IX
Malentendidos
(…)
Desde la diosa reencarnada hasta su actual majestad, la reina Zelda VI, los momentos más decisivos del reino siempre se han visto afectados por una mujer llamada Zelda.
Muchas veces retratada como una damisela en apuros, otras como una princesa hermosa y finalmente como las gobernantes más sabías que Hyrule conocerá. Lo cierto es que cada dama llamada Zelda sea menor o mayor siempre está dispuesta a actuar en los tiempos de crisis de una u otra forma.
(...) La imagen de las princesas de Hyrule suele estar altamente relacionada con la de la diosa Hylia y es que debido a la creencia de la estrecha relación que las princesas tienen con su herencia divina es normal que una vez que crece una Zelda está se convierta en la sacerdotisa principal de las diosas durante su vida, este puesto es inherente a la familia real específicamente al monarca independiente de su sexo, pero como ya dije debido a la creencia generalizada de que las hijas de la familia real son más cercanas a la diosa no solo por su nombre es que está posición suele ser entregadas de padres a hija.
.
.
.
La mañana siguiente inició igual que todas, con Link revolcándose entre las sábanas mientras murmuraba maldiciones por tener que levantarse temprano hasta que luego de unos cinco minutos lanzó el edredón lejos de él y salió de la cama en dirección al baño para asearse y luego vestirse con la túnica del héroe.
Desde ese punto todo dejó de ser como en los días anteriores, pues en lugar de ir hacia el comedor para un desayuno lleno de manjares y una incomprensible charla política fue directo hacia la puerta este donde Zelda ya la esperaba.
Incluso antes de hablar los relinchos animados de Epona obtuvieron su atención y sorpresa, pues no esperaba verle enganchada de aquella hermosa carroza
—Buenos días. —dijo Zelda a unos pasos de su yegua. —Espero no te moleste que haya decidido sacar Epona sin su permiso, supuse que querría salir luego de tantos días en los establos.
Sin duda que quería salir y todo el alboroto que estaba haciendo era prueba de ello.
Link solo le dio una sonrisa como respuesta y caminó hasta llegar con su fiel compañera a la cual acarició profusamente tanto porque lo deseaba como para calmar su excitación que lentamente comenzaba a tensar al otro caballo que le ayudaría con su labor.
—Agradezco tu consideración. —dijo mientras volteaba nuevamente en dirección a la chica. —Epona realmente está contenta.
Ahora fue turno de ella darle una suave sonrisa.
— ¿Está todo listo para partir? —preguntó Link mientras notaba que no había ningún mozo alrededor.
—Lo es, pedí que tuvieran todo listo antes de nuestra llegada así que podemos partir de inmediato. —respondió Zelda con calma para luego dirigirse hacia unos de los costados de la carroza.
El joven de Ordon se apresuró tras ella para poder abrir la puerta con suavidad y ayudarle a subir como correspondía.
—Gracias. —dijo ella aceptando la mano que le tendió y con un ligero agarre entre ellos Zelda subió el escalón y entró a la carroza donde una vez sentada vio como Link le dedicó una pomposa reverencia.
—Nuestro destino nos aguarda ¿Hay algo que mi señora deseé antes de partir?
La princesa revoleó sus ojos al notar esa ya conocida expresión lisonjera en él, Link tendía hablar de aquella forma solo con un propósito justo como lo hizo la primera vez y Zelda lo sabía, pero eso nunca evitó que riera cada vez le veía usar esos manierismos y tono tan ajenos a él.
—No, podemos partir, mi buen señor. —dijo siguiéndole el juego.
—Así será. —concordó él dándole otra reverencia para luego cerrar la puerta y dirigirse al frente de la carroza donde subió a su lugar tras los arreos.
Bastó solo un movimiento de manos para que se pusieran en marcha.
.
.
.
Avanzaron a un trote constante y relajado en comparación a las carreras que acostumbraba con Epona, pero no había un motivo para ir apurado, mucho menos con Zelda a sus espaldas por lo que Link solo se centró en el camino y la agradable brisa veraniega que rozaba su rostro.
Donde alguna vez hubo monstruos libres y campantes ahora solo había hierba y aves buscando alimento, en estos mismos campos donde se abrió paso entre bokoblins y bulblins en una interminable batalla diaria Link solo vio paz y eso llenó su alma. Durante días había estado tenso, aún no podía creer que todo había terminado, que realmente la lucha se acabó especialmente no con todo el caos que trajo su retorno junto a Zelda, pero en ese instante mientras conducía una carroza en medio de la llanura de Hyrule con la princesa en ella Link por fin pudo asimilar que era cierto.
La paz estaba en Hyrule y la lucha había terminado.
— ¿Es tu reino igual de pacífico? —preguntó en voz suave a la nada sabiendo que nadie se ocultaba en su sombra. —Espero que sí.
Agitó las riendas aumentando un poco la velocidad ya estando próximos al pueblo.
Lo primero que notó al llegar al pueblo fue a Renado de pie frente a la fuente del espíritu de luz con expresión afable viendo hacia su dirección.
Incluso sabiendo que podría saludarle como correspondía en breve no pudo evitar alzar su mano con ánimo saludando a su ya viejo amigo.
—Veo que no solo tendré el honor de ver a su alteza hoy sino que también al héroe del que tanto se habla. —dijo con una ligera sonrisa una vez Link se bajó del vehículo y estuvo frente a él. —Me alegra verte bien, Link.
—Es bueno volver a verte. — respondió el joven mientras estrechaba su mano.
—Ya tendremos tiempo para charlar a gusto. —habló con calma el chamán. —Pero ahora será mejor no hacer esperar a su alteza.
Link asintió y volvió hacia el lado izquierdo de la carroza donde abrió la puerta con calma dejando ver a la princesa sentada con elegancia mientras mantenía sus manos sobre su regazo.
—Hemos llegado a Kakariko. —enunció Link mientras le tendía nuevamente su mano para ayudarle a descender.
Al igual que en el castillo Zelda acepto su mano y una vez sintió el suave agarre del joven héroe bajó con delicadeza de la carroza mientras Link le dedicaba una suave sonrisa que correspondió.
—Alteza. —llamó el chamán haciendo que Link dejara caer su mano y ambos volvieran a verle. —Es un placer volver a verle. —dijo el hombre mientras le dedicaba una reverencia.
—Chamán Renado, también me alegra verle sano y salvo, supe lo que sucedió en el pueblo. —dijo con pesar la princesa.
—Me temo ser de los pocos que lo logró. —admitió con tristeza.
Kakariko literalmente tenía tres habitantes, el pueblo que alguna vez fue el segundo más poblado tras la ciudadela del castillo, ahora no era nada más que casas abandonadas y a medio destruir.
—Mucho se ha perdido, pero nuestro deber con los que se han ido es traer prosperidad a nuestro hogar luego de tanto sufrimiento. —dijo Zelda con tono suave y una expresión amable. —Sé que es difícil, pero ahora más que nunca necesitamos tener fe.
El chamán asintió ante sus palabras y por un momento se mantuvo en silencio hasta que finalmente vio a Link asentir tras la princesa y su expresión cambió.
—Habéis cambiado, princesa. —comentó el hombre de cabello largo desviando ligeramente su mirada a Link quien se mantenía mucho más cerca de lo protocolarmente admitido. —Hace un año, sus palabras a pesar de ser tan sabias y amables como siempre, carecían de esperanza. —dijo con sinceridad causando sorpresa en ambos jóvenes. — Si usted que ha sufrido tanto pudo hallar la luz para cambiar y sanar entonces también podemos nosotros.
La expresión de estupor de la princesa ante sus dichos causó una ligera risa en el mayor, no cabía duda que la chica frente a él había cambiado, pues incluso aunque soltara la más horrible y obscena de las maldiciones hace un año no habría logrado perturbar ni un poco a la princesa Zelda quien ahora no podía ocultar del todo el tono carmín en sus mejillas.
Link carraspeó y notando la incomodidad de Zelda habló.
— ¿Dónde está Luda? —preguntó dando un paso al frente. —Hace mucho que no la veo.
—Está en el santuario. —respondió el chamán con calma. — Está cuidando de un invitado.
— ¿Un invitado? —dijo el joven curioso.
—Sí y si me permite el atrevimiento su alteza, me gustaría que le conociera antes de su iniciar con el ritual —volvió su mirada a la princesa que había recompuesto su expresión estoica.
Link alzó una ceja extrañado ante la mención de un ritual, pero incluso antes de poder hablar Zelda aceptó la petición de Renado quien le invitó a seguirle hasta el interior del santuario, una vez dentro de este Link logró divisar a Luda llevando una bandeja con una taza de té quién detuvo su camino y le dio una sonrisa brillante al verle.
—Benditas diosas. —escucho de pronto la voz suave de una anciana que le resultó familiar y nuevamente incluso antes de que pudiera hacer algo notó como una mujer de baja estatura y cabello grisáceo se dirigía a Zelda. —Usted es hija de Hylia.
Impaz tomó las manos de Zelda y se postró ante ella.
—Por años he esperado que este día llegara. —dijo mientras mantenía su mirada baja. —Su alteza, mi nombre es Impaz y le ruego me libere ahora que nuestra labor se ha cumplido. —solicitó a una confusa princesa. —Se nos encomendó esperar al mensajero celestial y entregar el conocimiento que le abriría el camino cuando la oscuridad descendiera, fue la sangre de Hylia quien nos dio tal labor y solo será la sangre de Hylia quien podrá liberarnos. Princesa no soy más que una fiel sirvienta como lo fueron mis ancestros, por favor escuche mi súplica.
Una vez más Zelda se vio sorprendida y no era para menos pues de todo lo que pudo esperar nunca creyó que se encontraría con alguien como ella.
—Sois un sheikah. —dijo un tanto incrédula.
—El último que hay en esta tierra bendecida. —afirmo la anciana.
—¿Cómo es posible? Creí que habían desaparecido durante el reinado de mi abuelo.
—No fue así. —negó la mujer. —Su abuelo el rey Daphness VIII nos pidió ocultarnos y siguiendo otro mandato de uno de sus ancestros esperamos el regreso del elegido de las diosas, el mensajero celestial que traería la luz. De eso han pasado ochenta años.
—¿Mi abuelo? ¿Por qué?
—Por qué solo el sheikah podría guiar al héroe si la familia real se veía atrapada ante el mal, por ello nos aislamos en nuestra aldea, pero me temo que la fe y devoción de mi gente se desgastó con el pasar del tiempo y lentamente los jóvenes comenzaron a desertar y los pocos que quedaron perecieron dejándome solo a mí como la única capaz de cumplir nuestra labor.
¿Guiar al héroe? ¿Su abuelo sabía que el mal vendría o fue solo para evitar más conflictos raciales entre el pueblo? ¿O fue por los nobles?
Era bastante información para procesar y las palabras de la mujer creaban muchas más preguntas de las que respondían, sin embargo, había algo más que atender ahora por lo que Zelda respiró hondo buscando ordenar su mente y una vez lo hizo, habló.
—Por favor poneos de pie. —dijo mientras correspondía el agarre de la anciana sobre sus manos para ayudarle a erguirse. —¿Has ayudado a Link durante su búsqueda?
—Sí.—respondió efusivamente. — El joven elegido salvo de mí tal como su amiga dijo que lo haría y una vez volvió con el cetro de los cielos le entregué el libro con la lengua del cielo, tal como se me instruyó.
Vio a Link por el rabillo del ojo asentir suavemente y le escuchó hablar confirmando sus palabras.
—Ella ha estado esperando por décadas en su aldea, olvidada por todos, pero aun así dispuesta a continuar ahí hasta que su labor se cumpliera e incluso una vez me dio el libro, dijo que solo alguien de la misma sangre que le encomendó dicha tarea sería capaz de liberarle. Si no fuera por ella nunca habría logrado llegar hasta el último fragmento del espejo. —dijo con tono amable mientras miraba a la anciana a quien se le iluminó el rostro ante sus palabras.
Eso era suficiente para Zelda.
—Impaz del sheikah. —le llamó con tono solemne. —Yo la princesa Zelda XI de Hyrule heredera y regente del reino le liberó de sus obligaciones hacia la corona y sepa que desde el fondo de mi corazón agradezco toda la devoción que usted y su pueblo ha entregado a mi familia por generaciones. Puedes descansar Impaz, te lo has ganado.
Fueron décadas, desde que era una niña hasta que se volvió una anciana, completamente sola y con nada más que el recuerdo de todos sus seres queridos y hoy por fin de tanto suplicio era libre, había honrado a sus ancestros y había escuchado las palabras que solo en sueños se permitía pensar.
Pequeñas lágrimas surcaron su rostro y solo una palabra se escuchó con la suficiente fuerza antes de que sus sollozos lo cubrieran todo.
—Gracias.
.
.
.
Un llanto después, seguido de un momento de alivio y una charla esclarecedora para Zelda fue suficiente para que pasaran dos horas, pero no perdidas en vano, aunque había algo más que debía atender, después de todo había una razón por la cual había ido hasta allí.
Renado guío a Link fuera del santuario argumentado que la princesa necesitaba privacidad para prepararse y que la presencia de ellos era innecesaria.
—¿Cómo fue que Impaz llegó hasta acá? —preguntó una vez estuvieron fuera de la edificación.
—Darbus la trajo. —respondió con simpleza.
—¿Darbus?
—Me escuchó comentarle a Gor Coron sobre Impaz y partió sin escuchar palabra, pues según sus palabras "un indefenso humano no podía estar ahí solo"
—Espera. —dijo Link mientras unía los puntos. —¿La trajo a la fuerza?
El chamán asintió.
Eso explicaba bastante y también le hizo sentir culpable pues debía admitir que se había olvidado de la pobre anciana.
—Fue poco antes de que Gor Coron partiera al castillo con su gente, la trajo a ella primero y luego fue por todas sus cosas.
—¿Y los gatos?
—También los gatos, están bajo el santuario. —Renado suspiró. —Realmente fue difícil, no había forma de convencerle de que se quedara, insistía en que debía volver a su aldea pues solo una de las mismas personas que le ordenaron podrían liberarle de sus obligaciones.
—¿Por eso es que la princesa vino? —eso tendría sentido creyó Link, aunque Zelda no parecía saber nada de Impaz.
—No realmente, la princesa viene cada último día del año para cumplir con sus obligaciones como sacerdotisa de las diosas y rezar en agradecimiento por el año que se va y así mismo pedir por la fortuna del año que viene. Cuando le dije a Impaz que en unas semanas la princesa vendría sin falta fue suficiente para que aceptara quedarse.
Ahora definitivamente todo tenía sentido para Link, especialmente la mención anterior de un ritual, Zelda había venido aquí para cumplir con una tradición y deber.
—Supe que fuiste herido. —dijo de pronto el chamán recapturando su atención.
—¿Rusl te lo dijo? —pregunto con expresión seria.
Por un momento le vio extrañado ante la forma que se refirió al hombre, pues Ilia le había presentado al hombre como el padre de Link, no obstante lo dejó pasar.
—Sí, Ilia se mostró muy preocupada cuando le vio llegar sin ti y luego de varias insistencias Rusl dijo que fuiste herido durante la explosión del castillo, aunque enfatizó que no fue nada de gravedad.
Sin duda decirle a Ilia que fue herido en batalla o peor por la propia princesa no era una buena idea, gracias a Farore Rusl sabía cómo tratar con ella.
—No fue nada, solo una herida en mi brazo y un par de golpes. —de Ashei, pero Renado no tenía que saber ¿Cierto?
—Ya veo. —dijo mirándole detenidamente por un momento. —Si gustas puedes ir a las fuentes termales, hemos vuelto a habilitar su acceso.
—¿No más lanzamiento de goron? —dijo link risueño.
—Talo insistía en querer subir como tú ¿Lo sabes? —la mirada de desaprobación del chamán solo le hizo reír más.
Iba a responder cuando el sonido de la puerta abriéndose le hizo voltear.
Su risa se detuvo lentamente y simplemente miró a Zelda con admiración.
Vestida con un vestido blanco carente de escote y mangas tipo ángel, con su cabello aun perfectamente peinado, libre de su corona o cualquier otra joya, Zelda estaba frente a él sin siquiera calzado luciendo inesperadamente más celestial que nunca.
—Estoy lista. —dijo mientras pasaba su mirada de Link al chamán.
—Permítame acompañarle. —habló Renado al momento que le vio avanzar hasta él.
Link solo se quedó ahí en blanco mientras sentía que su corazón latía rápidamente.
—Link. —la voz de Luda le trajo de regreso ante lo que parpadeó un par de veces antes de centrarse en la niña que se mantenía junto a Impaz.
—¿Eh? —fue lo único que logró pronunciar causando una suave risa en la menor.
—La princesa se va. —dijo haciendo que él volteara rápidamente y viera como Zelda junto a Renado avanzaban hacia manantial sagrado.
La risa aún presente tras él hizo que la sangre le subiera al rostro.
Llegó hasta ellos con paso apurado y casi como si ella le estuviera esperando giró a verle una vez se detuvo a tres pasos de distancia.
—Link. —le llamó con calma. —He de rezar en el manantial por todo el día. —explicó. —Sé que no hay peligro en este lugar, pero ¿Podrías quedarte a mi lado y vigilar que todo marche bien?
Le había pedido ser su escolta, había traído de él para ese propósito y ahora se lo preguntaba, fue curioso por lo bajo, pero por alguna razón eso le hizo feliz.
Link asintió suavemente y ella solo agradeció para finalmente voltear.
Zelda miró fijamente el estanque frente a ella y por un instante dudó, había hecho esto por años, pero podía notar una diferencia no solo al su alrededor sino que también en ella y aunque no lo demostrara lentamente estaba comenzado a entender la razón tras ello.
Respiró profundamente y finalmente dio el paso que le separaba de las aguas y una vez sus dos pies estuvieron en ellas el manantial cristalino se volvió dorado.
El héroe vio esto con asombro al igual que Renado, aunque este último era simplemente ante el hecho de que nunca había visto a la princesa producir un brillo tan intenso. No, siempre fue un brillo pálido como el de la luna o quizás una distante estrella, pero ahora no había nada eso frente a sus ojos.
Frente a ellos había un mar reflejando al sol que se mantenía de pie dentro de él.
La princesa se arrodilló una vez estuvo al centro del manantial y el agua cubrió su cintura, inclinó ligeramente la cabeza hacia abajo y alzó sus manos las cuales envolvió la una con la otra y finalmente presionó contra su pecho dando inició a sus oraciones.
(…)
Lo primero que se le enseña a cada heredero de la familia real es su conexión con lo divino, las historias antiguas sobre las diosas doradas y la diosa blanca, la creación de Hyrule y el deber que como descendientes de Hylia cargan.
Incluso antes de enseñarles a como gobernar lo primero que una Zelda aprende es a orar.
Es la oración lo primero que las jóvenes princesas aprenden, por dos motivos, el primero es porque ellas son un puente entre nosotros y las diosas, esto tanto figurativo como literal, las diosas escuchan nuestros llamados, pero sus respuestas no siempre son las más evidentes o incluso concretas y con las descendientes de Hylia es igual, pero a diferencia de todos nosotros ellas son más sensibles a captar estás, a veces es un sentimiento, otras una llamada susurrante, también pueden enviar heraldos de todo tipo e incluso sueños sin aparente sentido o proféticos dependiendo del contexto, lo cierto es que a diferencia incluso de sus propios parientes masculinos las jóvenes princesas presentan una mayor susceptibilidad a dichas señales.
La segunda razón por la cual la oración es el pilar de la educación de un heredero real se debe al poder latente en ellos, ya sea en mayor o menor medida cada miembro de la familia real presenta magia y es por ello que se les entrena en su uso y es aquí donde la oración toma un papel ya no religioso sino formativo especialmente cuando se trata de una Zelda.
El poder de las hijas de Hylia es sumamente potente y misterioso para todo aquel ajeno a la familia real, nunca se ha escrito nada específico sobre él, de hecho no hay mucho sobre qué cualidades presentaron las anteriores princesas, pero con mis años en el castillo puedo dar fe que su majestad, la reina Zelda VI tiene un gran don de hechicería incluso es común oír entre los pasillos comentarios sobre como la reina parece ser capaz de leer mentes y esto parecer ser solo una parte de lo que puede lograr la herencia de la diosa y es por ello que sus secretos parecen ser entregados de padres a hijos pues si es tan fuerte y versátil como se cree entonces también es peligroso, especialmente si no se sabe manipular correctamente, pero como ya dije aquí es donde las oraciones entran en acción y no es que orar despierte los poderes mágicos de la familia real o valga la redundancia mágicamente los controle, no, la oración es una forma de meditación y por consiguiente de hallar equilibrio entre cuerpo y mente para así ejercer su herencia divina de forma adecuada.
.
.
.
Zelda no mentía cuando dijo que iba a orar todo el día, pues durante más de doce horas ella no se movió y así mismo Link mantuvo su guardia, aunque prefirió mantenerse de espalda a ella tanto porque creyó que la princesa merecía privacidad y también porque se sentía incómodo al verle.
A pesar de que pasó gran parte de la mañana solo pues Renado se retiró una vez el ritual comenzó, al mediodía Luda fue a llevarle algo para comer y luego de alejarse unos metros del manantial charlaron.
—¿Ahora vives en el castillo? —preguntó curiosa.
—De momento, una vez Hyrule sea estable volveré a Ordon. —respondió mientras comía una bola de arroz.
—¿Vas a venir de visita? Colin me prometió que vendría a verme cuando su padre viajara.
¿Oh? ¿Él lo hizo?
Link solo sonrió mientras miraba fijamente a la niña que no tardó en sonrojarse.
—No es lo que piensas. —reclamó ante la silenciosa sugerencia.
—¿Qué es lo que pienso? —preguntó agraciado por su reacción.
Luda fácilmente podía competir con un tomate por quién era más rojo y con la montaña de la muerte pues su rostro básicamente ardía sin control de tanta sangre que había acumulado.
Link contuvo su risa en piedad de la chica, no quería incomodarle, más, además ya estaba pensando en que él y Colin tendrían una muy interesante charla.
—Me aseguraré de traerlo conmigo la próxima vez. —fue todo lo que dijo para luego centrarse en su comida.
El resto de la tarde se la paso de pie mientras oía el relajante sonido del agua evitando pensar en algo específico y eso incluía a Zelda, pues sinceramente no sé explicaba cómo es que podía estar tanto tiempo en el agua sin moverse o comer y aunque Luda le contó que la princesa había hecho aquel ritual desde que tenía unos siete años no odia evitar preocuparse por ella.
Cuando la noche comenzó a descender Link derechamente estaba aburrido, pero aun así permaneció firme en su posición con las manos sobre el pomo de la Espada Maestra y está apoyada contra el suelo, contempló el crepúsculo intentando recordar la vista de aquella otra princesa.
Sacudió la cabeza buscando dejar atrás todo pensamiento y se centró en el sol que se ocultaba en el horizonte.
Antes solía disfrutar las puestas de sol, pero ahora solo le traían aquellos sentimientos melancólicos que aunque quisiera no podía olvidar. No podía negar que extrañaba a Midna, porque sin duda que lo hacía, pero ella hizo su elección y fue cruel, sin embargo quería creer que hubo un motivo para ello, que no simplemente destruyó el espejo por un capricho o para no tener que tratar nuevamente con los seres de luz, con él.
Extrañaba a Midna y probablemente nunca sería capaz de perdonarle que sus últimas palabras hayan sido una mentira, pero tampoco podía enfrascarse en ello.
Todos tienen su lugar y obligaciones en este mundo y al otro lado del espejo era igual, ella era una princesa y debía reconstruir un reino devastado, eligió seguir adelante incluso si era en soledad y podía respetar eso más allá del dolor que le causará
Cuando tu mente se despeje serás capaz de ver el sentido tras todo tu dolor ¿No?
Suspiro suavemente notando que el sol ya se había ocultado hace bastante, sacudió su cabeza suavemente tratando de dejar atrás todo, mas los pasos de Renado fueron lo que logró hacerle volver por completo a la realidad.
—Ya es hora. —dijo mientras le entregaba una toalla a Link y luego procedió a avanzar hasta la orilla del manantial desde donde llamó a la princesa.
Hicieron falta varias insistencias de parte del hombre para que la chica reaccionara y una vez lo hizo vio como lentamente se irguió para luego voltear y avanzar hacia ellos con dificultad.
—Link. —le habló Renado una vez Zelda estuvo fuera del agua. —Envuelve a la princesa con la toalla y cargale hasta la posada.
El joven rubio solo le vio confuso.
—La princesa está exhausta y con las piernas agarrotadas. —dijo con calma haciendo que Link se moviera.
Pasó la toalla sobre los hombros de Zelda y notó como a pesar de que el agua debía estar tibia ella por el contrario estaba fría, le cubrió lo mejor que pudo sabiendo que seguramente sus brazos deberían estar comenzando a sentir algo parecido a sus piernas se apuró en alzarle entre sus brazos y llevarle hasta la posada como el chamán ordenó.
Su agarre fue firme y protector mientras que mantenía sus mandíbulas apretadas con fuerza ante la familiaridad de la situación.
En ningún momento Zelda se quejó, de hecho no dijo ni una palabra solamente se mantuvo en silencio mientras Link intentaba llegar lo más rápido a su destino donde una vez dentro tanto Luda como Impaz le esperaban.
—Llévale a la habitación. —dijo la menor lo cual obedeció.
Una vez le tendió en la primera cama que vio, las mujeres le pidieron que saliera cerrando la puerta frente a él.
—No te preocupes Luda sabe exactamente como tratarle. —dijo Renado tras él.
—¿Siempre es así? —preguntó mientras mantenía su mirada fija en la puerta. —¿Siempre termina sin poder moverse?
—Básicamente, pero esta vez fue distinto.
—¿Por qué? —volteó a verle.
—La princesa no había rezado por más de dos horas en los últimos diez años.
¿Dos horas? Ahora estuvo fácilmente doce.
—Antes de que preguntes, has de saber que fue su decisión, me informó que ahora que no había nada que intercediera volvería a hacer el rito como corresponde o sea rezando seis horas a las diosas en agradecimiento y seis horas por su bendición.
—¿Nadie que interceda?
—El consejo. —dijo llanamente el chamán.
El deber de sacerdotisa de Zelda había sido entregado a ella cuando tenía siete años desde aquella tierna edad comenzó a rezar cada fin de año por seis horas en intervalos de una hora, pero con la muerte de su padre esto se vio afectado, Lord Franz desestimaba a las diosas, pero tampoco quería que la princesa Zelda se volviera especialmente en su contra por lo que le permitió que siguiera con el ritual aunque apeló a que ahora que era última de su familia no podía pasar tanto tiempo en un lugar tan peligroso como lo era el manantial de Kakariko y aunque iba con una docena de hombres para protegerle esto no parecía suficiente para el antiguo noble así que concedió que la princesa saliera a orar solo dos horas.
Pero ahora todo era distinto, todo había caminado y por ello decidió volver a la tradición y como dictaban sus enseñanzas ahora que era una adulta sus oraciones debían ser continuas.
Link apretó los dientes ¿Realmente era demasiado pedir que le dijeran algo respecto?
¿Por qué tiene que ser siempre así?
Nadie me dice nada y solo esperan que actúe.
¿Para diablos me pidió que le acompañara hasta aquí?
Pensó sin notar como su expresión se volvía una agria.
—Por tu rostro puedo decir que no te dijo nada.
No respondió.
Renado suspiró y negó suavemente al ver la expresión molesta de Link.
—Acompáñame. —pidió con calma mientras daba la vuelta y marchaba.
.
.
.
Zelda no sentía nada más que dolor en sus extremidades, lamentablemente para ella la única forma de ayudarle era moviendo sus miembros. Luda junto a Impaz le quitaron su vestido y una vez estuvo en sus enaguas tomaron sus brazos y piernas para estirarles mientras masajeaban suavemente sus músculos contraídos, luego la menor aplicó un ungüento que a medida que lo frotaba contra su piel produjo una ligera sensación de calor que lentamente hizo que su tensión cesara.
—¿Cómo se siente alteza? —preguntó Impaz luego de ya varios minutos de masajes.
—Mejor. —respondió en voz baja.
—El ungüento pronto hará efecto por completo y con ello gran parte del dolor debería desaparecer sin embargo, es importante que coma y beba agua también. —dijo Luda mientras le tendía un vial con un líquido amarillento. —Por favor beba, es una mezcla especial que hizo mi padre para usted, tendrá un efecto calmante.
Zelda lo bebió con ayuda de la niña y para su sorpresa no fue para nada como beber pócima roja pues a diferencia del infame líquido este tenía un agradable gusto a jengibre.
Luego de aproximadamente cuarenta minutos y tras un cambio completo de ropa la princesa por fin pudo moverse.
Si era sincera sabía que iba a sentir dolor, mas nunca espero que fuera uno tan desagradable.
Ahora el problema en sí no era el tiempo que pasó orando, sino que cada vez que lo hacía en un manantial sagrado se olvidaba su cuerpo.
¿Qué significa eso?
Quiere decir que durante las doce horas que pasó en el agua Zelda no sintió nada a su alrededor y tampoco cómo lentamente sus músculos clamaban por ayuda.
Desde pequeña la princesa había sido capaz de entrar en un trance cada vez que rezaba en lugares sagrados, la razón de esto no era nada más que su sangre reaccionando ante las fuerzas divinas y aunque no llegara a interactuar con las diosas doradas si podía sentir su presencia cada vez que hacia el ritual.
Pero a cambio de tener su espíritu en equilibrio y obtener la bendición para el reino su cuerpo sufría las consecuencias.
Dos suaves golpes llamaron a su puerta ganando su atención.
—¿Puedo pasar? —era Link.
—Adelante. —respondió en voz alta ante la ausencia de Luda e Impaz.
La puerta se abrió y lo primero que la princesa notó fue su ropa, el verde del héroe había desaparecido y ahora vestía una camisa de lino junto a un pantalón castaño que le quedaba corto y no había rastro de sus armas, guantes o botas.
—¿Qué le pasó a tu ropa? —preguntó mientras se sentaba y cubría con las mantas.
—Caí al agua. —fue todo lo que dijo mientras caminaba hasta ella. —¿Cómo te sientes? —preguntó antes de que pudiera decir algo más.
—Mejor aunque aún me duelen mis piernas.
—Ya veo.
Link se sentó en la cama a un costado de la suya y solo guardo silencio.
Ella iba a preguntar finalmente por lo que sucedió con su ropa, pero nuevamente fue interrumpida, esta vez Luda e Impaz entraron con dos bandejas con la cena.
—¿Qué fue lo que te pasó? —dijo la niña al notar la apariencia de Link.
—Caí a las aguas termales. —respondió llanamente.
—¿Caíste a las aguas termales? —repitió confusa. —¿Cómo?
—Un búho chocó conmigo y caí.
Si no fuera por la seriedad en su voz Zelda había creído que era una de sus bromas, pero de todas formas la menor le comentó su incredulidad.
—Link, aquí no hay búhos.
—Puedes preguntarle a tu padre, él lo vio todo. —dijo dando por cerrada la conversación.
La niña le entregó su bandeja al joven de Ordon mientras que la sheikah hizo lo mismo con la princesa y una vez se aseguró que su alteza no necesitaba nada ambas se retiraron.
Ambos comieron en silencio como solían hacer, pero era obvio para Zelda que algo había sucedido con Link y no se refería solamente al hecho de su súbito cambio de ropa, no, él podía intentar aparentar ser todo lo estoico que quisiera, pero ella podía ver a través de ello.
Dejó la cuchara a un lado del plato y volvió su mirada al joven que comía con lentitud su estofado.
—¿Qué fue lo que sucedió? —preguntó logrando que se detuviera a verle, no obstante no emitió respuesta alguna.
Había pasado un tiempo desde la última vez que eligió no querer hablar con alguien.
Normalmente negarle la palabra a la realeza sería un motivo de castigo quizás hasta la muerte, pero Zelda era más civilizada que eso, aunque eso no redujo su molestia ante su actitud. No era primera vez que sentía que trababa con un niño.
Suspiro para sus adentros y lo intentó una vez más.
—¿Hay algo que te moleste?
Asintió con la cabeza.
Ese fue un buen comienzo. Ahora tenía que averiguar qué o quién arruinó su humor.
—¿Tiene que ver con tu caída?
Él negó.
—¿Algo sucedió con el chamán Renado?
Nuevamente recibió un silencioso no.
Si era objetiva solo podía estar molesto por tres razones y la última básicamente era ella ¿Pero cuándo hizo algo que pudo haberle enfadado?
Una punzada en sus muslos le iluminó.
—¿Estás molesto conmigo por qué no te dije nada sobre el ritual?
Sus ojos se abrieron un poco ante la mención de ello y eso basto para que Zelda sacará sus propias conclusiones.
—Link si no te dije nada sobre el ritual fue porque sabía que te preocuparías y aunque te pedí que me acompañaras tampoco podía permíteme que interfirieras.
¿Interferir, eh?
—No estoy molesto por ello. —dijo de pronto mientras miraba fijamente a la princesa. —Aunque me alegra saber que su alteza me considera una interferencia.
¿Pero qué dem…?
Oh no. No de nuevo.
Zelda sintió nuevamente la misma sensación que el día que volvieron al castillo, sí, fue igual que esa vez que Link malentendió su incomodidad y al igual que aquella vez la princesa se quedó con las palabras en su boca al ver como el joven le daba la espalda y se retiraba con su charola.
Se apresuró en salir lo más rápido que pudo de la vista de Zelda y una vez lo hizo dejó la posada.
Fue una terrible idea ir a verle luego de hablar con Renado.
Camino de un lado a otro en busca de apaciguar la creciente molestia en su ser y cuando no lo logró se detuvo y volvió a mirar hacia la posada.
Lo más sensato sería volver y explicarle a Zelda lo que sucedía, que fue lo que realmente le puso así y también pedirle disculpas por actuar como un imbécil.
Ella nunca le consideraría una interferencia.
¿Cierto?
.
.
.
Pasaron unos diez minutos en los que Zelda solo se mantuvo ahí contemplando la puerta frente a ella, aún intentaba explicarse que fue lo que sucedió aunque luego de la confusión vino el enfado.
Era la segunda vez que no le permitía corregirse, eso sin contar cuando deliberadamente hablaba antes que ella.
Ella era una mujer comprensiva, amable, educada, el ideal de una dama, pero ese hombre de alguna forma se las arreglaba para sacarle de sus casillas como ningún otro.
Primero se culpa de cosas que no puede manejar, después es bondadoso hasta la irresponsabilidad, luego insiste en ayudar a pesar de su brazo, después es encantador y estúpidamente tierno, y ahora se comporta como un jodido imbécil por un malentendido y lo peor es que ni siquiera sé por qué está molesto realmente.
Zelda era una princesa, una dama, la cúspide de la cortesía y la feminidad, pero ahora estaba molesta, muy molesta y ese hombre iba a escucharle lo quisiera o no.
Dejó la charola en la mesa de noche y de en un rápido movimiento lanzó las mantas lejos de ella.
Por su parte Link contemplaba su reflejo en el agua de la fuente termal mientras se mantenía sentado en el borde de esta.
Sinceramente volver al lugar que le había arruinado su humor no era exactamente un movimiento inteligente en muchos sentidos, pero el agua caliente sonaba como una buena idea para relajarse.
Chapoteo sus pies y una vez su figura se volvió difusa cerro sus ojos.
.
.
.
—Acompáñame. —pidió Renado con calma mientras daba la vuelta y marchaba.
De mala gana le siguió hasta la primera planta y de ahí salieron hasta el exterior donde el mayor camino hasta el Malomart y subió el camino en pendiente al lado de este donde había una nueva plataforma de madera permitiendo el paso al techo de la posada y desde ahí avanzaron hasta llegar a la fuente de aguas termales.
—Deberías tomar un baño para que el corte en tu brazo cierre, las heridas de espada son difíciles de curar.
—¿Cómo es qué sabes? ¿Rusl te lo dijo? —dijo Link un tanto a la defensiva.
—No, aunque supuse que había algo más que solo un par de golpes tras tu ausencia, pero como seguramente no lo sabes soy un buen amigo del general Abel. Ahora entra al agua.
Link se quedó quieto y solo le miró con mala cara, entonces sabía todo lo que sucedió en el castillo, su llegada con Zelda y el incidente con la espada.
¿Hay alguien que no esté de chismoso en ese lugar?
El suspiro pesado y lleno de cansancio del chamán le saco de sus pensamientos.
Renado era un hombre pacífico y paciente, todos los que le conocían lo sabían, de hecho pocas cosas eran capaces de perturbarle y siendo honestos Link creía que Telma era la única capaz de ello, por lo que una vez le tomó del brazo y le lanzó al agua simplemente no pudo evitar soltar un grito de sorpresa.
—¿Pero qué demonios? —se quejó una vez se sentó en el agua para hallarse con la hasta ahora desconocida mirada severa del chamán.
—Ustedes dos se parecen más de lo que crees. —dijo logrando que se guardara sus protestas. —Conozco a la princesa desde que tiene seis años y te puedo decir que siempre ha sido así de terca, pero tú no te quedas atrás. Ambos insisten en cargar con todo solos y callar su sufrimiento.
—¿Si sabías que mentía por qué no dijiste nada?
—¿Alguna vez dije algo cuándo mentías sobre tus heridas?
Link había vuelto muchas noches a Kakariko cubierto de sangre y con heridas por doquier y era Renado quien en secreto le trataba. La quemadura de Fyrus él la curó recibiendo como explicación que fue un keese, cuando le emboscaron luego de conseguir la Espada Maestra Link llegó incluso antes del amanecer básicamente arrastrándose diciendo que se cayó de Epona al quedarse dormido, cuando volvió del desierto lleno de heridas y mordeduras ni siquiera recibió una excusa, tampoco es que las siguiera pidiendo, pues comprendía que aquel chico estaba enfrentando algo mucho más grande de lo que podía imaginar, pero ahora era distinto.
—Comprendo que no quieras preocupar a las personas, pero no tienes que endulzar las cosas para mí. No especialmente cuando ya te visto tan destrozado cómo es posible.
—Aun así no dijiste nada antes. —comentó mientras estrujaba su sombrero.
—Le habrías bajado el perfil, justo como lo hacías cuando los niños notaban tus vendajes.
—Era necesario.
—Lo era —concordó. — Pero ya no y ciertamente no puedo ir y darle una reprimenda a la princesa de Hyrule por no pensar en cómo preocupa a los demás, pero tú mi joven amigo sin duda vas a tener que escucharme.
Link solo suspiró y agachó la cabeza.
—¿Por qué...
El crujido de los escalones le hicieron abrir los ojos de golpe y una vez sintió la presencia de alguien volteó alarmado.
Era Zelda.
Zelda con el ceño fruncido y una mirada que haría sentir pequeño hasta al más grande de los hombres.
—Zel…
—¿Se puede saber cuál es tu problema? —dijo en voz alta y tono acusatorio.
Sudor frío recorrió su espalda con solo escuchar lo molesta que estaba.
—Siempre me tratas con frialdad cada vez que te sientes menospreciado y huyes antes de que pueda enmendarme o explicarte que es un malentendido, pero ya no más. Te ordeno que me escuches como tu princesa y te exijo que me digas que es lo que te pasa como tu amiga.
¿Mi qué?
Link se puso de pie rápidamente al notar lo sulfurada que estaba y en vano intento de calmarle habló.
—Princesa. —le llamó con el mejor tono respetuoso que pudo lograr ante sus nervios.
Mala idea.
—¡Mi nombre es Zelda, joder! —gritó. —Princesa esto, princesa aquello. —le remedó. —Te he dicho que me llames por mi nombre.
Oh diosas.
Nunca en su vida se había sentido tan intimidado por alguien, es decir Ganondorf era una cosa de temer, pero escuchar a la siempre cálida y cortés Zelda maldecir llevaba las cosas a otro nivel.
Desistió de acercarse a ella y solo se mantuvo lo más recto y firme posible mientras la princesa dirigía toda su ira a él.
La mirada aguada de la chica se mantuvo fija en todo momento sobre él y una vez se aseguró que Link estaba completamente centrado en ella habló.
—No te considero un estorbo. —dijo de forma tajante. —Nunca lo haría y creo haberlo dejado claro hace bastante tiempo, pero tú insistes en ser un cabeza dura y sacar conclusiones antes de tiempo, pero ya tuve suficiente. No te dije nada sobre el ritual porque sabía que te preocuparías, sabía que si sentías que algo podía ser malo para mí ibas a intentar detenerme, pero no puedo permitir eso, este es mi deber y más importante es quien soy. Soy la princesa de este reino y el vínculo de nuestras diosas con el mundo, les debo rendir culto y honrarles como se ha hecho por generaciones en mi familia y sí, mi cuerpo paga las consecuencias y no es agradable, pero esto es parte de mí y no puedo dejarlo, especialmente luego que por años me vi obligada a ser más que una marioneta sin voz ni voto sobre el bienestar de mi reino. —dio un paso hacia él y presionó su dedo índice en su pecho. —Sí tengo que rezar por veinticuatro horas sin probar bocado y en aguas congeladas con tal de asegurarme de que nuestra tierra tenga la protección de las diosas ten por seguro que lo haré sin dudar, sin importar cuanto me rueges o que intentes detenerme a la fuerza, lo haré.
Todos tienen su lugar y obligaciones en este mundo.
Ustedes dos se parecen más de lo que crees.
¿Qué es lo que estás dispuesto a hacer por Hyrule, héroe?
Ella había cambiado, lo había notado aquel día tras el juicio, pero solo ahora fue capaz de comprender lo que significaba todo ese coraje y fuerza que había visto en ella.
Agachó la cabeza incapaz de sostener su mirada.
La vergüenza le consumió.
Nunca podría igualarse a ella.
Nunca seré más que un pl...
—Te equivocas. —dijo de golpe Zelda obligándole a alzar su mentón con la mano. —No tienes que compararte con nadie, mucho menos conmigo. —posó su mano derecha sobre su izquierda que mantenía cerrada en frustración —No es necesario que te compares con nadie, no aquí, no ante mí. —dijo con suavidad dejando atrás su enfado mientras le instaba a abrir su mano y la tomaba con cuidado entre las suyas —Esta mano conoce el trabajo duro y el sacrificio, —trazo con la punta de su dedo la cicatriz sobre su palma. —conoce el dolor propio y el ajeno. Nunca miraría en menos a alguien con manos como está, nunca me perdonaría dejarme llevar por prejuicios tan tontos y superficiales como nuestra diferencia de origen, especialmente porque aquellos que hacían perdurar tales estupideces son los mismos que ya me han arrebatado tanto.
¿Tan transparente era?
¿Acaso leé mi mente?
—Te traje conmigo porque confío en ti, porque cuando estoy contigo me siento segura de poder lograr todo lo que deseo sin importar cuán duro o difícil sea, pero también lo hice porque necesito que entiendas quien soy, no soy solo una princesa indefensa, ciertamente necesito ayuda para muchas cosas, cosas a veces estúpidas como vestirme, pero también hay cosas que solo yo puedo hacer y si realmente eres mi amigo necesito que comprendas eso, pero también tienes que saber que nunca permitiré que nadie te menosprecie y diga que vales menos por haber nacido plebeyo, enfrentaré a quien sea que diga lo contrario, incluso a ti si es necesario. Porque eso es lo que hacen los amigos.
¿Quién es está mujer?
¿Qué es?
Cerró sus ojos con fuerza mientras apretaba su mandíbula incluso más fuerte que antes, si no lo hacía podría terminar llorando, podría incluso abrazarla de la cintura y rogarle que le perdonara sin saber exactamente por qué.
¿Qué diablos es esto?
¿Qué en nombre de Farore me hace está mujer?
Y ahí estaba el héroe del crepúsculo, mordiendo su labio mientras intentaba calmar la tormenta de emociones que esa chica había causado en él.
Abrió su boca, pero nada salió de ella, su garganta se había cerrado, ya no podía más. No podía soportar su mirada sobre él, quería huir, quería hacerse un ovillo y ocultarse donde esos ojos no le vieran, pero no solo su lengua se rehusaba a obedecerle sino que sus piernas también.
Solo había algo que podía hacer.
Sin pensar en nada o medir su fuerza tomó de su brazo y jaló de ella para abrazarle.
Cruzó su mano izquierda tras su cintura y con la derecha acunó su cabeza y le presionó contra él. Le abrazó con aprensión, respeto, cariño, angustia e inclusive miedo, fueron tantas cosas que trasmitió que por un momento Zelda se congeló.
Ella era su amiga, ella le había llamado su amigo, a él quien no era nada, a él que para lo único que servía era matar monstruos, a él quien nunca podría expresar en palabras como en tan poco tiempo ella se volvió tan importante para él.
Haría lo que sea por ella, iría al infierno de ida y vuelta por su bien, moriría y volvería a la vida solo para verle sonreír, se volvería un monstruo si eso le permitía protegerle.
Los brazos de la princesa se alzaron lentamente y correspondió con la misma intensidad que él desprendía.
Esto...está bien.
Nadie nunca podría decir que esto está mal, porque este sol que brilla en mi interior nunca podría ser un error.
Para cuándo se separaron había pasado mucho tiempo, pero para ellos solo se sintió como un instante quizás menos, pero realmente no les importo, pues cuándo se percataron de que la luna estaba en su zenit y un nuevo año había comenzado sus manos seguían unidas.
(…)
La tercera constante y aquella que suele estar en los mayores momentos de necesidad y desgracia tanto del reino como de la princesa es el héroe o mejor dicho la maldición del héroe.
Aquellos que son recordados solo por su espada.
Notas del autor.
Saludos.
Dije que la siguiente actualización sería en navidad y bueno mi reloj dice que son las 12:40 PM del 24 de diciembre en Chile, pero mi otro reloj dice que son las 00:40 AM del 25 en Tokio así que feliz navidad.
Este capítulo lleva un tiempo ya escrito, pero solo hasta hace poco decidí que sentido quería darle y su propósito en la historia, por ello creo necesario comentarles un par de ideas.
Desde un comienzo está historia tiene un acercamiento personal entre ambos personajes principales, una situación en común que les llevo a desarrollar una conexión emocional, pero eso no asegura nada entre ellos.
Sí, tienen sus momentos íntimos y tienen una relación de confianza pero eso no es constante, no puede ser constante, no por el drama sino porque las cosas no son perfectas, ellos no son perfectos y los malentendidos ocurren, ocurren entre familiares, amigos, amantes y tantos otros tipos de relaciones personales, así mismo la molestia y confrontación también existe y que sea Zelda quien inicié dicha confrontación no es por casualidad, ella es una princesa, una persona que fue educada para ser respetada y venerada ya sea que le guste o no esto último, pero es lo que es y no solo eso, sino que también viene de toda una situación donde la valía de su carácter como princesa fue puesta a prueba tanto por el crepúsculo como por el tema del consejo, por eso pensé que obviamente iba a reaccionar de tal forma, al igual que "exagerando" al decir que Link siempre actuaba de tal forma.
Ahora tampoco es que sea un berrinche,es solo una reacción dentro de las posibilidades especialmente tomando en cuenta la idea de que la princesa obviamente no iba a tolerar siempre ser dejada con las palabras en la boca.
Por otro lado tenemos a Link que es un personaje complejo de escribir, pues por más expresiones faciales que tenga en TP sigue siendo un personaje sin personalidad definida al ser un self-insert después de todo solo recién en BOTW a Link se le puede llamar un personaje propio y no una personificación del jugador.
Ahora en el manga de Twilight Princess Link tiene un carácter muy especial y lo que más rescató de esa interpretación es la idea del aprecio que tiene hacia Ordon que se trata de una forma muy particular.
En base a esto es que Link tiene tantas líneas de pensamiento, porque hay demasiado que no dice y demasiado que deja entreleer y en este caso no aplicó solo a nosotros sino también a Zelda.
Aún no considero esto un "romance lento", pero si quiero tomarme mi tiempo para desarrollar correctamente la idea de su propio acercamiento y comprensión hacia el otro y los puntos de quiebre entre ellos son necesarios incluso si se solucionan rápido.
Pasando a otro tema hay algo que me gustaría comentar sobre la mención de Midna en este capítulo, Link menciona que sus últimas palabras fueron una mentira y con eso hago referencia a lo que textualmente fue lo último que dijo no lo que se puede llegar a entreleer de ello y mencionó esto por una razón que es que luego de un tiempo buscando pude hallar que las últimas palabras de Midna en japonés no dan a paso a una interpretación romantica.
En ingles y que es de donde se traduce en el general a los demás idiomas Midna dice "Link...I...see you later." que en español es "Link...te...veo después." o "yo...te...veo después." para que tenga más sentido la idea de la confesión no dicha.
Por otro lado en japonés ella hace una pausa, pero no hace ningúna mención de sí misma de hecho tartamudea y dice "Link...s-see you later" solo le dice que le vera después
En general los juegos provenientes de Japón sufren muchos cambios en sus traducciones a veces hasta el punto de cambiar totalmente el ambiente de un juego, si alguien es fanático de Final Fantasy XV y lo jugo con audio japonés sabrá a lo que me refiero, pues los subtítulos no coinciden con ciertos diálogos especialmente las charlas casuales entre sus protagonistas, pasa lo mismo con el remake de FF7 . En inglés parece que Tifa y Aeris tienen una competencia por la atención de Cloud en cambio en japonés son bastante amigables y cordiales.
Con Breath of the wild pasa algo parecido, la traducción en español de diálogos y descripciones de objetos varía de la inglesa, hay detalles que se suprimen y hasta cierto punto cambian la concepción del mundo que uno recibe, pero en este caso la traducción inglesa es un poco más fiel al doblaje original en japonés, pero aún así hay pequeños detalles con diálogos que tienen un significado distinto a lo que el subtítulo muestra.
Espero eso haya aclarado un par de cosas.
Dicho esto continuo con respuestas a sus comentarios que son unas cuantas.
ElenaGilbert24
Gracias por el apoyo, me alegra que te este gustado la historia y espera lo que sigue que sin duda será intenso.
Guty141821
Sigo aquí, aún no dejo esto abandonado xD.
Gracias por continuar leyendo.
Link siendo un instructor me parece también una idea interesante especialmente el de TP porque dentro de la poca (nula) explicación que hay sobre la habilidad de Link con la espada tenemos a la sombra del héroe para justificar su aumento de fuerza dentro del juego y no dejarlo solo a las nuevas armas que adquiere.
Goddess Artemiss
Bien, creo que esto es como cuando conoces alguien famoso y no sabes que hacer (?)
He leído varias de tus historias, las primeras de hecho fueron unas traducciones al inglés que tienes y hace unos meses antes de recordar que tenía esta cuenta leí un par de tus historias en español.
Agradezco cada uno de tus comentarios y observaciones al formato de escritura que de hecho ya corregí y aprecio que lo hayas mencionado.
Ahora mi honor no me permite dejar sin responder las preguntas y comentarios a ciertas situaciones que dejaste así que como básicamente me importa un rábano que esté sea el capítulo nueve, vamos a hablar sobre los primeros seis capítulos.
El primer capítulo fue pensado como un one-shot como mencioné cuando decidí volver esto un long fic, así que puede que cambie un poco la forma de escritura entre ese capítulo y el resto, pero hay algo que no puedo negar y es que realmente me siento orgulloso de esa escena final, es tan linda que dan ganas de vomitar de tanta azúcar.
Sobre el capítulo dos, Zelda vengandose no me parece tan caprichoso, bueno, sí lo es, pero no desde un sentido infantil por decirlo así. Es solo un choque de concepciones, nadie se ríe de la realeza en su frente y sale ileso y por otro lado reírse de la desgracia de alguien si es bastante infantil especialmente en la situación que estaban aunque Link no estaba del todo en su ser.
¿Qué se quieren?
Bueno dejó eso a libre interpretación, no diré nada al respecto,no al menos hoy.
Pasando al capítulo tres y la razón por la que Zelda no quiso entrar junto a Link a la ciudadela, pues es simple, ella no iba a preguntarle eso. Según mi experiencia así empiezan muchos malos entendidos.
¿Qué tiene que Link sea bajo?
Es una característica distintiva de él (aunque en BOTW se pasan, solo los niños son más bajos que él, el héroe de Hyrule es un hobbit mudo) Zelda usa tacones pero aún así me parece más alta que él y esto es solo porque me parece una buena caracterización, los héroes altos y las doncellas bajas pasaron de moda en esta historia y sobre la edad pues realmente no tiene incidencia que Link sea más joven es solo parte de su perfil como personaje nada más y Zelda se supone que iba a ser coronada reina así que debe tener un mínimo de edad.
Nada que decir sobre Ganondorf.
Vamos con el capítulo cuatro y parto dándote las gracias por tu sugerencia y la correción sobre los diálogos, fue un error de tipeo pero ya esta arreglado.
En lo personal aún me preguntó quién fue el atrevido con aquél besamano, si Link al realmente besar su mano u Zelda al ofrecerle la mano en dicha situación, después de todo no deberían haber estado ahí y mucho menos como lo estaban.
No hay mucho que decir sobre el capítulo cinco, los nombres y apellidos que uso para mis personajes originales vienen de músicos, así evito el entrar en desesperación por no pensar en algo.
Y creo que no he leído esa historia, lo anotaré para después.
Finalmente sobre el capítulo seis, pues no me fijé en el tejido en la casa de Uli, pero si en el dibujo y diría que lo hizo Colin pues en él está toda su familia, asumiendo que las dos figuras pequeñas son Colin y el bebé a nacer y al lado están sus padres, porque la figura a la izquierda sin duda no es Link, pero sigue siendo un lindo detalle.
Y la razón por la que creo que el bebé es niña es solo porque en la zeldagamepedia la tienen catalogada como una hija y en general corroboro datos en dicha wiki porque es la que tiene la mayor cantidad referencias en su artículos y las presenta bien ordenadas para su revisión.
Espero eso haya respondido a tus dudas y más, nuevamente agradezco tus comentarios y el apoyo.
.
.
.
Bien eso es todo por este capítulo.
Como siempre espero que hayan disfrutado de su lectura y así mismo les invito a dejar cualquier comentario, crítica, duda o consulta si así lo desean.
Agradezco todo el apoyo y nos leemos a lo que le den a la opción de siguiente porque... ¡Hoy tenemos capítulo doble!
Se despide atentamente.
Starrk00.
