Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.


MÍRAME A LOS OJOS

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VI:

Cerrando ciclos

Isabella

La mano de Edward me apretó más fuerte y su cuerpo me tapó, como si quisiera blindarme a mí y a nuestra hija de los demás.

Todo fue un caos.

Nunca me habían desplazado tan rápido de un lugar con una sola mirada. El odio en las cuencas de los Cullen parecía querer desgarrarme. No me querían aquí, de ninguna manera.

—¿Qué mierda es esto? —preguntó la mujer, apretando los dientes con fuerza.

—Cuida tu boca, madre.

—No le hables así —interrumpió el hombre—. ¿Puedes explicarnos qué es lo que estoy viendo?

—Tú estabas con Martin, vas a tener un hijo de…

—Tu nieto —respondió Edward.

Los dos se quedaron en silencio. Era sepulcral.

—Basta de asumir cosas bajo tu manera de ver la vida. Ella es… la mujer que llevo amando más tiempo del que puedes imaginar. —Besó mis nudillos y me contempló, dándome la seguridad que necesitaba para continuar con esto que sí, dolía—. Tendremos un bebé. Es una pequeña, se llamará Amber.

Me sujeté el vientre, esperando que, al menos, a ella le dieran una oportunidad. Era su sangre, su nieta, no tenía la culpa de cualquier prejuicio que cruzara su mente. Sin embargo, lejos de ver una mirada que indicara algún punto de felicidad al saber que su hijo tendría un bebé, noté desprecio, uno tan horroroso que quise cubrirme para que nada de eso afectara a mi pequeña.

—No puedo creerlo —exclamó ella—. Después de todo lo que hemos hecho por ti, tiras por la borda todo lo que teníamos planeado hacer a futuro. ¿Cómo has podido?

—Teníamos un acuerdo con la familia Denali. ¿Qué pretendes? ¿Que nuestro patrimonio se vaya al carajo? ¿Eso quieres? —gruñó él.

—Eso es lo único que les interesa de su hijo, ¿no es así? —pregunté, elevando mi voz. Sabía lo que iba a provocar, pero no podía evitarlo—. Ven a su hijo feliz, con la posibilidad de tener una familia que lo amará, frente a un acuerdo en el que no existe el amor. ¿Qué clase de personas son?

—¿Quién demonios te crees tú para hablarnos así? —espetó ella—. Soy Esme Cullen, ¿cómo te atreves?

—No te atrevas a hablarle así, madre. —Edward se interpuso, volviendo a tomar mi mano.

—Vas a perderlo todo —exclamó su padre—. Sabes que los Denali iban a comprar nuestra compañía, la misma que estaba sosteniendo la tuya. ¡Tu hermana…!

—¡Ella necesita descansar! ¡El respirador solo está alargando su existencia! —gruñó él, provocando que sus padres dieran un respingo y expresaran, por primera vez, un sentimiento de dolor ante las palabras de su hijo—. Sí, quizá pueda perder dinero que sostiene mi compañía por negarme a casarme con una mujer que no amo, pero prefiero ser feliz con mi familia, aun si afecto sus intereses económicos, los que les importan más que todo, ¿no es así? Ya estoy cansado de sostenerlos, de ser el sustento de la familia como si mis sentimientos no tuvieran ninguna importancia. Si dejo de verlos desde ahora en adelante, lo aceptaré, prefiero eso a ser solo un producto para mis propios padres.

Los Cullen se quedaron en silencio ante la decisión en las palabras de su hijo, mientras que yo busqué sus ojos, temerosa de ser la causante de ese distanciamiento, pero también de hacerle perder parte de su esfuerzo. Sin embargo, él solo me besó la frente y me abrazó, como si reconfortara mis miedos por sí mismo.

—No puedo creerlo —afirmó una voz, entrando al lugar.

Era Alice.

Al girarnos a mirar, vimos su completa sorpresa, en especial ante la cercanía que teníamos Edward y yo. Cuando vio el desastre que estaba ocurriendo, no tardó en dar un paso adelante, mientras Jasper se acercaba a mí para asegurarse de que estuviera bien producto de mi avanzado embarazo.

—Alice, sé que te debo muchas explicaciones —susurré.

Se llevó una mano al pecho, mirando mi vientre.

—Es mi sobrino, ¿no?

Asentimos y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Tengo mucho qué procesar. Creí que Martin…

—Lo siento, era muy difícil para mí. Supe de Edward hace muy poco y… —Gemí—. Lo siento, de verdad, lo siento mucho.

Alice negó y me abrazó delante de sus padres, que al ver la acción de su hija, simplemente exclamaron de rabia y odio hacia mí.

—Basta, madre, basta padre —exclamó ella—. Basta de hacer esto con su propio hijo. No tienen idea de lo mucho que tomó esto, lo supe sin darme cuenta. Estamos en medio de uno de los momentos más importantes para Edward y todos están dándose cuenta de lo que está sucediendo. Por favor.

Esme y Carlisle tragaron, notando que estaban armando un espectáculo en una noche elegante y sofisticada, una en la que ellos debían guardar las apariencias.

—Nada cambiará para mí, no si se trata de la mujer que amo —dijo Edward, terminando la conversación—. Hoy es una noche especial y ella estará a mi lado siempre.

Nadie alzó la palabra pues los amigos y grandes socios de Edward se acercaron para saludarlo. Él cambió su expresión, buscando la manera de que lo sucedido con sus padres no lo afectara más. Tiró de mí y me presentó ante todos, besándome las manos una vez más.

—Ella es Isabella, la mujer de mi vida —afirmó.

Todos parecían muy sorprendidos de ver mi vientre, pero también se veían contentos de saber que él estaba con la mujer que amaba. Debía imaginarme que todos sabían que Edward estaba comprometido con una Denali y que al encontrarse con una mujer diferente de la mano de él, notando el cariño que venía de su parte y su manera de mirarme, distando completamente de cómo debía ser con Tanya, era sorpresivo.

—Te ves muy feliz —aseguró uno de ellos, palpándole el hombro.

—Lo estoy. Al fin lo estoy —respondió Edward, abrazándome sin importarle los duros ojos que venían de su propia familia.

Cuando nos quedamos a solas, busqué su cuello y me quedé escondida en él, oliendo su piel y sintiendo su calor.

—Hey, ¿qué ocurre? —preguntó.

—Es duro —susurré—. No quiero causarte más problemas.

Me separó para mirarme a los ojos y cobijar mis mejillas con sus manos.

—Desde que llegaste a mi vida, lo que menos has causado han sido problemas, me has dado felicidad tras felicidad, incluso en nuestro tiempo separados.

Sonreí y le tomé las manos para que acariciara a nuestra hija, que nuevamente volvía a despertar.

—Y definitivamente, me estás dando a Amber, lo que resume todo en una completa dicha —añadió.

—¿Aun si quedas sin sostén de quienes estaban apoyándote? —pregunté con un hilo de voz.

—Incluso así.

—Oh, cariño.

Cuando nos besamos delante de los demás, supe que estarían hablando de nosotros, ya sea para bien como para mal, así que, con valentía, me permití que las cosas dejaran de afectarme como antes. Lo único en lo que quería pensar era en mi familia, esta que tanto nos había costado reunir.

—Edward Cullen, qué alegría verte nuevamente —exclamó un hombre.

Nos dimos la vuelta, encontrándolo de frente junto a quien parecía ser su esposa, así como le seguían otros hombres, todos a los cuales recordaba de aquella fiesta en la que James me llevó a hacer mis servicios y vi a Edward por primera vez. Se me ennudeció la garganta, porque uno de ellos parecía reconocerme a pesar de haber usado una máscara en aquella ocasión.

—Oh, vaya, estás acompañado —dijo, tendiéndome la mano—. Soy Jacob Black.

—Isabella —susurré.

Entrecerró sus ojos.

—Te presento a la mujer de mi vida —afirmó Edward, comprendiendo su manera de contemplarme.

—Vaya sorpresa —aseguró—. No pensé que esto estaba sucediendo en tu vida. Sorprendente manera de encontrar el amor.

Iba a responderle de forma poco amable, pero fuimos interrumpidos por su esposa, situación que al parecer lo incomodó. Imaginé lo difícil que sería explicarle a ella que tenía fiestas con prostitutas estando casado. Al menos, Edward no tenía su corazón comprometido y sí, siempre me respetó, algo que los hombres como Jacob Black realmente no hacían, lo sabía por experiencia.

Luego de saludar, Edward me pidió un momento para charlar un par de cosas con sus socios, con quienes debía hablar. Yo lo acepté, encantada de ver su suficiencia en una fiesta que era exclusiva para él y para la que la prensa estaba expectante, así que me fui hacia los bocadillos para estar más cómoda, sintiendo nuevamente las miradas de los demás.

—¿Estás bien? —preguntó Alice, llamando mi atención.

—¿No te has sentido agotada? —añadió Jasper.

Sonreí.

—Estoy bien, solo un poco fatigada con todo lo que ha pasado, pero Amber parece muy entusiasta.

Cuando la nombré, los ojos de Alice se tornaron brillantes.

—Si tan solo lo hubiera sabido —musitó ella—. Martin debió ayudarte mucho. Lamento haber concluido cosas que pudieron ponerte incómoda, en especial si amabas a mi hermano en silencio.

—No tienes nada que lamentar, Alice, fuiste un gran apoyo para mí. Sí, Martin también lo fue, llegar a esta ciudad fue una odisea, costó llorar y sufrir, sobre todo porque estaba lejos de tu hermano, a quien amo y con quien estoy esperando un bebé.

—No puedo creer que tendré una sobrina, Bella —susurró—. Es algo que siempre he soñado, ¿sabes?

Me sentí contenta de poder ser parte de su felicidad, pero sobre todo, el saber que una persona de su familia podía apoyarlo.

—Gracias por no ver las cosas de la manera incorrecta, Alice.

Tomó mis manos y me miró a los ojos.

—Jamás lo haría. Solo quiero que mi hermano sea feliz y tú le das felicidad, es cosa de contemplarlo y analizar cuán diferente está desde que es libre para amarte. Eso es lo único que me importa, además de saber que eres una chica fantástica. Es todo lo que necesito para estar tranquila.

—Gracias, Alice. De verdad.

—No tienes nada que agradecer. Edward es mi hermano, el único que tengo desde que Elizabeth, nuestra hermana mayor, sufrió y nunca volvió a ser la misma —afirmó con los ojos llorosos—. No quisiera perderlo por los caprichos de mis padres, eso es algo que no me permitiría.

Nos sonreíamos y tomamos de las manos, mientras Jasper nos contemplaba de forma alegre, comprendiendo lo que nos estaba sucediendo. Edward regresó en medio de ello y enseguida me abrazó desde atrás, no sin antes darle un beso en la frente a Alice, que lo recibió de manera dichosa.

—Estoy feliz de saber que serás padre —dijo ella, tomando la mano de Jasper.

—Mis sinceras felicitaciones, Edward —añadió él.

—Somos felices, al fin —aseguró, besándome el cuello.

Cerré los ojos por unos segundos, saboreando la paz a pesar de lo sucedido con los Cullen. Sin embargo, cuando los abrí, me encontré con Tanya Denali entrando a la fiesta, viniendo con quienes parecían ser su familia. La arrogancia en sus ojos me hizo sentir incómoda y busqué a Edward, que en cuanto los vio, endureció su mirada y todos sus gestos.

—¿Qué demonios? —gruñó, enfurecido.

—Tranquilo, cariño —susurré.

—Pedí que estas personas no tuvieran acceso el día de hoy. Llamaré a seguridad.

Él dio un paso adelante, pero las luces se encendieron hacia la plataforma principal, donde había muchas personas con una copa en la mano.

—Bienvenidos a la inauguración del proyecto más importante para nuestro arquitecto más notable del estado y el país, Edward Cullen —exclamó un presentador.

Nos quedamos de pie y aplaudimos, aunque él parecía demasiado furioso por ver a los Denali llegar y, además, acercarse a sus padres.

—El arquitecto Edward Cullen ha liderado esta empresa por más de diez años, por lo que estamos orgullosos de ser parte de ello. Nos gustaría invitarlo aquí a dar unas palabras.

Todos comenzaron a aplaudir e instaron a Edward a que fuera. Creí que iba a ir solo, sin embargo, tiró de mi mano para que lo acompañara.

—No haré esto solo —dijo.

—Está bien. —Sonreí—. Iré contigo.

Cuando fuimos y pasamos por un lado de los Denali, sentí la mirada de aquellas personas con una pesadez dura y difícil de evadir. Si sus miradas pudieran quemarme o destrozarme en el momento, lo habrían hecho sin siquiera pensarlo. Edward lo notó, por lo que su agarre fue más fuerte, llevándome con él en cada momento. Una vez que subimos a la plataforma, se acercó al micrófono y comenzó a hablar, agradeciendo a quienes habían venido a la celebración.

—Hoy es un día muy importante para mí, y no solo porque es dar el inicio a un proyecto muy ambicioso, sino porque estoy con ella, la mujer con la que quiero pasar el resto de mis días. —Tomó mi mano y la besó, mirándome a los ojos delante de todos los demás—. Sé que está feliz de cada uno de mis logros, pero no quiero dar ningún paso sin ella.

Suspiramos, queriendo que las cosas siguieran en ese rumbo lleno de felicidad.

—En este día, quiero informarles a todos que los proyectos de mi empresa tomarán cambios gigantescos, cada uno a la espera de que abarque incluso más. Esta fiesta es especial porque sé que es el momento perfecto para informárselos a todos. —Miró por un segundo hacia el fondo, donde estaba su familia—. Desde hoy, la gran compañía de arquitectura y construcción Cullen será exclusivamente mía —afirmó.

Se escucharon las conversaciones de todos, en especial de los Cullen y Denali, que no podían creer lo que estaba sucediendo.

—La empresa Cullen tomará la construcción del mejor proyecto que haya tenido, de mi mano como arquitecto, tomaremos el liderazgo de la creación del teatro más importante de Estados Unidos. —Se giró hacia la gran pantalla que había detrás de nosotros, desde donde ya se veían las imágenes de la idea en tres dimensiones.

Era impresionante.

—Bienvenidos a los cambios. Gracias por ser parte de ellos. Estoy muy feliz de poder dar un paso así, en especial con todos ustedes.

Dios mío. Edward estaba dejando a ambas familias para dedicarse exclusivamente a manejar las cosas sin ellos. Era… maravilloso. ¡No podía creerlo!

—Edward —dije, llevándome una mano al pecho.

—No dejaré que ninguno de ellos me amedrante. Nuestra familia estará a salvo de sus decisiones. No quiero volver a verlos, en especial cuando Amber llegue a este mundo.

—¿Estás seguro de esto? —inquirí, presa de la inseguridad.

—Más seguro que nunca. Lo único que necesito es tenerte conmigo, porque te amo.

Sonreí con los ojos llorosos, queriendo responderle que lo amaba de la misma manera. Sin embargo, la voz de Tanya llamando la atención de todos captó la nuestra. Parecía enardecida.

—Pero qué agradable noticia —exclamó, levantando su copa con la mirada llena de odio—. Una familia feliz en toda su expresión. ¡Qué hermoso! ¿No?

—Tanya —gruñó Edward, dando un paso adelante.

—¿Qué? ¿No puedo dar unas palabras para agradecerte todo lo que estás haciendo por nosotros? ¿No puede tu antigua prometida hacerlo? —inquirió de forma sarcástica.

—Por favor, seguridad —llamó Edward.

—¡Espera! Me falta felicitarte por tu nueva relación. Veo que todo va muy rápido entre los dos. ¿Un hijo? ¡Qué maravilla!

—Tanya, por favor, di lo que quieras de mí, pero no hables de mi familia —espeté.

—Oh, vaya, la mujer ha hablado. —Rio—. ¿No tienes vergüenza?

—No tengo por qué tenerla —afirmé.

—¿De verdad? Imagino que estás muy orgullosa de tu pasado como para actuar de esta manera.

Al ver mi expresión quebrada, sonrió.

—¿Qué? ¿No le has contado al mundo que fuiste una asquerosa prostituta? —dijo a viva voz.

Mi garganta ennudeció.

—Porque eso es la nueva mujer de Edward Cullen, solo una prostituta de poca monta, nada más.

—Saquen a esta mujer, por favor —pidió Alice, muy furiosa.

—¡Cállate, Tanya! ¡Por favor! —espetó Edward, gruñendo de forma irritada.

—¿Qué? ¿No quieres que todos sepan lo que es en verdad? ¡Esta mujer es una puta de poca monta! Fue así como se conocieron. ¡Qué manera tan asquerosa!

Me solté de Edward y di un paso adelante.

—Sí —respondí—. Eso fui y ya no tengo vergüenza en decirlo —aseguré, sintiendo la mirada de todos los demás.

Mi cuerpo temblaba al enfrentar esto, pero no quería flaquear con algo que era parte de mi pasado, incluso con las miradas efusivas de sorpresa, asco y desagrado.

—Eso no me hace peor persona ni incapaz de amar —afirmé.

—¿Y así quieres entrar a mi familia? —inquirió Carlisle Cullen, mofándose de mí—. ¿Siendo una puta?

—¡No le hables así a ella! —bramó Edward, dispuesto a enfrentarse a su propio padre.

—Dejarás a tu familia en la nada por una mujer de mala muerte, ¡qué vergüenza siento! —añadió su madre—. ¡Vámonos de aquí! No quiero seguir viendo esto. Es obvio que ni siquiera ese bebé es mi nieto.

Ellos se marcharon, al igual que los Denali. Tanya disfrutaba de ver mi rostro mientras varios de los presentes hablaban entre sí ante el espectáculo en el que yo era el centro de atención. Sí, me sentía humillada y lo único que quería era correr, pero me contuve todo lo que pude, levantando la barbilla ante todos esos ojos.

—Cariño, lo siento mucho —murmuró Edward, besándome la mano.

Al mirarlo, noté la desesperación en sus ojos.

—No debía pasar esto —añadió—. De verdad, lo siento mucho.

—Es lo que fui, ya no puedo ocultarlo, ¿no?

Me besó la frente y me abrazó.

—No quería que esto sucediera, debí protegerte. Te han hecho demasiado daño.

—Ya estoy aprendiendo a soportar las balas, contigo.

Hundió sus dedos en mi cabello y me contuvo, protegiéndome del exterior y siendo la barrera para que ninguna otra bala volviera a impactar en mí.

Luego de aquel balazo voraz, Alice y Jasper se acercaron para darme su apoyo, así como algunas personas importantes que fueron fieles a Edward. Él se mantuvo a mi lado, haciéndome sentir segura ante la desnudez que había provocado Tanya de manera vil, solo con el fin de usarme a su favor.

Sí, ante los ojos de muchos era la prostituta, pero no era solo eso, era mucho más que mi pasado, comenzando por mis deseos de seguir surgiendo luego de tanto sufrir.

Debía sostenerme a todo con la frente en alto.

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Me acomodé en el sofá, sintiendo el vientre pesado luego de la noche. Edward se despidió de su hermana y de Jasper, quienes nos habían acompañado para asegurarse de que estábamos bien luego de todo.

—¿Quiere algo? —preguntó Sue, mientras el mayordomo Louis acercaba una taza de manzanilla caliente.

—Gracias, con esto está bien.

—El pequeño August está durmiendo plácidamente en su habitación. Se ha portado muy bien —aseguró la ama de llaves, acariciándome una mano—. Gracias por traerlo a la vida de nuestro señor Edward, no sabe cuánto nos alegra tener tanto ruido en este lugar inmenso.

Me emocioné al escucharla.

—Pronto tendremos un bebé en casa, ¿no es perfecto, Louis? —Se giró a mirarlo, pues estaban muy emocionados.

—Amber los amará, estoy segura —afirmé.

De pronto, sentí los labios de Edward en mi cuello, parado desde atrás, dándome su cariño.

—¿Me darían un momento a solas con ella? —inquirió con la voz suave.

—Por supuesto, señor —respondieron al unísono.

Él se sentó a mi lado y me acomodó sobre su pecho, tocándome el vientre con suavidad. Fueron minutos en silencio, calmándonos de la noche dolorosa que habíamos pasado juntos.

—No quería que esto sucediera —musitó—. Perdóname.

—No tienes la culpa. La gente continúa creyendo que nosotras, con nuestro pasado, no tenemos sentimientos ni posibilidad de resurgir —susurré—. Mientras tú no sientas vergüenza de lo que fui, puedo vivir con ello.

Me besó la frente.

—Jamás sentiría algo como eso. Te conocí en ese mundo, ¿cómo podría? ¿Cómo siquiera tendría la posibilidad de cambiar mi forma de verte por esa nimiedad? —Me contemplaba mientras continuaba acariciándome—. Te amo bajo cualquier parámetro. Nunca lo olvides.

Suspiré y sonreí.

—Gracias por llevarme. Fue valiente sabiendo todo lo que iba a causar.

—Eres la mujer que amo, ¿cómo no hacerlo?

Toqué su barbilla y luego sus mejillas.

—No quiero imaginarme cómo te sientes al ver la manera en que tus padres…

—Tranquila, debía separarme de ellos por todo el daño que hacen sin siquiera detenerse a pensarlo. Soy su hijo y solo les interesa el acuerdo que rompí. —Suspiró—. No puedo perdonarles lo que dijeron de ti y de nuestra hija.

—Tu hermana…

Respiró hondo.

—Nunca he podido contarte con detalles lo que eso significa para Alice y yo —murmuró—. Pero creo que mereces saberlo, aunque duela revivirlo.

Al notar el increíble martirio en su mirada, simplemente lo abracé.

—No estás obligado a hacerlo, lo entiendo…

—No, quiero que lo sepas. Déjame contarte.

Asentí y seguí apoyada sobre él, recibiendo sus caricias en mi cabello y en mi vientre.

—Mi hermana se llama Elizabeth. Tiene treinta y ocho años. No puedo hablar con ella desde que tengo diecisiete años.

Tragué.

—Ella tenía veinte años, bastante joven, ¿no crees? Eso debí pensar cuando la llevé en el coche luego de la fiesta a la que asistió. Debí preservar su vida, hacer que se sintiera segura conmigo. —Suspiró—. No sabía que ese sería el día en el que provocaría un accidente, solo por girarme a mirarla y asegurarme que iba bien en la parte trasera. —Sus ojos se llenaron de lágrimas al igual que los míos—. Solo me giré un momento, nada más, quería ver que estuviera bien luego de esa fiesta y… no vi el camión, Bells, sencillamente apareció de pronto, impactando a Elizabeth desde su lado del coche. Yo solo tuve rasguños, porque ella me avisó a tiempo que saliera de ahí, olvidándose de sí misma, como si quisiera dar su vida por mí. —Su llanto se hizo espeso y me abrazó—. Perdió masa encefálica, y aunque quisimos hacer todo lo posible por traerla de vuelta, ella solo me sonreía y acababa mirando al horizonte, perdiendo poco a poco su esencia. Desde entonces han pasado años y… la culpa no la he podido erradicar de mí, por eso… mis padres han podido hacer conmigo lo que han querido, porque de alguna forma, el que Elizabeth esté así, es por mí.

—No digas eso, no es cierto.

—Intento pensarlo así —murmuró con desgana—. Pero me ha costado muchos años de soportarlo. Mis padres y su forma de culparme, de indicarme que es por mí que ella está así… —Suspiró—. Tenerla con vida es más costoso de lo que imaginas y la familia Denali ha hecho distintos tratos con nosotros para darnos el acceso a las mejores máquinas del mercado, una de ellas es que yo…

—Que te cases con su hija —dije por él.

Asintió.

—Pero ya no puedo ser infeliz por esta culpa. No puedo…

—Merece descansar, Edward, y tú también.

—¿Crees que ella sienta que tengo la culpa de lo que sucedió?

Negué rotundamente ante su pregunta.

—Te avisó a tiempo para que siguieras con vida, eso quería, que estuvieras a salvo y fueras feliz.

Volvió a asentir.

—Sé que será difícil que deje de estar con nosotros, pero ella merece descansar, ya no es la misma, ya no volverá a serlo.

Lo apreté muy fuerte contra mí y dejé que llorara, lo merecía y necesitaba.

—No estás solo, y aunque me tienes a mí, también tienes a tu hermana menor, que te adora —musité—. Qué no daría yo por tener a mi madre conmigo nuevamente. Aprovecha que tienes a Alice.

Se separó de mí para mirarme a los ojos.

—Tu madre —murmuró, recordando lo que le conté de ella.

—Sabes que nunca volví a verla desde que mi padre me apostó —susurré—. Siempre tuve miedo de que él le hiciera más daño que antes o que esté muerta… Lo que es una posibilidad, porque nunca di con ella nuevamente.

Sentí el nudo en mi estómago producto de esos pensamientos, los que no volvían a aparecer desde hacía mucho tiempo, cuando me obligué a ceder mis esperanzas y fingir que nunca volvería a verla.

—¿Cuándo fue la última vez que intentaste buscarla? —inquirió, pasando su dedo pulgar por mi labio inferior.

Suspiré.

—Hace casi dos años. Quería que conociera a August, pero jamás di con ella. Volver a Forks era impensado, James me lo impedía… —Apreté los labios.

—Voy a dar con ella.

Alcé la mirada, asombrada.

—Tengo los recursos y los contactos adecuados.

—¿De verdad?

Sonrió.

—Por ti movería el mundo si pudiera.

—Edward —gemí.

—Sería el mejor regalo que pudiera hacerte.

—Si no es posible, si ella…

—Es posible y la encontraré, te lo prometo por nuestra familia.

Esta vez sonreí yo.

—Gracias, Edward, por todo.

Pasó sus manos por toda la longitud de mis brazos y luego tomó las mías.

—Gracias a ti, por hacerme feliz.

Nos besamos y finalmente nos acomodamos juntos, viendo la felicidad dentro del gris. Solo queríamos que las cosas siguieran su rumbo, para continuar de la mano, siendo nosotros uno solo.

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Edward

La miré dormir, acomodada entre las sábanas de nuestra cama. Fue una imagen preciosa, más que divina… perfecta. Cada vez que despertaba antes y la veía tan en paz, disfrutando del sueño mientras nuestra hija se alojaba en su interior, sentía que todo había valido la pena, cada sacrificio y cada dolor.

Escuché los pasos de August, lo que sin duda me hizo esbozar una sonrisa. Cuando nos encontramos frente a frente, le pedí entre gestos que se quedara en silencio para no despertar a mamá, por lo que se tapó los labios y dio pasos cortos hasta mí.

—¿Qué quieres para desayunar? —le pregunté, acariciando sus cabellos.

—¡Hot Cakes!

Bufé.

—Siempre quieres lo mismo.

Asintió, aferrado a mis hombros.

—Entonces serán Hot Cakes, como cada mañana. Ve mientras a la cocina, iré pronto mientras espero a que mamá se levante, ¿bien?

Volvió a asentir y se fue corriendo escaleras abajo.

Una vez a solas, marqué el número de mi investigador, a la espera de que tuviera la posibilidad de ayudarme.

—Señor Cullen, qué sorpresa —exclamó.

—Necesito de tus servicios.

Se quedó en silencio por unos segundos.

—Encantado. ¿Qué debemos averiguar?

Suspiré.

—A una mujer, la madre de la mujer que amo. Es importante y estoy dispuesto a pagarte el doble si lo requieres para tener noticias pronto.

—Vaya. ¿Cómo se llama?

—Renée Swan. Vive en Forks, en una pequeña vivienda cercana al bosque de la entrada principal. Es lo único que tengo y es muy probable que no siga ahí. Es bastante qué investigar y estoy dispuesto, como dije, a pagarte mucho más de lo de siempre.

—Encantado lo haré, señor. Le tendré novedades pronto. Comenzaré mañana a primera hora, ¿le parece bien?

Miré a Bella, que seguía durmiendo en paz.

—Me parece perfecto.

Cuando corté, supliqué a Dios que tuviera novedades optimistas al respecto, quería poder encontrar a la mujer que Bella tanto amaba y poder darle un poco de felicidad luego de una intensa búsqueda que se dio desde que le arrebataron todo producto de su propio padre.

Me acomodé a su lado y le besé el cuello, buscando despertarla con suavidad. Cuando oí su carcajada, sonreí, contento de poder escucharla un día más.

—Buenos días —le susurré.

—Buenos días —respondió—. ¿Me he pasado de sueño?

—Yo diría que sí.

—Oh, Dios, es Amber.

Nos reímos.

—Ya queda poco para conocerla —murmuré, tocándola con suavidad—. Solo una semana.

—Una semana. —Suspiró, muy nerviosa.

—Tranquila, sabes que estaré contigo todo el día y noche que nos tome traerla aquí. A propósito, la habitación ya está reservada en la clínica que me recomendaron y el médico nos recibirá encantados para el parto. No tienes nada que temer.

Asintió y me abrazó.

—El día que tuve a August estuve completamente sola. No quiero volver a repetirlo.

—Lo sé. Pero ahora estás conmigo.

Besó mi mejilla.

—Nadie te tratará mejor que allá. Eres la reina de mi mundo, no mereces menos, ni tú ni Amber.

Sus ojos brillaron ante mis palabras.

—Te amo —musitó, buscando mis labios.

—Y yo te amo a ti, cariño.

En medio de nuestro apasionado beso, escuchamos los gritos de August llamándonos para que fuéramos a desayunar, por lo que nos separamos y nos tomamos de la mano, dispuestos a comenzar el día como la familia que éramos.

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Los días seguían su cauce, uno tranquilo y adecuado. Mientras estaba en mis tardes de trabajo, ella estudiaba incansablemente en la escuela de artes, luchando día a día por sus sueños. Estaba orgulloso de Bella.

Si bien, mis padres seguían insistiendo en que reconsiderara cada una de mis decisiones, pedí que nunca volvieran a entrar ni a mi casa ni a mi trabajo, incluidos los Denali. No quería volver a verlos.

Esta tarde estaba especialmente nervioso, pero era una emoción llena de esperanza. Cuando llegué a buscar a Bella, expectante desde el asiento del conductor, y la vi sosteniendo su libro, sentía que me sacudía de sentimientos por ella. En cuanto me vio alzó la mano y se acercó al coche, mientras le abría la puerta para que entrara. Antes de hacerlo me dio un abrazo y me besó, dándome a entender con efusividad cuánto me había extrañado, aunque sentía que quien más la extrañaba era yo cuando estaba lejos.

Nos fuimos juntos a la tienda de bebés más bonita de Manhattan y nos quedamos mirando la decoración, soñando con ese día que por fin la veríamos por primera vez.

—Edward, mira —señaló, apuntando hacia una hermosa cuna de madera que llevaba doseles blancos sobre ella. Parecía sencilla, pero perfecta a la vez.

—¿La imaginas ahí?

Ella suspiró y me abrazó.

—Sí. Cuando August nació, quería que tuviera una cuna igual a esta, pero nunca pude pagarla.

Le besé los cabellos.

—Ahora tiene una inmensa para que sea feliz.

—Lo sé. —Suspiró—. Siento que las cosas son tan diferentes ahora, no puedo estar más agradecida contigo y con la vida. Eres el mejor papá del mundo.

Le tomé la barbilla y luego le di un casto beso.

—Y aún queda mucho por demostrar.

Sonreímos.

—La llevamos, ¿qué te parece?

Levantó las cejas.

—¿En serio?

—Por supuesto. Te ha encantado. Podríamos ponerle algunas luces para que se sienta iluminada por las noches y adornar todo con el mismo color suave. ¿Qué dices?

Su sonrisa creció aún más.

—Me encanta la idea.

—Y le podemos agregar ese oso que está ahí.

—Edward —regañó—. Es carísimo.

—Y yo gasto lo que pueda en mi familia.

Puso los ojos en blanco mientras me reía.

Dejamos todo preparado para la llegada de Amber, incluso algunas prendas que se agregarían a la amplia colección que Alice enloquecidamente llevó con nosotros hacía pocos días. Ella también estaba inmensamente feliz.

Cuando salimos de la tienda, nos fuimos juntos caminando por Central Park que, para suerte de hoy, no estaba tan concurrido como era costumbre. Los árboles estaban floreciendo y el viento era calmo y agradable. Al mirarla disfrutar de lo mismo que yo, sentí un impulso inmenso por sacar la caja de mi bolsillo, pero me contuve hasta que llegamos a la pérgola, después de haber rentado el lugar para que estuviéramos solos en medio del momento.

—Oh, pero qué hermoso. No sabía que lo habían decorado así —exclamó, caminando como un adorable pingüino ante el peso de Amber.

Como no seguí sus pasos, ella se giró a ver qué pasaba, pero me encontró agachado, con una rodilla pegada al suelo. Ver su expresión asombrada me hizo reír, pero luego me contuve, intentando ponerme serio.

—Edward —gimió.

—Cariño… —Suspiré—. Siento tomarte por sorpresa, pero quería que así lo fuera. Podría esperar a que al menos nuestra hija nazca, pero no puedo contenerme, necesito pedírtelo, aquí y ahora, eso que tanto deseo que logremos juntos. —Le enseñé la caja roja de terciopelo y finalmente la abrí, mostrándole el anillo que me esmeré en buscar para sus pequeños y delgados dedos. Era un platino suave, con piedras pequeñas de diferentes colores. El brillo de sus ojos fue tal como imaginé—. Isabella Swan, aquí y ahora, quiero que sepas que te amo, que lo hago con toda la extensión de la palabra y con la locura en la piel. Deseé estar contigo desde que te vi, y aunque nos tomó bastante poder volver a encontrarnos, incluso tocando a la muerte, volvimos a estar juntos, esta vez para no separarnos. Por eso, quiero pedirte que seas mi esposa, prometiendo cuidarte, seguir amándote con este mismo fervor y locura, pero sobre todo, formando nuestra familia con August y Amber, no veo un mundo sin ustedes ni me imagino esta vida sin ti. ¿Me harías el honor?

Sus ojos amenazaron rápidamente con las lágrimas y luego las dejó ir, sollozando por las emociones. Vino a mis brazos y se aferró a mi cuello.

—Claro que sí —musitó—. Sí.

Sonreí y me levanté para ser yo quien la abrazara esta vez.

—Quiero ser tu esposa.

Le acaricié una mejilla y besé sus labios, intensamente feliz.

—Te amo —dije, mirando sus ojos.

—Te amo —respondió, juntando su frente con la mía.

Tomé su mano y deslicé el anillo por su dedo anular.

—Juntos, siempre —le dije al oído.

—Siempre —afirmó.

Nos continuamos besando bajo la luz del cielo, el viento cálido y los pétalos de flores a nuestro alrededor, ajenos al exterior, queriendo vivir nuestra felicidad, buscando la intensidad de nuestros sentimientos, así, juntos como tanto queríamos.

.

Isabella

Contuve el aliento por unos segundos. Amber estaba inquieta hoy y pesaba más que nunca.

La clase había terminado y yo lo agradecí. No me sentía muy bien, estaba más agotada que de costumbre y todo se reducía a que Amber pronto iba a nacer.

Cuando recibí el mensaje de Edward, indicándome que iría a por August a la guardería y luego vendría por mí, sentí alivio y tranquilidad. Hoy los extrañaba más que nunca y quería quedarme en casa con ellos.

Bajé las escaleras con cuidado para que el vientre no siguiera sintiéndose tan pesado y cuando me sostuve del pasamanos, una persona se acercó a ayudarme.

—Muchas gracias —dije, girándome a mirar.

Cuando me encontré a James usando una capucha, sentí que iba a desmayarme de miedo.

—No te muevas o disparo —susurró, apuntándome con algo duro en la espalda.


Buenas tardes, les traigo la penúltima parte de esta historia. ¿Qué piensan de todos los sucesos? Estos dos están viviendo su amor a todo lo que pueden... salvo por los obstáculos que intentan contrarrestar a como dé lugar. ¿Qué ocurrirá con James? Está desatado y Bella se sentía ya extraña. ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Quiero pedir disculpas por la demora en subir la continuación de esta historia. Bien saben que no soy de aquellas que demora más de dos semanas, salvo que esté exhausta con la vida real. En estos momentos muchas saben que mi trabajo es muy extenuante y tener guardias nocturnas es más pesado de lo que puedo describir. Espero me perdonen por demorarme, no es mi intención, estoy luchando por traerles más pronto el final y darles esto para que disfruten plenamente de un contenido digno de mí

Agradezco los comentarios de JIJIC, Claribel Cabrera, Esal, Rose Hernandez, MariaL8, mariannareynnoso, AndreaSL, ManitoIzquierdaxd, Gibel, lolitanabo, Maryluna, Aidee Bells, Mar91, PielKnela, miop, Gan, Alexa Nash, agnes redhead, Veronica, NoeLiia, Flor Santana, camilitha cullen, Leah De Call, beakis, almacullenmasen, Vanina Iliana, Robaddict18, Naara Selene, cary, viridianahernandez1656, kaja0507, lunadragneel15, carlita16, Mayraargo25, Ana karina, ConiLizzy, valem00, Adrianacarrera, jupy, MARDELY, bbluelilas, CazaDragones, Smedina, MakarenaL, Iza, Dominic Muoz Leiva, Adriu, somas, catableu, Valentina Paez, Desi 81, Cris, Coni, Fallen Dark Angel 07, joabruno, Elizabeth Marie Cullen, Karensiux, esme575, Pameva, Pancardo, Twilightsecretlove, ari kimi, ELIZABETH, krisr0405, Brenda Cullenn, Tata XOXO, Kamile Pattz-Cullen, GabySS501, Roxy Morales, Vanina iliana, Ceci Machin, sool21, Damaris14, patymdn, Lys92, Maris Portena, llucena928, Tereyasha Mooz, debynoe12, zeron97, jackierys, JMMA, kathlenayala, Jocelyn, Fernanda javiera, Vero Morales, NarMaVeg, magic love ice 123, Rose Hernandez, Santa, indii93, saraipineda44, Lore562, BreezeCullenSwan, Noriitha, morales13roxy, KRISS95, jenni317, Brenda naser, Gladys Nilda, Markeniris, caritofornasier, Yoliki, Diana, Angel twilighter, Chiqui Covet, viridianaconticruz , ale173, Coni, Melany, Rero96, dana masen cullen, maribel hernandez cullen, twilightter, luisita, stella mino, Ana, Liz Vidal, sollpz1305, dan-lp, Ivette marmolejo, calia19, barbya95, Eli mMsen, DanitLuna, rjnavajas, AnabellaCS, Elmi, LoreVab, rosycanul10, NaNYs SANZ, Bell Cullen Hall, sheep0294, Salve-el-atun, Mss Brightside, LarissaRG, CCar, Valevalverde57, ELLIana11, valentinadelafuente, cavendano13, Belli swan dwyer, SeguidoradeChile, freedom2604, alyssag19, Liliana Macias, morenita88, Lu40, BellsCullen8, Pam Malfoy Black y Guest, espero volver a leerlas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, no tienen idea del impacto que tienen sus palabras para mí, así como su entusiasmo, de verdad gracias

Recuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verán

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Cariños para todas

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