TU ROMEO, TU JULIETA

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei.

El plot es mío.

ACTO 9

Las chicas rápidamente se preparaban para la siguiente escena, desde la cuál Shiho ya hacía cambios importantes a la obra original. Todo el grupo quedó contento con dichos cambios y que el asunto no terminara en varias muertes que al fin harían abrir los ojos a ambas familias. Había otras maneras y esa era la magia representar una obra. Más de una comentó que Shakespeare estaría feliz de saber que todos encontraban su propia versión de sus creaciones.

Rápidamente quedó el fondo completo de las calles de Verona. Las chicas hicieron unos últimos preparativos antes de colocarse en los sitios que les correspondía. Honoka y Yui, Romeo y Mercucio por un lado y luego entrarían Nagisa y Rina, Julieta y Teobaldo, por el otro costado. Había varias extras al fondo dando la sensación de una calle mercante activa.

─¿Listas? ─preguntó Shiho a las actrices y todas asintieron. Enseguida miró a Yukishiro─. ¿Tienes todo listo? Ve con calma, ¿de acuerdo? No queremos que te lastimes de verdad aunque las espadas sean de madera.

─No les fallaré ─respondió Honoka con una firme sonrisa, Shiho le sonrió de vuelta y fue a revisar al resto de sus compañeras, tenían segundos para ir a la siguiente escena. Romeo aprovechó para buscar la mirada de su Julieta. Le sonrió apenas la vio en un costado del escenario junto a Rina y sus ojos coincidieron.

Nagisa sonrió de igual manera y le hizo un gesto de "ánimo" con las manos y una sonrisa aún más grande, casi fiera. Honoka sintió su pecho arder por la emoción, ya habían hecho esa escena de la pelea varias veces, ésta vez era la de verdad, no podían fallar. Romeo revisó de nuevo sus propios preparativos: pequeñas bolsas de sangre falsa que ella misma creó y que harían un mejor trabajo que la salsa catsup que originalmente tenían planeada.

Rápidamente todas se colocaron en sitios y la propia música, debidamente temporizada por Chiaki, su experta musical, les avisó cuándo volver a encender las luces. En la calle con los extras al fondo estaban Romeo y Mercucio en un paseo normal.

─Romeo, mi querido amigo, te noto cada vez más iluminado, pero también más ansioso desde hace unos días, ¿es que te ha pasado algo? ─se cruzó de brazos─. Al menos dime que has sacado a la hija de los Capuleto de tus pensamientos.

Romeo se mordió los labios y miró a un costado. ─Mis pensamientos están en plena batalla, amigo mío, hay muchas cosas que quiero hacer, pero siento que no tengo el poder ni la fuerza para lograrlo solo.

─No sé de qué hablas, pero sabes que cuentas conmigo para lo que sea. Nos conocemos desde niños, juramos que tus hijos jugarían con los míos, que nuestras esposas platicarían juntas y serían amigas mientras nosotros compartiríamos una copa a la salud de nuestras familias ─el vivaracho Mercucio se golpeó el pecho con propiedad─. Lo prometimos apenas tuvimos edad casadera, ¿o no?

Romeo le dedicó una dulce sonrisa a su amigo. ─Lo juramos como hermanos y tengo en planes cumplir con mi palabra. Éste peso que cargo no es sólo mío, pero si tú nos ayudas también, entonces veremos esa promesa cumplida, mi muy querido amigo.

─A veces hablas y no te entiendo, pero siempre estaré para ti, lo sabes. Ven, vamos por algo de fruta, ocupa esa boca en algo que no sea decir esas cosas raras ─y el alegre Mercucio tomó a Romeo por los hombros para reunirse con los extras en el fondo.

Un instante después apareció Julieta del brazo de su hermano Teobaldo. Un paseo cualquiera al igual que el otro par. Un par de guardias les acompañaban. Shiho apretaba sin querer el guión entre sus manos, la escena de la pelea era importante y ensayaron mucho para ello, ahí dependían totalmente de la coordinación física de Nagisa y Yukishiro, hasta el momento todo iba bien y rezaba porque siguiera así. Quería impresionar no sólo al público, también a sus padres.

Si la pelea salía bien y la pareja protagonista hacía lo del beso, ¡entonces todos hablarían de la puesta por semanas! Tomó aire de manera silenciosa mientras Nagisa y Rina hacían lo suyo.

─Hermano, sólo estamos dando un paseo, no veo la razón para que nos escolten así. Ni los Reyes están tan cuidados como nosotros en estos momentos ─comentó Julieta con un gesto gracioso mientras miraba a los guardias a los costados.

─Orden de nuestro padre, mi querida hermana. Mañana te darán la noticia, pero no quiero que te sorprendas tanto así que iré en contra de lo que se me dijo ─le sonrió con emoción─. ¿Recuerdas que hace unos días salí con nuestro Padre a ver al Conde?

─Sí, lo recuerdo bien.

─Pues él ha logrado arreglar un matrimonio para ti con Paris, el hijo del Conde ─anunció Teobaldo con emoción, sólo para ver cómo Julieta casi desfallecía por la sorpresa y se sujetaba fuertemente de su brazo. Y la verdad fue que Nagisa se tropezó pero el vestido y la escena misma hicieron pasar todo bien desapercibido. Rina se percató de ello y la discreta sonrisa de Nagisa le dijo que todo estaba bien. Siguió con su diálogo─. Hermana, ¿qué pasa? Has perdido el color de tu bello rostro y casi te desmayas, ¿te sientes enferma?

Julieta tartamudeó un poco de manera muy natural, Nagisa ya podía actuarlo, pero mayormente tartamudeaba por los nervios de haberse casi caído. ─N-no es nada, hermano, me has tomado por sorpresa con semejante noticia ─tomó aire y se ventiló un poco con la mano libre─. Con el hijo del Conde, vaya suerte la mía.

─Sí, y sabes de él, es buenmozo, listo y te tiene mucha estima. Cuando mencionábamos tu nombre, su mirada parecía brillar ─comentó alegremente el hermano de Julieta─. Quiero que tengas un futuro brillante, hermana, que seas feliz con alguien que pueda hacerte feliz y el Conde Paris sin duda podrá hacerlo, lo ha jurado ante nuestro padre, ¡lo hubieras visto! ─la abrazó ésta vez─. Rezo siempre por tu felicidad, mi pequeña y amada hermana.

Julieta se llevó una mano al pecho y estaba a punto de decir algo, pero Romeo y Mercucio volvieron al frente y a vista de ambos. Y fueron Teobaldo y Mercucio los que pegaron el grito al cielo y se señalaron mutuamente mientras la pareja enamorada se tensaba. Podía sentirse toda la emoción que las actrices mostraban en escena.

─¡Romeo! ¡Tú, bastardo hijo de los Montesco, a ti quería verte! ─exclamó Teobaldo colocando a su hermana detrás suyo mientras los guardias se posicionaban a su lado─. ¡Ven aquí, que he de cortarte las piernas por invadir nuestro hogar en una noche que sólo era de mi familia y de la gente de bien!

Romeo estuvo a punto de responder, pero su bravo amigo lo hizo primero. ─¡Mejor que cuides tu lengua si no quieres que te la corte! ¡Nadie le habla así a mi hermano!

─¡Es él quien se ha colado en la fiesta de mi hermana sin permiso! ¡Y lo hizo para burlarse! ─Teobaldo sacó su espada y los guardias protegieron a Julieta con sus lanzas. Todas ellas armas de madera pero ésta vez procuraron que se vieran de mejor calidad. Ventajas de haber hecho todo de manera más organizada y con más tiempo de anticipación.

Mercucio sacó su espada también. Romeo apretó los puños y Julieta trató de sujetar a su hermano por la espalda. La pareja enamorada se veía desesperada, pero fueron sus más cercanos quienes se lanzaron el uno contra el otro para enfrentarse. La coordinación que tenían Rina y Yui hicieron que el público lanzara un exclamó de emoción, algunos hasta contenían el aire. Rina sabía mover su espada gracias a su entrenamiento de lacrosse y sabía por dónde recibir los ataques de su compañera, quien procuraba al menos un buen ritmo para que Rina la bloqueara sin problemas.

Mercucio y Teobaldo se empujaron el uno al otro para hacer suficiente distancia. Estaban por lanzarse al ataque de nuevo pero Romeo se colocó en medio de ambos, bloqueando las hojas de las espadas con sus brazos. La presión de las espadas y el mismo diseño de las pequeñas bolsas de sangre, bastó para que las mangas de su ropaje se mancharan de rojo de manera visible.

─¡No voy a permitir que mi mejor amigo y mi nuevo hermano derramen su sangre en las calles! ─exclamó Romeo con fiereza. Tomó aire, Honoka dejó que su cuerpo recreara todo lo ensayado y con un movimiento veloz desarmó a ambos y les apuntó al pecho, pero sólo para dejarlos quietos y a distancia segura.

─¿Pero qué locuras dices? ─preguntó Teobaldo, quieto.

─¡Romeo, apártate, no dejaré que ese loco te haga daño! ─Mercucio se quedó quieto también al sentir la punta de la espada tocar su pecho, bajo su cuello.

─¡Me han escuchado, no dejaré que ninguno de los dos derrame su sangre! ─miró a su amigo─. Tú eres como mi hermano de otra madre, no dejaré que nada te pase a ti ─miró a Teobaldo─. Aunque mi apellido sea Montesco nunca he odiado a ningún Capuleto. Y mucho menos a tu hermana, a quien amo con todo mi corazón ─asintió a Julieta.

Nagisa, contagiada por el ambiente de la escena y emocionada por unirse, lanzó un bravo grito de batalla y se libero de la protección de los guardias para colocarse junto a Romeo. Tomó la espada que apuntaba a su hermano y ella misma se colocó en guardia, espalda a espalda con su amado─. Teobaldo, mi querido hermano. Me acabas de decir que deseas mi felicidad... Pues bien, éste hombre es mi felicidad. Y sus palabras son justas al decir que ¡nuestro amor no se manchará con sangre de las personas que más queremos!

─¡Julieta! ¡Ven acá, aléjate de él!

─¡Romeo, por Dios, ven acá!

─¡No! ─gritó el par al mismo tiempo.

─¡No sé qué le has hecho a mi hermana, pero no permitiré que le pongas una mano encima! ─miró a los guardias─. ¡Rescaten a mi hermana y maten a ese demente!

El par de guardias y otros más que se aprestaron a escena, rodearon a la pareja. Sin armas con las cuales atacar, Teobaldo y Mercucio no tuvieron más remedio que quedarse atrás.

El público gritó de emoción cuando Nagisa y Honoka comenzaron a pelear contra los guardias. Teobaldo les indicaba que no lastimaran a su hermana, pero ella no dejaba que se acercaran a Romeo desde ese costado, y al mismo tiempo, Romeo alejaba a los guardias tratando de desarmarlos. De repente, en un pequeño fallo de cálculo, Romeo quedó desarmado sin querer y una de las lanzas de madera pegó en su costado. No le dolió mucho pero no era parte de la escena y todas se dieron cuenta de ello.

─¡Romeo! ─exclamó Nagisa con apuro y trató de recuperar la espada de manera que fluyera con la escena, pero una sonrisa de Honoka le dio una inesperada seguridad.

─¡Un poco de sangre no me detendrá, mi amada Julieta! ¡Mi amada esposa! ─tendría que improvisar, se sujetó el costado golpeado haciendo presión para manchar esa zona de sangre dando la impresión de una herida, aprovechando que aún tenía sangre falsa en las palmas. Recordando un poco de todo lo aprendido con su abuela, simplemente se batió cuerpo a cuerpo contra los guardias. Con veloces movimientos desarmó a quienes tenía enfrente, que sí era la indicación en el librero.

Nagisa hizo lo propio desarmando a los otros guardias y, en un hermoso movimiento en coordinación con su Romeo, recuperó la otra espada y usó ambas para desarmar al resto de los guardias.

Los soldados quedaron tirados, desarmados y aparentemente golpeados gracias a la fiera pelea de la pareja. El público gritó de emoción por la victoria de los enamorados y casi de inmediato guardó silencio mientras el amigo y el hermano de Romeo y Julieta, respectivamente, tomaban la palabra.

─¡Julieta! ¿Te has vuelto loca! ¡Te ha llamado "esposa"!

─Así es, hermano, me he casado con él. Y aunque agradezco que el Conde Paris me tenga en buena estima, mi corazón ya lo he entregado a Romeo ─dijo Julieta con firme voz, sin soltar las espadas─. Con Dios como testigo, mi corazón y todo mi ser pertenece a Romeo.

─¿Pero cuándo te has casado, loco? ─preguntó Mercucio, sorprendido─. ¿Porqué?

─Porque al verla supe que ella es la persona a la quiero ver cada mañana que Dios me dé vida, y cada noche antes de dormir ─exclamó Romeo, dolido─. Y siento haberte ocultado esto, pero no podía esperar. Con ella es con quien quiero estar, a ella es a quien amo y por ella es que no quiero derramar una gota de sangre ni tuya ni de su familia ─miró a los demás pobladores en la calle─. ¡Que todos escuchen esto, amo a Julieta de los Capuleto! ¡Que todos sepan que el amor no conoce apellidos, ni rencillas que ya nadie recuerda!

─No mancharemos nuestro amor con la sangre de nadie más ─completó Julieta, asintió a Romeo y soltó ambas espadas hacia las extras en el mercado. Romeo le tomó la mano y ambos asintieron antes de salir corriendo de escena y desaparecer por un costado. Mercucio, Teobaldo y los guardias salieron tras ellos ante las murmuraciones de los pobladores. Y cuando las cuatro abandonaron el escenario, las luces bajaron y todas comenzaron a alistar de nuevo el fondo con la iglesia.

Mientras las chicas encargadas de la utilería hacían el cambio de fondos, Shiho y Nagisa revisaban a Honoka. ─Estoy bien, en serio, sólo fue un roce, no un golpe directo ─dijo Honoka a manera de calmarlas, sobretodo a la compañera que la golpeó sin querer.

─Me gustó cómo improvisaron, pero deben tener cuidado, ¿de acuerdo? Lo de romperse una pierna no tiene que ser durante la obra ─dijo Shiho con una sonrisa nerviosa.

─¿En serio estás bien? ─preguntó Nagisa, preocupada.

─Estoy bien ─respondió Honoka con una sonrisa─. Sigamos con la obra. Me dejaré revisar por la enfermera si quieres, pero terminemos esto primero.

─De acuerdo ─dijo la deportista con un suspiro.

─Todas a sus lugares ─indicó Shiho en voz baja. Romeo y Julieta se escondieron detrás de una vieja lápida. Las demás se colocaron en sus sitios y las luces volvieron a encenderse. Se veía el fondo de la iglesia de nuevo, pero con las lápidas daba a entender que estaban en el cementerio de la iglesia. No había nadie a la vista, al menos hasta que Mercucio pasó corriendo y buscando con la vista.

─¡Romeo! ¡Romeo, por Dios, sal de donde estés! ¡Toda la ciudad está ardiendo con la noticia de que se han casado! ¡Tu padre explotará como el Vesubio cuando lo sepa! ¡Romeo! ─y entre llamados, Yui siguió corriendo hasta salir del escenario.

Segundos después de Mercucio, Teobaldo apareció con los guardias. ─¡Julieta, hermana! ¡Hermana querida, sal! ¡Julieta, aún podemos salvar esto, sal! ¡Sal, nuestro padre no tarda en enterarse de la mala nueva! ¡Julieta! ─asintió a sus guardias─. ¡Hay que encontrarla a como dé lugar o esto se volverá el infierno!

Y el pequeño grupo salió corriendo en la misma dirección que Mercucio.

Apenas los gritos y llamados cesaron, Romeo se asomó desde detrás de la lápida junto con Julieta. Y para seguir con lo que improvisaron, Romeo se sujetaba el costado herido mientras Julieta le ayudaba a andar. Hizo que se sentara junto a la tumba y con un pañuelo hizo alusión a estar dándole cuidados en la herida.

─Romeo, has derramado sangre, mi pobre Romeo ─dijo Julieta con pesar.

─Mejor que sea mi sangre y no la de tu hermano ni la del mío ─Romeo le sonrió, tenía los dientes apretados fingiendo dolor. Y ya desde ahí podían seguir con los diálogos como los habían ensayado─. Escucha, mi amada, estamos en problemas justo ahora, tu padre y el mío sabrán que nos casamos sin su consentimiento, sabrán que estamos juntos y desatarán una tormenta como bien nuestros hermanos han dicho.

─Lo sé, no pensé que sería tan pronto ─se lamentó Julieta─. Hay que hacer algo para que no terminen las cosas como no queremos que terminen.

─Lo que más me duele es estar casado y soñar contigo sin poder compartir techo ─acarició dulcemente su cabello─. Eso es lo que más deseo, eso y caminar mi camino contigo, pero justo ahora todo se ha complicado.

─Lo sé, lo sé ─sujetó la mano de Romeo con pesar y enseguida frunció el ceño─. Tenemos que hacerles entender que su rivalidad es inútil y que no vale la pena pelear sólo por que sí.

─Me temo que tú y yo no podremos lograr esto solos ─sonrió, haciendo sonrojar a Nagisa─. Los necesitamos a ellos, a las personas que nos aman también. Yo trataré de convencer a Mercucio para que me ayude a encarar a mi padre.

─Y yo acudiré al cálido corazón de mi hermano para convencerle de que esto no debe hacer erupción ─suspiró, comenzó a sentir nervios porque ya venía la escena que Shiho les pidió, la del beso─. ¿Y qué haremos si no funciona, mi amado?

─Si nuestra unión les causa problemas, entonces tendremos que irnos ─respondió Romeo luego de pensarlo un poco─. Pidamos el apoyo del Sacerdote y del Príncipe de Verona, ellos sabrán ponerles un alto aunque sea por la fuerza, y tarde o temprano se harán a la idea de que nada nos separará.

─Entonces primero debemos convencer a mi hermano y al tuyo, ¿verdad? ─preguntó Julieta con una sonrisa nerviosa.

─Me temo que sí, y espero lograrlo, Mercucio es como un incendio sin control.

─Mi hermano es como un toro en estampida ─ambos se echaron a reír. Julieta hizo una pausa para palpar "la herida" unos segundos. Sonrió─. ¿Estarás bien?

─Podré caminar por mi cuenta ─sonrió─. Hay que apresurar las cosas o nuestros padres chocarán de frente como toros si no hacemos algo ─la tomó por el rostro con ambas manos. Honoka sintió sus propias mejillas arder, era hora. Tragó saliva─. Pase lo que pase, veámonos aquí al anochecer. Si no llegas cuando suenen las campanas, iré a buscarte.

─Estaré a tiempo, mi amado ─Nagisa suspiró fuerte, hondo, todo mientras sus mejillas se calentaban bajo el tacto de las manos de Honoka. Le miró a los ojos─. Estaremos juntos, viviremos juntos... Te amo.

─Yo también te amo, más que a mi vida.

Sus miradas tenían una intensidad real, su sonrojo era real. Las manos de Honoka temblaban, las de Nagisa también, no podían alejar sus ojos de los de su compañera. Shiho apretó su libreto hasta arrugarlo más de lo que ya estaba, el resto del grupo y el público estaban atentos. Romeo tragó saliva, Julieta soltó un suspiro y asintió discretamente, dando su consentimiento completo a ese deseo mutuo y mudo de su corazón, bastó una mirada para dárselo a saber. Romeo aceptó.

Y sucedió.

Honoka ésta vez sí hizo el movimiento de cubrir la vista de sus bocas con sus manos, acercó su rostro al de Julieta y la besó.

Pero la besó de verdad sin que nadie, solamente ellas, lo supieran.

Los gritos de emoción y las quijadas en el suelo por la sorpresa no se hicieron esperar. Shiho casi gritó de emoción mientras sentía esa escena como un triunfo. Las demás chicas de la clase no se esperaban eso. Hasta ese momento Rina comprendió que eso fue lo que Shiho pidió a la pareja protagonista, y el porqué se disculpó por proponerla. La intensidad se sentía, el amor se sentía como si fuera real.

Romeo y Julieta se besaban. Nagisa y Honoka tenían sus labios pegados en inmóvil caricia y nada más. Ambas tenían los ojos cerrados. La científica simplemente dejó de pensar el par de segundos que duró el beso, se entregó y tomó el calor de esos labios. En ese momento, justo en ese momento, todo se sintió en su lugar. Todo estaba en su sitio dentro de su ser. Se preguntó si Romeo sentiría eso también como para morir por su Julieta, para no poder vivir sin ella. La misma Honoka experimentaba la viva sensación de tener todo lo que necesitaba, Nagisa la hacía sentir completa.

La que no podía creerlo era Nagisa. No supo porqué dio su consentimiento, simplemente quiso sentir a su compañera. En ese momento no era Julieta besando a su Romeo, era Nagisa Misumi besando a Honoka Yukishiro, en los labios. Se sintió temblar toda, también la asaltó un calor de cuerpo entero y la cabeza le dejó de funcionar mientras ambas se daban una dulce y única caricia entre sus labios. Su primero beso se lo dio a su compañera, a su amiga, a su opuesto perfecto y con quien, sorpresivamente, encontró un sitio cómodo donde además era bienvenida. Honoka la hacía sentir muy bien, ese beso le hizo sentir bien.

Ambas deseaban que ese beso no fuera el primero ni el último. Pero tendrían tiempo de pensar después, la función tenía que continuar.

Se separaron un par de segundos después. El beso se sintió largo, como si se hubiera detenido el tiempo, pero sólo duró dos segundos y medio en tiempo real. Honoka despegó sus labios y después quitó sus manos, nadie necesitaba saber que fue un beso real. Ambas tuvieron que tomar un respiro hondo antes de seguir.

─La paz o el exilio juntos, mi amada Julieta.

─La paz o el exilio, mi amado Romeo.

Compartieron una mirada decidida antes de ir cada quien por su lado del escenario y desaparecer. El público aún murmuraba lo del beso y la gran escena de batalla que acababan de ver. A mencionar que Akane le cubrió los ojos a Hikaru al ver que ese par estaba a nada de besarse. Podía conocer poco a Honoka pero conocía bien a Nagisa y nadie la engañaba. Ese beso fue real. Quien también se dio cuenta de esto último fue Sanae. Los padres de Nagisa y los amigos de Honoka quedaron con la sospecha, pero ya tendrían tiempo de interrogarlas, la obra aún no terminaba.

Segundos después de que Romeo y Julieta desaparecieran, Mercucio entró una vez más en escena, seguía buscando a su amigo con apuro, casi con horror.

─Romeo, no me hagas esto, no quiero que nadie te mate por meterte con quien no debes ─dijo, caminando de un lado a otro cual león enjaulado.

─¡Tú, Mercucio! ─le llamó Teobaldo mientras entraba al escenario─. Tú debes saber dónde está mi hermana, ¡se la ha llevado a quien llamas hermano!

─No sé dónde está ni mi hermano ni tu hermana ─respondió con dureza─. Sólo sé que no saco mi espada de nuevo porque ya se ha derramado la sangre de Romeo por detenernos. No seré yo quien desperdicie su sangre, no en éste momento.

─Si fuera por mi te rebanaría ahora mismo, pero hacerle daño a un hombre que ha respondido valientemente por su hermano ─refunfuñó─... Tengo honor y por ese honor he de perdonar tu vida.

Mercucio se echó a reír. ─Si esperas que me sienta halagado por tu piedad, pierdes tu tiempo.

─Tienes la lengua muy más afilada que una espada como dicen bien en la ciudad, pero si un toro desbocado como tú es capaz de pensar con la cabeza por el hombre al que llama hermano, ¡que me caiga un rayo si te apunto con mi espada de nuevo! No ahora, no hasta que sepamos dónde están ─sacó su espada y la dejó junto a una lápida.

─Mi buen señor de los Capuleto, si crees que soy terco, mi hermano lo es más. Igual de terco que tu adorable hermana, por lo que veo ─dijo con una risa, ya más relajado.

─Tímida pero terca a su modo, debo decir ─respondió el cansado hermano con un suspiro─. Escucha, amo a mi hermana así como amas a tu hermano. Dime, Mercucio, dime si piensas que esto también es una locura.

─¡Lo es, mi señor Teobaldo! Pero mi hermano acaba de entregar todo de sí. Y no sé tú qué me puedas decir de tu hermana, pero Romeo va en serio y nunca he visto su alma más viva como ahora.

─Yo tampoco he visto los ojos de mi hermana tan llenos de vida, no como ahora ─suspiró─. Juré velar por la felicidad de mi hermana.

─Y yo juré que mis hijos jugarían con los hijos de mi hermano, que nuestras esposas serían amigas y que nosotros brindaríamos por nuestras familias ─se acercó a Teobaldo y le extendió la mano─. Buscamos lo mismo, ¿o no? Tú, Teobaldo, quieres que tus hijos jueguen con sus primos, quieres hacerte amigo y hermano de quien ame a su hermana, ¿o me equivoco?

─Eres bruto pero tienes la boca llena de razón. Mi corazón desea ese futuro ─tomó su mano con firmeza─. Busquemos a esos dos que son más brutos y ayudemos a arreglar éste desastre. Que nosotros estemos de acuerdo en algo, no quiere decir que mi padre y el padre de Romeo seguirán nuestros pasos.

─No me lo tienes qué decir ─rió─. Primero encontremos a esos dos locos de amor y luego veremos qué hacer ─soltó a Teobaldo─. ¡Que el amor vuelve locos los corazones! ¿No vemos aquí al anochecer? No creo que debamos darnos las manos frente a las familias que nos preceden.

─Justo eso pensaba. ¡Andando, que el tiempo se va y la tormenta se acerca!

Y ambos salieron de escena. Las luces se apagaron para que las chicas volvieran a cambiar los fondos, de nuevo era el que tenía la mitad con las calles de Verona y la otra mitad con la sala de té de los Capuleto, pero que ésta vez y con ayuda de unos muebles, sería la habitación de Julieta. El público estaba emocionado todavía, entre la batalla de la pareja y el beso de despedida, ya todos se habían olvidado de los accidentes y fallos que habían dado mala fama al grupo Sakura desde secundaria.

Nagisa y Honoka todavía no tenían tiempo de digerir completamente lo del beso, debían terminar esa obra a como diera lugar. Ya después podrían hablar debidamente de sus asuntos. Las encargadas del vestuario rápidamente ayudaron a Honoka a cambiarse la chaqueta sucia de "sangre" por la de repuesto. Incluso improvisaron unos vendajes para ir acorde a la escena de la herida. Tenían tiempo para ello, la siguiente escena era con los Capuleto.

Las luces se prendieron del lado de la ahora habitación de Julieta. La doncella y su hermano entraban desde ese lado del escenario con apuro. Julieta dio un par de vueltas por la habitación antes de encarar a su hermano. ─Mi amado hermano, perdóname por apuntar un arma a tu pecho, pero debía hacerlo ─se abrazó de Teobaldo─. Tenía que hacerlo si quería detenerte de hacer una locura.

─Lo sé, mi dulce hermana ─respondió Teobaldo mientras correspondía el gesto.

A Nagisa le era curiosa la sensación de abrazar a Rina y no sentir nada más que la firmeza de su abrazo. Y sólo eso, no había nada en ese gesto que la hiciera sentirse nerviosa o acalorada como con Honoka. Y al fin sabía la razón, quería a Rina como amiga de la misma manera en que quería a Shiho y a todas sus demás amigas, pero no las quería como... Quería a Honoka. No sólo quería a Honoka, sentía atracción por ella, una atracción que ya había sentido antes con Fujimura Shougo. Y aunque era una sensación similar, no se sentía igual, con Honoka era más cálido porque a ella le podía demostrar de mejor manera lo que sentía.

Incluso sin hablar, incluso sin mirarla. En esos momentos no pensaba en que ambas eran chicas. Honoka sabía leerla y moría por poder hablar con ella, pero aún no, debían esperar a que bajara el telón.

─Hermano, amo a Romeo, mi corazón desea estar a su lado ─expuso Julieta con tono dolido. Y la parte dolida era por su desesperación de querer hablar con Honoka. Sentía lo mismo que su Julieta y el sentimiento impreso podía sentirlo hasta la última persona en el teatro.

─Mientras tú seas feliz, yo velaré por tu felicidad ─el hermano suspiró hondo y la tomó por los hombros─. Escucha, nuestro padre no tarda en enterarse de las noticias, y apenas eso suceda... La tormenta caerá sobre Verona, se volverá loco. Y me temo que ni tú con una espada podrás detenerle.

─Mi querido Romeo y yo pensamos en pedir ayuda al Sacerdote y al Príncipe de la ciudad ─soltó una pequeña risa, una linda y femenina─. Sabes lo mucho que se enfada cada que nuestra familia y los Montesco se pelean apenas se ven.

─No me lo tienes qué decir, yo he estado en esas peleas y a mi padre nunca le molestó pagar las multas por escándalo público ─dijo Teobaldo llevándose una mano a la nuca─. Y lo que tienen en mente es sensato, sólo debemos...

Pero el mayor no pudo decir más, entró en escena el enfurecido patriarca de los Capuleto, seguido de su apurada esposa. Sus papeles eran menores, pero las actrices estaban emocionadas por entrar al fin a escena.

Como era de esperarse, el padre de Julieta y Teobaldo comenzó a reñirle a la chica por haberse casado en secreto, ¡con uno de los Montesco! La matriarca estaba harta de todo eso y trataba de calmar a su marido con ayuda de sus hijos, pero poco y nada lograban ante el enfurecido y "deshonrado" hombre que nada más no logró quitarle su espada a su primogénito. Y en cómica secuencia que hizo reír al público, se llevó una silla para atacar con ésta a falta de una espada...

Nadie necesitaba saber que a las chicas se les olvidó poner el arma extra en la pared para que se la llevara y la actriz, improvisando también, se llevó una silla. El padre enfurecido salió de escena con la silla en manos, su esposa tras él y sus hijos tras ella.

De lado de los Montesco la cosa fue igual de caótica y graciosa en buena parte. Mercucio trataba de cubrir a un herido Romeo de la ira de su padre, la esposa del mayor de los Montesco hacía lo posible por sujetar a su marido de donde pudiera para tratar de calmarlo, pero nada podían hacer contra su furia mientras las extras que hacían de pobladores miraban la escena con "horror" por todo ese escándalo que, aunque ya conocían, era molesto a la larga.

Y a manera de ir acorde a lo que hizo su compañera, la actriz que hacía del padre de Romeo se llevó el rodillo de una de las extras que hacía de panadera. Las actrices principales estuvieron a nada de soltar una risa al igual que el público, pero podrían hacerlo después de la obra. No estaba de más mencionar que Shiho estaba a nada de pegar tal salto que chocaría con el techo de la pura emoción. ¡Todo iba genial! Ya estaban casi en la escena final.

Lo siguiente era Mercucio corriendo a buscar al párroco antes de que los ancianos se mataran, y al mismo tiempo, de graciosa y apresurada manera, Teobaldo yendo a por el Príncipe de Verona para que interfiriera antes de que los patriarcas se mataran.

La escena final ya estaba ahí, ambas familias una frente a la otra, los patriarcas blandiendo las "armas" que se toparon en el camino, sus esposas tratando de retenerlos por dónde pudieran, extras de ambos bandos y también al fondo, Romeo y Julieta al centro, juntos, de la mano y encarando a sus respectivos padres.

─¡Julieta, niña demente, ven acá, que te voy a meter a un convento! ─amenazó el mayor de los Capuleto─. ¡Y lo haré luego de desollar a ese muchacho atrevido que te sujeta la mano, desvergonzado!

─¡Romeo, cuando acabe con esos Capuleto, te daré una tunda que no te levantas en una semana! ─amenazó el líder de los Montesco─. ¡Ven acá y deja a esa sucia Capuleto, muchacho!

Y entre el escándalo que hacían ambas familias y las quejas por dicho escándalo de parte de los pobladores, Julieta tomó la palabra con firme voz, sin perder en ningún momento el tono dulce y femenino que mantuvo durante toda la obra, pero con menos tartamudeo que al comenzar. ─¡Podré no ser digna del amor puro que me tiene Romeo, señor de los Montesco, pero me lo ha entregado en las manos y no pienso soltarlo!

─¡Y yo no soy digno de ver a tan hermoso ángel, mucho menos de tocarlo! ¡Pero Julieta me ha dado una respiro más de vida y un amor que no pienso abandonar nunca! ─miró al padre de Julieta sin voltear del todo─. ¡Y como amo a mi dulce Julieta, así he de amar a cada persona de su familia! ¡Su familia ahora es la mía, y la sangre de mi familia no se ha de derramar!

De nuevo ambos patriarcas tomaron la palabra. ─¡Antes me emparento con un perro que con un Capuleto!

─¡Y que me parta un rayo si alguna vez comparto el techo con un Montesco!

─¡Si de verdad nuestras familias se odiaran en la sangre! ─intervino Romeo─. Entonces yo no habría encontrado el alivio a mi alma triste ni siquiera en los ojos de Julieta. Pero pude ver su luz, su cálida sonrisa, el suave toque de sus manos que cura todo y me da la fuerza para seguir adelante. Si mi sangre y la de ella se odiaran como ustedes nos han hecho creer, yo jamás habría encontrado el amor verdadero.

─Ustedes dicen que nuestras familias no pueden verse ni siquiera en una pintura ─continuó Julieta, mirando a su padre y sin soltar a Romeo─, pero bastó verlo a él para ver su alma gentil, su fuerza y todo ese amor que guardaba dentro de sí. Y ese amor me ha hecho más valiente que nunca. ¡Y por éste amor, no hemos de dejar que más de nuestra sangre se derrame!

Los patriarcas no pudieron alegar más, en escena entraron el Príncipe de Verona, acompañado de Teobaldo, y el Sacerdote con Mercucio a un lado.

─¡Justo a tiempo, aún no se mata nadie! ─exclamó un sonriente Mercucio, agitado, y miró a Teobaldo─. ¡Eres de pies ligeros, mi buen Capuleto! ¡Como una liebre en plena pradera escapando de un sabueso!

─Lo mismo digo ─rió el hermano de Julieta─. Y tú corres como doncella en carnaval buscando con quien bailar ─respondió con una risa. Y el gesto de ambos hizo que los padres de los enamorados al fin bajaran las armas.

─Muchacho, a ti te he criado casi como a un hijo y ahora gastas bromas con un Capuleto como si fueran viejos amigos ─dijo el padre de Romeo, confundido.

─Hijo mío, ¿porqué bromeas con ese muchacho que es casi hijo de los Montesco? ─preguntó el padre de Julieta a su primogénito.

─Porque veía a ese hombre con ojos de furia como se ven ustedes dos ─respondió Teobaldo, colocándose pero al lado de Romeo. Le dirigió una sonrisa antes de palmearle un hombro─. Y ese mismo hombre casi me mata pero ha sido Romeo quien nos salvó, derramó su propia sangre en lugar de la nuestra.

─Ustedes que es como mi padre ─dijo enseguida Mercucio, dándole una rosa a Julieta junto con una sonrisa─. Me llené de sus palabras y su furia, incluso intenté burlarme de ellos colándome con Romeo a su fiesta, y no imaginé que mi hermano terminaría enamorado ─tomó aire─. Pero he encontrado en ese hombre a alguien que puede ser un amigo, y en ésta chica a alguien a quien quiero como quiero a mi hermano. Ama bien a Romeo, ¿acaso están ciegos por la furia?

Y el Príncipe y el Párroco vieron suficiente antes de intervenir.

─Los jóvenes han hablado bien ─esa fue la voz del Sacerdote─. Su pleito debió haber quedado atrás desde hace muchas generaciones, pero siguen cargando con ella como mulas tercas ─regañó al par de patriarcas.

─Y yo me estoy hartando de encerrarlos, multarlos y amenazarlos ─fue el turno del Príncipe de la ciudad, hablaba con voz cansada─. No esperen abrazar a alguno de sus hijos sin vida para soltar ese odio al fin. Son las familias más prominentes de la ciudad, podrían hacer muchas cosas juntos ─señaló con ambos brazos a los cuatro jóvenes─. Ellos son la prueba viviente de que pueden estar en paz y juntos, pueden amarse y pueden ser amigos.

Los patriarcas finalmente se calmaron, soltaron su silla y su rodillo y con firmes pasos, convencidos al fin, se dieron la mano, sus esposas se abrazaron entre sí, aliviadas, Teobaldo y Mercucio chocaron los puños a manera de triunfo, mientras que la pareja enamorada se abrazaba una vez más. Todo salvo el abrazo estaba bien, originalmente sólo debían juntar las manos y sus frentes, pero el acercamiento físico fue perfecto a opinión de Shiho y de todo el grupo.

─Con la Bendición de Dios, ésta joven pareja es la prueba del poder del Amor ─declaró el sacerdote.

─Y con mi protección y respaldo, que una nueva familia surja para el bien de Verona ─dijo el príncipe.

Las luces se redujeron poco a poco hasta alumbrar solamente a Romeo y Julieta.

─Contigo, los dos juntos, seguiremos adelante, mi dulce Julieta. Mientras tomes mi mano, no importa el obstáculo ─fue el juramento de un enamorado Romeo, que no dejaba de ver los ojos de Julieta.

─Y contigo a mi lado, sé que llegaremos lejos. Si tropiezas te daré mi mano, si tropiezo dame la tuya y sigamos adelante, ni la más oscura noche ni el más ardiente sol nos detendrán. Te amo, Romeo.

─Y yo a ti, Julieta. Te amo.

Y se abrazaron una vez más, las luces se encendieron por completo y, luego de ello, silencio total.

No pasaron ni dos segundos para que la familia de Nagisa y los amigos de Honoka fueran los primeros en aplaudir y hacer escándalo. El público pronto se les unió y básicamente las ovacionaron de pie.

Todo el grupo se alineó como mejor pudo en el escenario, actrices principales, secundarias y ayudantes por igual, sólo la pareja protagonista estaba al centro. Y ante los aplausos, todas se tomaron de las manos y se inclinaron tanto como pudieron, agradeciendo la ovación. Las fans de Nagisa gritaban a todo pulmón tratando de sobresalir y lográndolo a duras penas, sobretodo porque las chicas del Club de Ciencias gritaban el nombre de Honoka en claro apoyo y emoción. Para nadie pasó desapercibido que Honoka era extremadamente galante a su manera.

La directora Kubota Shiho dio un paso al frente y de algún lugar llegó un gran ramo de flores. Nagisa y Honoka recibieron el ramo para entregárselo a Shiho, quien estaba en lágrimas, sin poder creer que todo había salido mucho mejor de lo imaginado.

El grupo Sakura de primer año volvió a inclinarse y finalmente el telón bajó.

La obra había terminado.

Ya detrás del telón, las chicas se dieron un momento para felicitarse entre sí, se lo merecían. Tenían que apresurarse porque debían quitar sus cosas para la presentación del Club de Música Ligera. Incluso los músicos les felicitaron por su gran obra.

─¡Chicas, levantemos todo y veámonos en el salón! ─indicó Shiho y todas respondieron un sí al unísono. De inmediato movieron toda su utilería a la bodega del teatro. Quitar los fondos requería más trabajo, pero al grupo musical le bastaba con tener el espacio despejado, y de hecho les pidieron de favor que les dejaran usar el fondo de la primera escena, las chicas accedieron. Ya recogerían todo cuando terminara propiamente el Festival Cultural.

Lo último era quitarse los disfraces, así que las actrices se dirigieron a sus respectivos camerinos. Nagisa miró a Honoka y hasta ese momento recordó sonrojarse. Honoka se sonrojó por lo igual. En silencio, ambas fueron a su camerino a cambiarse la ropa.

Nagisa soltó un gran suspiro mientras trataba de quitarse la tiara, pero estaba fija en su cabello por los pasadores y sólo se echó a reír, cosa que le ayudó a aligerar el ambiente. ─¿Me ayudas, Honoka?

La aludida apenas se estaba quitando la capa y desatando el cabello, rió al ver a Nagisa con esa sonrisa nerviosa y divertida a la vez. ─Yo me encargo, no te muevas ─se acercó a su compañera y con cuidado comenzó a quitarle los pasadores. Puso al menos una docena, la tiara no se movió para nada en toda la obra, podía felicitarse a sí misma por su trabajo.

─Salió genial, ¿verdad? ─preguntó Nagisa, haciendo todo lo posible por ignorar el calor y la cercanía de su amiga.

─Sí, fue una obra maravillosa, la disfruté mucho ─respondió Honoka con una sonrisa dulce.

─Yo también, nunca me había divertido tanto en una obra. Digo, sé que no nos viste en años pasados, pero todos terminaban riendo por nuestros desastres ─y ahora se habían redimido, la escuela al fin les tenía respeto.

─Ahora rieron por cosas muy distintas, fue divertido que tomaran la silla y luego un rodillo de cocina ─y finalmente Honoka pudo reír por eso, Nagisa rió junto con ella y ambas acabaron sentadas frente a frente entre risas.

─¡Eso fue genial! Le diré a papá que saque una copia del video, definitivamente se la tienes que mostrar a tus padres.

─Lo haré, se pondrán felices cuando la vean ─finalmente le quitó la tiara y con sus dedos aflojó los nudos en el cabello de Nagisa.

─Oye, Honoka...

─Dime ─una embelesada Honoka peinaba a Nagisa con sus dedos.

─De verdad nos besamos, ¿cierto?

Y ante eso, Honoka enrojeció tanto que la soltó, pero eso no evitó que la mirara con el rostro ligeramente bajo. Nagisa miraba a un costado con una mano en la nuca. Ambas ardían.

─Sí, nos besamos.

─¿Te gustó?

─Me gustó.

─A mi también.

Ambas tragaron saliva al mismo tiempo, tomaron aire al mismo tiempo y se miraron a la cara al mismo tiempo. Poco a poco se envalentonaban, se acercaban la una a la otra mientras sus dedos y luego sus manos se entrelazaban. Estaban a punto de besarse de nuevo, pero alguien tocó la puerta de su camerino y ambas pegaron un salto.

Sus visitas, Fujimura y Kimata, se asomaron apenas las chicas les indicaron que podían hacerlo.

─¡Fantástico trabajo, chicas! ─Fujimura fue el primero en felicitarlas, las notó rojas y sólo sonrió─. No les quitaremos mucho tiempo, aún les falta cambiarse y deben estar cansadas.

─Sólo queríamos felicitarlas. Y tengan, pero tendrán que compartirla ─Kimata les dio una orden de yakisoba, aún estaba caliente─. Deben estar hambrientas luego de todo esto. Las esperamos en el Café, les daremos unos pasteles gratis.

─¡Genial! ─la comida siempre levantaba el espíritu a Nagisa en automático.

Y una Nagisa recuperada, graciosamente recuperaba a Honoka. ─Ésta vez si aceptaré más de una rebanada, gracias.

─¡Las vemos al rato!

El par se retiró. La interrupción les ayudó a calmar los ánimos. Compartieron una mirada y una sonrisa más antes de seguir con lo suyo.

─¿Podemos hablar de esto luego del festival? ─preguntó Nagisa.

─Sí, me encantaría.

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