Sword art online y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de sus respectivos autores y yo los uso para entretener a mis lectores. Disfruten su lectura.

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Asuna

-¿Qué harás este fin de semana?- Me cuestiona Liz y estoy casi segura que tiene un plan en mente.

-Tarea, supongo. - Trato de poner cualquier excusa creíble para librarme de sus ideas/planes malvados.

-Nada de tarea, Asuna. – Niega y mueve su dedo índice de un lado al otro. –Vayamos a bailar, tengo un amigo que trabaja en un bar y nos dejará entrar sin identificación. -

-No creo que sea buena idea, Liz. La última vez no nos fue tan bien.- Sí, me refiero a la fiesta en casa de Eugeo.

-Lamento haberme puesto tan mal en la fiesta y haberte abandonado. – Liz hace un puchero y se cuelga de mi brazo como una niña pequeña mientras caminamos.

-Está bien, al menos lo disfrutaste. – Al menos no te diste cuenta que desaparecí con un chico, eso es lo que realmente quiero decir.

-Sí, pero yo también quería que tú lo disfrutaras. – Los estudiantes escapan desesperados de la escuela ignorando nuestra conversación, por lo que no me preocupa tanto el doble sentido que pudiera estar tomando.

-Lo hice, lo disfruté bastante. – En realidad no puedo asegurar que lo hice, al menos el beso del otro día sí que lo disfruté. – Nunca me dijiste que hiciste ese día- Cambio rápidamente el tema antes de que Liz se dé cuenta de que mis pensamientos son impuros.

-Después de dejarte tomé bastante alcohol, estuvo muy… Loco. Tomé unos tragos y besé un chico, justo como lo tenía planeado. – Me sonríe con complicidad y me guiñe un ojo.

-¿En serio? ¿Besaste al chico que te gusta?- Algo que recuerdo bien fue que Liz deseaba ir a la fiesta porque su principal interés amoroso estaría ahí.

-No.- Responde con desilusión. – Cuando me decidí a hablar con él no pude encontrarlo, sin embargo, eso no significa que no pudiera disfrutar de otro suculento espécimen. –

-Vaya, me alegra que no te quedes sin opciones.- Respondo con ironía. Salimos del edificio y recuerdo el mensaje que me envió Kirito hoy. Ha estado enviando mensajes toda la semana, insiste en que debemos vernos y conversar, incluso Eugeo trató de convencerme más de una vez que tenía que escuchar lo que su amigo tiene para decir. ¿Debería darme la oportunidad de hablar con él?

-Creo que exageré cuando dije que era suculento, no lo estaba tanto.- Hace una mueca de disgusto y yo rio de forma nada discreta. Estoy tan concentrada en la plática que no noto la presencia de cierto pelinegro debajo de un árbol hasta que paso de largo dejándolo atrás. La idea de que me está esperando a mí se siembra en mi cabeza, al igual que una pequeña esperanza en mi corazón.

-¡Liz!- Me detengo al instante. – Creo que olvidé algo, deberías adelantarte. Seguiremos con la charla sobre tus malos gustos en los hombres mañana. – Sonrió nerviosa.

-De acuerdo, te acompañaría de vuelta pero eso significa subir esas escaleras y… Mejor te envió un mensaje más tarde para ir a ese bar y no acepto un "no" por respuesta – Se despide con una mano y se aleja de prisa.

Suspiro y me dirijo decidida hacia donde se encuentra Kirito. Cuando estoy lo suficientemente cerca me percato de que tiene los ojos cerrados, si no fuera porque está de pie pensaría que se encuentra durmiendo. Así, con los ojos cerrados e indiferente a su alrededor luce como un adolescente que todavía no ha terminado de desarrollarse, pero a decir verdad, Kirito está más cerca a ser un hombre que un niño.

-Creí que solo las jirafas dormían de pie. – Digo buscando llamar su atención y lo logro. Abre los ojos y me ve sorprendido.

-También los elefantes duermen de pie.- Comenta desviando la mirada.

-Sí, igual que los burros, pero ese es otro tema. – Sus mejillas adquieren un liguero color rosa y siento que las mías también.

-No creí que vendrías.- Sus penetrantes ojos grises ven directamente a los míos y me siento un poco intimidada.- Los días anteriores no viniste.-

- Pero aquí estoy. ¿Para qué querías verme? – No estoy segura de la razón por la que decidí quedarme, supongo que a una parte de mí le gusta la idea de tontear con un chico, sobre todo con un chico que me ha estado esperando después de clases todos los días.

- No creo que sea prudente hablar de eso aquí. – Tiene razón, hay muchas personas a nuestro alrededor y, después del rumor sobre mí supuesta relación con Eugeo, no tengo mucho entusiasmo en iniciar otro. – No quiero sonar como un desvergonzado, pero… ¿qué te parece si hablamos en mi casa? Está muy cerca de aquí. –

- Sí suenas como un desvergonzado. ¿Qué hay de tu novia? – Sé lo que conlleva que un chico te invite a su casa. No debería ir, Alice ya me golpeo en la cara una vez.

- Alice no es mi novia, lo que viste el otro día fue un mal entendido. Además, mis padres y mi hermana están en casa. – Se excusa rápidamente.

-No tienes que darme explicaciones, Kirito.- Después de que lo vi besarse con la rubia no habíamos vuelto a hablar, lo más cercano que tuvimos a una conversación fue aquella vez en el techo y todos los mensajes que me envió.

-Sé que no, pero no te pedí hablar ese día para que me vieras con Alice y lo siento.- Obviamente no, sería muy de infiel principiante hacer algo así. O tal vez es muy sin vergüenza.

-Tampoco tienes que disculparte, no estoy molesta. - Tal vez sí esté un poco dolida. Cuando Kirito me besó el otro día me sentí como una chica normal, como una chica que conoce a un chico y, a pesar de que no saben todo el uno sobre el otro, las cosas encajan y simplemente deciden que quieren pasar más tiempo juntos. Fue decepcionante darme cuenta que las cosas no son tan sencillas. -Bien, vayamos a tu casa. – Respondo con seguridad, aunque no estoy muy segura de lo que estoy haciendo.

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Kirito

Cuando llegamos a casa mi madre nos recibe con una despedida, corre de un lado a otro con mucha prisa buscado, encontrando y guardando todo en su bolsa mientras menciona una y otra vez que ya es muy tarde y que no llegará a tiempo. Ella siempre es así, llegar tarde es su pasión.

-¿Tarde para qué, madre?- La saco de su burbuja y se percata de que ya no se encuentra sola.

-¿Quién es tu amiga?- Dice de forma coqueta, ignorando mi pregunta.

-¡Ah, sí! Mamá, ella es Asuna, mi compañera de clases. – La mirada de mi madre me pone nervioso, ella siempre me ha podido leer a la perfección.

-Es un placer conocerla señora, soy Asuna Yuuki. Su hijo y yo vamos al mismo taller de informática.- Asuna le extiende la mano a mi madre, quien la estrecha gustosa.

-El placer es mío, Asuna. Tienes un nombre muy bonito, igual que tú. – Mi madre le sonríe con sinceridad como pocas veces.

-Le agradezco, usted se ve demasiado joven como para ser la madre de Kirito.- Asuna se comporta con tal naturalidad que me da la impresión que está acostumbrada a desenvolverse entre adultos.

-Eres un encanto. – Suelta una carcajada. – Hijo, asegúrate de traerla más seguido. – Me guiñe el ojo y el color rojo se apodera de mi cara.

-Mamá, dijiste que se te hacía tarde. – Le recuerdo tratando de salir de la situación.

-Es cierto, llegaré tarde a la competencia de Sugu.- Inmediatamente toma sus cosas y se despide de nosotros para después salir dejándonos solos. Es cierto, había olvidado que la competencia de kendo de Sugu era hoy.

-Tu madre es muy linda. – Asuna rompe el silencio y capta toda mi atención.

-Sí, ella vive en su propio mundo. – Respondo con una sonrisa, mi madre puede llegar a ser muy descuidada, pero es parte de su encanto.

-¿Sugu es tu hermana?- Pregunta pero no percibo mucho interés. Debe estar pensando que la traje aquí con engaños.

-Sí, es mi hermana menor. – Ahora estamos Asuna y yo solos. No se suponía que las cosas fueran así, pero tal vez sea una señal. - Lo que dije el otro día es cierto, quisiera salir contigo. – Voy directo al grano y ella se sorprende.

-¿Y qué hay de ella?- No dice su nombre, pero sé que habla de Alice.

-Es solamente mi amiga. Lo que viste no me deja en una muy buena posición, lo sé.- Hago una pausa, todavía me siento muy culpable por lo que pasó.- Lamento que ella te golpeara.- Sonríe ligeramente y toca su mejilla derecha.

-Sé que no es tu novia, Eugeo insistió tanto sobre eso que terminó por convencerme. Aun así, está muy enamorada de ti. ¿Sabes? No quisiera que me golpeara otra vez.- Vuelve a sonreír, esta vez parece igual de avergonzada que yo.

-Yo… Hablaré con ella. Lo prometo.- Mi mano quiere acariciar su mejilla. Quiero abrazarla y aliviar el dolor que probablemente ya no siente.

-¿Todavía no hablas con ella? Ya pasaron cuatro días.- Por la expresión de su rostro podría jurar que me ve con decepción.

-Ella no ha querido hablar conmigo.- Bajo la cabeza evitando sus ojos.- Alice no es una mala persona, por favor no la odies.-

-Yo no la odio, la entiendo bien.- Levanto la cabeza y la veo sorprendido, no esperaba esa respuesta.- Debe ser difícil amar a alguien que, no solo no corresponde tus sentimientos, está interesado en alguien más.- Me armo de valor y tomo sus manos. La guio hasta el sofá, donde tomamos asiento. -Ni siquiera nos conocemos. No me conoces. –

-Tenemos mucho tiempo para conocernos. Pregúntame lo que quieras, cualquier cosa.- Ella quita sus manos y las pone sobre su regazo.

-¿Cualquier cosa?- Parece pensativa, como si no supiera que preguntar.

-Sí, como… ¿cuáles son tus flores favoritas?- Hasta cierto punto mi pregunta es una trampa, en un futuro podría regalarle flores.

-No me gustan mucho las flores, pero si tuviera que decidir escogerías las peonias.-

-¿Peonias?- Digo para mí mismo, no tengo idea de que flores sean.

-Tu… ¿Eres de aquí?- Pregunta tímidamente.

-¿Cómo?- Respondo desorientado.

-¿Naciste en Tokio?- Ella acerca sutilmente su mano a la mía, buscándola temerosa, yo voy a su encuentro y nuestras manos se tocan, en el momento puedo recordar lo suave que es su piel.

-Eh, sí. Toda mi vida he vivido aquí. - ¿Cómo pude haber olvidado lo delicada que es? - Tu eres de Estados Unidos, supongo. – Acaricio su muñeca y logro sentir su pulso, acelerado.

-No.- Sonríe. – Nací en Italia. En Florencia, para ser más específica. – Dejo de jugar con su mano y la veo sorprendido.

-¿Hablas en serio? ¿Cómo es la pizza allá?- Inmediatamente me siento como un idiota. ¿Quién pregunta sobre pizza?

-Es mejor que en otros lados, pero tampoco tan diferente. – Me contesta con una sonrisa.

-¿Cuántos años tenías cuando se fueron?- La vida de Asuna me parece cada vez más interesante. Antes solo creía que era la chica que había tenido la mala suerte de cambiar de cuidad en el último año escolar, sentía pena por ella, venir de tan lejos y no tener precisamente éxito.

-No estoy segura, tal vez cinco.- Ladea su cabeza intentando hacer memoria. Se ve tan tierna.

-Eras muy joven, seguro fue muy sencillo acostumbrarse al ritmo de vida americano. – Vuelvo a poner atención en su mano y con mis dedos sigo las líneas de su palma.

-No, antes de eso fuimos a Suiza. Ahí sí que fue sencillo, vivíamos al sur, muy cerca de Italia así que el idioma era el mismo. Después nos mudamos más al norte, fue terrible, tuvimos que aprender alemán y eso no es tan sencillo, aunque no es tan malo como el japonés.- Suspira, casi derrotada.

-¿El japonés es malo?- Toda mi vida he hablado japonés, así que no estoy seguro de que tan difícil sea.

-¡No! No quise decir eso, es solo que son demasiados caracteres por aprender.- Parece apenada mientras se disculpa.

-Ya veo. Entonces, ¿Cuándo llegaron a Nueva York?- La invito a continuar, después de escucharla un poco siento el deseo de descubrir todo sobre ella.

-Tenia 11 cuando llegamos a Los Angeles, dos años después nos establecimos en Nueva York. – Hasta este momento noto lo melancólica que suena su voz.

-Todo eso suena a una pesadilla.- Digo con sinceridad.

-¿Qué?- Pregunta con el ceño fruncido.

-Sí, claro que debe ser maravilloso conocer tantos lugares pero también, pareciera que no perteneces a ningún lugar, no eres de aquí ni de allá. – No se lo digo, pero su vida suena triste, sin un lugar donde echar raíces. Se ve pequeña e indefensa, quiero abrazarla.

-Soy de aquí… Si tuviera que elegir quisiera ser de aquí. Tengo una conexión muy especial con Suiza, la mayoría de los recuerdos de mi infancia son de ese lugar, pero me gusta creer que puedo comenzar en Tokio desde cero.- Su respuesta me sorprende.

-¿Eso quiere decir que puedes hablar italiano, alemán, inglés y japonés? Eso sí es increíble. – Cambio de tema. Por alguna razón me siento incapaz de adentrarme en esa conversación.

-También sé un poco de Frances y Español.- Me presume.

-Podrías ser lingüista sin problemas.- Asuna es fascinante, casi como una muñeca matrioshka , siempre hay algo increíble dentro de ella.

-No, no lo creo. Se necesita mucha disciplina e inteligencia.- Tuerce los ojos y me ve fijamente.

-Creo que tienes ambas cosas. Tu eres asombrosa. - Le sonrío y ella desvía la mirada.

-Hay una razón por la que todos creen que soy tonta. Porque es verdad.- Es cierto que todos creen que es tonta. Alice lo recalcó muy efusivamente hace unos días, yo no creo que sea así.

-No creo que seas tonta.- La veo a los ojos fijamente y siento que me pierdo en ellos. Hay un abismo en ellos que me regresa la mirada.

-¿Color favorito?- agrega cambiando de tema rápidamente.

-Negro, ¿y el tuyo? – Sus ojos se encuentran con los míos nuevamente y siento que hay una conexión entre nosotros.

-Rojo, aunque mi madre siempre me ha dicho que no se ve bien en mí. – Al decir eso baja la mirada y se concentra en sus manos, incomoda.

-¿Tu relación con tu madre es complicada?- Tal vez sea un tema que no me incumbe, pero dijimos que podíamos preguntar cualquier cosa.

-No exactamente, mi relación con mi madre no es de ninguna manera. Mi madre no es como la tuya, mis padres… Ellos son… Personas ocupadas. - Ante mis ojos vuelve a parecer una niña indefensa y abandonada, muy solitaria.

-¿Tienes hermanos?- Pregunto con la esperanza de aliviar un poco el malestar que se formó en mi pecho.

-No.- Después de esa palabra la presión en mi pecho aumenta. Asuna siempre ha estado sola en este gigantesco mundo.

-Tienes suerte. – Digo para aliviar un poco mi pesar. – Tener hermanos es difícil a veces. Sugu puede llegar a ser muy entrometida. –

-Sí, supongo que tuve suerte.- Sonríe de lado pero no parece sincera, hay algo en ella que siempre me hace creer que esconde algo.

Nos quedamos en silencio un rato, nuestras manos siguen entrelazadas y las mías comienzan a sudar.

-Lo que dijiste aquella vez sobre querer recordar cómo fue. ¿Todavía quieres recordarlo? - Su pregunta me toma por sorpresa pero, a pesar de ser tan ambigua, sé a qué se refiere.

-Yo no dije exactamente eso, fue algo…- En un rápido movimiento me calla con un beso. Soy consciente de a dónde se dirige esto así que no pierdo el tiempo. Profundizo el beso y mis manos, desesperadas, le quitan torpemente el saco del uniforme, ella hace lo mismo pero con mucha más gracia. Nos besamos por un largo rato, dejamos que la temperatura de nuestros cuerpos suba incontrolablemente para después poder buscarnos desesperados. Sus suaves labios se mueven al mismo ritmo que los míos, quisiera culparla de lo apasionado que es el beso, pero yo también estoy poniendo mi mejor esfuerzo. Deseo que caiga en mis brazos buscando algo más que mis labios, quiero que nuestras acciones vayan tan lejos que no podamos retroceder, necesito llegar hasta el final, no puedo seguir viviendo de mis recuerdos e imaginación.

-¿Estas segura de que quieres esto?- No separamos un instante y logro pronunciar palabra con la voz entrecortada. Sus manos ágiles deshacen el nudo de mi corbata y me jala para besarme de nuevo, esa es toda la confirmación que necesito. La tomo por los muslos y la siento en mis piernas, al igual que ella, comienzo a desvestirla con una rapidez desesperada. Me quedo sin camisa y apresuro mis dedos para desabotonar su blusa, dejando al descubierto su lencería blanca.

Veo con detenimiento su estado actual, sus mejillas sonrojadas y su largo cabello despeinado la hacen lucir casta, pero su ropa interior de encaje me hace pensar lo contrario. No pierdo más el tiempo y bajo su sostén sin desabrocharlo liberando sus pechos frente a mi rostro, sus pezones rosados me invitan a probarlos mas no lo hago. Mis ojos buscan los suyos pero ella está concentrada en bajar mi cremallera, meter su mano bajo mi ropa interior y liberar mi miembro de toda prenda, cuando me toca directamente no puedo evitar suspirar. Ella sabe lo que hace, tiene experiencia es esto y eso me confunde un poco. Su movimiento de mano es intenso y delicado al mismo tiempo, el ritmo con el que lo hace me provoca soltar pequeños gemidos que nunca habían salido de mi boca. Me he masturbado antes, para ser sincero lo hago mucho más de lo que estoy dispuesto a admitir, no obstante que lo haga alguien más por ti no tiene comparación.

La tomo del cuello y presiono mis labios contra los suyos en un beso desesperado, con mi mano libre toco uno de sus pechos y acaricio ese pequeño botón de placer que la hace gemir contra mis labios. ¡Dios mío! Necesito tenerla, necesito estar dentro de ella y escucharla decir mi nombre entre esos sonidos deliciosos que salen de su boca. Si esa forma de acariciarme no se detiene en cualquier momento voy a terminar.

Asuna se detiene, separa nuestros labios y nuestros ojos por fin se encuentran. Puedo ver en su mirada el deseo, y una lujuria que no correspondería a una virgen inexperta. Se levanta de mi regazo y se arrodilla frente a mis piernas, acomoda su cabello sobre su hombro y sin dejar de verme acerca sus maravillosos labios a mi pene.

-No tienes que…- Intento detenerla pero cuando siento la humedad de su boca alrededor de mi olvido lo que estaba a punto de decir. Si antes creía que Asuna sabía lo que hacía ahora lo confirmo. Peino un poco su cabello para evitar que se interponga y sin dejar de sujetarlo cierro los ojos para concentrarme en todo lo que estoy sintiendo, su cabeza sube y baja sobre mi pene, lo introduce en su boca en su totalidad para después saborear la punta con su lengua produciéndome cosquillas, después repite esa acción. Inconscientemente acaricio su cabeza y la incito a ir más profundo. Abro los ojos y la observo por un rato, esta tan concentrada en su trabajo que no se percata que tiene un espectador. – Mírame.- Le ordeno y me ve desde abajo sin detenerse, eso me excita más. Sin alejar sus ojos de los míos continua con su trabajo, sigue degustando con su lengua y acariciando con sus manos. Con su lengua saborea desde abajo hasta la punta donde deposita un tierno beso, provocando que me sonroje.

Se pone de pie y termina de desvestirse, se deshace de su sostén y deja caer su corta falda escolar al suelo, lentamente baja su ropa interior y deja al descubierto su zona más íntima, la cual está perfectamente depilada. Enfrente de mí vuelve a peinar un poco su cabello y deja que yo la vea de pies a cabeza, todas sus acciones parecen parte de un espectáculo, desde su cabello recién peinado con los dedos, sus ojos vidriosos llenos de deseo, aquellos labios hinchados y rojos, sus suaves pechos que resaltan gracias a esa diminuta cintura, su vientre plano que te invita a bajar la vista hasta sus caderas, y ahí en medio, la parte que, en este momento, más deseo de ella. Sin embargo, su piel nívea no es perfecta, puedo ver en ella las cicatrices.

Deseoso de sentirla extiendo mi mano y ella la toma, la jalo en mi dirección y pongo mis manos sobre sus caderas, ahora siento que tengo el control y eso me gusta demasiado. La acomodo en mi regazo y mis piernas quedan entre las de ella, en esta posición su cuello queda expuesto ante mí y no dudo en probarlo, lo beso con lentitud y le doy pequeñas mordidas, entre pequeños suspiros ella toma la iniciativa e introduce mi miembro dentro de ella, arrancándole un sonoro gemido en el proceso. No nos atrevemos a vernos, después de todo lo que hemos hecho y visto ahora nos sentimos tímidos, expectantes de nuestra primera vez juntos, al menos la primera que vamos a recordar.

Me da un tierno beso en la mejilla, lo que me toma por sorpresa. Traza un camino de besos hasta mis labios y me besa igual que aquella vez en el instituto, de forma lenta pero llena de pasión. Comienza a mover sus caderas al mismo ritmo que nuestro delicado beso y sus gemidos mueren contra mis labios. Hay algo en ella que me hace querer protegerla, que me hace querer cuidarla. La Asuna de este momento no es la misma de hace rato, no es la misma que me acaricio con destreza, que me complació oralmente ni aquella que me dejó observar sin pena su cuerpo desnudo.

Después de ese tierno beso aumenta la velocidad de su movimiento de caderas, se mueve hacia adelante y hacia atrás logrando que fuertes gemidos salgan de mi boca. A pesar de que siento que Asuna está más concentrada en su propio placer en este momento, yo también lo estoy disfrutando demasiado.

-Ki…Kirito.- Dice mi nombre contra mi oído y siento un escalofrió recorrer mi piel. – Sí… Sí quiero salir contigo…Quiero conocerte más.- Después de escuchar eso una sonrisa estúpida aparece en mis labios, debo ser el idiota con más suerte del mundo. Mi creciente entusiasmo me hace tomar el control de la situación, comienzo a embestirla con fuerza transformando sus gemidos en gritos llenos de placer. Sus senos rebotan frente a mi cara y cedo ante la tentación, los beso desesperadamente, cuando me decido por uno succiono el pezón y lo muerdo con muy poca delicadeza haciendo que grite con mayor fuerza. Su interior comienza a contraerse presionando mi pene, está cerca del orgasmo y yo también, utilizo la poca energía que me queda para hacerla terminar, cuando lo logra suelta un último grito desesperado y su cuerpo se relaja, más no la dejo descansar ya que continúo moviéndome esperando mi clímax.

-Asuna… Voy a terminar…Tienes que moverte. – Digo cuando siento que estoy llegando a mi momento culminante y mis palabras son apenas un suspiro, pero ella no se quita, al contrario, toma el control y vuelve a moverse tan deliciosamente como hace rato. Me voy a volver loco. – No… Tienes que… Tienes que quitarte…- Sin embargo no se quita y no puedo evitar terminar dentro de ella, lo que se siente maravilloso. Es entonces cuando deja de moverse y vuelve a besarme lentamente, cuando nuestros pulmones recuerdan que necesitan oxigeno nos separamos y nos vemos apenados. –No debiste. – Le reclamo y ella sabe a qué me refiero.

-¿Acaso no te gustó?- Dice seductoramente contra mi oído, logrando que mi pene se entusiasme un poco de nuevo y más porque sigue dentro de ella. Me apresuro a salir con la esperanza de que mi erección disminuya.

-Me encantó. – Confieso derrotado y la escucho soltar una risa traviesa. – Pero no se trata de eso, ni siquiera usamos protección. – He de admitir que me siento un poco avergonzado por eso.

-No tienes que preocuparte. – Me acaricia la cara y me hace sentir como un niño pequeño. -Tengo el implante.- Dice y se señala el brazo.

-¿Qué implante?- Cuestiono sin tener ni la más mínima idea de a que se refiere.

-El implante anticonceptivo. ¿No tienen de eso aquí? – Me pregunta extrañada y toma mi mano para que toque su brazo, bajo su piel puedo sentir un tubo diminuto. – Esta cosa evita que quede embarazada.-

-¿Te duele?- Pregunto pero después de escuchar su risa me siento tonto.

-Solamente cuando me lo pusieron.- Jamás había escuchado hablar de algo así, ni siquiera en las clases de educación sexual.

-¿Entonces, puedes tener todo el sexo que quieras sin temor?- Vuelvo a besarla tratando de seducirla y la siento sonreír entre besos.

-Sí, y puedes terminar dentro todo lo que quieras. – Susurra y me muerde los labios, correspondiendo a mi juego de seducción.

-Creo que no saldremos de la habitación en todo el fin de semana.- La tomo de los muslos y logro cargarla con facilidad, ella rodea mi cadera con sus piernas para no caer. Camino en dirección a las escaleras, trato de concentrarme en subirlas mientras Asuna me besa y me muerde el cuello riendo con diversión cada vez que pierdo un poco el equilibrio.

-Me gustan tus brazos- Los acaricia con delicadeza y restriega de forma sutil sus pechos contra el mío.

-No hagas eso.- Sus acciones me incitan demasiado, quiero acariciarla y besarla de la misma forma que ella lo hace conmigo. Llego al final de las escaleras y camino hasta mi habitación, una vez dentro nos besamos con desesperación, ni siquiera nos molestamos en cerrar la puerta. Todo el trayecto sentimos nuestros cuerpos rozarse, por esa razón ahora no perdemos el tiempo, ya nos encontramos excitados. La deposito en el suelo y me doy cuenta que soy como 10 centímetros más alto que ella, tiene que pararse de puntas para alcanzar mis labios y yo me inclino un poco. Aunque a simple vista no lo parezca las formas de Asuna son diminutas a comparación de las mías, mis manos se sienten inmensas sobre su cintura. No lo había notado, pero se siente tan pequeña entre mis brazos.

Nuestras manos recorren el cuerpo del otro, exploran todo a su paso, tratan de memorizar y conocer todo el territorio que tienen la dicha de tocar. He encontrado una parte de ella que me encanta, su redondo y voluptuoso trasero, así que lo acaricio sin delicadeza. Comienzo a caminar con la intención de llegar a la cama pero chocamos contra mi escritorio, y ya que estamos aquí lo haremos aquí. Con una mano hago a un lado todo lo que está sobre la superficie y siento a Asuna en la orilla.

Sin hacer más preguntas presiono mi miembro contra su vagina entrando rápidamente, esta vez no tengo delicadeza, solamente quiero cogérmela con fuerza, escucharla gritar y yo hacer lo mismo. Su interior es tan estrecho y en esa posición siento que me presiona con más intensidad.

Está de más decir que la tomé muchas veces ese día, la sentí mía y yo me entregué a ella. ¿Se puede estar enamorado tan rápido?

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¡Hola! Les deseo un feliz martes a todos, y si leen esto otro día de la semana pues también les deseo un buen día. Me gusta escribir capítulos largos pero después me arrepiento cuando tengo que revisarlos y corregirlos, me castigo con mucho trabajo T.T

Si les gusta el capítulo, o si no les gusta también, ya saben que pueden hacérmelo saber por medio de un mensaje privado o un review. Nos leemos pronto.