Este OS es un extra de uno de mis fanfics "Los chicos también llevan labial". Sin embargo, no hay problema si no lo has leído porque Draco te pone al tanto de su vida durante el escrito.

Gracias por leer!


Cuando Harry entra a la habitación que compartía con su novio, se percata de que la puerta del armario está abierta y las luces de éste encendidas. Una sonrisa se dibuja en su rostro, sabiendo de antemano que el rubio se encontraba ahí, probablemente reacomodando por milésima vez la organización de sus cientos de atuendos.

Se asoma para mirar, y en efecto, Draco Malfoy estaba en el centro de este, pero a diferencia de lo que imaginaba, está sentado en el suelo con las piernas cruzadas y con la apariencia de llevar ahí varios minutos. Frente a él había tres largos, brillantes y elegantes vestidos en sus respectivos colgadores, y bajo cada uno de ellos había un par de zapatos con tacos que, pese a los años, a Harry le seguían pareciendo de muchos centímetros.

— Draco -le dice, sentándose a su lado luego de besar sus labios a modo de saludo. El rubio le sonríe apoyando la cabeza en su hombro. —¿Qué haces?

—Escojo entre una de estas tres opciones -responde, con un suspiro. —El rojo es diseño de mi madre. Es el que más me gusta, pero se volvería loca si supiera que su vestido es para lucirlo en un club y no en alguna de las pasarelas de Paris. -agrega riendo, pero Harry ya lo conoce demasiado bien como para advertir cierto tono de resignación.

Harry lo rodea con los brazos y le da un cortito beso en la frente, de esos que a Draco le encantaban, pero le gustaba fingir que no, porque si no sería taaan cursi como Harry.

—También me gusta mucho el rojo.

El rubio suspira y asiente.

—Supongo que es el que usaré mañana.

Draco se incorpora para guardar los dos restantes en su lugar y dejar en el colgador con ruedas el otro.

Era un vestido hermoso, largo y con esos detalles delicados de su madre que Draco reconocería en cualquiera de sus diseños tan solo con verlos una vez. Él le había hecho una pequeña modificación, claro, al hacer una abertura desde la cadera hasta abajo. Y es que era un vestido demasiado sobrio para una Draq queen, pero no importaba. De todas formas, su madre jamás se enteraría porque ni se imaginaba que su hijo de jueves a sábado era parte del club con las Draq Queens más exitosas de Londres.

La relación de él con sus padres había atravesado altos y bajos desde que él había salido del armario. Siempre habían sido una familia muy unida, pero cuando Lucius Malfoy se enteró de que a su preciado hijo le gustaban los chicos le resultó tan decepcionante que no podía estar en una misma habitación con él sin reprenderlo, sin dejar de decirle que no se explicaba qué habían hecho mal para que él escogiese ese camino y otras tantas cosas más que calaron hondo en su pecho. Y no se le hizo nada fácil afrontarlas cuando veía que su madre iba y venía con los ojos enrojecidos, porque a diferencia de su padre, a ella la noticia la hizo sentir una culpa que Draco jamás pudo entender.

Entonces sus padres se encargaron de dejarle todo lo necesario para que comenzara sus estudios de medicina en Londres, mientras que ellos se fueron a Francia a continuar con sus vidas. Su padre un exitoso empresario y su madre una talentosa diseñadora de vestuario, que últimamente estaba alcanzando las mejores pasarelas del país.

Cuando Draco conoció a Harry, sus padres y él a penas estaban volviendo a retomar la relación que tenían antes. Las llamadas semanales pasaron a ser visitas frecuentes y vacaciones en familia. Sin embargo, tenían una increíble habilidad para fingir que Draco no era gay, sino que un amante de la soltería y demasiado amigo de ciertos chicos.

Y Harry, quién llegó con ese título a conocerlos, no solo se mantuvo impasible bajo la mirada intimidante de Lucius Malfoy, sino que poco a poco se fue ganando el cariño de los mayores.

Antes de poder darse cuenta, Draco estaba exigiendo a sus padres esa conversación que le urgían a los tres, y él no podía creer que al fin, después de años, ellos habían dejado atrás esos prejuicios -o simplemente habían decidido ignorarlos-, y habían aceptado que en realidad no había problemas con él.

Pero no todo podía ser color de rosa. Cuando Draco decidió confesarles que llevaba haciendo Drag hace años, sintió que todo lo que habían avanzado lo retrocedió. Su padre nuevamente estaba incrédulo y decepcionado, y su madre demasiado confundida y afectada con la noticia como para poder entender qué era un Draq queen.

Y así, el último año, las visitas volvieron a escasear, las llamadas nunca perdieron su frecuencia, pero si eran más cortas y no habían vuelto a acordar unas nuevas vacaciones.

—¿Te parece ir a cenar? -pregunta Harry, sacándolo de sus pensamientos. Draco pestañea saliendo de su ensoñación y asiente.

—Claro, llevo horas esperándote. -Harry rueda los ojos y tira suavemente de su mano para que saliesen de ahí.

—¿Has hablado con tus padres? ¿Cómo está, Lucius? -pregunta el moreno con respecto al accidente que había tenido hace un par de semanas atrás.

—Mucho mejor -le cuenta —Hicimos una videollamada, la terapia de rehabilitación no solo lo ha ayudado con las consecuencias del accidente, sino que le ha quitado la cara de culo con la que va a veces -bromea.

—Si conozco muy bien esa cara -le dice Harry —Es igual a la que traes tú por las mañanas.

—Que aburrido eres, Harry.


El reloj marcaba las diez de la noche del jueves, y Hogwarts Club estaba llenísimo. No solo porque se presentaban las Drag Queens usuales, sino que venían de visita todo un grupo de Drags de otro club para hacer una batalla de Lip sync que los fanáticos habían esperado toda la semana.

En el vestuario, todos iban y venían terminando los últimos detalles; ajustando pelucas, pintando labios, retocando las esponjas de relleno, acomodando la cinta adhesiva o simplemente alborotando el lugar.

Draco frente a su tocador, se ponía la peluca que a último minuto decidió cambiar. Pansy como siempre intruseaba en sus cosas y se aplicaba el maquillaje que le iba pareciendo lindo.

—Pansy, no me desordenes eso y si lo vas a ocupar, asegúrate de cerrarlo bien.

La chica rueda los ojos mientras que con una brocha se aplicaba sombra de ojos en los párpados.

—Que gruñón eres, Draco.

—¡Si! -salta Miss Karma desde el otro extremo del salón —A mi siempre me está regañando. Antes de conocerlo me parecía tan agradable, pero en cuanto puse pie en este club se asomó la arpía que vivía en su interior —agrega el chico, riendo mientras se calzaba los tacones.

—No te soporto, Karma. -se defiende Draco, fingiendo seriedad.

Pansy estalla en carcajadas y Fancy Rose en su tocador, asiente en apoyo.

—La verdad, Miss Karma, nadie te soporta. -le dice y la loca de Karma se lleva la mano al pecho, fingiendo dolor.

—Y yo las adoro, chicas.

—Yo si te quiero, Karma -le dice Pansy al chico.

—También yo, querida. Anastasia y Fancy son unas perras envidiosas. -bromea, incorporándose para abrazarla.

Draco está a punto de replicar, pero es en ese instante en que la puerta se abre y Harry aparece tras ésta.

—Hola, chicos -saluda, ingresando a los vestuarios. —Me he encontrado a Lee y dice que en cualquier minuto empiezan así que mejor se van al escenario.

—Harry -Miss Karma corre hasta él y Draco no disimula su ceño fruncido.

—Tu novio no me soporta ¿Tú estabas al tanto de eso?

Harry resopla mientras cruza la habitación hasta él. Draco nota una extraña mirada en el pelinegro que le causa curiosidad.

—Creo que te lo ha dicho él mismo un par de veces, Karma. -responde, ignorando el mohín que hace el chico ante la respuesta. —Draco, me he encontrado a alguien más además de a Jordan.

—¿A quién?

—Tus padres.

Draco suelta una carcajada.

—Que mal chiste, Harry. -le dice e incluso Pansy ríe.

—Es cierto. Están afuera. -insiste. Draco le mira con los ojos entrecerrados y sabe que Harry está demasiado serio como para una broma.

—No me jodas.

—Que sí.

—¿Los señores Velour están aquí? -pregunta Karma entrometiéndose. Draco le dedica tal mirada que lo hace retroceder.

—¿Cómo que mis padres están aquí? Mi padre está recuperándose del accidente -razona —Y este es el último lugar en el que lo esperaría ver. Antes se coge a Dumbledore.

Harry arruga la nariz ante la imagen.

—Draco, en serio.

El rubio se incorpora para caminar hasta su casillero y sacar de ahí su teléfono. En efecto, había varias llamadas perdidas de sus padres.

—¿Qué harán aquí…? -

Pansy se asoma sobre su hombro y se lleva una mano a la boca sorprendida al ver las llamadas perdidas de los mayores.

Nadie alcanza a decir algo más porque la puerta de los vestuarios se vuelve a abrir. Esta vez es Lee Jordan, el presentador, quien se aparece tras esta.

—¿Están sordas, señoritas? -se burla el chico, acomodándose un micrófono en la corbata. —Ya está todo listo. Fancy Rose tú primero, luego viene Karma, después los nuevos del vestuario de al lado y cierras tú Anastasia -Lee lo apunta con el índice. Draco asiente volviendo a cerrar su casillero.

—¿Con quién compito? -inquiere, pero el moreno se encoge de hombros.

—No me han querido decir. Por cierto, unas personas te están buscando -le anuncia.

Draco se gira hacia Harry y este levanta ambas cejas.

—¿Vamos? -apremia. Draco asiente, y se apresura por salir.

Cuando Draco, Harry y Pansy dejan atrás los vestuarios se encuentran el lugar tan lleno que era difícil caminar entre las personas. Sin embargo, se abren paso entre ellas hasta que, cerca de la barra, Draco distingue inmediatamente un par de cabelleras rubias tan fuera de lugar que le dan ganas de reír. Si no hubiese pasado tanto tiempo maquillándose, se habría tallado los ojos para verificar que no estaba soñando. Con el corazón latiendo apresuradamente, camina hasta ellos.

—Padre, Madre -dice, sin poder creerlo. Los mayores se giran y ambos le dedican una sonrisa.

Ninguno de los dos le responde, pero es Narcissa quien se lanza a sus brazos, inusualmente impulsiva.

—Draco, cariño -Inmediatamente a la mujer se le enrojecen los ojos, pero esta vez, le dedica una sonrisa y mientras se aleja unos centímetros sus ojos le recorren de arriba abajo —Ese diseño es mío.

—Bueno, cuando fui de visita la última vez, pasé por tu estudio, a la bodega específicamente….

—Pero es de la temporada pasada, cariño -le dice la mujer, arreglando uno de los tirantes.

—No me lo recuerdes -se burla Draco, como si eso de verdad le importara. Luego se percata de lo extraña que es la situación y vuelve a mirarlos sorprendidos —¿Qué hacen acá?

—Venía… veníamos a pedirte disculpas, cariño -vuelve a decir la mujer, los ojos acuosos otra vez—Es horrible que haya tenido que pasar esto para darme cuenta, pero cuando tu padre tuvo el accidente y pudo haber muerto… no pude evitar pensar que si hubieses sido tú y hubiese pasado lo peor, me habría perdido toda una parte de ti que nos negábamos siquiera a darle una oportunidad -confiesa —No puedo creer lo horrible que fui al pensar que estabas tomando un camino equivocado. Lo que me debería importar es lo feliz que eres y -lo mira un instante —Lo talentoso ¿Cariño, tu te has maquillado? Bien, eso no importa. Te amo más que a nada en el mundo y no creo soportar un minuto más sin conocer todo lo que había fingido que no existía. Quiero que me perdones, por favor.

Draco estaba tan sorprendido por las palabras de su madre, que no podía pensar en una respuesta. Y si la hubiese tenido, el nudo en su garganta definitivamente no le hubiese dejado compartirlas. Se limita a estirar los brazos y rodear con ellos a su madre, quien lo recibe agradecida.

—Madre, yo… -pero su padre le interrumpe. Lo mira y se percata de que jamás en la vida lo había visto así, con los ojos con lágrimas.

Su padre no era mucho de expresar sus sentimientos, ni de dar abrazos a diestra y siniestra. Solo para ocasiones especiales; cumpleaños, graduaciones, mucho tiempo sin verse. Nada más. Por eso le sorprende cuando lo rodea con los brazos igual que su madre.

—Sólo perdóname, Draco. -le dice, sin dejar de abrazarlo, probablemente para evitar que viese otra vez su rostro con lágrimas. —Te amo, y perdón por tardarme tanto en entender.

—Yo… no puedo creer que… -El nudo de Draco se incrementa y ya no puede evitar que las lágrimas bajen en silencio por sus mejillas. —¿Cómo supieron que aquí estaba?

—Harry. -dicen ambos y Draco mira sorprendido a su novio.

—Lo sabías y no me dijiste.

—¿Sorpresa? -sonríe. Está a punto de agregar algo cuando del escenario anuncian que en pocos minutos Anastasia Velour subiría para empezar con su número.

—¿Ese eres tú, cierto, cariño? -pregunta su madre. Draco asiente.

—Bien, entonces cuando acabes nos reunimos para hablar ¿si? -dice su padre, ya recompuesto.

Draco suspira, se voltea para darle un tierno beso en los labios a Harry y luego se aleja. Con un centenar de personas gritando Anastasia Velour al unísono piensa en los orgulloso que se siente de él y de mantenerse fiel a quien es.