DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a bicyclesarecool. Yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)

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Capítulo 8

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I laugh like me again, she laughs like you

(hozier)

8.

Edward llega un domingo por la mañana buscando a Bella, llamándola a través de las estrechas escaleras hacia su recámara.

—¿Entraste así como si nada hasta acá? —se queja, intentando pretender que no está usando una pijama rota.

—Mm-hmm. ¿Tienes un traje de baño?

—¿Qué? —Aún está medio dormida y ¿por qué él está tan alegre?

—Un traje de baño, ¿tienes uno?

—Definitivamente no —le dice Bella, cruzando los brazos por encima de su pecho, aunque piensa que su madre terminó comprándole uno en algún punto durante los últimos meses.

—Siento que estás mintiendo —dice con una sonrisa burlona—. Te veo abajo.

Bella ni siquiera considera por qué le está preguntando eso, su cerebro aún está aturdido por el sueño y solo se preocupa por el hecho de que él le pidió algo.

Ciertamente, hay tres trajes de baño escondidos entre sus cajones. Desearía que uno de ellos fuera enterizo, pero elige un relativamente modesto bikini negro, avergonzada de no poder amarrar el top con su escayola. Su cita para, ojalá, removerlo no es hasta el miércoles y no sabe cuál es su plan. Bella se pone un suéter y leggings por encima y sostiene los tirantes de su traje con su mano buena.

—¿Has, um, visto a mi mamá? —le pregunta cuando baja. Él solo sacude la cabeza y su rostro se enciende cuando explica—: No puedo amarrar el top.

—Oh —dice él—. Ven aquí.

En el instante en que sus dedos rozan su piel, la invaden los escalofríos, incluso aunque sus manos son cálidas.

En un intento por no explotar espontáneamente, Bella suelta:

—No puedo nadar con esta escayola. Me ahogaré.

Es como una cubeta de agua fría en el instante en el que lo piensa. El mero pensamiento del agua helada apresurándose a su alrededor es suficiente para hacerla jadear y separarse de él demasiado rápido, enviándola al suelo. Él maldice entre dientes mientras se estira por ella y falla, en su lugar arrodillándose frente a su tembloroso ser.

—Oye, oye, está bien —dice suavemente, la preocupación adornando cada parte de su rostro. Ella trata de enfocarse en él, en la forma en la que sus cejas se juntan, como sus manos se sienten en su codo, cálidas incluso a través de la tela de su suéter, y lenta pero segura, su respiración regresa a ella.

Y se siente humillada.

—Oh por Dios. —Trata de gemir, pero sale más como un jadeo.

—No quise...

—¡No lo hiciste! No causaste nada, me refiero. Soy yo… yo solo… me asusté por un segundo. Lo siento, lo siento tanto.

Él le da una mirada que le dice que deje de disculparse, y luego la ayuda a incorporarse. Las lágrimas queman detrás de sus ojos porque Jesucristo es tan jodidamente torpe.

—Iba a llevarte al centro comunitario —dice lentamente, con los ojos aún ensanchados—. Mi amigo Jasper es salvavidas ahí. Él puede dejarnos entrar antes de que abran.

Ella lo mira, las mejillas aún encendidas, y él sonríe, cambiando de táctica.

—Tienen una piscina para niños, sabes.

A pesar de todo, Bella comienza a reír, a reír de verdad hasta que está llorando, porque él está tratando de llevarla a una piscina infantil y ella casi tiene un ataque de pánico por ¿qué, dos metros de agua? ¿En un ambiente controlado?

—Está a menos de un kilómetro de distancia. Podemos caminar —añade mientras ella se calma—. Si quieres ir.

Ella sacude la cabeza. Ya ha estado en un auto con él y estaba segura. Él sabe los detalles de su accidente. Él la conoce mejor que nadie más en el mundo. La sensación de darse cuenta de eso se queda en su pecho y le da una sonrisa acuosa.

—Solo si no me empujas.

Lo dice como un chiste, pero la forma en la que la mira a los ojos dice que no es nada más que completamente serio cuando le dice:

—Nunca lo haría.


Bella había estado en una piscina una sola vez, cuando era muy pequeña y sus padres la llevaron a un parque acuático a las afueras de Tacoma. Recuerda que le gustaron los toboganes, pero su papá le dijo que la alberca de olas era totalmente mala.

—Vivimos en un mundo con olas reales. ¿Por qué querrías sentarte en una tina de agua llena de orina con un millón de personas más?

Había crecido nadando en el estanque cerca de la casa de Jacob y corriendo a través de las olas de la playa de La Push. Solía amar lo salvaje que se sentía, la fuerza que era el agua. Sin embargo, ahora, ni siquiera puede soportar mirarla.

El amigo de Edward, Jasper, es demasiado alto, casi como si su cuerpo no estuviera acostumbrado a la altura y Bella se pregunta acerca de su centro de gravedad mientras los guía a través de la, aún oscura, recepción. Los domingos, el centro está cerrado hasta la tarde, pero Jasper tiene un juego de llaves. Los pueblos pequeños son tan confiados.

La sala de la piscina principal es cálida, el olor del cloro es tan fuerte que quema la nariz de Bella. Está silencioso, con excepción del ruido de los filtros y el ocasional splash del agua contra los lados de la piscina.

Jasper bosteza y dice:

—No se ahoguen, tomaré una siesta antes de que abramos. Tengo una jodida resaca.

Edward choca su puño con el de él, diciéndole:

—Gracias, hombre.

Cuando están solos, Bella jalonea el borde de su suéter mientras Edward se quita los zapatos, sonriéndole. Cuando se quita la playera, siente como si fuera a morir ahí mismo, haciendo su mejor esfuerzo para mirar hacia cualquier lado excepto su pecho desnudo. Su cuerpo está manchado con moretones de trabajar en el hotel, y del borde de su traje de baño se ve una cicatriz, subiendo por su muslo. Luce fuerte, aunque no está segura si es del béisbol, del trabajo duro o ambos. Él es solamente planos duros y piel con defectos y hace que su boca se seque.

Es solo cuando él se gira y salta hacia la piscina que puede tomar un respiro, y mientras él perezosamente se desliza por el agua, ella se desviste. Ya no está cubierta en sus propios moretones, pero tiene nuevas cicatrices por todo su costado que intenta ocultar con su escayola. Para la mayoría no necesitó puntadas, pero aún están rosas y abultadas y feas.

Cuando la ve, él traga con fuerza y mira hacia otro lado mientras ella se sienta al borde de la piscina, sus pies colgando en la calidez del agua. Él sonríe cuando llega a ella, y sacude su mojado cabello.

—La piscina de niños está por allá si la necesitas. Tienen un tobogán y todo eso.

Le gusta que él esté bromeando con ella y no la trate con delicadeza. Aunque, odia que él no se acerque a más de un metro de ella, y que sus ojos parecen estar pegados a cualquier otra cosa excepto ella en este momento.

Patea su pierna de forma que él quede salpicado de agua en el rostro.

—Tienes suerte de tener esa escayola o si no sería tu fin. —Él se ríe, conformándose con salpicarle agua en el rostro. Está tan cerca ahora, más cerca de lo que alguna vez ha estado, y se sigue moviendo hacia ella, hasta que su pecho está contra sus rodillas y su estómago cae ante el contacto, incluso aunque él no le esté arrojando agua. Él se acerca más, sus ojos viajando por la curvatura de su hombro, hacia su cuello. Ella está parpadeando contra el agua y tratando de mantener su respiración normal cuando de repente, él está retrocediendo, desapareciendo en el agua, solo para volver a aparecer del otro lado de la piscina.

Mira los músculos de su espalda flexionarse mientras se impulsa para salir de la piscina, estirándose hacia un contenedor cerca de la piscina para niños y regresando al agua con una pelota de trapo. La remoja y luego estira su brazo hacia atrás, y cuando la arroja, cae en el agua a un metro de ella.

Arquea una ceja, enterrando ese sentimiento de orgullo que quiere salir a la superficie, y le dice:

—Pensé que se suponía que eras bueno en esto.

Ella toma la pelota antes de que él llegue y usa su brazo bueno para lanzarla en su dirección. Por la siguiente hora, juegan con la pelota, e incluso aunque la escayola de Bella se moja un poco, realmente se divierte.

En el agua.

Mientras se marchan, felices y riendo, Edward pregunta:

—¿A la misma hora la siguiente semana?

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Lo bueno: estuve cerca del agua y no morí.

Lo malo: aún estoy tan, tan asustada.


Deberían de darnos un sticker de: "Sobreviví la catástrofe de Fanfiction 2020", jajaja.

Los capítulo pueden verse sin problemas en el navegador, pero avísenme por aquí o por Facebook si ustedes pueden verlo sin problema ;)

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