Sen divisó las puertas del país del rayo a lo lejos, su caravana marchaba más rápido de lo que ella hubiese deseado, iba ataviada con un kimono violeta con muchas más capas de las que acostumbraba usar, el peso añadido la sofocaba. Su rostro había sido maquillado con una base aún más blanca que su piel y sus labios estaban definidos con un fino color carmesí, todo esto bajo cortinas de velos que cubrían su rostro y por supuesto la máscara nacarada. "Hime sama por favor deje de jugar con su ropa"
"No estoy jugando... no se que hacer con tantos pliegues" Sen dio un manotón y sus compañeras guardaron silencio.
El carruaje se detuvo y sintió el crujir de las puertas, al ingresar vio a través de las cortinas un centenar de personas agitando ramos de flores a su paso. Rostros jóvenes y ancianos felices de poder recibirla.
Avanzaron un poco más y el carruaje se detuvo finalmente.
Sus damas de compañía abrieron las puertas del carruaje y una a una fueron saliendo.
"No ha venido el señor del rayo a recibir a mi señora..."
Frente a ella un grupo de nobles se encontraban en fila bloqueando el paso a la mansión.
"El señor del rayo nos ha pedido que inspecciónemos a la princesa nosotros mismos, él se adhiere a nuestro consejo y nosotros decidiremos si es verdad todo lo que se nos ha prometido."
Las mujeres ofendidas parloteaban detrás de las mangas de sus kimonos, una de ellas regresó al carruaje. "O hime sama..."
"He escuchado todo..." Sen la apartó y abrió las puertas del carruaje.
Salió del transporte y todas las miradas se fijaron en ella.
"El mar no intenta acaso encontrarse con la luna cuando esta lo llama ¿por que mi futuro esposo es diferente?" Sen cruzó sus brazos frente a ella guardando sus manos en las mangas de su kimono.
"Mi señora... su futuro esposo arde en deseos de verla pero antes nos ha pedido que la recibamos y es descortés no permitirnos ver su rostro." Un noble regordete explicó.
Sen frunció el seño bajo la máscara, respiro profundo y con la ayuda de una criada comenzó a retirar los velos de su rostro, ante las miradas horrorizadas de sus damas de compañía. Pronto se reveló su hermoso cabello, y su máscara nacarada.
Sen pasó sus delicados dedos por los bordes de la máscara y comenzó a retirarla lentamente.
Todos a su alrededor palidecieron, sus ojos parecían a punto de salir de sus cuencas y un silencio sepulcral reinó, incluso Naruto y Sakura que se hallaban a lo lejos monitoreando la zona se detuvieron a contemplarla.
"¿Soy aquello que compró el señor del rayo?"
Dentro de la gran mansión fue llevada a través de corredores interminables con todos los nobles detrás de ella suspirando con cada paso. Kakashi la seguía detrás permaneciendo en silencio.
"Mi señora permítanos elevar sus pies del suelo" decían uno tras otro. Ella con la máscara puesta les rechazaba con un delicado movimiento de sus manos.
Al final del largo pasillo de madera estaban dos puertas negras, uno de los nobles se adelantó abriéndolas de par en par para permitirle la entrada.
"Mi señor la espera..." sus damas de compañía intentaron seguirla pero fueron detenidas. " Solo debe entrar ella" Kakashi frunció el ceño mientras se apostaba a un lado de la puerta. "Estaré aquí en todo momento" Sen asintió levemente antes de entrar al salón.
El daimyo del Rayo se encontraba sentado detrás de un panel translúcido, su figura se hacía más imponente con las capas de tela. Sen cuido sus pasos hasta que se halló frente a él postrándose en el suelo con los codos recogidos y extendiendo sus brazos en reverencia.
"Ponte de pie" Sen se incorporó y fue levantándose poco a poco.
Su futuro esposo salió detrás de la cortina y se detuvo frente a ella, puso su mano en su barbilla obligándola a mirar en sus ojos. "Me han dicho que eres tan hermosa que doblegas el orgullo"
"Soy tan hermosa como usted lo crea" Sen llevó sus manos hasta su máscara pero él la detuvo. "Mi señor ya me ha visto"
Él se limitó a sonreír. "Sé lo que has venido a hacer" su mano cubrió la suya apretándola con fuerza. "Tendrás que detener el tiempo para siempre si quieres sobrevivir..."
Sen comenzó a hiperventilar, intentó liberar inútilmente su mano pero el señor del rayo la sostuvo con fuerza.
"Estuve cortejandote por tres años y ni siquiera eso conmovió tu corazón." Seguía ejerciendo presión en su mano girando su muñeca hasta el límite.
"Perdón... mi señor" Sen retiró la máscara con su mano libre y lo miro a los ojos. "En nombre de mi padre le juro que me iré y no volverá a saber de mi."
El entrelazó sus dedos con los suyos mientras la miraba fijamente. "Si tan solo no fueras una serpiente traicionera" su rostro se torció en una mueca de dolor. "Yo te habría hecho tan feliz." Su otra mano se aventuró por el rostro de ella acariciando cada borde con ternura. "Usted envió esos ninjas a matarme"
Él presionó sus manos juntas contra su propia frente como buscando las mejores palabras."Solo intentaba detenerte"
"Estamos a mano..." Sen intentó liberarse infructuosamente. "Le prometo que me iré de aquí y le diré a mi padre que la misión ha fracasado."
"No..." pero el siguió apretujando su mano entre las suyas. "No te irás de aquí... ¡ahora!" Lanzó un grito y en un pestañeó un ninja apareció a su lado.
Antes de que Sen pudiese mediar palabra el ninja sacó un Kunai de su bolsillo y clavó las manos de ella una sobre la otra al tatami.
Sen vio con horror como la sangre borboteaba por la herida, la cuchilla ardía en su carne viva penetrando músculos y tendones hasta atravesar el suelo.
Sus gritos desgarradores fueron acallados por una bofetada que le propinó el ninja.
"Ahora entiendes que no temo hacerte daño" el daymio del rayo la tomó de la barbilla para que su rostro lo mirase, las lágrimas incontenibles dejaban manchas cristalinas en el borde de su kimono.
"Pp... por favor se lo ruego..." la sangre poco a poco iba creando una isla oscura a medida que el tatami la absorbía.
"¿Cómo funciona tu poder?" Sen dejó caer el resto de su cuerpo al suelo retorciéndose de dolor.
"Puedo detener el tiempo... fuera de la habitación donde me encuentre..." el sudor caía por su rostro que ya palidecía, la mancha de sangre se hacía más amplia y los párpados de ella más pesados, sintió la debilidad invadirla.
"¿Por cuánto tiempo?" Las figuras a su alrededor se fueron haciendo borrosas hasta que desaparecieron.
