Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.
Tema del capítulo: Boda.
15 DE OCTUBRE:
ESTRELLA DEL NORTE
De nadie seré, sólo de ti,
hasta que mis huesos se vuelvan ceniza
y mi corazón deje de latir.
(Pablo Neruda, Oda al Amor)
Al igual que el día anterior, octubre quince les regala con un sol mañanero, que anuncia buen tiempo, y vientos ausentes que dejan en paz los árboles cada vez más desnudos.
Es un día agradable, por lo que la limpieza del ático continúa, y Eren, a pesar de sus protestas continuas y sus quejas extremas, ha descubierto un mar de tesoros donde su curiosidad natural navega, por lo que trabaja contento en busca de más hallazgos.
Con el polvo finalmente desaparecido, ahora son las interminables cajas que componen aquel desastre la principal fuente de tus desdichas y la entretención del otro, porque aunque muchos de aquellos recuerdos te pertenecen, otros te son por completo ajenos.
El chico ríe como un niño y disfruta de todo lo que encuentra como un conquistador en tierra desconocida, y a pesar de que el trabajo te resulta aburrido y que muchos recuerdos inundan tu mente, la sonrisa de Eren, la alegría de Eren, es un bálsamo que calma tu dolor y la angustia, arrastrándote a sus juegos como tantas otras veces.
Las horas pasan inexorables, y cuando el mediodía llega en medio de todo aquel desastre, bajas a preparar un poco de té mientras el caos de tu vida sigue enfrascado en su búsqueda de más secretos, lleno de felicidad.
No obstante, es cuando regresas que tu tranquilidad se rompe como la tensa cuerda que finalmente cede al paso del tiempo, porque Eren se halla sentado en el suelo con la atención inmóvil de la curiosidad, pasando una página tras otra del álbum que descansa sobre su regazo y el cual luce tan impecable como el primer día, tal vez porque han sido años desde la última vez que lo tocaste, o quizá, tan solo porque el tiempo mágicamente decidió detenerse en él, como lo hicieron tus sueños y esperanzas de esos días.
Al sentir tu llegada, el mocoso alza el rostro y una sonrisa ladeada da forma a sus labios; aun así, sus ojos de hierba nueva se han tornado bosque profundo, y no puedes evitar preguntarte cual será la razón, aunque en el fondo la intuyes.
Desde la primera vez que se vieron —aquel verano de fresas robadas y pláticas al sol—, Eren supo que eras viudo; y si este llegó a suponer en algún momento que tu huida para resguardarte en ese pueblo se debía a tu prematura pérdida, nunca te dejó saberlo.
Petra no era tu secreto, era tu dolor vivo, y por eso cobardemente, ilusamente, creíste que no darle cabida en tu nueva vida aliviaría las penas.
Pero la tristeza y el dolor de la muerte no desaparecen tan solo con permanecer ocultos, sino que deben sanar con tiempo y luto, con llanto y esperanza. El suave anhelo de que un día al abrir los ojos el corazón se sienta más ligero y el respirar sea más fácil.
Y aquello es lo que sientes en ese momento, porque aunque la melancolía sigue, aunque aún crees que la vida es la cabrona más grande, el recuerdo de Petra ya no duele. Ella fue la vida que deseaste y te viste obligado a dejar atrás, pero el futuro que ansías está frente tuyo, vuelto un caos de largos miembros y desordenado cabellos castaños, sonrisas torcidas y verdes ojos de verano que volvieron a darte un rumbo. Polaris, la estrella del norte.
—¿Qué piensas? —preguntas, y Eren ladea la cabeza como un pajarillo al tiempo que juguetea con un rotulador entre sus dedos.
—En cómo es estar casado. Pertenecer a alguien.
Tu mirada de fría plata viaja nuevamente a la imagen que el chico contempla y se torna cálida, porque aunque el pasado ya no te persigue, aunque el dolor ya no te atormenta, las cosas buenas siempre quedan. Y es ridículo pensar que aquella boda que tanto detestaste en su momento debido a la vergüenza y los nervios, debido a tu inseguridad creciente, sea ahora parte de esos buenos recuerdos.
Dejando la bandeja a un lado, te acercas a Eren y posas una mano en su cabeza; una mano que traza luego los contornos de su rostro y descansa sobre sus labios, solo unos segundos antes de que sea remplazada por los tuyos en un beso que sabe a suspiro.
—Es bueno —respondes con la sinceridad nacida de la aceptación del dolor—. Realmente bueno.
Lánguido como un gato, fluido como un arroyo, el mocoso se levanta y toma tu mano, con sus verdes ojos brillando, anticipando el inminente desastre, el cual presientes este en tus huesos, en tu corazón; y en lo que un suspiro precede al otro, este traza una negra línea en la base de tu dedo anular, donde antes descansaba la alianza que ya no ocupas, y cuando hace lo mismo con el suyo y te lo enseña, sonriente, triunfantemente, no puedes más que sonreír apenas ante su descaro.
Todo en el chico grita un desafío, tentándote a que digas algo y te quejes de su audacia; pero, ¿qué vas a decirle cuando en el fondo es lo que también ansías?
Eren ahora ya no pertenece a nadie, porque ha roto con los últimos despojos de su familia; y tú ya no posees la tuya, porque esta se rompió mucho antes de lo que esperabas. Pero se encontraron en aquel pueblo perdido en medio de la nada una tarde de verano, tres años atrás, con este robando tus fresas y regalándote sonrisas, y contigo pensando que quizá, con algo de suerte, los milagros sí existían.
Y mientras observas sus manos marcadas y unidas, como si una perteneciese a la otra, no puedes evitar preguntarte como se verá ese momento en tus memorias dentro de muchos años. Si octubre quince será un recuerdo amable o habrá lágrimas. Si la imagen de aquel muchacho quebrado y etéreo seguirá grabada a fuego en tus ojos o tan solo se convertirá en una remembranza. Si a pesar del tiempo, Eren seguirá siendo la estrella que necesites para encontrar tu norte.
Lo primero, como siempre, es agradecer a todos quienes hayan llegado hasta aquí. Espero de corazón que el capítulo resultase de su agrado y valiera la pena el tiempo invertido en él.
Por lo demás, lamento mucho que estos capítulos hayan salido tan tarde estos días, casi al filo de la hora, pero la universidad me tiene algo colapsada; aun así, como la historia está escrita casi al completo, solo es cosa de acomodar las cosas un poquito antes de publicar el capítulo correspondiente a cada día.
Sobre la viñeta de hoy, creo que ya se resolvió uno de los grandes misterios que rondaban la historia, el cual era sobre qué había pasado con Petra y porqué había dejado a Levi; así que bueno, ya queda claro que ella murió y de allí que este se sintiese tan destrozado y triste por ello.
Por otro lado, en mis aclaraciones y datos bobos sobre el capítulo, paso a explicar un poquito sobre Polaris, la estrella del norte que da nombre al capítulo.
Para quienes no saben, esta estrella pertenece a la constelación de la Osa Mayor y es la más brillante de todo el firmamento, por lo que se la utiliza habitualmente para señalar el norte, ya que a diferencia de las otras estrellas que varían su posición durante la noche, ella se mantiene inalterable. Polaris es la estrella guía que ayuda a retomar el rumbo cuando alguien se pierde, por lo que en este caso, metafóricamente hablando, Levi asocia a Eren como esta estrella en específico. La señal que necesitó para volver a reenfocar su vida una vez más cuando se sentía tan perdido debido a su dolor.
Sobre el resto, solo espero que la viñeta les gustase al leerla como a mí escribirla. No pude hacer una boda propiamente dicha para ellos dos, pero bueno, en la forma tan extraña de comportarse y pensar de Eren, para él ambos ahora están casados, jaja. Para mañana, el tema del evento es «intercambio de ropa», así que confío que igualmente esperen por el capítulo.
Una vez más muchas gracias a todos quienes leen, comentan, envían mp´s, votan y añaden a sus listas, marcadores, favoritos y alertas. Siempre son el mayor incentivo para seguir esforzándome por aquí.
Un enorme abrazo a la distancia y mis mejores deseos para ustedes.
Tessa.
