Capítulo 5

SASUSAKU


"Lucifer", tendría que haberlo llamado la madre. Ésa fue la conclusión de Sakura al finalizar el día. " También 'Bárbaro' o 'Salvaje' serían nombres adecuados", pensó. "Parece tener el diablo dentro, dando órdenes con tanta altivez. Carece por completo de modales civilizados."

¿Acaso no sabía que no era cortés pelear el día de la boda?

Reconocía sin embargo que Sasuke había comenzado de manera agradable. En cuanto el padre Mitokado dio la bendición final y terminó la misa, el flamante marido hizo girar a la esposa para que lo enfrentase. Le habían entregado un bello manto multicolor, igual al que él mismo llevaba y Sasuke plegó la tela larga y angosta sobre el hombro derecho de Sakura. Un segundo manto de colores diferentes fue acomodado sobre el hombro izquierdo de la joven. El marido le explicó que el primero era el de los Uchiha y el segundo, de los Ōtsutsuki. Aguardó a que asintiera en señal de haber comprendido y luego la besó con tal vehemencia que le quitó el aliento.

Sakura esperó que le diese un breve picotón pero el beso fue arrasador. La boca de Sasuke era dura y cálida. El ardor de ese beso apasionado hizo que las mejillas de Sakura se tiñeran de rosado. Pensó en apartarse pero no lo hizo. El beso la sacudió tanto que no le quedaron fuerzas ni deseos de hacerlo.

Las risas que se oyeron tras ellos por fin llamaron la atención de Sasuke. Interrumpió el beso con brusquedad, compuso una expresión satisfecha al ver el asombro pintado en el rostro de la novia y luego concentró la atención en el sacerdote.

Sakura no se recuperó tan rápido y se aflojó, apoyándose sobre el costado del esposo.

El padre Mitokado rodeó el altar y se acercó a felicitarlo.

—Bueno, fue una hermosa ceremonia nupcial —afirmó.

Yoshio se abrió paso hacia la flamante pareja; Sakura sintió que le tironeaba de la falda y le sonrió.

El sacerdote llamó la atención de Sakura con una carcajada.

—Por un momento, creí que no acabaríamos nunca.

Tanto el esposo como el clérigo miraron a Sakura y la joven les sonrió.

—Yo nunca lo dudé —afirmó—. Cuando tomo una decisión, la cumplo.

Ninguno de los dos hombres pareció creerle. El sacerdote apartó a Yoshio de las faldas de Sakura y lo hizo colocarse a la izquierda del padre.

—¿Por qué no comenzamos con la fila para los saludos? —sugirió—. La gente del clan querrá ofrecerles sus buenos deseos.

Sasuke siguió mirando fijamente a la novia como si quisiera decirle algo y no hallara las palabras.

—Sasuke Gabriel, quieres decirme algo?

—No me llames así: ese nombre no me gusta.

—Pero es un bello nombre.

El hombre refunfuñó y Sakura trató de pasar por alto esa exclamación incivilizada.

—Tendrías que estar orgulloso de llevar unos nombres tan grandiosos.

Sasuke volvió a quejarse y Sakura desistió.

—¿Cómo debería llamarte? —le preguntó, tratando de ser complaciente.

—Laird —propuso el esposo.

Parecía hablar en serio pero Sakura no pensaba aceptar esa propuesta. Era ridículo que los esposos emplearan nombres tan formales entre sí. Sakura resolvió usar la diplomacia pues comprendió que en ese momento no era conveniente desafiarlo.

—¿Y cuando estemos solos? —preguntó—. En ese caso, ¿puedo llamarte Sasuke o Gabriel?

—No.

—¿Y entonces, cuándo...?

—Si debes dirigirte a mí, llámame... llámame Uchiha. Sí, eso estará bien.

—¿Si debo dirigirme a ti? ¿Tienes idea de lo arrogante que pareces?

Sasuke se encogió de hombros.

—No, pero está bien que digas que soy arrogante.

—No, no está bien.

Sasuke no quiso seguir discutiendo.

—Tuviste razón en incluir al niño.

A Sakura le llevó unos momentos comprender que estaba agradeciéndole su acción pues le había hablando en tono gruñón y además seguía reaccionando a la absurda propuesta de llamarlo Uchiha.

No supo cómo responder. Asintió y dijo:

—Tendría que haber recibido un buen baño antes de la ceremonia.

Uchiha intentó ocultar la sonrisa. En realidad, no tendría que permitirle que lo regañara en público de esa forma pero, a decir verdad, estaba tan contento al comprobar que tenía cierto carácter que no la reprendió.

—La próxima vez, me ocuparé de que se bañe.

De inmediato, la joven comprendió la ironía y no le pasó por alto la insinuación de que Sasuke podría volver a casarse.

—Te agrada quedarte con la última palabra, ¿no es cierto, laird?

—Así es —admitió el hombre con una sonrisa.

El guerrero notó que Yoshio contemplaba embelesado a Sakura. El sacerdote lo había colocado fuera de la línea de recepción, pero el niño ya se había acercado otra vez a Sakura.

La novia se había ganado al niño en pocos minutos. Uchiha se preguntó cuánto tiempo le llevaría a él ganarse el cariño de la joven. ¡Qué idea tan tonta! ¿Qué le importaba lo que sintiera por él? El matrimonio le había dado la posesión de las tierras y eso era lo único importante.

Los soldados de los dos clanes se acercaron uno a uno para presentarse a Sakura y ofrecer sus felicitaciones al laird. Luego, llegaron las mujeres. Una joven castaña que le presentaron como Izumi, del clan Ōtsutsuki, entregó a Sakura un hermoso ramo de flores púrpuras y blancas. La recién casada agradeció el obsequio y pensó en agregarlo al ramo que aferraba en la otra mano. Al ver el desastre que había hecho con el ramo que le había entregado el padre Mitokado rompió a reír. De las flores ya no quedaba nada. ¿Había llevado un ramillete de tallos durante la ceremonia?

Para cuando finalizaron las presentaciones, Yoshio estaba inquieto. Las mujeres iban de aquí para allá con fuentes de comida que colocaban sobre las mesas junto a las cuales ya estaban reuniéndose los hombres. Sasuke Gabriel estaba concentrado en una conversación con dos soldados Ōtsutsuki.

Sakura se volvió hacia Itachi y Shisui.

—Hay seis caballos en el prado junto al arroyo—comenzó.

—Uno será mío —exclamó Yoshio.

Uchiha oyó el comentario del hijo y se volvió a mirar a Sakura con sonrisa maliciosa.

—¡De modo que es así como lo conquistaste!

Sakura lo ignoró y siguió hablando con los soldados.

—Son mi regalo de bodas a mi esposo... y a Yoshio —se apresuró a agregar—. Por favor, ¿podrían enviar a alguien a buscarlos?

Los soldados se inclinaron y fueron a cumplir el pedido. Yoshio tironeó del borde de la túnica de Sakura.

—¿Papá te dio algún regalo?

El padre respondió a la pregunta.

—No, Yoshio.

Pero Sakura lo contradijo:

—Sí, lo hizo.

—¿Qué te obsequió? —preguntó el pequeño.

Uchiha también sintió curiosidad por oír la respuesta. Sakura le sonreía a Yoshio.

—Me dio un hijo.

Esa afirmación dejó atónito a Uchiha, pero el niño no entendió bien lo que quería decir.

—Pero yo soy hijo de él —afirmó el pequeño señalándose el pecho para estar seguro de que Sakura lo comprendiera.

—Sí —respondió Sakura.

El niño sonrió.

—¿Un hijo es mejor que seis caballos?

—Por supuesto.

—¿Mejor aun que ciento?

—Sí.

Yoshio se convenció de su propia importancia y el pecho se le hinchó de orgullo.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó Sakura. El niño abrió la boca para responder y luego volvió a cerrarla. La expresión confundida del pequeño demostró a Sakura que no lo sabía y se volvió hacia el esposo en procura de una respuesta. Sasuke se encogió de hombros, era evidente que él tampoco lo sabía.

Sakura quedó estupefacta:

—¿No sabes la edad de tu hijo?

—Es pequeño —respondió Uchiha. Yoshio se apresuró a reafirmar lo que decía el padre.

—Soy pequeño —repitió—. Papá, ¿puedo ir a ver los caballos?

Sasuke asintió.

El niño soltó la falda de Sakura y fue en busca de Itachi y de Shisui.

El padre Mitokado había presenciado la escena entre el chico y Sakura.

—El muchacho está fascinado con ella, ¿no? —comentó al laird mientras veía a Yoshio cruzar el patio corriendo.

—Lo sobornó —dijo Sasuke marcando las palabras.

—Sí, así es —admitió Sakura.

—No es tan fácil conquistar a los hombres —señaló el esposo.

—Laird, no me interesa conquistar a ningún hombre. Por favor, discúlpame. Quisiera hablar con mi hermano.

Era una excusa perfecta, pero Sasuke la estropeó aferrando a Sakura de la mano.

Naruto se había acercado a la hermana. Por supuesto, estaba rodeado de mujeres pues era guapo y encantador y Sakura tuvo que esperar unos minutos hasta que el hermano advirtió que lo llamaba y se libró de las admiradoras.

Naruto le habló primero a Uchiha.

—Dentro de uno o dos meses, enviaré algunos hombres aquí para ayudar en la reconstrucción.

Uchiha movió la cabeza.

—No mandarás ningún soldado aquí. Los mataríamos en cuanto posaran un pie en nuestra tierra.

—Uchiha, eres un hombre obstinado.

—¿De cuánto fue la multa que le pagaste al rey?

—¿Qué multa? —preguntó Sakura.

Tanto Naruto como Sasuke pasaron por alto la pregunta. El hermano informó a Uchiha de la suma y Sasuke afirmó que se la devolvería.

Por fin, Sakura entendió y dijo al hermano:

—¿Quiere decir que nuestro rey te hizo pagar una multa? ¿Por qué, Naruto?

—Porque nosotros elegimos a tu esposo, Sakura. Acordamos... un precio...

—¿Y si yo aceptaba casarme con el elegido por el rey? —lo aguijoneó Sakura.

—¿Wagarashi? —preguntó Naruto.

La joven asintió.

—En ese caso, no habría habido necesidad de pagar una multa, claro.

—Me mentiste. Me dijiste que no tenías suficientes monedas para prestarme con que pagarle a John para que yo pudiese permanecer libre un año más.

Naruto exhaló un suspiro.

—En efecto, te mentí —confesó—. Tú intentabas postergar lo inevitable y yo estaba preocupado por tu seguridad. ¡Maldición, estabas prisionera en Londres! Yo no podía estar seguro de que estuvieses a salvo mucho tiempo más y también me afligía la posibilidad de que John le diese las tierras de los Ōtsutsuki a otro.

Sakura comprendió que tenía razón, y también que la quería y sólo pensaba en su seguridad.

—Te perdono el engaño, Naruto.

—Vete a casa, barón, y no vuelvas. Ya cumpliste tu deber y ahora Sakura queda bajo mi responsabilidad.

Sakura quedó estupefacta ante la rudeza del esposo.

—¿Ya? —exclamó—. ¿Quieres que se vaya ahora mismo?

—Ahora —repitió el guerrero.

—Mi hermano...

—No es tu hermano.

El comportamiento de Sasuke la indignó tanto que sintió deseos de gritar. Pero en ese momento el esposo no le prestaba ninguna atención a ella sino a Naruto.

—Tendría que haberlo adivinado —dijo—. Vosotros no parecéis hermanos, y cuando Sakura le dijo al sacerdote su nombre completo, comprendí que no estáis emparentados. Tus sentimientos hacia ella...

Naruto no lo dejó continuar.

—Eres muy astuto —lo interrumpió—. Sakura no tiene la menor idea. Deja las cosas como están.

—Laird...

—Déjanos, Sakura. Esta discusión no te incumbe.

El tono de Sasuke le indicó que no debía contradecirlo. Sakura comenzó a estrujar los pétalos del ramo de flores frescas mientras contemplaba las expresiones sombrías de los dos hombres.

Sakura no tuvo que decidir si debía irse o quedarse pues el padre Mitokado había oído lo suficiente para saber que estaba gestándose una pelea. Con fingido entusiasmo, tomó a Sakura del brazo y dijo:

—Si no pruebas los platos especiales, herirás los sentimientos de las mujeres que los prepararon. Ven. No se quedarán tranquilas hasta que la nueva señora les dé una alabanza. ¿Recuerdas cómo se dice "gracias" en celta?

El sacerdote la llevó a medias arrastrándola, a medias empujándola para alejarla de los dos hombres. Sakura siguió mirando sobre el hombro para ver qué sucedía. Naruto parecía furioso y Uchiha también. Vio que el que más hablaba era su flamante esposo. Naruto lanzó una mirada en su dirección, advirtió que Sakura lo observaba y le dijo algo a Uchiha. El marido asintió y los dos hombres se volvieron y desaparecieron cuesta abajo.

No volvió a ver a ninguno de los dos hasta que el sol comenzó a desvanecerse en el cielo. Cuando divisó al marido y al hermano que subían la colina, soltó un suspiro de alivio. Tras ellos, el cielo estaba estriado de los rayos anaranjados del poniente. Las siluetas oscuras, recortadas a contraluz a la distancia, parecían místicas. Se diría que brotaban de la tierra misma, como invencibles guerreros divinos moviéndose con gracia sin par.

Eran los guerreros más perfectos que hubiese visto y no cabía duda de que el arcángel Gabriel debía de estar sonriéndoles a los dos. Después de todo, estarían hechos a su imagen.

Sakura sonrió ante esos pensamientos tan fantasiosos. Luego los observó bien y dejó escapar una exclamación horrorizada. A Naruto le sangraba la nariz y tenía el ojo derecho casi cerrado por la hinchazón. Uchiha no se veía en mejores condiciones. Le manaba sangre de un corte en la parte alta de la frente y de otro junto a la boca.

No supo a quién gritarle primero. Por instinto, pensó en correr hacia Naruto para regañarlo mientras calibraba la gravedad de las heridas pero, para el momento en que se alzó el borde de la falda y comenzó a correr, comprendió que debía acudir primero a Sasuke. Era su esposo y tenía que estar en el centro de sus pensamientos. Por otra parte, si lograba calmarlo quizás estuviese más dispuesto a escuchar razones y a permitir que el hermano se quedara unos días.

—Habéis estado peleando —gritó, al llegar junto al esposo.

Sasuke no creyó necesario responder: era obvio que habían estado peleando y no le agradaba demasiado la cólera que percibía en la voz de Sakura.

Sakura sacó el pañuelo de hilo que llevaba metido en la manga y se puso de puntillas para enjugar la sangre de la herida y ver cuan profunda era. Le apartó con delicadeza el cabello.

Sasuke echó la cabeza hacia atrás. No estaba habituado a que nadie lo atendiese y no sabía cómo reaccionar.

—Quédate quieto, milord —le ordenó—. No te haré daño.

Uchiha se quedó quieto y dejó que lo curase. "¡Maldición! —pensó—, esta mujer me agrada, pero no porque parece preocupada por mí sino porque corrió a atenderme primero a mí."

—¿Resolvisteis el conflicto que os molestaba? —preguntó Sakura.

—Yo lo resolví —respondió Uchiha con convicción.

Sakura miró al hermano.

—¿Y tú, Naruto?

—Sí—respondió en tono tan irritado como el del esposo de Sakura.

La joven se dirigió otra vez al esposo.

—¿Por qué provocaste a Naruto? Sabes que es mi hermano —agregó con gesto afirmativo—. Mis padres se hicieron cargo de él cuando tenía ocho años. Él estaba cuando yo nací y lo llamé mi hermano desde el momento en que comencé a hablar. Le debes una disculpa, esposo.

Uchiha no hizo caso de la sugerencia y le aferró la muñeca para que dejase de limpiarle la herida; luego se dirigió a Naruto.

—Despídete ahora —le ordenó—. No volverás a verla.

—¡No! —gritó Sakura. Se soltó del marido y corrió hacia el hermano arrojándose en sus brazos.

—No me dijiste la verdad acerca de él —murmuró—. No es un hombre gentil: es duro y cruel. No soporto la idea de no volver a verte. Yo te quiero. Me protegiste cuando nadie lo hacía. Creíste en mí. Por favor, Naruto, llévame a casa contigo. No quiero quedarme aquí.

—Cálmate, Sakura. Todo irá bien. Uchiha tiene buenos motivos para querer que mis hombres y yo nos marchemos de aquí. Aprende a confiar en él.

Mientras hablaba, Naruto sostuvo la mirada de Uchiha.

—¿Por qué no quieres que regreses?

Naruto movió la cabeza y su silencio demostró a Sakura que no pensaba explicárselo.

—¿Qué mensaje quieres que le transmita a nuestra madre? La veré el mes que viene.

—Regresaré a casa contigo.

La sonrisa del hermano estaba colmada de ternura.

—Ahora estás casada: éste es tu hogar. Tienes que quedarte con tu esposo, Sakura.

Sakura no lo dejaba irse. Naruto se inclinó, la besó en la frente y luego le apartó las manos y la empujó con suavidad hacia el esposo.

—Uchiha, trátala bien pues de lo contrario, por todo lo que es sagrado, volveré y te mataré.

—Estarás en tu derecho —respondió Uchiha. Pasó junto a Sakura y dio un manotón sobre la mano de Naruto—. Tú y yo hemos llegado a un acuerdo. Mi palabra es mi contrato, barón.

—Y mi palabra es el mío, laird.

Los dos hombres asintieron. Sakura permaneció ahí con las lágrimas corriéndole por el rostro mientras veía alejarse al hermano. Naruto montó en su potro, cabalgó colina abajo y desapareció de la vista sin mirar atrás.

Sakura se dio la vuelta y vio que el esposo también se había ido. De pronto, se encontró sola. Permaneció en el límite del claro sintiéndose tan lúgubre y desolada como el lugar que la rodeaba. No se movió hasta que el sol desapareció del cielo. Al fin, el viento helado la sacó de su ensimismamiento. Tembló y se frotó los brazos mientras regresaba lentamente al patio. Sakura no vio a un solo escocés hasta que llegó al centro del claro. Entonces vio al esposo. Estaba apoyado contra la entrada del alcázar, observándola.

Sakura se secó las lágrimas, se irguió y avanzó. Ascendió los escalones con una sola intención. Aunque fuese un gesto infantil, estaba decidida a decirle cuánto le desagradaba.

No tuvo la menor oportunidad. Uchiha esperó a que estuviese cerca y la rodeó con los brazos. La aferró contra su pecho, apoyó la barbilla sobre la cabeza de Sakura y la abrazó.

¡En verdad, intentaba consolarla! Ese gesto confundió a Sakura. A fin de cuentas, él había sido el causante de su desazón y ahora trataba de calmarla...

Pese a todo, resultó. Sakura comprendió que estaba demasiado agotada después de un día tan largo y difícil y sin duda ése fue el motivo de que no tratara de apartarlo. Sasuke le brindaba una maravillosa calidez; "necesito este calor —pensó la joven—, para quitarme el frío. Le diré lo que pienso, pero primero me entibiaré."

Sasuke la sostuvo largo rato mientras aguardaba, paciente, que recobrara la compostura.

Por fin, Sakura se apartó.

—Milord, la rudeza con que trataste a mi hermano me hizo muy desdichada.

Esperaba una disculpa pero como pasaba el tiempo comprendió que no la recibiría.

—Ahora quisiera ir a acostarme —dijo—. Tengo mucho sueño. Por favor, ¿me acompañas a mi cabaña? En esta oscuridad no la encontraría.

—La cabaña en la que dormiste anoche pertenece a uno de los Uchiha. No volverás a dormir ahí.

—¿Y dónde dormiré?

—Dentro —respondió—. En el piso superior hay dos recámaras. Los Ōtsutsuki lograron detener el fuego antes de que llegara a la escalera.

Sasuke abrió la puerta y le hizo ademán de que entrara, pero Sakura no se movió.

—Milord, ¿puedo preguntarte algo?

Aguardó que asintiera y luego dijo:

—¿Algún día me explicarás por qué echaste a mi hermano y le ordenaste que no regresara jamás?

—A su debido tiempo lo entenderás —respondió el hombre—. Pero si no es así, tendré mucho gusto en explicártelo.

—Gracias.

—Sakura, soy capaz de mostrarme complaciente.

Sakura no lanzó un resoplido desdeñoso porque no sería propio de una dama pero la expresión de sus ojos indicó que no le creía.

—Esposa mía, liberé a tu hermano de una carga.

—¿Yo era su carga?

Sasuke movió la cabeza en señal de negativa.

—No, tú no —respondió—. Ahora, entra.

La joven prefirió obedecer. La mujer que le había entregado el ramillete de flores frescas aguardaba de pie junto a la escalera.

—Sakura, ésta es...

La recién casada no lo dejó terminar.

—Izumi —dijo—. Gracias otra vez por esas bellas flores. Fue muy considerado de tu parte.

—Milady, le doy la bienvenida —respondió la mujer. Tenía una voz suave y cantarina y una agradable sonrisa. Los cabellos eran castaños como las hojas de otoño y como éste, atraían las miradas. Sakura supuso que tenía una edad similar a la de ella misma.

—¿Le resultó difícil abandonar a su familia y a sus amigos para venir aquí? —preguntó Izumi.

—No tenía amigos íntimos —respondió Sakura.

—¿Y con respecto a la servidumbre? Por cierto, nuestro laird debe de haberle dado permiso para traer a su doncella.

Sakura no supo qué responder. Casi no conocía a los criados pues Aoi los cambiaba todos los meses. Al principio, Sakura creyó que se debía a que era demasiado exigente pero luego comprendió que no era así. Quería mantenerla aislada, que no tuviera en quién confiar, que dependiese por entero de él. Después de la muerte de Aoi la llevaron a Londres y no trabó relación con nadie mientras estuvo prisionera en la corte del rey John.

—Yo no habría permitido que hubiese aquí otra mujer inglesa —afirmó Uchiha al ver que Sakura vacilaba en responder.

—Prefirieron quedarse en Inglaterra —dijo al fin Sakura.

Izumi asintió, se volvió para subir las escaleras y Sakura la siguió.

—¿Cree que será feliz aquí? —preguntó la muchacha.

—¡Oh, sí! —respondió Sakura, deseando estar en lo cierto—. Aquí estaré a salvo.

Uchiha frunció el entrecejo. Sakura no tenía idea de lo mucho que ese comentario revelaba de su propio pasado. El hombre se quedó al pie de las escaleras, contemplando a la novia.

Izumi, en cambio, no era tan perspicaz como el laird.

—Yo le pregunté si sería feliz —dijo en tono risueño—. Claro que estará a salvo: nuestro laird la protegerá.

Sakura pensó: "Yo puedo cuidarme", pero no se lo dijo a Izumi porque no quería que pensara que estaba agradecida de contar con la protección del laird. Giró hacia el esposo.

—Buenas noches, milord.

—Buenas noches, Sakura.

Sakura siguió a Izumi hasta el tope de las escaleras. El descansillo estaba en parte bloqueado a la izquierda por una montaña de canastos de madera, para evitar que alguien se cayera sobre el salón o el pasillo de abajo. Del lado opuesto había un corredor angosto. Iluminaban el camino unas velas colocadas en candelabros de bronce fijos a las paredes. Izumi comenzó a explicarle a Sakura los detalles de la casa y le rogó que le hiciera cualquier pregunta que se le ocurriese. Otra mujer, Hana, aguardaba en el interior de la primera habitación con el baño de Sakura preparado. Tenía cabello castaño oscuro y ojos almendrados y también lucía el manto de los Ōtsutsuki. Exhibía una sonrisa tan agradable como la de Izumi.

La recién desposada se serenó un tanto ante esa inmediata aceptación. El baño le pareció maravilloso y les agradeció haber pensado en brindarle semejante placer.

—Nuestro laird ordenó que le preparásemos el baño —le aclaró Hana—. Como anoche un Uchiha le dejó su cama, ahora les tocaba a los Ōtsutsuki hacer algo por usted.

—Es lo justo —agregó Izumi.

Antes de que Sakura pudiese preguntar qué significaba ese comentario, Hana cambió de tema: quería hablar acerca de la boda.

—Estaba usted hermosísima, milady. ¿Usted realizó el bordado del vestido? Es encantador.

—Claro que no lo hizo ella —dijo Izumi—. La doncella...

—Lo hice yo misma —afirmó Sakura.

Siguieron conversando todo el tiempo que duró el baño. Al fin, la desposada les dio las buenas noches a las jóvenes y se dirigió por el pasillo hasta la segunda habitación.

Dentro, estaba tibio y acogedor. Contra la pared exterior había una chimenea, una enorme cama con colgaduras de los colores de Uchiha contra la pared opuesta y una ventana que daba al prado junto al arroyo. Una gruesa manta de piel cubría la ventana cerrando el paso al frío viento nocturno y el fuego que ardía en el hogar hacía el cuarto aun más acogedor.

La cama pareció tragársela y Sakura imaginó que bajo las mantas podrían dormir cuatro personas una junto a otra, sin tocarse. La única incomodidad era que sentía frío en los pies. Pensó en salir de la cama para buscar un par de medias de lana, pero luego le pareció demasiado esfuerzo y desistió. "Tendría que haberme deshecho la trenza", pensó lanzando un bostezo. "Por la mañana mi cabello estará lleno de nudos, pero estoy demasiado fatigada." Cerró los ojos, dijo sus oraciones y se dispuso a dormir.

La puerta se abrió en el instante mismo en que comenzaba a adormilarse. La mente de Sakura no registró lo que sucedía hasta que sintió que un costado de la cama se hundía. Abrió lentamente los ojos: "Está bien —se dijo—. Es Sasuke Gabriel y no un intruso sentado al costado de la cama".

Sasuke se quitó las botas y Sakura trató de no alarmarse.

—¿Qué haces, milord? —dijo en un murmullo adormilado.

Sasuke le contestó por encima del hombro:

—Me desvisto para acostarme.

Sakura cerró los ojos otra vez y el esposo pensó que se había dormido. Uchiha se quedó contemplándola largo rato. Dormía de costado, de cara hacia él. Algunos rizos, rosados como el amanecer, se desparramaban sobre los hombros como un manto. Le pareció exquisita, frágil e inocente. Era mucho más joven de lo que Uchiha había imaginado, y después que él y Naruto resolvieron sus diferencias y el barón, con toda prudencia, decidió obedecer las órdenes, Uchiha le preguntó cuál era la edad exacta de la hermana. Naruto no recordaba la fecha de nacimiento de Sakura pero sí que era casi una niña cuando los padres recibieron la orden del rey John de entregarla en matrimonio al barón favorito del monarca.

De súbito, Sakura se incorporó en la cama.

—¿Aquí? Milord, ¿piensas dormir aquí? —preguntó casi sin aliento.

Sasuke asintió y se preguntó por qué parecería tan aterrada.

Sakura se quedó con la boca abierta, demasiado estupefacta para hablar. Sasuke se puso de pie, desató la correa de cuero que sujetaba el manto y arrojó la correa sobre una silla cercana. El manto cayó al suelo. Estaba completamente desnudo. Sakura cerró con fuerza los ojos.

—¡Sasuke Gab...! —murmuró en un susurro ahogado.

Antes de cerrar los ojos, Sakura alcanzó a echar una mirada a la espalda de Sasuke y eso fue suficiente para hacerle palpitar el corazón. El esposo estaba bronceado por el sol desde el cuello hasta los tobillos: ¿cómo era posible? ¿Acaso se exponía desnudo al sol?

No pensaba preguntárselo. Sintió que apartaba las mantas y la sacudida de la cama cuando Sasuke se tendió junto a ella. El hombre hizo ademán de acercarse.

Tomándose las rodillas, la joven se volvió y lo enfrentó. Vio que el hombre estaba tendido de espaldas y no se había molestado en cubrirse. Entonces, Sakura aferró las mantas y lo tapó hasta la cintura. Sintió que el rostro le ardía de vergüenza.

—Milord, me has engañado. ¡Sí, me engañaste! —casi gritó.

Sasuke no comprendió qué le pasaba: parecía aterrorizada. Tenía los ojos llenos de lágrimas y no se hubiera sorprendido de oírla sollozar.

—¿De qué modo te engañé? —Se esforzó en mantener la voz baja y serena. Enlazó las manos detrás de la cabeza fingiendo que tenía todo el tiempo del mundo para esperar la respuesta.

La actitud despreocupada de Sasuke tuvo la virtud de serenar a la joven. Hizo una inspiración y dijo:

—Mi hermano no te lo contó. Me dijo que te lo había dicho... ¡Oh, Dios, cuánto lo lamento! Tendría que haberme asegurado de que lo sabías. Cuando descubrí que ya tenías un hijo, pensé que conocías mi problema y que no te importaba. Ya tenías un heredero. Tú...

Sasuke le cubrió la boca con la mano y vio que las lágrimas le rodaban por las mejillas. Le dijo en tono suave y tranquilizador:

—Tu hermano es un hombre de honor.

Sakura asintió. Sasuke le quitó la mano de la boca y la atrajo con suavidad hacia él.

—Sí, Naruto es un hombre honorable —murmuró la joven.

Apoyó el costado de la cara sobre el hombro del esposo y Sasuke sintió que las lágrimas de la mujer le goteaban sobre la piel.

—Naruto no me engañaría.

—No pensé que lo haría. —La voz de Sakura sonaba acongojada.

Pasó largo rato mientras Sasuke esperaba que Sakura le confesara lo que la atormentaba.

—Quizás olvidó decírtelo... o creyó que lo había hecho.

—¿Qué es lo que olvidó decirme?

—Que no puedo tener hijos.

Sasuke esperó en vano que continuara y entonces preguntó:

—¿Y?

Sakura contenía el aliento esperando la reacción del esposo: creyó que se pondría furioso, aunque en verdad no lo parecía. Le acariciaba el brazo de manera distraída. Un hombre enfurecido no acariciaría sino que golpearía. Sakura supuso que no había comprendido.

—Soy estéril —murmuró—. Creí que Naruto te lo había dicho. Si deseas anular el matrimonio estoy segura de que el padre Mitokado podrá acceder a la petición.

—Naruto me lo dijo, Sakura.

Sakura se incorporó otra vez.

—¿Te lo dijo? —Adoptó una expresión perpleja—. ¿Y por qué estás aquí?

—Porque soy tu esposo y es nuestra noche de bodas. Es costumbre compartir la cama.

—¿Quiere decir que deseas dormir aquí esta noche?

—¡Por todos los diablos, seguro que sí! —respondió Sasuke.

Sakura lo miró incrédula.

—Y todas las demás noches —anunció Sasuke.

—¿Porqué?

—Porque soy tu esposo.

Sasuke la hizo volver a acostarse, se puso de lado y se inclinó hacia la muchacha. Le apartó con delicadeza el cabello del costado de la cara.

El gesto fue suave y tranquilizador.

—Milord, ¿estás aquí sólo para dormir?

—No.

—Eso significa que deseas...

—Sí —dijo el hombre, irritado por la expresión horrorizada de la mujer.

—¿Porqué?

En verdad, no comprendía. Esa observación mitigó el orgullo de Sasuke pero no la irritación que le provocaba.

—Sakura, ¿acaso no estuviste casada durante tres años?

Sakura trató de no mirarlo a los ojos pero era una empresa difícil. Eran unos ojos muy bellos del más puro tono de negro. También tenía pómulos altos y nariz recta. Era un demonio de apuesto, y aun contra su voluntad, el corazón de Sakura reaccionó a la proximidad del esposo. Despedía un aroma limpio y viril. Tenía el cabello húmedo pues se había bañado antes de acostarse.

Sakura no tendría que haber pensado que eso era agradable pero no pudo evitarlo. Tendría que disciplinar sus rebeldes pensamientos. No tendría que importarle que fuese apuesto ni que oliera bien.

—¿Me responderás antes del amanecer?

Sakura recordó la pregunta:

—Estuve casada tres años.

—Entonces, ¿cómo puedes preguntarme si quiero dormir contigo?

La confusión de Sasuke no tenía sentido para Sakura.

—¿Para qué? No puedo darte hijos.

—Tú hablaste de eso —replicó Sasuke—. Existe otro motivo por el que deseo acostarme contigo.

—¿Qué otro motivo? —preguntó Sakura, suspicaz.

—En el acto marital hay placer. ¿Acaso nunca lo experimentaste?

—No sé nada de placer, milord, pero estoy muy familiarizada con la decepción.

—¿Crees que yo me decepcionaré, o que te ocurrirá a ti?

—Ambas cosas —dijo la joven—. Y luego te enfadarás. En realidad, sería mejor que me dejaras sola.

Sasuke no pensaba aceptar la sugerencia. Sakura se comportaba como si lo hubiese imaginado todo y el hombre no necesitaba preguntarle de dónde había sacado esas ideas. Le resultó evidente que había sido muy maltratada por el primer marido. ¡Era tan inocente y tan vulnerable...! "¡Es una pena que Aoi esté muerto! —pensó Uchiha—. Me agradaría matarlo con mis propias manos."

No obstante, no podía cambiar el pasado. Sólo podía concentrarse en el presente y en el futuro de los dos. Se inclinó y besó a Sakura en la frente y lo alegró que no se crispara ni tratara de volverse.

—Esta es la primera noche para tí...

Iba a explicarle que sería la primera vez que estaban juntos y que sería un nuevo comienzo para ambos, pero Sakura lo interrumpió.

—No soy virgen, milord. El primer año de matrimonio, Aoi se acostó conmigo muchas veces.

Esa afirmación despertó la curiosidad de Sasuke y se inclinó para mirarla.

—¿Y después del primer año?

—Acudió a otras mujeres: estaba desilusionado de mí. ¿No hay otras mujeres con las que desees estar?

Mencionó la posibilidad con aparente entusiasmo y el hombre no supo si sentirse ofendido o divertido. Pocas mujeres deseaban compartir a sus esposos pero Sakura parecía ansiosa de salir a conseguir amantes para él. ¡Demonios, hasta parecía dispuesta a ofrecer su sitio en la cama!

—No quiero a ninguna otra mujer.

—¿Por qué no?

Tuvo la osadía de mostrarse enfurruñada. Sasuke no podía creer que de verdad sostenían esta conversación tan absurda. Sonrió y sacudió la cabeza.

—Te quiero a ti —insistió.

Sakura suspiró.

—Es tu derecho.

—Así es.

Sasuke apartó las mantas y Sakura volvió a ponerlas en su lugar.

—Espera un momento, por favor. Antes de que comiences, quisiera hacerte una pregunta muy importante.

Sasuke frunció el entrecejo. Sakura posó la mirada sobre el mentón del esposo para que él no viese lo asustada que estaba mientras esperaba que aceptara o negase su petición.

—¿Cuál es tu pregunta?

—Quisiera saber qué pasará cuando te decepciones. —Se atrevió a echar un rápido vistazo a los ojos de Sasuke y agregó de prisa—: Quisiera estar preparada.

—No me decepcionaré.

Sakura no pareció creerle.

—¿Y si te sucede? —insistió.

Sasuke conservó la paciencia.

—En ese caso, el único culpable seré yo.

La joven lo contempló largo rato antes de aflojar el crispado apretón con que sostenía las mantas. Sasuke la vio juntar las manos sobre el estómago y cerrar los ojos con expresión resignada, cosa que lo hizo menear la cabeza de frustración.

"Es inevitable —pensó el hombre—. Me saldré con la mía y ella es lo bastante perspicaz para saberlo."

Sakura no estaba demasiado asustada. Recordaba el dolor que producía el acto de apareamiento, y aunque desde luego no estaba ansiosa por sufrir esa desagradable incomodidad, sabía que podría soportarla. No la mataría. Había pasado antes por esa prueba y podía volver a hacerlo. Sobreviviría.

—Muy bien, milord, estoy lista.

¡Dios, qué mujer más exasperante!

—No, Sakura —repuso Sasuke en un murmullo bajo y ronco. —Tomó la cinta que sujetaba el camisón de la mujer y la soltó—. Aún no estás lista, pero lo estarás. Tengo el deber de lograr que me desees, y no te tomaré hasta que así suceda.

Sakura no mostró la menor reacción a esa promesa. A decir verdad, parecía que acabaran de colocarla en una caja de madera. Uchiha pensó que lo único que faltaba era una flor entre los dedos rígidos. Así estaría seguro de que estaba muerta y que había que enterrarla.

Comprendió que tendría que cambiar el modo de abordarla. La novia exhibía una alarmante palidez y estaba tensa como la cuerda de un arco, en guardia contra él. Eso no lo inquietaba demasiado pues comprendía las razones, aunque la misma Sakura no las comprendiese. Sasuke tendría que esperar hasta que Sakura se serenase un poco y sólo entonces iniciaría el delicado asedio. La estrategia del guerrero no era muy compleja: la seduciría. Y Sakura no sabría qué sucedía hasta que fuese tarde. Las defensas caerían y cuando se encendiera la pasión no quedaría lugar para el miedo en la mente de Sakura.

Sasuke ya había comprendido que la esposa era una dama de buen corazón. La expresión con que le habló a su hijo le indicó que era una mujer compasiva y cariñosa. Y aunque no sabía si tenía una naturaleza apasionada, estaba dispuesto a descubrirlo antes de que cualquiera de los dos se levantase de esa cama.

Uchiha se inclinó hacia la joven, le besó la frente, rodó hasta quedar de espaldas y cerró los ojos.

Pasaron varios minutos hasta que Sakura comprendió que el esposo en verdad se dormiría y se volvió para mirarlo. ¿Por qué le había otorgado esa tregua?

—Milord, ¿acaso ya te decepcioné?

—No.

Siguió contemplándolo, esperando otra explicación pero Sasuke no añadió otra palabra que apaciguara la curiosidad de Sakura.

Al no comprender el motivo de la actitud del esposo, Sakura se afligió más aún.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó.

—Que te quites el camisón.

—¿Y luego?

—Duérmete. Esta noche no te tocaré.

Como Sasuke tenía los ojos cerrados, no percibió el cambio en el semblante de la joven. Sin embargo, la oyó suspirar, supuso que era de alivio y no pudo evitar sentirse irritado. ¡Diablos, antes de que pudiese satisfacer sus deseos, lo esperaba una noche muy larga!

Sakura no encontraba sentido a la orden del esposo. Si pensaba dejarla en paz, ¿qué le importaba si llevaba puesto el camisón o no? "Tal vez sea un modo de salvar las apariencias —pensó—. No pienso discutirle después que me concedió este maravilloso alivio."

Sasuke tenía los ojos cerrados y por lo tanto, Sakura no tendría que preocuparse del pudor. Salió de la cama, se quitó el camisón, lo plegó con cuidado y dio la vuelta hasta el otro lado de la cama para dejarlo sobre una silla. Recogió también el manto de Sasuke que estaba tirado en el suelo, lo plegó y lo dejó sobre el camisón. El aire de la habitación estaba helado y las tablas del suelo le congelaban los pies. Se apresuró a meterse otra vez bajo las mantas antes de que se le helaran los dedos de los pies.

El calor que desprendía el hombre la incitó a acercarse, pero cuidando de no tocarlo. Se volvió de costado dándole la espalda y, con suma lentitud, se acercó poco a poco al esposo.

Le llevó mucho tiempo relajarse. Temía confiar en él, aunque por supuesto era su esposo y merecía que le tuviese confianza hasta que demostrara que no era digno de ella. Naruto confiaba en el laird y, excepto su padre, Sakura no conocía hombre más honorable que el hermano. Por otra parte, Naruto tenía gran perspicacia para juzgar el carácter de las personas. Si no hubiese creído que Sasuke era un hombre bueno y decente no le habría propuesto que se casara con él. Y además, era significativo que Sasuke no la hubiera forzado. En verdad, se mostraba muy tolerante.

El calor del cuerpo de Sasuke irradiaba hacia la espalda de Sakura y le daba una sensación maravillosa. Se acercó un poquito más hasta que la parte trasera de sus muslos rozó los del hombre. Instantes después, estaba dormida.

Sasuke pensó que aunque hubiese cometido innumerables pecados mortales, sin duda ganaría un lugar en el Cielo por la consideración que tenía esa noche hacia su flamante esposa. La ansiedad le hizo brotar un sudor frío de la frente. Se le ocurrió que sería menos doloroso rodar sobre brasas. Estaba convencido de poder soportar los dolores físicos más intensos, pero le resultaba un desafío endiablado estar acostado junto a Sakura con la mente bullendo de ideas lujuriosas. Y Sakura no lo ayudaba demasiado: seguía oprimiendo el trasero contra la ingle de Sasuke. Era la tortura más dulce que jamás hubiese experimentado y tuvo que apretar los dientes para resistir la tentación.

El fuego del hogar se convirtió en rescoldo y ya había pasado la medianoche cuando Sasuke decidió que ya era bastante.

Rodeó la cintura de Sakura con el brazo y se inclinó para frotar la nariz con suavidad sobre el cuello de la muchacha. Se despertó sobresaltada. Se puso rígida unos instantes pero luego apoyó la mano sobre la de Sasuke, que descansaba debajo de sus propios pechos. Trató de apartar la mano pero el hombre no la movió. Sakura estaba aturdida por el sueño y los besos húmedos que Sasuke le daba en el cuello la hacían estremecer de calor... no de frío. Era demasiado agradable para preocuparse. Pero para asegurarse de que Sasuke no pensara que le permitiría tomarse mayores libertades, enlazó los dedos con los de él para que no moviese la mano.

Sasuke advirtió lo que Sakura planeaba pero eso no lo detuvo. Le mordisqueó con suavidad el lóbulo de la oreja, luego lo acarició con la lengua mientras soltaba la mano de la de ella sin brusquedad y comenzaba a acariciar lentamente los costados de los pechos turgentes de Sakura con los nudillos.

Las sensaciones que corrieron por el cuerpo de Sakura fueron placenteras, y también sorprendentes. Cosa extraña: las caricias de Sasuke la hacían desear más y sintió el aliento del esposo tibio y dulce contra su piel. De manera instintiva, intentó apartarse y al mismo tiempo acercarse más. El cuerpo de Sakura contradecía a la mente hasta que percibió la evidencia de la excitación de Sasuke y la inundó el pánico. Se volvió hacia el hombre. Le exigiría que cumpliera su palabra. Le había prometido que esa noche no la tocaría y por cierto no lo habría olvidado.

—Prometiste que esta noche no me tocarías.

La besó en la frente para borrar el ceño.

—Lo recuerdo.

—¿Y entonces...?

La besó en el puente de la nariz. De pronto, Sakura se sintió envuelta en el calor de Sasuke. La aplastó contra la cama cubriéndola con el cuerpo de la cabeza a los pies. Los muslos duros se apoyaban sobre los de Sakura. La virilidad erguida de Sasuke se apretaba de manera íntima contra los suaves rizos que cubrían el centro de su femineidad. La sensación de ese cuerpo recio contra el propio la hizo jadear de temor y de placer.

—¡Sasuke...!

El hombre entrelazó los dedos en el cabello de Sakura y luego le rodeó el rostro con las manos. Se inclinó hacia ella hasta quedar a escasos centímetros de Sakura y posó la mirada en la boca de la mujer.

—Sakura, ya pasó la medianoche: he cumplido mi palabra.

No le dio tiempo para protestas ni temores: la silenció con un beso. La boca recia y cálida se posó sobre la de Sakura. La lengua se deslizó en la boca de la joven para hacerla desistir de cualquier argumento que intentara oponer.

Sasuke quería que Sakura olvidara los temores antes de que se adueñaran de la mente de la joven. Por más que la deseara, sabía que nunca la forzaría. Si esa noche Sakura no podía superar la aprehensión, esperaría y volvería a intentarlo al día siguiente... y al otro... y al otro. Sin duda, a su debido tiempo Sakura aprendería a confiar en él y entonces se libraría de las inhibiciones.

El beso no fue tierno sino carnal y devorador y Sakura no se resistió sino que lo devolvió con vehemencia. Cuando la lengua de Sakura se rozó con timidez contra la de Sasuke, un gemido ahogado de placer se formó en el fondo de la garganta del hombre.

Ese sonido sensual hizo que Sakura se volviera más audaz. Estaba tan sacudida por su propia reacción al despertar de los sentidos que casi no podía pensar. Frotó los pies contra las piernas del hombre en un inquieto movimiento y trató de recuperar el aliento.

El sabor de la boca de Sakura era tan bueno como Sasuke había imaginado. La boca del hombre arrasó la de la mujer una y otra vez sin cejar en el asedio a las defensas de Sakura durante largo rato. Le hizo el amor a la boca de Sakura con la lengua, penetrándola con lentitud, retrocediendo y obligándola a responder con esos movimientos provocativos.

Se había propuesto seducirla y estaba lográndolo. En pocos minutos, Sakura temblaba de deseo. Cuando llevó las manos a los pechos de Sakura y le acarició los pezones con los pulgares, la joven exhaló un ahogado gemido de placer. No podía evitar arquearse contra las manos de Sasuke en el deseo de seguir gozando del dulce tormento.

Tenía que hacer que Sakura le rodeara el cuello con los brazos. Las manos de Sakura se apretaban a los lados hasta que Sasuke separó la boca de la de ella y le dijo lo que quería.

Aun así, Sakura no le obedeció. Sasuke alzó la cabeza para contemplarla y esbozó una sonrisa de pura satisfacción masculina. La expresión de Sakura revelaba que se sentía aturdida por lo que estaba sucediéndole. En los ojos de la joven se percibía la pasión. Sasuke volvió a inclinar la cabeza y la besó otra vez con la boca abierta en un duelo de lenguas, para demostrarle cuánto lo complacía y luego le tomó las manos y las colocó tras su propio cuello.

—Abrázate a mí —le ordenó en un susurro ronco—. Pégate a mí.

Sakura demostró tener el abrazo de un guerrero. Sasuke trazó un lento sendero de besos sobre el pecho de la joven. Rodeó los pechos entre las manos y se inclinó para tomar uno de los pezones en la boca. Las uñas de Sakura se le clavaron en los hombros y Sasuke jadeó de placer.

Hasta el momento, Sasuke estaba en completo control del juego amoroso, pero cuando deslizó la mano sobre el vientre plano y sedoso de la joven y siguió hacia abajo buscando una caricia más íntima y comenzó a tocar el centro del calor de Sakura, perdió la compostura. Los pliegues cubiertos por los suaves rizos eran suaves, húmedos y muy calientes. Frotó con el pulgar el capullo de carne sensible mientras la penetraba lentamente con los dedos.

Sakura gritó asustada pues la intensidad del placer que Sasuke le brindaba era demasiado nuevo y no podía entenderlo ni controlarlo. Trató de quitarle la mano al mismo tiempo que su cuerpo en rebeldía se movía inquieto contra el del esposo.

"¡Dios querido! —pensó—, ¡perdí el control de mi propia mente!"

—Sasuke, ¿qué es lo que me sucede?

Le clavó las uñas en la espalda y giró la cabeza hacia el costado mientras Sasuke continuaba haciéndole el amor, al tiempo que cambiaba de posición para calmarla con otro beso.

—Está bien —murmuró sin aliento—. Te agrada lo que sientes, ¿verdad?

No le dio tiempo a responder, apoderándose otra vez de la boca de Sakura. Movió la lengua dentro de su boca al mismo tiempo que hundía los dedos más profundamente en el apretado estuche de la femineidad de la mujer.

Sakura se perdió. Una pasión como jamás había experimentado se encendió en sus entrañas y se extendió como un fuego salvaje por todo su cuerpo. Se aferró al esposo gimiendo, suplicando con eróticos movimientos que concluyese la exquisita tortura.

Pero Sasuke se contuvo aunque la presión crecía dentro de sí hasta límites intolerables. Lo único que podía pensar era en sumergirse en ese calor subyugante. Luchó contra ese deseo devorador y siguió amándola con la boca y los dedos. Cuando de súbito Sakura se tensó en torno de él, supo que estaba por alcanzar el clímax. Cambió al instante de posición de modo que su pene erguido se apoyara sobre la entrada de la vulva. Se apoyó sobre los codos, la tomó del mentón y le exigió que lo mirara.

—Di mi nombre, Sakura.

—Sasuke Gabriel —murmuró la mujer.

Le dio un beso breve y duro, apartó la boca, la miró en los ojos y pidió:

—Ahora y para siempre. Dilo, esposa. Dilo ahora.

Cada nervio del cuerpo de Sakura suplicaba alivio. Sasuke le aferró los hombros y esperó que pronunciara la promesa.

—¡Ahora y para siempre, Sasuke Gabriel!

Sasuke dejó caer la cabeza sobre el hombro de Sakura y con un vigoroso impulso se hundió en ella por completo. Se sintió rodeado por un fuego líquido. "¡Dios querido —pensó—, ¡es tan apretada y caliente que no sé si podré soportar esta dulce agonía!"

No pudo permanecer inmóvil dentro de ella para darle tiempo a que el cuerpo de Sakura se adaptara a la invasión, y en el fondo de su mente surgió la preocupación de que tal vez estuviese lastimándola, pero fue impotente para contener las ardientes exigencias de su propio cuerpo. Los impulsos de Sasuke fueron recios y apremiantes, sin medida. Sakura alzó las rodillas para recibirlo más hondamente dentro de sí. Lo rodeó, lo oprimió. El hombre gimió de puro placer animal en deliciosa agonía. Entre los brazos del nombre, Sakura se convirtió en una salvaje. Se apretó al esposo y se arqueó hacia arriba, contra el cuerpo de él. Las piernas de Sakura lo rodearon y los gemidos suaves y sensuales lo enloquecieron. Nunca antes había experimentado una pasión semejante. Sakura no se reservó nada y la completa entrega de la mujer apresuró la de Sasuke. No quería que terminara. Se retiró con lentitud hasta quedar casi separado de la mujer y luego volvió a sumergirse.

Sasuke ya no supo de otra cosa que darle a Sakura la más completa satisfacción y hallar la propia. Respiraba entrecortadamente y cuando sintió los temblores del orgasmo de la esposa y la oyó pronunciar su nombre con una mezcla de temor y maravilla, ya no pudo contenerse más. Derramó en ella su simiente exhalando un gemido intenso y lujurioso.

El cuerpo de Sakura pareció liberarse con el orgasmo. Pensó que había muerto. Ni en sus más locas fantasías había imaginado que fuese posible semejante cúmulo de sensaciones. Fue la experiencia más impactante y fantástica.

En verdad se dio a sí misma la libertad de entregarse por entero a Sasuke y, ¡por Dios!, la recompensa la dejó atónita. El esposo la abrazó y la cuidó durante la tormenta pasional, y la belleza del acto de amor le llenó los ojos de lágrimas.

Estaba demasiado exhausta para sollozar; Sasuke la había vaciado de toda energía. El hombre se dejó caer sobre ella y la mujer pensó que ella también lo había vaciado de toda energía aunque el peso del hombre no la aplastó. Entonces comprobó que aún se sostenía sobre los brazos a los costados. Aunque pareciera agotado, tenía cuidado de protegerla.

El aire de la habitación se llenó del aroma del amor de ambos y los corazones de los dos latieron con ritmo frenético.

Sasuke fue el primero en recuperarse y su primera preocupación fue hacia la esposa. "¡Dios! —pensó—, ¿la habré lastimado?"

—¿Sakura? —Haciendo fuerza con los brazos se echó un poco hacia atrás para poder mirarla con evidente preocupación—. ¿Acaso yo...?

La pregunta fue interrumpida por la risa de Sakura. Ese sonido tan colmado de alegría lo hizo sonreír.

—Sí, lo hiciste —musitó la joven.

Esa mujer resultaba un enigma para el hombre.

—¿Cómo es posible que rías y llores al mismo tiempo?

—No estoy llorando.

Sasuke pasó las yemas de los dedos por los pómulos de Sakura para enjugar las lágrimas.

—Sí, estás llorando. ¿Te lastimé?

Sakura movió lentamente la cabeza.

—No sabía que las cosas podían ser así entre un hombre y una mujer. Fue muy bello.

El comentario hizo asentir a Sasuke con arrogante satisfacción.

—Sakura, eres una mujer apasionada.

—Nunca lo supe... hasta esta noche. Sasuke Gabriel, lo gocé mucho. Me hiciste...

No halló la palabra justa para describir lo que sentía y a Sasuke le complajo proporcionársela:

—¿Arder?

Sakura asintió.

—No sabía que a algunos esposos les gustaba besar y acariciar antes del acoplamiento —dijo.

Sasuke se inclinó, la besó en la boca y luego se apartó de ella y se tendió de espaldas.

—Esposa mía, eso se llama preparación.

—Es agradable —suspiró. La noción que tenía Aoi de la preparación consistía en apartar las mantas y Sakura desechó el recuerdo. No quería empañar la belleza de lo que acababa de suceder con las lamentables imágenes del pasado.

No quería que Sasuke se durmiese. A decir verdad, quería que le hiciera el amor otra vez. Se asombró de su propia lujuria y sacudió la cabeza ante su comportamiento caprichoso.

Sakura se cubrió con las mantas y cerró los ojos. Comenzó a molestarla una idea insidiosa: ahora que se habían unido, ¿quizás uno de los dos tendría que irse? Siempre que Aoi iba a su cama, en cuanto terminaba se marchaba. Y como al parecer Sasuke se disponía a dormir ahí, pensó que ella tendría que irse.

Quería quedarse pero la perspectiva de que le diera la orden de marcharse hería su orgullo. Era preferible no darle la oportunidad de ordenarle que se fuera. Sakura luchó varios minutos contra esa preocupación.

El propio Sasuke tenía pensamientos embrollados. El astuto plan de seducir a la esposa mientras estaba con las defensas bajas se había vuelto en su contra. ¡Diablos, era Sakura la que lo había seducido a él! Nunca, con ninguna mujer, había perdido de ese modo la disciplina, nunca se había sentido tan vulnerable y se preguntó qué haría Sakura si supiera que gozaba de semejante poder sobre él. De sólo pensarlo frunció el entrecejo.

Sakura se desplazó hacia el costado de la cama y tomó el camisón antes de levantarse. Se sentía desdichada y solitaria y no comprendía por qué tenía ganas de llorar. Pese a que el acto de amor había sido maravilloso, la inundaba una renovada incertidumbre. "No —se dijo—, no comprendo este cambio que experimenté, pero imagino que tendré todas las horas de la noche para pensar en ello. No creo que pueda dormir, y cuando llegue el amanecer estaré exhausta."

Sasuke parecía haberse dormido. La joven trató de hacer el menor ruido posible mientras caminaba hacia la puerta. Iba a tocar el picaporte cuando Sasuke la detuvo.

—¿Adonde vas?

Sakura se volvió para mirarlo.

—A la otra recámara, milord. Supuse que querías que durmiese allí.

—Vuelve aquí, Sakura.

Sakura se acercó con lentitud hacia el lado de la cama que ocupaba el esposo.

—No quería despertarte.

—No estaba dormido.

La sujetó por el cinturón de la bata y le preguntó con cierta curiosidad:

—¿Por qué querías dormir sola?

—No quería —se le escapó a Sakura.

Sasuke tiró de las mangas para quitarle la prenda. Sakura temblaba de frío y a Sasuke le divirtió comprobarlo pues para él hacía demasiado calor en la habitación. Se limitó a apartar las mantas y a esperar que la esposa volviera a meterse en la cama.

Sakura no dudó y se tendió junto al esposo. Sasuke la rodeó con los brazos y la estrechó contra sí. Sakura apoyó la cara sobre el hombro del marido. Sasuke tiró de las mantas para cubrirlos, lanzó un sonoro bostezo y dijo:

—Tú dormirás en esta cama conmigo, todas las noches. ¿Entendiste, Sakura?

Al asentir, la cabeza de Sakura chocó contra el mentón de Sasuke.

—¿Es habitual que aquí, en los Highlands, los esposos duerman juntos?

Sasuke dio un rodeo para responder:

—Será habitual para nosotros dos.

—Sí, milord.

El hombre se sintió complacido por el rápido susurro de aquiescencia. La abrazó con más fuerza y cerró los ojos.

—¿Sasuke?

El hombre lanzó un gruñido.

—¿Estás contento de haberte casado conmigo?

En cuanto las palabras brotaron de sus labios, Sakura se arrepintió. "Ahora él sabrá cuan vulnerable me siento y lo insegura que estoy en realidad", pensó.

—Ahora las tierras me pertenecen: eso me complace.

El hombre demostró una sinceridad brutal y Sakura pensó que quizá debería admirar ese rasgo, pero en ese momento no podía. Pensó que hubiera preferido que le mintiera, que le dijese que estaba feliz de tenerla por esposa. "¡Por Dios!, ¿acaso estoy volviéndome tonta? No quiero estar casada con un hombre que me mienta. No, por cierto que no."

Comprendió que sus ideas eran absurdas. Sin duda se debía a que el agotamiento la hacía pensar cosas tontas y ridículas. ¿Qué le importaba si la quería o no? Al casarse con él había obtenido ni más ni menos que lo que buscaba: estaba a salvo de los tentáculos del rey John. Sí, estaba libre... y a salvo.

Había obtenido lo que deseaba, y Sasuke también: la posesión de la tierra.

—Eres demasiado blanda. Habría preferido una mujer más fuerte, de piel dura.

Sakura estaba casi dormida cuando oyó el comentario y como no supo qué contestar, guardó silencio.

Sasuke dejó pasar un minuto y volvió a hablar.

—Eres demasiado tierna para la vida en este sitio. No creo que sobrevivas todo un año. Habría preferido una mujer más robusta, menos sensible. Sí, en efecto, no aguantarás un año aquí.

Sasuke no parecía preocupado por semejante perspectiva y Sakura trató de no discutirle. No intentaría disuadirlo de sus opiniones. Sería en vano tratar de convencerlo de que en realidad era una mujer fuerte, que podía soportar lo mismo que una mujer de los Highlands. Sasuke ya se había hecho una idea y sólo el tiempo le demostraría que Sakura no era una flor de invernadero. En verdad tenía vigor. Ya se había demostrado a sí misma que era capaz de sobrevivir. A su debido tiempo, también se lo demostraría al esposo.

—Eres una chica tímida. Quizás hubiera preferido una mujer más decidida.

Esta vez, guardar silencio constituyó un acto de suprema voluntad. Sakura le había hecho una simple pregunta y un "sí" o un "no" habrían bastado como respuesta. Pero el esposo parecía deleitarse en hacer una lista de los defectos de Sakura. La joven percibía el tono risueño de su voz. Comenzaba a comprender que el esposo era un tanto grosero.

—Tienes opiniones tontas. Preferiría una esposa que siempre estuviese de acuerdo conmigo.

Irritada, Sakura comenzó a tamborilear los dedos sobre el pecho del hombre y Sasuke le puso la mano encima de la de ella para detenerla.

Sakura lanzó un sonoro bostezo como indicándole que deseaba dormir. Un marido considerado habría cesado de inmediato con esa letanía de ofensas. Pero Sasuke no era particularmente considerado.

—Te asusta la cosa más insignificante —señaló, recordando la expresión del rostro de Sakura cuando vio al perro—. Me habría gustado una mujer que asustara a mi perro —agregó.

El calor que irradiaba el cuerpo de Sasuke la adormecía. Sakura cruzó una pierna sobre los muslos del esposo y se acercó más.

—Eres demasiado delgada —dijo entonces Sasuke—. El primer viento del norte te llevaría. Querría una mujer más grande y fuerte.

Estaba demasiado soñolienta para discutir con el esposo y la furia exigía mucha concentración. Sakura se quedó dormida oyendo cómo el esposo seguía enumerando sus incontables defectos.

—Esposa, eres demasiado ingenua —dijo, al recordar lo que Sakura le había dicho sobre el clima cálido de los Highlands: había creído la flagrante mentira del hermano.

—Sí, eres muy ingenua —repitió

Pasaron vanos minutos hasta que al fin Sasuke decidió responder a la pregunta de la mujer.

—¿Sakura?

La joven no le respondió. Sasuke se inclinó, la besó en la coronilla y murmuró:

—Es verdad: estoy contento de haberme casado contigo.


Esta historia es de la escritora Julie Garwood. Los personajes utilizados en la misma pertenecen a M. Kishimoto.