Nunca la Semana Santa había tardado tanto en llegar, ni caído tan tarde en el mes de abril. La última semana de clase, antes de las esperadísimas vacaciones, me mantuvo separada de Lena. No porque yo quisiera, sino porque ella seguía ocupada con asuntos varios, al parecer. Curiosamente, desde que nuestra relación se había vuelto más íntima, menor era el tiempo que pasaba con ella. Ahora nos habíamos convertido en amantes de fin de semana. Supongo que tendría que haberme conformado con aquello, pero yo siempre quería más. Desde el mismo instante en que la conocí, Lena se había convertido en mi adicción y ahora que había probado la droga, el síndrome de abstinencia no me dejaba vivir sin ella. Y lo peor de todo era el constante runrún de mi cabeza, que me decía que algo no encajaba, que algo ocurría.

El jueves por la tarde acompañé a Alex, después de que termináramos las prácticas en el hospital, a comprar un regalo para su novia. Iba a ser su cumpleaños y quería ir a una tienda de instrumentos musicales que se encontraba al norte de la ciudad. La seguí en moto y me detuve detrás de ella cuando se nos cerró un semáforo. Tenía la vista fija en la luz roja que colgaba por encima del casco de Alex cuando un color azul, que se hallaba en mi campo de visión, me sacó de mi ensimismamiento. Desvié la vista y me topé con aquellas luces de neón que iluminaban unas letras que me resultaron familiares. «Clínica Saint Michel », leí sin poder evitar que me diera un vuelco el corazón. Rodé despacio en el momento que brilló la luz verde. Quería absorber cada mínimo detalle de aquel edificio blanco con enormes cristaleras al tiempo que circulaba por delante. Casi estaba llegando al final de la manzana donde terminaba el parking propiedad de la clínica, cuando mis ojos detectaron la trasera de un coche negro entre los muchos que había allí aparcados. Era el coche de Lena. Se me desbocó el corazón y aceleré vacilante la moto para no perder a Alex. De regreso a casa volvimos a pasar por delante de la clínica y a pesar de que la perspectiva desde enfrente me dificultaba la visión, pude distinguir que su coche permanecía allí estacionado. Me despedí de Alex en la esquina donde siempre lo hacía y continué en dirección a mi casa para no levantar sospechas. Tan pronto avancé por la calle, asegurándome de que ya se había marchado, di la vuelta y deshice el camino de nuevo hasta la clínica.

Comprobé que su coche seguía allí y aparqué la moto en el lateral de la calle de enfrente. Merodeé por la acera sin apartar mis ojos y terminé por sentarme sobre el respaldo de un banco, que me ofrecía la altura suficiente para ver sin ser vista. Pasé mucho tiempo allí sentada, con la mirada fija en su matrícula, hasta que a las ocho y veinte reconocí su figura caminando por el aparcamiento. Iba sola y otra bolsa de plástico, como la que había descubierto en su armario, colgaba de su mano. La contemplé con la mirada borrosa por las lágrimas durante su recorrido. Después, se metió en el coche y esperé a que saliera del parking. La seguí con la mirada hasta que se alejó tanto que dejé de verla.

-Es precioso Lena- le dije contemplando la impactante panorámica sobre la playa de arena blanca y agua turquesa, que contrastaban con el verde de la vegetación y las palmeras.

-Me alegro de que te guste -respondió entrelazando sus dedos con los míos.

-Es lo más bonito que he visto en mi vida después de ti -levanté su mano y bajé la vista para mirarla. Aún era capaz de sentir su tacto sobre mi cuerpo, desde el fin de semana anterior, en que habíamos hecho el amor.

-Querrás decir de ti.

-No, de ti -confirmé llevándome su mano a los labios para besarla.

-¿Va todo bien, Kara?

Eso mismo me preguntaba yo.

-Sí, muy bien. ¿Por qué?

-Porque hoy estás muy callada, especialmente callada. -Tenía razón, apenas había hablado durante las tres horas y media de trayecto en el ferry que nos había llevado hasta allí. Y tampoco cuando desembarcó el coche y condujo cruzando la isla de norte a sur, hasta el exclusivo complejo hotelero donde nos hallábamos. Me moví para quedar detrás de ella, rodeándola por la cintura. -Y triste -añadió girando la cara para mirarme, al tiempo que se apoyaba sobre mi hombro.

-Ya no -sonreí.

Alzó la mano y me retuvo contra ella cuando buscó mis labios para besarlos. Gemí con el roce de su lengua y sus dedos se tensaron sobre mi nuca, acercándome más a su boca.

-¿Cuánto cuesta este lugar? -le pregunté con la respiración agitada.

Era una lujosa villa privada de dos habitaciones, dividida por un salón y una cocina integrada en el mismo. Teníamos piscina para nosotras solas y la enorme terraza donde nos encontrábamos daba acceso a la playa.

Cada una de las estancias se comunicaba con aquella terraza, a excepción de uno de los dos cuartos de baño. Todo estaba pensando para que uno pudiera disfrutar de la impresionante vista.

-No Kara-susurró. -¿Es por eso por lo que estás así?

-No, es porque no puedo vivir sin verte.

Se dio la vuelta entre mis brazos y volvió a besarme apasionadamente.

-Te quiero -dijo abrazándose a mi cuerpo.

-Yo también puedo ayudar a pagar esto. Tengo dinero. No te lo he dicho, pero ya he cobrado la indemnización de Cat.

-Ya era hora -suspiró. -Pero no quiero tu dinero.

-¿Estás segura? -bromeé. -Me ha dado mucho.

-No hay dinero en el mundo que pueda pagar lo que te hizo.

-Me hizo la persona más feliz del mundo. Te conocí a ti.

-No digas eso. No me gusta que digas eso.

-¿Por qué?

-Porque podría haberte matado.

-Pero no lo hizo y te conocí.

-Kara...

Me reí.

-¿Vamos a la playa?

-¿Me das una vuelta en moto?

-¿Qué moto?

-La de agua. ¿Sabes llevarla, verdad? Porque yo no.

-¿También tenemos moto de agua? -se me iluminó la cara.

-Podemos tener todo lo que tú quieras mi amor.

Deshice mi maleta a toda prisa y me cambié aún más rápido. Se rio cuando le pregunté si le importaba que la esperara en la playa. Me lanzó un chaleco salvavidas y me mostró burlona la llave de la moto, que sacó de su bolso.

-Si la quieres, ven a por ella -me dijo en tono sugerente.

La recorrí de arriba a abajo con la mirada y me acerqué despacio. Sentí un escalofrío cuando posó su mano sobre mi estómago desnudo, impidiendo que me aproximara más. Sonrió y escondió la mano detrás de su espalda.

-Dame un beso y te la doy.

Estiré el cuello para dar alcance a sus labios y ella me rodeó, besándome abrasadoramente. Protesté cuando abrió mi mano y me entregó la llave. No quería la moto, quería hacer el amor con ella. Estaba terriblemente excitada y ella también, aunque lo disimulara cuando me echó de la habitación. Salí a regañadientes y escuché su risa mientras me alejaba. Descubrí que aquella parte de la playa era de uso exclusivo para la villa que ocupábamos. Al menos había cincuenta metros de distancia hasta nuestras vecinas, que en aquel momento jugaban en el agua. Me pregunté si serían pareja, pero enseguida desvié los ojos a la cubierta de proa color azul oscuro metalizado de la Yamaha que flotaba en la orilla, amarrada a un poste de madera. Volví a mirarlas cuando me sorprendió la buena temperatura que tenía el agua. Pensaba que iba a estar más fría a pesar de los cuatrocientos kilómetros que habíamos recorrido en dirección sur. Supuse que la ola de calor que habían anunciado para Semana Santa, y que ya se hacía notar, tenía mucho que ver con aquello. Me zambullí en el agua cristalina mientras esperaba a Lena. No tardó en aparecer con una sonrisa pícara dibujada en sus labios y supe que aún se estaba riendo de mí, por haberme dejado en el estado de excitación en que me dejó. Salí del agua para recibirla y le salpiqué suavemente la cara, en respuesta a aquella traviesa sonrisa.

-Esta noche hablamos -anuncié.

Soltó una carcajada que me hizo reír.

-Dios, qué guapa eres -suspiró paseando sus ojos por mi rostro.

Enrojecí y aparté la vista, como si eso evitara que ella no pudiera verme. La miré de soslayo cuando me fijé en que sonreía por mi reacción. Me di la vuelta con rapidez y me dirigí a la moto.

-¿Nos vamos? -pregunté sin mirarla, tratando de controlar mi acelerada respiración.

Su mano se posó de pronto en la curva de mi cintura, al tiempo que sus labios besaban mi espalda mojada poniéndome la piel de gallina.

-Nos vamos -susurró.

Pasamos la tarde entera subidas en la moto. Me costó un buen rato convencerla para que la llevara ella. No quería dejar de sentir su intenso abrazo y sus manos, que cada poco tiempo acariciaban mis piernas mientras surcábamos aquel manto turquesa, pero quería que comprobara que no era difícil conducirla, que cualquiera podía hacerlo. No dejó de reírse y de hacer bromas cuando le hice recordar que el cordón elástico que até a su chaleco salvavidas, y que la unía a la llave de contacto, se le conocía por el nombre de «hombre al agua». Y ya no paró de reírse cuando descubrió que, efectivamente, podía conducir la moto ella sola. Estaba tan feliz y exultante que me paseó arriba y abajo sin descanso. Me abracé a su cuerpo y me alegré tanto de verla así, que la triste imagen que conservaba de ella, caminando sola por el aparcamiento de la clínica, se desvaneció en mi cabeza. Sin embargo, aquella escena volvió a atormentarme cuando la dejé en la tumbona de la terraza y me metí en el baño a ducharme y a arreglarme para la cena.

Me senté en el sofá de la habitación y encendí la tenue luz de una lámpara que había sobre una mesa cuando el cielo se fue oscureciendo. La oía canturrear y oía correr el agua de la ducha mientras la cabeza no dejaba de darme vueltas, esperando a que terminara. Me había impactado tanto verla sola en ese parking y con aquella bolsa, suponía que llena de decenas de pruebas que le estarían haciendo, que aún no había conseguido borrar la imagen de mi mente y de mi corazón. No podía entender por qué no le acompañaba alguien, por qué me ocultaba una cosa así. Hasta me hubiera alegrado de verla en compañía de su ex.

-Hola preciosa -dijo cuando salió y me encontró allí sentada. -¿Qué haces ahí tan solita en la penumbra?

Llevaba enrollada una toalla que le cubría hasta la mitad de los muslos, su melena oscurecida por la humedad del agua caía cubriendo uno de sus hombros desnudos.

-Pensar en ti.

Me sonrió con dulzura.

-¿Te apetece que pidamos la cena aquí o prefieres ir al restaurante?

-¿Qué día te vas al final? -le pregunté suavemente.

-El 28.

-Un miércoles -confirmé. -¿A qué hora?

-A la una y media. ¿Por?

Exactamente a la misma hora que salía el avión que tomó su hermana.

-Para ir a despedirte.

-No puedes, tienes clase. No te preocupes por eso ahora.

-No pasa nada porque falte un par de horas.

-Con lo poco que te queda para terminar el curso no deberías faltar.

-Tengo diecisiete años y estudio tercero de medicina, podría faltar el curso entero, que seguiría estando por delante del resto de mis compañeros, ¿no te parece? -me miró fijamente sin mediar palabra. -Pero si por algún motivo no quieres que vaya, no iré -hablé de nuevo.

-¿Qué te ocurre, Kara?

-Que no quiero que lo hagas -dije tras contemplarla indecisa unos instantes.

-¿El qué? ¿Irme a Haití?

-No te vas a Haití.

Aprecié el leve gesto de sorpresa que se dibujó en su rostro.

-Claro que voy.

-No, no te vas -negué. -¿Qué día vuelves?

-Aún no lo sé.

-¿Tienes el billete de ida y no el de vuelta?

-Sí, ya lo sacaré allí cuando decida qué día vuelvo. ¿Cuál es el problema?

-Que es mucho más caro -repuse con escepticismo. -Con sacar un billete abierto hubieras solucionado el problema.

-No sé, siempre viajo así. Puedo pagarlo -se encogió de hombros.

-Lo sé -afirmé, echando un vistazo a mí alrededor. Aquella impresionante villa era una prueba irrefutable de lo que podía pagar sin problemas. -¿Estás buscando trabajo en otra clínica?

-No, y mucho menos allí, si es lo que estás pensando. Quiero seguir viviendo lo más cerca posible de ti.

-¿Y aquí? En casa, quiero decir -corregí sobre la marcha al caer que estábamos fuera.

-Tampoco, por ahora estoy bien donde estoy.

-Quiero verte desnuda -le rogué tan inesperadamente para ella como para mí.

-Perdona, ¿cómo dices?

-Que te quites la toalla. Quiero verte desnuda, por favor.

-¿Qué me estás pidiendo? -preguntó, echándose a reír. -¿Un striptease?

Dejó de reírse cuando me puse en pie y caminé hasta ella.

-No Lena- le dije al ver que sus manos se aferraban a la toalla, sujetándola contra su pecho. -No te la voy a quitar. Ni siquiera lo he hecho mientras hacíamos el amor, así que no lo voy a hacer ahora -bajó la vista al suelo y percibí la tensión de su rostro cuando le besé los labios. Rodeé su cuello y la abracé contra mí. Tardó en retirar los brazos, que quedaron aprisionados contra mi tórax. -Lo que quiero es que tú quieras quitártela cuando estés conmigo.

-Pues es obvio que no quiero hacerlo.

Me quedé gélida ante sus frías palabras, pero continué abrazándola. Deslicé lentamente mis labios por la piel de su cuello, y ni siquiera mis besos en aquella parte de su cuerpo, que me constaba que le gustaba, hicieron que se relajara.

-¿Y si apagara la luz? -pregunté despacio.

-Tampoco.

Ignoré su tajante y glacial respuesta, persistiendo con mis besos sobre su piel hasta alcanzar su hombro.

-Vayamos al restaurante, te espero fuera -dije cariñosa tras comprender que aquella rigidez no la abandonaría.

No me miró cuando me separé de ella, dándome la vuelta para salir de la habitación y dejar que se vistiera.

-Eres preciosa tal y como eres. Lo único que importa de la cicatriz de tu pecho es lo que la ha causado. No quiero que te operes Lena. No quiero que pases por más intervenciones, por más anestesias, y mucho menos por más dolorosos postoperatorios -confesé antes de cruzar el umbral de la puerta.

Me detuve ante el atronador silencio que desencadené, pero no me atreví a volverme para mirarla.

-¿Y tú cómo sabes eso? -habló al fin detrás de mí con la voz entrecortada y un tono asustadizo.

-Te vi la cicatriz -respondí suavemente sin cambiar de posición.

-Eso ya lo figuraba. Si la hubieras visto bien sabrías que es algo más que una simple cicatriz lo que tengo en el pecho.

Me giré despacio. La encontré agarrada a su toalla con la cabeza ligeramente agachada, y con la mirada pétrea clavada en mí.

-¿Y qué quieres hacer Lena? ¿Ponerte un implante? Eres médico. Sabes mejor que nadie que eso aumenta el riesgo de que se desarrolle un nuevo tumor -se me quebró la voz y presioné mis sienes con fuerza para evitar ponerme a llorar.

-No cariño, no llores, por favor -se apresuró hacia mí y me abrazó. -No es un implante, es una nueva técnica.

-¿Cómo de nueva? ¿Te vas a convertir en conejillo de indias? Pero si eres preciosa como eres ahora.

-No Kara, es con grasa. Se reconstruye con mi propia grasa corporal.

-¿De dónde? ¡Pero si tú no tienes grasa! -me sequé la humedad de los ojos antes de que alguna lágrima se derramara.

-Créeme, todos tenemos grasa -rio con una carcajada. La miré tan perpleja como me quedé. ¿Cómo podía reírse tan alegremente de aquello? Me dolió tanto su risotada que casi me enfadé con ella. Imaginé que aquella era su forma de enfrentarse al cáncer, pero a mí se me heló la sangre en las venas. –De los gluteos -su voz recuperó un tono más serio cuando reparó en lo conmocionada que me había dejado su risa, como si de un vulgar chiste se tratara.

-¿Hace cuánto tiempo que te ocurrió? -se me volvió a romper la voz.

-Un año y siete meses. Pero tú no te preocupes por eso, preciosa. Estoy bien, estoy limpia. Me hago revisiones cada seis meses y todo está perfecto.

-Pues eso es lo único que importa Lena-rompí a llorar. -¿Qué necesidad hay de que vuelvas a entrar en un quirófano? -me abracé a ella.

-Porque quería evitar esto y porque necesito sentirme bien. Necesito hacer el amor contigo bien y no estar pensando en cuál va a ser el siguiente movimiento de tu mano, para que no lo descubras. O peor aún, que te sorprenda llorando desconsoladamente por ese mismo motivo, y a partir de ese momento, ya ni siquiera tenga de qué preocuparme porque tú misma me tranquilizas, diciéndome que no vas a desnudarme -me secó las lágrimas al tiempo que besaba mis labios.

-No lloraba porque tuvieras una cicatriz sino porque supe lo que te la había originado. Y si desde luego no te he desnudado, no es porque no lo deseara sino porque sabía que no lo deseabas tú. Podría haberte faltado un pecho, faltado los dos incluso, que yo te seguiría queriendo igual y deseándote del mismo modo. Te lo aseguro Lena.

Sacudió la cabeza.

-Demonios -exhaló. -Tú no tendrías que haberte enterado de esto.

-¿Por qué no? ¿Cómo puedes decirme una cosa así?

-Porque tienes diecisiete años, eres una niña. Tú no te mereces esto.

-La que no te lo mereces eres tú -repuse con rapidez y tomé su rostro entre mis manos para besarla.

-Tienes que estar con alguien de tu edad, no conmigo -dijo cortando nuestro beso. -A tu edad deberías vivir ajena a ese tipo de cosas.

-No, no, no -le rogué- no empieces Lena. No empieces con ese tema, por favor.

-¿Cómo es posible que te hayas enterado?

-Atando cabos. Ni siquiera estaba segura de que te fueras en realidad a Haití, y necesitaba averiguarlo de una vez por todas.

-¿Qué cabos?

-Solo han sido una sucesión de casualidades.

-¿Qué casualidades? -preguntó otra vez poniendo énfasis en cada palabra.

-No te enfades, pero la semana pasada descubrí una bolsa de la Clínica Saint Michel en tu armario. Te juro por lo que más quieras que fue por accidente. Te llamaron al móvil, tú saliste corriendo, cogiste una bata y una de tus camisas se cayó al suelo. Me levanté de la cama para recogerla y al ir a colgarla vi la bolsa. Ni siquiera le di importancia en ese momento. Para entonces ya sabía lo que te había ocurrido, así que pensé que era donde te hacías las revisiones. Al día siguiente me dices que te vas a Haití a ver a Layra. Y no una semana o quince días, sino todo un mes. Tampoco en ese momento caí. Solo pensé que tal vez le ocurría algo que tú no querías contarme, ya que no hacía ni dos semanas que se había ido. Nos fuimos a cenar y cuando le secaste unas gotas de agua a Eve reparé en su pecho, en que era operado. Me acordé entonces de la bolsa de la Clínica. Allí no solo se leía medicina, también cirugía plástica. Me fui de la mesa y entré en la página web desde el móvil, verificando que no existía ninguna unidad de oncología, por lo tanto, difícilmente podrías estar haciéndote unas revisiones rutinarias. Sin embargo, constaté que eran los mejores en cirugía plástica reparadora y todo tipo de tratamientos estéticos. Ahí es cuando empecé a pensar en qué hacía una bolsa de ellos en tu armario, si no era porque en algún momento les habrías visitado. Entonces llego el jueves, y Alex me pide que le acompañe a comprar un regalo para su novia por su cumpleaños. De camino a la tienda, descubrí que pasaba por delante de la Clínica Saint Michel y que tu coche está allí aparcado. Decidí regresar con Alex hasta casa para que no sospeche, me aseguré de que se había ido y me dí media vuelta hasta la clínica. Tu coche continúa en el mismo lugar de antes, dejé la moto para que no puedas verla y desde la acera de enfrente esperé a que salieras. Apareciste sola caminando por el parking y con otra bolsa idéntica a la de tu armario, te subiste en el coche y te fuiste. He querido pensar que igual estabas en una entrevista de trabajo, porque soy incapaz de creer que me hayas dicho que te vas cuando en realidad lo que ibas a hacer era meterte en un quirófano para operarte sin decirme ni una sola palabra. Más tarde, como cada noche, me llamaste a las nueve y media y me contaste despreocupadamente que has estado con Eve en el bar -bajé la vista a sus labios cuando advertí que estaban conteniendo la risa. -¿Te hace gracia? -pregunté casi escandalizada.

-No -trató de controlar la sonrisa que iba lentamente formándose en sus labios. -¿Pero qué querías que te dijera?

Contemplé su precioso rostro, que me miraba interrogante como una niña pequeña arrepentida de su última travesura.

-Si quieres operarte, si eso es lo que realmente quieres, dime que lo necesitas hacer por ti y no por mí. Si supiera cómo te convencería para que no lo hicieras.

-Es por mí, de verdad.

-Déjame estar contigo, por favor. No me eches de tu vida -le rogué de nuevo. -Quiero acompañarte a cada prueba y quiero estar a tu lado hasta que entres en quirófano y cuando salgas de él, quiero que me dejes cuidar de ti hasta que te hayas recuperado del todo. -Apoyó la frente en mis labios y cabeceó agarrada a mi camiseta. -Había llegado a pensar que te estabas viendo con alguien más -confesé.

-No, mi amor, no hay nadie más que tú. ¿Cómo puedes pensar una cosa así?

-Porque no entendía que ya solo pudiera verte los fines de semana.

-No te veía porque era la única forma humana que encontraba para no terminar acostándome contigo. ¿Cuántas veces crees que iba a poder estar contigo sin que me preguntaras por qué siempre llevaba puesto el sujetador?

-Muchas, muchísimas -besé su frente.

-Porque lo sabías -sonrió.

-Al principio creí que no te gustaba que te tocaran el pecho, hasta que el sábado pasado conseguí averiguar que no era verdad... -busqué sus labios y la besé.

Me ardió la piel cuando me devolvió el beso con ternura, acariciando mi lengua con la suya. Tanteé la pared y apagué la sutil luz que iluminaba la habitación.

-No, Kara-susurró al quedarnos a oscuras y comprender mis intenciones. -No quiero que me veas así, ¿no lo entiendes?

-Ya te he visto Lena, y eres preciosa. No sé cómo puedes pensar ni por un instante que algo de ti no me pudiera gustar. Quiero hacer el amor contigo, por favor -supliqué llevándola hasta la inmensa cama al tiempo que retomaba nuestro beso.

Hice que se tumbara y me desnudé adaptando los ojos a la oscuridad. Distinguía con facilidad la toalla blanca que cubría su cuerpo, pero me llevó más tiempo adivinar su rostro y descubrir que me estaba contemplando. Su respiración sonó más fuerte con el roce de nuestros labios y gemí al instante con el húmedo calor de su boca, de su dulce recibimiento. Besaba tan maravillosamente bien que me sacudí sin que aún me hubiera tocado. Ahogó un gemido cuando temblé sobre ella, fundiéndonos suavemente.

-Eres preciosa -sollocé tras apreciar que se tensaba cuando comencé a abrir muy despacio su toalla.

Exhaló aire, permitiéndome que continuara. Me estremecí cuando mi pecho desnudo entró en contacto con el calor del suyo, cuando mi desnudez reposó sobre la suya. Volví a fundirme en su boca y me sentí feliz. Poco a poco la rigidez que aún albergaban sus músculos fue cediendo y su cuerpo me acogió amoldándose al mío, dándome así una completa bienvenida al fin.

-Lena

-Dime...

-¿No te has dado cuenta que fecha es hoy?

-¿Crees que me olvidaría de este hermoso día?

-No sé... tal vez... lo olvidarías -le susurre nerviosa

-Por supuesto que no, quien me crees capaz

-No sabía si lo recordarías y no quise decir nada, pero ahora con todo lo que hemos pasado, no estaba segura de -Fui interrumpida por Lena

-Feliz cumpleaños mi amor.

-Muchas gracias princesa.

-No creas que he olvidado tu regalo... solo que ya que estamos en este estado y será raro hacer lo que tenía pensado...

-Lo único que me importa es estar contigo... -quería por fin hacer el amor con Lena

-¿No quieres saber que tenía preparado? -lo pregunto con un tono de sarcasmo

-La verdad si tengo curiosidad... pero...

-Iba a ser tu doctora sexy, que atendía a su paciente... pero bueno, quizás podemos hacerlo para después. ¿Qué dices?

-Lo dejaremos para después... y tú ya eres mi doctora sexy.

Me beso mientras sus dedos desabrochaban aquel primer botón y después me quito la camiseta con un movimiento lento y sensual. Sus manos la deslizaron por mis hombros

Lena comenzó a besarme lentamente y me excite aún más cuando gimió en el momento que su lengua profundizo en mi boca.

Me estremecí cuando mi pecho desnudo entro en contacto con el calor del suyo, cuando mi desnudez reposo sobre la suya. Volví a fundirme en su boca y me sentí feliz

-Tócame -dije cuando me di cuenta de nuestras condiciones

Gemí cuando me cubrió con sus manos mis pechos y acaricio lentamente mis pezones.

Su mirada se volvió más profunda mientras me contemplaba y acariciaba mi piel desnuda, apreté mi sexo involuntariamente contra su muslo. Sentí el calor de sus suaves labios besando los míos y después bajo la vista lentamente y antes de darme cuenta, comenzó a desabrochar mi pantalón

Por mi parte reanude mis caricias sobre su espalda desnuda, pero Lena quería ir lento, lo descubrí cuando atrapo mi lengua y la disfruto despacio. Ambas gemimos al mismo tiempo

Estaba completamente nublada por la excitación que no me di cuenta cuando Lena me quito los pantalones y las bragas

Me derretí al ver su cuello, es algo que siempre me había encantado, lo acaricie, lo bese y lo lamí tomándome mi tiempo y su cuerpo respondió ardientemente a cada estimulo. Me di cuenta de que estaba peligrosamente cerca de no poder controlar mi orgasmo que sentía como iba creciendo en mi interior y Lena debió de darse cuenta porque me dijo...

-Kara... tranquila... no te preocupes, solo relájate, quiero que lo disfrutes

Solo pude asentir con la cabeza. Ya tenía el corazón tan acelerado como la respiración, solo era consciente del tacto de su mano, que me recorría quemándome la piel. Bajo lentamente por mi pierna y se deslizo suavemente entre mis muslos

Alzo la vista con un movimiento pesado, mirándome con deseo antes de besarme apasionadamente.

Comenzaba a perder el control y supe que no resistiría mucho más, por lo que tenía que ser sincera con Lena

-No aguanto más... Lena... Por favor -Me vi obligada a confesar cuando comenzó a frotarse intensamente

-Solo respira.

-Por favor amor, no aguanto más... ahhh... hazlo Lena

Se apretó contra mi cuerpo, me beso y su lengua entro hasta el fondo de mi boca. Me sujeto por las caderas cuando me tambalee por el placer

-Hazlo Lena... quiero sentirte dentro de mi.

Tomo mi lengua entre sus labios y los chupo con voracidad, al tiempo que retiraba mi mano de su cintura, guiándola inesperadamente hasta cubrir mí entrepierna.

Me moví debajo de ella, entrelazando nuestras piernas. Después la mire insegura cuando su rostro quedo frente al mío, a escasos centímetros. Sabía que estaba algo insegura por hacerme daño

-¿Estás segura Kara? -me pregunto suavemente bajando lentamente su mano por mis piernas.

Note que tenía las manos calientes y su cuerpo se estremeció sutilmente

-¿Todavía me lo preguntas? Quiero que me hagas tuya princesa – le confirme.

-Kara... -susurro mi nombre con mucho temor pero sabía que debía de darle confianza en mi decisión, entonces la volví a besar, quería que supiera que yo la deseaba.

-Nunca he estado más segura de algo en mi vida. Quiero hacer el amor contigo.

Temblé cuando recorrió mi abdomen lentamente y luego bajo sus caricias sobre mis glúteos desnudos mientras sus labios me volvían a besar. Sinceramente me volvía loca cuando me besaba así, me moría por sentirla dentro

Ahora Lena se encontraba encima de mí, y jugaba lentamente con sus dedos en la entrada de mi vagina

-Kara, esto va a doler un poco, tratare de no hacerte mucho daño. ¿Está bien?... Solo déjate llevar y si sientes que te hago daño, solo dímelo y parare.

Solo pude asentir y deje que se adentrara cuanto deseara.

-Puedo tomar tu mano...

En un momento tan romántico, entrelazamos nuestros dedos, creo que eso nos daría confianza a las dos y nos quitaría algo de nervio.

En un lento movimiento Lena me penetro con sus largos y finos dedos, no muy profundo, entro y salió repitiendo lentamente sus movimientos

-Amor ¿Te estoy haciendo daño? – Lena no dejaba de observar mis reacciones.

-Te aseguro que no me lo haces, en lo absoluto.

Mi cuerpo se curvo vencido por el placer que ejercía Lena, me frote contra su mano dejando que brotara aquel comienzo de mi orgasmo. Aun temblaba y me faltaba aire para seguirla, sinceramente era algo exquisito lo que realizaba.

-Lena... -gemí su nombre y note que mis paredes se tensaban para obtener una fricción mayor en la penetración.

Estaba sudando y jadeante cuando saboree la sal que resbalaba por su piel. Sabía que Lena estaba nerviosa, y creo que lo estaba más que yo. Volví a sentir que me penetraba ahora con dos dedos, un poco más rápido que la vez anterior, pero aun sin ser tan profundos. Sabía que iba a doler pero aun mi cuerpo no sentía el dolor que prensaba que se iba a presentar.

-Más por Favor... Lena– murmure entre gemidos, rodeando su cuello con mis brazos

Retome el enloquecido compas, me moví con ella en cuanto su cuerpo busco mayor presión.

Por último me volvió a penetrar con intensidad, fue cuando la pude sentir más, por que realizaba movimientos más profundos y con mayor fuerza dentro de mí.

-Más... no pares – le rogué al oído con un quejido.

Tan solo gemía inmóvil, cuando alcanzo el fondo en su siguiente movimiento. Sentí que me contraía alrededor de sus dedos. Los espasmos y contracciones de mi vagina la envolvían.

-Espera... aun no... me gusta tenerte dentro de mi – Exclame cuando comenzaba a retirarse, permanecí quieta, sintiéndome más enamorada que nunca

Me mantuve con ella, disfrutando su respiración y del calor de su cuerpo junto al mío.

Fue ahí cuando comprendí las palabras de Lena, porque sentí que algo se rompía dentro de mí. El incontenible líquido fluyo empapando mi sexo y resbalo placenteramente humedeciéndome, pero luche contra el dolor que me invadía en ese momento.

Lena acaricio mi rostro con ternura y la mire a los ojos que brillaban.

-Tranquila mi amor. ¿Te encuentras bien? ¿te dolió mucho? – acaricio mi mejilla, secándome las pocas lagrimas que tenía. No me había dado cuenta que mis sentimientos me habían traicionado.

-No me dolió, tranquila – Mi voz sonó ronca por la pasión, quería decirle que no se preocupara.

-¿Segura? Lo siento mucho... quería ser cuidadosa para no lastimarte.

-Fue increíble, estoy sin palabras... perdón Lena, creo que te he mojado.

-Tranquila, fue hermoso. No te preocupes...

-Créeme, sabía que iba a doler, pero ha valido la pena la espera.

Acaricie el dorso de su mano y trate de limpiar sus dedos. Levante la vista para mirarla, pero me dio un vuelco el corazón al descubrir que era ella quien me miraba a mí con una sonrisa hermosa y sus ojos brillaban apasionados

-Todo esto me parece lo más tierno y sensual que he podido ver en toda mi vida, además que fue increíblemente para mi ser tu primera vez... es lo más hermoso que me ha ocurrido en la vida – tomo mi rostro entre sus manos y se aproximó lentamente para besarme con pasión

Me apreté contra su sexo y mi cuerpo se curvo al sentirlo latir contra el mío. La rodee por la cintura impidiendo que se alejara y la atraje hacia mi

-Estoy loca por ti

La reacción de Lena cuando la apreté, fue de moverse contra mí con más fuerza, frotándose con mayor intensidad. Aun no podía creer que fuera Lena la que yaciera sobre mí.

Trate de recuperar el control y olvidarme de la necesidad que latía entre mis piernas. Cerré los ojos y fue ella la que deslizo sus labios contra mi cuello, besándolo lentamente, mientras acariciaba mi espalda, ayudándome a recuperarme. Me sentía muy avergonzada de la reacción que tenía mi cuerpo, sabía que era algo natural

-Ha sido espectacular, maravilloso, increíble. Confesé ocultando mi cara en su cuello.

-¿De verdad?

-Me crees que estoy agotada, no puedo mover un musculo – me abrazo ante mi confesión realizada y comencé a cerrar los ojos.

-Tranquila, descansa mi amor – me susurro mientras besaba mi frente.

Levante la cabeza en busca de sus labios otra vez.

-Bésame – le rogué.

Se separó unos cuantos centímetros de mí y tomo mi rostro entre sus manos para darme el beso que le pedí.

-Me parece un sueño, Lena.

Me separe tratando de recuperar la respiración y apoye mi frente contra la suya para tomar aliento. Sentí que el tiempo se detuvo en ese preciso momento.

-Te amo Kara.

Sentí la emoción de sus palabras y no conseguí impedir que mis ojos se llenaran de lágrimas

-Te amo Lena.

Unos meses después...

-¿Puedes por favor calmarte princesa?

-Kara, estoy a punto de presentarme ante tu madre. No como tu doctora, no como tu amiga, si no como tu novia... ¡TU NOVIA! Así que por favor déjame hiperventilar tranquila.

Después de haberlo conversado por unos cuantos meses, Lena y yo decidimos que contarle todo a mi madre era lo mejor. Ella claramente sospechaba que yo salía con alguien.

Las últimas semanas me quedaba a dormir en la casa de "Alex " demasiado y resulta que a mi madre le entro la vena curiosa de saber lo que pasaba en la vida amorosa de su adorada única hija, hasta que un día leyó un mensaje en mi celular que claramente no tenía que leer y ella simplemente lo termino de confirmar.

Tan seria como iba mi relación con Lena, era cuestión de tiempo para tener esa esperada "conversación con mi madre". Yo estaba bastante nerviosa, aunque no se lo demostrara a Lena.

Ella realmente lo estaba pasando mal, porque para ella las posibilidades de que mi madre la aceptara eran bastante bajas, por la maldita diferencia de edad.

La puerta se abrió y mi cuerpo se tensó, mi madre asomo la cabeza para poder saber de quién se trataba. Echo un vistazo a mi acompañante y luego me quedo mirando sorprendida por lo que parecía una eternidad. No necesito más de 5 segundos para resolver todo este rompecabezas dentro de su cabeza. Que Lena este totalmente pálida y sin habla, le dio también una pequeña ventaja.

Ninguna de las dos dijo una palabra, solo nos cruzábamos miradas como si estuviéramos compartiendo un secreto.

La primera en dar por terminada, al menos momentáneamente, con esa tortura fue Lena quien carraspeo y estiro la mano para poder saludar a mi madre. Ella se adelantó y saludo.

-Hola señora Danvers.

El rostro de mi madre claramente era de una persona sorprendida y desconcertada. Por unos minutos quedamos mirándonos para luego darse cuenta que aun ni siquiera habíamos llegado a la sala para sorpresa de todas.

Lo siguiente que paso fue que ella nos invitó a pasar y luego me arme de valor para soltar las palabras precisas para que mi madre entendiera.

-Mamá... – comencé diciendo pero fui interrumpida por Lena.

-Señora Danvers, creo que sabe perfectamente porque estoy aquí. Ahora mismo puedo notar su incertidumbre, pero Kara y yo hemos desarrollado un vínculo muy fuerte después de haberle dado el alta en la clínica. Ni siquiera se bien como comenzar esta conversación, solo sé que ella y yo hemos compartidos muchas cosas, cosas que tal vez no comprenda. Puede que incluso la confundan y no acepte... – Lena volteo a verme y me dio una pequeña sonrisa y soltar – Estoy completamente enamorada de Kara.

La sala quedo en absoluto silencio, pero después de unos minutos pude oír la voz de mi madre, casi como un susurro preguntando

-¿Tú la amas hija?

-sí mamá. La amo desde la primera vez que la vi...

-Disculpen, por mi reacción. La verdad es que nunca imagine que fuera usted señorita Luthor.

-Por favor... llámeme Lena

-No quiero despreciar su autoridad, así que la seguiré llamando Doctora o señorita Luthor.

-No se preocupe por eso... solo quiero que nos encontremos en una mejor relación entre las tres...

-No te preocupes, mi hija es muy madura e inteligente, por lo cual confió en ella completamente. Solo quiero saber si usted es lo suficiente para mi hija... y

-¡Mamá!... Lena y yo estamos completamente enamoradas.

-Lo sé... solo quiero que Lena y tu estén completamente seguras, ya que es una circunstancia muy diferente a la que me imaginaba.

-Lo entiendo, pero creo que nosotras estamos completamente seguras en dar este paso juntas- hablo Lena.

Mi madre terminó por aceptarlo, no estaba del todo de acuerdo pero sabía que yo no iba a cambiar de opinión, y mucho menos dejar a Lena.

Después de unos días, mi madre y Lena tuvieron una charla en privado, se reunieron en una cafetería o algo así, pero ni ella ni Lena quisieron contarme que era lo que habían hablado. Intente muchas veces que Lena soltara la lengua pero parecía que tuviera un especie de pacto o algo así. Después de un tiempo desistí al ver que mi madre realmente estaba colocando de su parte para poder relacionarse con Lena, así que con eso me bastaba

Una vez oficializada mi relación con mi madre, decidimos dejarnos ver más en público, eso consistía en ir al bar a ver tocar a las chicas como pareja oficial. Alex casi se le salieron los ojos al vernos llegar tomadas de las manos y los demás no se quedaron atrás, aunque no hicieron ninguna pregunta, después de eso simplemente lo aceptaron como amigos que se habían convertido para mí.

Excepto Alex y su manera tan disimulada de actuar, ella me llevo a un lado del local y me exigió que le contara absolutamente todo. Quería hasta los detalles.

Sin embargo no todos lo tomaron bien, en este caso hablaba de Lucy. Cuando nos vio entrar al bar, tomadas de las mano y nos sentamos junto al grupo. Lena y yo teníamos pequeñas muestras de cariño, en lo que para Lucy no pasó desapercibido y en un momento de celos, se levantó con una copa de vino tinto y cuando regreso paso por un lado de Lena y se la tiro encima del vestido Blanco que llevaba

Según Lucy fue un descuido en el que tropezó, pero para mí no fue suficiente, en un segundo estaba a su lado sosteniéndola por el cuello. La verdad es que me consideraba una persona tranquila, pero cuando vi su accionar contra mi novia, juro que me invadió una actitud de furia que casi la mato en ese preciso momento, lo único que la salvo y me detuvo fue Lena. Se paró a mi lado y me susurro que la soltara, que nos regresáramos a casa. Esa fue la última vez que vi a Lucy en mi vida.

-¿Qué te parece Roma?

-Lena por favor. Necesitamos tener esta conversación antes.

-Mi amor, no me pasara nada, solo será un mes en recuperación y luego tu y yo podremos darnos unas merecidas vacaciones.

Que tomara el tema tan a la ligera me afectaba demasiado. Más que demasiado diría yo. Tal vez ella no veía la operación como algo peligroso, pero yo sí. El solo saber de una pequeña posibilidad de perderla, por mínima que fuera me ponía los nervios de punta. La mayoría de nuestras discusiones venían siendo por eso. Ella bromeaba con el tema y yo trataba de hacerla entrar en razón. Aun así ninguno de mis intentos valió la pena porque Lena estaba demasiado aferrada a la operación. Incluso tenía una fecha ya programada.

7 días más... solo 7 días más de aparentar que todo estaba bien y que no existía ninguna posibilidad de estar separadas. Puedo sonar un poco dramática pero el tema es bastante serio. Comenzando por el simple hecho de intervenirse probando un nuevo método en ella y terminando por que esta maldita operación podría traer consecuencias más adelante.

Algunas noches no dormía de solo pensar todas las consecuencias que podría traer todo esto. Sabía que la operación era un soplo de confianza par Lena y para nuestra relación, desde su punto de vista. Pero luego desde el día que me enseño la cicatriz, todo se volvió aún más íntimo, si eso era posible.

Cada vez que hacíamos el amor, Lena dejaba que explorara cada parte de su cuerpo. Me entregaba su alma y su cuerpo a un cien por ciento. No escondió nuevamente la cicatriz. Por un momento logre pensar que era un tema ya pasado y que realmente lo había olvidado. Pero después de un día de extrema felicidad, ella saco el tema a flote, como el día de hoy.

-¿Podemos tener una conversación normal?

-Oh disculpa ¿de qué quieres hablar? ¿Carros, barbies, menstruación?

-Lena, esto es un tema importante para mí, porque si te pierdo yo... -la voz se me quebró y las lágrimas que estaba conteniendo cedieron – te amo y solo quiero que sientas que amo cada parte de ti, todo de ti.

-Puedo sentirlo cada día Kara– Lena se acercó y me abrazo – créeme que lo siento, pero esto es algo mío, por favor entiéndelo.

Al parecer la resignación era la única reacción correcta, era todo lo que podía darle. No cambiaria de opinión eso me lo dejo bastante claro, ni por mí, ni por nadie. Así que aceptar y resignarme era lo más sensato en ese momento.

-Si te pasa algo, juro que te mato.

Lena se rio

-Si me muero, tú y yo vamos a seguir en contacto.

-¿Es tu forma de tranquilizarme? Por qué no tiene ninguna gracia.

-¿No te gustan los fantasmas?

Me disponía a separarme del abrazo de Lena, por su manera de tomarse un tema tan serio, pero esta fue más rápida y me aparto contra ella.

-Cuando esta operación pase, tú y yo vamos a disfrutar la vida que nos queda por delante – coloco un mechón detrás de mi oreja y me miro a los ojos fijamente – porque no pretendo ir a ningún lado si no es contigo. He tenido la "conversación" con tu madre, créeme que no pienso volver a pasar por eso ahora que finalmente me ha aceptado.

Amo tanto a esta mujer

Cuando sus labios entraron en contacto con los míos pude sentir ese amor, esa libertad y esa promesa que me hacía Lena. Porque desde que la vi por primera vez, caí rendida a sus pies. Porque cada vez que la miraba solo podía imaginarme mi vida con ella.

Por eso opte por la resignación, porque después de todo venía acompañada de mi felicidad.

Resulta que la operación fue un éxito. El proceso de recuperación no tanto, ver a Lena adolorida y sin poder moverse, resulto bastante doloroso. Pero siempre estuve ahí para ella

Mi madre afortunadamente me dejo cuidar a Lena, aunque creo que me dejo hacerlo solo porque sabía que con o sin su permiso lo haría igual. Todavía le costaba hablar de Lena y de mí como pareja pero para mí, era cosa de acostumbrarse con el tiempo. Porque yo no dejaría que nadie se interpusiera en nuestro camino... yo la amaba hoy siempre.