud, aumentando la puja.
- 100.000 aristos – Una vez más los gritos de asombro inundaron el jardín y todos se giraron a mirar al segundo príncipe. Eriol sonreía al lado de la señorita Yanaguisawa, demasiado cómodo con toda esa tensa situación. Sus ojos color azul marino le mandaron un saludo travieso. – Ya que tú no pareces dispuesto a gastar tu fortuna comprándole un vestido a tu futura esposa, deja que sea yo el que lo haga por ti. Semejante belleza debe ser lucida por la mujer que la inspiró. ¿No crees hermanito? – Xiao Lang le hubiera mandado a la mierda públicamente, pero se aguantó a duras penas. Iba a ofrecer otra suma, cuando de nuevo fue interrumpido. Casi maldijo a voz en grito.
- 125.000 aristos – ahora las jóvenes estaban que se desmayaban y Sakura Kinomoto se llevó las manos a la cabeza. ¡Todos se habían vuelto locos!
- Serás cabezota… menudo idiota… ¿qué te crees que haces?
Xiao Lang la contempló, asombrado. Esa niña en verdad tenía un lenguaje vulgar cuando se turbaba. Por suerte había susurrado sus palabras, o todas las damas presentes estarían escandalizadas. Miró al joven que había pujado y que ahora permanecía de pie, contemplándola. Al parecer Touya Kinomoto se unía a la batalla para comprar el vestido. ¿Lo hacía por su prometida o acaso se lo quería reglar a su querida hermana? El barón Yuna de Kaito se adelantó y miró al público con una sonrisa.
- Vaya, vaya… la subasta está de lo más interesante… una puja jugosa para un gran final. Gracias, sir Kinomoto por su maravillosa oferta. Bien… empecemos la cuenta atrás… 125.000 aristos a la una, 125.000 aristos a las dos…
- 200.000 aristos.
Todos los invitados se alzaron de inmediato e hicieron una reverencia pronunciada. Su majestad el emperador había llegado acompañado de sus tres damas. Caminó bajo un absoluto silencio y se tomó su tiempo para admirar la decoración del jardín. Yeran Li le seguía de cerca, mientras la reina y la concubina esperaban bajo una de las carpas. Sakura tragó grueso al sentir la fuerte presencia de su majestad frente a ella. Tragó pesado y se inclinó mientras agachaba ligeramente la cabeza. Ya le dolía el cuello de tanta sumisión.
- Le deseo buenas noches, su majestad, nuestro sol del imperio.
- Gracias, querida. Veo que la subasta está llegando su fin. Me disculpo por el retraso.
- Oh, no, su majestad. Nos honra con su presencia. – Hien Li se acercó al maniquí que lucía con gracia el hermoso vestido y tocó con sus manos la suave tela.
- Simplemente divino. Aunque algo osado. Le felicito por su creación, barón.
- Me siento profundamente honrado por sus amables palabras, su majestad. – El emperador sólo le sonrío y miró a su hijo. Xiao Lang tenía a su acompañante cogida del brazo, pero no estaba cómodo. Se veía a la legua. Eso era bueno. Un poco de tensión entre ambos haría crecer el interés y el afecto. Él lo sabía por experiencia propia.
- Este vestido debe ser el primer regalo que le haga a mi adorada nuera. ¿No crees hijo mío? – Xiao Lang agachó la cabeza en señal de respeto.
- Es un buen regalo, padre.
- En verdad lo es. Además, me han informado de que todo es por una buena causa. ¿Cómo ha ido la tarde, señorita Kinomoto? ¿Ha logrado suficientes fondos o debo subir mi puja? – Sakura se inclinó en una profunda reverencia.
- No es necesaria tanta generosidad, su majestad. Gracias al buen corazón de nuestros invitados y al gran esfuerzo del barón de Kaito, la subasta ha sido un éxito. El orfanato de la fe perdida recibirá toda la ayuda que necesita y aún podremos dejar un pequeño fondo para aquellos problemas que puedan surgir en el futuro.
- Me complace mucho oír eso. Aún así, acepta este regalo de mi parte y úsalo mañana en la gala de clausura. ¿Me concederás ese capricho, hija mía?
La castaña notó todas las miradas sobre su persona y quiso que la tierra se la tragara. Casi podía sentir cómo los ojos de Yeran Li la perforaban. ¿Por qué ese maldito emperador la favorecía en público? ¿No debían los miembros reales mostrarse parciales durante la competición? Todos hablarían de ella en cuanto se diera la vuelta. Maldita sea, ni siquiera esperarían tanto. Ya podía oír los cuchicheos a su alrededor. ¿O eran imaginaciones suyas? ¡Últimamente estaba paranoica! ¿Y si pensaban que era su amante? Sakura Kinomoto, la concubina de todos los Li ¡Su madre la mataría si empezaban a correr rumores sobre ella y el mismísimo sol del imperio! ¿Es que no tenía ya bastante con los rumores que suscitaba ya el segundo príncipe? Hien Li levantó una ceja y se dio cuenta de que ni siquiera le había contestado.
- Será todo un honor complacerle, su majestad. Le agradezco de corazón el regalo y espero estar a la altura de sus expectativas. Es demasiado amable conmigo, no lo merezco. – el emperador le sonrío con dulzura y se giró a contemplar el jardín.
- Tonterías. Pronto seremos familia. Aunque me temo que mi regalo es también una disculpa. No podré quedarme mucho tiempo esta noche, han surgido algunos asuntos que requieren mi atención. Pero admiro tu esfuerzo, señorita Kinomoto. Tienes un gusto exquisito, cómo tu madre. Por favor, disfruten del resto de la noche entre jóvenes y no dejen que este anciano les interrumpa. – la pareja se inclinó en una reverencia, haciendo sonreír al emperador. Sí, elegir a Sakura había sido una gran idea. No se arrepentía ni un ápice – Lo cierto es que hacen una hermosa pareja… creo que elegí sabiamente. – Hien contempló los ojos sorprendidos de su hijo y le puso una mano en el hombro, con confianza - Hijo, cuida muy bien de tu futura esposa y relájate por una vez en tu vida, te sentará bien.
- Por supuesto, padre. – Hien Reed Li asintió con la cabeza y se alejó unos pasos, seguido de sus escoltas. Pero luego se giró para ver a la emperatriz, que permanecía inmóvil y con la mirada fija en la joven de ojos verdes. Por alguna razón, que su emperatriz se mostrara tan molesta, le causaba satisfacción. Pero también sabía que pagaría su mal humor con la muchacha a menos que él lo evitara – Yeran, querida, acompáñame por el resto de la noche. Me serás de ayuda en algunos asuntos pendientes.
La mujer hizo una reverencia y siguió la estela del emperador. Pero no sin antes dirigir una mirada severa a la anfitriona de la gala. Si la emperatriz ya odiaba a la joven castaña, ahora sería aún más dura con sus represalias. Pero esta vez Sakura no se acobardó. Sólo mantuvo su postura con una mirada tranquila. Afrontaría lo que esa mujer tuviera preparado y seguiría adelante. Ahora todos sabían que el mismísimo emperador la apoyaba. La suerte estaba echada.
Xiao Lang observó a la joven, sintiendo la tensión en su cuerpo. Puede que ella no fuera consciente de ello (o puede que sí), pero ese simple gesto por parte de Hien Reed Li iniciaría una batalla de poderes sin precedentes. La competición de las candidatas a emperatriz siempre había sido justa e imparcial. Además, era responsabilidad de la emperatriz y de la reina mantener la paz y la subjetividad de las pruebas. El emperador nunca se había inmiscuido en la competencia. O al menos, eso le habían contado. Pero algo había cambiado esta vez. Su padre había tomado partido y lo había echo públicamente y de forma descarada. Y eso lo tenía perturbado ¿Por qué el emperador se comportaba así? ¿Estaba desafiando a su madre o simplemente quería que Sakura fuera la siguiente emperatriz sin importar el coste? ¿Qué les estaba ocultando Hien Reed Li?
- Vaya con mucho cuidado, señorita Kinomoto.
- ¿Disculpe?
- Ahora todos saben que usted goza de la total aceptación del emperador. Creo que esta vez, la competición de damas consorte no será muy pacífica.
- ¿Eso cree, su majestad? – Xiao Lang ignoró el sarcasmo de su voz y tomó la mano de la joven, aprisionándola entre las suyas. La miró a los ojos sin importar lo que todos pudieran pensar por ese gesto confiado y suspiró. Puestos a jugar, él también podía ser de ayuda. Meiling ya se ocuparía de hundirla al día siguiente con alguna estratagema cruel.
- No lo creo, lo sé. Intentaré ayudar en lo que pueda, pero permanezca despierta. El emperador ha desafiado a mi madre al inmiscuirse en la competición y créame cuando le digo que no es un hueso sencillo de roer. Y Meiling será su peón en el tablero de juego. Ambas pueden ser muy… "ingeniosas" si se lo proponen. Debe ser más astuta que ellas a partir de ahora o convertirán su vida en un autentico infierno – Sakura abrió los ojos, sorprendida por la sinceridad de sus palabras. – Ahora, bajemos del escenario. La subasta ha llegado a su fin. Será mejor que nos ocupemos de guiar a todos los invitados al salón. – La castaña parpadeó, aturdida por el cambio tan brusco de tema. Pero pronto negó con la cabeza y se centró de nuevo en la gala. Tenía que dejar todas esas intrigas para más tarde. Ahora era el momento de que cupido bajara al jardín del edén (o al de Eriol) y clavara sus flechas en los corazones adecuados. Guiñó un ojo juguetón y se llevó un dedo al mentón.
- Oh, no, su majestad. Ahora toca la parte divertida – el príncipe heredero levantó una ceja – Que empiecen los juegos…
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Sakura no podía evitar sentirse satisfecha con el transcurso de la velada. Mirase dónde mirase, sólo había risas, ojos coquetos y roces juguetones. Tomoyo, Khao, su madre y la marquesa de Rue habían cumplido con su cometido y las presentaciones se habían llevado de forma exitosa. Mirase dónde mirase, había caballeros sudorosos tras los juegos de valentía y damas deseosas de servirles un refrigerio y recibir sus trofeos entre pestañeos de flirteo. El príncipe heredero permanecía a su lado, asombrado por el ambiente. Jamás había asistido a una fiesta popular, pero se imaginaba que serían algo muy parecido a eso.
- ¿Esto es a lo que se dedican los jóvenes de hoy en día? ¿Saltar con sacos, llevar huevos en cucharas y correr para recoger un pañuelo que luego deben entregar a su dama? ¿Qué será lo siguiente? ¿Les hará perseguir un puerco? – Sakura le sonrió, demasiado contenta cómo para recordar que no le agradaba ese hombre.
- Por supuesto que no, su majestad. No queremos que nuestros caballeros se ensucien el uniforme de hierva. Los juegos han concluido y debemos dejar que las damas los feliciten por sus victorias o los consuelen por sus derrotas. ¿no cree?
- ¿Eso hacen? Yo solo veo sonrisas bobas… ¿el agua lleva un afrodisiaco que atonta a las muchachas?
- Veo que hoy tiene el deseo de bromear, su majestad.
- Oh, para nada. Simplemente me abruma el ambiente. No estoy acostumbrado a moverme con gente joven.
- Habla como un anciano, pero por lo que sé, es usted aún muy joven.
- Sí, por supuesto. Pero suelo asistir a galas más…
- ¿Refinadas? ¿Aburridas? ¿Formales?
- Acordes a mi posición.
- Ya veo. Lamento que le disguste el ambiente, su majestad. Tendré en cuenta sus preferencias de ahora en adelante. – Xiao Lang rodó los ojos, esa mujer siempre sacaba sus palabras de contexto.
- No quería decir que no me agradara… sólo puntualizaba el hecho de que el ambiente es más informal de lo acostumbrado. Pero no me disgusta del todo. Aunque no tengo mucho en común con ninguno de los invitados. Los caballeros no suelen participar en las obligaciones de palacio.
- Quizá debería intentar socializar más con ellos. Son jóvenes, pero le aseguro que muchos de ellos provienen de familias poderosas e influyentes. Ser un caballero juramentado da honor a la familia. No todos los nobles deben dedicarse a la política o a la administración de sus fincas.
- Sin duda… también pueden dedicarse al sacerdocio – Sakura dejó escapar una pequeña sonrisa, que le enterneció levemente el corazón. - Pero aún así, no es mi deber conocer a todos los hijos de cada una de las casas. – el príncipe oyó de nuevo la risa de la muchacha y sintió el calor subir a sus mejillas. Era agradable estar así con ella.
- ¿Deber? Su majestad, a veces se socializa por placer, no por deber.
- ¿Lo dice por su basta experiencia? Hasta dónde yo sé, usted no ha socializado en su vida – la hija menor de los Kinomoto levantó una ceja, molesta por el comentario. Pero no se dejó intimidar.
- Puede que me ocultara de la capital y de los nobles, su majestad. Pero hay otras personas con las que socializar. Aunque usted seguramente lo encuentre inapropiado.
- ¿Inapropiado? ¿A caso se relacionaba con la servidumbre y los plebeyos? ¿Se escabullía de su cama por las noches e iba a tabernas y bares con mala reputación? ¿De ahí sacó sus malas costumbres lingüísticas? – Otra risa alegre que le dejó atontado.
- ¿Malas costumbres lingüísticas? Me temo, que no le sigo, su majestad.
- Oh, sí que lo hace. Sólo que no le interesa contestar. – esos ojos verdes le miraron con astucia y sintió de nuevo que no conocía para nada a esa muchacha.
- Si me disculpa, debo ir con mi madre un segundo. Parece que hay un pequeño incidente.
El príncipe heredero asintió y siguió su figura hasta que se perdió entre la multitud. Todo iba bien. Estaban hablando cómodamente, incluso bromeando. Hasta parecía que la tensión se había disipado por el modo en que ella reía. Pero de repente la señorita Kinomoto ponía ese molesto mohín y salía disparada ¿Qué había hecho mal ahora? Sólo intentaba aligerar la tensión con un poco de humor. Suspiró alejando sus perturbadores pensamientos y miró todos los grupos que se habían ido formando a su alrededor. Se dio cuenta de que, de alguna forma, todos habían sido juntados inteligentemente. Alianzas muy beneficiosas podían salir de esa fiesta si los implicados lo aprovechaban.
Notó entonces lo ocupadas que se veían las damas cercanas a la señorita Kinomoto. Kaho Mitsuki hablaba con dos muchachas y las guiaba a un lado de la sala, dónde dos jóvenes las aguardaban con una copa del mejor champán. La señorita Daidouji, ayudaba a una señorita con una mancha en su vestido, y le pedía ayuda a un joven marqués que (casualmente) pasaba a su lado. Y la marquesa de Rue, pedía a unos jóvenes aprendices que guiaran a las hijas del conde Pau hasta unos bancos para que tomaran un poco de aire. Al parecer, el calor del salón las tenía exhaustas. No pudo evitar soltar una risa al darse verdadera cuenta de la situación. Justo en ese momento, su pareja volvía a su lado con una sonrisa de satisfacción.
- Algo me dice que usted se las ha ingeniado para presentar a las personas adecuadas en esta gala. ¿Acaso ha analizado qué alianzas beneficiarían a las familias que la apoyan y ha procurado que sus hijos congenien en un ambiente propicio? Flores, juegos… un encuentro predestinado… ¿lee novelas románticas en su tiempo libre o quizá lo hace la señorita Daidouji?
- Me sobreestima usted, su majestad.
- Ahora que empiezo a ver más de su verdadero carácter, lo dudo mucho. Es muy difícil lograr que los caballeros asistan a una gala por voluntad propia. Siempre están destinados lejos de casa. Por lo que es difícil presentarlos a las jóvenes damas. Suelen casarse por matrimonios concertados y no muy felizmente…
- No lo sabía.
- Ya… claro. Pero al ser una gala real, estoy convencido que les ha resultado fácil obtener el permiso del ejercito. Más concretamente, el permiso de su padre… Algo muy oportuno. ¿No cree?
- Mmmm…
- Las damas nobles pasan noches en vela estudiando el modo de lograr que sus hijas se casen en buenos términos y con los mayores beneficios para agrandar el honor de su apellido. Pero al parecer, usted ha hecho ese trabajo por ellas. Más de una duquesa conmemorará esta gala cómo el día que su hija conoció a un buen partido y también recordará la persona que los presentó. La duquesa Kinomoto, su cuñada o incluso la señorita Daidouji o la marquesa de Rue. Todos aliados de su casa. Por lo que se lo agradecerán a usted y a su familia. Un modo curioso de ganarse simpatías, pero efectivo. Era esa su intención desde el principio. ¿Me equivoco?
- De nuevo, me achaca elogios que no merezco. Nadie podría ser tan "maquiavélico", su majestad. Sólo es una fiesta informal para jóvenes de alta cuna. Los aprendices tienen poco tiempo para relajarse, y los caballeros están más centrados en su deber que en sus vidas. Yo sólo pretendía darles un poco de descanso. Si encuentran a una dama que les agrade y luego siguen en contacto mediante cartas y surge el amor… no es asunto mío. Yo sólo quiero que se diviertan.
- ¿Haciendo que corran y salten como conejos? Tenemos una visión muy distinta del concepto de diversión – Sakura tomó un par de copas de una de las bandejas y le ofreció una a su acompañante en un gesto cortés.
- ¿Y que divierte a su majestad? Para tenerlo presente en futuras ocasiones.
- La equitación, un buen entrenamiento con la espada y una taza humeante del mejor chocolate negro – la castaña soltó una risa.
- Respeto eso… aunque yo prefiero el chocolate con un poco de leche y al menos seis nubes – escuchó la risa suave del que sería su marido y se tensó.
Sakura se dio cuenta de que una vez más se había dejado llevar por su buen humor, olvidando con quién hablaba y la pésima situación en la que se encontraba. ¡Hasta se estaba riendo! Se mordió la lengua por idiota. Era sencillo despistarse cuando ese hombre no se mostraba beligerante. ¿Sería por su apariencia perfecta? Nah… ella no era una niña tonta que se dejara influenciar por un buen físico. Estaba siempre rodeada de hombres guapos entrenando sin camiseta. Era inmune a las feromonas masculinas. Aún así, evitaría tentaciones en un futuro. No le convenía bajar la guardia en presencia del príncipe heredero o sería devorada.
Desvió la vista y miró en dirección a los caballeros oficiales que habían asistido en calidad de invitados. Un hombre de tez morena resaltaba por encima de todos los demás. Su hermano la miraba fijamente, esperando que ella se dignara a acercarse. Pero no sabía cómo hacerlo. Touya era un arma de doble filo y no sabía que podía esperar de él. ¿Estaría enfadado con ella? ¿Aliviado por verla al fin tras tantos meses? ¿La regañaría por montar semejante gala de frivolidades y sucumbir a los deseos de la corona? Puede que fuera una estupidez, pero lo cierto es que tenía miedo de que se sintiera decepcionado. ¿Y si la odiaba por convertirse en la vulgar ramera del futuro emperador? ¿Habrían discutido su padre y él por culpa de su destino? Lo cierto es que ni siquiera se atrevió a escribirle por miedo a su respuesta. Sus manos se pusieron a sudar con sólo imaginar esos ojos que tanto amaba, bañados en un aire de desilusión.
Xiao Lang notó el temblor que nació en sus hombros y siguió su mirada inquieta hasta la figura del hijo varón de los Kinomoto. ¿Por qué su prometida sentía tal angustia al observar a su hermano? Por lo que él sabía, Touya Kinomoto adoraba a su hermana pequeña. Lo había oído hablar con sus compañeros en el pasado de su adorable "monstruo" (aunque el apodo siempre le resultó de lo más curioso). Tomó la mano de la muchacha y fingió no darse cuenta del asombro que ese gesto causó en ella.
- Creo que va siendo hora de que me presente formalmente a su hermano, señorita Kinomoto.
- ¿No le conocía usted bien, su majestad? – Sakura tragó pesado, sintiendo el calor de la piel del futuro emperador bajo su tacto.
- Conozco al soldado. Pero aún no he conocido a mi cuñado. – un ligero rubor cubrió las mejillas de la castaña, que sólo asintió en silencio.
- Como desee, su majestad. Aunque no le puedo asegurar que le agrade el resultado.
- ¿A qué se refiere?
- Oh, creo que lo comprenderá en unos minutos.
Touya Kinomoto les observó acercarse en silencio. Sentía como sus puños se contraían por la ira. Jamás se había sentido tan impotente cómo hace un par de meses, cuando su padre le comunicó las ordenes del emperador. Su hermana, su pequeña y adorada hermana, había sido vendida al príncipe heredero. ¡Cuan frustrante podía ser eso! Le gritó durante horas, maldiciendo al sol del imperio y a todos los que habían participado en semejante barbarie. Pero su padre permaneció firme como una roca. No podían ir en contra de una orden real. Deshonraría a la familia y les dejaría en la pobreza. Eso aún le frustró más. Títulos, tierras y honor. ¡Majaderías! Eso no era importante para él. Si ser parte de la nobleza significaba ser el títere de su majestad, no quería semejante distinción. ¡Se iría de cabeza al mismísimo infierno si con ello lograba que Sakura fuera feliz! Pero su padre tuvo que sacar a relucir a todos los hombres, mujeres y niños que dependían de su familia. Le habló de sus responsabilidades como futuro heredero del ducado y de las bocas que dejarían de comer si les quitaban sus tierras y les expulsaban de Aristia. Así que no pudo hacer nada más que morderse la lengua y descargar su furia en los entrenamientos. Sus compañeros pagaron las consecuencias de su mal humor, pero al menos evitó matar a alguien en el proceso.
Observó a su pequeña hermana a conciencia. Parecía más delgada y tenía las mejillas algo pálidas. Pero aún así seguía siendo tan bonita como su madre. Aunque ese brillo travieso había huido de esos hermosos ojos jade. Y también parecía más adulta. Cómo si el peso del mundo hubiera acabado con su inocencia en tan solo unos días. ¿Tan mal la trataba la vida de palacio? ¿Sería feliz algún día en ese maldito lugar lleno de serpientes venenosas y traidores? ¿Llegaría a apreciar al príncipe, aunque sólo fuera un poco? A pesar del odio que sentía ahora mismo hacía ese hombre, eso esperaba… Una vida sin amor… jamás pensó que algo así podría pasarle a alguien tan dulce y noble como ella.
Cuanto le dolía ver a su pequeña hermana bajo semejante presión. Sakura sólo había deseado una cosa en su vida. ¡Una única y maldita cosa! Ser libre. Había dedicado mucho sudor y lágrimas para conseguir su independencia y un futuro en el ducado. Y el emperador se lo había arrebatado todo en un suspiro. Sus sueños y esperanzas derrocados. Y él… no podía ayudarla. No sin destruir a la familia y todo su futuro… y el de ella. Yukito se colocó a su lado con un gesto serio y pronto Yue se les unió. Pero ni siquiera con ellos de su parte, podía calmar su corazón. ¡Era tan injusto!
Las campanas resonaron en el jardín anunciando la cena y todos los invitados se encaminaron al salón blanco entre risas de expectación. La noche ya había caído del todo y la oscuridad les envolvía, pero la luz de las velas aún dejaba ver la belleza del jardín. El aroma de las flores era cada vez más intenso y embriagador. Para cuando llegaron al lado de su hermano, todos los invitados habían abandonado el lugar. Touya Kinomoto rechinó los dientes y se obligó a sí mismo a inclinarse frente al futuro sol del imperio. Una reverencia era una señal de respeto, y ahora mismo ese sentimiento estaba muy lejos de su corazón. No es que tuviera una opinión forjada del futuro emperador, pero siempre pensó que sería un buen gobernante. Era diestro, astuto y frío. Cualidades muy notables para su posición. Así que jamás pensó que Xiao Lang Reed Li llegaría a ser el objeto de su desprecio. Las palabras casi se le atragantaron en la garganta.
- Buenas noches, su majestad, futuro sol del imperio. – Los hermanos Tsukishiro hicieron lo mismo tras él.
- Es un placer verte de nuevo, Touya… - Sakura dio un salto al oír el nombre de pila de su hermano en los labios del mismísimo príncipe heredero. ¿Eran así de cercanos? ¿O el príncipe sólo se tomaba esas confianzas porqué unirían lazos familiares?
- No puedo decir lo mismo, su majestad.
- ¡Touya! – los ojos castaños de su hermano la buscaron y sintió que el labio le temblaba. – Yo… estás siendo muy descortés… es el futuro emperador…
- No se preocupe, señorita Kinomoto. Cómo le dije, he coincidido varias veces con su hermano. Ya sé de qué pie calza. No tengo duda alguna de que la misma sangre corre por sus venas. Son ambos igual de ariscos - Touya levantó una ceja, pero hizo una leve inclinación de cabeza en señal de perturbación.
- Mi hermana ¿arisca? No tengo la menor idea de a que se refiere. Sakura siempre ha sido una niña generosa de corazón y muy abierta con todo el mundo. Es profundamente amada en el ducado y conocida por su dulce sonrisa. ¿Arisca? Ni por asomo…
La castaña quedó alucinada por el comentario y su rostro ardió en respuesta. Jamás había oído semejantes palabras aduladoras de su hermano. Más bien la llamaba "monstruo" y le buscaba las cosquillas constantemente. ¿Le habrían golpeado la cabeza durante los entrenamientos? Miró a los hermanos Yukishiro en busca de una explicación, pero los muy idiotas solo asintieron a las palabras de su hermano ¿Qué habían bebido esos tres? Puede que Yukito fuera dulce con ella, pero Yue y su hermano la embromaban a todas horas. ¡El mundo llegaba a su fin!
- Quizá no le sienta bien el ambiente de palacio. ¿No cree, su majestad?
- Ya se acostumbrará a él. – ambos jóvenes se desafiaron con los ojos y Sakura sintió verdadero miedo por la integridad de su hermano. Si el príncipe quería, lo podía enviar todo un año a las montañas para vigilar el muro norte.
- No cuente con ello. Sakura no es la típica niña egocéntrica y mimada que desee una vida de comodidades. Si busca a una muñeca para decorar su palacio, se ha equivocado de persona.
- Hermano… por favor. El príncipe tampoco eligió esto. Fue el emperador quien decidió que yo era adecuada para semejante honor. Y lo acepto y estoy muy agradecida.
- ¿Honor? ¿Gratitud? No me hagas… - Sakura tomó su mano y clavó sus ojos en él sin poder contener el temblor de su cuerpo.
- Touya, te lo ruego… no sigas – El mayor de los Kinomoto sintió el desasosiego en ella y soltó un suspiro, resignado.
- Esta bien. Me callaré porqué tú así lo deseas.
Touya se giró para mirar a los ojos de su majestad, el futuro sol del imperio y frunció el ceño. No había terminado con ese mocoso, pero lo dejaría en una pequeña tregua. Por el bien de Sakura. Ignorando que estaba en presencia del futuro emperador, le dio la espalda y caminó en dirección a la castaña para abrazarla con fuerza. Sakura se sorprendió al principio, pero pronto sucumbió a la calidez de su hermano. Se le formó un nudo en la garganta y notó cómo las lagrimas se le acumulaban en los ojos. Estaba con su hermano… maldición… ¡Le había extrañado tanto!
- Touya… eres tan idiota…
- Y tú una enana. Sigues tan bajita como siempre, monstruo… ¿no decías que crecerías más alta que la torre de un castillo y me aplastarías desde las nubes? ¿Dónde han quedado ahora tus dulces amenazas?
- Oh, vamos. Eso no es justo. He crecido mucho, pero tu altura es antinatural. Tienes veintisiete años. ¿No puedes dejar de crecer ya? - Sakura escondió su rostro en el pecho cálido de su hermano y se dejó llevar por la suave sensación de ser verdaderamente querida. – Te he echado mucho de menos… me siento perdida cuando tu no estás…
- Yo también te he echado de menos. Esos idiotas ni siquiera saben devolverme un golpe. Necesito a mi mejor espada a mi lado. – Sakura soltó una risa y se apartó para mirarle a los ojos.
- Oye, que yo hablaba en serio… - Touya hizo una mueca y acarició su cabeza, despeinando ligeramente el cabello de su hermanita pequeña. - ¡Maldita sea! Me ha llevado horas arreglarme. Madre te sacará los ojos en cuanto me vea.
- Oh, no estoy asustado. Aunque no lleve mi espada, sigo siendo el mejor combatiente cuerpo a cuerpo del reino. Nuestra madre no puede ni siquiera rozarme – Sakura rodó los ojos y miró a los hermanos Tsukishiro.
- ¿Cómo lo aguantan todo el tiempo?
Xiao Lang observó la escena a un lado, demasiado asombrado por la profunda relación de esos dos hermanos. Casi se sintió violento por ser testigo de semejante reencuentro. Sabía que Touya adoraba a su hermana pequeña por cómo le tomaban el pelo los demás caballeros. Pero para ese entonces, la pequeña hija del duque sólo era un rostro oscuro para él. Una niña desconocida que no salía de su ducado y que jamás había visto. Nunca pensó que esa joven que tanto amor inspiraba al osco sir Kinomoto, sería algún día su esposa. Y por la mirada de profundo odio que le había lanzado Touya Kinomoto y la brutalidad de sus palabras, él tampoco se lo imaginó.
- Te he traído un regalo – Touya sacó una cajita de su bolsillo derecho y la extendió con un ligero rubor en sus mejillas. Los ojos de la castaña se abrieron de pura felicidad. – Es una pequeña daga. Puedes llevarla bajo la ropa, de forma discreta. Te protegerá ahora que yo no puedo hacerlo. Sé que llega muy tarde, pero… feliz cumpleaños monstruo. Ábrela luego, cuando estés en tu habitación. ¿Vale? – Sakura asintió feliz y acurrucó la caja en su pecho como una niña pequeña. Luego se lanzo a los brazos de su hermano por segunda vez.
- La cuidaré mucho, será mi pequeño tesoro. Gracias… – Touya acarició su cabeza y cerró los ojos algo más calmado. Al menos su hermana seguía siendo la misma chica dulce que había dejado en el ducado. Temía que su funesto destino le hubiera amargado el corazón. Pero gracias a los dioses, no había sido así.
- ¿Y para mí no hay abrazo, Sakurita?
El príncipe (que para ese entonces ya estaba atónito) giró el rostro en dirección a la voz. Yukito Tsukishiro ni siquiera le había saludado. No es que le importara, en realidad. Se habían llevado bien hasta la fecha. Pero por alguna razón, al verle sonreír se sintió amenazado. ¿Y porqué la llamaba con ese apodo tan infantil? Sakura era ahora su prometida y se merecía ser tratada con respeto. ¿Cómo osaba ser así de confiado? ¿Eran a caso tan cercanos? La respuesta le vino a la velocidad de la luz al ver como su dama consorte se lanzaba ahora a los brazos de ese tipo. Un hombre, que no era su hermano ni parte de la familia. ¿Cómo podía hacer ella algo así frente a su futuro esposo? Era aún más inconsciente de lo que había pensado. ¡Una desvergonzada! Si su madre hubiera estado presente, la hubiera reprendido y castigado severamente. Quizá hasta la habría mandado al castillo del ala norte. Dónde no había comodidades ni agua caliente. Un lugar para reflexionar y enderezar a los miembros díscolos de la realeza. ¡Cuantas veces había cumplido condena su hermano Eriol entre esas frías paredes! Pero nada podía enmendarse ya. Su hermano no tenía remedio. Y al parecer, esa niña tampoco.
- ¡Yukito! Pero mírate, estás cada vez más apuesto. Debes tener a todas las damas a tus pies. – el muchacho se alejó con una sonrisa y tomó las manos de la chica con confianza.
- Para nada. Ya sabes que sólo vivo para cuidar a mi pequeña Sakura. Las demás damas no me importan nada.
La castaña se sonrojó, para total desagrado del príncipe. Pero por alguna razón, ahora que estaba rodeada de su verdadera familia, Sakura no temía ese par de orbes color miel. Si el príncipe quería asesinarla con los ojos, que lo hiciera. Su hermano sería su escudo y sus amigos las flechas.
Pero para su total asombro el príncipe no protestó. Tampoco la reprendió. En vez de eso, tomó su mano y la alejó de los jóvenes con una sonrisa suave. Luego rodeó su cintura y la acercó contra su pecho haciendo que se le parara el corazón. La castaña sintió en lo más profundo de su ser, que esa era la calma antes de la tormenta.
- Creo que deberíamos entrar. La cena ya esta siendo servida y debemos estar presentes para controlar cualquier incidente. Por favor, disfruten del resto de la velada. Vámonos, Sakura.
El príncipe tiró de ella con fuerza y se sintió mareada. ¿Desde cuando se atrevía a llamarla por su nombre de pila? ¿Le había molestado que estuviera relajada por una vez en su vida? ¡No quería irse! Llevaba meses sin ver a Touya y a los hermanos Tsukishiro. ¿Por qué era tan severo de repente? Parecía que empezaba a darle un poco de confianza y sin previo aviso ¡zas! Sacaba de nuevo su vena autoritaria. ¡Era un idiota amargado! Estaba por resignarse, cuando una mano tomó la suya, alejándola del príncipe heredero. Xiao Lang se quedó a un lado, estupefacto. ¡Ese idiota estaba buscando el límite de su paciencia!
- Espera… Monstruo, guárdame unos minutos al final de la noche. ¿Quieres? Tengo que partir hoy mismo y necesito hablar contigo en privado. – Sakura miró al príncipe y Touya se frustró al ver como su adorada hermana se rebajaba a tener que pedir permiso para estar con su propio hermano.
- Por mi no hay problema. Claro que puede tomarse un momento de sus deberes para hablar con su familia.
- Gracias, su majestad. – Los puños de Touya se contrajeron de nuevo y tiró de Sakura para ponerla de forma protectora tras su espalda.
- ¿Va a ser siempre así? ¿Esta es la vida que le espera a mi hermana? ¿Le pedirá también permiso para ir a mear?
- ¡Touya! Por todos los dioses…
- No, Sakura. ¡Sólo es un mocoso con corona! No tiene poder sobre ti. ¡Eres una Kinomoto! – El mentón del príncipe se alzó con calma y esos ojos normalmente ardientes se volvieron fríos como el hielo. Un sudor frío bajó por la espina dorsal de la castaña que se apartó de su hermano bruscamente. Se colocó frente a su futuro marido interponiéndose entre ambos e hizo una reverencia pronunciada hasta que su nariz casi rozó el suelo. - ¿Pero que demonios…? ¡Sakura! ¿Por qué te humillas de este modo?
- Ya basta Touya. Por favor….
Era cierto. Se estaba rebajando y lo odiaba. Pero no podía permitir que su hermano corriera más riesgos. Una cosa es que ella desafiara al futuro sol del imperio y otra muy distinta que su hermano se jugara su título y su vida por defenderla. Jamás se perdonaría que fuera castigado por culpa suya. ¡Era un inconsciente! ¡Se suponía que él era el adulto! ¿Por qué saltaba a la menor provocación? Sin duda Touya no hubiera durado mucho en un mundo de mujeres. Pero por suerte para él, había nacido varón.
- Lo lamento mucho, su majestad. Le pido no tenga en cuenta las palabras de mi hermano. Está triste porqué ya no estoy en casa y… - Xiao Lang Reed Li levantó la mano para silenciarla y fijó de nuevo sus ojos en Touya Kinomoto. El hombre siempre le había parecido interesante. Fiero, osco y de pocas palabras. Pero muy correcto y responsable. Todo un hijo de coronel. Sabía que estaba perdiendo los estribos y que no era su intención insultarle (o al menos quería creerlo de esa forma) Sin embargo, no podía permitir que le hablara así en presencia de nadie. Ni siquiera de su propia familia.
- Lo dejaré pasar esta vez, porqué sé que la decisión de mi padre no le agrada y que sólo se siente mal por su hermana. Pero no habrá una segunda ocasión, sir Kinomoto. Aunque tengamos confianza, no puede dirigirse sin respeto a un miembro de la realeza, mucho menos al futuro emperador. Una lección que tanto usted, como su hermana, deben grabarse a fuego en esas tercas cabezas. Estoy cansado de recalcar mi autoridad.
- ¿Recalcar su autoridad? Un verdadero líder no tiene que exigir que le respeten, sus súbditos lo hacen sin dudarlo.
- ¡Touya! ¿Quieres que cuelguen tu cabeza en una pica? Por lo que más quieras… déjalo ya… estoy bien. ¿No lo ves? - Su hermano la miró con ojos ardientes y Sakura temió por su seguridad. Cuando se trataba de ella, Touya perdía el norte y embestía todo aquello que se le cruzara sin pensar. Por suerte Yukito se acercó y puso la mano en el hombro de su mejor amigo.
- Touya, vamos. Deja tu instinto protector por una vez ¿quieres? Tu hermana esta perfectamente. Sólo mírala… tan hermosa y enérgica como siempre. El príncipe cuida bien de ella y no dejará que nadie le haga daño. Es cuestión de honor ¿Verdad su majestad? – Xiao Lang asintió en silencio y tomó de nuevo a la joven por la cintura. – No se demoren más por nosotros. A fin de cuentas, son los anfitriones. – el príncipe asintió una vez más y miró al otro hermano Tsukishiro. Yue se había quedado en el mismo lugar, pero era obvio que su postura no estaba relajada en lo absoluto. Parecía un guepardo a punto de saltar sobre su presa. Panda de inconscientes… ¿a caso querían provocarle a propósito? ¿Con qué objetivo? Nada bueno podía salir de una situación así.
- Vamos, Sakura. Se nos hace tarde – la castaña miró una última vez a su hermano, pero asintió y se dejó guiar al interior del salón. Los tres muchachos la siguieron con los ojos hasta que se perdió entre la multitud.
- Por dios, Touya… ofender al príncipe no beneficiará a Sakura en nada. Sólo has logrado que tenga que rebajarse para protegerte. Tienes que mantener la mente fría y calmar tus nervios. Ya no eres un niño. Sabes que tu hermana está haciendo esto por mantener el buen nombre de tu familia. Nadie puede contradecir una orden del emperador. Ni siquiera tú. Si el príncipe coge una rabieta puede hundirla a ella, a ti y a todos los Kinomoto. ¿Lo entiendes?
- Es mi hermana, Yuki… ¡mi preciosa hermana! ¿Sabes lo que significa estar casada con un jodido heredero al trono? ¿Los peligros que eso conlleva? – Yukito tomó sus brazos con fuerza y lo zarandeo para que le mirara.
- ¿Te crees que no lo sé? Todos queremos con locura a Sakura. Mi deseo era verla feliz, convertida en la heredera y en la administradora de vuestras fincas. Maldita sea, sabes que quería pedirle que se casara conmigo cuando cumpliera los dieciocho. ¡Hasta te pedí permiso!
- Yuki… estabas borracho… creí que no lo decías en serio.
- ¡Claro que lo dije en serio! Adoro a Sakura. ¡Todos queríamos que se quedara con nosotros! - Touya cerró sus puños y se mordió el labio con fuerza. – Pero el emperador la quiere para su hijo y eso… nos deja sin armas. Sólo podemos ayudarla en todo lo que podamos y aligerar su carga. ¿Crees que le has facilitado las cosas esta noche con tu comportamiento de macho alfa? ¿Eh? – el castaño solo agachó la cabeza, conteniendo la ira y la vergüenza a partes iguales. ¡Se sentía tan impotente!
- Me siento tan inútil, Yuki. Ni siquiera puedo vivir aquí con ella. Tengo que estar en el ducado. ¡Está sola en este maldito mundo de víboras!
- Eso no es cierto. Tiene a Tomoyo. Y yo mismo he pedido mi traslado de la frontera a palacio. – Touya abrió los ojos, sorprendido - ¿Qué? ¿Pensabas que no lo haría? No quiero que le pase nada. La quiero igual que tú, aunque no llevemos la misma sangre. Nunca la dejaré sola. Seré su escolta real, me cueste lo que me cueste. Por ti y por ella.
- Ese es mi deber, no el tuyo…
- Oh, vamos. ¡Eres el futuro coronel del ejercito! Tú debes comandar la unidad de la frontera y proteger el imperio de posibles invasiones. Es tu carga de nacimiento. Pero yo no estoy atado a mi casa. Puedo cumplir mi deber aquí, en la frontera o en cualquier otra parte de Aristia. La protegeré en tu nombre. Lo juro con mi vida.
- Yo también. Estaré aquí para cuidarla, Touya. Te lo prometo. Nunca la dejaremos sola ni desprotegida. Me convertiré en su sombra – ambos miraron al más joven de los tres y suspiraron. Sakura siempre fue el nexo que les mantuvo unidos. Y ahora que ella no estaba, les tocaba separarse.
- Si… háganlo, por favor. No tengo más remedio que dejarla a su cargo. No permitan que mi hermana sea infeliz…
Los tres hombres miraron en dirección al salón, dónde la orquestra había empezado a tocar una suave melodía de acompañamiento. Kaho estaba allí de pie, con un rostro serio. Touya la vio desaparecer entre los muros y se sintió un idiota. Yuki tenía razón. Ya no era un niño. Tenía una prometida y un deber para con los suyos. No podía perder así la cabeza. Por mucho que odiara el maldito destino que le había tocado vivir a su hermana. Todo sería peor si era encarcelado y despojado de su título de caballero. Lo sabía. Pero cuando veía esos hermosos ojos jade desprovistos de luz… simplemente su cerebro dejaba de funcionar. ¿Era acaso tan extraño que quisiera ver a Sakura feliz?
- Yuki…
- ¿Sí?
- ¿Vendrás conmigo luego? No quiero volver a descentrarme…
- Por supuesto. Lo que desees, Touya… Además, creo que nuestro pequeño lobo se pone nervioso cuando estoy con su prometida. – Touya le miró con una ceja alzada.
- ¿Crees que ese tipo siente algo por mi hermana? ¿El frío y calculador Xiao Lang Reed Li? – Yukito se llevó los dedos al mentón y levantó la vista en busca de las estrellas.
- Aún es pronto para decirlo. Pero, apostaría mi vida a que Sakura no le es indiferente. – Touya sonrío de lado.
- Bueno, al menos podremos molestarle con eso… Parece un tipo posesivo y celoso ¿Tú que dices, Yue? ¿Se la jugamos a ese engreído?
- Si eso evita que lo atraviese con una de mis flechas… - una gota bajó por la frente de los dos amigos.
- Por dios, Yue… en verdad te has estado conteniendo.
- Sólo soy paciente. Encontraré el momento y el lugar para poner a su "gran alteza imperial" en el lugar que merece… - un escalofrío bajó por la espalda de Touya. Eso sí sería digno de ver…
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Continuará...
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Más notas: Vale, este es más cortito, pero ha sido intenso. ¿No? Ya tenemos al trío maravilla y la cosa promete. Touya pierde los nervios, Yukito confiesa que iba a pedirle matrimonio a Sak (si, lo se... what? jajajaja) y Yue confiesa que guarda instintos asesinos... algo me dice, que tendremos momentos de celos y de peleas fraternales la mar de divertidos. jajajaja. De nuevo, super mega gracias por sus preciosos comentarios y nos leemos muy pronto en mi Fan. ¡Las quiero mucho!
