Nuevo capítulo y blah, blah, blah.
Capítulo 7: Familia a la fuerza.
Durante los siguientes días Lola y Lana vivieron un infierno de lo más insoportable. No sólo por el hecho de que tuvieron que explicarle a sus padres de que Lizzy se quedaría con su padre biológico por un tiempo. Si no que también por el dolor que Lana sintió al tener que separarse de una linda y dulce niña cómo lo era su pequeña rubia lodosa y juguetona hija.
No era fácil para Lana tener que estar lejos de lo único bueno en su vida, si no que también era difícil y muy desesperante tener que explicárselo a sus padres.
—¡Ya te dije que Lizzy se estará quedando con su padre, mamá! —Gritó Lana ya harta de la situación.
Se encontraban reunidos en la sala de estar, tres días después de que Lincoln las envió a casa a la fuerza.
A la gemela mayor no le gustaba que la interrogaran cómo si hubiera hecho algo malo, si desde que esta con Lincoln para arreglar la situación en la que se metieron todas ellas por culpa de un error, siente que las cosas son mejores para ella.
—Lana por favor, no tienes que ponerte así —la reprendió su padre. —Sabemos que amas a ese chico y qué él se ha estado haciendo cargo de Lizzy durante todo este tiempo. Pero, ¿No crees que es muy extraño que no quiera venir a casa? Digo, ni yo, ni tu madre lo hemos conocido aún para saber que clase de tipo es.
—"Es alguien mejor de lo que tu jamás podrás llegar a ser... Mal padre" —Pensó Lola.
La rubia estaba en la sala, sentada al lado de su gemela, escuchando el sermón de sus padres. Aunque no sabía cómo porque estaba allí, si a ella ni la llamaron.
—Debo darle apoyo moral a mi hermana... Es todo —susurró por lo bajo.
—¡Ya les dije que Lizzy volverá pronto! —El gritó de Lana sacó a Lola de su ensimismamiento. No podía creer lo alterada que estaba ella desde que volvieron de casa de su hermano. La separación obligatoria de su hija no fue muy bien tomada por su hermana.
—Lana por favor, solo queremos hablar.
—¡Ya no soy una niña, así que puedo hacer lo que yo quiera! —Lana se hartó de la voz de su madre y decidió irse de allí. —Ven, necesito hablar contigo. —Tomó a Lola de la mano y la forzó a seguirla hacía su habitación.
—¡S-si! —Titubeó Lola. No estaba muy segura de lo que quería Lana.
Pero no descartaba la idea de que quería hacerle mucho daño, por lo que empezó a temblar de miedo mientras subían por las escaleras.
—¡Lana no hemos terminado de hablar! ¡Así que vuelve aquí joven...
¡Slap!
—Cita... —Lynn padre no tuvo de otra que suspirar con cansancio al escuchar el fuerte azote de la puerta de la habitación de su hija Lana.
El hombre se sentó en el sofá y se sujetó la cabeza con ambas manos. Desde que ocurrió lo de Lincoln, sentía que había perdido su felicidad y que envejecía tres años por cada día que pasaba.
El poco cabello que tenía se le había caído, perdió su trabajo en la oficina donde trabajaba y logró encontrar uno de lavaplatos en un restaurante de temática ruso/Hawaiiano en dónde ganaba muy poco. Las arrugas de su cara eran muy notorias y no parecía que su estado fuera a mejorar pronto.
Y lo peor de todo, es que no volvió a saber nada de su único hijo, Lincoln. Lo último que supieron de él, fue que lo llevaron a una casa en donde se quedaría a vivir hasta que la situación mejorará, pero el joven de cabellos blancos escapó de ese lugar al poco tiempo.
Convirtiéndose en un fantasma en la vida de cada miembro de la familia Loud. Incluso la cadena perpetua para ambos hubiera sido preferible a tener que vivir con la maldita preocupación por no saber dónde se encontraba su único hijo.
Y aunque ya habían pasado más de doce años, ninguno perdía la esperanza aún de volver a verlo.
—Lynn, descuida ya se le pasara —Rita se sentó al lado de su esposo.
Intentó darle ánimos pero poco a poco sentía que su relación con él era mucho más distante.
Ella era la más afectada de todos. Perder a su único hijo la hizo ver lo mala madre que era. Su depresión era tanta que no se concentraba ya en nada, ya no escribía sus novelas, ya no se concentraba en su trabajo, por eso la despidieron y ya no hacía nada de nada.
Incluso ahora solamente usaba una bata de color rosa. Si, una mujer de casi cincuenta años con los ánimos por los suelos y que solo se dedicaba a ser una completa haragana. Ni siquiera se dio cuenta cuándo la mayoría de sus hijas se fue de casa.
Ser una peor madre no ayudaba mucho que digamos.
Rita Loud ahora solo era un espectro de lo que era antes. Si antes era una mujer radiante ahora solo era una mujer descuidada y muy amargada. Su cabello poco a poco perdió su color y las arrugas en su cara la hacían ver horrible y desagradable... Para su esposo.
—Uy si, hay que ignorar el problema cómo siempre lo hicimos. Tal vez así todo se resuelva solo —el señor Loud la ofendió mucho con su tono sarcástico. —Tal vez, solo tal vez. Lincoln regrese algún día y nos diga lo buenos padres que somos. —Y continuó con su molesto tono sarcástico.
A Rita no le gustó para nada esas palabras que él dijo. Pero poco podía hacer ante la inminente verdad.
Se cruzó de brazos con el ceño fruncido y desvío la mirada de su pareja. Ya estaba harta de escuchar lo terrible madre que era y no era necesario que se lo dijeran a cada rato.
Incluso su padre se lo dijo en repetidas ocasiones.
—Me voy al trabajo, adiós —fue todo lo que Lynn padre dijo a su esposa antes de salir de casa.
¡Slap!
Rita desvío la mirada al otro lado al ver a su esposo azotar la puerta del frente.
—Estúpido... —Rita mascullo entre dientes.
La mujer no lo soportó más y se recostó en el sofá en donde rompió en llanto a los pocos segundos.
—Lincoln... Bebé... C-como te extraño —dijo entre llantos la derrotada mujer.
Unos minutos antes.
Lana metía a la fuerza a su habitación a su hermana gemela. Debía hablar con ella en privado y sus molestos padres no ayudarían en nada.
En realidad no recordaba la vez que esos dos señores fueron útiles o si alguna vez lo fueron.
Pero eso no importaba en éste momento. Ahora solo quería hablar de algo importante con Lola.
—¿Segura de que Lincoln cuidará bien de Lizzy?
—Lana, me has hecho esa pregunta cómo cien veces a lo largo de la semana y ya te dije que...
—¡Responde o ya verás!
Lola se quedó helada al escuchar el grito de su hermana y no sólo eso, sintió un gran miedo al ser tomada del cuello de su vestido y ver como su hermana levantaba uno de sus puños, listo para dirigirlo a su cara en repetidas ocasiones.
—¡Si, él la cuidará muy bien! ¡Es un buen padre! —Soltó la pobre rubia muerta del miedo.
Lana la soltó al instante y en vez de golpear el rostro de su hermana con su puño, se desquito con la pared.
¡Smack!
—Solo espero que la cuide bien o si no, ya lo verá...
¡Smack!
Lola solo pudo ver como su gemela le daba puñetazo tras puñetazo a la pobre pared, pero mejor que fuera a ella y no su pobre y linda cara.
—¿Segura que el sábado podemos ir a visitar a las niñas? —Preguntó Lana sin dejar de golpear la pared y sin voltear a ver a su hermana.
¡Smack!
—¡S-si! Eso dijo Lincoln en su mensaje —Respondió Lola mostrándole el celular a su hermana.
El mensaje que Lincoln les envío el lunes, era corto y claro. Solo debían ir el sábado en la noche a su casa para hablar.
—Bien... Faltan un par de días y puedo aguantar —murmuró Lana, ya dejando de golpear la pared y recostándose en su cama para dormir un poco.
A ninguna de ellas les pareció extraño el mensaje que Lincoln les envió. En el decía claramente que fueran el sábado en la noche a su casa para hablar sobre el futuro de todos y nada más.
Ellas no hacían preguntas y simplemente obedecían a todo lo que su hermano decía. Sentían que con cada orden cumplida estaban cada vez más cerca del perdón absoluto de su hermano mayor.
Era todo lo que querían y nada más.
—Oye, ¿Te puedes largar de aquí? —Preguntó Lana a Lola al ver qué está estaba parada en el centro de la habitación sin decir nada.
—Si... Hasta luego —Lola salió de la habitación totalmente cabizbaja.
Para ella lograr el perdón de Lana era lo segundo en su lista de prioridades después de obtener el perdón de Lincoln.
Solo esperaba que fuera pronto.
—Tarada —murmuró Lana después de que Lola salió de la habitación.
A veces no la soportaba y eso solo era cuándo la tenia cerca.
Nada más.
Unos días antes.
—¡Mami! –Gritó una pequeña Lizzy mientras deambulaba por los oscuros y tenebrosos pasillos de la casa de su padre, era de noche obviamente y la pequeña había tenido una pesadilla. Se despertó de golpe y al no ver a su madre a su lado, salió en su búsqueda pero estaba en un lugar desconocido. —¡Mami! ¿Tía Lola? —Las llamó pero al ver que ninguna de ellas venía en su llamado.
Se agachó y se puso a llorar a mitad del pasillo mientras se cubría sus orejas con sus manos para no escuchar a los monstruos cuándo vinieran por ella.
—Lizzy, ¿Qué haces aquí? —Susurró una voz a su lado y esta al ver que la pequeña no le respondía le tocó el hombro.
—¡AAAAAAAAAAHHHH!
El grito de terror que Lizzy pegó en ese instante, llegó hasta los oídos de cierto albino que en el pasado hubiera hecho lo que sea por sus hermanas pero que ahora haría lo que fuera por sus hijas.
Lincoln POV.
El grito de terror de una de mis bebés, hizo que me despertará y me levantará de la cama cómo un rayo.
Salí de la habitación y allí encontré a mis dos preciados tesoros. Leía al parecer consolaba a Lizzy quién lloraba acurrucada en medio del pasillo.
—¿Qué pasa dulzura? —Le pregunté a Leía al acercarme a ellas. También cargue a Lizzy en mis brazos y la abracé contra mi pecho para calmarla.
—Pues no sé papi, cuándo me di cuenta de que no estaba acostada a mi lado, salí a buscarla y la encontré aquí afuera llorando —me explicó Leía.
—Ssssh... —Mesi un poco a Lizzy antes de preguntarle lo siguiente. —¿Qué pasa mi amor, por que lloras?
—M-ma-ma-mami... N-no es-esta... —Fue todo lo que pude entender.
Al parecer extrañaba a la tarada de Lana y cómo no, si ha vivido con ella estos últimos tres años.
—Los m-monstruos me comerán s-si ella n-no esta conmigo.
—¡Bah! —Exclamó Leía como si estuviera ofendida. —¿Para que quieres a tu mamá si tenemos a nuestro padre presente? —Preguntó ella con una sonrisa, alabando mi extraordinaria fuerza.
Lizzy la volteó a ver y luego a mi. Esbozo una débil sonrisa y me abrazó.
Yo sonreí ante esto, no podía estar más orgulloso, se llevaban muy bien. Eso era la verdadera hermandad.
No como la que yo tuve.
No se por cuánto tiempo estuve allí de pie viendo a la nada pero lo único que sé, es que no fue muy cortés de parte de Leía, darme un suave puntapié para llamar mi atención.
—Leía, ¿Qué pasa? —Pregunté un poquito enojado.
Ella tenía una expresión cansada y en repuesta, únicamente me señaló a la bella durmiente que reposaba en mis brazos.
—Ups... Creó que la llevaré a dormir a mi cuarto por mientras se me ocurre como hacer que deje de extrañar a su madre —me di media vuelta pero una garganta siendo aclarada a mis espaldas, me hizo darme la vuelta.
Leía estaba de brazos cruzados, me observaba de forma molesta mientras movía su pie de forma rítmica cómo esperando algo.
—¿Qué sucede Leía? —Pregunté, aún no soy tan buen padre cómo adivinar que es lo que mis hijas quieren.
Ella simplemente suspiró con fastidio y de brazos caídos me dijo.
—¿Solo a ella la llevarás a dormir contigo? ¿Y yo que? ¿Qué me lleven los monstruo, no? —Sonaba muy ofendida.
Me pareció muy gracioso la forma en que se cruzó de brazos y me dio la espalda. Era su típica pose, no te hablaré nunca más.
Pero me aguanté las ganas de reírme, la última vez que lo hice, no me habló en dos horas y odiaba estar peleado con mi primer bebé.
—Esta bien princesa, vamos, papi te protegerá de los monstruos —le dije, sone muy maternal pero así era yo con ella.
–¡Gracias! —Agradeció ella al tiempo en que se daba la vuelta y me miraba de forma alegre. —Iré por mi almohada rellena de flores y enseguida vuelvo, no me tardó. —Avisó ella y apenas dio dos pasos y me volteó a ver con una ceja levantada.
—¿Qué pasa cielo? —Pregunté extrañado.
—¿Por que andas en ropa interior? —Me preguntó.
Yo me volteé a ver y me di cuenta de que estaba únicamente usando mis bóxer naranjas. Sentí mi cara arder en ese instante. Levanté la vista y observe a Leía con una sonrisa nerviosa.
Había olvidado que me había quitado la camisa por la calor que hacía, pero no importaba, mis hijas eran primero.
—Es que...
—No importa —me corto ella y siguió su camino a la habitación. —Pero hombre, sé muy bien que estas muy guapo pero no es motivo para andar exhibiendo tu cuerpo frente a tus lindas hijas... —Fue lo último que me dijo mientras entraba a su habitación. —Hay que tener escrúpulos y mucha pero mucha decencia. —Continuó a los pocos segundos mientras salía de su habitación ya con su costosa almohada de flores. La cuál tenía que comprar cada semana, ya que cómo sabrán, las flores se marchitan.
—Oh si, jeje –reí nervioso. —No volverá a pasar.
—Estas perdonado —dijo ella mientras se acercaba a mi y tomaba mi mano para irnos a la habitación para acompañar a Lizzy a dormir.
Sonreí con felicidad, no podía pedir nada más. Tenía dinero por montones gracias al negocio que Carol y yo tenemos, tenía dos hermosas hijas y lo mejor de todo era que no habían hermanas o padres traidores cerca cómo para echarlo todo a perder.
Aunque no todo era color de rosas.
Mientras estaba acostado con ambas niñas recostadas en mi pecho. No pude evitar pensar en cómo Lizzy debe estar sufriendo por la falta de su madre.
Por lo que tenía que pensar en algo y pronto.
—Pero, ¿Qué podrá ser? —Me pregunté en voz baja cuándo se me ocurrió algo de repente. —Ay... Ssshh. —Me silencie a mi mismo al recordar que no estaba solo.
Ya después de procurar que ambas estuvieran dormidas y muy cómodas.
Saqué mi celular y le escribí un mensaje a Lola.
Para Lola:
—Necesitó que tú y Lana vengan a mi casa el sábado en la noche para hablar sobre el futuro de nuestras hijas, no falten o me molestare.
—Y... Enviar —si, se me ocurrió una buena idea.
Después de enviar el mensaje, me dispuse a dormir, ahora solo debía esperar a que fuese sábado y tener una platica muy seria con mis gemelas favoritas.
La semana pasó muy rápido y Lizzy no lograba acostumbrarse a vivir conmigo aún, por lo que di gracias al cielo cuándo por fin llegó el sábado.
Eran más de las ocho y le pedí a Leía que jugará con Lizzy en su cuarto por mientras yo recibía a sus madres y ella como buena hermana e hija que era, obedeció.
Yo por mi parte me quedé en el sofá viendo la televisión, bebía una botella de vino mientras esperaba a que esas dos buenas para nada asomarán sus caras por aquí.
Si, esperar me da mucha sed.
Iban a dar casi las nueve y esas dos no se aparecían, seguramente se entretuvieron haciendo algo o quién sabe, de todos modos no es mi problema lo que hagan, hace mucho que todas ellas son punto y aparte para mi.
Si, no significan nada.
¡Ding! ¡Dong!
¡Ding! ¡Dong!
¡Ding! ¡Dong!
¡Ding! ¡Dong!
¡Ding! ¡Dong!
¡Ding! ¡Dong!
¡Ding! ¡Dong!
¡Ding! ¡Dong!
—Vaya ya era hora —me levanté del sofá y apagué el televisor para ir abrir la puerta al escuchar cómo tocaban el timbre una infinidad de veces.
Al abrir la puerta allí estaban esas dos. Se veían muy agitadas, seguramente por la prisa que traían al venir para acá.
Lola traía un vestido rosa cómo el que acostumbraba a usar siempre, solo que este era de tirantes y era un poco más ajustado que de costumbre. Usaba zapatos de tacón alto de color blanco además de que su cabello estaba demasiado peinado, seguramente se tardó mucho en dejárselo así.
Mientras que Lana por otra parte, usaba los mismos atuendos de siempre. Un pantalón azul marino, una camisa verde por debajo de una chaqueta negra, su gorra y unos tenís blancos con negro. Al menos puedo percibir que tan siquiera se bañó y se roció perfume.
—Disculpa Linky, se nos hizo tarde, yo...
—¿Nos? —Lana corto a Lola. —¡Si te tardaste un montón de tiempo en usar el baño, cambiarte y peinarte! —La regañó.
La otra solo bajó la mirada y dijo.
—Lo siento —se disculpó.
Lana ante eso, simplemente se cruzó de brazos y desvío la mirada al otro lado. Se notaba que no toleraba estar con Lola.
Pero eso no me interesaba en lo más mínimo.
Debía ir al punto.
—Y bien chicas, ¿Van a entrar o que? —No esperé a que alguna respondiera, simplemente me fui a la sala y dejé la puerta entre abierta para que entrarán.
—Lincoln, Lincoln, Lincoln... —Lana me llamó en repetidas ocasiones.
—¿Qué? —Me giré para ver que quería. Pude ver a Lola cerrar la puerta de la entrada para después acercarse a donde estábamos nosotros.
—Necesitó ver a Lizzy ahora mismo —pidió Lana y cuándo iba a subir las escaleras. La tomé del brazo y la hice que me viera a los ojos.
—Aún no puedes verla.
—¿¡Qué!? ¿¡Por qué no!? —Levantó la voz pero se disculpó de mala gana cuándo la fulmine con la mirada.
La pase de lado y subí las escaleras. Les indique a ambas que me siguieran. Vi cómo Lola obedeció sin pestañear y a Lana suspirar con exasperación. Seguramente por que estaba impaciente por ver a Lizzy.
Ya en mi habitación. Las hice sentarse en mi cama mientras yo le ponía seguro a la puerta.
Era hora de hacer lo que vinimos a hacer.
—Antes de hablar de las niñas, debemos negociar —les dije mientras me acercaba a ellas.
Estas se vieron de reojo y al parecer no entendieron.
—¿Negociar? —Preguntaron al unísono.
Tuve que rodar mis ojos a un lado, tenían suerte de ser bonitas y de que les diera dinero para sus gastos o estarían pérdidas sin mi.
—Así es, Lizzy al parecer no se acostumbra a vivir sin su madre y Leía pues, no puedo vigilarla todo el tiempo, debo trabajar e ir al gimnasio después de todo —les informe de brazos cruzados.
Aunque podría conseguirles una nueva madre a ambas, debía primero sacar provecho de estas dos. Después de todo no he podido liberarme del estrés en lo que va de la semana y ya es hora, ¿No?
—¿A dónde quieres llegar Lincoln? —Preguntó Lana de brazos cruzados y con una actitud muy reservada. Ella no era fácil de impresionar.
Yo simplemente la miré con superioridad y después de quitarme la camisa, me acerque a ellas, las recosté de espaldas en la cama y me coloque sobre ellas. Poniendo mis dos piernas entre cada una de sus intimidades.
Ambas se veían atónitas y muy sonrojadas por el cambio de ambiente.
—Quiero llegar hasta el fondo Lana —dije con seriedad.
—¿Q-q-que? —Lana se puso colorada y no supo que decir exactamente.
Mientras que Lola estaba callada con un sonrojo similar al de su hermana.
No parecían con ganas de querer hacerlo, así que las debía presionar.
—O si no quieren hacerlo, pueden irse y yo puedo conseguirles una nueva madre que se haga cargo de educar a mis hijas cómo se debe —tenía que ponerlas contra la espada y la pared.
Y parece que funcionó, ambas me observaron atónitas y sin palabras. Su expresión de terror en su rostro era muy divertida.
—¡No Lincoln! ¡Haré lo que sea! —Dijo Lana muerta del miedo.
—¡Yo también Linky, juro que me esforzaré al máximo para demostrarte que puedo cuidar mejor a Leía! —Rogó Lola.
—¿Ah si? —Tomé las mejillas de ambas y las obligue a juntar sus cachetes para luego acercar mi rostro al de ellas y verlas de reojo. —Pruebenlo. —Dicho eso, las besé a ambas al mismo tiempo.
Era difícil pero pude ingeniármelas para probar los dulces labios de Lola y los amargos labios de Lana al mismo tiempo.
Fin Lincoln POV.
Un rato después Lincoln se encontraba probando uno de los senos de cada una de sus hermanas. Mientras que con sus manos se aseguraba de apretar con fuerza los otros dos provocando que ellas soltaran gemidos por lo bajo para evitar ser escuchadas por sus hijas.
Las cuáles estaban muy cerca. A un par de habitaciones de distancia.
—"No, mi Lizzy no puede... Oh... Ver a su madre así" —Pensó Lana con desesperación.
Lincoln era muy agresivo a la hora de probar sus senos, la buena noticia, era que con Lola acostada a su lado, la intensidad se dividía entre ambas.
Aunque...
—¡Ah!
Soltaron ambas por lo bajo al sentir cómo el albino les apretaba sus pechos al mismo tiempo. Pero poco podían hacer, ya que él era su hermano mayor y debían hacer lo que él decía.
—Ah... Ah... Rayos —Lana no podía soportarlo, la intensidad era mucha.
Lincoln se concentraba ahora solo en ella. El chico lamia, chupaba y mordía su pecho a voluntad. La rubia movía su cabeza a todas partes. Quería gritar por el placer que sentía pero su bebé estaba cerca.
Así que debía aguantarse.
—Aaaaah... —Soltó un suspiro de placer cuándo Lincoln dejó de complacerla a ella y se dedicó únicamente en Lola.
Estaba agotaba, demasiado. No había podido dormir bien en toda la semana gracias a que estuvo preocupada por su hija. No podría soportar estar lejos más tiempo de ella.
—Ah, si Linky... Vamos... Castigame por favor por haber sido tan mala contigo...
Lana se giró a un lado al escuchar ese susurró tan desagradable y no pudo evitar asquearse
Se giró a un lado y vio que su hermana tenía una expresión sumamente pervertida en su rostro mientras Lincoln se dedicaba a hacerle lo mismo que le acababa de hacer a ella.
—Vamos... Soy toda tuya... Si... Ah.
Lola tenía cerrados sus ojos mientras movía su cabeza a todas partes. Parecía una verdadera puta barata.
—Eww... —Lana por muy increíble que parezca, se asqueó mucho en el momento en que Lola abrió sus ojos y la observó fijamente.
La menor estiró su mano y la posó sobre el pecho libre de su hermana. Obviamente estaba muy caliente por el momento, pero la mayor estaba asqueada solo por el simple hecho de estar junto a ella.
—¡No me toques! —Gritó Lana.
Tomó la mano de su hermana y la apartó con brusquedad.
—¡Oye! —Se enfureció Lincoln al sentir un manotazo en su cabeza.
Se levantó un poco y observó con molestia a sus hermanas.
—Lo siento Linky —Se disculpó Lola.
—Lo siento —se disculpó Lana entre dientes.
Al albino no le gustó esa actitud y se levantó de la cama de un salto. Se quitó toda la ropa y les ordenó a ellas quitarse la suya.
—Rápido niña —apresuró a Lana al verla tan decaída.
—Au... —Se quejó Lola cuándo él la tomó del brazo y la obligó a acostarse sobre Lana.
Lana se resistió un poco pero al final quedó frente a frente abajo de Lola, eso le desagradaba mucho, sus enormes pechos eran restregados con los de su hermana, los cuáles eran del mismo tamaño.
—No me mires —le pidió a Lola con enojo.
—L-lo siento Lana, no puedo-¡Ah!
Lola intentó disculparse pero Lincoln la empezó a penetrar de forma agresiva.
—¡Oh si nena! —Dijo Lincoln en un estado demencial.
Siempre se ponía así a la hora de tener sexo con alguna de ellas. Le encantaba someterlas, ya no volvería a ser él, el sometido.
—Ah... Ah... Ah...
Para Lana era una tortura observar esa expresión pervertida en el rostro de su hermana. Es más, ni siquiera quería estar allí, sólo quería estar con su hija, de la cual no sabia nada.
—¡Oh Linky, ya casi, casi, ya casi! —Gimió Lola al estar a punto de llegar al éxtasis.
—¡Tómalo todo Lola! —Avisó Lincoln mientras metía su enorme miembro hasta el fondo de la intimidad de su hermana.
—¡Aaaaah! —Lola prácticamente aullo de placer al sentir cómo se venía y también al sentir cómo su interior era llenado y golpeado por enormes cantidades de semen proveniente del miembro de su hermano.
Lola recostó su cabeza sobre el hombro de su hermana gemela. Lana intento quitársela de encima pero Lincoln estaba muy inquieto hoy. Así que, apenas sacó el miembro de la vagina de Lola, no perdió ni un segundo y lo enterró de lleno en la intimidad de Lana.
—¡Aaaah! —Soltó Lana por lo bajo.
Debía resistir el gritar muy fuerte por que si lo hacía, su hija podría escucharla y eso no seria bien visto.
A ella le encantaba tener sexo con Lincoln, pero siempre que fuera en lugares dónde nadie los escuchara, ya que no sería bien visto que sus padres o demás hermanas se enteraran.
—Ah... Ah... —Empezó a soltar gemidos por lo bajo. No podía evitarlo, el pene de su hermano era el mejor. —¡Ughm!
Aunque no esperaba que Lola le diera un beso de lengua en la boca y entrelazara sus manos con las suyas.
La menor parecía muy excitada aún, así que no lo aguantó más y le dio un beso a su gemela en la boca para liberarse un poco del estrés.
—¡Ughm! ¡Ughm! ¡UGHM! —Lana intentó quitársela de encima pero a medida pasaban los segundos, su mente se ponía en blanco y no tuvo más remedio que corresponder el beso y dejarse llevar.
Pronto acabaría su sufrimiento.
—¡Oh si nenas, ya casi terminó por segunda vez! —Avisó Lincoln.
El chico se recostó sobre las chicas, estiró sus brazos y las abrazó a ambas mientras aumentaba la velocidad de las estocadas a cada segundo.
—¡UGHM! ¡Ummm! —Mientras tanto Lana gritaba de placer dentro de la boca de Lola. Su intimidad era sometida a un muy fuerte y salvaje acto lujurioso. Y no sólo eso. También era cubierta por los fluidos que salían del interior de la intimidad de su hermana.
Lana para este punto ya no sabia si eran líquidos vaginales suyos o los de su hermana menor o el semen de su hermano que salía de la vagina de Lola.
Su mente estaba en blanco cómo para pensar claramente.
—¡Ah! ¡Aaaah! —La mayor no lo aguantó más y rompió el beso para gemir de placer, olvidando que su pequeña podría escucharla.
Lola también quería más, así que en un acto de lujuria incontrolable, empezó a besar el cuello de su hermana lentamente.
Hasta que no se controlo y le dio una muy fuerte mordida.
—¡Aaah! —Gritó Lana al sentir cómo le dejaban un chupón en su pobre cuello.
—¡Allá va Lana! —Avisó Lincoln en el momento en que introducía su miembro hasta el fondo de la intimidad de su hermana menor.
Lana apretó sus dientes y abrió sus ojos lo más que pudo al sentir esa profunda estocada en su zona vaginal además de que Lola mordía muy fuertemente su cuello.
Era una muy agradable y placentera tortura.
—¡AAAAAAAAAAHHH! —Lana no tuvo de otra que pegar un alarido por tanto placer que sentía, además de que se corrió al sentir cómo era llenada completamente por el semen de su hermano.
—Ah... Ah... Aaaah... —Lana jadeaba de placer.
Sus ojos estaban desorbitados y no parecía estar en sí. Tanto placer era muy dañino para ella. Pero muy satisfactorio.
—Aaaaaahh... Eso sí que estuvo bien... —Dijo un muy complacido Lincoln. —Muevanse. —Ordenó al tiempo en que se levantaba de encima de sus hermanas y las hacia a un lado para acostarse a dormir.
Lola y Lana se sentaron en la cama y lo voltearon a ver un tanto confundidas. Lana se tocó el cuello por la molestia que sentía en el, gracias a la mordida que su bruta gemela le dejó, pero que tal vez desaparecería a la mañana siguiente.
Ambas al poco tiempo se miraron entre sí y nuevamente a él. Cómo si esperarán que les dijera algo.
—Pueden quedarse a dormir, mañana les tengo una buena noticia —dijo el joven que ya se encontraba acostado listo para dormir. Importándole muy poco lo que ellas pensarán.
Lola sonrió de alegría y enseguida se recostó al lado de su hermano. A diferencia de Lana, que se levantó de la cama, se puso su camisa y su ropa interior, y mientras se vestía, salió de la habitación, sin importarle que de su intimidad aún saliera algo del semen de su hermano.
—Lola... —Habló Lincoln al sentir cómo su hermana lo abrazaba por la espalda, restregando sus pechos contra esta.
—¿Si Linky? —Preguntó Lola.
—¿Se puede saber que haces? —Preguntó con molestia.
—Pues, tu dijiste que podía quedarme a dormir —le recordó.
—Pero, ¡No conmigo! —Le informó con algo de dureza.
Lola se separó de él cuándo este empezó a removerse para alejarla.
—Ah... Bueno —dijo con la voz un poco afligida. Se levantó de la cama y se empezó a poner su ropa interior. Una especie de lencería de color rosa. Se cubrió con una toalla y salió de la habitación.
No sin antes desearle buenas noches a su querido hermano.
—Buenas noches, Linky —espero a que este le respondiera.
—Grrrrr...
Pero lo único que obtuvo fue un gruñido de molestia de parte del albino.
Ella bajó la mirada y sin más preámbulo, se fue a la habitación de su hija en dónde esperaba ser bien recibida.
Mientras tanto, Lana sacaba a su Lizzy del cuarto de la hija de Lola. La llevaba cargada en sus brazos y se metió a una habitación vacía en donde pudieran dormir las dos.
Al llegar se encerró en esta y se recostó en la cama con ella abrazada a su pecho.
—¿Mami? —Preguntó esta al abrir sus ojos.
—Así es mi amor, mami esta aquí... —Susurró con lágrimas en los ojos.
—¡Mami! —Lizzy se aferro más al pecho de su madre, si este era un sueño no esperaba ser despertada.
—Ssssssssh... Ya, ya. Vuelve a dormir bebé —la acarició un poco hasta que ambas pudieron quedar dormidas por completo.
Mientras tanto con Lola.
—Leia, bebé, soy yo. Tu madre —Lola intentaba despertar a su hija picándole la nariz pero era muy mala idea.
—¡AAAAAAAAAAAAHHHHH! —Esta se despertó sumamente furiosa. —¿¡Qué haces tu aquí!? —Preguntó al ver a su madre en su habitación. —¿Y donde esta mi hermana? —Preguntó al no ver a su hermana menor acostada a su lado.
—Esta durmiendo con su madre en la habitación de al lado —le informó Lola.
—Grrrrr... Esa mujer ya me las pagará... —Murmuró molesta la rubia. Luego vio que su madre la miraba con una sonrisa nerviosa. —¿Qué quieres? —Preguntó de brazos cruzados. Obviamente suponía que le pediría algo.
—Bueno, cómo Lizzy duerme con su madre. Me preguntaba si... —No supo cómo continuar pero el ceño fruncido de su hija la hizo hablar rápido. —¡Qué podríamos dormir juntas!
Leia abrió sus ojos abiertamente al escuchar semejante cosa. Iba a decirle que se fuera al demonio pero luego lo medito mejor.
—"Si mi hermana duerme con su madre, entonces yo puedo hacer lo mismo..." —Pensó. Luego adoptó una postura altanera y le informó a Lola lo siguiente. —Adelante, tienes permitido dormir con...
—¡Wohooooo! –Lola no la dejó terminar y con una velocidad sobre humana, se metió bajo las sábanas y se acomodó al lado de su hija.
—Migo —Leía término su oración.
Volteó a ver a su madre con molestia y luego de rodar sus ojos, se volvió a poner su antifaz y regreso a dormir.
—Buenas noches hija —le deseó una muy feliz Lola.
—Buenas noches —deseo la pequeña más por educación que por voluntad propia.
Ya después de eso, al poco tiempo todos los miembros en esa casa estaban completamente dormidos.
A la mañana siguiente.
Después de levantarse y darse una buena ducha de agua caliente. Lola, Lana, Lizzy y Leía se encontraban desayunando, esperando a que el hombre de la casa se levantará y se les uniera en el desayuno.
Las dos niñas estaban vestidas con sus ropas de siempre. Mientras que las dos mujeres tenían una toalla envuelta en su cabeza de diferente color. Lola usaba una rosa y Lana una azul. La mayor estaba usando unos shorts de color blanco y una camiseta de color negro. Mientras que Lola, estaba en ropa interior, usando una toalla para cubrir su cuerpo. Ambas estaban descalzas.
Lana tenía a su hija sentada sobre sus piernas mientras le daba de comer de los huevos revueltos que le preparó.
Lola por su parte, estaba sentada al lado de su hija quién comía unos waffles que ella le preparó por exigencias suyas obviamente. Leía tenía sus ojos cerrados mientras comía y Lola bebía un poco de té.
No podría estar más feliz, estaba con sus personas más queridas en el mundo.
Nada podría arruinar este momento.
—¿Y a que horas se van? —Preguntó Leía con seriedad.
Bueno, solamente podría arruinarlo cierta mocosa consentida.
—¿Disculpa? —Preguntó Lana muy confundida.
—Dije, ¿Qué a que horas se largan de mi casa? —Esta vez dejó de comer y se dirigió a Lana con un tono más fuerte. —Necesito jugar con mi hermana y no lo haré si están ustedes, así que necesitó saber, ¿A que horas se van? —Preguntó nuevamente.
Lana abrió la boca por la indignación. Volteó a ver a Lola esperando que le dijera algo a su mocosa pero al ver a su hermana con la mirada decaída, supo en ese instante que no haría nada la muy inútil.
Por lo que ella iba a decirle algo en su lugar.
—Ellas se quedarán amor.
Pero la voz masculina a su espalda, la hizo voltear no sólo a ella si no que a todas las presentes.
—¿Qué? —Preguntó Leía un tanto atónita.
—¿Qué? —Preguntaron Lana y Lola al unísono muy estupefactas.
—¡Papi! —Lizzy cómo no sabia de que hablaban todos.
Se levantó de las piernas de su madre y se dirigió a recibir a su padre. El cuál la recibió con los brazos abiertos, cargándola en el acto.
—Hola mi amor —saludó a su hija la cuál aferró sus brasitos en el cuello de su padre. —Y dije, que ellas se quedarán, cielo. —Repitió el albino que se venía levantando, este usaba únicamente un bóxer naranja un tanto ajustado y una camiseta blanca, además de que venía descalzo.
Lincoln se dirigió a su primer hija con una sonrisa mientras se acercaba a ella con su segunda hija cargada en brazos.
Tenía que darle una noticia a todas lo antes posible para no crear peleas o malentendidos.
Continuará...
Nos vemos luego muchachos :D.
