ENTRE CARTAS Y MENTIRAS
CAPÍTULO 7
MIEDO O INDECISIÓN
Gabriela, Elisa, Neal y Patrick se quedaron descolocados con las palabras de Anthony, sobre todo Gabriela quien era la que más afectada con el comentario, ahora más que nunca estaba convencida de las palabras que un día le había dicho Anthony cuando iniciaron tiempo atrás aquella relación con toda la ilusión de ella y todo el desinterés por parte de él, eran porque estaba enamorado de alguien más.
-Vaya, veo que como siempre mi primito defiende a la dama de establo. – Habló Neal con ironía, como siempre intentando quedar bien librado, queriendo evitar quedar como el cobarde que era y de lo cual su cuñado ya se había dado cuenta hacía tiempo atrás.
-Si mal no recuerdo la querías para esposa. – Respondió Gabriela no pudiendo dejar de imprimir un poco de reproche en sus palabras, le molestaba sin saber por qué que aquella muchacha que ella notaba insignificante tuviera la atención de tantos chicos tan guapos a su alrededor.
-Eso, mi hermosa Gabriela, fueron puros negocios. – Dijo tomando la mano de la chica besándola efusivamente mientras la veía a los ojos. Gabriela se sonrojó y sonrió halagada por aquella atención, una que nunca había obtenido del rubio y que alimentaba su vanidad, le sonrió coqueta en respuesta por aquella manera de hablarle. Elisa sonrió satisfecha de aquella acción que se había arriesgado a hacer su hermano.
-Sin duda la señorita Andrew tiene una belleza singular. – Dijo Patrick entrando en la plática que se había desatado, siendo observado con furia por Elisa en cuando terminó de hablar, soltándose de inmediato de su brazo para darle la espalda y alejarse furiosa del lugar. - ¡Vamos amor! – Le decía siguiendo los pasos molestos que se escuchaban al golpear con el fino mármol que envolvía los pisos de la mansión. - ¡Elisa! Por favor ¡Tú eres más bella que todas las chicas de este mundo! - Decía el joven buscando la manera de contentar a su novia, que si bien le gustaba de verdad no se impedía el lujo de observar la belleza por todos lados y no podía negar que más de una vez había intentado entablar una conversación con la rubia motivado por la belleza que ella poseía y del cual él no era ciego, pero que a pesar de ser una Andrew, no dejaba de ser "la adoptada" y eso le quitaba todo interés serio que él pudiera albergar por ella, así que se había inclinado por la elegancia y la belleza de Elisa, que si bien no era ni tan hermosa, ni tan encantadora como Candy, encajaba perfectamente en el perfil que él buscaba para su compañera de vida, ya que sus caprichos eran lo de menos mientras él la tuviera contenta y pudiera escaparse como lo hacía habitualmente en sus viajes de "negocios" y disfrutar así de la compañía de una o dos damas que se cruzaran en su camino.
-No te preocupes por ellos, ya te acostumbrarás. – Dijo Neal a Gabriela quien se había quedado acompañándola, estando seguro que obtendría algún beneficio por aquel gesto de amabilidad que rara vez demostraba.
Gabriela le sonrió coqueta y se aferró a su brazo mientras Neal se la llevaba fuera de la mansión, rumbo al jardín de las rosas pero del lado contrario al que se había ido Candy.
Anthony por su lado llegaba furioso a su habitación, seguido por Stear y Archie quienes se preparaban para el reclamo.
-¿Cómo es posible que no me avisaran? ¿Cuándo tuvo ese imbécil el atrevimiento de querer forzar a Candy? – Preguntaba ofuscado mientras caminaba de un lado para otro. - ¿Por qué no me avisaron? Yo me hubiera encargado de venir a ponerlo en el lugar que le corresponde. – Decía sin dejar hablar a los chicos. - ¿Y Grandchester? ¿Por qué no la defendió? ¿Qué no se supone que la ama? – Decía sin dejar de caminar. Cuando por fin detuvo el parloteo Stear habló.
-Si te avisamos por medio de una carta. – Comenzó a enumerar con sus dedos las respuestas a las preguntas que había formulado su primo. – Hace como cuatro meses. – De nuevo levantó otro dedo. – Otra vez, si te avisamos, y Terry no se enteró de lo sucedido, así que por eso creo que no vino a poner a Neal en su lugar. – Dijo de nuevo tratando de calmar al rubio.
-Anthony, nosotros tampoco nos enteramos del "compromiso". – Dijo Archie. – Neal se encargó de hacer todo discretamente, y como yo estaba tratando de convencer a Stear de no irse. – Dijo mirando a Stear con los ojos entrecerrados como reproche de nuevo. – Candy fue con el tío abuelo y él impidió aquel compromiso, dejándolo en vergüenza en frente de todo Chicago, tan grande fue que por eso la tía Sara y el tío Louis se fueron de Chicago a su mansión de Florida. – Seguía explicando Archie.
-Sí me enteré de ello. – Dijo Anthony. – Pero la verdad nunca fui a visitarlos, el tío fue el único que fue a mi casa, sin embargo no me comentó que ese era el motivo de su traslado. – Recordó Anthony cuando Louis Leagan se apareció en su casa pretextando como motivo los negocios. – Sin embargo, nunca mencionó a sus hijos. ¿Y porque no se fueron Elisa y Neal? – Preguntó de nuevo confundido por la humillación a la que fueron sometidos y más al conocer que ambos jóvenes no toleraban ser humillados en público.
-Elisa tenía en la mira a Patrick Fraiser, quien acababa de trasladarse de Nueva York y con el rechazo tuyo y de Terry, tenía suficiente. – Decía Archie descubriendo que Elisa también se había interesado en el rebelde.
-Faltó el de Michael. – Dijo Stear en tono burlón.
-Cierto… y de Michael. – Mencionó Archie no queriendo perder el hilo de la conversación, pero fue inevitable no soltarse a reír seguido de Stear, quien de inmediato contagió a Anthony, y no por burlarse de Elisa se reía, contrario a sus primos que si se burlaban de ella, sino por la espontaneidad de sus risas. Una vez que se calmaron Archie continuó. – Así que la tía Sara decidió que Elisa se quedara bajo el cuidado de Neal y ellos se fueron a lavar su vergüenza. – Terminó de relatar.
Anthony estaba en la ventana de su habitación observando desde aquel lugar a Candy quien seguía sola en el jardín, sentada en una banca, mientras en sus manos sostenía la mascada que Anthony le había colocado, sus cabellos se movían con el viento y ella colocaba aquella prenda en su nariz aspirando su aroma mientras cerraba los ojos y disfrutaba la esencia que emanaba de ella, ajena a que era observada por el rubio, quien sintió que su corazón dejaba de latir por un momento emocionado e ilusionado por ser testigo de aquella acción.
Abrió la ventana y salió al balcón para verla más de cerca, los chicos salieron para acompañarlo, desde ahí pudieron ver que del otro lado Neal llevaba del brazo a Gabriela intentando parecer un verdadero caballero. Los tres rieron por lo ridículo que se veía el moreno, sin embargo observaron cierta devoción en Gabriela.
-¿Por qué te pusiste de novio con ella? – Preguntó Stear confundido, al haberle descubierto en más de una ocasión ciertas miradas que si él no fuera un caballero las habría mal interpretado. Stear había visto la manera en la que miraba a todos los caballeros de la mansión incluido Neal.
-Tal vez por miedo.- Respondió Anthony, dejando a los otros dos sorprendidos porque miedo no era una palabra que definiera al rubio.
-¿Miedo? – Preguntó Stear extrañado. Anthony negó no muy convencido de sus palabras.
-Cuando me enteré de lo de las cartas, Candy ya estaba enamorada de Terry. – Dijo sin evitar que Archie se sintiera mal de nueva cuenta. – Así que decidí seguir mi vida en Escocia, por un tiempo intenté conocer a alguna dama que pudiera interesarme, mi padre me insistía y cuando él murió yo no quería permanecer más ahí. Cuando solicitaron la ayuda de mi padre para llevar el manejo de los negocios, tuve que avisar de su muerte, para esto yo tenía poco de haberme instalado en Florida , en respuesta a estar al mando de los negocios de la familia tuve que socializar más de una vez con grandes clientes del consorcio que habían decidido pasar un tiempo en Florida, en una reunión conocí a Gabriela, su padre es un hombre muy rico y es uno de los principales clientes de los Andrew, me era imposible no verla en cada reunión y su constante aparición se hizo presente en mi vida y en mi casa, a pesar de la lejanía de su mansión seguía apareciendo seguido. – Decía sin ser interrumpido.
Ambos Cornwell se miraron con cara de hastío sabiendo que Anthony era poco tolerable de aquella situación, muy al contrario si fuese Candy la que lo visitara.
-Cuando llegó la carta donde decía que Candy iría a Nueva York junto a Terruce, no pude soportarlo más, después de arrojarla al fuego llegó Gabriela como era su costumbre y al ver mi ánimo me insistió por comenzar una relación, yo me negué al principio, no me parecía justo iniciar algo con ella si yo no la amaba, sin embargo con el paso de los días las imágenes de Candy al lado de él atormentaban mi mente y a pesar de desearla feliz eso no impedía mi dolor. – Los Cornwell escuchaban atónitos a todo lo que había sufrido, Archie se sentía ruin al saber de su boca todo lo que había padecido por su necedad de tener el amor de Candy. – Así que pensé en darme la oportunidad de buscar el amor también por mi cuenta, darme la oportunidad de ser feliz o por lo menos intentarlo, así que acepté el noviazgo sin pensar en volver atrás, pero tuve que poner límites con sus apariciones por mi casa, limitándolas solamente a la visitas que yo pudiera darle, pero todo aquello se fue al traste cuando llegaron y solicitaron mi presencia, a pesar de saber por ustedes que Candy no asistiría algo me decía que sí y por miedo al dolor de verla con Grandchester acepté el viaje con Gabriela… pero resulta que no solo ha sido incómodo para mí, sino también para Gabriela e incluso para Candy, quien tal vez extraña al actor. – Decía triste, los Cornwell negaban ahora sí seguros que no había terminado de leer aquella carta donde le avisaban que Candy había decidido irse a Nueva York, pero que había regresado con el corazón roto. Ninguno quiso delatar a Candy, era algo que le correspondía solo a ella hablar.
-Anthony. – Dijo Archie observando como su primo observaba a la rubia. – Candy también ha sufrido mucho tu separación, ella nunca ha dejado de pensar en ti, incluso ella misma preparó todo muy ilusionada por tu regreso. – Anthony lo escuchaba sorprendido, sin querer ilusionarse y sin aparar la vista de ella. – Tienes que hablar con ella, te aseguro que hay más que no sabes que ella guarda en su corazón. – El rubio lo vio con una sonrisa sincera, no queriendo descifrar lo que le decía, de todas formas ella había decidido estar con Terry.
De pronto Archie se puso tenso y Anthony lo notó, siguiendo su mirada la cual estaba dirigida a donde estaba Candy y él volteó para poner atención a lo que inmovilizaba a su primo.
-¡Patty! ¡Annie! – Se escuchaba el grito emocionado de la pecosa.
-¡Candy! – Se escuchó también la alegría de las dos chicas. Anthony divisó como Candy se levantaba con su característica manera de recibir a sus seres queridos, abrazando con gusto a la chica de pelo negro y después a la castaña con una sonrisa sincera, su rostro se iluminó de pronto y él se cegó con su belleza.
-Lo siento hermano. – Dijo Stear al ver a la chica que lo había abandonado.
Archie sonrió de lado y Anthony se dio cuenta que realmente sufría igual que él. Mientras tanto Candy y las chicas estaban en el jardín ajenas a las miradas de las que eran objeto, sumiéndose en una plática que obligaba a Patty a tratar de mejorarles el ánimo.
-¿Cómo estuvo su camino? – Preguntó Annie a Candy.
-Muy bien, muy tranquilo. – Dijo Candy en respuesta, recordando lo bien que se había sentido al lado del rubio.
-¿Y Stear? – Preguntó Patty emocionada por ver a su chico, esas horas sin verlo la hacían extrañarlo.
-Está adentro con… - Dijo Candy dudando de pronunciar el nombre de su primo.
-No hay problema Candy, puedes decirlo. – dijo Annie intentando ser más fuerte que la vez anterior.
-Está dentro con Archie… y Anthony… - Dijo apagándose poco a poco su voz.
-Buenas tardes. – dijo el inventor saludando a las recién llegadas.
-¡Stear! – Gritó Patty emocionada, sin embargo contuvo la emoción de arrojarse a sus brazos. – Buenas tardes chicos. – Saludó a los otros dos chicos, sonrojada por la reacción que había tenido en frente de ellos. Habló tímida como siempre.
-Buenas tardes, Patty, señorita Britter. – Dijo Archie con un poco de inseguridad al ver a Annie, sin embargo aún no olvidaba la desconfianza de la pelinegra, a pesar de haber sentido una felicidad enorme de verla en la mansión, su corazón aún sangraba por aquella falta de seguridad de su amor.
-Buenas tardes señoritas. – Dijo Anthony casi al mismo tiempo que su primo.
-Buenas tardes joven Brower, joven Cornwell.- Saludó Annie mientras torcía un pequeño pañuelo que tenía entre sus manos. – Bien, con su permiso. – Dijo dándose la vuelta, corriendo de nuevo al automóvil que la estaba esperando justo a unos pasos del jardín, cerca de la vereda que llevaba al portal de las rosas.
-¡Annie! – Gritó Candy confundida por su amiga.
-No te preocupes Candy. – Dijo Patty. – Solo vino a acompañarme, su mamá la está esperando. – Decía con su dulce voz y su típica timidez.
Archie bajó el rostro triste y Anthony palmeó su hombro, cada vez se convencía más que realmente había olvidado a Candy, pero a la vez pensaba que ya era demasiado tarde para ello.
-No debí haber salido. – Dijo Archie. Nadie comentó nada más y tanto Anthony como Archie ofrecieron su brazo a Candy para acompañarla dentro, ella los aceptó a ambos, uno de cada lado y comenzó a avanzar tímida junto a ellos, por la presencia del rubio que cada vez la turbaba más.
Candy seguí atesorando la mascada de Anthony mientras observaba que él seguía con su camisa desabrochada por darle aquella prenda a ella, se puso más roja al observar parte de su pecho bronceado, eso la puso nerviosa, sin embargo caminó aparentando tranquilidad al entrar al interior de la mansión, dirigiéndose los cinco hacia el comedor donde ya estaban siendo requeridos.
Annie iba en el coche bastante nerviosa y agitada, sus manos no tenían deseos de calmarse y seguían torturando al pequeño pañuelo que llevaba el nombre de su tormento, uno que le había otorgado su amado chico de ojos dulces, sonrió con tristeza cuando recordó el día que se lo había dado, aquella tarde en el colegio cuando la encontró en aquella estrecha cueva donde se escondía por el dolor de haber sido testigo del amor que él le profesaba a Candy. Nunca había regresado aquel pedazo de tela, conformándose por las noches al aspirar el aroma que aquel desprendía, borrándose definitivamente cuando tuvo que lavarlo por tanto uso, sin embargo el elegante bordado que reflejaba el nombre del chico que robaba sus sueños permanecía en aquel lugar.
Annie sabía que Archie estaba enamorado de Candy, más sin embargo se quiso arriesgar aventurándose a intentar conquistarlo, le demostró más de una ocasión cuanto lo amaba y lo admiraba, se desvivió por aprender todos los secretos de una buena ama de casa solo para darle gusto y agradarlo, pero en esos momentos ya no importaban todas sus virtudes si el chico que ella amaba ya no estaba a su lado.
-¡Qué tonta has sido Annie! – Se reprochaba ella misma todo el tiempo invertido en aquel chico que fue tan noble que no chistó en contra cuando Candy le suplicó cuidarla. – Archie jamás se fijará en ti. – Decía cada vez más convencida mientras sus ojos se nublaban de nuevo con las lágrimas que no la abandonaban desde que se había enterado de lo que su antiguo novio había hecho para separar a a rubia de Anthony, a pesar de saber que ella sufría por la ausencia del rubio.
Llegó a la mansión Britter adentrándose a aquel lugar sin ánimo ni emoción, movida solo por el deseo de encerrarse una vez más en su habitación.
-¿Qué sucedió Annie? – Preguntó Elena Britter al ver a su hija entrar en aquellas condiciones, las cuales ya comenzaban a molestarle bastante. Annie brincó sorprendida por la pregunta de su madre.
-Nada mamá. – Respondió tratando de recomponerse para evitar de nuevo un sermón, como los que ha se había acostumbrado últimamente a recibir.
-Annie, te advertí que no fueras con Patty a la mansión de los Andrew. – Advirtió molesta al ver la expresión con la que regresaba. – Y te aviso de una vez que ha acepté la invitación para el baile de mañana de Wilberth McGregor. – Advirtió a Annie una vez más. Annie guardó silencio, no estaba de acuerdo con aquella imposición, pero había sido educada para obedecer a su madre y a su padre en sus deseos y si bien su padre nunca la obligaba a nada, su madre creía que sería bueno que aceptara por fin a uno de los tantos pretendientes que tenía a su alrededor.
-¿Puedo retirarme? – Preguntó con dificultad, aquella noticia no le había alegrado en absoluto, sin embargo no se atrevía a objetar. Elena la vio con una sonrisa satisfecha por la chica tan obediente que había formado.
-Muy bien Annie, pero quiero que sepas que no decidí a la ligera, y creo que es conveniente que el joven Cornwell se dé cuenta que no es el único interesado en ti. – Dijo para que Annie entendiera su proceder, más no para disculparse, ella sabía de las cualidades de su hija y se había ofendido por el rompimiento de aquella relación y más al no haberle dicho el verdadero motivo de su separación, asumiendo que Annie al no ser capaz de terminar con aquella relación que ella veía forzada en el chico, asumió que él había sido el que había dado por terminado todo.
Annie se retiró en silencio, pensaba que no había diferencia entre uno u otro pretendiente de todas formas, ninguno era su amado Archie y aunque quería darse espacio para limpiarse de aquella relación, su madre no pensaba lo mismo, insistiéndole casi a diario para que no se presentara sola al baile de los Andrew, aceptando por elección propia al chico más adecuado a su parecer para su hermosa hija.
Wilberth era un chico noble, alto, delgado, cabello negro y de unos profundos ojos azules, era tímido y tierno como Annie, sin embargo a pesar de tener una fortuna envidiable no era tan grande como el heredero más joven de los Cornwell, pero sobre todo no tenía aquellos ojos tan bellos que poseía Archie, ni aquel aire distinguido y elegante, su labios delgados y bien delineados que cuando hablaban demostraban una sabiduría real y sobre todo un gusto exquisito por la moda, Wilberth no tenía el cabello tan sedoso como su amado Archie, ni ese cuerpo que a pesar de ser delgado figuraba un fuerte pecho debajo de la ropa, todo de Archie era perfecto para ella, no había nada que tuviera el joven MacGregor que ella pudiera desear, sobre todo su voz, aquella voz que a pesar de no decir ninguna palabra tierna o dulce hacia ella la hacía suspirar y soñar por las noches que le decía cuanto la deseaba y amaba.
Candy por su lado se recostaba en su alcoba remembrando aquel día, desde el encuentro con Anthony por la mañana, el trayecto y su caballerosidad al proporcionarle aquella mascada que seguía aferrando a sus manos, hasta la comida que habían compartido y aunque había sido con todos presente, hubo momentos que la mirada de ambos había quedado fija una en la otra.
-Basta Candy, él está ahora con Gabriela, y ella es una muchacha hermosa y distinguida, justo como la que él se merece. – Decía tratando de contener a su corazón cuando recordaba aquella mirada azulada tan profunda sobre ella. No podía evitar que este se emocionara al verlo, pero ¿Qué iba a saber su corazón de aquellas miradas, si su mente le decía que era ajeno? Suspiró una vez más inquieta, negándose a seguir pensando en los sentimientos del rubio si bien sabía eran ajenos a los de ella. Se levantó y se dirigió a la pequeña maleta que había llevado, tomando una de las cartas del dueño de sus pensamientos.
Querida Candy,
Hoy te escribo desde el hogar de mi padre, está entre un acantilado que hace difícil su acceso, pero ni eso me impediría ir hasta el Colegio de verano si hubieras venido. Aprovecharé cada uno de mis días para reforzar lo aprendido pero cambiaría todas mis noches de descanso por una sola a tu lado. Necesito verte y me consuelo con tenerte en mi mente y estrecharte en mis recuerdos, recordando aquel dulce beso que compartimos antes de mi partida y que muero por volver a saborear, rogando que el tiempo pase rápido para poder por fin estrecharte y decirte por fin abiertamente cuanto te amo, te amo Candy, te amo pecosa, nunca lo olvides por favor.
Espero que esta ausencia no disminuya tus sentimientos porque te aseguro que los míos van en aumento. Siempre Tuyo Anthony.
Candy no pudo contener sus lágrimas maravillada por las palabras tan dulces y tiernas que le habían dedicado, verificando que la fecha de aquella carta correspondía al único verano que había pasado en Escocia y que si hubiera ella sabido de su estancia en aquel lugar, nadie la hubiera detenido de ir a buscarlo. Recordó aquel beso que le mencionaba en la carta, aquel único y efímero beso que aún quemaba sus labios y que ella seguía muriendo por volver a sentir, por volver a sentir el calor que emanaba de sus labios y le quemaba los propios al haberlos cubierto con su suavidad.
Jaló otra de las cartas y suspiró ahogando su llanto para tratar de calmarse, no sabía si seguir leyendo aquellas cartas, que a pesar que eran para ella, ya no se sentía con derecho a leerlas, simplemente porque se habían escrito cuando otros eran los sentimientos por ella, y en ese momento de su vida habían cambiado. Ahora los sentimientos del rubio pertenecían a Gabriela y ella era ahora la que disfrutaba de su dulzura y romanticismo, sintió celos el solo pensar que en vez de un "Querida Candy" un "Te amo pecosa" era "Querida Gabriela" o "Te amo Gabriela" y le dolió más que aquel "Siempre Tuyo" se había convertido en una quimera.
Tomó valor y agarró la carta que había caído después de que tomó la primera que leyó, se decidió a abrirla con una sonrisa melancólica y suspirando para dejar escapar un poco lo que tenía atrapado en su interior.
Querida Candy
Perdón si me refiero a ti de esa manera, sé de buena fuente que ya no tengo ningún derecho de llamarte así, pero para mí siempre serás mi pequeña pecosa, siempre serás la niña que hizo madurar al hombre que vive mí, siempre serás la niña que despertó mis sentimientos y que me hizo desear dejar de ser un niño, solo para forjarme un camino a tu lado. Nunca pienses que te deseo infelicidad, al contrario deseo que cuando esa carta llegue a tus manos, seas inmensamente feliz, te lo mereces por ser tan especial. No te preocupes por mí, yo sabré salir adelante y buscaré mi propio camino, uno que sin duda será lejos del tuyo, más sin embargo espero que el día que nos encontremos, pueda estrecharte en mis brazos sin hacerte sentir incómoda. Por mi parte yo disfrutaré por un momento la calidez de tu abrazo.
Con mis mejores deseos Anthony.
El llanto de Candy se hizo más profundo y lastimoso, no pudo aguantarse más las ganas de llorar y dejar salir todo aquello que la lastimaba y pensar en el dolor que sintió Anthony al saberla con Terry era comprensible para ella porque en esos precisos momentos ella estaba sintiendo lo que Anthony sintió en aquella carta, se reprochó una vez más a sí misma el haber creído que él ya no la amaba y reprochó una vez más en su mente a Archie por haber tramado todo aquello para lograr separarlos. La puerta la sacó de sus pensamientos, cuando Dorothy insistía una y otra vez para entrar a su alcoba.
-¡Adelante! – Respondió sobresaltada. La joven mucama entró encontrándose con el rostro enrojecido de Candy.
-¡Candy! ¿Qué pasa? – Preguntó preocupada al verla con el rostro de aquella manera, sin embargo Candy sonrió como siempre esforzándose por hablar normal.
-Nada Dorothy, solo estoy un poco conmovida por estar en mi habitación. – Dijo como si fuera verdad, y a pesar de que Dorothy no le creyó en absoluto, no insistió en que le dijera la verdad.
-No llores más Candy, el estar de nuevo en tu hogar aclarará no solo tus ideas, sino la de todos los presentes. – Dijo dándole un poco de ánimo para que dejara de pensar sabía bien Dorothy en quien, no en vano la conocía tanto. Candy se esforzó por sonreír evitando seguir pensando en las cartas.
-No te preocupes Dorothy, ya me siento bien. – Dijo sonriendo a la joven mucama quien a pedido de Elroy se había trasladado de nuevo a Lakewood, solo para que atendiera a la rubia, la anciana sabía que ella siempre la ayudaba y quería hacerla sentir más cómoda con lo que estaba sucediendo.
-Muy bien Candy, sin embargo tendré que hacer algo con tu rostro. – Dijo esto y Candy se sorprendió por aquella observación, Dorothy rió con ternura. – En un momento vuelvo. – Dijo de nuevo dejando a Candy con duda, observándola como desaparecía por la ancha puerta, se acercó al gran espejo que adornaba su habitación y pudo entender el comentario de Dorothy y a lo que se refería, sus grandes y bellos ojos verdes lucían enrojecidos e inflamados por el llanto, se lavó el rostro para ver si así aminoraba su expresión, sin embargo se dio cuenta que no era así.
Dorothy llegó varios minutos después con un té de manzanilla y algunas bolas de algodón para utilizarlas como compresas para sus ojos. Candy la veía un poco confundida al verla actuar tan entretenida.
-Este es un truco que aprendí de la señora Leagan. – Dijo simplemente. – Cuando la señora se levantaba tarde o con los ojos inflamados siempre me pedía un té de manzanilla y algodón. – Explicaba detalladamente para que Candy entendiera lo que iba a hacer para mejorar su aspecto. – Al principio no entendía su propósito, pero me di cuenta que los usaba como compresas en los ojos y eso le ayudaba mucho en su aspecto. – Terminó de decir mientras la sentaba en el sillón victoriano que adornaba la estancia de la habitación y comenzó su labor muy concentrada, mientras Candy la escuchaba con atención a las sugerencias que le decía. Después de treinta minutos en aquella sesión Candy quedó con mucha mejor apariencia, la inflamación había disminuido considerablemente y lo rojo era apenas perceptible.
-¡Dorothy, eres un genio! – Decía Candy emocionada cuando advirtió de nuevo que su apariencia realmente había mejorado.
-Te dije que funcionaria. – Dijo Dorothy orgullosa. – Bien, ahora vamos a cambiarte de ropa para que bajes a cenar. – Dijo acercándose al armario para buscar entre todos los vestidos que se encontraban ahí el indicado para aquella noche.
-Dorothy ya sabes que no me gusta sentirme una inútil. – Dijo Candy recordando una vez más la primera vez que pasó un día en aquella mansión en donde no le permitían hacer nada sin la ayuda de Dorothy.
-Lo sé Candy, tranquila, solo arreglaré tu vestido y una vez que te alistes te ayudaré con tu peinado y a terminar lo que comencé. – Dijo cerrando un ojo como señal de complicidad con la rubia. Candy asintió con una sonrisa agradecida.
Dorothy comenzó a arreglarle a Candy su cabello, peinándola con una peineta de lado dejando el otro lado libre, le acomodó los rizos de manera que no estuvieran alborotados, le puso unos aretes discretos, lo mismo que el collar que hacía juego con ellos, el vestido elegido era uno amarillo, era un vestido fino y elegante para la ocasión que se ajustaba a la breve cintura de Candy, el cuello era en V y las mangas simulaban holanes, se abotonaba por el frente, un vestido sencillo, pero de buen gusto para la rubia.
-Bien, solo falta un pequeño detalle. – Dijo Dorothy mientras observaba a la rubia.
-¿Qué falta? – Preguntó confundida, ya se había bañado, cambiado, peinado.
-Ahora lo verás. – Dijo Dorothy feliz. La volvió a sentar y tomó algunos cosméticos para terminar de disfrazar el estado melancólico de Candy. - ¡Listo! – Dijo emocionada. – Ahora sí Candy, ya puedes verte al espejo. – Dijo de nuevo sin querer ocultar lo feliz que estaba por haberla dejado tan bonita, el maquillaje era discreto y no se apreciaba que hace unas horas había llorado.
Candy miró a Dorothy agradecida por su bondad, era una chica noble y muy tierna y siempre la había tratado como a una hermana menor.
-Muchas gracias Dorothy. – Dijo la rubia conmovida por aquella acción.
-¡Oh no! Nada de volver a llorar. – Dijo para evitar que Candy llorara de nuevo. – Ya estuvo bueno de tristeza Candy, debes ser feliz y demostrarle a todos que lo eres, no les des el gusto de verte decaída. – Le decía porque se había dado cuenta que una vez más Elisa se divertía al ver que Candy sufría mientras ella era feliz.
-No te preocupes Dorothy. – Dijo con el ánimo más renovado, sin embargo lo que acababa de leer no se le olvidaría tan fácilmente.
-Es una suerte que la señora Elroy me enviara mucho antes de la cena. – Dijo la mucama revelando que Elroy se preocupaba por el ánimo de Candy.
-¿La tía abuela te envió? – Dorothy asintió divertida y Candy le correspondió a esa sonrisa.
-Bien, yo me retiro Candy, te veo en un rato más. – Dijo dirigiéndose a la puerta para abandonar la habitación. – Y recuerda Candy... sonríe. – dijo una vez más. Candy asintió y Dorothy se retiró finalmente, suspiró una vez más sonriendo al espejo, le gustaba la imagen que se reflejaba en él, se colocó unos zapatos con tacón medio, se alisó el vestido y caminó erguida como siempre, pero de una manera más delicada, tratando de mantener su pose todo el trayecto.
Continuará…
Bueno hermosas hasta aquí quedó el nuevo capítulo, espero que estén disfrutando la historia y sino por lo menos estén entretenidas con ella jajaja. Aquí les dejo este capítulo para que se entretengan el fin de semana y no estén pensando en cosas malas, sino siempre es buena opción buscarse un hormiguero jajaja (así me decía mi padre cuando estaba aburrida)
TeamColombia, Hola hermosas por lo que leo se relajaron un poco con las ansias, espero que sigan así tranquilitas y esperando el nuevo capítulo, gracias por sus comentarios, espero sigan teniendo paciencia y respiren profundo, si no recuerden que mas vale una semana que meses y meses de espera jejeje.
Mayely León, Amiga gracias por tu preocupación, sin embargo la que se está preocupando por ti soy yo, creo que necesitas calmarte un poco por el bien de tu bebé, no es bueno para ese pequeño que te sientas tan ansiosa y sobre todos lo que me comentas de que todo te afecta, creo que no publicaré la otra historia porque sufrirás más con ella. Cuando yo estaba embarazada de mi hija me ayudó mucho tejer, busqué tutoriales en youtube y ahí encontré muchas patrones fáciles que pude hacer sin necesidad de saber tejido, te lo recomiendo si la ansiedad no cesa. El término de "enchílame" (chile) viene de una comida que se llama enchiladas y en los restaurantes cuando la gente pide dice "enchílame otra" y obviamente pronto la preparan, así que quiere decir que no es tan fácil como hacer una enchilada, sé a quien te refieres con los modismos yo también me río mucho con lo que comenta jajaja. Bueno hermosa espero que estés muy bien, te mando un fuerte abrazo y sobre todo muchas bendiciones para ti y tu hermosa familia.
Aminaabud, Hola hermosa gracias por leer y dejar tu comentario, agradezco mucho que siempre dejes una opinión del capítulo y sobre todo que estés al pendiente de la historia, te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones. P.D. Los Leagan ya tendrán su "recompensa".
Julie-Andley-00, Hola hermosa, gracias por tu paciencia y sobre todo por hacerte un huequito en tu tiempo para leerla se aprecia de verdad ya que sé que todas tienen cosas que hacer no solo leer mis locuras jajaja así que lo aprecio de verdad. Pronto habrá ese cambio que deseas no te desesperes por favor, espero que sigas al pendiente de la historia y sobre todo me sigas dejando un comentario, te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.
Denisse Treviño, Hola huerquia jajaja gracias por preocuparte por mi salud, aquí seguimos gracias a Dios dando lata jajajaja y espero Dios sea para rato jejeje. Verdad que si? Anthony siempre abrazaba a Candy con una ternura y cerraba sus ojitos como aspirando su aroma, y aunque sabemos que Candy se bañaba a diario no creo que se haya librado mucho del olor a establo pobre, pero él la amaba bien sin importar nada de ello.
Tengo que admitir que Gabriela es una chica muy insegura y de fácil influencia, así que seguirá apareciendo en la historia, aunque si te das cuenta Anthony acaba de llegar toda la historia la he desarrollado en menos de una semana, a pesar de que está quedando larga en tiempo es muy poco en realidad. Creí que había leído mal que regalabas a tu Albertano, jajajaja ten cuidado porque tus deseos pueden hacerse realidad jejejeje no te creas sé que NUNCA DIJISTE ESO! así que calma, relax y tranquis hermosa. Gracias por dejar un comentario me encanta leer tu opinión al respecto amo tu crítica jajaja me da gusto que te haya gustado el capítulo te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.
Guest, Gracias por dejar tu comentario espero sigas al pendiente de la historia y sobre todo que tengas paciencia en leer, pronto mejorará la situación de los rubios pero necesito crear un poco de historia. Te mando un fuerte abrazo hasta donde quiera que estés leyendo.
Gracias a cada una de las personas que lee y está a pendiente de la historia les mando un fuerte abrazo y sobre todo bendiciones para sus hogares ahora más que nunca en en nuevo repunte que viviremos. Que Dios las bendiga.
GeoMtzR.
