-Hola.

Inuyasha no levantó la vista, pues la había olido mientras se acercaba prácticamente desde que había salido del agua.

-Hola.

Kagome se sentó a su lado en la piedra plana más grande del estanque. Inuyasha supo también por su olfato que el yukata que llevaba puesto la chica era limpio, pues a diferencia del anterior, este no olía a él. Pero ella sí, a pesar del baño, y aunque aquello se suponía que era una mala noticia, no pudo evitar sonreír para sus adentros, satisfecho. Pero Kagome le sacó de sus celebraciones posesivas interiores, cuando le descolocó con su pregunta.

-¿Cómo está Kikyo? – pronunció tímidamente, como si creyera que había hecho algo muy malo. Con lo benévola que era, Inuyasha pensó que era posible que así fuera.

-¿En serio me estás preguntando eso? – La miró desconcertado y parpadeó graciosamente. Era por detalles como esos que Kagome le fascinaba, entre muchas otras cosas. Ella era mucho mejor persona de lo que él sería nunca, jamás la merecería. Claro que eso le importaba un comino. Ella era suya, y él era suyo. Y punto. Ahora más que nunca.

-Bueno, es que…Me siento mal por ella.

-Tiene que asimilarlo. Pero no pienses en eso, preocúpate de ti.

Su respuesta algo cortante le dejó claro a la muchacha que Inuyasha no quería que se implicara con la que ahora era definitivamente su expareja. No añadió nada porque le comprendía, pues realmente era raro que se interesara por la otra. Soltó un suspiro y se dispuso a cambiar de tema.

-¿Cómo ha ido el interrogatorio de Miroku?

-¡Keh! No me lo recuerdes… - la chica se echó a reír porque no le costaba nada imaginarse esa escena. Inuyasha la miró molesto, pero luego giró el rostro hacia el lado contrario para que no le viera sonreír, en parte divertido - ¿Y el de Sango?

-Bien. No se ha pasado mucho.

-Suerte la tuya – vio de reojo como los orbes castaños le observaban sin demasiada discreción, y arrugó el entrecejo volteando a verla de nuevo - ¿Qué estás mirando?

-Nada, es solo que…Quiero besarte, pero se ve que ahora no puedo – contestó con naturalidad y una triste sonrisa.

Los pómulos masculinos se colorearon de una forma que le pareció adorable. ¿Cómo podía ser que Inuyasha siguiera siendo tan alterable e inocente después de…? Perfecto, ella también se estaba sonrojando. Ambos desviaron la mirada a la vez, y pasaron unos instantes en los que ninguno de los dos dijo nada.

-Menuda mierda – masculló él.

-Sí.

Más silencio.

-Ahora sí que hay que cargarse a ese desgraciado como sea.

-Ajá.

Pues sí, había que hacerlo y corriendo. Porque mientras una parte de sí mismo estaba ansiando entrar en combate y terminar al fin con su archienemigo, la otra sólo quería tumbar a la muchacha que tenía al lado sobre el césped para volver a repetir una y otra vez aquello tan increíble que habían descubierto juntos.

Genial, se estaba convirtiendo en un pervertido como Miroku.

Una presión sobre el lado derecho de su cuerpo le sacó de sus comprometidos pensamientos. Kagome se había recargado contra él, y parecía sumida en sus reflexiones.

-Se supone que no podemos tocarnos – le recordó, pero al mismo tiempo deseó que sacara a relucir esa parte de ella tan irritante que nunca le hacía caso. Qué irónica era la vida…

-Dudo mucho que Miroku haya dicho eso literalmente. Creo que se refería a que no podemos volver a hacer nada de…lo otro.

-Ya, supongo – aceptó, relajándose un poco. Al fin y al cabo, siempre habían hecho acercamientos inocentes como ese, y nunca había pasado nada. Y en cuanto a los besos…También eran algo nuevo, así que estuvo de acuerdo con ella en no arriesgarse. Pero cómo le fastidiaba eso…

Queriendo dejar claro que no era él el que no quería tenerla cerca, su brazo rodeó sus hombros y la acercó un poco más. Apoyó la mejilla en la coronilla de la chica e inhaló con los ojos cerrados, empapándose de su aroma. Después de haberla probado, ahora la anhelaba más que nunca. Y ahora precisamente era cuando no podía tenerla.

En fin, que todo era una mierda.

La sintió temblar un poco, y su nariz detectó enseguida aquello que se decía que los perros eran capaces de oler.

-¿Tienes miedo? – le preguntó en un murmullo ronco.

-Sólo de lo que puedo perder – confesó, cerrando los ojos y sonriendo cuando sus dedos fueron encontrados y entrelazados con los de él, como un consuelo silencioso.

-Te protegeré.

-Yo también te quiero.

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Sí, después de…¿siete años? He vuelto a escribir. Más de una y más de dos, de las otras escritoras/colegas con las que hablaba en su momento y que también dejaron atrás esa etapa, habrán vuelto a sentir la llamada de la inspiración y del universo Inuyasha después de la salida de Hanyo no Yashahime. ¿Alguna por aquí que corrobore mi teoría? ;)

Este short-fic lo he escrito, editado y perfeccionado en un día en el que estoy confinada en casa gracias a nuestro querido amigo el de la corona. Es una idea loca que me vino un día. ¿Sabéis cuando os da un arrebato de inspiración, y tu mente no puede parar de crear y crear, y te obsesionas y no puedes parar de pensar en eso hasta que lo plasmas por escrito? Pues eso.

Voy a confesar una cosa. Esto mismo también me ha pasado estas últimas semanas con uno de los fics que dejé a medias hace años, y lo he retomado. No diré cual. Solo diré que, si en algún momento publico, será para colgarlo todo de golpe hasta el final. No estoy orgullosa de mí misma por haber dejado a mis lectores colgados hace años, llevo años arrastrando ese peso en mi conciencia, y no volveré a hacerlo. Si publico algo, lo haré solo cuando el fic esté terminado.

No tengo aspiraciones de reviews esta vez. Ya puede ser que nadie lea esta historia, porque las escritoras de mi generación dejaron este mundo a un lado, al igual que yo (y si eres una de ellas, te lo ruego…¡manifiéstate! Me llevaré una alegría), o porque Inuyasha ya no está de moda. Aun así, si vas a dejarme uno, te adelanto mi infinita gratitud por dedicar tu tiempo a hacerlo, y te pido un pequeño favor: dime cuál de los capítulos te ha gustado más. Nada, por curiosidad :)

Gracias por leer^^

Bss,

Dubbhe

PD: ¿Alguien más se muere de amor con Moroha? No podría adorarla más.