Hola, hola. Disculpen mucho la demora.

Aquí un nuevo capítulo. Disfruten la lectura, nos leemos abajo :D

Capítulo 7

-¿Cómo es que quieres manejar un barco si ni siquiera sabes leer un mapa Luffy?

-Apártate Nami, soy el capitán. Así que puedo manejar mi propio barco.

-Eso no tiene nada que ver.

-Por supuesto que sí, que no estás viendo el sombrero de capitán que tengo sobre mi cabeza.

El pequeño Luffy de rebeldes cabellos negros le mostró a su pequeña amiga pelirroja su desgastado sombrero de paja el cual anunciaba tan orgullosamente sobre su cabeza.

La menor bufó.

-Sólo porque padre te dio ese estúpido sombrero, no significa que seas un capitán de verdad.

-Cállate tonta.

Nami infló sus cachetes indignada.

-De los dos soy la única que puede leer un mapa, así que yo seré capitán.

-¡No!

-¡Que sí!

-¡Te digo que no!

Los niños trepados en la rama más alta del frondoso árbol cerca del lago, se encontraban discutiendo por el lugar del capitán. Y aunque tenían ya un buen rato con la misma diatriba, no parecía que ninguno de los dos fuera a ceder ante el otro.

Entonces Nami con sus mejillas rojas de la frustración, se incorporó de un tirón para posicionarse frente a su amigo pelinegro, para demostrarle así que ella iría delante de él. Tomaría el imaginario timón del árbol, el cual era el barco en el que se encontraban navegando, y así ella se proclamaría capitana. Pero entonces sus pies no se plantaron de manera segura sobre la rama y, tras un bamboleo, Nami cayó de la rama ante la mirada atónita de su amigo moreno.

-¡Nami!

El pelinegro había reaccionado rápidamente tomando a su amiga de la mano mientras ésta caía deliberadamente, pero el peso de la niña fue mayor a sus fuerzas haciéndolos caer ahora a los dos.

Luffy aunque pequeño era más alto que Nami, eso le dio ventaja mientras caían y la envolvía entre sus brazos protegiéndola del deliberado golpe contra el suelo. En un instante Luffy había recibido todo el impacto amortiguado tan solo por el grito de su dolor. Una vez en el suelo, Nami se desenredó del agarre del moreno y se volvió hacia él precipitadamente. Y su pequeña cara se congestionó al ver como su amigo sangraba de una de sus mejillas. Con lágrimas en sus ojos veía como éste no reaccionaba.

-¡Luffy despierta, vamos! Dejare que seas el capitán pero por favor despierta. – desesperada la pequeña Nami se había echado a llorar sobre el pecho del muchacho inconsciente. El lago estaba lejos de la finca del abuelo Garp así que no habría nadie en la cercanía que pudiera ayudarla. – Luffy por favor, prometo no volver a pelear por un estúpido juego. ¡Abre los ojos!

Su llanto no dejaba ver con claridad el rostro del joven, y entonces las repentinas risas que escuchó salir de la boca de Luffy detuvieron su llanto.

-De haber sabido con anterioridad que dirías eso, hubiera caído del árbol desde un principio.

El chico se había incorporado sentándose sobre el suelo mientras aun una llorosa Nami se encontraba sobre su regazo.

-¡Eres un tonto! – al verlo sonriendo estúpidamente con su mejilla izquierda aun escurriendo sangre y su rostro lleno de tierra, Nami no pudo evitar abrazarlo de la cintura arrojándose nuevamente en un desconsolador llanto. –Tonto, tonto, tonto…

-Sí, lo que tú digas Nami. – su voz sonaba todavía alegre mientras acariciaba con ternura la cabeza naranja de la niña para que esta calmara. – Ya, ya, estoy bien. No me paso nada.

Aun así la pequeña Nami no dejó de llorar por otro buen rato, y tras ese accidente la herida de Luffy se convertiría después en una pequeña cicatriz debajo de su ojo izquierdo.

o-o-o-o-o

Namira dio un largo suspiro tras recordar aquella lejana memoria de su pasado. Más no había podido evitar que ese recuerdo la invadiera.

En esos momentos se encontraba sentada en un banco de mármol a la sombra del frondoso árbol, cerca del lago, del que habían caído ella y Luffy tiempo atrás. Ese día había ido a visitar a lord Garp y por consiguiente a Luffy pues ya habían pasado casi dos semanas desde que habían planeado el ir a Londres a la boda de los Vinsmoke para así atrapar a Arlong Park. Y exactamente partirían al día siguiente hacia la ciudad pues la boda se realizara dentro de dos días. Tenían que estar bien preparados.

Aun así, al llegar a la casa de los Monkey D, lord Garp le había dicho que Luffy no se encontraba pues estaba visitando la tumba de Ace. Y después de tomar el té con el anciano y excusarse éste con que tenía que descansar, Nami se dispuso a estirar las piernas por los jardines de la casa mientras mataba el tiempo esperando a Luffy. Fue entonces cuando había llegado hasta las orillas del lago que atravesaba las tierras del marques. Nami había caminado sola todo ese tramo pues su amiga oriental se había enfrascado en una discusión con el espadachín pirata que al parecer Luffy había dejado atrás. Intuyó entonces que muy probablemente Luffy había deseado estar solo al momento de visitar la tumba de su hermano.

Acercándose al lago, divisó el gran y viejo árbol con el que ella y el moreno jugaban antaño. Y sentándose en el banco de mármol a los pies del árbol, se perdió en sus lejanos y alegres recuerdos. Aquellos en los que Ace aún estaba vivo, en donde Luffy aún era su alegre y bribón Luffy y no el pirata salvaje y apasionado en el que se había convertido.

De repente sus mejillas se colorearon carmesís.

¿Apasionado?

Sí. Aunque en un principio le había desconcertado el conocer a este nuevo Luffy, tenía que admitir que estaba cayendo deliberadamente una vez más en sus encantos. En su cambiante comportamiento, en su madurez, y en lo apasionado que podían ser sus toques, besos y caricias. Sensaciones que eran nuevas para ella. Jamás había experimentado tales cosas con Ace, pues Ace la había tratado todo ese tiempo como su hermana menor. Pero con Luffy era diferente.

Con Luffy siempre era diferente.

Y no podía ignorar más esos sentimientos.

Aunque apenas contaba con ocho años en ese recuerdo que tenía, estaba segura que desde entonces ya había comenzado a sentir afecto por ese travieso niño. Afecto que años después se había convertido en amor.

Y aunque añoraba el volver a ver a ese risueño niño, sabía que también amaría al adulto en el que se convirtió.

Amarlo.

Entonces la chica abrió sus ojos enormemente al darse cuenta del lugar al que sus pensamientos la habían llevado.

-Por dios Namira, al verte creerían que estás viendo como alguien se está muriendo frente a tus ojos.

La aludida dio un respingo en su asiento y se volvió frenéticamente hacia el dueño de sus pensamientos. Sin poder evitar el leve sonrojo en su rostro.

-Lu-Luffy… ¿q-que haces aquí?- la pelirroja se escuchaba nerviosa al casi verse descubierta tras sus pensamientos. Y al estudiar un poco el rostro de la chica, el moreno entonces sonrió de lado. Se acercó y se sentó muy junto a ella en el banquito de mármol.

-El abuelo me dijo que estarías aquí. – alzó una de sus engreídas cejas. - ¿Viniste a verme a mí, no es así?

Nami asintió un poco más calmada.

-Sí, mañana partiremos a Londres y han sido ya varios días en los que no había podido verte.

-El abuelo me ha tenido realmente ocupado con todos los arrendatarios del pueblo, abogados y cuentas. – soltó un fastidioso bufido. – Ni siquiera había tenido tiempo de visitar la tumba de Ace. – Nami bajó su rostro con pesar tras la mención de aquel al que amaban como hermano y saber que ahora Luffy había podido comprobar con sus propios ojos el fallecimiento de su hermano mayor.

El pirata captó el cambio en la cara de la pelirroja y entonces se dispuso a tomar la conversación hacia otro rumbo. Odiaba ver a Nami decaída y ciertamente preferiría verla mejor sonrojada y azorada por su presencia, así como lo había estado momentos antes cuando llegó a su encuentro.

-Entonces… - habló el moreno captando por completo la atención de la pelirroja quien se volvió ahora hacia él. - ¿Vas a contarme lo que estabas pensando mientras veías el lago?

Nami tragó saliva. Luffy volvía al tema del principio. La había atrapado en medio de sus recuerdos de niñez, del descubrimiento de sus sentimientos hacia él, y ahora su intensa mirada y caliente cercanía comenzaban a ponerla nerviosa.

Luffy siguió sonriendo altanero mientras en un repentino movimiento la tomaba delicadamente del mentón. Sus rostros a centímetros del otro. Nami no podía evitar sonrojarse al tiempo que su corazón se agitaba deliberadamente al ver como esos maduros y piratescos rasgos la envolvían deseosamente.

Demonios, por qué Luffy tenía que ser tan endemoniadamente apuesto, aun mas del muchacho que recordaba. Y es que ese era el problema. Luffy ya no era un muchacho. Ahora era un hombre, y eso volvía todo más complicado dentro de ella.

Nami se obligó a concentrarse en los ojos oscuros que la penetraban intensamente y entonces su mirada cayó en la pequeña cicatriz debajo de su ojo izquierdo. Aquella cicatriz de sus recuerdos y de la que ella había sido culpable.

Entonces sin siquiera haber pensado en lo que estaba haciendo, Nami levantó su mano hacia esa pequeña desfiguración de ese hermoso rostro. Envolvió la mejilla morena con su tacto, y con su pulgar repasó delicadamente el relieve de esa cicatriz. Ante esa caricia, fue ahora Luffy el que quedó sin aliento.

-¿Recuerdas cómo te hice esta cicatriz? – casi susurró con leve voz, aun perdida en ese recuerdo. – Fue justo en este lugar.

Luffy no había movido un musculo de su rostro. La tierna voz de la chica lo había cautivado ciegamente y su rostro de pronto se volvió muy serio.

Apretando su mandíbula, su voz salió ronca cuando habló:

-Fue un accidente Nami.

Y ahí estaba ese apelativo de nuevo. Volvía a llamarla por el mote de su niñez. Nami se había dado cuenta en este último tiempo en el que había estado con Luffy después de cinco años, que al llamarla por su mote de la niñez podía ver asomándose una parte del viejo Luffy. O al menos, el Luffy que aun la quería como amiga.

Y no se había dado cuenta hasta ahora de cuanto había extrañado que el pirata la llamara de esa manera. Que de sus labios saliera esa simple palabra, un cariñoso sobrenombre que resguardaba celosamente los sentimientos del pirata.

Los ojos chocolate se desviaron inconscientemente hacia los labios masculinos, y Luffy pensó que ya no podría contenerse por más tiempo.

-Llámame otra vez – susurró la chica, sin dejar de acariciar la mejilla del moreno. – Di mi nombre como antes…

Y efectivamente, Luffy no se contuvo.

En un brusco movimiento tomó la mano de la chica, que aun acariciaba su mejilla, y la apartó. Y sin dejar que Nami reaccionara a eso, la tomó de la cintura apresuradamente y la montó sobre su regazo aprisionándola entre sus brazos.

-Nami… - susurró extasiado contra su oído. La chica gimió levente al sentir su tibio aliento sobre su cuello. – Nami, Nami… - con cada llamado a su nombre Luffy dejaba un húmedo beso sobre su sensible piel haciendo que la pelirroja se estremeciera de placer. Luffy la había atrapado una vez más, y no estaba segura de tener la suficiente fuerza para detenerlo. –Nami

Su ardorosa boca encontró la de ella hundiéndola en un desenfrenado beso. La chica soltó un gemido al sentir como la humedad de su lengua se unía a la de él exquisitamente. Luffy la saboreaba mordisqueando sus sensibles labios y recorriendo su estrecha cintura y pechos. Mientras Nami, agarrada fuertemente del cuello del pirata, se aferraba a él pues sentía que si no lo hacía perdería el sentido en cualquier momento. Luffy la estaba adsorbiendo con sus ardorosas caricias, con su incontrolable boca y su creciente deseo.

Era absurdo descubrir cómo se rendía tan fácilmente ante él. Nami se reprendería después por esos arrebatos de lujuria que entraban en ella cuando tenía cerca al pirata, pero por ahora lo disfrutaría puesto que lo amaba.

Lo amaba desde que eran apenas unos niños, y el tenerlo con ella de nuevo después de tanto tiempo sin saber de él la estaba sobrellevando. Esos sentimientos que se habían cultivado desde la niñez y ahora florecían ardorosos por ese hombre la estaban sobrellevando.

Y ya no podía evitarlos más.

o-o-o-o-o

La necesitaba. Era humillante cuanto la necesitaba. Estaba duro, excitado y tan atormentado por el deseo que tenía hacia Nami que aun incluso le sorprendían sus propias acciones impulsivas.

Joder. Se sentía tan bien tenerla entre sus brazos que aún le trastornaba la idea de tener que separarse de ella una vez que cumpliera con su objetivo de vengar a su hermano. Pero tenía que hacerlo. El deseo y sentimientos que tenía por ella no debían de ganarle a su razón. Él era un pirata, y cumplido su objetivo en Inglaterra volvería al mar. Tenía que hacerlo. Así que cualquier placentero acercamiento con Nami lo estaba llevando al abismo y no sabía si realmente querría salir de ahí.

-Nami, Nami, Nami – gimió él, deslizándole frenético los labios por la cara hasta volver a encontrarle la boca. – Te necesito. – apretó contra ella las caderas haciéndola sentir su creciente deseo. – ¿Sientes cómo te necesito?

Nami gimió exquisitamente al sentirlo duro contra ella, y entonces tomó aire.

-Yo también te necesito – soltó sin pensar y es que era verdad. Dentro de ella había un fuego que llevaba años ardiendo suave. Y verlo nuevamente lo había atizado, reencendido, y ahora no sabía cómo controlarlo.

Para consternación de Nami, tras escucharla Luffy dejó de besarla. Se quedó inmóvil un momento y el silencio reinó entre ambos. Sus respiraciones agitadas trataban de apaciguarse, y entonces el moreno habló con voz grave:

-No, no lo haces. – muy tarde Luffy se había dado cuenta que lo que estaba experimentando con Nami no debería de haber pasado. En unos días cumpliría su objetivo, por lo que había regresado al país, y entonces se marcharía dejando a Nami atrás una vez más.

Aunque hace unos días su deseo lo había asaltado como ahora en el salón de estar de la pelirroja, se dijo que no podía volver hacer eso. La había casi amenazado con que su naturaleza de pirata no le dejaría nada fácil atacar la creciente tensión de deseo que había surgido entre los dos, pero ahora realmente no podía dejar que eso ocurriese. Él se iría dentro de poco tiempo a su vida de pirata y ella seguiría aquí, junto a su familia, que era donde pertenecía. No podía deshonrarla, no podía llegar a ser tan canalla como para hacerle eso después de su partida. Pero, se dijo mientras veía el rostro azorado y exquisitamente sonrojado de la chica, Nami no se lo dejaría nada fácil. Para él Nami era una gran tentación. De la cual sería muy difícil separarse.

Pero tenía que intentarlo.

Separó a la chica de su regazo y, con un suspiro de frustración, se levantó caminando hacia el lago mientras pasaba exasperadamente las manos por sus negros cabellos.

Al ver interrumpida la pasión tan abruptamente, Nami entonces volvió en sí. La neblina de deseo en su cabeza se despejó y pudo ver ahora claramente las feroces reacciones del pirata.

Luffy caminaba de un lado a otro como león enjaulado y entonces el pecho de Nami se contrajo con angustia. Si Luffy había sido el que había detenido su desenfrenado impulso de pasión tras sus reveladoras palabras, entonces significaba que algo pasaría. Y ella presentía que sería algo doloroso.

-Esto no debería de pasar. –soltó entonces con tono desesperado. - En poco tiempo me iré, Namira. Dentro de dos días cumpliré con mi objetivo, con lo que realmente vine a hacer aquí. Y si todo sale como planeamos, entrando la semana estaré rumbo a Tártaros hacia mi vida de pirata, y no puedo seguir haciendo esto. No puedo dejar que este inestable deseo me gane. Necesito vengar a Ace y regresar al mar. – se detuvo entonces volviéndose con una dura mirada hacia la pelirroja. - Y es lo que hare.

Mientras el pirata soltaba su diatriba, Nami se había incorporado del banco y le había dado la espalda al escucharlo. Se sentía dolida, realmente dolida, aún más que cuando Luffy se había ido por primera vez hace cinco años. Pero no dejaría que le afectara. No dejaría que Luffy viera que sus palabras le lastimaban en lo más profundo.

Con un puño sobre su pecho, Nami tragó saliva para pasar el nudo que se estaba formando en su garganta y contestó solemne:

-Por supuesto que te iras una vez cumplido tu objetivo. Es todo lo que has hecho estos últimos años Luffy, huir. Aunque te recrimine ahora tu abandono jamás recibiré respuesta tuya, y ya no pienso preguntarte por qué te fuiste. – tomó aire al oír como su voz se doblegaba. - No te obligaría a desistir de tu objetivo pues yo misma quiero vengar a Ace también, y jamás me atrevería a pensar que soy un motivo por los que regresaste a casa pues no es así. Nunca fue así. – casi susurró. - Cumplamos con nuestro deber y regresa al mar. No hay nada ni nadie aquí que pueda retenerte.

Luffy soltó una especie de gruñido y entonces Nami lo escuchó más cerca:

-¿No lo entiendes, Namira?- espetó. -¿Todo este tiempo nunca te diste cuenta? Fuiste tú, el motivo por el que partí hacia el mar hace cinco años siempre fuiste tú. – a pesar de su asombro por tal declaración, Nami no se volvió. No podía voltearse hacia él y encararlo. No tenía el suficiente valor. - Pero ahora no hay nada que pueda hacer. – siguió el moreno al ver que ella no decía nada. -Cumpliré mi objetivo y regresare a mi vida en el mar… - caminó unos pasos alejándose de ella mientras susurraba: -…aunque realmente este dejando para siempre mi corazón en este lugar.

Nami aún se encontraba de espaldas a él, y Luffy pasó por un lado de ella sin mirarla. Cuando éste estuvo fuera de su vista, entonces Nami se dejó caer de rodillas al suelo, hundiendo su cara entre sus temblorosas manos. Dando inicio a un desgarrador llanto.

o-o-o-o-o

¡Listo! ¿Qué les pareció?

Espero lo hayan disfrutado. :D

Y pues nada, me tarde mucho en actualizar pues todo diciembre se me enfermó un familiar y estuve muy ocupada también con el trabajo por fin de año. En fin, ya todo está un poco mejor y en verdad quiero terminar esta historia. Que por cierto ya estoy escribiendo el desenlace, como dije antes no será muy larga y ya planee el final tan sólo necesito ponerme a escribir.

Antes de que se me olvide ¡feliz inicio de año! Muchas bendiciones para ustedes y su familia y espero se estén cuidando mucho. :3

Y por supuesto, Muchas gracias por sus comentarios. En serio estos últimos días los leía y releía y me moría por escribir y subirles ya un capitulo. Así que he regresado y no temáis! xD terminare de subir esta historia. :3

Muchas gracias de nuevo por su paciencia y por seguir leyendo.

¡Nos leemos pronto!

Xoxo, Miss Grimm ;*