Los días se volvieron un borrón, entre sus clases, sus tutorías, sus reuniones con James en la biblioteca, y por supuesto el tiempo que pasaba con Lily, el tiempo parece no alcanzarle.
Fue así que finalmente navidad llegó y Severus junto a sus compañeros, se encontró subiendo al tren para regresar a casa por las vacaciones.
Sin embargo, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, no encontraba en él ese ánimo festivo deseoso de volver a casa para ver a sus padres y recibir los obsequios que por la fecha recibirían, después de todo, Severus había olvidado cuando había sido la última vez que en su casa su familia había celebrado la navidad. Para él era un día como cualquier otro, incluso tal vez mucho más triste porque la alegría en sus alrededores dejaba aún más en evidencia lo que carecía. Y aunque habría preferido quedarse en Hogwarts como cada año desde su primer año, sabía que no se le habría dado permiso para asistir a una reunión en la casa de los Malfoy.
Cuando llegó, la casa estaba en silencio y vacía. Suspiró con alivio y subió sus cosas a su habitación.
Volver a casa siempre lo dejaba con emociones contradictorias, porque mientras una parte de él anhelaba ver a su madre, estar en su compañía, la otra tenía ganas de cerrar los ojos y evitar todo contacto con ella. Porque simplemente él no concebía porque ella había renunciado a su magia por alguien como su padre. Porque pese a los maltratos y el dolor que desde que él podía recordar habían sufrido, ella seguía ahí. A veces, en los momentos más oscuros se culpaba a sí mismo, después de todo, sabía que había sido su concepción el principal motivo para que sus padres se casarán tan deprisa como lo habían hecho.
Severus había sido el último clavo en el ataúd de su madre, porque si él no hubiera existido, muy seguramente su familia mágica no la habría rechazado tan vehemente, y no tendría que estar condenada a un matrimonio con una persona que odiaba lo que era en esencia.
Así que, había días en que Severus deseaba marcharse y no mirar atrás. Dejar esa horrible casa que no se sentía en lo más mínimo como un hogar y escapar del dolor y la desesperación que le traía.
Deseaba tanto dejar de sentirse débil y miserable. Deseaba que dejara de doler.
Y para eso, Severus necesitaba... necesitaba poder.
.
.
«23 de mayo de 1976.
Hoy escuché a James besando a Lily en la que hasta hace un par de días era nuestra mesa de la biblioteca. Es una mesa que encontré en nuestro primer año, una mesa apartada de las demás y oculta a la vista; un lugar donde solía ocultarme en nuestro primer año cuando las cosas con nuestros compañeros de casa era casi tan difícil como tratar con los demás de las diferentes casas; un lugar donde podía pretender que lo demás no existía, solo yo y un montón de libros; un lugar que era un refugio y que se había vuelto aún más cálido y agradable cuando James comenzó a encontrarse conmigo ahí, pero ahora...
No estoy seguro si él sabía que estaba ahí porque hasta que ellos llegaron, yo leía en nuestro lugar secreto. El pequeño espacio ocultó por una cortina que James y yo encontramos en nuestro segundo año. El pequeño lugar en donde solo dos noches atrás me dijo que me amaba mientras me empujaba contra el pequeño sofá y me tocaba como si yo fuera valioso e importante, como si yo fuera todo...
Sabés... a veces se siente como si hubiera pasado toda una vida, a veces miró hacia atrás y las cosas han cambiado tanto. Todo se sentía más fácil cuando James solo era un posible candidato a amigo, y compañero de casa. Todo era más fácil cuando creía amar a Lily de la manera en que todos esperaban, que incluso tal vez ella esperaba, porque en ese entonces lo había hecho, ella había sido un faro de esperanza en la oscura existencia que hasta ese entonces llevaba. Ella había sido la luz cuando solo anhelaba poder salir de esa oscura casa que nunca fue un hogar; cuando creía que el mundo mágico sería mi salvación y que si me esforzaba lo suficiente, si mostraba mis capacidades mágicas y poder entonces todo se arreglaría. Pero ha pasado tanto tiempo, y yo, ahora ni siquiera sé si realmente quiero ese poder que de niño anhele.
He vuelto a ser Severus Snape, el niño que a los ocho esperaba un milagro sin embargo, está vez Lily no es un faro de luz, es una sombra que se cierne más grande y amplía que la de mis padres, y James es el acantilado donde he tropezado.
Y lo más tonto, lo más patético, es que lo único seguro y que se con certeza es que amo a James. Qué lo amo más de lo que nunca espere y deseé.
Y sin embargo, ¿qué hay de bueno en mí? Escucharlo con Lily me ha hecho aún más consciente de mis horribles defectos. Porque me ha dicho que me ama, sin embargo, es a ella a quien ha besado en un lugar donde cualquiera podría verlos.
Me preguntó si amar siempre se sentirá así, como si tú alma estuviera siendo desgarrada lentamente y sin tregua.
¿Mamá solía sentirse así? ¿Se supone que el amor duela tanto?
A veces quisiera odiarlo. A veces quisiera no sentirme como el boceto mal dibujado de mi madre.
A veces quisiera...
(Morir)
...no ser una sombra, no ser un vacío, porque ni Lily ni James lo son, siempre he sido yo».
Harry cerró el diario. Sentía un nudo en la garganta y unas profundas ganas de llorar. Sabía que los dieciséis era una edad difícil pero las palabras de su padre eran tan crudas y desesperadas que le hacían anhelar poder abrazarlo y decirle que todo iría bien.
—Aquí —murmuró Luna, colocando una bandeja con té recién preparado y un par de galletas de mantequilla.
Miró con ojos tristes, la postura encorvada de Harry. Tenía las mejillas ligeramente manchadas de lágrimas y miraba con impotencia el diario.
Sus ojos verdes finalmente se alzaron, había una oscura determinación en su expresión que le causó a Luna un escalofrío.
Un enjambre de Dark koton revoloteaba alrededor de su cabeza, y todos sabían que además de producir confusión, también provocaban una sensación de tristeza severa e irá, una mala mezcla cuando se estaba en medio de una guerra, por fortuna, ella sabía cómo contrarrestar sus efectos.
—Harry —dijo con voz suave mientras limpiaba con gentileza sus mejillas—. Hermione está por lanzar un nuevo hechizo del sueño.
Los ojos de Harry se iluminaron. Ella sabía que la esperanza siempre era un buen remedio.
.
.
Sus ojos castaños miraron la decoración del castillo y James suspiró aliviado cuando vio la insignia de Slytherin en su uniforme. El problema con sus sueños hiperrealistas era que la mayoría de las veces, cuando iniciaban lo dejaban con una incómoda sensación de choque con lo que era su realidad común. Y dado que no siempre iniciaban con el despertando en su dormitorio de Slytherin, a veces tenía que comprobar su vestimenta.
Pero por supuesto que era uno de sus sueños, después de todo, a sus casi quince años, había ganado altura suficiente para casi estar a la par de las armaduras montadas aleatoriamente en los pasillos, y desde su perspectiva actual todo se veía ligeramente más grande.
Suspiró, mirando a su izquierda y derecha, no reconocía del todo el pasillo, pese a que había estado estudiando desde el inicio de su tercer año cada recoveco y lugar oculto en el castillo, aunque por supuesto dado que era un sueño también cabía la posibilidad que su mente le estuviera jugando una broma. A veces era demasiado complicado el asunto y dado que nadie transitaba por el pasillo, James no tenía idea de a dónde ir o que se supone que debía buscar, así que siguió caminando, bajo unas escaleras y giró a la derecha donde el corredor guiaba a una de las viejas Torres en desuso del castillo.
El lugar pareció tan abandonado que ni siquiera había retratos y parecía una fina cantidad de polvo cubrir el lugar, pese a que los duendes del castillo siempre se esforzaban por mantener todo en orden.
Cuando la entrada de la torre quedó a su vista, una imperiosa necesidad de correr y acortar la distancia lo embargo haciendo que acelerará el paso.
Su corazón latía con fuerza, y una increíble e insalubre preocupación, lo llenó.
Cuando finalmente entró una amplia escalera le dio la bienvenida haciendo que su preocupación fuera mucho más grande, del qué o el porqué, no lo tenía claro, solo sabía que tenía que llegar a la cima.
Cuando finalmente lo hizo, jadeaba. Sus ojos recorrieron con avidez la habitación y con un suspiro mitad alivio mitad furia, miró a Severus encaramado en la unica ventana de la torre, su cabello y ropa siendo empujado por el frío viento, sin embargo, lo que más shock le causó a James era que el Severus frente a él, era el niño de doce. A esa edad era mucho más delgado de lo que recordaba, su cabello ligeramente quebrado en las puntas era agitado por el viento.
—Severus —pronunció en voz baja, y casi se sobresaltó el mismo por su voz. El miedo se encrespó sobre su estómago cuando Snape lo ignoró—. Severus...
Pronunció con mayor suavidad mientras comenzaba a avanzar. Finalmente, Snape giro a verlo, sus ojos se veían opacos y el moretón a medio curar sobre su ojos resaltaba mucho más ante el tono pálido enfermizo que poseía su tez, además, las marcas de lágrimas secas que cubrían sus mejillas.
—Así que aquí es donde te habías metido —pronunció James con tono ligero y el ceño fruncido—, prácticamente te he buscado por todo el castillo, y a este paso nos vamos a perder la cena.
Severus parpadeó, girando su cuerpo completo sin bajar, haciendo que los nervios de James se elevarán más cuando pareció acercarse más al borde, desde este punto parecía que el viento se lo llevaría.
—No tengo hambre —dijo con indiferencia encorvandose, haciendo que un mechón grueso de cabello cayera sobre la mitad de su rostro, intentando infructuosamente ocultar el moretón que parecía dominar la mitad de su rostro.
James avanzó tentativamente otro paso, su nueva postura solo lo hizo ver más pequeño y frágil. Finalmente se detuvo justo frente a él.
Con manos trémulas acunó el rostro de Severus en sus manos, juntando el cabello y colocándole detrás de su oreja dándole una perfecta visión del moretón sobre su ojo y mejilla, sabiendo sin lugar a dudas quien había sido responsable, después de todo, acababan de regresar de las vacaciones de verano.
Las lágrimas volvieron a llenar los ojos de Severus y caer a través de sus mejillas, empapando en el proceso las manos de James.
—Lo odio... —dijo en un murmullo que apenas fue audible, y que aún así iba teñido con un tono de culpa—. Lo odio tanto que desearía... que desearía...
Pronunció sin completar su frase con más fuerza y finalmente bajo del afeizar de la ventana cayendo en los brazos abiertos de James, enterrando su rostro sobre su pecho, aferrándose con fuerza a lo que parecía su única ancla en ese momento, llorando como si fuera la primera vez que se dejaba hacerlo.
—«Algún día, Severus, voy a asesinarlo por tí y... —dijo James con vehemencia, un sentimiento de odio y furia por una persona que no conocía lo recorrió, mientras pronunciaba con todo el deseo ferviente de cumplirlo, mientras sostenía a un lloroso Severus más cerca, intentando protegerlo del dolor abrumador que parecía llenarlo—... nunca volverá a hacerte daño».
Y aunque no era la primera vez que James hacia esa clase de declaraciones en sus sueños, está parecía diferente de alguna manera.
Al final, por supuesto se perdieron la cena.
.
.
La mañana de la fiesta de navidad de los Malfoy finalmente llegó, para fortuna de Severus, su padre no estaba y seguramente no se aparecería, con suerte, en todo el día y la noche.
Se baño con agua demasiado fría y con la única pastilla de jabón que se podían permitir. Intentando lavar meticulosamente su cabello, después de todo, los comentarios maliciosos sobre su aspecto graso no eran infrecuentes, y aunque a Severus le gustaba pretender que no lo molestaban, distaba mucho de la realidad.
Cuando finalmente salió del baño, se colocó la ropa más agradable que tenía, la túnica que había comprado la usuaria hasta que llegara al Caldero Chorreante, había gastado prácticamente todos sus ahorros para permitirse comprar esa túnica y un par de zapatos, que también usaría para la ocasión.
Cuando finalmente salió, miró a su madre, el moretón seguía siendo muy prominente, y su palidez enfermiza resaltaba aún más la herida.
—¿Vas a salir? —Inquirió con voz cansada, mientras lo miraba de pies a cabeza. Severus asintió con la cabeza. Quería preguntar porque no había usado el ungüento, sin embargo, había también una resignación cansada—. Pensé que los Evans no estaban en la ciudad.
Pronunció dudosa, sabiendo que cuando su hijo estaba en casa pasaba prácticamente todo el día junto a la niña menor de los Evans. De hecho, le aliviaba un poco saber que Severus pasaba su tiempo con la niña, porque mientras más alejado estuviera, menos probabilidades tenía de ser dañado por Tobias, y ella cada día se sentía más y más cansada, cada día le era más difícil pretender que no todo era tan malo, pero... ¿cómo podría alejarse? Pese a todo, amaba a Tobias y al final del día, era todo lo que tenían.
—No iré con Lily —pronunció Severus con cuidado—. Un amigo de... de Slytherin me ha invitado a una... reunión.
—Oh... —Eileen asintió, ella recordaba lo que era estar en Slytherin, pero aún más sabía lo importante que era hacer conexiones, en su momento no le había tomado importancia pero ahora... Miró a su hijo, solo deseaba que él tuviera un futuro mucho mejor. Caminó a la despensa, y sacó un pequeño frasco de vainilla. Le dio una sonrisa suave a Severus, tal vez era porque era su madre, pero su hijo era encantador cuando ponía esfuerzo en hacerlo. Le mostró la botella—. No será una loción pero te dará un toque especial.
Severus se quedó completamente quieto, ¿cuándo había sido la última vez que había visto a su madre sonreír así? Había un brillo sobre sus ojos y las líneas de expresión parecieron suavizarse haciéndola lucir mucho más joven.
Con manos trémulas, colocó la esencia detrás de sus orejas y en su muñeca.
—Listo —pronunció, acomodando los mechones oscuros de su hijo detrás de su oreja, mirando con cierta culpa la nariz ahora desviada por la rotura sin sanar adecuadamente que ahora poseía. Retrocedió y miró a su hijo, aunque era verdad que había rasgos en el que obviamente había heredado de Tobias, lo cierto era que con cada año que pasaba, los rasgos de la familia Prince se hacían más evidentes. Suspiró, ni siquiera tenía sentido pensar en esa familia que la había rechazado. Caminó de vuelta a la alacena, guardó el frasco de esencia y luego, de un frasco diferente del que Tobias sabía, sacó un par de billetes. Regresó con Severus y los colocó en su mano—. Espero que te diviertas, cariño.
Luego se alejó, tenía un turno doble en la cafetería y tenía que asegurarse de cubrir sus moretones con suficiente maquillaje, y es que, aunque habría podido usar el ungüento que Severus le había traído, ella había aprendido que mientras los moretones aún colorean su piel, Tobias solía contenerse más, entre menos evidencias de su ascendencia mágica hubiera, menos daño recibía.
Severus la miró alejarse con un nudo en la garganta, mirando el dinero en sus manos, sabiendo que no lo gastaría porque podrían necesitarlo en un futuro, pero sin atreverse a devolverlo, cuando muy posiblemente su padre se haría con él y lo malgastaría.
Así que, en su lugar lo guardo debajo de un tablón suelto del piso de su habitación, donde también solía guardar su varita después de que su padre amenazara con romperla cuando estaba por ingresar a su segundo año, ese día Severus se había llevado una paliza particularmente mala, había terminado con un moretón tan grande en ojo y mejilla, que su madre se vio en la necesidad de usar un glamour sobre su rostro, después de todo, también estaban escasos en ungüento, aún así el hechizo había sido bastante flojo, y había tenido que ocultarse en cuanto habían llegado al castillo, temeroso de que alguien lo viera tan lamentable, mientras lloraba en una torre abandonada sintiéndose completamente solo, pero eso eran recuerdos que era mejor mantener guardados.
Finalmente salió de su casa con la túnica y zapatos guardados cuidadosamente en su andrajosa mochila, y su varita oculta entre sus mangas, aún no podía usar magia fuera del colegio pero se sentía mucho más seguro con ella. Caminó hasta el final de la calle, temblando un poco ante el clima frío y su no tan adecuada vestimenta. Ahora solo tenía que pensar en una manera de llegar al Caldero y...
Un autobús que parecía haber aparecido de un momento a otro se detuvo frente a él. Su día parecía estar yendo demasiado bien, después de todo, ya no tenía que preocuparse por el transporte y la pequeña interacción con su madre lo había dejado con una agradable sensación en su pecho.
Solo tal vez era el destino diciéndole que lo que estaba por hacer era lo correcto.
Con resolución subió al autobús.
.
.
La amistad de James y Severus empezó casi como cualquier otra, por supuesto, la primera vez que se conocieron, James había decidido que él sería su némesis, después de todo James no podía dejar que un niño que afirmaba tan vehemente que Slytherin eran la mejor casa viviera tan tranquilo cuando era evidente que la casa de Gryffindor, y su futura casa no tenía dudas de ellos, era la mejor, rumbo al castillo James se la pasó ideando bromas y jugarretas para defender el honor de su nueva casa, sin embargo, luego vino la infame ceremonia de selección y con absoluto horror, James quedó en exactamente en la casa que menos habría querido, Slytherin, estar en Hufflepuff hubiera sido mucho mejor, y lo peor era que había terminado como compañero de habitación de ese niño.
James como hijo único al que raramente se le negaba algo; que había crecido exactamente sabiendo cuál era su lugar en el mundo; un niño al que desde su temprana infancia se le había dicho que el mundo lo amaría, no entendía por principio a Severus, el niño de obvio escasos recursos, que parecía saber demasiado del mundo mágico al mismo tiempo que desconocía todo.
Sin embargo, esa noche cuando sus cardenales, manchas de un terrible púrpura quedaron ante la visión de James, la visión y comprensión que tenía del mundo, comenzó a cambiar.
Porque aunque él sabía que en el mundo había personas malas, que había dolor y sufrimiento, aún más teniendo en cuenta el trabajo de su padre, nunca lo había visto tan cerca.
Así que, cuando Severus se abrió a sus tentativas de amistad, tan sediento de afecto y atención, tan inquebrantablemente leal, James no lo tomo como una sorpresa, porque al final, era de esperarse, ¿quién no lo querría como un amigo?
Sin embargo, Severus, pese a su obvia inteligencia y su rápido entendimiento del mundo mágico, aún era demasiado ingenuo a otras cosas. Como el que aún pese a la obvia brecha entre casas, siguiera insistiendo en ser amigo de Evans, siguiera poniéndole a ella encima de sus compañeros de casa, empujándolo a volverse un paria entre los suyos, porque en Slytherin no se perdonaba la traición hacia la casa, y Evans no parecía notarlo, de hecho ella parecía tan ajena a tantos aspectos de la vida de Severus, que se preguntaba cómo podría llamarse su mejor amiga, cuando no se daba cuenta que su amistad, le costaba mucho más a Severus de lo que, James consideraba valía la pena.
Sin embargo, fue hasta su segundo año, que James tomó una resolución que lo cambiaría todo, mientras Severus lloraba aferrado a su túnica en una torre olvidada, contándole lo peor de su vida en el hogar, contándole cosas que era obvio nunca se había permitido decirle a alguien más, abriéndose a James tan plena y absolutamente, que fue el impulso final para que James se diera cuenta de lo que había que hacerse, Severus necesitaba ser protegido, y él se aseguraría de hacerlo, así tuviera que ver el mundo arder. Porque Severus se le había entregado, y si algo había sido inculcado particularmente bien a James y Slytherin solo había reafirmado era que uno cuidaba lo que era suyo y no dejaría que nadie volviera a hacerle daño.
.
.
Cuando James se despertó, un sudor frío le recorría el cuerpo y la furia e irá que lo habían llenado durante el sueño seguían con él, sin embargo, había más, el miedo que había sentido al ver a Severus tan cerca del borde de esa ventana en la torre lo tenía demasiado ansioso. Necesitaba verlo... comprobar que estaba bien, sin embargo, no tenía idea de cómo contactarlo.
Aún en su estado nervioso, se preparó para el día, deseando que Remus estuviera cerca, a veces, cuando James carecía de buenas ideas en ciertos temas, su amigo era el mejor pensando en soluciones.
Caminó hacia el comedor, aún intentando descifrar una manera de ver a Severus cuando la voz de Sirius que pasaba las vacaciones de invierno, para disgusto de su familia, con ellos, sonó a través de las puertas de madera.
—Ugh... Mi madre quería obligarme a que fuera a esa pretenciosa fiesta —pronunció con obvio disgusto, mientras James abría silenciosamente la puerta, su madre tenía una carta en la mano, el escudo dejando en claro a quien pertenecía—. Pero ni muerto dejaría que me vieran entrando en esa casa llena de alimañas.
—Sirius querido —pronunció con cierta dureza la señora Potter, ella entendía al niño, pues lo Malfoy no estaban en sus buenas gracias, pero—, no seas grosero. Además, creo que es porque no es sólo una fiesta de navidad, parece ser que también será la fiesta oficial de compromiso de Narcissa y Lucius y anunció de sus nupcias.
Y ahí estaba su encrucijada, pese al tiempo que Euphemia había dejado de llevar el Black como apellido principal, y aunque sus ideas en muchas maneras eran diferentes a las de su familia, seguía guardando cierto lazo para con ellos.
—Creo que deberíamos ir —pronunció James finalmente, sobresaltándo a todos y provocando que Sirius casi se atragantara con el bocado que acababa de comer.
—¿Acaso estás enfermo, James? —Inquirió Sirius con voz ronca una vez que se pasó el bocado, cada vez más preocupado por la salud mental de su amigo. Porque si alguien podría haber entendido su renuencia a asistir a esa fiesta sería James, sin embargo, su amigo parecía casi ansioso de que sus padres aceptarán ir.
—Quiero decir, es importante para ti, ¿verdad madre? —Inquirió, dándole el empuje necesario a su madre para aceptar.
—Lo es —pronunció, había algo en su tono que ninguno de los niños percibió pero su esposo lo hizo. Tal vez era momento de intentar reparar los lazos con su familia, una nube oscura parecia cernirse sobre el horizonte y solo tal vez reeconectarse con su familia hiciera un cambio significativo—. Muy bien. Entonces, lo mejor es que se apresuren a su desayuno, después de todo, ya va hacer lo suficientemente grosero contestar hasta ahora nuestra asistencia, como para todavía llegar tarde.
—Muy bien —pronunció James demasiado optimista para el gusto de Sirius, sin embargo, y pese a los intentos que hizo de acorralar a su amigo y preguntarle qué rayos le pasaba, después del desayuno y antes del que su partida fuera inevitable, fueron en vano, James era verdaderamente escurridizo cuando se lo proponía.
Con un suspiro de frustración, Sirius lo dejo pasar, después de todo, el también debía prepararse para el infierno, ugh... y pensar que él había creído que podría liberarse de su horrible familia durante las vacaciones, James le debía muchas explicaciones.
Sin embargo, James estaba mucho más preocupado por lo que ir a esa fiesta significaba, y es que, después de su terrible sueño, otra realización se le había vertido como un cubetazo de agua helada, que solo se hizo más pronunciada cuando escuchó a su madre hablar de la fiesta, porque si sus sueños era un indicativo, está fiesta no sería solo la fiesta de compromiso, también sería el día que Severus se reuniría por primera vez con Voldemort, y James simplemente no se podía permitir no estar ahí.
Él se se aseguraría de proteger a Severus, costará lo que costará.
Hola corazones de chocolate, lamento mi terrible tardanza, no hay una buena justificación más que me deje llevar por otras cosas de mi vida real, y el tiempo libre que he tenido lo usé para leer manga y traducir djs desde el japonés y se me ha ido la noción del tiempo.
Bueno espero que hayas disfrutado del capítulo y si mi planeación no falla, el próximo será el último de su cuarto año.
Os adoro y hasta el próximo capítulo ❤️.
Pd. Tengo una página relativamente nueva en Facebook, por si queréis ir a echar un vistazo, está bajo el mismo nombre que mi cuenta acá :).
