Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de Stephanie Meyer y la historia es de Priscilla West - Trilogía Entregarse – Libro 3

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CAPITULO 14 EPÍLOGO

—Auch.

—Ay, lo siento —dije.

—Está bien. Solo intenta no ejercer demasiada presión allí —dijo Edward.

Apartó el brazo de debajo de mí y lo acaricié suavemente. Le habían quitado el yeso hacía un mes, pero a veces todavía le dolía. Además de haberse quebrado los pulgares, Edward se había fracturado el antebrazo en la pelea con James.

A James lo habían procesado y estaba encerrado. A pesar de que necesitara ayuda seriamente, fue gracias a sus actos malintencionados que Edward y yo estábamos más unidos. No me alegraba lo que le había pasado a James, pero sabía que finalmente podría obtener la ayuda que necesitaba en prisión.

La luz del sol entraba a la deriva a través de las persianas traslúcidas e iluminaba las motitas de polvo que flotaban en el aire. Edward me sonrió, con los ojos todavía entrecerrados por el sueño. Estábamos en su apartamento de Nueva York que ocupaba todo el último piso. Aunque hubiese preferido la tranquilidad de su isla, Edward insistió en que estuviéramos en Manhattan para estar cerca del Hospital Presbiteriano de Nueva York. Me dijo que tenía la mejor unidad de atención neonatal del mundo.

Salté de nuevo al presente y Edward me observaba con un aire sugestivo en el rostro. Tenía el pene afuera y con él rozaba mi entrada.

—Espera, ¿no te estás olvidando de algo? —bromeé. Acarició con el mentón uno de los lados de mi rostro.

—¿Como qué?

El vello ligero del mentón, que me frotaba contra el rostro, hacía que fuera difícil no soltar unas risitas.

—Como un preservativo. Así es como llegamos hasta aquí en primer lugar.

Edward me había propuesto matrimonio apenas salimos del hospital. Tuvimos muchas conversaciones serias mientras nos recuperábamos. De algún modo, a pesar de que iba en contra de la política del hospital, Edward hizo que nos pusieran en la misma habitación de recuperación. Tras los acontecimientos que habíamos atravesado, quedaba bastante claro que ambos queríamos criar un hijo juntos.

Alice nos había visitado algunas veces con Brady y Jasper. Me dio algunos consejos para hacer que el embarazo transcurriera sin contratiempos y yo valoraba el tiempo que pasaba con ella. Quería saber el sexo del bebé, pero ni siquiera nosotros lo sabíamos: queríamos que fuera una sorpresa. Ansiaba llamar a Alice "cuñada".

Edward levantó la cabeza y me sonrió desde arriba.

—Pero me gusta donde estamos ahora.

—¿No te preocupa cómo cambiarán nuestras vidas con un bebé en escena?

Se sostuvo con el otro brazo la cabeza levantada, su expresión se volvió seria.

—Estoy emocionado. De hecho, acabaré adentro tuyo y haremos gemelos.

Yo me reí.

—Odio pincharte la burbuja pero no funciona así.

—Quizás sea improbable, pero ya vencimos las probabilidades antes. —Edward me besó el vientre redondo antes de apoyar un lado de la cabeza sobre mi pecho.

—¿Entonces vas a romper las reglas de la biología ahora?

Me impulsé para levantarme hasta que quedé apoyada contra el cabecero. Edward se movió e hizo una mueca al llevar el peso al brazo lastimado.

—Tal vez, cuando recupere toda mi fuerza, lo intentemos.

Después de hablarlo en el hospital, decidimos que lo mejor sería que dejara mi trabajo en Waterbridge-Howser y que ayudara a Edward a administrar su patrimonio hasta que diera a luz. Dada la manera en la que se habían desarrollado los acontecimientos en Waterbridge-Howser, habría estado forzada a irme tarde o temprano y siempre tendría que estar a la expectativa sabiendo que Richard estaría atento a lo que yo hiciera.

Nuestro plan era que Edward me ayudaría a constituir mi propia empresa de gestión patrimonial más adelante. Al principio no estaba segura, pero él me había convencido de que tenía todas las destrezas que necesitaba y él tenía todas las conexiones para establecerme. Edward comenzó a delegar mucho de su trabajo para pasar más tiempo conmigo y como preparación para cuidar del bebé. También excluyó los aspectos más arriesgados de su amor por los deportes extremos, aunque todavía disfrutaba de surfear de vez en cuando.

Me había mudado del apartamento donde vivía con Tanya para ir a vivir con Edward. Ella había hecho algunos comentarios dignos de sonrojarse sobre el sexo durante el embarazo, pero estaba contentísima por nosotros e insistió en participar de la planificación de la boda.

Al final, había llamado a mis padres y los había invitado a la boda que tendría lugar seis meses después. Aún me resultaba difícil, pero parecieron felices por mí. No sabía si alguna vez tendría una relación cercana con ellos pero, al menos, todavía podían ser una pequeña parte de mi vida.

—Ya no te sientes tan invencible, ¿eh, Sr. Temerario? —Era agradable estar así, solamente holgazaneando y bromeando entre nosotros.

—Me siento excelente. ¿Cómo te sientes tú?

—No sé, quizás puedas hacer que me sienta mejor aún —le respondí sonriente.

—Insaciable. —Edward me besó y me hizo rodar para que quedara apoyada sobre la espalda—. Esa es la mujer que amo.

—Lo que quiere el corazón es lo que quiere el corazón...

Resultó que Edward tenía razón después de todo. Todo aquello que vale la pena se obtiene arriesgándose. Corrí el riesgo en un bar de Sudáfrica con arañas letales. Corrí el riesgo de salir con Edward cuando podría haberme costado mi trabajo. Y corrí el riesgo de confiar en Edward, el Sr. Problemas a Primera Vista, cuando temía que nada bueno pudiera resultar de ello.

Edward me sostuvo firmemente y me relajé en sus brazos al tiempo que dos, mejor dicho, tres corazones latían juntos. Todo lo que mi corazón alguna vez deseó, estaba justo allí conmigo.

FIN

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Gracias por los comentarios.