NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS
¡Hola a todos! ¿cómo están? edité este capítulo lo más rápido que pude, ya que las cosas se pondrán más interesantes aún (si es que antes no lo estaban) aquí regresamos a Naboo y quedarán más claros los dos frentes de esta historia, porque Ruwee Naberrie tiene un as bajo su manga.
GRACIAS a MichelleAlloy y a ichigo urahara Shihoin por sus lindos comentarios.
¡disfruten!
Capítulo 8
Los Clones en Naboo
Los días bajo el sol regresarán
Tenemos que creer, así como otros lo hacen
Que los días en el sol
Volverán a brillar a pesar de todo
Ni siquiera la propia Reina Kamila era capaz de mostrarse tranquila, no cuando había un pelotón de clones frente a ella en la Sala del Trono del Palacio.
—Disculpe, quiero ver su entendí bien—dijo la reina, mirando al teniente del pelotón—¿Desea hacer una investigación en nuestro planeta?
—Tenemos órdenes de hacer una investigación en este planeta—corrigió el teniente, dejándole en claro que no estaba pidiendo permiso—Nuestra nave interceptó la que aparentemente era la nave de nuestro General, saliendo de Naboo, y regresando a este mismo planeta varias horas después.
—Desconozco la manera en que eso pudo ser posible—continuó la reina—Nadie aquí, ni en la Galaxia, sabe quién es su general, teniente.
—Es por eso que precisamos saber los detalles en que esto ocurrió.
—Teniente, ustedes no vendrían hasta aquí solo para revisar eso, deben tener alguna especie de teoría, ¿no es cierto?
—No es de su incumbencia, majestad.
El rostro de la reina se tensó, desde que había sido electa para el cargo su más grande pendiente fue mantener a raya la corrupción interna del Palacio. No estaba acostumbrada a tener que tomar este tipo de decisiones tan drásticas, teniendo frente a ella a personas que no la respetaban en absoluto.
—Están en la Sala del Trono de Naboo—dijo Palo—Se dirigirán a la reina con más respeto.
Kamila miró a Palo de reojo, agradeciendo que el maquillaje ceremonial ocultaba sus gestos más sutiles; hasta ese día Palo había sido un Delegado del Palacio bastante normal, verlo mostrar su carácter en una situación que se salía de lo habitual hacía que lo mirara con nuevos ojos.
—Estamos aquí por puro formalismo para hacerle saber a la reina que procederemos con esta investigación—continuó el teniente, con voz áspera.
—Ustedes…
—Está bien, Delegado Palo—habló Kamila—Teniente, no interferiré en su investigación, pero a cambio deseo que trabajen junto con el capitán de mi guardia, el Capitán Typho.
El aludido miró a la reina vacilante, los clones se miraron entre ellos.
—Negativo, no podemos permitir que su guardia interfiere con nuestros métodos.
—No lo hará, el Capitán Typho tendrá órdenes de ayudarlos—agregó Kamila—Verán, si esa nave salió y regresó a Naboo, entonces mi pueblo puede estar en peligro. Dependiendo lo que ustedes descubran, mi capitán y yo tomaremos las medidas necesarias para que Naboo no se vea perjudicado.
—Esto deberá hablarlo con mi Comandante, majestad.
—Que así sea.
Kamila se sintió orgullosa de que su voz no sonara tan asustada como realmente se encontraba, sabía que un movimiento en falso significaría un Destructor Estelar sobre la órbita de Naboo listo para atacar.
Ni siquiera antes de la Crisis de la República Naboo había contado con un ejército o con armas de alto nivel para defenderse. Solo las guardias, policías y armadas necesarias para mantener la seguridad dentro del planeta. Y en los últimos diez años, las tropas enlistadas en esos cuerpos oficiales habían disminuido considerablemente, pues sin aduanas había muy poco que vigilar.
La Reina Kamila, y todo su séquito, sabían que estaban a merced de los clones, pero ellos no tenían por qué saberlo.
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El comandante tenía un trato tan áspero como el teniente de los clones, pero Kamila ya se estaba acostumbrando a eso. Después de exponerle sus argumentos, y tras asegurarle que les ayudaría con la investigación, el comandante cedió a sus demandas y en ese instante se formó un Comité para averiguar qué había ocurrido en la casona abandonada cerca del País de los Lagos.
El Comité estaba conformado por los clones, e incluía al Capitán Typho, a Ruwee Naberrie y a Palo Andelerrie; éstos últimos tres como representantes del Palacio para asegurar la investigación y proteger al pueblo de Naboo, al menos en teoría. En la práctica, Typho tenía que asegurarse de que los clones no perjudicaran la seguridad de la población, Ruwee usaría todos sus recursos para encontrar a Padmé, y Palo movería los hilos para beneficiarse de este embrollo.
La Reina Kamila estaba nerviosa y sumamente estresada, pero ocultaba todo gracias al maquillaje ceremonial y los exagerados vestidos de gala. Toda esta situación era totalmente nueva para ella, y no tenía ningún antecedente del cual ayudarse.
En los últimos momentos de la República, la Reina Apaillana fue una brillante política que consiguió mantener a Naboo a salvo de todas las intrigas y problemas galácticos, ganándose el aprecio del pueblo. Cuando el Bloqueo empezó, Apaillana invirtió muchos recursos en encontrar maneras de evadirlo para poder ponerse en contacto con los Mundos del Núcleo, para ayudar a sus compatriotas a volver a casa, y también se decía que pretendía formar una Rebelión.
Cuando Kamila hizo su campaña, siempre habló de prometer un gobierno pacífico y el aislamiento de los demás sistemas para así mantener la paz. El pueblo estaba cansado y moralmente devastado por la caída de la República, así que fue fácil ganarse sus votos. Después de ser electa reina, Kamila recibió la corona en privado de la depuesta reina Apaillana, quien no la apoyaba en lo más mínimo.
—Si te importara un poco nuestro mundo, sabrías que debemos estar preparados—había dicho Apaillana—Pero será la Diosa quien juzgue tu egoísmo, no yo.
La exreina se retiró a su casa privada en las montañas, alejándose totalmente de la vida pública.
Ya en el trono, Kamila se aseguró de cumplir sus promesas de campaña, administrando todos los recursos internos de Naboo con el mejor cuidado posible para que la población se sintiera satisfecha, y controlando la corrupción del palacio a su conveniencia. Al inicio, muchos políticos la despreciaron, diciendo que al lado de Apaillana ella no era ni la mitad de sabia, inteligente o capaz. Pero diez años aislados del resto de la galaxia hicieron que el pueblo de Naboo se volviera complaciente, y Kamila había conseguido amasar un enorme poder dentro del palacio gracias a esa paz artificial.
La Reina Kamila llevaba casi diez años gobernando un mundo aislado y virtualmente pacífico, sin mayores problemas que las intrigas palaciegas o la burocracia regional. Nunca tuvo que atender embajadores, administrar aduanas, asegurar la seguridad del planeta, dialogar con senadores, atender juntas de comercio o del Senado… nunca tuvo que afianzar su autoridad sobre personas que no la respetaban, sobre mundos que miraban a Naboo de soslayo, hacer que un grupo de políticos extranjeros se interesara en sus problemas o ganarse la confianza o aprobación de personas que no conocía.
Carecía de la experiencia y del tacto para saber tomar decisiones rápidas en situaciones difíciles, y estaba muy consciente de eso. También sabía que la reina Apaillana seguramente podría darle un consejo o dos, pero no acudiría a ella ni muerta, no le daría la satisfacción de hacerle ver que tuvo razón. Lo cierto era que, Kamila y todos los políticos que la rodeaban, carecían de las virtudes necesarias para liderar a Naboo en tiempos difíciles, demasiado adiestrados por la superficial paz que trajo el bloqueo.
Ahora que los clones estaban en Theed, la menor indecisión, el más mínimo error, sería la perdición para Naboo. Y Kamila estaba convencida de que no sería bajo su reinado cuando el pueblo de Naboo conociera la desgracia absoluta.
Cualquiera que fuera el costo a pagar para garantizar la seguridad del planeta –y su reputación– ella lo pagaría sin problemas.
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Darren y Sola estaban sentados al lado de la cama en donde Pooja seguía comiendo, una enfermera revisando los aparatos que monitoreaban los signos vitales de la niña.
—¿Todo en orden?—preguntó Sola.
—Sí, señora Naberrie, todo está en orden.
La enfermera salió y Pooja se despidió de ella ondeando su mano vigorosamente, luego regresó a comer su pudín de chocolate. No era el mejor, siendo comida de hospital, pero tenía demasiada hambre para quejarse.
Poco después de que Darren y Sola llegaron al hospital, con su inconsciente hija en brazos, Pooja comenzó a despertar. Los médicos le hicieron diferentes estudios, y hasta ahora, todo indicaba que no tenía ninguna herida física, pero lo más extraño era que Pooja no recordaba absolutamente nada.
El último recuerdo de Pooja era haber estado jugando a las escondidas con Ryoo y decidir ocultarse dentro de la nave familiar, después, había despertado confundida en una sala de hospital con sus padres prontos a un ataque de pánico.
Sola miraba a su hija analizadoramente, ¿por qué no recordaba nada? Eso no tenía sentido, Pooja podría ser pequeña pero no era nada despistada y tenía una memoria excepcional. Algo debió haber pasado, y considerando que aún no tenían ninguna pista de dónde estaba Padmé, para Sola ambas cosas debían estar relacionadas.
La puerta de la habitación se abrió, Jobal y Ryoo entraron con enormes sonrisas de alivio cuando comprobaron que Pooja estaba bien, los bordes de sus labios cubiertos de pudín de chocolate.
—¡Ahí está mi niña!—dijo Jobal, corriendo para abrazar a su nieta—¿Cómo estás, mi amor? ¿No te asustaste?
—¿De qué, abuelita?—inquirió Pooja.
—Del espacio exterior, desde luego.
—¿Es cierto que es muy frío?—preguntó Ryoo a su hermanita.
Pooja las miró con el ceño fruncido, luego miró a sus papás.
—No entiendo, mami.
—Está bien, encanto—Darren se paró al lado de su hija y acarició su cabeza—Termina tu pudín.
—Mamá, Pooja no recuerda nada del viaje al espacio exterior—susurró Sola a Jobal, intentando que las niñas no oyera nada—Es como si nada hubiera pasado.
Jobal ensanchó los ojos, alejándose de la cama de Pooja para poder hablar con más libertad.
—¿Qué? ¿Se habrá dado un golpe en la cabeza?
—Los médicos ya la revisaron y dijeron que está perfectamente—Sola se cruzó de brazos, mirando a sus dos hijas interactuar.
—Eso no tiene sentido.
—No, sé que no, y tampoco tiene sentido que Padmé no estuviera en la nave cuando regresó.
Ante la mención de su hija menor, Jobal sintió sus labios temblar, había llorado ya varias ocasiones a escondidas de su familia y no quería romperse en este momento, frente a sus nietas.
—¿Tu padre ha encontrado algo?—preguntó.
—A mí no me ha hablado, ¿y a ti?
—Tampoco.
En ese momento tocaron la puerta, Sola dijo un fuerte "pase" pensando que sería una enfermera o su padre, pero su corazón dio un brinco de susto cuando vio a un grupo de clones armados en el umbral.
—¿Señora Sola Naberrie, madre de la menor llamada Pooja Naberrie?—preguntó un clon.
Darren se puso al lado de su esposa de manera protectora, mientras Jobal abrazaba a Ryoo y agarraba la mano de Pooja.
El miedo inicial de Sola cedió al enfado cuando comprendió que los dichosos clones tenían el descaro de pisar suelo de Naboo.
—¿Qué hacen aquí?—espetó Sola—¿Qué quieren?
El teniente no se inmutó por el tono hosco de la mujer, todos los clones sabían que eran detestados por los ciudadanos.
—Hemos sido comisionados por nuestro Comandante para hacer una investigación sobre la nave clase ejecutiva que salió y regresó a Naboo hace unas horas—dijo el teniente de los clones—Contamos con el apoyo de la Reina Kamila. Tenemos entendido que la menor, llamada Pooja Naberrie, iba a bordo de esa nave.
—No pienso mencionar nada hasta que no tenga un abogado presente—respondió Sola.
—Solo haremos unas peguntas, señora.
—Ustedes no…
—Está bien, Sola—dijo Ruwee, entrando a la habitación—No harán nada.
—¡Papá!
—Ruwee, ¿qué pasa aquí?
El patriarca Naberrie miró a su familia, y luego a los clones detrás de él, preguntándose cómo es que su vida dio este espiral en apenas un par de días.
—Los clones nos ayudarán con la investigación, Jobal—respondió a su esposa, parándose a su lado para abrazarla por los hombros.
—¿Enserio?—Sola los miró recelosa—¿Y qué quieren a cambio?
—Cálmate hija, necesitamos toda la ayuda posible si tu hermana sigue en algún lugar del espacio profundo.
—Solo haremos un par de preguntas, señora Naberrie—dijo el teniente de los clones, entrando a la habitación y parándose frente a una asustada Pooja—¿Eres tú Pooja Naberrie?
La niña asintió, su abuela le apretó la mano y su madre se paró a su lado, acariciándole el cabello.
—¿Qué edad tienes?
—Cuatro años.
—¿Cómo llegaste a la nave clase ejecutiva?
—No lo sé, señor.
—¿Recuerdas haber estado en esa nave?
—No, señor.
—¿Recuerdas qué le pasó a su tía en la nave?
—No.
El teniente miró a otro clon, y escucharon a pesar de sus máscaras que suspiraron.
—¿Cuál es el diagnóstico de la niña?—preguntó a la madre.
—Los médicos dicen que está bien, pero parece tener amnesia.
—Revisaremos los registros médicos. Volveremos mañana para continuar las entrevistas, que se mejoren.
Los clones salieron, dejando a la familia aún más asustada que antes. Darren abrazó a su hija y Ryoo se sentó al lado de su hermana en la cama, mientras Pooja hacía un puchero por su confusión.
Ruwee no pudo más, cuando vio esa escena frente a él supo que no tenía otra opción. Había postergado lo inevitable, pensando que las cosas se solucionarían, pero su hija menor estaba perdida nadie sabía dónde, y los clones rondando en Naboo eran un augurio aún peor.
Suspirando, sacó su comunicador y mandó un mensaje a una frecuencia que hubiera deseado nunca tener que usar.
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Al día siguiente, los clones regresaron, volvieron a hacerle preguntas a Pooja pero ella seguía sin responder nada. Después, entrevistaron por separado a Darren y a Sola, quienes habían estado en la casona abandonada, y tras corroborar que decían la misma información se fueron de la facilidad médica murmurando unos agradecimientos muy precarios.
Ruwee había seguido muy de cerca toda la investigación, pero esa tarde se quedó con su familia y se aseguró de que los clones estuvieran muy lejos para cuando apareció otro hombre en la facilidad médica, entrando a la habitación de Pooja sin siquiera tocar.
—Disculpen esta irrupción—se disculpó—No es habitual que lo haga, solo fueron las circunstancias.
—¿Ahora qué quieren?—preguntó Sola con desesperación—¿Eres del Palacio, o de la comisaría? ¿qué más ocupan de mi pobre hija?
Pooja estaba dormida, así que intentó no hablar muy fuerte.
—Sola, él es un muy viejo amigo mío—dijo Ruwee, mirando al hombre con expresión cautelosa—Él nos ayudará.
—¿Qué tan viejo amigo?
—De otra época, señorita—dijo el hombre.
—Es un fugitivo para los clones, así que ellos no deben verlo nunca—agregó Ruwee—Pero se arriesgó a venir aquí porque creemos saber por qué Pooja no recuerda nada.
—¿Puedo?
El hombre señaló a la niña, Sola miró a su padre, y cuando Ruwee asintió, ella le dio su permiso al extraño de pararse al lado de Pooja y colocar una mano sobre su cabeza. Darren y Sola se agarraron las manos con nerviosismo, pero Pooja siguió dormida, y el extraño hizo una mueca.
—Es como me lo temía, Ruwee—dijo el hombre—Alguien usó la Fuerza para borrarle la memoria.
—¿Fuerza?—Jobal frunció el ceño—¡Oh no, Ruwee, dime que no lo hiciste!
—No tenía otra opción—respondió él con una mueca resignada.
—¿Te das cuenta de lo que significa esto?—aunque contenía su voz, Jobal se veía enfurecida—¿Del enorme riesgo en que nos has metido?
—Desde luego que sí, pero no sabemos dónde está Padmé y quien sea que la tenga cautiva, es sensible a la Fuerza.
—¿Ahora insinúas que Padmé está secuestrada?—murmuró Sola—¿Y de qué Fuerza estás hablando, y cómo pudo eso borrarle la memoria a mi hija?
—Con entrenamiento, las personas sensibles a la Fuerza son capaces de manipular la mente de las personas, mientras más inocentes más sencillo—el hombre se alejó de Pooja—Ella no recordará nada por su cuenta.
—¿Y hay manera en la que tú puedas hacer que recuerde?—preguntó Ruwee.
—Quizá, pero sería doloroso y no sabemos qué cosas podría haber olvidado esta pequeña, no creo que debamos correr ese riesgo.
—Esperen un momento, ¿están diciendo que le lavaron el cerebro a mi hija de cuatro años?—dijo Darren—¿Y tú como sabes eso?
—Soy sensible a la Fuerza, reconozco las marcas que la Fuerza deja en el cerebro.
—Papá ¿quién demonios es ésta persona?
—Disculpen mi poca educación—dijo el hombre—Me llamo Obi-Wan Kenobi, y en otro tiempo, fui un Jedi. Espero poder ayudarlos.
Los Naberrie miraron al susodicho con un nuevo miedo surgiendo en su interior.
Oh, ahora no solo eran clones, sino que también había Jedi involucrados… Fuerza, ciertamente nada podía empeorar ya.
Canción del capítulo: "Days in the sun" (días de sol) de la película La Bella y la Bestia 2017 (traducción hecha por mí)
Eso es todo por ahora... ¿y bien? ¿les ha gustado?
Primero que nada, claro que Obi-Wan iba a salir aquí, su protagonismo será más adelante, pero ya verán cómo se adecuará este personaje en la dinámica de los Naberrie, y también su historia con Vader.
Y pues ya salieron problemas con la reina, los clones tienen su propia agenda y Pooja no recuerda absolutamente nada. Espero les guste el ritmo que está tomando este fic, en el próximo capítulo regresamos al Executor c: ¡saludos y besos a todos!
