14. Gothic

•Xion Pov's•

Salí de la ducha, no hay nada que amé más en esta vida que tener el baño dentro de mi habitación. Hoy me gustaría ir a dar una vuelta por casa de Roxas, salir al centro comercial de la ciudad con él o pedirle que me acompañe a la biblioteca a buscar unos libros. En cualquier caso, estoy de ese buen humor extraño en el que me apetece algo de compañía. Me pasa que estoy alrededor de dieciséis horas evitando a la gente y luego tengo la necesidad de interactuar con alguien sin motivo aparente.

Sequé mi cabello húmedo y me eché la toalla al cuello. Al abrir el closet quise buscar algo cómodo, nada que apriete demasiado, estoy hinchada, creo que por el SPM.

Elegí unos jeans oscuros y rotos, junto con una camisa turquesa holgada que tenía el icono de las reliquias de la muerte. Las botas de estilo militar le sentarán bien. Ya me ayudarían las pulseras, gargantillas y el maquillaje a que luciese mejor el conjunto.

Dejé la ropa sobre la cama, tomé un sujetador y me deshice del paño.

—Xion, bonita, ¿puedes hacerme un favor? Tengo hoy una... —La puerta se abrió de improviso, era Saïx, mi padre—. Un... Una... —sus ojos pasaron fríamente por encima de mi—. Oh, lo siento...

—¿Y LO DICES TAN TRANQUILO? —grité mientras volvía a colocar torpemente la toalla alrededor de mi cuerpo, ni siquiera se atrevió a retroceder, solo se quedó allí parado esperando a que yo agregara algo más—. ¡Se toca la puerta antes de entrar al cuarto de una chica, es una ley universal creada desde el génesis! ¿Qué quieres?

—Esta noche tengo una cena importante —prosiguió. Estaba bastante rojo, sí, pero no parecía turbado en particular—. Y todos los empresarios y ejecutivos invitados llevaran a sus esposas.

—Pues vuélvete menos insoportable y búscate una esposa —le recomendé poniéndome una mano en la cadera—. O invita a tu secretaria, yo qué sé.

—No es la clase de reunión en la que pueda llevar a una secretaria.

—No quiero ir —solté de plano—. Pasar la velada junto a tus estirados superiores solo para caerles en gracia no es una idea lo suficientemente atractiva. Para empezar, me harás vestir como si fuera a ver a la reina de Inglaterra, luego pretenderás que tenga buenos modales en la mesa y para rematar querrás que finjamos ser una bonita familia, cuando la verdad es que no estoy segura de que te acuerdes si quiera de mi cumpleaños.

—¿Estás molesta conmigo por algo, linda?

—Siempre estoy molesta contigo —me crucé de brazos—. Justo ahora estás siendo amable y eres muy dulce, me agrada. Pero luego se te pasará, te pondrás apático o de mal humor y me gruñirás si intento dirigirte la palabra ¡estoy cansada de eso! Sé que no soy nadie para reclamarte y eres un adulto, tu vida es tuya. Sin embargo, eso de llegar a las tantas de la madrugada medio muerto por el alcohol tampoco es una conducta que me guste mucho, ¡te vas todo el día y regresas ebrio! ¿Sabes cuál fue mi última certificación de notas? ¿sabes si me va bien o mal en el insti? ¿si me drogo? ¿soy lesbiana? ¿promiscua? ¿tengo mil novios? ¿amigos? ¿sabes algo sobre mí? ¿mi nombre completo?

—Sé tu nombre completo y sé también que no eres ese tipo de chica —respondió. Ahora la ruborizada fui yo. Él tena las ideas muy claras aquella mañana—. Si no confiara en ti no te dejase sola tan seguido, es un alivio poder trabajar tantos turnos en paz porque sé que eres tú la que está en casa y no me das problemas. A lo mejor soy descuidado y tus notas no son las mejores, pero me consta que has aprobado todos años.

Bajé la mirada sintiendo la calidez aflorar en mi pecho, me quiero hacer la dura, pero me puede cuando habla así. Mis dedos apretaron la toalla lado a lado de mis piernas mientras mis ojos volvían a mirarlo.

—He mejorado... mis notas subieron, fui la mejor el trimestre pasado...

Él se acercó y me acarició el cabello.

—¿Ves? Eres muy lista, me alegra escuchar eso.

Moría por darle un abrazo, pero la vergüenza me mantuvo a raya.

—Y si todo eso es verdad, ¿por qué bebes? —insistí.

—No serás una esposa, pero mira que dar un discurso así y ser tan insistente con esto del alcohol —sonrió casi imperceptiblemente—. No quiero hablar de eso justo ahora. Pero todavía necesito que me acompañes a la cena, ¿lo harás?

Asentí con calma.

—Gracias, prometo que te lo compensaré —dijo con alivio en su mirada. Por un segundo creí que me besaría en la frente, pero en lugar de eso solo despeinó mi cabello y abandonó la habitación. Me dejó con las ganas.

Suspiré resignada y me desplomé en la cama con los brazos tendidos y viendo al techo. Suelen decir que las chicas manipulamos a nuestros padres, porque somos sus «princesitas», y aunque no conozco más casos y en realidad hay demasiadas chicas que tienen relaciones alarmantes, incómodas u hostiles con ellos. No pienso mucho en sus situaciones. Mi verdad es que siempre es él quien acaba por manipularme a mi. No importa si es para que le baje a mis rabietas por falta atención, si querer un favor o busca mi perdón por llegar ebrio. Siempre es igual, no puedo con él, soy débil con él.

Le marqué a Roxas para decirle que ya no pasaría a buscarlo de camino a la biblioteca, si voy a salir esta noche con mi papá necesito un vestido y unos zapatos que no escandalicen a sus compañeros de trabajo, también unos zarcillos y cosas por el estilo. Solo porque me lo pidió bonito trataré de verme linda para él, para no hacerlo pasar vergüenza.

—Descuida —dijo Roxas en tono comprensivo—. Si quieres te acompaño a comprar la ropa, estoy libre y parece una buena oportunidad para verte las piernas y así.

—Sí es una buena oportunidad —admití, al caer en que no usaría ni pantimedias, ni mayas, ni leggins, ni rejillas con un vestido tan formal—. Pero no entiendes, estaré en tiendas con porquerías rosas. De esas donde a donde van las señoritas de la alta sociedad para presumir con sus amigas que compraron un nuevo bolso de marca.

—No me quedaba claro que eras una niña rica y mimada, pero ahora que lo sé es interesante... —Comentó casualmente—. ¿Qué vas a hacer con las perforaciones en tus orejas?

—Las ocultare con mi cabello y usaré pendientes largos. Lo que me preocupa es el maquillaje —lancé una mirada al set de belleza situado sobre la mesita de noche—. Delineador, rímel, sombras que casi no uso y no bajan del negro y labiales sí uso pero que no bajan del color vino. Necesito algo más sutil y agradable a la vista.

—Te acompaño para cargar las bolsas, no para darte consejos de belleza, Xion —aclaré antes de que me llamara amiga—. Voy como apoyo moral.

(...)

—Roxas no está —aseguró su gemela.

—¿Cómo que no? Lo llamé antes de venir para acá.

—No sé, no está, que tengas linda tarde —me lanzó la puerta en la cara.

No pasaron ni dos segundos y la puerta se volvió a abrir.

Era Roxas, tenía su rubio cabello mojado y parecía que le faltaba aire. Sostenía a una enfadada y frustrada Naminé por la muñeca.

—Perdón... —dijo sin aliento—. Me encerró en el baño.

—Ah, es agua.

—¿Qué más iba a ser? —replicó sacado de onda.

—Bueno, no sé.

—Como sea. Naminé, discúlpate con Xion —exigió Roxas cambiando de tema.

Ella y yo nos quedamos viendo unos segundos. Subí los hombros para restar importancia al tema, no es como si no supiera que me odia.

—No, no, ayer Olette vino a dejarme mi parte del proyecto de Física y Naminé no le dio ni los buenos días, una cosa es ser tímida y otra ser maleducada, vamos —Estaba evidentemente molesto, pero la trataba como si fuera mucho menor que él. Creí por un instante que la haría molestar, pero cuando volví a la rubia ella, en efecto, lucía menor que él con esa actitud.

—Lo siento —dijo sintiéndose realmente regañada. Esto hizo que me diese cuenta de cuanto le importa la opinión de Roxas—. No volverá a pasar.

—Uhg —desvié la mirada—. ¿Y ahora qué harás? ¿Le dirás que suba a su habitación a pensar en lo que hizo?

—Sí, si no quiere que me pase el fin de semana molesto.

Naminé estuvo a punto de salir corriendo escaleras arriba.

—No, por favor, aguarda —me tomé el atrevimiento de cogerla por la muñeca—. ¿No quieres venir con nosotros?

Es evidente que no le agradaba que yo la tocase, se mostró más bien arisca, como si mis dedos la quemarán. Pero no me rechazó por completo. A dónde iríamos y qué haríamos eran dos cosas de su interés, sin mencionar que Roxas la tenía bajo amenaza.

—¿A dónde van? —quiso saber.

—A ningún lado —dijo el rubio—. Yo no te ando preguntando a ti a dónde sales con tus amigas.

—Si saliera con chicos me lo preguntarías —reclamó ella.

—No, no lo haría.

—Roxas, no te hagas el santo, más celoso que tú solo la tipa de Yandere Simulator —dije enfadada.

—¿Y tú cómo sabes? —chilló Naminé.

—Vamos de compras, ¿feliz?

—Roxas, no, no le hables así, necesito que venga —supliqué soltándola por fin—. Te pido que uses las dos neuronas que te quedaron luego de pasarte la madrugada jugando Beyond two souls, ¿tú sabes algo de vestidos?

—No.

—¿De zapatos de tacón?

—Bueno, no...

—¿De maquillaje?

—L-La verdad es que no, pero...

—Entonces no fastidies, Naminé es la única chica de mi círculo social calificada para esto —expliqué con vehemencia—. También es la única chica de mi círculo social, pero es tu hermana, gemela, y somos mejores amigos y eso es casi como si fuéramos... ¿amigas? ¿no?

—Jamás sería amiga de una emo gótica —dejo en claro ella.

—¿Desde cuando eres tan insoportable? —preguntó Roxas acorralándola en el umbral de la puerta, se la vio nerviosa, pero no dejaba de estar enfadada—. Es la primera amiga que tengo y la tratas muy mal.

—¿Por qué la defiendes tanto? La única amiga que necesitas soy yo.

Me sentí momentáneamente excluida de la pelea familiar. Vaya, vaya, estas sí que son fuertes declaraciones.

—Naminé, princesa, esta noche tengo una cita importantísima con mi padre y necesito un vestido formal que no lo haga pasar vergüenza por llevarme con él, ¿comprendes? Quiero verme bonita, yo sé que no somos amigas y no te agrado, pero si eres chica, seguro entiendes el sentimiento de querer que tu pareja se sienta orgullosa de ti, ¿verdad? Correcto, esto es igual —soné desesperada, pero qué más da.

Por una fracción de segundo la mirada de chica cayó con culpabilidad sobre Roxas, comprendía, sí comprendía el sentimiento porque se sentía así con él, ya fuese a mayor o menor escala; lo quería hacer sentir orgulloso.

—Que te vaya a ayudar no significa que vayamos a ser amigas —concluyó Naminé queriendo dársela de dura.

—Con que seas educada a mí me basta —comentó su hermano con fingida indiferencia.

—Xion, ¿tienes novio? —volvió a atacar la rubia.

—Novia, si te interesa el oficio —insistí tan naturalmente que quedé sorprendida de mí misma.

—No te vas a coger a mi hermana —me advirtió Roxas, lanzándome una mirada de pocos amigos, de pronto lo papeles se invertían.

—Si eso te mantiene lejos de Roxas, lo puedo considerar —agregó su gemela.

No soy propiamente lesbiana, pero si Naminé se deja tampoco voy a desperdiciar la oportunidad.

—A Xion le gusta un chico que se llama Riku.

—Pero publícalo en la cartelera del instituto pues. Anda, con luces neón —le desafié cabreada—. Adelante, hagamos una línea de playeras y productos. ¡Grítalo a los cuatro vientos!, vamos, no creo que Riku te haya escuchado bien allá en su casa, pedazo de escandaloso.

—Uhm... ¿sí te gusta Riku entonces? —inquirió Namimé.

—No.

Roxas me quedó viendo con los ojos entrecerrados. Lo voy a negar todo hasta el final.

—Ella dice que no —objetó su hermana—. Si ella dice que no, es no.

Aurora