Por Severus_divides_into_H

Traducción de Levimakesmecry

.・:。ೋ ೋ.•:。


Capítulo seis: Hilos y Cadenas. Parte 2


Cuando se volvieron a ver, fue durante el desayuno, y aunque todavía no habían tenido la oportunidad de hablar, Tom aún estaba radiante de felicidad. Brillaba a su alrededor como una corona, iluminando su rostro y haciéndolo engañosamente inocente, y Harry halló a su concentración siendo atraída cada minuto. Era incapaz concentrarse en nada más; Tom se robó su atención, eclipsando al resto del mundo, así que cuando todos terminaron de comer, el plato de Harry seguía lleno.

Avergonzado, se apresuró a engullir una salchicha, pensando de mala gana en Ron y sus hábitos alimenticios. Verlo comer nunca había sido agradable, pero sus métodos eran efectivos en situaciones como esta, así que, ¿por qué no? No es como si Hermione estuviera cerca como para lanzarle una mirada de reproche.

Cuando Harry finalmente terminó de masticar, se atrevió a mirar hacia arriba de nuevo antes de retroceder inmediatamente con sorpresa.Tom estaba de pie junto a él, con una pequeña sonrisa indulgente en sus labios.

―Eso se vio aún peor que cuando comes en casa por las mañanas. ―comentó, y Harry farfulló.

―Como bien en casa ―protestó automáticamente―. Al menos lo hago cuando no estás tratando de hacer estallar comida en mi cara.

―Esa excusa ya no funciona.No he hecho nada parecido en años.

―Entonces, supongo que he estado haciendo platos autocombustibles por accidente.

Tom se rió suavemente antes de inclinarse hacia adelante y poner su mano sobre el brazo de Harry. El toque fue ligero, pero los dedos lo envolvieron posesivamente, y con un sobresalto, Harry recordó dónde estaban.

En el Gran Comedor. Desayunando. Con toda la escuela mirándolos, desde estudiantes hasta maestros y Merlín sabía quién. No estaban en casa, esta no era su cocina, y Tom acababa de acercarse a él y demostrar un nivel inaceptable de familiaridad sólo para establecer públicamente su conexión, para demostrar que estaba en términos amistosos con un nuevo profesor.

¿Le había preocupado que alguien se diera cuenta de que no había desayunado hace un momento? Escuchar una conferencia sobre salud alimenticia de repente se había convertido en una perspectiva muy atractiva.

―Si no lo sueltas, te maldeciré. ―Harry siseó tan silenciosamente como pudo, pero Tom sólo levantó una ceja sumamente poco impresionada.

―¿Maldecir estudiantes en tu primer día? Qué poco profesional de su parte.

Si tanta gente no los estuviera mirando en este momento, Harry con gusto le habría enviado un hechizo leve, pero hacer esto sería diez veces peor de lo que ya había sucedido. Tom tenía razón, no se le podía ver maldiciendo a los estudiantes, incluso, o quizás especialmente, a aquellos con los que compartía una conexión personal.

Bueno, siempre podría devolvérsela más tarde.

A juzgar por cómo Tom entrecerró los ojos con sospecha, el mismo pensamiento había entrado en su cabeza. Sonriendo, Harry se puso de pie y finalmente lo obligó a quitar la mano.

―Vuelva a su mesa, Señor Slytherin ―dijo a la ligera―. Lo veré en la lección de hoy.

―Espero con ansias a que llegue. ―Tom murmuró, un familiar destello diabólico en sus ojos. Ya estaba calculando con qué podría responder Harry y planeando sus propios contraataques, y una cálida ola de emoción se elevó en el pecho de Harry, enviando un latido de alegría a través de él.

No meses vacíos de ahora en adelante. No más días sin sentido gastados en la frustración y el anhelo: ahora podía cuidar de Tom constantemente, haciendo exactamente las mismas cosas que hacían en casa.

Tratando de contener su estúpida sonrisa, Harry lanzó una mirada casual a los otros profesores y vaciló.

Ninguno de ellos lucia divertido. Algunos estaban desconcertados; otros, como Dippet, fruncían el ceño en confusión, y Dumbledore lo miraba con una fuerte desaprobación grabada en cada línea de su rostro.

La felicidad se atenuó y Harry se dio la vuelta, caminando hacia la salida y esperando no verse tan consternado como se sentía.

Este fue un mal comienzo. Dumbledore lo había traído aquí para ser una figura de autoridad, para asegurar un control más estricto sobre las acciones de Tom. En cambio, Harry se permitió relajarse y reaccionar burlonamente a un claro desafío a su posición. Independientemente de su relación fuera de Hogwarts, no se le podía ver dándole a Tom libertades que otros tenían prohibido. Los juegos de poder no eran aceptables, especialmente cuando se jugaban tan abiertamente. Tendría que tener más cuidado.

También tendría que hacer que Tom se comportara, pero esto no era tan difícil o imposible como alguien como Dumbledore podría pensar.

Tom lo quería aquí. Eso significaba que estaría dispuesto a aceptar cualquier compromiso para que Harry se quedara. Quizás la primera mañana había sido desastrosa para su reputación, pero aún había tiempo de sobra para cambiar eso.

Comenzaría con la primera lección.

• • • •

Afortunadamente, las cosas empezaron a mejorar casi de inmediato: sus primeros estudiantes estaban contentos con él, Harry podía decir eso con certeza. Respondieron a sus preguntas con entusiasmo e incluso parecían reacios a irse, que era más de lo que podía pedir.

Después de dos lecciones exitosas, la preocupación se desvaneció y el recuerdo de las críticas sin voz de sus colegas dejó de picar tanto. El almuerzo transcurrió en paz, así que cuando llegó el momento de la lección de Tom, su estado de ánimo volvió a brillar.

Enseñar a Gryffindors y Slytherins juntos siempre le había parecido una elección muy extraña para Harry, pero para su sorpresa, el grupo que llegó parecía llevarse bastante bien. No es que todos estuvieran charlando amistosamente, pero tampoco había la hostilidad que pudiera recordar de sus propias clases. Excedió la mayor parte de sus esperanzas provisorias.

Tom, como se esperaba, ocupó su lugar en la primera fila, y Harry le sonrió antes de que pudiera detenerse.

De acuerdo, quizás todavía tenía que esforzarse por recordarse su lugar. Pero no había pensado que esto sería fácil, ¿verdad? Aprender a trazar una línea profesional en estas circunstancias iba a llevar tiempo, e iba a hacer todo lo posible, incluso si Tom se negaba ser de ayuda.

Harry esperó hasta que todos se calmaran antes de aclararse la garganta.

―Hola ―los saludó.Por alguna razón, hablar con estos estudiantes fue más difícil que con sus clases sin Tom―. Mi nombre es Harry Potter. Es poco probable que hayan oído hablar de mí antes, pero he pasado años practicando defensa contra las artes oscuras. Hay mucho que podría enseñarles y, con su cooperación, estoy seguro de que seremos capaces de superar lo que la junta escolar espera de los estudiantes de su edad a finales de este año.

Harry estaba completamente preparado para interceptar las burlas o las sonrisas escépticas en respuesta a sus palabras. Sabía que parecía mucho más joven que otros profesores; más que eso, prácticamente no tenía reputación en este momento, por lo que era natural que sus estudiantes tuvieran dudas.

Sin embargo, para su sorpresa, no hubo nada. Los Gryffindors lo miraban con abierta curiosidad mientras los rostros de Slytherins permanecían congelados en cortés inexpresividad. Sin muecas, sin poner los ojos en blanco, sin comentarios susurrados, sin nada, nada de nadie.

¿Eh? Había habido algunas burlas e insatisfacción incluso entre los Ravenclaw y Hufflepuff al comienzo de sus lecciones. ¿Que Gryffindors y Slytherins estuvieran inmediatamente dispuestos a darle una oportunidad? Otra grata sorpresa. O quizás…

Los ojos de Harry se desviaron hacia Tom por un momento.

Quizás la exhibición de hoy durante el desayuno no se trataba de presumir de tener vínculos personales con un profesor. Tal vez Tom estaba planteando su reclamo de otra manera, dejando en claro que Harry era el que debía ser respetado por tener vínculos con él.

O podrían ser ambos. Después de todo, Tom era un Slytherin de principio a fin, y su protección era algo que Harry había presenciado varias veces, de múltiples formas. Hogwarts no sería una excepción.

Una ridícula oleada de cariño lo inundó, y con un esfuerzo, Harry se obligó a apartar la mirada.

―Todavía no conozco a ninguno de ustedes ―habló de nuevo, luego captó la mirada de Tom y se corrigió―. A casi ninguno de ustedes. Así que hoy vamos a cambiar eso. Esta lección será de naturaleza teórica, pero eventualmente, también tendremos muchas de práctica, así que no se preocupen por encemos con algunas preguntas. ¿Cuántos de ustedes han participado alguna vez en un duelo? Un entrenamiento o uno real, no importa.

De los dieciséis estudiantes, nueve levantaron la mano. Harry asintió con la cabeza en reconocimiento, ignorando cuidadosamente la forma en que Tom lo estaba mirando. Había aprendido la lección: llamar la atención de Tom significaba no poder concentrarse en nada más, lo que socavaría todos sus intentos de progresar y probarse como un maestro competente e imparcial.

―Para fines de este mes, todos ustedes tendrán experiencia práctica con los duelos. Pero primero, me gustaría aprender sobre su forma de pensar ―Harry caminó alrededor de su mesa y se apoyó en ella, observando su salón de clases―. Imagina que estás frente a tu oponente. ¿Cuál sería el primer hechizo que usarías?

La mano de Tom voló hacia arriba, la necesidad de ser elegido para una respuesta escrita tan crudamente en su rostro que Harry no pudo evitar pensar en Hermione. Un nudo repentino en su garganta hizo que su respiración se detuviera, pero tragó saliva, sacudiendo levemente la cabeza.

Durante su tiempo en Hogwarts, siempre había encontrado exasperante el frenético deseo de Hermione de responder a cada pregunta. Con Tom, la sensación fue la contraria.

Se sintió cálido.Se sintió complacido. Se sintió indulgente.Y ese era el problema, ¿no? Indulgencia. La incapacidad de evaluar a Tom y todo lo relacionado con él de manera racional.

Varios otros estudiantes también habían levantado la mano, pero los labios de Harry se movieron sin su permiso.

―¿Señor Slytherin?

Tom le sonrió, haciendo que el tonto corazón de Harry se hinchara reflejada felicidad.

―Expelliarmus ―dijo Tom con confianza―. Desarmar a un oponente lo más rápido posible es siempre la mejor estrategia en un duelo.

Harry parpadeó, inseguro de haberlo escuchado correctamente.

¿Expelliarmus? ¿De Verdad? Esto era algo que él elegiría, pero nunca sería la estrategia de Tom. Tom pensaba que Expelliarmus era uno de los hechizos más aburridos jamás inventados. La victoria rápida y sin sangre nunca le atraería, esto era algo que Harry se había visto obligado a aceptar hace mucho tiempo.

Tom le había dado una respuesta que pensó que Harry quería escuchar. ¿Se trataba de complacerlo? ¿O era un intento de ocultar y mostrar el tipo de moralidad que Harry sabía con certeza que Tom no poseía? Harry no encontraba las mentiras impresionantes. Especialmente cuando eran tan escandalosamente obvias.

―Muy bien ―dijo uniformemente, viendo cómo el brillo de alegría de Tom se desvanecía, convirtiéndose en un ceño fruncido―. ¿Alguien más?

Algunas personas volvieron a levantar la mano, aunque su número había disminuido, particularmente entre los Slytherin. ¿Qué, ellos también habían querido decir Expelliarmus? ¿Era el Hogwarts de estos tiempos realmente tan diferente al que Harry había conocido?

―Tú, por favor ―señaló a una Gryffindor rubia en la tercera fila―. ¿Señorita…?

―Caroline Williamson ―respondió la chica―. Usaría el encantamiento de invisibilidad en mí misma. Tomaría por sorpresa a mi oponente, lo que me daría más tiempo para idear una estrategia.

Harry asintió con aprobación, pero la voz burlona de Tom lo interrumpió antes de que pudiera decir nada.

―No hay tal encantamiento.

―Lo hay ―Williamson frunció el ceño―. Mis padres me lo contaron.

―O lo recordabas mal o ellos no sabían de qué estaban hablando ―respondió Tom con frialdad―. El encantamiento de invisibilidad puede hacer que un área desaparezca de la vista, no funciona en las personas de la manera que insinúas. ¿Quizás te refieras al hechizo de invisibilidad?

―¡Son la misma cosa!

―No, no lo son. ¿No entiendes la diferencia entre un encanto y un hechizo?

―Eso es suficiente ―dijo Harry bruscamente, enviando una mirada de advertencia en dirección a Tom. ¿Cómo pudo todo ir cuesta abajo tan rápido?―. Apoyo los debates, pero no dejare que se conviertan en disputas. Están aquí para aprender, y aprender significa cometer errores.

Los labios de Tom se crisparon en un claro deseo de hacer otra réplica venenosa, pero Harry le mandó una mirada, así que cruzó sus brazos contra su pecho, sin decir nada.

―Ahora, el Señor Slytherin tenía razón sobre la naturaleza del encanto que mencionó, señorita Williamson. Tu idea es innegablemente creativa, pero me temo que ni el encantamiento de invisibilidad ni el hechizo funcionarían aquí porque no se pueden lanzar sobre las personas. Un encantamiento de desilusión sería una mejor opción si quisieras usar tu forma contra tu oponente. ¿Alguien me puede decir qué características tiene?

Tom volvió a levantar la mano, pero a pesar de que el instinto de Harry lo instaba a elegirlo, trató de anularlo. Obviamente, no se podía confiar en su mente, por lo que tendría que establecer metas específicas y luego confiar en ellas.

Al final de esta hora, se aprendería cada nombre de cada estudiante. Quizás no los recordaría a todos todavía, pero hablaría con cada uno de ellos al menos una vez. Eso sería suficiente por hoy.

Cuando finalmente terminó la lección, la mayoría de los estudiantes parecían sonrojados por la emoción. Todos querían batirse en duelo lo antes posible, negándose a desanimarse incluso cuando Harry les advirtió que eso no sucedería de inmediato. La señorita Williamson, por el contrario, se veía muy apagada, pero había poco que Harry pudiera hacer para mejorar su primera impresión ahora.

¿Quizás debería haberle quitado puntos a Tom? Sus palabras habían sido un ataque, no un desacuerdo cortés. Por otro lado, no había dicho nada realmente ofensivo, y no es que no tuviera razón.

Los pensamientos de Harry se detuvieron cuando los últimos estudiantes abandonaron el salón, siendo Tom el único que se quedó atrás. En el momento en que se cerró la puerta, Tom se dio la vuelta para enfrentarlo, erizado de indignación.

―Te encanta Expelliarmus ―escupió―. ¿Por qué no te gustó mi respuesta?

―¿Porque fue una mentira? ―Harry deslizó sus dedos bajo sus lentes, frotándose los ojos con cansancio―. No te pregunté qué hechizo me gustaría. Te pregunté cuál usarías.

El bufido de Tom de alguna manera logró sonar ambos insultante y ofendido.

―¿Entonces hubieras preferido que nombrara una maldición oscura que rompería irreversiblemente las piernas de mi oponente?

―¿Qué? ―Harry se enderezó en alarma―. No.

―Pero eso es lo que usaría ―se burló Tom, su tono se volvió más desagradable―. Es efectivo y da una ventaja real en un duelo.

―No puedo creer que siquiera hayas pensado en decir algo como eso.Ese tipo de hechizo es-

―¿Qué, crudo? ¿Sádico? ¿Ofende tu sensibilidad? ¡Me criticas por mentir, pero tampoco te gusta escuchar la verdad!

―¡Es ilegal! ―Harry levantó la voz y Tom se calló milagrosamente. Bien. Podía ser tan corto de vista que a veces Harry no podía evitar preocuparse―. No me importa si rompes las piernas de tu enemigo real en un duelo de vida o muerte, ¡pero no puedes hablar de hechizos oscuros como este durante las lecciones donde todos pueden escucharte! Si alguien te denunciara, ¿qué crees que pasaría? Dippet probablemente me echaría por no denunciarlo personalmente, y definitivamente habrá preguntas que ninguno de nosotros podrá responder.

Tom reflexionó sobre ello, la tensión se fue desvaneciendo poco a poco, junto con la hostilidad que había estado emanando durante gran parte de la lección.

―Entonces, ¿qué querías que dijera? ―preguntó finalmente, más tranquilo esta vez.

―Cualquier cosa que no sea una mentira o un crimen ―Harry se empujó contra la mesa de nuevamente, cruzando las piernas―. Estoy seguro de que tu imaginación podría ayudarte a pensar en algo interesante. Algo que realmente podrías considerar usar; algo que asombraría a tus compañeros de clase y me impresionaría.

Un vergonzoso rubor recorrió el rostro de Tom. Frunció los labios con tanta fuerza que se convirtieron en una línea apenas perceptible, luciendo enojado y arrepentido al mismo tiempo. El deseo de retroceder en el tiempo, de dar una respuesta por la que Harry lo elogiaría salía de él en oleadas, tan palpables que era casi doloroso soportarlas.

―Sigues siendo el estudiante más inteligente de esta clase. ―dijo Harry, pero no pareció hacer que Tom se sintiera mejor; en todo caso, parecía incluso más hosco ahora, su expresión cada vez más oscura.

Bueno, había un método probado que nunca falló.

―Ven aquí. ―pronunció Harry, su voz se suavizó. La mirada que Tom le lanzó fue amarga, pero se movió de todos modos, aunque de mala gana.

Tan pronto como se acercó a la mesa, Harry abrió los brazos. Tom hizo una pausa, y luego caminó directamente hacia ellos, envolviendo sus propias manos alrededor del cuello de Harry con fuerza.

Terminando con la nariz presionada contra la garganta de Tom, Harry no pudo evitar respirar el familiar olor reconfortante, y el cansancio de hoy se desvaneció en un instante. Su pecho cantó con calidez, e inhaló de nuevo, enterrando su rostro en la piel de Tom instintivamente, registrando cómo Tom se estremeció e inmediatamente apretó su agarre, acercándose más.

" Te extrañé".Pensó Harry. La ternura lo llenó en exceso, dejando sus hormigueantes toques con cada suave presión a su corazón.

―Te extrañé ―susurró Tom, haciendo eco en voz alta―. Cuando te vi sentado allí, yo… era demasiado imposible para ser verdad. Pensé que podría estar viendo cosas. ¿Por qué no me dijiste que vendrías a trabajar aquí?

―Quería que fuera una sorpresa ―Harry trató de retroceder pero Tom se negó a soltarlo, así que se relajó de nuevo―. Y ver tu cara ciertamente valió la pena. No creo que alguna vez te hayas visto tan boquiabierto. Excepto quizás esa vez en la que ese coche que pasaba salpicó tierra por toda tu ropa.

Tom refunfuñó algo incoherente antes de apoyar la cabeza sobre la de Harry con un suspiro.

―Deberíamos establecer algunos límites. ―murmuró Harry, y sonrió cuando le siguió un gruñido de disgusto como era de esperar.

―¿Más límites?

―Estos serán sólo para la escuela y son para nuestro beneficio mutuo. Lo prometo.

Tom finalmente se apartó lo suficiente para mirarlo, aunque no se molestó en alejarse.

―¿Cuáles? ―preguntó. Sus mejillas ardían aún más brillantes, y Harry tocó una de ellas, divertido.

―Unos que se asegurarán de que no me despidan para el final de la semana. ―respondió, levantando las cejas cuando Tom simplemente se inclinó hacia su toque, cerrando los ojos. Tom siempre había sido muy táctil, al menos con él, pero esto era demasiado. Esta vez no habían estado separados ni por un día, no había nada que justificara este tipo de reacción.

―Oye ―Harry movió sus dedos hacia la barbilla de Tom, inclinándola con cuidado―. ¿Estás bien?

―Sí ―Tom abrió los ojos de nuevo, mirándolo un poco desenfocado―. ¿A qué límites te refieres?

―Los públicos. ―Vacilando brevemente, Harry comenzó a quitar su mano, pero Tom la atrapó antes de que pudiera bajarla, entrelazando sus dedos.

Bueno. Lo que sea que pasara, Tom necesitaba consuelo físico. Harry podría proporcionarlo.

―Lo que pasó hoy en el desayuno no puede volver a pasar ―dijo, mirando cómo Tom levantaba sus dedos entrelazados hacia su rostro, presionando su mejilla contra ellos distraídamente―. No se puede hacer alarde del hecho de que tenemos una relación personal frente a todos. No es profesional.

―Pero ya todos saben que eres mío.

Harry tragó un resoplido, inseguro si debería encontrar esto divertido o irritante. No es que la declaración de Tom fuera sorprendente.

―Sí, que es un problema en sí mismo ―explicó pacientemente―. Y cuando lo exhibes así, me hace parecer aún más poco profesional. No puedo ser visto complaciéndote más que a otros estudiantes. Entonces, si permito que te acerques a mí durante la cena y me toques, tendré que permitir que otros hagan lo mismo.

―¿Qué?―Como era de esperar, esto era algo que Tom entendió muy bien. Se enderezó rápidamente, el rubor finalmente desapareció de su rostro, reemplazado por alarma―. No.

―Entonces no lo vuelvas a hacer. No públicamente.

El disgusto brotó de Tom, la leve sensación de su magia ondeando en el aire.

―Bien ―dijo brevemente―. ¿Algo más?

―Tienes que entender que se aplicarán las mismas reglas durante las lecciones. No siempre puedo elegirte para que respondas a mis preguntas. No serás el único estudiante al que felicite, y si vuelves a hacer algo como lo que hiciste con la señorita Williamson, te quitaré puntos.

Tom se apartó, tan claramente indignado que Harry sintió una punzada de inquietud. No creía que tuvieran problemas reales el primer día, pero, de nuevo, con Tom, era imposible saberlo con certeza.

―¡Yo tenía razón!

―Fuiste grosero.

―Bueno, ella fue una idiota.

―Ella es una estudiante, tiene derecho a cometer errores. Tú también.

―¡No cometo errores, especialmente unos tan imbéciles!

―Tom. ―Harry se negó a levantar la voz, pero le puso el suficiente filo para marcar el final de esta conversación. Tom hizo una mueca, algo de frustración cruzó por su rostro antes de amaestrarla.

―Bien ―dijo de nuevo, aunque esta vez, fue con los dientes apretados―. ¿Eso es todo?

―Sí. ―Incluso si pudiera pensar en algunas reglas más, obviamente ahora no era el momento de discutirlas. La violencia descendía de Tom en oleadas, espesas y amargas; tenía que tener tiempo para calmarse antes de que pudieran continuar.

―Te veré en la cena, entonces. ―Tom se giró, apretando su bolso en sus manos. Pero al contrario de sus palabras, no se fue. Durante un rato, se mantuvo inmóvil, sin decir nada, y cuando volvió a mirar a Harry, una sonrisa sorprendentemente serena brilló en sus labios.

―Y me verás. ―dijo. Harry asintió con cautela, inseguro de lo que significaba además de lo obvio.

La aprensión tiró de él, instalándose en algún lugar bajo de su estómago, y permaneció allí mucho después de que Tom se fue.

• • • •

Después del extraño comportamiento de Tom, Harry estaba desconfiado de ir a cenar, pero sabía que no tenía ninguna posibilidad de escapar. Si no viniera, Tom podría decidir ir a buscarlo, y esto terminaría incluso peor que lo que fuera que estaba planeando.

Sin embargo, para su sorpresa, no pasó nada. Los ojos de Tom lo encontraron en el momento en que entró en el Gran Comedor, y aunque sonreía de una manera que no era del todo tranquilizadora, no hizo nada fuera de lo común. De hecho, cuando Harry tomó asiento, Tom levantó un grueso libro que sostenía, mostrándolo, como si demostrara que estaba ocupado.

Encogiéndose de hombros, Harry se centró en su comida.

La cena fue tranquila y aburrida. Los profesores a su lado seguían hablando de algo en voz baja, pero mientras en cualquier otra situación, Harry podría haberse sentido obligado a conocerse, estaba demasiado cansado para molestarse con eso ahora. Ya conocía a Dumbledore, Dippet y Slughorn. Eso era suficiente por un día.

Terminó antes que los demás, así que murmurando buenas noches, se puso de pie y caminó hacia la puerta, sólo para chocar con otro maestro que estaba entrando corriendo.

―Lo siento. ―dijo Harry automáticamente, moviéndose hacia un lado para dejarlo pasar, pero el hombre se quedó paralizado, mirándolo con los ojos muy abiertos y conmocionados.

―¡Tú! ―exhaló. Su rostro se volvió casi gris. Harry lo alcanzó con preocupación, pero el hombre retrocedió tan violentamente que por poco se cae.

Eso fue... Ni siquiera se habían conocido, ¿qué habría podido causar tal reacción?

Harry hizo una pausa cuando algo cambió en su memoria.

Ahora que lo pensaba, el hombre parecía un poco familiar. Quizás no de inmediato, no directamente, pero...

Oh. Este era el profesor de Adivinación de Tom. El que había hecho una predicción de muerte inútil y al que Tom había herido en su furia.

―¿Cómo están tus manos? ―Harry espetó antes de hacer una mueca de dolor y patearse mentalmente. De todas las cosas que decir, ¿cómo podría haber elegido esta?

El profesor tampoco pareció impresionado. En todo caso, se volvió más gris, y los primeros destellos de terror atravesaron su mirada, como si pensara que Harry le estaba gastando una broma maliciosa.

―Mira, no sé cuál es tu problema conmigo. ―siseó Harry.Con cuidado, miró hacia donde estaba sentado Tom y se encogió. Por supuesto que Tom ya los había visto. Incluso desde aquí, Harry podía ver cuán rígidamente tenso estaba, cuán fuertemente sus manos estaban agarrando el libro.Sus ojos estaban fijos en el profesor y, honestamente, era completamente insultante. ¿Tom pensó que Harry era incapaz de defenderse? ¡Era un profesor de DCAO! ¡Él era quien le había enseñado a Tom todo lo que sabía sobre los duelos!

Por otro lado, Tom parecía creer que Harry se marchitaría si alguien lo miraba mal, así que no se trataba de dudar de él, se trataba de que Tom fuera irrazonable y demasiado protector.

Pero Harry aún así no quería imaginar las posibles consecuencias si no resolvía este lío pronto. Y maldita sea, ni siquiera recordaba el nombre del hombre.

―¡No deberías estar aquí! ―el profesor levantó su dedo, señalando el pecho de Harry temblorosamente, y con el rabillo del ojo, Harry vio cómo Tom se ponía aún más rígido, medio levantándose de su lugar―. ¡Va contra las reglas!

El terror se retorció por dentro, infundiendo hielo en su sangre, pero con un esfuerzo, Harry lo derritió para recuperar la calma.

Trelawney había sido una de las pocas videntes reales. Dumbledore nunca había mencionado a nadie más, así que quienquiera que fuera esta persona, no podía saber nada con certeza. Tal vez sintió algo, pero las vagas sospechas no eran una amenaza para él, Harry sabía que podría lidiar con ellas si era necesario.

―Creo que ha habido un malentendido ―dijo con tanta amabilidad como pudo. Tenía que terminar esta conversación ahora, antes de que atrajeran la atención de todos―. Soy Harry Potter, el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Sé que tuviste un conflicto con Tom, pero espero que podamos dejarlo atrás. Ambos somos profesionales, ¿no?

Los labios del hombre se movieron, pero ningún sonido escapó.

―Bien ―Harry se obligó a reír, tratando de parecer tranquilo para que Tom se calmara y se sentara antes de hacer algo estúpido―. Te veré por ahí, entonces.

No hubo respuesta, por lo que se apresuró a salir del Gran Comedor, todavía perturbado, pero sobre todo aliviado.

Esto no había terminado, lo sabía, él y este hombre tendrían que volver a hablar en algún momento, pero al menos no sucedería hoy, y si Harry tuviera algo que decir, no sería en ningún lugar cerca de las inmediaciones de Tom.

Era algo bueno que Tom no tuviera idea de en qué habitación se estaba quedando porque Harry tampoco quería tener esta conversación con él. Justo ahora, todo lo que necesitaba era cambiarse de ropa y tirarse a la cama. Todo lo demás podía esperar.

• • • •

Explorar Hogwarts de nuevo se sintió como abrir un querido libro de la infancia. A pesar de que el tiempo era diferente, la mayoría de las cosas permanecieron exactamente igual, desde los pasillos torcidos y los ocupados fantasmas hasta las traviesas escaleras y retratos gruñones. Y la magia, la magia estaba en todas partes. Estaba en el impecable reflejo del cielo en el Gran Comedor, en las velas que flotaban en el aire, iluminando la escuela con miles de llamas. Estaba en los libros que intentaron escabullirse cuando Harry trató de tocarlos y en las lechuzas chillando que llevaban mensajes y exigían golosinas, autoritarias y terriblemente inteligentes.

Una nostalgia melancólica y dolorosa se acumuló en su corazón, y durante los descansos entre sus lecciones, Harry se encontró simplemente vagando por los pasillos, tocando las paredes y esperando estúpidamente que lo recordaran, pensando en cómo Ron y Hermione las tocarían en décadas, cómo sus risas llenarían los pasillos. Quizás, si todavía estuviera aquí en ese momento, alcanzaría a verlo. Sería capaz de enseñarles, verlos despreocupados y felices, sin preocuparse por la guerra y sus consecuencias mortales.

Este tren de pensamiento lo trajo inevitablemente de regreso a Tom, y pensar en Tom significaba recordar el tonto juego que estaban jugando en ese momento.

En retrospectiva, no era inteligente incitar a Tom a nada, pero a veces Harry simplemente no podía evitarlo. Todo comenzó con una pregunta predecible de "¿Dónde están tus habitaciones?" Harry sabía que tendría que responder tarde o temprano; quería que Tom pudiera encontrarlo en caso de emergencia, pero también esperaba retrasar este momento al menos unas semanas. Conocía a Tom, por lo que también conocía las solicitudes que inevitablemente haría, desde pasar un número cada vez mayor de horas en sus habitaciones hasta mudarse allí de forma permanente.De alguna manera, Harry dudaba que Dumbledore lo considerara normal, pero también dudaba de su propia capacidad para desterrar a Tom cuando fuera necesario, así que cuanto más tarde tuviera que lidiar con eso, mejor.

Tom, como era de esperar, no estaba encantado con que le negaran. La expresión de su rostro se estaba volviendo cada vez más oscura, y en un minuto de desesperación, Harry ofreció una de las ideas más estúpidas y menos pensadas que jamás había tenido.

―Si logras impresionarme lo suficiente como para hacerme olvidar el desastre que va a ser dejarte entrar a mis habitaciones, te lo diré. ―dijo. Al ver cómo una sonrisa arrogante comenzó a extenderse lentamente por los labios de Tom, instantáneamente entró en pánico. ¿Quién sabía lo que Tom entendía bajo la palabra "impresionar"? Harry no estaba interesado en que su salón de clases explotara o ver a sus estudiantes cambiar de miembro o cualquier otra cosa que se le ocurriera a la mente de Tom―. Profesionalmente ―se apresuró a agregar―. Ya que soy tu profesor de Defensa, ¿por qué no tratas de… de… acercarte a hurtadillas? Tómame por sorpresa.Sin usar hechizos ni pedir ayuda a otros.

La arrogancia se transformó en incredulidad.Harry no podía creer las tonterías que acababa de soltar él mismo, así que abrió la boca de nuevo para retirar la estúpida oferta cuando el rostro de Tom se iluminó de emoción.

―Acércarme a hurtadillas ―repitió―. Por supuesto. ¿Por qué no?

Harry todavía gimió al pensar en lo que habían dejado salir sus labios, pero ya era demasiado tarde. Parecía que Tom no se consideraba por encima de juegos infantiles, y trataba todo el asunto tan en serio como lo haría con una tarea real.

Lo que puso a Harry en una posición difícil de permanecer en vigilia todo el tiempo y tratar de ocultar lo que estaba sucediendo a los demás. Slughorn y Dumbledore ya lo estaban mirando como si pensaran que no estaba en sus cabales, y en este caso, Harry tenía que estar de acuerdo con ellos. Trató de parecer indiferente, pero sus ojos seguían rastreando a Tom con cautela, e inspeccionó cuidadosamente cada lugar en el que entraba para asegurarse de que no hubiera nada ni nadie esperándolo allí.

Tom se veía extremadamente divertido cada vez que lo sorprendía haciéndolo, y al ver la alegría danzante en sus ojos hizo que un cálido aleteo floreciera en el pecho de Harry, compensando cada vez que se sentía como un idiota en presencia de sus colegas.

Otra cosa buena fue que debido a estar atento todo el tiempo, Harry logró evitar tener una confrontación directa con el profesor de Adivinación. Aparentemente, su nombre era Rivers, y actuaba con total normalidad siempre que no viera a Harry frente a él. Cuando sucedía, sus ojos se volvían salvajes de inmediato, por lo que Harry comenzó a caminar en la dirección opuesta cada vez que se cruzaban.

Como ahora. Rivers se detuvo al final del mismo pasillo, mirándolo, por lo que Harry rápidamente se dio la vuelta y corrió hacia sus habitaciones.Afortunadamente, no estaba tan lejos de ellas.

Una vez dentro, cerró la puerta, empujando su frente contra ella y rompiendo en una risa medio histérica.

Esto era ridículo.Era un hombre adulto que había visto más de lo que la mayoría de la gente podía imaginar, más de lo que cualquier vidente, falso o real, podría describir, y sin embargo, aquí estaba, siendo obligado a esconderse en sus habitaciones sólo para escapar de las divagaciones de una sol y no enteramente cuerda persona. Pero lo peor de todo, encontraba su posición actual inapropiadamente divertida, que era algo que su lado racional no podía entender.

Era una situación potencialmente peligrosa. Rivers podría estar medio loco, pero, ¿Cuánto tiempo hasta que Dumbledore decidió escucharlo? ¿Cuánto tiempo hasta que se diera cuenta de que Harry no estaba envejeciendo adecuadamente y comenzara a conectar los puntos? Pero en lugar de tomar las medidas adecuadas, Harry estaba escondido aquí y riendo como un niño; jugando un juego furtivo con Tom, como si tuvieran doce años y no tuvieran nada mejor que hacer… Y la verdad era que no quería detenerse. Ni siquiera si otras personas comenzaban a notarlo.

Quizás había algo mal en él, incluso más de lo que había pensado inicialmente. Quizás regresar a Hogwarts había afectado su mente adversamente, y este comportamiento era un intento enfermizo de revivir sus años de adolescencia usando a Tom como excusa. ¿Por qué más estaría disfrutando esto hasta tal punto?

Un cambio sutil en el aire en algún lugar detrás de él aclaró la mente de Harry en un instante, matando su risa.

Los viejos hábitos tendían a quedarse; podría no haber sido un Auror en años, no tenía ninguna razón para esperar que alguien lo apuñalara por la espalda, pero si sus instintos cobraban vida, sabía que era mejor no cuestionarlos.

Girándose, Harry envió un Stupefy en la dirección donde sintió la presencia de alguien. Este alguien se agachó justo a tiempo para evitar ser golpeado, y luego los ojos sorprendidos de Tom se clavaron en él, haciendo que Harry bajara la varita instintivamente.

―¿Tom? ―preguntó con incredulidad―. ¿Qué estás haciendo aquí?

Resoplando, Tom se enderezó y se sacudió el polvo su túnica.

―¿Cómo supiste que estaba allí? ―preguntó con petulancia―. No hice ningún ruido.

―Lo creas o no, puedo sentir cuando alguien se me acerca sigilosamente. ―señaló Harry con sequedad, escondiendo su varita. Tom se cruzó de brazos, luciendo aún más molesto.

―Casi me golpeas con ese hechizo ―acusó―. Cruzó a una pulgada de mi cabello.

―Bueno, no sabía que eras tú, ¿o sí? Irrumpir en la habitación de alguien nunca es una decisión segura.

El ceño de Tom estaba a punto de convertirse en un puchero ahora, y Harry sintió una sonrisa involuntaria irrumpiendo en su rostro.

―Tu reacción fue brillante ―elogió―. No creo que ninguno de tus compañeros de clase habría podido moverse tan rápido, y eso incluye a aquellos mayores que tú.

Tom inclinó la cabeza, un parpadeo complacido suavizó sus ojos brevemente antes de que un ceño fruncido estropeara sus rasgos nuevamente.

―Pero fuiste más rápido que yo ―dijo lentamente―. Apenas te vi moverte. La única razón por la que fallaste fue porque dejaste de reír justo antes de eso y yo ya estaba cauteloso.

Harry resopló, sacudiendo la cabeza con asombro.

―A veces simplemente no hay nada que te agrade ―le informó―. Soy un adulto. Tengo más experiencia que tú, así que no es de sorprender que mis movimientos sean más rápidos.

―Pero nunca has sido así de rápido cuando nos batimos en duelo.

―Porque en ese entonces te estaba enseñando. Esos no fueron duelos reales. Esta vez, pensé que estaba enfrentando una amenaza real.

Cuando la boca de Tom se abrió con indignación, Harry tragó un gemido de pesar. Esta era una cosa tan incorrecta que decir.

¡Esos no fueron duelos reales! ―Tom repitió, su voz siendo aguda―. ¡Pero dijiste que dejaste de complacerme y dejarme ganar hace años!

―¡Lo hice!Pero no esperabas que realmente peleara contigo, ¿o sí? Nunca te lanzaría un hechizo peligroso a menos que estuviera seguro de que podrías repelerlo.

―¡Deja de contradecirte, o me dejas ganar o no!

Esto era inútil. Esta era exactamente la razón por la que Harry no quería que Tom supiera sobre sus habitaciones.

―Por lo que recuerdo, nunca has intentado romperme las piernas con ese hechizo tuyo también ―señaló―. Así que tú también te estabas conteniendo.

Esto, al menos, hizo que Tom se detuviera, pero no duró mucho.

―Quiero un duelo de verdad contigo ―exigió con altivez, sus ojos brillando con determinación―. Sin que ninguno de nosotros se contenga.

―Eso no va a pasar.

―¿Por qué?

―¿Por qué piensas?―Harry no podía creer que tuviera que explicarlo. No, no podía creer que Tom siquiera se molestara en engañarse a sí mismo pensando que ellos realmente podrían golpearse el uno al otro en primer lugar―. Uno de nosotros terminará herido y el otro se sentirá culpable.

―¿Culpable? ―Tom escupió esta palabra con tal repulsión que una campana de advertencia sonó en la mente de Harry, marcando el acercamiento a un territorio peligroso―. Nunca me siento culpable. La culpa es una herramienta de control sobre las personas de mente débil que no están seguras de las decisiones que toman. Yo sí.

―¿Es eso así? ―los fragmentos restantes de alegría se desvanecieron, las palabras de Tom cortaron la última cuerda que los retenía―. Bien.Hagámoslo ahora mismo. Lánzame las maldiciones más oscuras que puedas imaginar.

La certeza desdeñosa de Tom vaciló, extinguiendo algo de su agresión.

―¿Y que hay de ti? ―preguntó con cautela.

―Soy una persona de mente débil controlada por la culpa ―le dijo Harry con frialdad, levantando su varita―. No estoy dispuesto a arriesgar tu seguridad sólo porque quieres demostrar tu superioridad sobre mí. Me limitaré sólo a los hechizos defensivos. Siéntete libre de hacer lo peor.

Más dureza desapareció de los ojos de Tom, reemplazada por vacilación. Miró la varita de Harry, luego la suya propia, y luego sus hombros se hundieron levemente.

―No ―murmuró, su voz tan resignada que el corazón de Harry saltó de simpatía―. No puedo.

―Sé que no puedes ―Harry escondió su varita en su túnica―. Me sorprende que no lo supieras tú mismo. ―Tom, el chico que tuvo ataques de pánico en el momento en que pensó que Harry estaba en peligro. Quien estaba listo para atacar a Rivers en el Gran Comedor por hacer algo tan inofensivo como señalar con el dedo al pecho de Harry. ¿Y pensó que podría arrojarle algo incluso remotamente peligroso?

―¿Pero crees que podrías derrotarme? ―Tom presionó, las líneas de su boca se convirtieron en una mueca de tristeza, y Harry puso los ojos en blanco con frustración.

"Ya lo hice", quiso decir. "Más de una vez. Y mira cómo eso terminó."

―¿Por qué quieres derrotarme? ―preguntó en su lugar―. ¿Qué probaría eso?

Tom no dijo nada, su expresión se hizo más tensa, como si no supiera la respuesta pero anhelara obtenerla.

―Tienes más potencial mágico que yo ―dijo Harry finalmente―. Tengo más experiencia. Estarías luchando sucio, no me puedo imaginar maldiciéndote de verdad ni siquiera en un escenario hipotético, ni siquiera si mi vida dependiera de ello. Así que sí, creo que me derrotarías.

―Todavía quieres decir queme dejarías derrotarte ―Tom negó con la cabeza―. Eres imposible. Nunca había visto gente tan incapaz de imaginar una situación hipotética.

Harry planeaba responder, pero un golpe repentino en la puerta impidió que surgieran palabras. Frunciendo el ceño, se dio la vuelta. ¿Quién podría ser su visitante?A menos que, por supuesto…

―Abre la puerta ―ordenó la voz entrecortada de Rivers―. Sé que estás ahí.

Maldiciendo, Harry se pellizcó el puente de la nariz.

Esto no podría estar pasando. ¿Por qué Rivers decidió enfrentarse a él hoy de todos los días, cuando Tom estaba presente? Además, ¿por qué estaba Tom presente? Todavía tenían que discutir todo el asunto del allanamiento.

Una nube de energía oscura y volátil hizo que la atención de Harry volviera a Tom. Estaba mirando a la puerta, su mirada intensa e insondable, su mandíbula apretada con tanta fuerza que parecía que cada músculo de su rostro vibraba con tensión.

—Tom —siseó Harry—, necesito que estés callado ahora. No puede saber que estás aquí.

Las manos de Tom se cerraron en puños.

―Él es irrespetuoso contigo ―le respondió entre dientes―. ¿Con qué frecuencia viene irrumpiendo así?

―Esta es la primera vez. Y si no puedes sólo quedarte callado, usaréun Silencio.

Al ver cómo los ojos de Tom se abrieron con indignación, Harry contuvo una risa. Al momento siguiente, los golpes se reanudaron, por lo que rápidamente agarró a Tom por la muñeca, lo arrastró hacia la puerta y lo empujó contra la pared junto a ella, presionando una mano de advertencia contra su pecho.

―Ni una palabra ―dijo de nuevo―. No digas nada, no te muevas, no trates de maldecirlo. Si lo haces, pondré tantos amuletos protectores en mi puerta que nunca podrás volver a entrar.

Tom no pareció impresionado por la amenaza, pero no hubo tiempo para pensar en algo más creativo. Con la última mirada de advertencia hacia él, Harry finalmente abrió la puerta, viendo el rostro enrojecido de Rivers.

―¿Qué quieres? ―preguntó directamente―. Te he estado dando tiempo para que te adaptes a mi presencia ya que parece que tienes grandes problemas conmigo, pero esto está yendo demasiado lejos. No estoy obligado a aguantar tu acoso.

Rivers enrojeció aún más, mirándolo.

―Esta escuela lo es todo para mí o lo son sus profesores y alumnos. No permitiré que lo sabotees.

―¿Cómo lo estoy saboteando, exactamente?

―¡Sé lo que eres!―Rivers volvió a levantar el dedo y le dio un golpe en el hombro a Harry. El rostro de Tom se torció en un gruñido feroz, y Harry aumentó la presión, empujándolo más hacia la pared para evitar que saltara hacia adelante.

―Si prometes dejarme en paz después, te complaceré ―le dijo a Rivers con cansancio―. ¿Qué soy yo?

Había un odio absoluto en los ojos del hombre mientras lo miraba.

―Un nigromante ―pronunció con disgusto―. Molestas a los muertos y les hablas. Les devuelves la vida. Lo hiciste tantas veces que ya no te sientes como una persona viva que respira.

El corazón de Harry dio un vuelco antes de comenzar a martillar como un tambor, empujando los crecientes volúmenes de pánico a través de su sangre. La conclusión de Rivers estaba completamente equivocada, ridículamente, pero las suposiciones en sí mismas... había un cierto grado de verdad en ellas. Una verdad peligrosa que nunca debería ser revelada.

Tom soltó una carcajada, sin siquiera intentar disimular el sonido, y Rivers retrocedió como si lo hubieran golpeado, abriendo y cerrando la boca como un pez. Probablemente pensó que era uno de los cadáveres de Harry riendo porque el terror en sus ojos era salvaje y genuino.

―Eres un monstruo ―susurró, su voz vacilante―. No me importa si nadie me cree. Tomaré este asunto en mis propias manos, te lo prometo.

―Sí, bien, lo que sea ―Harry cerró la puerta de golpe, finalmente soltó a Tom y lo miró―. ¡No podías guardar silencio ni por un minuto!

―Tu amenaza no fue muy intimidante ―Tom se encogió de hombros, todavía sonriendo―. Estoy seguro de que puedo romper tus hechizos protectores incluso si los usas.Ya encontré tus habitaciones y entré solo.

―Eres un mocoso ―Harry le dio un golpe en las costillas con burla―. Acabas de hacer mi vida más difícil. Pensará que estoy escondiendo los cadáveres vivos en mis habitaciones o algo aún peor.

―Él ya piensa que eres un nigromante, ¿qué podría ser peor que eso?―Tom preguntó seriamente antes de doblarse de risa. El sonido fue tan puro y feliz que Harry comenzó a sonreír en contra de su voluntad, sintiendo cómo pequeños rizos de calidez comenzaron a desplegarse en su pecho, ahuyentando el escalofrío provocado por las acusaciones de Rivers.

―¡Un nigromante!―Tom repitió, todavía doblado por la mitad―. ¡Tú! Hablando con los muertos, como si alguna vez pudieras ejercer tal poder. ¡Ese hombre está loco!

Ofendido, Harry volvió a clavar los dedos en las costillas de Tom, haciéndole cosquillas sin piedad.

―Para tu información, hablo con los muertos todos los días. ―le informó mientras luchaba por dominar los retorcimientos de Tom.

―Mentiroso. ―jadeó Tom, sin aliento por la risa, tratando de apartar las manos.

—Lo hago —insistió Harry, retorciendo los dedos aún más y sonriendo cuando Tom dejó escapar un indigno grito―. Si no te has dado cuenta, Hogwarts está lleno de retratos parlantes, y la mayoría de las personas en ellos están muertas.

Tom parpadeó antes de reír aún más fuerte, y esta vez, Harry no pudo resistir la tentación. Él también se rió, a pesar de que los sonidos alegres se convirtieron rápidamente en jadeos cuando Tom usó su debilitado agarre para derribarlo al suelo, empujando sus propios dedos entre sus costillas.

―¡Ríndete y dame mi recompensa! ―anunció con aire de suficiencia, esquivando el vuelo de las protestantes manos de Harry―. He completado tu tarea: tal vez no te encontré sigilosamente, pero te tomé por sorpresa. Dijiste que mi reacción fue rápida, así que quedaste impresionado. Esta era la condición.

―Bien, te diré dónde están mis habitaciones. Esta era la recompensa. ―Harry se burló de él. En respuesta, Tom reanudó sus intentos de cosquillas, y cuando Harry se adelantó para empujarlo, se sorprendió al darse cuenta de que no podía.

Tom se había vuelto fuerte.Moverse fuera de su agarre era casi imposible ahora sin aplicar toda su fuerza física, y Harry no estaba en la etapa de hacerlo todavía. Así que trató de morder el brazo de Tom, y cuando Tom aflojó su agarre con un sonido angustiado, preocupado por su ropa cara, sin duda, Harry logró envolver sus manos alrededor de sus hombros y empujarlo hacia atrás por fin.

Minutos más tarde, estaban tirados en el suelo uno al lado del otro, jadeando con los restos de la risa, demasiado agotados para continuar su batalla. En algún momento, Tom apoyó la cabeza en su mano, mirándolo con una mirada que Harry no podía leer.

―Iluso como Rivers pueda estar, aún así te amenazó ―pronunció, más grave esta vez―. No me gusto.

Harry suspiró.

―No hay nada que pueda hacer con respecto a sus amenazas ―dijo―. Nadie cree lo que dice de todos modos, así que no tiene sentido preocuparse por eso.

Por un rato, Tom guardó silencio.

―¿Y si hubiera una manera de hacer algo con respecto a sus amenazas?―Murmuró finalmente, inclinándose más cerca de Harry y rozando su dedo contra su mejilla―. ¿Lo aceptarías?

―¿Como qué?

Tom bajó la cabeza, acariciando su sien y luego presionando sus labios contra su oído.

―Podría matarlo por ti ―susurró, su respiración era caliente, pero sus palabras eran escalofriantes―. Podría hacer que nunca lo encontraran. Nunca volvería a molestarte.

Al principio, la mente de Harry se quedó en blanco, tratando de darle sentido a lo que había escuchado. Cuando el impacto de lo que Tom acababa de decir finalmente lo golpeó, frialdad le recorrió la espalda, convirtiendo rápidamente su sangre en hielo. Algo amargo obstruyó su garganta; una sensación de conmocionada traición que no había sentido en meses, que se suponía que permanecería en el pasado indefinidamente.

Tomando un profundo y tembloroso respiro, Harry se apartó, poniendo más distancia entre él y Tom.Su voz sonó inestable cuando preguntó: ―¿Alguna vez te he dado la impresión de que podrías bromear sobre tales cosas conmigo?

Tom inclinó la cabeza, siguiendo cada uno de sus movimientos.

―No es una broma ―dijo neutralmente―. Dijiste que Rivers te hace la vida más difícil.Me ofrezco a hacerla fácil de nuevo.

―¿Matándolo? ―Harry se negó a creer esto.No después del verano que tuvieron, no después de todas sus conversaciones―. ¿Y pensaste que podría haber la más mínima posibilidad de que yo aceptara esto?

―Si Rivers es un problema, entonces sí.

―¡Los problemas no se resuelven con el asesinato! ―Al darse cuenta de que estaba peligrosamente cerca de gritar, Harry se puso de pie de un salto y comenzó a caminar, tratando de disipar la sofocante nube de angustia que nublaba sus sentidos.

Él pensó que habían progresado. Él lo creyó. Todo no podía desmoronarse así de rápido; ni ahora, ni aquí, ni nunca.

―No entiendo por qué estás enojado conmigo ―dijo Tom, su propia voz se volvió más oscura―. Ni siquiera he hecho nada. Querías que te hablara de estas cosas, así que lo estoy intentando.Si reaccionas así cada vez-

―¡Es diferente! Te dije que tienes que venir a verme si te sientes tentado a actuar de una manera que sabes que es inaceptable, no a ofrecerme participar en un asesinato como si fuera un... ¡un tema trivial de conversación!

―¡Pero no es para mí esta vez, es para ti! ―Tom levantó las manos, la ira distorsionó sus rasgos, y sólo ahora Harry se dio cuenta de que estaba realmente molesto. No era sólo Tom probando sus límites u olvidando todo lo que habían estado discutiendo durante el verano: parecía realmente frustrado.

―Asesinato es asesinato ―dijo Harry con más calma―. Sabes que no lo veo como una solución para nada. No importa si es para ti o para mí. Es inaceptable. Sin excepciones, no a menos que alguien esté en peligro real.

―Pero es para ti ―repitió Tom obstinadamente―. Rivers te molestó y lo volverá a hacer. Quiero cuidarte.

A pesar de que la consternación todavía estaba quemando pequeños agujeros venenosos a través de él, Harry se obligó a pararse derecho, esperando que su respiración se nivelara. Luego se acercó a Tom y le puso las manos sobre los hombros, mirándolo intensamente.

―Te lo agradezco ―se obligó a salir―. Lo hago.Pero no puedes cuidarme con esto.Nunca con esto.

Tom apretó los dientes, todavía enojado, y Harry le dio un suave apretón en los hombros.

―Me conoces ―dijo, tratando de sonar más ligero―. Sabes que nunca apoyaría el asesinato, incluso si tus intenciones son... nobles.

―Bueno, no sabía que te enojarías por igualmente ―refunfuñó Tom, pero algo de tensión finalmente abandonó su cuerpo. Con una exhalación resignada, dio un paso hacia Harry y apoyó la cabeza en su hombro, envolviendo sus manos alrededor de su cintura―. No te preocupes ―pronunció―. Pensaré en otra cosa.

―No hay necesidad de hacerlo. ¿Tengo que recordarte nuevamente que soy un adulto? Puedo lidiar con Rivers. Si me molesta demasiado, usaré un hechizo de restricción que no le permitirá acercarse a mí.

―¿De verdad? ―Tom se apartó bruscamente, sus ojos se iluminaron con ávido interés―. ¿Hay un hechizo así?

―Sí. ¿Quieres que te enseñe? ―Como Auror, Harry había tenido que usarlo varias veces con magos que no entendían que la gente no quería ser acechada. Era un hechizo complicado pero útil, y Harry aún recordaba cómo lanzarlo… más o menos.

―Por supuesto. ―Tom se acercó a él de nuevo, y Harry se complació enterrando sus manos en su cabello, cepillándolo con dulzura.

El desastre parecía haberse evitado, pero seguiría observando a Tom y a Rivers por un tiempo.

Por si acaso.

• • • •

Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y todo siguió igual. Rivers seguía siendo una molestia, pero estaba vivo y bien, y gradualmente, Harry se permitió relajarse.

Tom lo había escuchado. Era capaz de cumplir su palabra, por lo que Harry iba a aprender a confiar en él nuevamente.

No es que fuera fácil de ninguna manera, considerando lo posesivo que podría ser Tom con él y las consecuencias que podría tener. A Harry le gustaba enseñar, se sentía natural, y ver tantas caras emocionadas, sentir tal entusiasmo e interés genuino en sus lecciones lo llenaba de un entusiasmo que casi había olvidado. Las lecciones individuales no podían compararse con esto, no podían traer la misma energía poderosa que emanaba toda la clase de estudiantes. Pero aunque Tom le mostró un respeto absoluto, obviamente no podía soportar la idea de tener que compartir su atención con los demás.

Cada vez que Harry lo ignoraba en favor de alguien más, Tom parecía ofendido. Cada vez que Harry otorgaba puntos a personas que no eran Slytherins, Tom fruncía el ceño. Si Harry alguna vez elogiaba a otro estudiante con algo más de tres palabras, la ira y el resentimiento de Tom ganaban una forma casi física, lista para colapsar sobre la cabeza de su afortunado compañero de clase y enterrarlos bajo los escombros.

En particular, la mayoría de los Slytherins del año de Tom eran callados y rara vez hablaban, por lo que las miradas y la furia mordaz de Tom estaban casi exclusivamente reservadas para los Gryffindors. Harry se preguntaba sobre esto algunas veces. Se dio cuenta de que el estatus de heredero de Slytherin le daba a Tom una ventaja injusta, pero dudaba que Tom abusara de este poder para intimidar a sus compañeros de casa en algo tan trivial como no participar activamente en las lecciones de Harry. Algo estaba pasando, sí, pero parecía más como si todos estos Slytherins simplemente entendieran los deseos de Tom y los respetaran de buena gana.

Dumbledore seguramente no estaría de acuerdo con él, pero Harry dudaba que Voldemort sólo hubiera usado la manipulación o la intimidación para hacer que otros se unieran a él, y podía ver claramente que este no era el caso con Tom. Porque a pesar de su comportamiento durante las lecciones de Defensa, en todas las demás ocasiones, fue perfecto.

Pasaba tiempo con los representantes de todas las Casas, discutiendo algo y, a veces, incluso dándoles tutoría. Era atento con los más jóvenes que él y respetuoso con los estudiantes mayores. Claro, su sentido de superioridad brillaba incluso entonces, pero Harry estaba seguro de que para todos los demás, parecía una simple confianza inquebrantable. Tom era amistoso, pero no dejaba que la mayoría de la gente se acercara, por lo que Harry estaba entre los pocos, si no el único, que podía entender los matices de su comportamiento.

Tom tenía varios amigos, pero incluso después de cuatro meses de enseñar, Harry no podía decir que sabía mucho sobre ellos. Formaron un frente unido alrededor de Tom en todo momento, pero Harry apenas tuvo la oportunidad de observar sus interacciones. Cada vez que se cruzaban, la atención de Tom se volvía hacia él, y casi nunca hablaba con sus amigos hasta que Harry se iba. Sin embargo, si tuviera que adivinar, diría que Lestrange y Avery estaban un poco ansiosos al concentrarse en Tom;Mulciber no se destacaba de ninguna manera, y Black… El corazón de Harry seguía saltando a latidos al principio, golpeado por sus similitudes con Sirius, pero rápidamente se hizo obvio que aparte de la apariencia física, no eran nada iguales. Este Black era callado donde Sirius había sido ruidoso, pensativo donde Sirius fue espontáneo, tan pronto, verlo dejó de inquietar tanto a Harry, y las asociaciones se rompieron.

No antes de que Tom lo notara, por supuesto. Su repentina frialdad hacia su propio amigo era palpable incluso para alguien tan poco involucrado en su relación como Harry. Duró unas pocas semanas, y para reluctante diversión de Harry, Black comenzó a lanzarle miradas medio enmascaradas, como si lo culpara por la distancia entre él y Tom. Afortunadamente, terminó una semana después, cuando Harry se propuso ignorar a Black, tan pronto, Tom lo dejó volver a sus buenas gracias.

Hubo ecos de prejuicios ocasionales en los pasillos y durante las lecciones: algunos sangre pura todavía despreciaban a los nacidos de muggles; algunos Slytherins se burlaron de Gryffindors y viceversa, y los Hufflepuffs fueron desestimados por muchos otros estudiantes. Aún así, Harry pensó que la situación era sorprendentemente mejor en comparación con cómo habían sido las cosas durante su tiempo. El nivel general de hostilidad se sintió más bajo, e incluso los insultos intercambiados parecían perezosos en lugar de genuinamente acalorados.

¿Siempre había sido así? ¿O el cambio de vida de Tom estaba marcando una diferencia?

Harry sabía qué opción prefería, y la esperaba con fervor que era casi abrumador en su desesperada intensidad. El deseo de estar orgulloso de alguien no era algo con lo que tuviera una gran experiencia, pero cuando se trataba de Tom, se encontró atravesando una nueva gama de sentimientos desconcertantes y desconocidos.

Le encantaba escuchar cómo Tom sobresalía en cada materia que estaba tomando. Le encantaba cómo tanta gente parecía impresionada por él. Le encantaba pensar que sus esfuerzos valían algo, y la idea de que Tom trajera un cambio tan positivo lo llenaba de un mareo imprudente y profundo. Así que cuando Tom le dijo que quería que se fueran a casa en Navidad, Harry respondió "sí" con una sonrisa tonta y cegadora, y su corazón se sintió casi incómodo cuando Tom le devolvió la sonrisa, pareciendo que nada podría ser más importante que este momento.

Harry no pudo evitar estar de acuerdo.

• • • •

Comenzaron los preparativos navideños de inmediato. Este año, su árbol era increíblemente alto y era imposible decorarlo sin los hechizos flotantes. Pero mientras que Tom siempre fue un apasionado de la magia, tan fascinado por cada demostración de ella como lo había estado hace todos esos años, ahora insistía en hacer todo al estilo Muggle por alguna razón. Y estaba vehementemente en contra de usar sillas o cualquier otra cosa para la elevación.

―Está bien ―dijo Harry―, entonces, ¿cómo sugieres que lleguemos a la cima? ¿Quieres que te sostenga para que puedas alcanzarla? Me temo que te has vuelto demasiado pesado para eso.

―¿Qué? ―Tom frunció el ceño, luciendo casi cómicamente consternado―. ¿Estás diciendo que estoy gordo?

Por supuesto, esto era lo que Tom había captado de eso.Harry resopló de risa, sacudiendo la cabeza.

―No ―pronunció, divertido―. Estoy diciendo que eres… alto. Sí. Muy alto.

Tom entrecerró los ojos, estudiándolo con sospecha.

―¡Sí lo dijiste! ―concluyó finalmente, tan ofendido que Harry estalló en una carcajada incontrolable nuevamente―. ¡Estás diciendo que estoy gordo!

―Realmente no ―Harry extendió la mano para tocarlo, pero Tom apartó su mano con el ceño fruncido―. Dios mío, a veces eres imposible. No, no estás gordo y no me importaría si lo estuvieras. Pero todavía eres lo suficientemente alto y pesado, así que no voy a caminar alrededor del árbol contigo sobre mis hombros. Si ese fue tu plan...

―Bien ―Tom levantó la barbilla, una impecable escultura de condescendencia―. Entonces te sostendré. Ya que no eres lo suficientemente alto o pesado.

Harry reflexionó sobre si había algún insulto allí, pero luego descartó esos pensamientos y se encogió de hombros. Si Tom se convencía a sí mismo de alguna idea loca, sabía por experiencia que no se podía hacer nada para cambiar eso; en el peor de los casos, lo dejaría caer al suelo. Nada que no pudiera sobrevivir.

Pero lo que había percibido como el capricho de Tom se convirtió en algo mucho más dulce e inesperadamente conmovedor. Cierto, comenzó un poco ridículamente: Harry no pudo detener su risa avergonzada y en lugar de poner los juguetes en las ramas más altas, siguió agitando los brazos sin rumbo fijo, para gran fastidio de Tom. Pero luego la sensación de emoción casi infantil echó raíces, ahuyentando la incomodidad y llenando cada acción simple con magia, no la habitual, sino la única y más compleja. Harry se estaba perdiendo rápidamente en esos momentos, poniendo cada juguete en la rama con el mayor cuidado, siguiendo las sugerencias de Tom y admirando su propio trabajo, sintiéndose cálido, regocijado y absurdamente feliz.

Cuando el último juguete ocupó su lugar en la parte superior, Harry se limitó a mirarlo, complacido de una manera que no se había sentido en mucho tiempo. Distraídamente, se estiró hacia él de nuevo para ajustarlo un poco. Tom hizo un ruido de alarma y tropezó, y antes de que Harry lo entendiera, ambos cayeron al suelo. Afortunadamente, el impacto fue más sorprendente que doloroso, pero Tom todavía lo miró con el ceño fruncido, logrando parecer temible incluso mientras estaba tendido sobre la alfombra.

―Solo tenías que hacer eso ―se quejó―. Al menos no derribaste el árbol contigo. ¡No te ayudare a decorarlo de nuevo!

Sonriendo, Harry inclinó la cabeza y dejó caer un beso en la frente de Tom.

―Lo siento. ―dijo obedientemente. Escuchó cómo la respiración de Tom se detuvo antes de salir en una exhalación temblorosa. Sus ojos perdieron el enfoque y Harry arqueó una ceja, sorprendido pero complacido. Sus métodos para librar a Tom de su enfado parecían cada vez más rápidos.

―Vamos ―Harry finalmente se puso de pie, ofreciéndole una mano a Tom―. Vamos a hacer chocolate caliente.

Tom tomó su mano, todavía luciendo sonrojado y un poco aturdido, y Harry puso los ojos en blanco.

―No te caíste tan fuerte, deja de intentar hacerme sentir culpable.

Tom simplemente lo miró, igual de sin palabras.

• • • •

Para el cumpleaños de Tom, Harry decidió hacer un pastel de whisky sin alcohol. La receta que tenía en mente parecía lo suficientemente intrigante como para hacer que quisiera probarla, aunque Tom se mostró escéptico.

―¿Cuál es el punto de hacer un pastel de whisky cuando no tiene whisky de verdad? ―él se preguntó―. ¿Y por qué whisky en primer lugar, por qué no, no sé, un pastel de cerveza de mantequilla? Te encanta esa bebida repugnante.

―Sí, pero como acabas de confirmar, la consideras repugnante ―señaló Harry―. El whisky es una bebida más fuerte, pensé que te gustaría más.

―¡Pero ni siquiera es whisky de verdad!

Harry no tenía nada que decir aquí, así que se encogió de hombros tímidamente, incapaz de evitar sonreír cuando Tom le dio una mirada exasperada pero muy cariñosa.

Mientras trabajaba en el pastel, Tom estaba sentado a la mesa, alternando entre mirarlo y leer un libro. Parecía vagamente familiar, pero Harry no podía ver su título desde la distancia.

―¿Qué estás leyendo? ―preguntó finalmente―. Parece que lo estás haciendo muchísimo últimamente.

Tom miró hacia arriba, un destello de una extraña sonrisa en sus labios.

―Lo hago ―dijo―. Hay un proyecto que me interesa completar, pero hasta el momento no tengo los conocimientos suficientes para planificarlo todo. Espero encontrar una respuesta en estos libros.

―¿De qué se trata?―Harry se volvió hacia la estufa, comprobando si el chocolate se estaba derritiendo.

―Va a ser una sorpresa, así que no te lo diré.

Esto lo hizo desconfiar, por lo que Harry miró a Tom de nuevo, olvidándose brevemente del chocolate.

―¿Una sorpresa que necesita que leas tanto para completarla? No estoy seguro de que me guste.

―Te gustará. ―le aseguró Tom antes de concentrarse en el libro de nuevo. Fue muy tentador arrebatárselo de las manos y mirar su título, para comprobar qué capítulo estaba leyendo Tom, pero después de la breve lucha en su interior, Harry descartó a regañadientes esta idea.

Quería confiar en Tom. Si decía que a Harry le iba a gustar, entonces quería creer que realmente era así.

Aunque tal vez todavía echaría un vistazo rápido cuando Tom estuviera durmiendo.

• • • •

El pastel resultó delicioso y a Tom le gustó tanto que incluso pidió una segunda rebanada. Harry conjuró un "15" verde brillante, y Tom siguió tratando de rozarle con los dedos, sonriendo suavemente cuando se encendió bajo su toque. Tenían la radio encendida para escuchar música, y las luces de su árbol de Navidad llegaban hasta la cocina donde estaban sentados, llenándola de un brillo multicolor.

En algún momento, Tom se quedó en silencio, mirando su plato vacío y lanzándole ocasionalmente miradas vacilantes. Harry esperó pacientemente a que dijera lo que le preocupaba, pero cuando finalmente sucedió, fue lo último que había estado esperando escuchar.

―¿Bailas conmigo? ―Tom dijo, o más bien preguntó. Parecía que tenía la intención de poner más fuerza en sus palabras, pero perdió la confianza en el camino, por lo que resultó frágil e inseguro.

―Está bien. ―respondió Harry lentamente. No era una demanda tan extraña, así que no podía imaginar por qué Tom se sentía tan incómodo al preguntar.

Una ola constante de enrojecimiento inundó las mejillas de Tom.Se puso de pie un poco demasiado rápido y con entusiasmo, pero luego titubeó de nuevo, inquieto.

Nunca antes había estado tan nervioso por nada, no que Harry recordaba.

Divertido y desconcertado, caminó hacia el mismo Tom, tomando sus manos y llevándolo lejos de la mesa. Tom lo golpeó como un salvavidas, todavía ruborizado y vacilante, y Harry lo hizo girar juguetonamente, una y otra vez, con la esperanza de aliviar algo de su tensión.

Cuando Tom se rió encantado, supo que funcionaba.La próxima vez que Harry lo acercó, Tom tomó la delantera, envolviendo una mano alrededor de sus hombros y acercándolos aún más, lo que obligó a Harry a moverse a su paso. Cuando les dio la vuelta, su agarre se endureció.Sus labios se separaron y miró a Harry de una manera tan paralizada, como si nunca lo hubiera visto antes.

Harry no estaba seguro de qué hacer con eso. No creía que alguna vez hubiera visto a Tom mirarlo así, ni a nadie mirarlo así, si era honesto. Esto tampoco era algo que reconociera dentro de sí mismo, al menos no antes, así que no podía empezar a adivinar lo que pasaba por la mente de Tom.

El tiempo pareció ralentizarse. El agarre de Tom era cálido y firme ahora, y Harry lo abrazó con la misma fuerza, dejando que la simple felicidad del momento se apoderara de él.Estar cerca de Tom nunca se sintió como algo que pudiera dar por sentado, algo que pudiera dejar de desear conscientemente. Fue como aprender que tenía magia por primera vez;era como ver un reflejo de sus padres, como sentirse aceptado y comprendido por personas que importaban.

Tom era su mundo. No fue una nueva revelación, pero aun así desgarró su mente en un destello impactante, exponiendo un amor tan feroz que su cuerpo se estremeció con él, incapaz de hacer frente a su aplastante y abrumadora fuerza. Harry fue el que se aferró a Tom esta vez, tratando de encontrar un equilibrio y evitar asfixiarlo en un abrazo que de repente quería.

Para llegar a un compromiso consigo mismo, Harry decidió apoyarse más contra Tom, presionando su cabeza contra el hombro de Tom. Tom se adaptó a esto de inmediato, cambiando su agarre a uno más suave y cubriendo la cabeza de Harry con la suya.

La música estaba ahí, tenía que estarlo, pero Harry no tenía idea de qué canción estaba sonando. En algún momento, miró la mesa y se estremeció al ver a Apophis allí.

―Tom ―murmuró―. ¿Por qué tu pájaro demonio nos está mirando?

Tom no respondió de inmediato, probablemente tan perdido en su apariencia de baile como Harry.

―Aún no es un pájaro demonio ―pronunció finalmente, con voz ronca―. ¿Odias a todas las aves o Apophis es una excepción?

―No odio a todas las aves ―Harry se apartó, aunque todavía no soltó la mano de Tom―. Las amo, tuve una lechuza antes.Hubo momentos en que ella era mi única compañera. Puede que ahora no piense en ella todos los días, pero ella siempre está conmigo. Un recuerdo que no se desvanecerá.

―Nunca me lo dijiste antes ―Tom frunció el ceño, frotando varios toques suaves en la palma de Harry con sus dedos―. En ese caso, ¿te gustaría comprar otro búho? Supongo que podría conseguirte uno.

―No ―suspiró Harry, acercándose de nuevo.A veces, Tom realmente no entendía las cosas más simples―. No funciona así.Incluso si consigo mil lechuzas nuevas, no reemplazarán a Hedwig.

―¿Hedwig? ―repitió Tom―. ¿Como en Santa Hedwig, patrona de los pobres y de los huérfanos? ¿Le pusiste a tu búho el nombre de un muggle?

―En realidad, vi el nombre en Una Historia de la Magia. Realmente no recuerdo a quién pertenecía a este punto.Pero si fue una patrona de los huérfanos, supongo que es apropiado. Considerando que era huérfano y todo eso.

Incluso sin mirar, Harry podía sentir a Tom fruncir el ceño.Su estado de ánimo se ensombreció, y pasaron los siguientes minutos en un silencio inquietante, no bailando realmente, sino simplemente moviéndose lentamente. Apophis siguió mirando.

―No querría otra lechuza de todos modos ―comentó Harry, esperando aligerar la atmósfera y traer de vuelta la sensación mágica que habían estado disfrutando antes―. Un dragón, por otro lado...

Tom fue el que echó la cabeza hacia atrás con sorpresa esta vez.

―¿Un dragón? ―preguntó incrédulo.El ceño se desvaneció de su rostro como si nunca hubiera estado allí―. ¿Por qué querrías un dragón como mascota?

―Uno de mis amigos consiguió un huevo de dragón una vez ―sonrió Harry, un débil eco de nostalgia y melancolía tirando de su corazón. Ya había formado una relación cercana con la versión más joven de Hagrid de esta época, pero este chico y su Hagrid todavía eran de mundos separados―. Era un pequeño monstruo, aunque tuvo sus momentos. No tuve una buena relación con los dragones, las criaturas mágicas nunca me interesaron mucho. Luego, cuando tenía catorce años, tuve que luchar contra un dragón por un premio.Fue un torneo estúpido y, por supuesto, mi opinión no mejoró después de que terminó el desafío. Todavía me sorprende haber sobrevivido en una pieza.

―¿Estás inventando esto? ―Tom dejó de moverse por completo, mirándolo con tanto escepticismo, habría sido un insulto si Harry no se sintiera tan feliz.

―No, no lo estoy. ―sonrió.

―¿De verdad esperas que crea que luchaste contra un dragón cuando tenías catorce años? ¡Esto es absurdo!

―Créeme, yo mismo no estaba contento con eso.Pero es una larga historia.

―¡Pero no podrías haber derrotado a un dragón!―Tom se pasó los dedos por el pelo con agitación, con los ojos muy abiertos y aturdido―. Son en su mayoría invencibles, no creo que ni siquiera yo pueda manejarlo. Supongo que iría por los ojos, probablemente son el lugar más débil de su cuerpo, pero todavía no estoy seguro de poder lograrlo. ¿Qué hiciste? Y quiénte dejó hacer esto, ¡podrías haber muerto!

―No tuve la infancia más normal ―asintió Harry, tratando de atraer a Tom hacia él. Cuando se resistió, Harry tiró de él hacia adelante, ignorando su jadeo indignado―. Cálmate ―instó―. Está en el pasado.Y lo logré principalmente por pura suerte.Simplemente usé mis habilidades de Quidditch y, para ser honesto, ni siquiera fui yo quien ideó este plan. Así que no te preocupes, todavía me habrías vencido en todos los aspectos que contaban. Bueno, casi en todos los aspectos.

―¡No estoy preocupado por eso! ―Tom se burló. Las cejas de Harry se arquearon―. No del todo ―corrigió―. Pero cuando dices cosas así... no sé nada de tu pasado, ¿verdad? Me estás ocultando partes de ti mismo. ¡Y cada vez que revelas una de las piezas, resulta que ya deberías estar muerto al menos una docena de veces!

―Pero no lo estoy ―Harry presionó sus labios en la frente de Tom con dulzura―. Estoy aquí, contigo, y siempre lo estaré.

Tom se calmó casi instantáneamente, cerró los ojos y respiró lentamente. Aún así, había pasado un tiempo antes de que volviera a hablar.

―Así que, dragones ―dijo más neutralmente―. Si tuviste una mala experiencia con ellos, ¿por qué querrías uno como mascota?

―Estaba bromeando en su mayor parte ―admitió Harry, entrelazando sus dedos―. Pero los dragones siguen siendo especiales y llegué a amarlos y apreciarlos a lo largo de los años. El hermano de Ron pasó toda su vida trabajando con ellos. Una vez hice un viaje con él y los conocí desde un lado completamente nuevo. Son muy inteligentes, muy espinosos y a menudo violentos, pero son leales a sus seres queridos y amables con aquellos en quienes confían. En realidad, ahora que lo pienso, me recuerdan a ti.

Tom parpadeó, la sorpresa y el placer suavizaron sus rasgos.

―¿Te recuerdo a los dragones?

―Lo haces ―Harry le sonrió―. De muchas maneras. Puedes ser feroz e intimidante, pero cuando dejas que alguien entre en tu corazón, es para siempre. Eres inteligente, ingenioso y ferozmente protector. Así que sí. La perfecta semejanza.

Tom tarareó, envolviendo ambas manos alrededor de la espalda de Harry, haciéndolo girar sin prisa.

―Me gusta ―dijo después de unos momentos, su voz tranquila y pensativa―. Me gusta mucho.

Harry le acarició el cabello en respuesta, siguiendo sus movimientos con pereza.

―Y me gustó hoy ―espetó Tom de repente―. Me gustó tu regalo, me gustó tu estúpido e ilógico pastel y me gustó bailar contigo.Este fue mi mejor cumpleaños.

―¿De verdad? ―En su sorpresa, Harry respiró demasiado aire, y algo del cabello de Tom se metió en su boca, haciéndolo farfullar en un intento de escupirlo. Tom se rió de esto, en voz alta y descaradamente, y cuando sus ojos se encontraron de nuevo, los de Tom brillaban.

―Sí ―dijo sin aliento, y esta sola palabra estaba llena de tanta devoción que el corazón de Harry dio un vuelco, demasiado atrapado en la maravillosa sensación de calidez, amor y gratitud―. Sí ―repitió Tom―. Sin duda, es el mejor cumpleaños que he tenido.

Harry no podría haber pedido más.

• • • •

Cuatro días antes de que tuvieran que regresar a Hogwarts, una parte de Liverpool había sido bombardeada. El daño no fue extenso, pero considerando la abundancia de ataques que esta área ya había sufrido, se desconocía el número de personas que necesitaban asistencia. Y lo más sorprendente es que Harry no lo había descubierto él mismo, demasiado concentrado en terminar de redactar los planes para sus lecciones. No, la información vino de Tom, que había llegado a su habitación con expresión grave y se ofreció a aparecer allí y ayudar.

"¿Quieres ayudar a los muggles?" Harry casi exclamó, pero se detuvo en el último momento.

A Tom no le importaba ayudar, lo sabía. Ya habían tenido esta discusión; Tom fue con él porque entendió cuánto Harry lo apreciaba. Pero, ¿iniciar realmente su viaje, compartir la noticia e insistir en que se vayan? Esto no era algo que Harry hubiera esperado, no en este momento. Esto fue mucho más allá de sus esperanzas más audaces.

―Está bien ―dijo fácilmente, tratando de mantener su tono normal y no traicionar la conmoción que lo recorría―. Gracias por contarme sobre esto. Iremos de inmediato.

No importaba cuáles fueran las razones de Tom. Ya sea que quisiera complacerlo, probar algo, ver Liverpool: se ofreció a ir, y para Harry, eso fue todo.

Llegaron en medio de la destrucción. Era difícil decir si habían llegado demasiado tarde o demasiado temprano: la calle parecía completamente desierta, y los restos silenciosos de las casas eran el único recordatorio de lo que había ocurrido. El cielo estaba sombrío, y aunque era de mañana, parecía que el crepúsculo se acercaba rápidamente.

―Creo que podremos reparar algo ―dijo Harry, examinando los pedazos rotos de una pared verde que todavía estaban pegados entre sí―. Pero primero debemos centrarnos en encontrar personas. No sé si alguien ya ha realizado una misión de rescate o si simplemente corrieron sin buscar supervivientes.

Sólo el viento le respondió, rompiendo los escombros con un sonido hueco. Harry se volvió hacia Tom y captó su asentimiento afirmativo. Pero a pesar del acuerdo, no parecía que Tom se sintiera cómodo o incluso aceptara la necesidad de pasar algún tiempo aquí. Su rostro estaba pálido y tenso, y seguía lanzando miradas cautelosas al cielo, apretando su varita con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.

Tenía miedo de estar aquí. Era tan dolorosamente obvio que el primer instinto de Harry fue llevarlos inmediatamente de regreso a casa, para nunca llevar a Tom a lugares como este. Pero ahora que había visto el daño real, no podía mantenerse alejado, y sabía que Tom nunca lo dejaría ir solo.

―No nos quedaremos mucho tiempo aquí, ¿de acuerdo? ―Preguntó Harry en voz baja―. Es muy probable que estos sean sólo edificios vacíos y que todas las personas ya hayan sido evacuadas.

Tom pareció brevemente sorprendido por sus palabras antes de recomponerse rápidamente.

―No me importa ―le aseguró con calma. Era casi convincente, lo habría sido si la palidez y la tensión de Tom no delataran su ansiedad―. Me ofrecí a venir aquí yo mismo, después de todo. Te ayudaré con las personas que encontremos.

―Significa mucho para mí ―respondió Harry. Pero de alguna manera, esto no se sintió suficiente, no esta vez, así que agregó: ―Y estoy orgulloso de ti por ofrecerte.

La palidez de Tom se transformó lentamente en un rubor completamente inesperado. Parecía tan fuera de lugar que Harry sólo entrecerró los ojos en su confusión, preguntándose qué podría significar. Esta no era la primera vez que decía que estaba orgulloso de Tom, ¿verdad? Entonces, ¿qué lo hizo diferente?

Tom bajó la mirada y se aclaró la garganta con torpeza.

―Empezaré con esta casa ―murmuró, asintiendo con la cabeza bruscamente a una de las ruinas―. Pero quédate cerca de mí.

Harry puso los ojos en blanco afablemente, pero hizo lo que Tom le pidió.

Trabajaron en silencio uno al lado del otro por un tiempo, Tom usando la varita de Harry lo más sutilmente posible, Harry usando las herramientas muggles que había traído. En algún momento, tropezó con la mano pálida de alguien y su estado de ánimo se desplomó.

Llamó la atención de Tom y, con cuidado, sacaron un cadáver y lo dejaron en el suelo. Era un hombre con un pañuelo marrón en el cuello, y Harry se mordió el labio mientras su respiración se convertía en algo doloroso e irregular, la culpa terrible y familiar chocaba contra él, mordiendo todo lo que podía tocar.

No fue culpa suya, nada de eso. Pero muggles o magos, la guerra era la guerra, y cada guerra ahora le parecía la primera. Las nuevas caras se convirtieron fácilmente en las de Fred y George, las de Lupin y Tonks, incluso la de Snape; frías y aún muertas, silenciosas e inalcanzables.

Con otra inhalación profunda, Harry asintió con la cabeza hacia Tom, indicando que estaba bien y que podían continuar.

No encontraron a nadie más, así que tal vez alguien ya había buscado en las ruinas y lo hizo sin prestar atención. Finalmente, después de otra media hora, Harry se enderezó, secándose el sudor de su frente. Se preguntaba si debería dejar el cuerpo aquí o llevarlo a otro lugar cuando Tom lo llamó: ―¿Harry?

Sonaba extraño, y Harry inmediatamente dio unos pasos hacia él, alarmado.

―¿Qué pasa?

Tom vaciló por un momento, una fuerte reticencia escrita en su rostro, pero luego la determinación lo reemplazó. Señaló uno de los montones que había estado cavando.

―Hay un bebé aquí ―dijo―. Está haciendo ruido, así que supongo que está vivo.

Harry se apresuró a acercarse, mirando por encima del hombro de Tom.

Realmente había un niño pequeño tendido debajo de las ruinas. No podía tener más de unos meses y su boca seguía abriéndose en una lucha por llorar o gritar.

Por un momento, Harry se quedó mirando, sintiéndose completamente perdido. Apenas sabía qué hacer con el cuerpo, ¿adónde se suponía que debía llevar a un menor? Necesitaba atención urgente y dudaba que ningún orfanato aceptara tal responsabilidad.

―Lo llevaremos de regreso con nosotros ―decidió―. Usaremos pociones para tratarlo. Intentaré averiguar si tiene parientes vivos y, de no ser así, encontraremos una familia de acogida para él.

Tom hizo una mueca, lanzando una mirada ilegible al niño. Luego miró a Harry de nuevo y apretó la mandíbula.

―Bien ―dijo secamente―. Dime qué debo hacer.

• • • •

El bebé era un niño, y al final del día, Harry estaba completamente enamorado de él. Le recordó a Teddy, a esos primeros años que compartieron, y por primera vez, el tinte de tristeza desapareció de sus recuerdos.

Puede que nunca más se viera involucrado en la educación de Teddy, pero se aseguraría de que todavía tuviera a sus padres. Lupin y Tonks lo querrían, al igual que la familia que encontraría para este chico lo querría. Estos niños nunca volverían a verse afectados por ninguna guerra.

Tom estuvo mayormente en silencio, aunque obedientemente fue a buscar las cosas que Harry necesitaba y lo ayudó a preparar las pociones. Sin embargo, su falta de expresión era preocupante, y Harry no pudo dejar escapar a una desagradable sensación de náuseas hirviendo en la boca de su estómago.

Entendió la razón del silencio de Tom. ¿Cómo no iba a hacerlo después de todo lo que pasó?

―No nos lo vamos a quedar ―dijo, inclinando la cabeza de Tom hacia arriba por la barbilla y mirándolo a los ojos, sabiendo que Tom sería capaz de leer su sinceridad―. Tú y yo volveremos a Hogwarts en cuatro días.En ese entonces, el niño se habrá ido. Lo prometo.

Tom lo miró fijamente, todavía inexpresivo, y la inexpresividad de su mirada envió escalofríos a la espalda de Harry.

Conocía esta mirada. Sólo la había visto varias veces en Tom, pero nunca terminó bien.

―Cuatro días ―repitió―. Sólo cuatro días. ¿Lo entiendes? Nada más allá de eso.

―Sí ―dijo Tom, pero sus palabras salieron rígidas y sin emociones―. Entiendo.Cuatro días.

No sonaba como si entendiera. Y Harry lo encontró más aterrador que la peor de las cartas de Tom.

¿Eran cuatro días mucho pedir? Este era sólo un bebé.Un bebé que ambos habían salvado. ¿Cómo podía Tom percibirlo como una amenaza de alguna manera? ¿Qué más podría decir para convencerlo?

Harry transformó una silla en una cuna y la puso en su habitación. Aparte de eso, se obligó a sí mismo a acercarse al chico sólo cuando era necesario, ahogando cada impulso anhelante de abrazarlo o jugar con él antes de que pudiera emerger por completo. También arrastró a Tom a la habitación y pasaron varias horas leyendo juntos. Al final de ello, Tom comenzó a sonreír de nuevo, y una débil esperanza se iluminó en algún lugar del pecho de Harry, dejándolo respirar más fácil.

―Tengo que alimentar al niño ―dijo con cuidado―. ¿Te gustaría verlo o tal vez quieres hacerlo tú mismo?

Quizás si Tom se sintiera aún más involucrado, si viera que no había nada por lo que sentirse amenazado... Era una pequeña posibilidad, pero tal vez podría detener la tensión durante los próximos días.

La sonrisa de Tom se congeló antes de desvanecerse, arrastrando las comisuras de sus labios hacia abajo. La mirada en blanco regresó, pero todavía dijo: ―Lo alimentaré yo mismo.

Harry sonrió antes de inclinarse hacia adelante y darle un beso descuidado en el pómulo.

―Genial ―dijo―. Busquemos esa mezcla de nuevo, olvidé dónde la puse.

―Cómo no recuerdas que tienes magia se escapa de mí. ―comentó Tom, pero las palabras que tenían que ser burlas estaban llenas de o si simplemente estuviera haciendo movimientos sin sentir ningún vínculo genuino con ellos.

Harry se obligó a sonreír, a pesar de que la inquietud comenzó a extenderse a través de él nuevamente, convirtiendo su interior en hielo.

Observó a Tom alimentar al niño con una intensidad que rozaba la obsesión. Quizás era injusto, pero sentía que era mejor que correr riesgos, por pequeños que fueran.

Las acciones de Tom fueron suaves y cuidadosas, y si Harry no hubiera podido ver su rostro, podría haberlas llamado cariñosas. Tal como estaban las cosas, vio el vacío y la oscuridad, y cuando el niño se apartó de la botella, chasqueando los labios y arrugando la nariz en una demostración de inocencia vulnerable, la mirada de Tom se volvió más fría.

No, no se sentía más involucrado, era palpable. Y mientras el corazón de Harry se derretía ante la vista de tal cosa indefensa, el de Tom sólo pareció endurecerse.

Pero no importaba. No lo hizo. Tom estaba intentándolo, realmente intentándolo esta vez, y Harry apreciaría sus esfuerzos sin requerir algo que fuera incapaz de dar, incluso si no podía entender cómo alguien tan pequeño y frágil podía dejar a alguien tan indiferente.

―Bien hecho ―elogió cuando Tom sacó la botella y escondió sus manos detrás de su espalda, mirándolo con expresión ausente―. Empezaré a buscar a alguien que lo lleve mañana por la mañana. ¿Te gustaría ver una película?

Normalmente, Tom lo regañaría de inmediato, comenzando una larga perorata sobre lo terrible que era la mayoría de las películas modernas, pero ahora se encogió ligeramente de hombros.

―De acuerdo. ―dijo.

Harry había seleccionado a propósito la película más divertida que pudo encontrar, y pasó las siguientes dos horas envuelto alrededor de Tom, esperando, rezando, que fuera suficiente. Que cualquieras que sean las dudas y los temores que plagaban la mente de Tom, su devoción podría disiparlos.

Esta noche durmieron en una cama y Harry se sintió aliviado: de esta manera, podía observar tanto a Tom como al bebé y al mismo tiempo demostrar que aceptar una responsabilidad temporal por otra persona no significaba que Tom comenzaría a recibir menos atención. Esperaba que Tom pudiera verlo.

Tenía quince años. ¿Cómo podría no hacerlo?

La mañana no le trajo tranquilidad. Tom permaneció distante, y cada vez que Harry interactuaba con el niño, su mirada se agudizaba, brillando peligrosamente.

Esto complicó la búsqueda de la familia del niño. Para encontrar a alguien, Harry tenía que salir y no podía dejar a Tom a cargo, no cuando se comportaba así. Era increíble que este problema existiera, pero existía, y esta vez, no iba a cerrar los ojos voluntariamente.

Al final, decidió llevarse a Tom con él y dejar al niño solo. No era seguro, pero una parte más tranquila de su mente sugirió que era más seguro que pedirle a Tom que se quedara atrás.

Desafortunadamente, su viaje fue infructuoso. La familia del niño estaba muerta, y ninguna de las personas con las que Harry había establecido conexiones expresó ninguna disposición a adoptarlo. Cuando regresaron a casa, el niño estaba llorando en voz alta, así que Harry corrió escaleras arriba, lo agarró de la cuna y murmuró con dulce consuelo, meciéndolo de un lado a otro. El niño finalmente se calmó, parpadeando adormilado, y Harry sonrió, incapaz de evitarlo.

En ese mismo instante, un escalofrío repentino entró en la habitación, congelando todo a su paso. Harry se quedó quieto.

Él sabía de dónde venía, pero no quería mirar para asegurarse. No quería convertir las sospechas en realidad.Sin embargo, la frialdad se estaba volviendo demasiado mordaz para ignorarla, así que miró y su corazón se hundió.

Tom estaba de pie en el umbral, midiéndolo con una mirada intensa. Sus labios estaban presionados en una delgada línea, y sus ojos ardían con una rabia tan profunda que Harry se sorprendió de que no se derritieran, ahogándolos a todos en su veneno.

La frustración estalló entonces, casi saliendo de él, llenándolo con una repentina necesidad de contrarrestar la frialdad de Tom, de gritarle y preguntarle si entendía lo completamente loco que estaba actuando. ¿Por qué tenía que ser siempre el que entendía todo? ¿Por qué tenía que satisfacer todas las necesidades de Tom, caminar de puntillas a su alrededor por miedo a empujarlo hacia la oscuridad?

Quizás Tom leyó algo en su rostro porque su furia de repente se convirtió en dolor, y así, la ira de Harry se atenuó. Su estómago todavía estaba revuelto por la injusticia, por la injusticia de esto, pero el resentimiento comenzó a perder su filo.

Sabía por qué lo estaba aguantando. Por supuesto que lo hizo.Amaba a Tom y le había hecho una promesa. No significaba que iba a seguir todas las demandas irrazonables que Tom hacía, pero cuando se trataba de compartir cualquier parte de sí mismo con alguien, incluso con un niño pequeño que era sólo una presencia temporal en su vida, no tenía otra opción. Era mejor tragarlo que arriesgarse a alienar a Tom o hacerle daño a alguien.No otra vez.

―Está bien ahora ―dijo Harry de manera uniforme. La amargura todavía lo mordía, pero logró reducirla lo suficiente para que su voz no se viera afectada―. Vamos a la cocina, deberíamos comer algo.

Los ojos de Tom se entrecerraron, cautelosos y hostiles, pero después de un momento de vacilación, asintió con la cabeza y Harry volvió a poner al bebé en su cuna.

Salieron de la habitación en silencio y apenas intercambiaron un par de palabras al final del día.

Los sueños de Harry eran oscuros y ansiosos. Se despertó en medio de la noche con la certeza de que se estaba ahogando, y le tomó un tiempo a su cerebro calmarse y darse cuenta de que no estaba realmente sofocado. Pero incluso mientras sucedía, la sensación de inquietud no desapareció, y con un sobresalto, se sentó en su cama, su corazón latía con fuerza.

Tom estaba parado sobre él. Tenía los puños tan apretados que sus manos parecían anormalmente pálidas incluso en la oscuridad. Su cabello estaba despeinado, como si hubiera pasado horas pasándose los dedos por él con nerviosismo, pero fue la mirada salvaje y completamente desquiciada en sus ojos lo que inyectó a Harry de súbito terror.

―¿Qué pasa? ―él susurró―. Tom.Háblame.

―Tienes que sacarlo de nuestra casa ―dijo Tom. Su voz era laboriosa, cada palabra salía como un pequeño jadeo―. No en varios días. Ahora mismo.

―Tom...

―Tienes que hacerlo ahora porque lo odio.Lo odio, y si se queda, lo mataré.

Se lo esperaba.Se lo esperaba, pero aún así no se echó atrás, sintiendo que la bilis le subía por la garganta, ahogándolo de verdad esta vez.

―Explica por qué ―Harry apretó los dientes, a pesar de que cada sílaba parecía estar atorada en su boca―. Explica por qué no puedes esperar dos malditos días más.

―¡Porque no vas a renunciar en dos días! ―Tom siseó.Algo en el estante de Harry se rompió ruidosamente: un vaso, por el sonido―. Te conozco. Querrás encontrar una familia perfecta que críe a un niño perfecto, ¡pero nunca sucederá porque nadie quiere una carga como esta! Dos días se convertirán en cuatro, cuatro días se convertirán en una semana, y luego te apegarás tanto que te negarás a dárselo a nadie más. No lo permitiré. Nunca debería haberte dicho que estaba allí.

―Salvaste una vida ―susurró Harry. Algo húmedo le rozó los párpados inferiores y trató de apartarlo con un parpadeo. Esta era una pesadilla, una que no sabía cómo terminar―. No importa lo que sientas ahora, hiciste lo correcto antes. No lo eches a perder.

―¡Entonces no me ignores! ―Tom escupió, y estas palabras sacaron a Harry de la cama. Vagamente, se dio cuenta de que sus propias manos estaban apretadas en puños temblorosos, o tal vez todo su cuerpo estaba temblando, incapaz de hacer frente a las acusaciones de Tom, con la inevitabilidad de lo que iba a tener que hacer.

―¡Nunca te he ignorado! ―gritó, y hubo un crujido audible en el aire, un pulso de magia más volátil, su magia esta vez―. ¡Toda mi vida gira en torno a ti! ¡Mi día a día comienza y termina contigo!Incluso en esta situación, estasituación temporal con el niño, me aseguré de que siguieras siendo mi prioridad. ¡Cómo no puedes ver eso!

―¡No necesito ser tu prioridad!―Tom bramó.En un sólo paso, cerró la distancia entre ellos, agarrándolo por su camisa, sus nudillos hundiéndose profundamente en la clavícula de Harry―. Prioridad implica competencia y no lo voy a tolerar. Nunca lo toleraré. ¡No compartiremos nuestra vida con nadie! No me importa si es por un día o un año, no dejaré que suceda. ¡Así que sácalo antes de que haga algo que me pediste que no hiciera!

Por un segundo, la visión de Harry se puso roja. La incontrolable furia desesperada alcanzó su punto máximo, incinerándolo desde el interior, elevándose y subiendo, espeso y repugnante como el vómito. La necesidad de escupirlo, de gritar hasta que Tom dejara de hacerle esto se convirtió en una necesidad casi física, pero luego Tom le echó las manos alrededor del cuello, hundiendo la cabeza en su garganta, y Harry sintió lo rápido que latía su corazón contra su propio pecho.

―No quiero que me apacigües o intentes distraerme como lo has estado haciendo ―susurró Tom febrilmente, casi derritiéndose contra él―. Sólo te quiero conmigo. Siempre conmigo. No permitiré que pienses en otra persona, no permitiré que cambies nuestros planes sólo porque alguien más te necesite. Te lo dije, eres mío. Prometiste que eras mío. Lo prometiste.

―Lo hice ―dijo Harry con cansancio―. Y lo soy. Este niño no cambia nada.

―No me importa. Quiero que se vaya.

―Sí, puedo ver eso.

Se hizo el silencio, interrumpido sólo por su respiración aguda. Lentamente, la neblina roja de la ira comenzó a desvanecerse, y cuando lo hizo, Harry se sintió exprimido. Agotado más allá de lo imaginable.

A pesar de la amargura retorciéndose en algún lugar de su estómago, no pudo reunir la energía para permanecer enojado porque… ¿qué cambiaría? Tom era quien era. Si Harry había metido la pata o Tom siempre había sido así, eso no cambiaba el presente. Tal vez algún día, cuando Tom inevitablemente descubriera que hay más en la vida que él, este sofocante agarre se aflojaría, pero hasta entonces, las opciones de Harry eran limitadas. Cuando lo empujaba, él elegiría a Tom: siempre elegiría a Tom. Tom era más importante que la libertad, más importante que el sentido común y las decisiones racionales. Así que sólo podía hacer una cosa.

―Vamos, entonces ―Harry apretó la nuca de Tom con firmeza, forzando una sonrisa tensa cuando Tom lo miró a la cara―. No tiene sentido esperar.

―¿Ir a donde? ―Tom murmuró con cautela.

―Al orfanato. Es el único lugar que estará de acuerdo en aceptarlo. Él está sano ahora, y les daré dinero para que… ―Harry se calló, tragando el nudo en su garganta.

Para que así trataran bien al niño. Para que así no lo desecharan. Para así no se sintiera odiado y abandonado.

No era suficiente, pero era algo.

―Sin embargo, nunca lo volverás a ver. ¿Podrías? ―Tom ladeó la cabeza, mirándolo, y Harry lo miró fijamente a los ojos.

―No haré esta promesa ―dijo.Al ver cómo Tom se erizó instantáneamente, negó con la cabeza―. No empieces. Acepté renunciar a él sin esperar. Tienes razón, no podré encontrarle una buena familia en dos días, no en momentos como este, así que no tiene sentido retrasar lo inevitable. Pero aún puede que vaya a visitarlo de vez en cuando.

―Pero-

―Para ―La dureza de sus propias palabras lo sorprendió. También sorprendió a Tom por la forma en que se movió nerviosamente, de repente luciendo inseguro―. No abuses de tu derecho a exigirme. Eres la única persona que amo, pero eso no significa que no vaya a cuidar de los que dependen de mí. Y este niño depende de los dos.

Tom frunció el ceño, desconcertado, y Harry aprovechó la oportunidad antes de que se le escapara.

―Lo encontraste. Me ayudaste a salvarlo. Este niño es nuestra responsabilidad compartida ahora, así que aunque no participaremos en su vida, a veces lo veremos. Juntos.

Finalmente, dijo lo correcto porque el ceño fruncido se suavizó. Tom asintió con la cabeza, pensativo y serio, y Harry asintió en respuesta.

―Hagámoslo. ―dijo con determinación.

• • • •

Cuando regresaron a casa, ya era de mañana. Harry cerró las cortinas con un movimiento de su varita y se metió en la cama, tratando de mantenerse despierto el tiempo suficiente para ver qué iba a hacer Tom. No tuvo que esperar mucho; muy pronto, Tom lo siguió a su cama, cubriéndolos a ambos con una manta. Sus ojos estaban sorprendentemente alerta para alguien que no había dormido nada anoche, pero Harry no tenía fuerzas para molestarse por eso ahora. Su mente seguía pensando en el rostro de una mujer que le había arrebatado al niño, en sus rasgos severos y serios. Pero el niño dejó de llorar en el momento en que ella comenzó a mecerlo, y eso le dio esperanza a Harry. Quizás todo estaría bien. Fue para mejor, Tom tenía razón. Se habría encariñado aún más con el tiempo, y no había garantía de que pudiera encontrarle una buena familia.

Consolado por estos pensamientos, Harry finalmente dejó que la oscuridad se lo llevara. Cuando se despertó, las luces de la habitación se volvieron un poco más brillantes. Tom estaba sentado a su lado, mirándolo, y había algo muy extraño en su expresión.

―¿Has dormido aunque sea un poco? ―Harry murmuró con un bostezo. Tom negó con la cabeza antes de morderse el labio en un gesto inusualmente nervioso, y sólo ahora Harry sintió la oleada de ansiedad que estaba emanando.

―¿Qué sucede?―preguntó, frunciendo el ceño. Pensó que ya habían superado lo peor. ¿Qué más podría preocupar a Tom de esta manera?

―Nada ―respondió Tom rápidamente―. Sólo me preguntaba si el sistema que sugeriste en verano sigue siendo relevante. El de las recompensas y los castigos.

Oh.Se había olvidado por completo.

―Sí. ―dijo Harry. La parte irracional de su mente se rebeló contra la idea de recompensar a Tom en este caso en particular, pero con un esfuerzo, la puso en orden.

Tom había hecho lo correcto, sin importar cuánto le desagradara a Harry. En lugar de conspirar, fingir y actuar a sus espaldas, Tom fue sincero y abierto sobre sus sentimientos. Pudo haber sido egoísta, pero demostró su crecimiento, eligió confiar en él y Harry no podía dejarlo sin recompensa.

―Sí ―dijo de nuevo, más firme esta vez―. Sigue siendo relevante.

Los ojos de Tom brillaron con triunfo antes de que aún más ansiedad los llenara. Se clavó los dedos en las rodillas, bajó la mirada y se encogió de hombros a medias, como si respondiera a su propia pregunta sin voz.

La curiosidad se instaló, sofocando las punzadas restantes de amargura. Harry se sentó también, tratando de captar la mirada de Tom.

―¿Qué es? ―él preguntó―. ¿Hay algo específico que quieras pedirme?

―Sí. ―Tom finalmente lo miró.Sus ojos ardían intensamente y las primeras manchas de color en sus mejillas ahuyentaron su palidez habitual. Sus manos se movieron torpemente, como si no estuviera seguro de qué hacer con ellas, y cuando Harry arqueó una ceja interrogante, Tom se sonrojó aún más.

―¿Qué? ―Preguntó Harry, acercándose más.Ahora sonreía, demasiado divertido e intrigado para permanecer serio. Cualquiera que fuera este deseo, tenía que ser algo profundamente vergonzoso o absolutamente indignante. Nada más convertiría a su Tom en este doppelganger ruborizado e incómodo.

―Quiero que tú… ―la mirada de Tom se deslizó por el rostro de Harry, deteniéndose allí. Su sonrojo se intensificó, Harry casi podía sentir su calor―. Quiero que tú… ―Tom lo intentó de nuevo, pero las palabras aún no llegaron. Incluso su nariz estaba roja ahora, y siguiendo el impulso moldeado por la ternura que se desarrollaba dentro de él, Harry rozó su propia nariz contra ella, sonriendo con simple alegría por lo cálido que se sentía. Cuando se apartó, los ojos de Tom parpadearon. Se sentía como si estuviera luchando por mantenerlos abiertos, y cuando sus miradas finalmente se encontraron de nuevo, la de Tom estaba completamente vidriada.

―¿No puedes decidir? ―Harry se burló de él―. Te dije que deberías dormir un poco. ¿Qué pasa si pides algo de vez en cuando y luego cambias de opinión después de despertar?

―No lo haré ―Tom siguió mirándolo―. Sé lo que quiero.

―Bueno, entonces dilo.

Pero Tom no lo hizo. Sus labios se movieron, dando forma a las palabras y se congelaron antes de que cualquier sonido escapara. Había casi un destello desesperado en sus ojos, una necesidad tan fuerte que la inquietud alzó su cabeza en el corazón de Harry, poniendo fin a la diversión que estaba sintiendo.

―Tom, ¿qué es? ―pronunció suavemente―. Dime.

Tom negó con la cabeza y la desesperación se desvaneció, transformándose en resignación.

―Nada ―murmuró―. Te dejo la decisión esta vez.

―Pero-

―Quiero que me sorprendas. Tengo curiosidad por saber qué se te ocurrió.

Esta era una mentira muy obvia, pero después de una breve vacilación y una pelea con su protestante curiosidad, Harry decidió no presionar más. Tom hablaba cuando estaba listo para hablar; ninguna fuerza en el mundo podía obligarlo a hablar cuando no quería.

―Está bien ―estuvo de acuerdo―. Pero necesitaré unos días para pensarlo.

Tom asintió con tristeza antes de arrastrarse más cerca y empujarlo hacia abajo sobre la almohada. Cuando Harry sucumbió, Tom dejó caer la cabeza sobre su pecho, envolviendo un brazo alrededor de su estómago posesivamente. Cada célula en Harry cantó con cálido placer bajo este toque, y una nueva oleada de satisfacción somnolienta lo golpeó.

Estar con Tom valió la pena cada sacrificio. Tom podía ser egoísta, frío, monstruoso a los ojos de algunas personas, pero era suyo. Y Harry no lo cambiaría por nada.

• • • •

Tardó casi una semana en llegar a la recompensa. Regresaron a Hogwarts en ese momento, y Harry pasó cada momento libre considerando y descartando diferentes opciones. Quería que la recompensa fuera significativa, capaz de impresionar a Tom, pero era más fácil decirlo que hacerlo.

Al sexto día, Harry pensó en la Sala de los Menesteres. Después de sondear con cuidado, determinó que Tom aún no lo había descubierto, por lo que lo llevó al séptimo piso durante la cena, deteniéndose junto a la pared familiar.

―¿Y esta es la recompensa? ―Tom entrecerró los ojos con sospecha―. ¿Una pared?

―Es una pared especial.

―Para mí se ve igual que todos los demás muros del castillo

―Paciencia ―le reprendió Harry―. Quiero que te concentres. Piensa en lo que más necesitas en este momento. Visualízalo, luego camina tres veces más allá de la pared.

La mirada de Tom sugirió claramente que dudaba de la cordura de Harry, pero con un suspiro de sufrimiento, miró hacia adelante sin parpadear. Luego pasó junto a la pared sin prisa, y cuando la puerta apareció justo frente a él, se detuvo, mirándola boquiabierto.

―¿Es un pasaje secreto? ―preguntó, sin hacer ningún movimiento para tocar la manija. Su voz era cautelosa―. ¿Cómo supiste que estaba aquí? ¿A dónde lleva?

Harry sólo se encogió de hombros, sabiendo que sus labios estaban temblando en una sonrisa traidora. Dejen que Tom sospeche incluso cuando estaba siendo recompensado.

Tom finalmente alcanzó la manija, tirándola con cuidado, y luego ambos se congelaron al ver que la familiar habitación los saludaba.

―¿Mi dormitorio? ―Harry arqueó una ceja, mirando a su alrededor con desconcierto. Se conservó cada pequeño detalle, incluso la llamativa estatua de un león que Tom odiaba tanto―. Pensé que sería una sala del trono o algo igualmente pretencioso.

―No soy pretencioso ―se quejó Tom, pero su rostro estaba ardiendo. Parecía fascinado y mortificado―. No lo aclaraste, ¿cómo iba a saber en qué debería estar pensando?

―Entonces, ¿sobre qué pensaste?

Esta vez, Tom le lanzó una mirada casi compasiva.

―Sobre casa. ―dijo finalmente. Una extraña sensación que se había hecho un lugar en algún lugar debajo de la caja torácica de Harry se retiró, oscureciendo la sombra de una comprensión vaga y distante. Sonrió, tocó y cerró la puerta detrás de ellos.

Tom podría usar esta habitación para diferentes propósitos: con su sed de conocimiento y experimentos, la frecuentaría a diario. Tal vez nunca volvería a tomar la forma de su casa, pero el hecho de que lo hiciera envió una corriente de alegría a través del pecho de Harry.

Era la casa de Tom tanto como Tom era suyo. Sabía que no duraría para siempre, no podía, Tom inevitablemente seguiría adelante con el tiempo, pero iba a disfrutar de lo que tenía durante el mayor tiempo posible.

• • • •

Tener que calificar ensayos no era algo a lo que Harry estuviera contento de volver a hacer, pero el lado práctico de sus lecciones lo llenaba de un entusiasmo casi infantil. Ver a sus alumnos responder de la misma manera fue emocionante, por lo que preparó cada lección con diligencia, incluyendo tantos elementos útiles como pudo pensar. Ahora que conocía personalmente a la mayoría de los estudiantes, comenzó a idear tareas individuales para ellos.

Eran inteligentes, todos, a su manera. Pero nadie podía compararse con Tom, y Harry no estaba seguro si era por su mente brillante, su intenso deseo de ser el mejor en la clase de DCAO o el simple hecho de su existencia. Siempre que Tom estaba cerca, los ojos de Harry se dirigían a él. Tom era cegado en su resplandor, y Harry era inquietantemente consciente de que si tuviera la oportunidad, pasaría todas sus lecciones mirando, captando cada movimiento de Tom, memorizando cada palabra que decía.

Mañana sería un día duro. Harry había estado tratando de retrasar este momento durante meses, pero sus excusas para sí mismo dejaron de funcionar hace un tiempo. Los compañeros de clase de Tom se habían sometido a suficiente preparación y pruebas, por lo que era hora de presentarles El Encantamiento Patronus.

Voldemort y la mayoría de sus Mortífagos habían sido incapaces de conjurar un Patronus. Dumbledore tenía varias teorías sobre eso, y Harry no estaba seguro en cuál creía. Lo que sí creía era que Patronus requería una poderosa energía positiva, una clase pura de ella, y seres como Voldemort, con el alma lisiada y podrida, nunca podrían esperar experimentarla. La felicidad que sentía era una pálida imitación de la realidad, e incluso si hubiera ganado la guerra, Harry estaba seguro de que no sería suficiente para alimentar este encanto.

Tom Riddle podría haber usado el Patronus, pero Harry dudaba que tuviera suficientes recuerdos verdaderamente felices para hacerlo. Su Tom, sin embargo... Su alma estaba completa. Ya no era puro, no después de Beth, pero no significaba que estuviera corrompido más allá de toda esperanza. Todavía existía la posibilidad de que hubiera más luz que oscuridad viviendo en él, que su felicidad fuera saludable y que Patronus fuera sólo otro hechizo que dominara.

Pero tal vez no. Tal vez Tom, con las circunstancias de su nacimiento, con su incapacidad para sentirse como los demás se sentían, no pudo acceder a la magia de esta luz. Quizás sus recuerdos felices eran aún una sombra, algo incapaz de formar un fuerte Patronus corpóreo, una encarnación de la luz y el amor.

No haría ninguna diferencia para Harry. Podría romperle el corazón, pero no dejaría que empañara su fe en Tom. El propio Tom, por otro lado... El no poder hacer frente a un hechizo podría enfurecerlo. Peor aún, podría lastimarlo, inculcarle la certeza de que tenía fallas y sólo empujarlo más hacia el camino que Harry esperaba no seguir nunca.

O quizás estaba exagerando. Sabía con certeza que sólo unos pocos estudiantes podrían convocar un Patronus corpóreo, si es que lo habían. Si Tom fallaba, realmente no sería el único, por lo que no tendría motivos para pensar que la magia de luz era inaccesible para él solo.

No, realmente lo estaba haciendo demasiado complejo. La verdad era mucho más simple: si Tom fallaba con el Patronus frente a todos, se enojaría y desanimaría, y Harry no podría soportar la idea.

Por eso buscó a Tom por la noche y lo arrastró a su oficina, sintiéndose culpable pero sombríamente decidido.

Le enseñaría a Tom todo lo que sabía sobre este encantamiento. Le daría una mejor base para tener éxito en comparación con sus compañeros de clase, por lo que incluso si nunca conjurara una forma completa, todavía tendría una ventaja. Todavía lo haría mejor que muchos otros.

No era justo, pero la alternativa era peor.

―¿Qué estaremos haciendo?―Tom preguntó, mirándolo con descarada curiosidad.

―Mañana voy a empezar a enseñarles a estudiantes de quinto año un hechizo difícil ―dijo Harry―. Pero primero quería practicarlo contigo.

―¿Por qué?

Harry vaciló y el rostro de Tom se tensó.

―¿Dudas que pueda demostrarlo o dudas que pueda sobresalir en él? ―preguntó con frialdad.

―Ninguno de los dos ―dijo Harry. Ante la mirada de ojos entrecerrados de Tom, se encogió de hombros, tratando de parecer indiferente―. Es un encanto importante y difícil. Casi nadie va a tener éxito en absoluto, ni siquiera después de diez o veinte intentos, así que tendré que dedicar mucho tiempo a monitorear a los estudiantes menos capaces. Quiero hablar contigo sobre lo básico con anticipación porque quiero verte intentarlo yo mismo, y no podré prestarte la atención adecuada mañana; sé que no cometerás los errores que otros cometerían.

Las líneas tensas en el rostro de Tom se aflojaron y los remolinos agresivos de su magia se esfumaron.

―Está bien ―estuvo de acuerdo―. ¿Qué es este hechizo?

―¿Has oído hablar del encantamiento Patronus?

La aprehensión parpadeó en la mirada de Tom por un segundo antes de disimularla.

―Sí ―dijo con rigidez―. Ya conozco los conceptos básicos, pero nunca antes había intentado lanzarlo.No creo que sea un encanto necesario.

―Oh, pero lo es ―replicó Harry―. Nunca se sabe en qué situación te puedes encontrar. Los dementores no están vinculados a Azkaban de forma indefinida. ¿Y si te atacara uno?

―Los dementores se sienten atraídos por los tontos emocionales que experimentan sentimientos vívidos ―argumentó Tom―. No me atacarían deliberadamente, siempre elegirían a otra persona si hubiera una opción.

―Imaginemos que es verdad. ¿Y si me eligieran a mí?

La conmoción y la negación torcieron los rasgos de Tom.Su respiración se hizo más aguda, pero aun así trató de mantenerse firme.

―Si tienes la intención de enseñarme este encantamiento, debes ser capaz de producirlo. No necesitarías mi ayuda.

―Podría quedarme incapacitado o desconcertado. O superados en número. ―Esto último no sería un problema, pero Tom no necesitaba saberlo. Sus dudas sobre probar el Patronus y su protección irracional chocarían, y Harry estaba bastante seguro de saber cuál prevalecería.

Como esperaba, Tom no dudó mucho. Unos segundos más tarde, levantó la barbilla, una resolución tenaz oscureciendo sus ojos.

―Bien ―dijo brevemente―. Vamos a hacerlo. Pero no conozco todos los detalles.

Harry se tragó la sonrisa emergente. A Tom no le agradaría verlo.

―Tu Patronus es un guardián en cierto modo ―explicó―. En la mayoría de los casos, toma la forma de un animal con el que tienes afinidad, algo que te representa.A veces puede reflejar a la persona por la que se tiene sentimientos profundos. Por ejemplo, en términos básicos, si tu animal sería típicamente una serpiente pero estás enamorado de un Gryffindor, tu Patronus podría ser un león, o viceversa.

Los ojos de Tom se abrieron un poco, pero no dijo nada, así que Harry continuó.

―Mi Patronus siempre ha sido un ciervo.Es el Patronus que tenía mi padre, y como nunca tuve la oportunidad de conocerlo, mis fantasías y mis esperanzas sobre él se plasmaron en esta imagen, en esta especie de vínculo entre nosotros. Es él… ―Harry se interrumpió, notando cómo los labios de Tom se curvaron en un pequeño pero feo gruñido―. ¿Qué?

―Nada. ―dijo Tom, pero el disgusto en su voz desmentía sus palabras. Desconcertado, Harry trató de averiguar el motivo, pero no se le ocurrió nada. ¿Qué podría tener Tom contra su padre? ¿O era el sentimiento al que se oponía?

―Sé que el encanto se centra en los recuerdos ―Tom interrumpió sus pensamientos, sonando más tranquilo ahora―. Entonces, ¿qué debo imaginar?

―Cualquier cosa que te haga verdaderamente feliz ―respondió Harry automáticamente―. Algo que podría hacerte sonreír con sólo pensar en ello. Tiene que ser un recuerdo poderoso, uno que sabes que permanecerá contigo para siempre.

―¿Me puedes mostrar? ―Tom inclinó la cabeza, sus ojos penetrantes―. Nunca había visto un Patronus antes.

―Por supuesto. ―Harry levantó su varita y luego se detuvo.

Habían pasado tantos años desde la última vez que llamó a su ciervo. ¿Qué memoria debería usar ahora?

Sus padres.Sirius. Ron y Hermione.

Las imágenes parpadearon y se oscurecieron.Se sentían como ilusiones, no como recuerdos reales.No trajeron la esperada oleada de confianza y alegría, la creencia de que él podía hacer cualquier cosa, convertirse en cualquier cosa para experimentar nuevamente este abrumador sentimiento de felicidad.

Tom... Tom.

El mero susurro de este nombre le infundió vida.La magia de Harry se apresuró a atravesar la varita antes de que tuviera la oportunidad de decir algo, y un millón de imágenes pasaron por su mente, haciendo que todos sus células cantaran de satisfacción.

Abrazar a Tom por primera vez.Ver su primera sonrisa genuina. Cocinar juntos. Decorar su árbol de Navidad.Bailar. Dormir en los brazos del otro, las sensaciones de hogar, seguridad, comodidad que lo acompañaban.

Sí, Tom. Tom era su fuente de luz.

Contrariamente a todas las recomendaciones, Harry no podía concentrarse en un sólo recuerdo, pero la tormenta de exaltación todavía giraba a través de él, cargándolo con la energía que necesitaba.

Expecto Patronum. ―dijo claramente. Una forma plateada corpórea estalló hacia adelante, iluminando toda la habitación con su brillo, y Harry se sintió tan infantilmente feliz de tener éxito que le tomó un momento darse cuenta de algo.

Esto no era un ciervo. Por un lado, su Patronus no estaba parado en el suelo como solía hacerlo, estaba flotando en el aire. Más que eso, ahora tenía alas y su cuello se había vuelto mucho más largo. Era…

Era un dragón. Era algo lo más alejado posible del ciervo.

La comprensión le quitó cada pizca de autocontrol, y Harry miró con la boca abierta mientras sus pensamientos se agitaban, tratando de reorganizarse en algo que tuviera sentido nuevamente.

Tal vez fue ingenuo esperar que su Patronus siguiera siendo el mismo sin evolucionar. Era una persona muy diferente del niño que había sido. Pero el ciervo siempre había sido más que un simple Patronus para él: era un vínculo con su padre. Un padre al que nunca volvería a ver porque su línea había sido interrumpida con el asesinato de Charlus Potter.

Sin palabras, Harry siguió mirando la nueva forma volando arriba, buscando a los enemigos que no estaban allí.

―Un dragón ―dijo Tom en voz baja. Con un sobresalto, Harry se volvió hacia él.Los ojos de Tom estaban muy abiertos y fascinados, y el resplandor del Patronus parecía hacerlos más claros, dándole una mirada casi inocente―. Tu Patronus es un dragón, no un ciervo.Así que debe haber cambiado.

Lentamente, Tom desvió su mirada hacia él, y todo su rostro se iluminó con una alegría y un deleite tan poderosos que Harry se sintió clavado en un punto bajo su impacto.

―Cambió por mi culpa ―susurró Tom―. Me dijiste en mi cumpleaños que te recuerdo a los dragones. Entonces tus emociones, tus sentimientos tomaron la forma de uno. Me amas.

A pesar de una extraña vergüenza que lo atravesaba, Harry se rió.

―¿Cómo te sorprende? ―preguntó―. Nunca he negado amarte.Por supuesto que sí.

―Pero es diferente ―Tom se giró para mirar al dragón de nuevo―. Es una prueba. Una prueba tangible.

Había muchas cosas que Harry podía decir a eso, pero se tragó todas las palabras. Si Tom todavía estaba inseguro de alguna manera... aunque cómo podría serlo, después de todo... entonces tal vez hacer que su Patronus cambiara de forma era algo bueno.Y aunque una parte de Harry lamentó la pérdida de un vínculo más con su padre, no podía negar que entendía por qué sucedió.

Tom era su vida.No era de extrañar que su magia lo reflejara.

―Tu turno ahora. ―dijo Harry un poco roncamente.Tom no le prestó atención, sus ojos clavados en el dragón con avidez. Dando un cuidadoso paso hacia adelante, extendió la mano y la criatura la alcanzó con curiosidad.

Harry permitió que el momento durara y luego volvió a agitar su varita, casi de mala gana. El resplandor se desvaneció, pero Tom siguió mirando el lugar donde había estado flotando. Su magia se sentía suave y ligera, envolviendo sus tentáculos alrededor de Harry con amor. Harry nunca había sentido algo así antes, siempre podía sentir el poder de Tom, un cambio peligroso en el aire cada vez que experimentaba emociones fuertes, pero ¿esto? Esto era como una manta, cálida y reconfortante, y si Harry pudiera, se habría envuelto más fuerte con ella.

Tom negó con la cabeza ligeramente, como si se despejara del aturdimiento, y luego levantó la varita.

Expecto Patronum. ―ordenó. Se dispararon chispas plateadas, brillantes pero sin forma. Tom vaciló, y el vertiginoso capullo de su magia se evaporó repentinamente, con algo más oscuro en su lugar.

Expecto Patronum. ―lo intentó de nuevo, pero esta vez, ni siquiera las chispas emergieron. La habitación permaneció silenciosa y fría.

Sin decir palabra, Harry se acercó y su corazón se apretó ante la mirada cautelosa que Tom le envió.

―Está bien ―dijo con firmeza―. No espero que tengas éxito de inmediato o ni siquiera en o dije antes, este encanto es especial. Incluso los magos más poderosos no están garantizados a dominarlo porque requiere una combinación de muchas cosas diferentes. Las circunstancias-

―¡Expecto Patronum! ―Tom gruñó, levantando su varita.No pasó nada y sus nudillos se pusieron blancos. La furia comenzó a fluir de él en oleadas palpables, pero antes de que pudiera repetir el encantamiento de nuevo, Harry puso sus manos sobre sus hombros, presionando sus labios contra su oído.

―Detente ―ordenó en voz baja, y Tom se congeló, la tensión en su espalda rígida disminuyó―. Sabes cómo funciona este encantamiento. Prospera con la luz y la positividad. Cuanto más te enojas, menos posibilidades tienes de tener éxito.

―No estaba enojado la primera vez ―dijo Tom entre dientes―. Aún así no funcionó.

―No se puede esperar que funcione de inmediato. Elige un recuerdo específico. Relájate.Intenta concentrarte en ello.Siente la felicidad de eso en cada parte de tu mente, luego vuelve a intentarlo.

Tom se enderezó, agarrando su varita con más fuerza.La tensión regresó, así que Harry le apretó los hombros con más fuerza, acariciando su cabello.

―Imagina que hay nubes encima de ti ―susurró―. Nubes oscuras y pesadas. Tienes frío y quieres ver el sol, pero las nubes no te dejan. Son demasiado gruesas, demasiado grises. En esta frialdad, poco a poco te estás olvidando de quién eres. ¿Qué te daría el poder de convocar la luz? ¿Qué te traería a tierra, te haría sentir cálido y feliz de nuevo?¿Qué te haría aguantar?

Tom estuvo en silencio durante mucho tiempo, pero gradualmente, Harry comenzó a sentir un cambio en su magia. Su intensidad oscura vaciló, reemplazada por matices más claros y tranquilos, y de repente, todo el aire de la habitación pareció evaporarse, fluyendo hacia Tom y transformándose en una poderosa pared de energía pura.

Expecto Patronum. ―dijo, y esta vez, una forma radiante y saludable estalló hacia adelante en un elegante golpe, extendiendo sus alas ampliamente.

Un dragón. Lo mismo que Harry acababa de conjurar, desde su rostro estrecho hasta las poderosas alas escamosas.

Por un momento, la pura felicidad de que Tom tuviera éxito hizo que Harry se sintiera mareado, llenándolo de una felicidad profunda que coloreaba su visión de un blanco brillante. Se sintió regocijado. Se sentía capaz de producir un ejército de Patronus porque Tom tenía razón, esto era una prueba tangible. Prueba de que el alma de Tom no estaba lisiada. Prueba de que era capaz de hacer la forma de magia más ligera que existía.

Cuando la conciencia comenzó a filtrarse, la atención de Harry se centró en el hecho de que estaba viendo la copia exacta de su propio dragón. Fue... extraño, por decir lo menos. Su propio Patronus estaba claramente vinculado a Tom. ¿Entonces el de Tom estaba atado a sí mismo? O…

De repente, se le cortó la respiración del pecho. Inhaló profundamente, sorprendido y sin atreverse a creerlo, pero… tenía sentido. Tenía perfecto sentido.

El Patronus de Tom estaba anclado a la percepción que Harry tenía de él. Podría protestar y ridiculizar los valores que Harry había estado tratando de inculcarle, pero aún anhelaba corresponder con ellos, ser la persona que Harry quería que fuera. Todo estaba allí, en la plateada y hermosa criatura que se elevaba sobre sus cabezas, orgullosa, leal y feroz, un reflejo de todo lo que Harry había esperado.

Tom no era perfecto, ni mucho menos, pero quería ser perfecto para él. Fue el mejor regalo que Harry había recibido.

Incapaz de encontrar otra salida, su alegría se materializó a través de lágrimas que repentinamente inundaron sus ojos. Harry parpadeó y finalmente apartó la mirada del dragón, encontrando a Tom ya mirándolo.

Habíanubes sobre mí ―dijo sin expresión―. En el orfanato.Sin sol.Sólo gris. Y luego viniste y me llevaste.

Un nudo en su garganta creció, se espesó y Harry se encontró incapaz de comentar algo. En cambio, tomó a Tom en sus brazos, y se hundió cuando Tom inmediatamente le devolvió el abrazo.

―Te amo ―exhaló Harry―. Más que nada.

Como siempre, Tom no dijo nada en respuesta, pero su dragón seguía revoloteando cerca, expresando más de lo que cualquier palabra podría.

• • • •

El resto del año escolar pasó volando rápidamente. Harry lo pasó en un extraño estado de vértigo, sabiendo que estaba sobrestimando el impacto de Tom conjurando el Patronus, pero incapaz de evitar sentirse imprudente con júbilo. Solo otro estudiante del año de Tom había logrado producir un encanto completamente corpóreo, y aunque estaba mal, este hecho lo enorgullecía aún más.

El comportamiento de Tom fue casi perfecto. Todavía lanzaba miradas sombrías a los estudiantes a los que Harry prestaba mucha atención, pero aparte de eso, no había nada preocupante o perturbador. De hecho, Tom parecía haber redoblado sus esfuerzos para formar conexiones cercanas con todos los demás estudiantes, y su influencia pareció ser sorprendentemente positiva. Tal vez Harry estaba predispuesto, pero no creía que alguna vez hubiera visto todas las Casas tan unidas. Tom fue implacable a la hora de acercarse a todo el mundo, y era difícil conocer incluso a una persona que no se sintiera encantada por él.

Sin contar a Dumbledore, obviamente. Dumbledore, quien había llamado a Harry a su oficina el día antes de que comenzaran las vacaciones de verano.

―¿Quería verme? ―Preguntó Harry, cerrando la puerta tras él. Era extraño cómo a pesar de que Dumbledore aún no era director, Harry todavía lo veía como tal. Algunas asociaciones eran imposibles de cambiar.

―Lo hice. Por favor, toma asiento ―Dumbledore señaló el sillón―. No tomará mucho tiempo.

Harry asintió, pero su cautela no disminuyó. Su afecto infantil por Dumbledore era una parte inherente de él; sabía que nunca desaparecería, pero Tom estaba teniendo prioridad en todo, y el hecho de que Dumbledore sospechara de él significaba que no podían estar del mismo lado. No importaba cuán justificadas fueran estas sospechas.

―El director Dippet y yo estamos satisfechos con tu rendimiento ―dijo Dumbledore―. Su enfoque práctico ciertamente ha conquistado los corazones de los estudiantes. Creo que esta escuela no ha visto tanto entusiasmo desde la incorporación del Quidditch al plan de estudios.

Harry sonrió lánguidamente, aceptando el cumplido pero sabiendo que no era por eso que lo llamaron aquí. Dumbledore siempre comenzaba con cosas ligeras antes de pasar a temas que realmente quería discutir. Esto no cambió en este tiempo.

―Tengo algunas preocupaciones sobre su relación con el Señor Slytherin ―continuó, y Harry se tensó―. La razón por la que te invité a enseñar aquí fue mi creencia de que podrías brindarle una influencia positiva. Él te respeta y tu alta estima es sin duda su principal motivación. Pero por lo que he observado, no lo tratas como un mentor.Lo tratas como a un o un compañero. Eso podría tener consecuencias indeseables.

―Con todo respeto ―interrumpió Harry con dureza―. No veo cómo mis relaciones personales son asunto suyo, profesor. ¿A menos que me esté acusando de no ser profesional? Le aseguro que durante las lecciones trato a Tom como a cualquier otro estudiante.

―Eso no es lo que quise decir ―pronunció Dumbledore en voz baja, sus ojos brillando de una manera que hizo que Harry se sintiera o si le faltara algo―. Lo indultas. Le permites destruir los límites, los límites vitales, y tú mismo pareces ansioso por o consecuencia, él no te ve como su guardián.

Más sutileza y pistas que nunca llegaban a ninguna parte. ¿Cómo era Dumbledore un Gryffindor?

―Como dije ―repitió Harry con frialdad―, mis relaciones personales no son asunto suyo. Tom y yo sabemos dónde estamos el uno con el otro. Es todo lo que importa.

―Ciertamente espero que lo hagas ―Dumbledore lo estudió sin sonreír―. Aunque lo dudo.

Su temperamento se encendió, y Harry tuvo que luchar contra el exaltante impulso de ponerse de pie y salir corriendo.

―¿Por qué está tan enfocado en Tom? ―exigió en su lugar―. ¿Qué hizo para atraer este tipo de escrutinio de usted? Sé que su primera reunión no salió bien, es mi culpa. Pero seguramente puede ver cuánto ha cambiado. Lo he estado observando todo este año y puedo ver que está haciendo cambios positivos aquí. Así que, ¿qué le preocupa exactamente?

―Ya te lo dije ―suspiró Dumbledore, apoyándose en el respaldo de su silla―. Subestimas la posible influencia de tu relación en la vida de los demás. Pero veo que es demasiado pronto para discutirlo contigo. Demasiado pronto y demasiado tarde. Me disculpo por tomar tu tiempo.

Harry se puso furioso.Pocas personas lograron irritarlo como Dumbledore, ¿y para qué? Todavía no tenía idea de lo que quería decir.

―Un anillo hermoso. ―señaló Dumbledore, y Harry se detuvo, volviéndose hacia él de nuevo.

―Gracias ―dijo con frialdad―. Tom me lo dio.

―Ya veo ―la mirada de Dumbledore se detuvo en el león rugiente―. ¿Un símbolo de Gryffindor?

―Esta es la casa con la que más me relaciono ―No hubo respuesta, así que Harry se volvió de nuevo―. Tenga un buen día.

Su corazón se sentía pesado, pero la irritación también zumbaba bajo su piel, empapándola de amargura y resentimiento.

Sólo quería estar en paz con todos: Tom, Dumbledore, incluso Rivers. Pero el destino parecía tener otros planes y se estaba volviendo cada vez más frustrante.

Al menos podría tener un buen verano sin nadie más que con Tom.

• • • •

Junio y julio se fueron en un parpadeo. No sucedió nada fuera de lo común: él y Tom aún hicieron viajes para encontrar ingredientes raros; cocinaron, pasaron las tardes leyendo o viendo películas, o viajaron a los lugares clave del mundo mágico, a veces quedándose desconcertados, incapaces de relacionarse con lo que algunas comunidades clasificaban como entretenimiento, a veces emocionados.La única desviación de sus veranos normales fue la frecuencia de sus visitas a las tiendas.

Tom pareció desarrollar un interés aún más intenso por la ropa. Siempre se preocupaba por cómo se veía y qué ropa usaba, pero este verano, su obsesión aumentó hasta un punto casi preocupante. Más que eso, ahora también se estaba concentrando en las tiendas muggles.

―¿Me queda bien?―Preguntó Tom, dándose la vuelta.Harry contuvo un suspiro.

―Se parece a los mismos diez pares de pantalones que ya te has probado. ―refunfuñó, y Tom apretó la mandíbula.

―Este par tiene pliegues.

―¿A quién le importan los pliegues? ―Si no estuvieran siendo vigilados por el dependiente de la tienda, Harry se habría golpeado la cabeza contra la pared con frustración―. ¡Los pantalones son pantalones!Todos lo son.

Por alguna razón, Tom parecía igualmente frustrado con él.

―¿Qué pasa con los puños? ―preguntó rígidamente―. ¿Te gustan más?

―¿Los qué?

Los labios de Tom se tensaron. Sin decir una palabra, se fue furioso, probablemente para probarse el duodécimo par, y honestamente, ¿qué le pasaba? Sabía que Harry no era un experto en ropa, ¿por qué de repente se interesaría tanto en su opinión?

Aparte de eso, Tom parecía… más silencioso.Bromeaban cada vez menos, y Tom elegía simplemente sentarse y mirarlo. A Harry no le importaba, no mientras estuvieran cerca el uno del otro, pero a veces, no podía evitar sentirse preocupado. Algo estaba pasando, pero Tom no parecía dispuesto a compartirlo.

En su cumpleaños, Tom inesperadamente le dio un libro titulado Obliviate: Matices y Formas de Uso. Ante la mirada interrogante de Harry, se encogió de hombros.

―Es un libro raro y un encantamiento relativamente inexplorado ―dijo tranquilamente―. Pensé que podrías estar interesado en aprender más al respecto.

Esta falta de respuesta no aclaró nada, y Harry no era tan estúpido como para pensar que tal regalo no tenía un significado más profundo. Tom nunca hizo cosas simples, siempre construyó esquemas largos e intrincados. El problema era que Harry no podía entenderlos.

¿Era una pista? ¿Tom había borrado su memoria en algún momento? Dudosamente. Harry no estaba tan inconsciente.Entonces, ¿qué más podría significar?

Obsesionarse con eso no tenía sentido porque nunca llegaría a ninguna parte, así que al final, Harry aceptó el regalo con enzó a leer el libro la misma noche, sintiendo la intensa mirada de Tom sobre sí mismo en todo momento.

• • • •

En agosto, se fueron de vacaciones a una pequeña isla muggle que no había sido tocada por la guerra. Ridículamente, la mayoría de sus maletas estaban llenas de ropa de Tom: el irreflexivo "Me gustas en verde" de Harry resultó en la aparición de un guardarropa completamente nuevo en todos los tonos posibles e imposibles de este color. Teniendo en cuenta el hecho de que él y Tom pasaban la mayor parte de sus días en la playa, era aún más absurdo, pero Tom claramente no lo creía. Obstinadamente se cambió de ropa para el desayuno, el almuerzo y la cena, incluso si terminó usándolas durante aproximadamente una hora en total.

―¿Estás pensando en convertirte en modelo? ―Harry se preguntó, apenas evitando que sus labios temblaran por el impulso suicida de estallar en carcajadas. Tom le lanzó una mirada amarga.

―Toda persona debe esforzarse por lucir lo mejor posible. ―respondió secamente.

―¿Incluso cuando no hay nadie alrededor para verlo?

―Bueno, estás aquí, ¿no? Tú lo ves.

Lentamente, la sonrisa de Harry se desvaneció. Un sentimiento extraño se instaló en algún lugar profundo de sus huesos, una combinación de inquietud, preocupación y nostalgia.

Tom sonaba molesto. Durante todo este tiempo, Harry estaba convencido de que estaba atravesando una crisis interior y la compensaba jugando a ser un príncipe, coleccionando ropa como algunos lo hacían con las estampas, pero tal vez estaba pasando algo más serio. Quizás Tom realmente necesitaba que lo tranquilizaran.

Tomó a Tom de la mano, atrayéndolo más cerca, notando cómo sus ojos se abrieron.

―Tú siempre luces hermoso para mí ―dijo Harry en voz baja―. Y la diversidad de tu guardarropa no tiene nada que ver con eso.

La respiración de Tom se detuvo. Por un momento, no hubo nada más que silencio entre ellos, lleno de una tensión penetrante e inexplicable. La cabeza de Harry se sintió sorprendentemente ligera, y pensó que vio el mismo extraño aturdimiento en los ojos de Tom. Pero antes de que pudiera entenderlo, Apophis entró volando en la habitación, chocando contra el estante y dejando escapar un sonido de disgusto. Luego los miró y Harry frunció el ceño.

―¿Qué le pasa a tu pájaro? ―preguntó―. Ha estado actuando extraño últimamente.

Tom no respondió, mirándolo con una mirada inescrutable. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Harry, y se humedeció los labios, sintiéndose de repente ignorante y fuera de lugar.

Él estaba en lo correcto. Algo estaba pasando.Tom estaba haciendo algo… ¿Pero qué?

Esa noche, Harry esperó a que Tom se quedara dormido antes de alcanzarlo y tomar el libro que había estado leyendo de la mesita de noche. Sus dedos se sentían torpes, pero se las arregló para mantenerlo quieto, examinando el título.

Magia de la vida. Corto y vago.

No sabía qué sección estaba leyendo Tom, exactamente, no había marcador, y la lista de contenidos tenía tantas opciones que Harry no podía empezar a entender qué había llamado su atención. Parecía que todos los temas relacionados con la vida estaban cubiertos aquí, desde formas de aumentar la fertilidad hasta vínculos inquebrantables y teorías sobre la nigromancia. Nada sospechoso de inmediato, a menos que Tom se hubiera tomado en serio las acusaciones de Rivers y ahora estuviera explorando la oportunidad de que Harry fuera un nigromante.

Esto era demasiado ridículo para ser verdad, así que con un bufido, Harry devolvió el libro a su lugar y se cubrió con una manta a él y a Tom. Tom no se movió, y por un momento, Harry lo miró, estudiando cada línea de su rostro, como si no las hubiera memorizado ya.

Todas sus dudas se retiraron en momentos como este. Estar junto a Tom, en el mundo donde sólo existían ellos dos, traía consigo una sensación de calma y rectitud. En este momento, no necesitaba Hogwarts o incluso los rostros familiares de las personas que le importaban; estaba más que feliz de vivir en el presente, de permanecer congelado en él durante años, tal vez décadas por venir.

Tom estaba cambiando para mejor, Harry podía sentirlo. No podía aceptar a las víctimas que había traído este cambio, era demasiado doloroso insistir en ello de alguna manera, pero al menos también tenía algunas consecuencias positivas. Tom se había quitado las máscaras y estaba confiando en él sus sentimientos genuinos, sin importar cuán aterradores fueran a veces.

Y fue capaz de producir un Patronus. El corazón de Harry todavía cantaba de alegría al recordarlo, por las implicaciones que tenía. Porque si Tom tenía afinidad de tal magia de la luz y su Patronus era un reflejo de lo que Harry vio en él, entonces no podría tener la misma oscuridad que había contaminado a Voldemort.

Había cometido un error una vez, pero no lo iba a repetir.No dejaría que Tom volviera a caer.

Empujándose más cerca, Harry apretó la mano de Tom en la suya y cerró los ojos.

En algún momento, a punto de quedarse dormido, algo le hizo mirar hacia arriba.

Apophis estaba sentado en el alféizar de la ventana, mirándolos. De nuevo.

Parecía que estaba haciendo esto cada vez más últimamente. A veces se sentía como si lo estuviera acechando, o más bien, él y Tom juntos porque Harry no podía recordar la última vez que vio al pájaro sin Tom cerca.

Extraño.

Un poco nervioso, cerró los ojos de nuevo, poniendo su mano libre alrededor de Tom en un agarre protector.

Luego se quedó dormido.

• • • •

Pasaron todo el mes de agosto en la playa, tomando el sol y disfrutando del hecho de que casi no había otras personas alrededor. Tom no parecía reacio a jugar juegos infantiles cuando no había testigos alrededor, por lo que sus días comenzaban y terminaban con risas hasta que sus voces comenzaron a ser roncas por eso.

Regresar a Hogwarts se sintió discordante por el ruido y la incesante actividad que tenía lugar, pero unos días después, Harry se adaptó de nuevo. Rivers estaba sorprendentemente ausente, pero no se arriesgó a preguntar dónde había ido, no queriendo maldecirlo.

El jueves, Harry no tuvo la primera lección, así que se permitió holgazanear en la cama, optando por pedirles a los elfos domésticos que trajeran el desayuno aquí. Estaba a punto de levantarse finalmente cuando la puerta se abrió de golpe y una nube familiar de magia agitada llenó sus habitaciones. Un momento después, Tom irrumpió dentro, luciendo tan perdido que Harry se sentó inmediatamente.

―¿Que pasó? ―el demando. La primera lección de Tom eran Pociones, ¿alguien resultó herido? Aunque era dudoso que a Tom le molestara si lo hubieran hecho.

Tom se quedó inmóvil, parpadeando, antes de empujar sus manos detrás de su espalda.

―Quería preguntarte algo ―dijo. Su voz era uniforme, un fuerte contraste con su magia que todavía se estaba volviendo loca―. ¿Sabes algo sobre Amortentia?

―¿Es esto de interés científico? ―Harry arqueó una ceja, sus preocupaciones se evaporaron. Tom tenía ocasionales brotes de ansiedad relacionada con el estudio, convenciéndose a sí mismo de que no entendía algo que se suponía que debía entender. Era halagador que acudiera a Harry en busca de respuestas, pero en la mayoría de los casos resultó inútil.

―Sí. ―respondió Tom después de una pausa.

―¿Hay algo en específico que te gustaría saber? Porque supongo que ya lo has leído en tu libro de Pociones.

―La información no parece estar completa ―Tom miró hacia otro lado por un segundo―. Dice que el aroma de la poción tiene múltiples facetas. Que varía de acuerdo con lo que le gusta a una persona, lo que hace que la combinación sea completamente única.

―¿Y entonces? ―Harry finalmente se arrastró fuera de la cama, estudiando la ropa que había dejado caer al suelo la noche anterior. ¿Estaría bien ponérselas de nuevo? No es como si nadie los viera debajo de la túnica. Es decir, si elegía usar la túnica hoy, no obedeció las limitaciones si había una manera de evitarlas.

El silencio se prolongó, por lo que Harry se giró para comprobar si Tom todavía estaba allí. Lo estaba. Su gravedad inicial pareció flaquear, y ahora parecía enrojecido y confundido, sus ojos un tono más oscuros que hace un minuto.

Harry pensó que el final del verano había curado a Tom de su crisis interna, fuera lo que fuera lo que la había estado causando; el hecho de que no solicitara un nuevo guardarropa exclusivamente para Hogwarts era una buena señal, pero parecía que estaba equivocado. Tom todavía estaba alternando entre diferentes estados de ánimo, y esta mirada perdida habría sido divertida si no hubiera aparecido con tanta frecuencia últimamente.

―¿Qué es?―Harry preguntó más suavemente, poniéndose una camisa arrugada y enderezándola con cuidado―. ¿Qué sobre Amortentia?

―Y si… ―Tom vaciló. Entonces, una expresión determinada se apoderó de su rostro, borrando todo rastro de incertidumbre―. ¿Y si el aroma no tiene múltiples facetas? ¿Y si huele a una sola cosa?

Una chispa de raro interés académico lo recorrió, y Harry tarareó, tratando de pensar en una respuesta.

Como había dicho Tom, lo que hacía única a la Amortentia era la combinación de olores que un individuo encontraba más atractivo. Para que huela a una sola cosa… esto no parecía posible. ¿Por qué lo haría? Cada persona tenía varios intereses y múltiples cosas que consideraba deseables. Seguramente tenía que haber más de un aroma.

―No lo sé ―admitió Harry―. No veo cómo podría ser posible. ¿Es hipotético o realmente sucedió?

Para que Tom reaccionara con tanta fuerza, tenía que estar motivado por un interés personal. O estaba teniendo problemas con una teoría que estaba tratando de probar... o sintió ese olor él mismo durante la lección de hoy.

Su estómago de repente se revolvió de miedo, y Harry no sabía por qué.

―Es hipotético. ―dijo Tom al fin, pero la pausa había sido demasiado larga, demasiado insegura. La agitación se intensificó y Harry trató de torcer sus labios en una sonrisa.

―Por supuesto ―dijo, su voz apagada. Tenía que ponerse los pantalones ahora, pero sus manos se sentían apáticas, negándose a obedecer―. Si alguien recibe un solo olor, me imagino que lo que sea que huela, tiene que tener un impacto muy poderoso en esta persona. Algo tan fuerte que domine todas las demás cosas que encuentran atractivas. Y dado que Amortentia tiene una naturaleza romántica, imagino que este aroma tiene que estar arraigado en él, debe ser algo que despierte pensamientos, sentimientos o asociaciones románticas en ti.

Tom se quedó en silencio de nuevo, y cuanto más duraba, más se apretó el corazón de Harry.

No estaba seguro de a qué podía oler la poción de Tom. Para que tuviera un solo aroma… Si esto fuera algo más que Amortentia, Harry habría pensado en sí mismo, pero Amortentia estableció una dirección romántica, así que esto no se trataba de él.No podía ser.

Aún sin decir una palabra, Tom salió de sus habitaciones y, por primera vez, Harry no tuvo ganas de detenerlo.

El comportamiento de Tom durante los últimos meses... ¿podría estar enamorado? ¿De eso se trataban sus insistentes intentos de lucir lo mejor posible?

Dumbledore siempre dio a entender que Tom Riddle era incapaz de tener sentimientos románticos, pero su Tom era diferente, ¿no? Si pudiera producir un Patronus, ciertamente podría enamorarse.

Molesto por lo inquietante que le hacía sentir este pensamiento, Harry continuó vistiéndose, aunque sus pensamientos estaban dispersos.

Tom, enamorado.

No estaba seguro de querer verlo.

• • • •

Él y Tom no volvieron a hablar durante los siguientes días, y la pérdida se sintió aguda en el corazón de Harry.

Tom solía buscarlo. Aparte de las lecciones y las comidas, siempre tenían al menos varios encuentros privados todos los días. Quizás el problema estaba en el aumento de la responsabilidad: Tom era un prefecto ahora, algo por lo que Harry todavía brillaba. Tom había recibido su placa en verano, y Harry incluso lo llevó a un restaurante ridículamente caro para celebrarlo. Pero independientemente de la razón, la ausencia de su rutina tenía un peso casi físico, distrayéndolo de su trabajo y agudizando su enfoque en Tom en un grado aún mayor. Por eso notó de inmediato el cambio en el círculo íntimo de Tom.

Antes, Tom había tratado a Lestrange con condescendiente indulgencia. Ahora, parecía disfrutar genuinamente de su compañía, escuchándolo con una expresión de ávido interés e incluso recompensándolo con sonrisas ocasionales.

A Harry no le gustó. Le gustaron menos las implicaciones de este cambio.

¿Podría ser Lestrange cuyo olor Tom había sentido? No parecía probable. ¿No había planeado Tom asesinarlo por descuido hace menos de dos años sólo para hacer que Harry viniera a Hogwarts?

Pero Tom había cambiado desde entonces. A pesar de su cercanía, no pasaban las 24 horas del día, los 7 días de la semana, así que, ¿quién sabía qué sucedía en la Sala Común de Slytherin?

Sentía el estómago lleno de insectos que picaban y revoloteaban, y cuanto más lo ignoraba Tom, peor se volvía esta sensación.

Cuando Harry se sorprendió alzando la voz hacia Lestrange por un error inocente que de otra manera habría ignorado, se detuvo, asqueado y avergonzado de sí mismo.

¿Que estaba haciendo? Esto no era normal. Si Dumbledore lo supiera, lo habría despedido en el acto, con razón.

Automáticamente, los ojos de Harry se posaron en Tom y se quedó paralizado.

Tom le devolvía la mirada, con una pequeña y fría sonrisa en el rostro. Su mirada era aguda y evaluadora, y Harry sabía que no imaginaba la satisfacción allí.

Aún más enfermo ahora, regresó a su mesa, tratando de no mirar atrás.

Tom lo estaba incitando. Tom estaba tratando de provocarlo. ¿Fue venganza por algo? La mente de Tom podía funcionar de la manera más extraña a veces, podía ofenderse por las cosas que Harry nunca imaginaría que fueran ofensivas. Sin embargo, una cosa estaba clara: Lestrange era solo un peón...

Probablemente. Fuera cual fuera el juego que estaba jugando Tom, era entre ellos de nuevo, incluso si Harry aún no conocía las reglas.

El hecho de que una gran parte de él se quedara débil de alivio ante esto fue la gota que colmó el vaso. Esta cosa desconcertante se estaba saliendo de control y él se deslizaba como lo haría un adolescente.

Dejen que Tom juegue sus juegos y saque esta nueva crueldad de su sistema. ¿Tom quería ignorarlo? Bien, Harry obedecería con gusto sus deseos. De los dos, Tom era el que carecía de paciencia, y primero perdería esta pelea. En primer lugar, nunca debería haberlo iniciado. ¿Y para qué? Esa era la parte que Harry no podía comprender.Todo había sido perfecto hasta que regresaron a Hogwarts.

Cerrando con fuerza estos pensamientos, se centró en la lección de nuevo.

Ese mismo día, Myrtle se acercó a él, subiéndose las gafas por la nariz nerviosamente y apretando un libro en sus manos.Involuntariamente, Harry sonrió. Verla viva fue tan emocionante como ver a un Hagrid adolescente luchando con las bestias que seguía traficando desde el bosque, como ver a una versión joven de McGonagall regañando a quienes rompían el toque de queda y luego escabullirse de la Sala Común de Gryffindor.

Todos eran suyos. Sabía que tener una debilidad por algunos estudiantes sobre otros no era una buena idea, pero esto no era algo contra lo que pudiera luchar. Tom podría haberlo consumido por completo, pero eso no significaba que ver a los demás no hiciera que sus días fueran más brillantes también.

―¿Puedo ayudarte?―preguntó. Myrtle se movió, haciendo pucheros. No era la persona más tolerable con quien estar, pero Harry estaba dispuesto a ignorar todo eso a favor de simplemente verla viva y bien.

―Me preguntaba si podría ayudarme con el encantamiento Patronus ―murmuró―. Estoy segura de que estoy haciendo todo bien, pero simplemente no funciona.

Harry reprimió un suspiro. Dudaba que Myrtle fuera capaz de tener éxito en el corto plazo; era inteligente, pero le faltaba confianza en todo, incluida la felicidad de sus recuerdos.Pero también sabía que no podría negárselo.

―Claro ―dijo en voz alta―. Ven a mi oficina hoy alrededor de las siete. Lo intentaremos de nuevo.

Myrtle se sonrojó, agachó la cabeza y murmuró su agradecimiento. Harry la vio irse, y cuando se volvió, tropezó con la mirada sin emociones de Tom. Tom estaba de pie al otro lado del pasillo, sin hacer nada, sólo mirándolo. La distancia entre ellos nunca se había sentido tan aguda como ahora, y lo que más enfureció a Harry fue que no podía entender la causa.

"¿Qué hice?", quiso gritar. "¿Qué hice para que actuaras así?"

Tom siguió en silencio. Harto de eso, Harry desapareció en su oficina, cerrando la puerta de golpe.

• • • •

Myrtle no llegó a las siete. Ligeramente molesto, Harry se estaba preparando para irse cuando una forma plateada se deslizó dentro, curvando sus alas alrededor de él posesivamente.

―Ven a la Sala de los Menesteres ―anunció la fría voz de Tom―. No esperaré mucho.

Tom nunca había usado este pequeño truco de comunicación antes, no después de que Harry se lo enseñó. El Patronus se desvaneció, pero la tensión que había provocado su aparición permaneció.

¿Qué quería Tom ahora? ¿Se dignó finalmente a hablar con él y explicarle lo que estaba pasando? Harry estuvo tentado de ignorar el mensaje, realmente lo estaba, pero la sensación de tensión en la boca del estómago no se lo permitió. A regañadientes, cerró su oficina con llave y fue al séptimo piso.

Tom lo recibió en la puerta, luciendo sereno e impecable, tal vez sólo un poco más pálido de lo normal.

―Dentro. ―dijo brevemente. Con cautela, Harry entró en la habitación, y luego la sangre se le subió a la cabeza, convirtiéndose en hielo al subir.

Myrtle estaba tendida en el suelo, con la cabeza destrozada y un pequeño charco de sangre esparciéndose por debajo.

Paralizado por el horror, Harry no entendió de inmediato que ella todavía respiraba, y cuando lo hizo, una poderosa ráfaga de alivio casi lo derriba. Dejando escapar un suspiro tembloroso que no sabía que había estado conteniendo, Harry corrió hacia ella, extrayendo la sangre para tener mejor acceso a su herida. No podía decir qué tan grave era, y mientras se encontraba en cualquier otra situación, la llevaría a la enfermería de inmediato, ahora... ahora...

Haciendo puños con sus dedos temblorosos, Harry levantó la cabeza y miró a Tom.

―¿Qué hiciste? ―siseó―. ¿Que es esto?

―¿Quieres los detalles?―la esquina de los labios de Tom se arqueó. Parecía aburrido, pero Harry podía sentir la confusión en él, aumentando y estallando y rompiéndose en miles de pedazos antes de volver a ensamblarse―. La empujé por las escaleras. Quería matarla, pero cambié de opinión incluso antes de que aterrizara, así que intenté salvarla. Sin embargo, aún así se golpeó la cabeza.

El disgusto y la furia se dispararon a través de él, ennegreciendo el mundo que lo rodeaba por un momento. Harry agarró su varita, sintiendo su pulso mágico en él, tratando de escapar y llegar a Tom, para castigarlo, para que se arrepintiera de lo que había hecho… o tal vez para protegerlo de las posibles consecuencias. No lo sabía, y esto le provocó náuseas, amenazando con deshacer todos sus intentos de autocontrol.

―¿Por qué? ―escupió.Había visto a Tom acercándose al punto de ruptura con el chico muggle que habían salvado, pero ¿esto? Esto era sin motivación. Esto era completamente inesperado, y Harry pudo sentir varios hilos que mantenían su cordura unida rompiéndose.

Su clave para controlar y cambiar a Tom radicaba en la comprensión. Y si no pudiera entenderlo... si no pudiera predecir y contrarrestar sus acciones...

―Ella estaba diciendo cosas desagradables sobre ti a sus amigos ―Tom hizo girar su propia varita en sus dedos, mostrando una imagen de absoluto desinterés―. ¿De verdad pensaste que quería mejorar su desempeño? Por favor. Ella quería quedarse a solas contigo. Esta chica tiene una mente muy sucia.

―Detén esto. ―Harry negó con la cabeza, el corazón le latía con fuerza en algún lugar de la garganta. Celos. ¿Entonces los celos fueron el motivo? Podía entenderlo. Esto era algo con lo que ya había lidiado una y otra vez. Pero…

―¿Por qué? ―preguntó de nuevo―. Incluso si fuera cierto, tenías que darte cuenta de que no iría a ninguna parte. Ella es mi alumna. Nunca me aprovecharía de eso.

La expresión de Tom se oscureció, traicionando la primera emoción visiblemente genuina.

―¿Crees que no lo sé?―dijo arrastrando las palabras―. Por supuesto que no lo harías. Tus principios morales y todas esas tonterías aburridas. Por otra parte, no reconocerías la atracción si ni aunque ésta se rompiera en tu cabeza.

La analogía envió escalofríos a las partes más lejanas de su cuerpo, y Harry se estremeció.

―Entiendo que nuestro trato y mi seguridad ya no te preocupan. ―concluyó en voz baja. Tom se puso rígido.

―Al contrario ―dijo mordazmente―. Nuestro trato es la única razón por la que traté de salvarla. No la maté, no importa cuánto se lo mereciera por decir esas cosas. Entonces, técnicamente, cumplí con tus requisitos porque me detuve a pesar de ser tentado. No pediré una recompensa en este caso, que te abstengas de tus tendencias suicidas sería más que suficiente.

Harry se mordió la lengua hasta saborear la sangre, tratando de no gritar. Myrtle gimió y él se centró en ella de nuevo.

―La llevaré a la enfermería ―dijo, con palabras inestables―. Ve a tu sala común. No quiero verte.

―Por supuesto ―sonrió Tom, pero su sonrisa era cruel. Desafiante. A Harry le recordó a Tom Riddle tal como había estado en la Cámara de los Secretos, y su corazón se hundió―. Pero creo que hay algo que debes saber primero. Ella sabe que fui yo quien la empujo. Me vio cuando comencé a frenar su caída. Así que puedes llevarla a la enfermería y dejarla hablar o puedes lanzarle un Obliviate primero.Es tu decisión.

Si Harry pensó que había tenido frío antes, no era nada en comparación con el hielo que ahora se deslizaba por sus huesos. Sus pulmones se congelaron, incapaces de realizar su función principal, y casi colapsa cuando la implicación completa de las palabras de Tom lo golpeó.

Obliviate. Ese libro que Tom le había regalado para ese cumpleaños, el que Harry se sintió obligado a leer porque era un regalo. Pero Tom no sabía nada de Myrtle entonces, hoy fue espontáneo.Lo que significa…

―¿Has estado planeando algo como esto desde el principio? ―una risa ahogada y amarga salió del pecho de Harry, sacudiéndolo―. ¿Me estabas preparando una prueba? ¿Para ver hasta dónde puedo ser presionado?

Tom inclinó la cabeza, observándolo en silencio.Harry no podía leer su expresión, no podía leer nada más allá del vacío.

―¿Alguna vez estás satisfecho? ―siseó.Su magia finalmente estalló, desenrollándose bajo la fuerza de su adrenalina, y chispas de enojo se dispararon desde la punta de su varita―. Siempre estoy de tu lado. Sigo protegiéndote de las sospechas de Dumbledore. Acepté el hecho de que asesinaste a una persona, alguien que me importaba. Dejé todo por ti, incluidos mis "principios morales y todas esas tonterías aburridas", ¡y todavía no es suficiente! ¿Qué más quieres de mí? ¿De qué otra manera puedo demostrar que te amo? ¿Querrás que mate a alguien por ti la próxima vez? Porque no lo haré. Mi paciencia tiene límites, Tom, y si presionas lo suficiente, no te gustarán las consecuencias.

―¿Me estás amenazando? ―La voz de Tom era curiosa, pero tenía un tono oscuro que Harry odiaba con todo su corazón. Entonces era una prueba. Otra.Y parecía que nunca se detendrían.Tom nunca dejaría de subir las apuestas, de probar sus límites, por lo que estaban condenados a repetir este ciclo una y otra vez.

―Sé con qué amenazarte ―respondió Harry.La furia cegadora comenzó a desvanecerse, transformándose en una amarga sensación de derrota―. Sabes que yo lo sé. No seré tu experimento. Si alguna vez me tratas como tal otra vez, me iré y confía en mí cuando te digo que nunca me encontrarás.

La diversión, falsa o genuina, se deslizó por el rostro de Tom como una máscara. Sus ojos se endurecieron y cambió el agarre de su varita, como si se preparara para mantenerlo como rehén si era necesario.

―Me prometiste que nunca me dejarías. ―dijo peligrosamente, pero Harry no prestó atención al tono mortal.

―Prometiste que lo intentarías ―respondió―. Esto ―miró a Myrtle―, esto no es un intento, Tom. Estás tratando de manipularme. Y si alguna vez lo vuelves a hacer, no me molestaré con el sistema de recompensas y castigos. Simplemente me apartaré de tu vida como si nunca hubiera sido parte de ella en primer lugar. ¿Lo entiendes?

Las fosas nasales de Tom se dilataron y su compostura pareció quebrarse finalmente.Magia oscura y asfixiante se arremolinaba alrededor de Harry, amenazando pero sin tocarlo del todo. El pecho de Tom subía y bajaba con mayor velocidad, y la mirada arrinconada y salvaje de sus ojos delataba cada emoción de pánico que sentía.

Disgustado, Harry miró a Myrtle y la apuntó con su varita.

Rennervate―pronunció. Sus ojos se abrieron de par en par, pero antes de que pudiera decir una palabra, Harry agregó―. Obliviate.

Antes del libro de Tom, habría sido incapaz de borrar un recuerdo específico con tanta confianza. Pero lo leyó, aprendió de él, y ahora sabía más sobre este encantamiento que cualquier mago promedio. Qué perfecto cómplice era, tal como Tom quería verlo.

―La llevaré a la enfermería ―repitió Harry con frialdad―. Y tú... sal de mi vista.

La tormenta en la magia de Tom se calmó en el momento en que Harry usó el hechizo. Se veía más humano de nuevo, más como su Tom, e incluso cuando la mente de Harry se encogió por lo que había sucedido, su corazón se retorció de anhelo.

…No. No esta vez.

Tom dio un paso vacilante hacia él antes de detenerse. Una sombra cruzó su rostro, y cuando desapareció, sus rasgos se volvieron suaves y uniformes nuevamente.

Luego se dio la vuelta y se fue. Harry esperó varios minutos más y, al pasar, levantó del suelo a una Myrtle recién inconsciente y la llevó hacia la enfermería.

Un crimen más que cometió por el bien de Tom. Pero sería el último. No volvería a traicionarse a sí mismo.

Quería creer que no lo haría. Él tenía qué.

• • • •

Myrtle iba a recuperarse por completo. No recordaba nada sobre el incidente, y el apretado nudo de ansiedad en el pecho de Harry se aflojó sólo después de que ella lo confirmó.

Tom estaba a salvo esta vez. De nuevo.

El alivio que sintió fue rápidamente reemplazado por disgusto por sí mismo.

Tom estaba girando fuera de control. Algo debió de suceder para que recayera así, para que pasara de caliente a frío sin ninguna explicación. Habían estado progresando, pero ahora Harry estaba perdido, y su confusión y agitación se calentaron hasta que llegaron al punto de ebullición.

Tenían que hablar. Con calma y con cuidado. Tom podría intentar escabullirse de las preguntas, pero Harry sabía qué botones presionar.

Él fue quien envió un Patronus esta vez, pidiéndole a Tom que lo encontrara en el mismo lugar. Sospechaba que la Sala de los Menesteres siempre estaría contaminada por los horribles recuerdos de ahora, pero no había ningún otro lugar donde pudieran tener esta discusión de forma segura.

Por la noche, Harry se volvió a la Oclumancia, tratando de calmar su mente lo suficiente para que ambos sobrevivieran a su encuentro. Luego caminó hasta el séptimo piso.

Tom ya estaba dentro, su rostro en blanco e ilegible. Probablemente era de esperar, pero la habitación en sí parecía extraña. Por alguna razón, le recordó a la Cámara de los Secretos, y Harry se puso rígido, un poco alarmado.

―Hola ―dijo con cuidado―. Por que es-

No tuvo la oportunidad de terminar su oración porque Tom de repente le apuntó con su varita.

Imperio. ―ordenó. Una reconfortante sensación flotante borró instantáneamente todas sus preocupaciones, y Harry se balanceó, sintiéndose maravillosamente ligero. Sus temores parecían estar muy lejos, pero el dulce alivio duró sólo un segundo. Entonces su mente retrocedió furiosamente, atravesando la niebla artificial, y la conciencia lo volvió a inundar, trayendo consigo una sensación de agitación aún más fuerte.

Tom había… Tom había intentado usar la Maldición Imperius en su contra. En Hogwarts. Para obligarlo a hacer... ¿qué?

Tom bajó su varita y Harry tuvo que luchar para mantener sus rasgos relajados. Su corazón golpeaba salvajemente contra su caja torácica, sus manos y piernas temblaban, pero se obligó a quedarse quieto, esperando escuchar lo que Tom quería. Esperando y temiendo.

Al menos Tom no parecía sin emociones ahora. Una mirada de sentimientos atravesaban su rostro, desde el miedo hasta el ansia de preguntarse: Harry no había presenciado tal apertura en él durante lo que parecían años.

Tom se aclaró la garganta con una expresión de vacilación muy poco característica, y luego susurró: ―Bésame.

Harry se quedó helado. La conmoción y la incredulidad lo golpearon con una fuerza que se sintió tambaleante, y apenas logró mantener sus rasgos quietos, para ocultar los sentimientos que ansiaban pegarse a su rostro.

―Bésame. ―repitió Tom, su voz ronca, y Harry se dio cuenta de que no podía hacer nada por mucho más tiempo. Lentamente, ganando tiempo, se movió hacia Tom, tratando frenéticamente de poner sus pensamientos en orden. Algo se hinchaba, ardía, siseaba bajo su piel, obstruía su garganta y su pecho, explotaba en su estómago.

Estupor. Negación. Conmoción. Y algo menos prominente, casi ajeno, que se sintió un poco como júbilo.

Había sido su aroma en la Amortentia de Tom. Seguía siendo el foco de atención de Tom. Nada había cambiado.

Pero luego, estos extraños pensamientos oscuros fueron empujados hacia abajo por una fuerte corriente de incredulidad, y Harry se detuvo junto a Tom, incapaz de comprender que esto realmente estaba sucediendo.

Tom parecía nervioso y emocionado. Sus pupilas se ensancharon, sus mejillas ardieron de color escarlata, y sus ojos brillaban con una anticipación tan cruda que a Harry le resultó difícil no verse afectado.

Los labios de Tom se separaron ante su proximidad, probablemente esperando ser besado, y Harry se inclinó más cerca.

―¿Qué demonios estás haciendo? ―Exhaló directamente en esos labios esperando, sus palabras aceradas. Tom parpadeó, luciendo aturdido, todavía demasiado perdido en sus expectativas, pero cuando no siguió ningún beso, las primeras chispas de conciencia comenzaron a parpadear en su mirada.

Harry vio el momento exacto en que su comprensión se derrumbó porque Tom de repente dio un paso atrás, aterrado y tambaleante. Su sonrojo palideció antes de brillar aún más, sólo que esta vez, gritó de mortificación, no de deseo.

―Yo... pero cómo... ―Tom retrocedió, jadeando―. No es... no quise...

Evidentemente, no pudo formular una oración coherente. Harry todavía esperaba, aturdido por el asombro pero decidido, pero Tom no intentó decir nada de nuevo. En cambio, le dio la última mirada medio horrorizada antes de darse la vuelta y huir, sin siquiera molestarse en cerrar la puerta.

Harry lo miró fijamente mientras sus pensamientos finalmente comenzaban a reorganizarse, girando lentamente en una imagen completa y clara.

Una parte de él se sintió aturdida. Una parte de él sentía que siempre lo había sabido.

¿Qué se suponía que debía hacer con esto?