Gaara 9
—Nadie hable—Sakura es quien susurra, apenas alzando la voz para que sólo las personas que estamos cerca de ella podamos escucharla.
Todos estamos tensos, Rock Lee parece conocer artes marciales, a juzgar por la pose que ha adoptado. No me sorprende, es Rock Lee, después de todo, alguien que siempre se dedicó a desarrollar el taijutsu.
—No se muevan —dice Lee, acercándose a mí con un teaser en mano, yo volteo a ver a Matsuri y a Tenten, ella parece entenderme al instante, a pesar de que no he dicho nada y niega con la cabeza; Lee no posee ningún poder o recuerdo de la vida anterior, eso me alivia, aunque sé que no debo subestimarlo, la última vez que lo hice, no terminó bien.
De pronto, con una velocidad increíble, observo como Lee corre hacia Sakura, apenas he logrado parpadear cuando le veo desaparecer y coger a la peli rosa por el cuello, tratando de descubrir su rostro, así que actúo con su misma rapidez y hago que mi arena se interponga entre ambos, separándolos con fuerza, debo admitir que se siente increíble tener mis poderes de vuelta, pero no he medido la intensidad de mi poder, lanzando lejos a ambos. Sakura cae al suelo, a unos metros, mientras Lee se da contra una pared.
Tenten corre a auxiliar a Sakura y Matsuri me mira, parece un poco enojada, o preocupada, no lo sé, yo sólo me mantengo alerta a la batalla.
Lee me mira sorprendido, se nota que no vino venir algo tan increíble como lo que acabo de hacer.
—No sé qué clase de truco barato fue eso, pero no me asustan —dice sonriendo, mientras se pone de pie—. Defenderé este museo con toda mi fuerza.
Tenten y Sakura se alejan juntas, las veo de reojo, la peli rosa está cojeando, ¿mi arena la lastimó? No, no tengo tiempo para pensar en eso ahora.
—Salgan, pronto, el pasillo hacia la salida trasera está libre —escucho la voz de Hinata, pero yo todavía mantengo la vista fija en el enemigo.
—Vayan, yo detendré a Lee —le susurro a las chicas.
Las chicas son las primeras en alejarse, Tenten carga a Sakura, ya que ésta no logra caminar correctamente, entonces veo que Lee vuelve a moverse a esa increíble velocidad, dispuesto a ir por las dos. Alzo mi mano para detenerlo, pero, esta vez, la arena no me responde, así que Matsuri da un salto y patea a Lee en el estómago, lanzándolo a unos metros. Tenten aprovecha ese momento y se pierda de nuestras vistas. Lee no las sigue.
—Los otros guardias se han dividido en grupos de dos, Tenten, te diré por dónde salir —indica Hinata, aunque ya no puedo ver a las otras dos.
—Vaya… tú también tienes trucos —le dice Lee a Matsuri, mostrando una enorme sonrisa, parece emocionado—. Pensé que nunca tendría verdaderos oponentes, pero he pasado mi vida entrenando —esta vez su sonrisa no sólo es de emoción, sino que está confiado—. ¡Y no me vencerán! —termina de hablar.
Lee se dirige a Matsuri, vuelvo a tratar de controlar la arena y ahora funciona, deteniendo su patada a pocos centímetros de darle, pero él no se rinde fácilmente y, apoyando sus manos sobre el piso, da un giro sobre sí mismo, como si fuese un trompo, conectando otra parada que mi arena bloquea a duras penas, pues tiene demasiada fuerza.
Realmente me enfurece ver que sólo ataca a Matsuri, comienzo a sentir que algo está creciendo dentro de mí, una emoción nada buena, que me hace querer actuar como un monstruo. Alzo mi mano y la arena forma una especie de cápsula alrededor de Matsuri, protegiéndola de los ataques de Lee.
—Muy astuto —dice Lee, luego de dar un puñetazo que ni siquiera logra hacer un mínimo rasguño. Sonríe nuevamente y voltea a verme, parece que por fin piensa atacarme, así que se lanza contra mí.
Da una feroz patada que mi arena detiene como si nada, pero él no deja ni un segundo de margen para volver a atacar.
—Nunca caigo dos veces en el mismo truco —dice, desapareciendo por completo de mi vista, dejándome sorprendido, de pronto, siento que me da una patada en los tobillos y me lanza al suelo, la arena no me protegió de forma automática, ya que todavía no poseo el control absoluto de ella, por lo mismo, pierdo el manejo por un instante, desprotegiendo a Matsuri.
Lee voltea nuevamente hacia ella, con su teaser en mano, se lanza para darle un choque eléctrico, pero Matsuri lo esquiva. Me levanto del suelo, estoy furioso, mi mano tiembla cuando intento reunir la arena que está esparcida por el suelo, pero antes de que llegue, Lee vuelve hacia mí y me da una patada en el estómago, volviendo a arrojarme al suelo.
Ahora sí que estoy enojado.
Justo cuando me pongo de pie, veo que Matsuri ataca a Lee por la espalda, amarrando sus pies con… ¿es el Jōhyō? Ella da un tirón y Lee cae al suelo, dándose de bruces. Ahora es mi única oportunidad, todo a mi alrededor desaparece y sólo puedo sentir el instinto asesino que crece y me envuelve, como una nube negra que se instala justo frente a mí.
La sonrisa aparece en mi rostro, mientras la arena se junta sobre el pobre incauto de Lee, dejándolo enterrado; sólo bastan un par de segundos para destruirlo por completo.
—¡Ataúd de…
—¡NO! —escucho la voz de Matsuri y abro los ojos con sorpresa, ¿qué demonios estaba a punto de hacer?
Miro a Matsuri, ella luce seria, pero parece que no se ha dado cuenta de lo que me sucedió hace un instante, ella no ha notado que, por un segundo, volví a ser aquel Gaara, el monstruo, el asesino. Detengo mi puño que está a punto de cerrarse, evitando matar a Lee, en cambio, sólo aplaudo y la arena al instante se solidifica sobre el chico, dejándolo atrapado, sin escapatoria.
—¿Cómo salimos? —le pregunto a Hinata, susurrando a través del micrófono.
—Los guardias van hacia allá, salgan por la puerta principal, los veremos en la avenida principal cruzando el parque —escucho a Hinata responder.
Matsuri y yo asentimos con la cabeza y salimos corriendo de allí al instante.
—¡Déjame salir! ¡Déjame salir! —grita Lee, pero le ignoro, obviamente, no puedo dejarlo salir.
Corremos sin detenernos hacia la salida y luego hacia el parque, una vez que siento que estamos a salvo, llamo nuevamente a la arena hacia mí, la cual se guarda dentro de la calabaza que ahora cuelga de mi espalda.
—¿Lo soltaste? —me pregunta Matsuri.
—Claro… cómo les explicaría a los otros guardias que un montón de arena lo estaba aplastando —respondo, ligeramente divertido, seguramente va a parecer un loco para los demás guardias.
Matsuri y yo dejamos la plática y nos damos prisa en alcanzar la avenida, en donde las chicas nos esperan con el auto. Nos subimos de inmediato y Tenten conduce hacia la mansión Hyûga, mientras yo reduzco el tamaño de la calabaza para que no de problemas al estar dentro. Una vez lejos, nos quitamos los pasamontañas y nos quedamos en completo silencio.
—Bueno —dice Sakura, rompiendo el tenso ambiente con una sonrisa—. Yo creo que fue todo un éxito, si consideramos que hace cientos de años no hacíamos una misión.
Hinata ríe.
—Misión completada.
Matsuri y Tenten también ríen, pero yo, aunque dejo salir una ligera mueca, me siento un poco inquieto. ¿Qué fue lo que me sucedió allá? Por un momento… por un instante, en serio pensé en matar a Rock Lee.
Tenten y Hinata se quedan en la mansión, deben regresar el auto antes de que el padre de Hinata sepa que ha salido tan tarde con él. Ya hemos ido a dejar a Matsuri a su casa y yo me quedo a solas con Sakura, quien continúa cojeando, mientras la acerco al paradero de taxis.
—Lo lamento —le digo, ayudándola a caminar, ella me mira sin comprender, así que continúo—. No medí mi fuerza y te lastimé, no fue algo intencional, sin embargo, realmente lo lamento.
La chica me sonríe, negando con la cabeza.
—Está bien, no sucede nada —contesta, a pesar de que parece que se aguanta el dolor—. Pero, Gaara-san… —me llama, yo la observo con intriga, su expresión es bastante seria—. La mirada en tus ojos… no sé si sólo yo lo noté, porque una vez también la vi, pero… me dio escalofríos…
Mis ojos se abren ligeramente, lo recuerdo, recuerdo el día en que la ataqué y la encerré con mi arena durante la última prueba de los exámenes chûnin, recuerdo que estuve a punto de matarla, que en ese momento nada me importaba, más que sentirme vivo al tomar las vidas de otros.
—Entiendo… —respondo, deteniendo mis pasos al llegar al paradero.
Sakura se va a su casa en un taxi y yo me quedo sentado un rato, a solas, sin saber qué hacer. ¿Tal vez tener de vuelta mis poderes me ha regresado la sed de sangre? Nada de esto tiene sentido.
Esa noche no logro dormir, después de volver al colegio, por primera vez en mucho tiempo, me quedo despierto toda la noche, inquieto, sin poder dejar de pensar.
Los noticieros no paran de hablar sobre el robo al museo, durante toda la semana lo han hecho, todos puntualizan el hecho de que no haya pistas y, lo más increíble, que los ladrones eran sólo adolescentes, algo que declaró Lee a las autoridades. Yo he tenido que mantener la calabaza reducida en su tamaño, escondida en mi habitación, pero procurando que mis dos compañeros de cuarto no la vean.
He estado yendo todas las tardes, después de clases, a entrenar con la arena, pero algo no está bien, por más que lo intento, ésta no me responde completamente, como pasó en el museo, a veces funciona y puedo moldearla a mi antojo, pero es lenta, como si le costara acostumbrarse a mí.
¿Qué está pasando?
El martes y miércoles sucede lo mismo, me paso la tarde completa entrenando, apenas y he respondido los mensajes de Matsuri, sé que debe estar preocupada, pero realmente no quiero verla… tengo miedo de hacerle daño.
Lo que me sucedió mientras estaba luchando contra Rock Lee y el modo en que lastimé a Sakura, ninguna de esas cosas es algo normal, no podría perdonarme si le hago daño a Matsuri, por eso, mientras no pueda controlarlo, es preferible que esté lejos de mí, incluso si muero por estar a su lado.
Cuando llega el viernes, salgo de la escuela y me dirijo en bus a la bahía de Tokio, necesito un ligar completamente alejado para practicar con calma y sé de muchas playas escondidas por la zona, además, aún no es temporada de bañistas, por lo que seguramente habrá poca gente por los alrededores. Apenas le he enviado un mensaje a Matsuri después de las clases, me cuenta que Kankuro invitó a casa a su novia Sari, a cenar con mis padres; por supuesto que lo sé, también me invitaron, incluso mamá me dijo que invite a Matsuri, pero no… no es momento, Sasori puede aparecer en cualquier instante y todavía no logro completo control de mi arena.
—Aquí debería estar bien —digo, soltando el bolso que he traído conmigo, en donde llevo escondida la "encogida" calabaza. Estoy vistiendo ropa deportiva, pensé que sería más cómodo así, por lo que me siento como indio sobre la arena.
La calabaza responde a mi llamado y, de la misma forma que sucedió en el museo, ésta se desintegra y luego vuelve a aparecer en mi espalda. Toda la semana he estado tratando de mover la arena por la fuerza, olvidando lo que primero me hizo conectarme con ella; el deseo de proteger, de cuidar a Matsuri, de estar junto a ella. Ese pensamiento me permitió sentir que la energía fluía a través de mi cuerpo, que la arena y yo éramos uno solo, que somos uno solo.
Empiezo a sentirlo nuevamente, mientras todo a mi alrededor comienza a volverse invisible, ni siquiera el sonido de las olas perturba mi concentración, pues éste pronto deja de escucharse. El viento que hasta hace unos segundos acariciaba mi rostro, también desaparece, no puedo sentir nada, no hay nada más que la arena y yo. Justo ahí, cuando mi conexión es total, cuando todo a mi alrededor es oscuro, abro los ojos y noto algo que me deja perplejo.
Frente a mis ojos, ahí sentado, sonriendo sádicamente, puedo verme a mí mismo.
—¿Qué? —murmuro, confuso. El Gaara que me mira tiene los ojos totalmente negros, sus pupilas no se distinguen del iris, ni mucho menos del resto del ojo. Éste está viéndome fijamente, sus dientes blancos parecen como si me fuesen a morder.
—Al fin vienes, "yo" —me dice sarcástico—. He estado esperándote desde el momento en que recuperaste tus poderes.
Mi ceño se frunce, su voz es idéntica a la mía, pero su tono es algo áspero, siniestro, no lo sé.
—¿Quién demonios eres tú? —cuestiono, molesto.
Él se carcajea frente a mí, ¿acaso lo que acabo de preguntar es tan divertido?
—¿Es que no lo sabes? —responde con otra pregunta—. Yo soy tú, tú eres yo, ambos somos lo mismo —me explica, alzando su mano derecha, en donde puedo ver sus uñas negras y puntiagudas, como garras de animal, con las cuales se hace un corte en el brazo izquierdo y, para mi sorpresa, siento dolor en la misma zona, así que me observo y me doy cuenta de que mi brazo está cortado y sangrando.
—¿Cómo puede ser?
—La arena no te responde como esperas, ¿no? —dice mi otro yo, ese yo malvado, con una imagen distorsionada de mí, yo no digo nada, sólo le escucho—. Sientes deseos de matar cuando la utilizas, de ver sangre, de que la sangre alimente tu arena…
—¡Cállate! —exclamo, sus palabras me están haciendo hervir por dentro, no puedo soportarlas.
—¿Tantas ganas tienes de matar? —continúa riéndose con ese cinismo que me saca de quicio—. ¿Quieres recordar lo que se siente tomar la vida de otros? Ver como lentamente se va apagando, desvaneciéndose, ¿no es acaso la mejor sensación?
Me llevo las manos a la cabeza, tapándome los oídos, no quiero seguir oyendo.
—¿Qué se sentirá destrozar el pequeño y frágil cuerpo de esa chica? —se burla el otro Gaara, aún sentado, sin moverse—. Ella ni siquiera sabría qué es lo que la mató, sólo bastarían unos segundos, ¿no quieres intentarlo?
—Cállate…
—Vamos, yo sé que quieres destruir a Matsuri…
—¡Que te calles! —grito lleno de ira, poniéndome de pie de golpe, para luego alzar mi mano y rodear el cuerpo de mi otro yo con la arena, envolviéndolo en una caparazón de arena dura, mi puño se cierra lentamente, con dificultad, como si estuviera apretando algo invisible—. ¡Ataúd del desierto! —exclamo al tiempo que cierro por completo la mano, oyendo el sonido de los huesos tronar.
Sonrío para mí mismo.
—Eres gracioso —abro los ojos con sorpresa cuando escucho que él me habla, observando con terror como la arena parece explotar a su alrededor, alejándose de él y rodeándome a mí. Ésta comienza a subir desde mis pies, abrazando todo mi cuerpo, hasta que deja solamente mi cabeza afuera.
El Gaara negro se levanta del suelo y camina hacia mí, no lo había notado, pero está usando las antiguas ropas del Kazekage, aunque no tiene puesta la túnica, sí lleva el sombrero que dice "quinto Kazekage" en kanjis, además, puedo ver que la cicatriz de su frente está completa, no como la mía.
—Realmente te has convertido en un inútil, Gaara —me dice, mirándome con esa espantosa sonrisa sedienta de sangre—. ¿Sólo vas a vivir negando lo que en verdad eres? Porque has nacido en un mundo mejor, un mundo donde todo es fácil, donde tienes a tu familia, crees que ahora lo mereces todo, ¿no?
Puedo sentir que la arena comienza a apretarse más contra mí, ¿voy a morir víctima de mi propia técnica? Esto es tan paradójico.
—Déjame ir —exijo, mirándole desafiante, a pesar de que me asusta, todavía quiero enfrentarlo.
—Yo no estoy haciendo nada —responde, apartándome el cabello de la frente, en donde están los vestigios de mi antigua cicatriz—. El único que está acabando contigo eres tú mismo, por no aceptar lo que eres.
—¿Lo que soy? —hablo con dificultad, la arena está cada vez más cerrada, puedo sentirla asfixiándome, quitándome el aire, ¿es esto lo que sintieron todos aquellos a los que alguna vez maté?
—Eres un monstruo, Gaara —dice él, fríamente—. Un asesino al que sólo le importa ganar, es lo que eres, lo que siempre fuiste. No creas que, por haber nacido en este mundo, dejarás de ser la misma escoria.
Él tiene razón, es lo que soy, es lo que siempre fui.
—Sí… —respondo, bajando la mirada todo lo que puedo, al estar encerrado entre mi propia arena, no es mucha mi movilidad—. Soy un monstruo, un demonio, lo soy —añado, notando que mi otro yo ensancha su sonrisa—. Pero no sólo soy eso —al oírme, la sonrisa de él se borra, se pone serio—. No soy solamente un asesino, también soy un protector, un hombre que vive para sus seres queridos, cometí errores en el pasado y, por lo mismo, no pienso cometerlos ahora, no volvería a hacerlo jamás, quiero vivir una vida feliz, junto a mis seres queridos, quiero dejar atrás el sufrimiento y el dolor, eso es lo que realmente deseo.
—Ya veo…
El otro Gaara mira al suelo, sólo puedo notar la sombra que cubre sus ojos, entonces, la arena que me presionaba se aleja lentamente, volviendo a formar parte de la calabaza de mi espalda. Cuando ese Gaara vuelve a verme, esta vez es como yo, está sonriendo, sus ojos son como los míos, es mi reflejo exacto.
—Me alegra que, al final de todo, te hayas perdonado a ti mismo, Gaara —lo miro sin entender del todo, ¿perdonarme a mí mismo?
Abro mis ojos con sorpresa, es ahí cuando lo entiendo, todo este tiempo, desde el inicio, ese otro Gaara siempre había sido yo intentando castigarme, era mi miedo, tratando de mostrarme lo que alguna vez fui, lo que ya no quiero volver a ser, era por eso que no podía conectarme del todo con la arena, por el temor de volver a ser un asesino.
—Gracias —susurro, dibujando una leve sonrisa.
El otro Gaara me corresponde la sonrisa, destruyéndose en miles de partículas de arena que se abalanzan contra mí, yendo hacia mi frente, en donde mi cicatriz en forma de kanji recupera su antigua forma, causándome dolor, pero lo soporto. Cuando abro mis ojos, estoy de regreso en la playa, traigo puesta mi antigua ropa ninja, la que estaba usando mi alter ego y, además, siento el ardor en mi frente. Me llevo una mano al lugar y puedo sentir la sangre correr, no es mucha, pero impregna mis dedos; mi cicatriz está de vuelta.
—Estoy de regreso —digo para mí mismo, poniéndome de pie.
De pronto, escucho el sonido de mi celular, lo saco del bolso que sigue tirado a mi lado y veo que se trata de Matsuri, también me doy cuenta de que tengo otras cuatro llamadas perdidas de ella.
—¿Qué pasa, Matsu? —le pregunto.
—¡ESTÁ EN TU CASA! —le oigo gritar del otro lado, desesperada—. SASORI, ¡voy hacia allá! —mis ojos se abren como platos, ¿ese bastardo está en mi casa, con mi familia? Y todavía Matsuri se atreve a ir sola.
—No, no, no entres sola… ya voy —le digo apresurado, dándome cuenta con desesperación que estoy en la bahía, a dos horas del centro de la ciudad.
¡Maldita sea!
—Voy hacia allá —oigo decir a Matsuri, antes de que corte la llamada.
Joder, joder, joder.
No sé qué hacer, es imposible que logre llegar ahí antes de que Sasori los mate a todos, incluso si ahora puedo usar todo mi poder, yo…
Ahora puedo usar todo mi poder. ¡Es cierto!
—Muy bien, hagamos esto —me digo, cerrando los ojos, han pasado, literalmente, cientos de años desde la última vez que utilicé esta técnica y me cuesta un par de minutos moldear el chakra suficiente, pero lo consigo finalmente, mi cuerpo se desintegra en granos de arena que vuelan con el viento, es la técnica con la que solía transportarme a distintos lugares.
Cuando aparezco nuevamente, estoy justo frente a mi casa, tiro la mochila a un lado como si no importara y miro por la ventana algo que me sorprende enormemente, es Sasori, está de pie frente a mi hermana, quién está amarrada a una silla, amordazada, junto a Kankuro y a Sari, aunque no encuentro a mis padres. Sin embargo, no es eso lo que me ha sorprendido, sino el hecho de que una sombra está sujetando fuertemente a Sasori, impidiendo que le haga daño a Temari.
—Ese bastardo de Shikamaru, sabía que podía recordarlo todo —murmuro para mí mismo, sonriente, sólo entonces, dirijo mi arena hacia el maldito pelirrojo, rodeando su cuerpo con facilidad, la arena ahora es tan ligera como una pluma.
Me lanzo hacia el interior de mi casa, noto que mis padres están desmayados en el suelo y mis hermanos están sorprendidos al verme llegar.
—¡Gaara! —Matsuri corre hacia mí, yo me paro delante de ella, sin apartar la vista de Sasori, que trata de liberarse de la sombra y de mi arena, veo a Shikamaru parado junto a la puerta, luce un poco cansado, supongo que su control no es perfecto.
—¿No te hizo nada? —le pregunto a la castaña, mirándola de reojo, ella niega con la cabeza.
—No, llegaste en el momento justo —contesta, observando a mis hermanos y a su amiga, Sari está llorando, es evidente que está aterrorizada, incluso Kankuro está muerto de miedo, puedo darme cuenta de ello—. Tenemos que alejarnos de aquí, Gaara, o todos correrán peligro —dice en voz baja.
Asiento con la cabeza, ella tiene razón.
—Así que por fin estás aquí —escucho hablar a Sasori, a pesar de que no puede moverse, todavía puede utilizar esa sucia boca—. Le estaba contando a tu esposa cómo fue que murieron sus hijos, también estaba admirando a tu familia —con una sonrisa demoniaca, mira a mi hermana Temari, la cual parece temblar de terror—. Es una lástima que ahora sólo sean unos debiluchos, incluso tu padre, el cuarto Kazekage —ahora mira a mi padre, que sigue inconsciente—. Cayó de un solo golpe, qué decepcionante.
—Cállate ya, jodido imbécil —digo de mala gana, ahora puedo recordar lo mucho que me cabreaba la palabrería de este tipo en el pasado—. ¿Todo lo que sabes hacer es hablar y hablar?
—También sé hacer otras cosas —contesta, moviendo ligeramente el dedo meñique, cuyo hilo de chakra conectado a su marioneta, manda la orden de atacarme con infinidad de cuchillos.
Mis hermanos y Sari abren mucho los ojos al creer que vamos a morir, pero la arena me protege a mí y a Matsuri sin que siquiera yo se lo ordene, ahora estamos totalmente conectados, no hay nada ni nadie que pueda romper eso.
—Supongo que has recuperado todos tus poderes —observo de reojo que la técnica de Shikamaru se suelta, aprovechando ese preciso instante para arrojar a Sasori por la ventana con la mayor fuerza posible, hacia el cielo, el vidrio se rompe y él va a parar tan arriba, que pronto se pierde de nuestras vistas.
—¡Chicos! —Matsuri corre hacia mis hermanos y su amiga, Shikamaru respira agitado, yo solo me quedo ahí, viendo como mi novia los libera de las mordazas y los desata, Shikamaru se acerca a mi hermana y la abraza, ella está confundida.
—¿Qué carajo está pasando? —Kankuro es el primero en hablar, está aterrado, pero no duda en abrazar a Sari, la cual está llorando—. Gaara, ¿quién es ese tipo? ¿Por qué quería que vinieras y nos hizo esto?
—¿Qué es eso de Kazekage? —esta vez pregunta Temari, yo los miro a ambos con desazón, no quería que se enteraran de todo eso, realmente no lo quería, ¿por qué tenía que venir por ellos y no por mí? Claro, para hacerme sufrir.
Mi sangre hierve, estoy seguro de que voy a romperle todo a ese infeliz.
—No hay tiempo para explicaciones —respondo, mirando hacia el cielo, Sasori viene de regreso—. Tengo que alejarlo lo más que pueda de aquí, me lo llevaré a donde no pueda dañar a nadie.
—Gaara —me llama Matsuri, tomando mi mano, nos estamos quedando sin tiempo—. No puedes ir solo, te matará, todavía no controlas bien la arena.
Le muestro una sonrisa confiada, puede que tenga razón, pero quiero que ella piense que todo va a estar bien, incluso si no es así.
—Todo saldrá bien, puedo hacerlo, Matsuri —me suelto de su agarre y pego un salto bestial, desapareciendo de la vista de todos.
Me dirijo al encuentro con Sasori, pienso usar la misma técnica de antes para transportarnos a la bahía, en donde tendré la ventaja por terreno.
—¡Así que vienes con todo, Kazekage! —me grita Sasori, que luce extremadamente emocionado, quizás porque cree que me va a matar, que por fin se va a vengar de mí, pero no pienso dejarlo.
—¡Vas a morir, Sasori! —le respondo, dirigiendo la arena hacia él, para atraparlo.
Pero justo en el momento en que activo la técnica, siento que alguien toma mi mano, miro hacia mi costado, sorprendido.
—No pienso dejarte ir solo —me dice Matsuri, justo en el instante en que nuestros dos cuerpos se desintegran en partículas de arena, también el cuerpo de Sasori, que ha sido atrapado.
Los tres nos movemos hacia el campo de batalla.
...
Ahhh, eso estuvo intenso, ok no xD
¡Hola! ¿Cómo están? Como pueden ver, ya estamos por terminar esta historia TT ¿qué les ha parecido hasta ahora? ¿Qué esperan para el final? Jajaja, espero que les haya gustado.
Nos vemos el próximo jueves para el último capítulo, no se olviden de pasar por la parte 9 de GSMatsuri para conocer la historia completa.
¡Nos vemos!
