Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
Por obligación, serán un dragón y una vivora
8. Primer Año: Bella Greengrass
La mañana estaba particularmente fresca y resplandeciente. Tal cual lo había anunciado Malfoy, había nevado y los terrenos de la Mansión Malfoy estaban completamente por la blanca y brillante nieve. Si a eso se le agregaba la compañía de los pavos reales blancos que llenaban la mansión, el níveo panorama era maravilloso. El olor a hierva buena y pino inundaban el ambiente afuera. Mientras que dentro del lugar se esparcía el sutil aroma a jengibre, dulce, alcohol y carnes jugosas.
Claro que dichos aromas no penetraban hasta el cuarto donde se encontraba la pequeña Astoria. Después del incidente, Narcisa llevó a la niña a una de las habitaciones de arriba, una habitación en el tercer piso, donde exactamente estaban ubicadas las tres habitaciones más grandes de la mansión; La matrimonial para los señores Malfoy, que se llevaba el espacio de medio piso y otras dos que ocupaban la otra mitad de espacio. Una era para Malfoy y la otra siempre había estado arreglada, pero nadie la utilizaba, Narcisa nunca explico por qué y Lucius solo respondía que eran cosas de Narcisa.
La habitación era inmensa y tan ostentosa como su gemela. Porque esa habitación y la de Draco Malfoy, eran gemelas, hechas básicamente como si fueran espejos, era un sola y simple pared que dividía las habitaciones y se tomaba como punto de partida: Las camas estaban respaldo contra respaldo, las ventanas estaban a la misma distancia, era el mismo número de ventanas, los candelabros del techo también, el armario, las puertas, cada detalle se encontraba en perfecta armonía con la otra habitación, las únicas diferencias eran el color, pues en una prevalecía el verde y en la otra el gris, además de que una era habitada por el rubio y tenía sus cosas, mientras la carecía de pertenecías personales, aunque no por eso dejaba de verse divina con el escritorio de caoba y el gran espejo en la pared que como marco tenía serpientes entrelazadas y como si eso no fuera poco, las dos compartían el baño privado, que hasta entonces solo el rubio había utilizado.
—¿Qué? ¿Por qué? —se escuchó gritar agudamente a cierta chica que caminaba por el angosto corredor del tercer piso — ¿Por qué a ella le dan esta habitación? ¡Yo la quería, Draco!
—¡Silensato! —maldijo la Señora Malfoy, evitando así que los sonidos entraran a la habitación.
La novia de su hijo le exasperaba los nervios, siempre gritando, siempre adorando, siempre... ¡Arg! Un día la terminaría convirtiendo en estatua de hielo, a ver si se quedaba quieta y en silencio.
—Hmg... —la joven castaña que la tarde anterior se había quedado dormida entre lágrimas aun no despertaba. Y eso le preocupaba a la rubia de dos tonos, más cuando Pansy había hecho ese desagradable comentario de lo que paso en la enfermería. "La loca esa se quiere morir de hambre" Habían sido las palabras exactas de la morena. Claro que la alegría de superioridad se le fue cuando se enteró en donde dormiría "La loca esa".
Daphne también estaba preocupada por su hermana, y había insistido en escribirles a sus padres. Sin embargo, Lucius le sugirió que no lo hiciera, pues solo los pondría nerviosos e igual no podían hacer nada, ni volver. Así pues, una angustiada Daphne estaba en la sala de estar, recién reparada con magia, tomando una cerveza de mantequilla y a su lado Zabini leía un libro.
—Se pondrá bien —le alentó el moreno.
—Igual me preocupa —declaró y volteó a ver a su amigo — Tú no la conoces, ni nadie de los que están aquí. Astoria no así, ella... la Astoria que yo conozco era una chiquilla alegre y decidida, que presumía de sus locuras, aunque no fueran bien vistas en nuestro mundo... como ese tonto baile Muggle que te lastima los pies...
—¿Y qué le pasó? —cuestiono Blaise, viendo como la rubia dejaba su bebida aun lado y subía sus pies al sofá para acurrucarse.
—No lo sé. Y eso es lo que más me preocupa, el pensar... el pensar que he perdido a mi hermanita. Que algo o alguien me la cambio por esta Astoria seria, retraída, callada, que parece querer ser invisible y siempre está cansada —confesó en un susurro, intentando evitar las lágrimas que se asomaban por sus ojos azules.
—Shh... tranquila, Daphne. Ya verás que con algo de descanso tu hermana regresara a ser esa —le alentó y consoló lo mejor que pudo, mientras acariciaba la cabellera dorada.
Los chicos se quedaron ahí, Daphne desahogándose, Zabini consolándole. Tracey y Nott estaban en la misma sala, pero permanecían en silencio, uno en cada extremo de la habitación, fingían leer, aunque de vez en ves levantaban la vista para verse el uno al otro, intentando encontrar algo con lo cual pudiera iniciar una pelea para llamar mutuamente la atención.
Los dos gorilas permanecían dormidos aun...
—Esos dos ya deberían levantarse... —repentinamente el silencio acogedor se rompió con la entrada del dueño de la casa, que venía con su novia y dando un discurso sobre porque Crabbe y Goyle eran unos flojos, mientras Pansy le apoyaba y luego desviaba el tema hacia lo de la habitación. Pues la morena no superaba que a ella le hubiera tocado compartir la habitación de huéspedes con las otras dos chicas, mientras a la "pulga Greengrass" como recién había bautizado a Astoria, le tocara una inmensa habitación aun lado de la de su novio y en el exclusivo piso de los señores de la casa.
Nadie les prestó atención, al menos no verdadera atención. Asistían desinteresadamente a lo que ambos argumentaban, bien pudieron decir "Vamos a matar mestizos" y los chicos les hubieran dicho que si con un gesto de mano mientras seguían concentrados en sus propios asuntos.
Los relojes de la mansión marcaron las once de la mañana y afuera el sol empezaba de derretir la nieve.
—¿Y si salimos a dar un paseo? —sugirió Nott algo aburrido de fingir leer un libro y de escuchar los discursos de Draco.
—A mí me parece bien —animó Pansy — ¿Por qué no vamos al lago que está cerca? Seguramente estar congelado y podríamos patinar un poco.
—¡Me parece excelente! —Tracey se paró en seguida sonriendo y tirando el libro por ahí — ¡Vamos! —animó a todos.
—¡Ja! ¿Sabes patinar? —comenzó a molestar Nott.
—Posiblemente mejor que tú, cara de sapo.
Entre risas y discusiones, los Slytherins salieron para irse más allá de los terrenos que les pertenecían a los Malfoy y adentrarse en el bosque donde hasta el corto conocimiento de Parkinson, había un lago. Crabbe y Goyle no fueron incluidos en el viaje pues se habían quedado durmiendo o haciendo quien sabe qué. Pero igual Draco decidió ir sin ellos.
O-O-O
—Ahhf... —los ojos verdes por fin se habían abierto con algo de pereza e incomodidad por las resplandecientes luces platinas de la habitación donde se encontraba.
—Buenos días, linda —le saludó amablemente Narcisa, mientras le tendía una copa con un líquido rojizo.
—¿Hum? —la chicha lo recibió, aunque evidentemente esperaba una explicación.
—Es para darte energía, desde anoche que te dormiste tan repentinamente y no habías despertado, nos tenías preocupados.
—Lo siento —murmuró tomando el amargo tónico, que curiosamente sabía igual al que le había dado la señora Poppy cuando lo de su desmayo por no comer y el mismo que le proporciono Snape para que lo tomara por una semana, después de aquel incidente.
—Astoria ¿Qué es lo que sucede? —dejó caer de golpe, al mismo tiempo en que se sentaba aun lado de la cama para estar más cerca de la niña. Narcisa llevaba toda la mañana en esa habitación y durante ese tiempo había meditado y reparado en lo poco que sabía, tenía teorías, una tan improbable como la otra... por eso necesitaba que la castaña Greengrass le diera más información.
—¿Sobre qué señora? —la mujer mayor sonrió de lado.
¿Los modales, sobre todo, no? Había una regla no escrita en la etiqueta de los sangre-pura y aquella era de que nunca se debían confesar sentimientos o situaciones importantes a los demás, por más amigos o cercanos que estos fueran. Bien habían dicho: Saber es poder.
Había cosas joviales que se podían decir, tampoco es que se fueran a guardar todo para sí mismos, pero había cosas que simplemente no eran recomendables decir abiertamente, aun cuando esas fueran un tanto evidentes. ¿Ejemplo? Que su esposo era un Mortifago. Y justamente lo que Narcisa quería saber era de esas cosas sumamente delicadas, porque si la pequeña no se dejaba ayudar, todo aquello terminaría en desgracia.
—Sobre tu varita —dijo amablemente.
—¿Qué? —la pequeña hizo memoria y recordó perfectamente lo que había pasado en la sala de estar.
Su furia contra Pansy había arrasado con la habitación, como si las pobres arañas de diamantes que colgaban del techo, los candelabros de esmeraldas, los muebles de cuero negro y todo el lugar tuviera la culpa de lo que había hecho la novia del heredero Malfoy.
—Astoria —el tono de Narcisa intentaba ser calmado, pero la negativa por parte de Greengrass la estaba desesperando — Yo estuve ahí cuando tomaste tu varita y a diferencia de tus padres —hizo una pausa mirando el rostro curioso de la castaña— Yo sé lo que esa varita puede provocar.
—¿Pero cómo? —frunció el ceño. ¿No le habían dicho que su varita era única? Ella no había encontrado nada de ese maldito núcleo en ninguna parte ¿Como podía saber la Señora Malfoy lo que su varita hacia?
—Astoria —insistió con una sonrisa de ternura — Hay muchas cosas que no entiendes y aunque no se escuche bien de mi parte decirlo, ni tu ni tu familia te podría encontrar o dar una explicación —la pequeña frunció el ceño aun más, pensando que aparentemente todos los Malfoy tenían aires de grandeza.
—¿Y usted sí? —pregunto con su mejor tono.
—¿Recuerdas para quien era esa varita?
—Para una tal Bellatrix Lestrange —murmuró.
—¿Y sabes quién era ella? —volvió a preguntar para dirigir el tema hacia el punto donde quería llegar.
—No. Siempre que pregunto me dicen que no lo haga. En los libros no hay nada. Y lo poco que he llegado a saber es que está en Azkaban —contestó secamente. Está bien, Narcisa había ganado, no muchos parecían tener información sobre esa mujer.
—Yo te prometo explicarte todo lo que quieras saber —ofreció la rubia de dos tonos — Pero solo si prometes que tú también me dirás la verdad, y sobre todo, que esta platica no saldrá de estas cuatro paredes —finalizó con esas dos condiciones. No podía permitir que nadie supiera, por ahora, la cerca relación que habían tenido con los Mortifagos.
—Está bien —accedió extendiendo su mano como señal de su promesa. La mujer mayor sonrió y aceptó la pequeña mano.
—Bellatrix Lestrange es mi hermana —la declaración dejó helada a la pequeña Slytherin, pero continuo en silencio, esperando que Narcisa siguiera — Astoria, te contaré una historia... —murmuró poniéndose de pie y caminando hacia el inmenso ventanal que daba vista hacia los jardines. La niña se levantó de la cama y la siguió para también observar el blanco paisaje.
La señora Malfoy comenzó a hablar con voz calmada y perdida, podría jurar que hasta tenía eco:
—Bellatrix Lestrange no siempre fue Lestrange, así como yo no siempre fui una Malfoy. Nuestro verdadero u original apellido, es Black. Y si te lo preguntas, si, somos parientes de Sirius Black, es nuestro primo. Como sea... Bellatrix era la mayor de las tres, porque éramos tres hermanas, pero Andromeda se volvió una traidora de la sangre al enamorarse de un hijo de Muggle y nunca más fue bienvenida en nuestra casa. Así que Bellatrix y yo crecimos muy apegadas, mientras a ella le decían Bella, a mí me decían Cissy.
La mujer se sentó de lado sobre el marco de la ventana e invito a la pequeña a sentarse en su regazo. Astoria acepto y con cuidado se sentó junto a la mujer, para seguir escuchando la historia de Bellatrix.
—Bellatrix fue muy hermosa en su juventud, tenía una singular belleza sombría que atraía a todos. Incluso Lucius en su juventud aspiró a casarse con Bella en lugar de conmigo. Ella era lista, audaz, decidida y muy firme en sus ideales, muchos la tachaban de loca. Quizás si lo estaba un poco, ha sido la única Black que conozco, que no podía ocultar sus emociones o pensamientos. Tenía sueños grandes que nunca pudo cumplir, porque siempre tuvo el prejuicio de la sangre. Amó tantas cosas que luego termino despreciando al considerarlas indignas porque se relacionaban a los Muggles. Pasó de ser una "loca linda" como muchos la llegaron a nombrar, a ser una "loca desquiciada" que se enfermó del poder que le ofrecía el señor oscuro.
—Empezó a adorar cosas dañinas para ella misma, como su desmesurado amor por las Banshees. ¿Sabes que es una Banshee, Astoria? —la pequeña negó con la cabeza, pues a pesar de saber poco por lo que había leído en los libros, prefería que Narcisa se lo explicara — Una Banshee, Astoria, es una criatura demoniaca con forma de mujer. Se alimenta de los sentimientos de las demás personas, sus sentimientos favoritos son la tristeza y el odio, lo negativo las atrae, pero si te llegaras a topar con una, así fueras el ser más puro y amoroso de la tierra, esas criaturas te matarían. Su forma de matar es espeluznante y sangrienta. Gritan desgarradoramente, dicen que primero te aturden y revientan tus oídos, luego todas las venas de tu cuerpo explotan, para finalmente explotar tu corazón. Claro que la mayoría muere cuando sus venas explotan, provocando que por cada poro de tu cuerpo salga la sangre. Nunca entendí porque a Bellatrix parecía emocionarle eso. Me hice a la idea que encontraba agradable aquel tipo de muertes, porque en algún momento ella tuvo emociones fuertes dentro de su ser, emociones que poco a poco la fueron acabando, hasta terminar con su corazón. Mataron a Bella Black, a mi linda hermana loca, y dejaron a una sanguinaria y desquiciada Bella.
—Cuando el señor tenebroso subió al poder, Bella se unió a ellos como una Mortifago. Hizo cosas terribles usando magia negra, por eso cuando el señor tenebroso calló, Bella calló también. Pero como sabes, Bella encargó que hicieran esa varita. ¿Sabes por qué? —la pregunta fue retorica pues siguió hablando — Por que como dije antes, desde muy pequeña Bellatrix era extremadamente expresiva. Si algo no le gustaba lo decía, lo despreciaba y demás, de la misma forma que expresaba su amor y adoración a lo que le llamaba la atención. Nuestros padres siempre tuvieron miedo de que un día la chica tuviera el poder para hacer su santa voluntad. Claro que en aquella época sus ideales eran diferentes, su más grande odio era contra la sangre sucia, y su más grande amor fue el Ballet. Claro que con el pasar del tiempo y ver que su pasión no era más que una danza Muggle, perdió todo interesa y le fue agarrando odio a cada una de las coas que existían. La última vez que la vi, su único amor era el señor tenebroso, de ahí en fuera, todo estaba condenado bajo sus ojos. Por eso con una varita como esa, podría destruir a diestra o siniestra todo aquello que no callera en su gracia y sin siquiera maldecir. Así como ayer casi acabas con la sala.
—Lo lamento mucho —se disculpó la niña, mientras procesaba la información. Aunque ya anterior mente había deducido lo que su varita podía hacer, pero con lo que la señora Malfoy le acaba de contar entendía un poco mejor cual fue el objetivo de crearla y que personalidad tenía la mujer que la mando a hacer. Por eso la varita la había escogido a ella. Por qué en esos momentos ella odiaba todo, todo lo que no fueran sus sueños frustrados, porque en ese último año se le había ido la vida odiar, tanto lo bueno como lo malo. Porque había sido... o era muy parecida a Bellatrix.
—Ven aquí querida —dijo la mujer aclarando su voz y bajando a la niña de su regazo para caminar fuera de la habitación, invitándola a que fuera tras ella.
Astoria siguió a Narcisa, que se dirigía hacia la habitación principal que compartía con su esposo. Los ojos verdes se abrieron mucho al notar lo ostentosa y elegante que era la habitación, posiblemente todo aquello costaba más que la mitad de su casa. Debía admitir que los Malfoy eran mucho más ricos que los Greengrass. Mientras la niña admiraba aquella belleza en tonos verdes y plateados, la mujer se dirigía a una pintura de Ophelia, que abrió como si fuera una bóveda y de su interior extrajo un joyero que por sí solo costaría una fortuna.
—Si, son reales —le contestó la mujer a la pequeña que miraba curiosamente lo que parecían ser estatuas miniaturas de animales exóticos y peligrosos, como dragones, basiliscos y otras rarezas más, que están dentro de una enorme esfera de cristal que flota encima de la mesa de centro que está en una mini sala dentro de la habitación, había que ver que los Malfoys no reparaban en gastar dinero — Lucius los encontró en el callejón Knockturn, están hechizados, pero vivos y si por alguna razón se liberaran del hechizo podrían matarnos —y también debían de ver lo locos que estaban.
—"Al menos no seré la única loca de esta familia" —pensó y sonrió para sus adentros.
—Toma, es para ti. Te ayudara —declaró Narcisa mientras le colocaba una bella gargantilla a su futura nuera. Eran hilos gruesos de oro blanco que se enlazaban entre si, creando una fina telaraña que se pegaba al cuello y desembocaba en un perfecto diamante con forma de gota que quedaba justo en medio de los notables huesos de la clavícula.
—¡Por Dios, Señora Malfoy! —exclamó una vez que observo la joya en el espejo — Yo no podría aceptar jamás esto, es demasiado, además...
—Era de Bella —le interrumpió — Nuestros padres la mandaron a hechizar ... —cuando dijo eso, la niña intento quitárselo — No, Astoria. El hechizo no es malo, ni te afectará, solamente se interpondrá entre tus emociones y la magia que puedas desatar. Cuando Bella era pequeña y obtuvo por primera vez su varita, se empeñaba en encantar todo cada que se le antojara, por esos nuestros padres mandaron a hacer esto para evitar que maldijera a medio mundo. Claro que cuando se enteró de cuál era el motivo por el cual no podía mandar volando a los elfos domésticos cuando se enojaba o porque no podía marchitar el jardín cuando estaba triste, se lo quito y yo lo guarde. Quizás esto te ayude a controlar lo que pasa con tu varita, además el diamante cambia sutilmente de color cuando alguna emoción muy fuerte invada a la persona que lo tiene puesto... Fue así que Bella descubrió lo que era. Pero a ti te puede ayudar —le sonrió dulcemente — Toma —le entregó un pequeño libro —También era de Bella, puedes mirarlo un poco si quieres, pero no lo saques de esta habitación.
—Gracias señora Malfoy —le contestó con una enorme y amplia sonrisa. Y es que después de mucho tiempo empezaba a sentir que las cosas no podían ser tan malas, quizás no estaban saliendo como se las imaginaba, pero al final de cuentas estaba recibiendo amor y ayuda por parte de la madre de su prometido, que en algún momento sería algo así como su segunda madre.
—Tranquila cariño, es un placer para mi poderte ayudar —le confesó — Tengo que ir a ver dónde están Draco y sus amigos, puedes quedarte aquí el tiempo que quieras, si viene Lucius dile que yo te di permiso, aunque dudo que se moleste —finalizó dejando el joyero sobre el tocador, alejándose de Astoria que no dejaba de mirarse en el espejo.
—Gracias... —volvió a murmurar.
O-O-O
—¡Arg! ¿Qué no sabes hacer nada bien? —gritó un molesto Malfoy.
—¡Gracias! ¡Ahora tendré que tirar estas botas a la basura, eran mis favoritas! ¿Sabes? Y ni hablar de mi varita ¡Mi varita! —le siguió Daphne
—¡Ni siquiera Nott es tan estúpido! —apoyo Tracey
—Para la otra asegúrate de que sabes lo que haces —sugirió Zabini con furia contenida.
—Ya basta, que ahí está la mamá de Malfoy —murmuró Nott.
El singular grupo de Slytherins venían bañados en lodo, barro y quien sabe que otras cosas. ¿Por qué? Cortesía de Pansy. Se habían adentrado al bosque a buscar el susodicho lago donde supuestamente patinarían, pero en lugar de eso encontraron un pantano lleno de cocodrilos que casi se los comían, si no fuera porque la Greengrass traía su varita a la mano, hubieran sido comida de reptiles. Claro que la varita no ayudo mucho a la hora de caer en el charco de lodo y de rasgarse las ropas con las ramas. ¿Por qué no usar un hechizo para remediar eso y evitar llegar en esas condiciones tan deplorables? Nuevamente cortesía de Pansy que quiso quitarle la varita para hacer un hechizo al pantano pero como la joven rubia no accedió, entre forcejeo y forcejeo se rompió.
—¡Por las barbas de Merlín! ¿Qué les paso? —preguntó la mujer que justamente andaba buscando al grupo, pero nunca espero encontrarlos así.
—No preguntes, madre —le contestó Draco. Pansy a su lado lloraba como una chiquilla.
—¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Yo no sabía! ¡Perdón! ¡Draco! ¡Por favor! —claro que no era porque le importaba lo que les pudo pasar a todos por su imprudencia, lo único que aquejaba a la morena es que Draco había terminado con ella cuando pudieron escapar del pantano.
—¡Déjame! —gritó furioso y olvidándose de los buenos modales paso de largo aun lado de su madre para irse a su habitación y cambiarse la asquerosa ropa.
O-O-O
Astoria había hojeado las páginas de lo que parecía haber sido el diario de Bellatrix. Encontró cosas y datos muy interesantes, también escritos que confirmaban lo que le había dicho Narcisa sobre que su hermana había sido ferviente estudiante de Ballet, Frances y Piano; justo como ella. Pero que cuando supo que eran cosas de Muggles, las dejo, más bien en un principio las continuo por obligación, pues sus padres la amenazaron con que la mandarían a Hogwarts en lugar de Beauxbatons si abandonaba las costosas clases. Claro que al final la joven Black mando al diablo todo y no le importó que la mandaran a Hogwarts. Aquello hizo estremecer a la pequeña Greengrass. ¿Por qué tenía ese enorme parecido con la Mortifago?
Entre las páginas del diario encontró un pedazo de pergamino verdoso que tenía un peculiar escrito con tinta dorada que encima de todo brillaba.
Para mi hermosa Bella:
Qué vida tan aburrida,
solo estudiar y estudiar,
lo quiere así su familia,
ella tiene que aceptar...
Colegio por las mañanas,
de tarde inglés y francés,
los martes clases de piano,
y los jueves de ballet...
Ella en su cuarto de noche
inventa fantasías puede soñar,
ella en su mágico mundo
su cuerpo tiene alas puede volar...
Vuela que vuela tan alto
que nada ni nadie la puede alcanzar,
sueña y se duerme soñando
con la misma sonrisa que ira a despertar...
Atte. Canuto
En la página donde estaba aquel pedazo de pergamino había una nota escrita por Bellatrix:
"Como lo quiero y como lo odio. Si tan solo el estúpido entendiera la importancia de la sangre... pero no. Nunca me casaría con un traidor a la sangre."
Cerró el diario y lo dejo sobre el tocador. Narcisa ya se había tardado mucho y ella se empezaba a sentir inquieta y con hambre. Se miro una vez más en el espejo, andaba algo despeinada y con un camisón blanco que llegaba poco más arriba de sus rodillas, andaba descalza y lo único decente que destacaba era la gargantilla que le había dado la Malfoy.
Salió del cuarto pensando en ¿Quién era Canuto y por qué Bellatrix lo incluía entre sus cosas de "Las amo, pero que se vayan al infierno, ya las tocó un Muggle"? El poema o canción le dejó un sentimiento en relación a las palabras, esos impotentes deseos de ser libre, pero tener que aceptar lo que te imponen. Tan parecido a la situación de las dos. O al menos así lo intentaba ver, le asustaba, pero igual se relacionaban con la Mortifago.
Tan perdida iba en sus pensamientos que no pudo evitar chocar con algo o alguien.
—¿Tú también estas ciega, Greengrass? —le gritó furioso el rubio, pero se calló al notar que la pequeña había caído al suelo y su camisón blanco ahora estaba manchado con el lodo que traía él. Se sintió extrañamente mal por el hecho, pero antes de que pudiera hacer algo para remediarlo...
—¡Eres un idiota, Draco! —gritó poniéndose de pie y empujándolo con ganas para abrirse paso en el pasillo y entrar a la habitación que le habían otorgado — ¡Tonto! —concluyó cerrando la puerta con fuerza.
Agacho su vista y tomo aire intentando contener las ganas de llorar de nuevo. Y curiosamente lo logró cuando observo el diamante de su gargantilla brillar en un tono rojo sangre. ¿Eso significaba Ira?
En un largo suspiro se cambió de ropa y se arregló lo mejor posible para bajar a comer algo. Eran las treces horas, aún le faltaba sobrevivir noche buena, navidad y año nuevo. Que lento se estaba pasando el tiempo... Antes de salir del cuarto pudo escuchar el correr del agua del baño privado que compartían las habitaciones.
O-O-O
Bajo a desayunar, o mejor dicho a comer. Se había puesto un vestido blanco largo y de manga larga, unas botas blancas, una boina blanca y solo resaltaba la bufanda azul que cubría la gargantilla de diamante, pues no quería que nadie la notara e hiciera preguntas.
Comió sola, pues todos los demás chicos estaban limpiándose por el desastre del pantano. Mientras comía algo de fruta con miel y jugo de calabaza escuchó como alguien entraba.
—Te ves muy bella, Greengrass —le sonrió Lucius que entró al comedor en busca de un vaso de agua.
—Aquí tiene, señor —le dijo un elfo domestico entregándole la copa en una bandeja.
—Come bien, esta es tu casa —le indico el rubio antes de tomar la copa y abandonar la habitación.
La chiquilla no dijo nada, pero dejó de comer e inocentemente hizo el juego mental de palabras... bella = Bella... Bella Greengrass... ¡Oh, Merlín! ¿Por qué no se pudo parecer a otra bruja menos loca?
