"Por fin..."

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Kirishima tuvo un vistazo de la cabellera rubia cuando recién salió de los pasillos, mas por distraerse con Midoriya, lo perdió de vista.

Así que, tomando del brazo al chico, se fueron corriendo a paso sigiloso para no causar mucho ruido en la zona. Se dirigieron por los pasillos de los pisos del dormitorio, mientras él usaba su ojo de águila para encontrar a su amigo, quien posiblemente estaría destruyendo algo en esos momentos.

—¿Y si buscamos a Kacchan por fuera de los dormitorios?— Sugirió Midoriya.

—Buena idea— En realidad no lo había pensado, así que tomó esa idea en cuenta. Por lo que salieron de los dormitorios y fueron a buscarlo en el gimnasio. Que es donde posiblemente él estaría.

Luego de un rato, escucharon una señal de vida venir de los casilleros. Se detuvo, con Midoriya en su espalda.

—Es Kacchan— Supuso Midoriya, susurrando.

—Deja ver— Avisó él. —Tú quédate aquí—Lo situó detrás de unos casilleros, recibiendo una mirada desconcertada del chico; que en lugar de replicar, obedeció. —Yo hablaré con él y lo que sea que Bakugou diga, escucharás todo.

—Pero, está mal escuchar la conversación de otras personas—Musitó con incomodidad. —Yo no espiaría a Kacchan.

—Tú solo escucha— Ordenó, sin tomarle importancia a lo que recién dijo —Escucha y guarda silencio.

Midoriya hizo una mueca de consternancia. Se notaba que se debatía en lo que estaba bien, de lo que estaba mal.

—Está bien— Acordó Midoriya. —Guardaré silencio.

Kirishima sonrió de lado. Y entró al aula de casilleros, con Midoriya detrás suyo, caminando de puntitas. El paso sumamente sigiloso del chico, significaba que tomaba en serio sus indicaciones.

Kirishima caminó a paso rápido, metiéndose en cada pasillo de los casilleros en busca del chico explosivo. Escuchó unos bruscos golpes en contra de un casillero. Golpe tras golpe, se avecinaba una tormenta la intensidad de cada puñetazo que ejercía.

Kirishima se escabulló por el último pasillo de los casilleros, topándose con Bakugou, que golpeaba su propio casillero con fuerza, temblando de rabia e impotencia. Sus golpes resonaban por todo el aula.

—Maldición— Gruñía. —Maldición. Maldición.

Kirishima tragó saliva.

Este era el momento cumbre donde se enfrentaría a él de una vez por todas.

—Bakugou— Lo llamó.

Él se giró de un sobresalto, fulminándolo con sus orbes rojizas. Su cuerpo florecía en tensión, los estigmas de los golpes se mostraban en los nudillos de sus puños, mismos que temblaban de una manera casi espasmódica, que causaba escalofríos.

De no conocerlo como lo presumía hacer, diría que estaba bastante afectado por los estragos del juego. Tal vez los vestigios de las palabras de cada uno, hirieron el orgullo de Bakugou. Tal vez no volverían a ser amigos, dado lo sucedido.

—Ya estarás contento con la escenita que hiciste en el jueguito en el que tú— Lo señaló crispado. —Y tus amigos planearon.

—También son tus amigos.

—Amigos que me apuñalaron por la espalda— Exasperó Bakugou. —¡Me apuñalaron todos ustedes bastardos por la espalda! ¡Los odio!

—Me da igual lo que opines de nosotros, Bakugou— Apuntó Kirishima, sin un ápice de consternación. —Yo hice lo que tenía qué hacer.

El chico explosivo gruñó y se a él con paso tajante. Sin detenerse, le restregó un puñetazo áspero en la mejilla, que gracias a su quirk, logró salir intacto. Mientras que Bakugou se arredró, porque a él sí le dolió, aunque no lo admitió.

—¡Eres un fastidio, Kirishima!— Despotricó Bakugou, cabreado. —Nunca debiste de meterte en mis asuntos, bastardo.

—Tú no hacías nada— Acusó Kirishima, dando un paso al frente.

No se inmutó por el golpe.

—Ni siquiera tienes los pantalones para admitir tus sentimientos.

—¿Qué has dicho?!— Exasperó con la cara ardiendo en furia.—¿Quieres morir, bastardo? Porque no tengo problema con matarte aquí mismo.

—Eso no es lo que diría un aspirante a héroe— Corrigió. —Está claro que no estás pensando con la cabeza.

—Y tú tampoco— Reclamó, empuñando las manos. —Planeaste toda está basura para humillarme.

—Esa no fue la intención— Explicó, sobreponiendo su voz. —Mi intención era hacerte tragar tus palabras, porque ya me había cansado de que no hagas nada.

—Lo que yo haga no es asunto tuyo—Acusó, señalándolo con el dedo.

—Y tú, ¿por qué no hacías nada?!— Reprochó, dando un paso al frente. —No mueves un solo dedo y Midoriya anda detrás tuyo.

—Eso no es cierto— Negó, desviando la mirada.

—Por supuesto que es verdad— Insistió Kirishima. —¿Es que tú también eres tan denso para no notarlo?

—¿De qué estás hablando?— Dijo Bakugou, medio perdido en el asunto. —¿Acaso me estás diciendo idiota? Estúpido.

—¡Sólo responde!— Exclamó impacientado. —¿Por qué no hiciste nada?

—No me evadas.

—Si tú respondes— Tanteó en tono amenazante. —Te diré el resto.

—¿Qué resto?

—¡Responde!— Exclamó.

—¡Tú responde!— Gritó a la defensiva.

—¿Es que eres tan cobarde para evadir tus sentimientos?— Lo encaró, dando un paso intimidante, que hizo que el chico explosivo retrocediera. Su labio inferior tembló. Si Kirishima quería que él hablara, tendría que atacar su orgullo. —¿Acaso tienes miedo?

—No tengo miedo— Reaccionó, mostrando sus dientes apretados.

—¿A qué le tienes miedo?!— Atacó, caminando lo suficientemente brusco, que provocó un sobresalto en su amigo, quien lo ojeó con un ápice de furia.

—¡No tengo miedo!¡No siento miedo!— Alardeó en respuesta. —¡Deja de molestarme!

—¿Haz olvidado nuestra charla?— Incentivó Kirishima.

Una nueva cara emergió del rostro de su amigo. Lucía anonadado y no de una buena manera.

—Dijiste que Midoriya estaba fuera de límites— Remembró Kirishima. —Que si lo tocaba, me pulverizabas. Dijiste que nadie debería de meterse con él y que no lo molestáramos con fines egoístas.

La cara de Bakugou era de reconocimiento de sus palabras, mas su ceño no se desvanecía. Podía jurar que su párpado se contraía.

—No dirás nada, entonces?— Lo provocó Kirishima.

No se rendiria tan fácil.

—¿No vas a admitir lo que sientes? ¿Tan cobarde eres?

Un golpe se estampó contra el casillero, causando una abolladura hundida. El golpe lo había dado su amigo, en un arrebato de impotencia.

—No soy cobarde— Gruñó Bakugou. —¡No soy un maldito cobarde!

—Entonces, qué?— Silencio. —¿Qué es lo que te detiene de decirlo? ¿Quién te frena? Nadie te está deteniendo. Tú eres el que se pone un freno y no hace nada. Solo te quedas quieto con esa cara de miserable.

—¡Lo sé!— Interrumpió el chico explosivo.

—¿Qué sabes?— Encaró.

Sus orbes rojizas se eclipsaron en una tenue nube de polvo, su quijada apretada, acompañado por un temblor en su labio inferior.

—¿Quieres saber lo que me pasa?¿Hah?!— Gritó su amigo.

—¡Sí, sí quiero saber!—Gritó del mismo modo que el suyo.

—Tengo miedo— Confesó desesperado. Kirishima se quedó silenciado por aquello. —Tengo miedo de decirle a Deku lo que siento por él. Tengo miedo de destruir nuestra amistad. Tengo miedo de acercarme mucho a él y lastimarlo, porque no lo quiero lastimar más. Tengo miedo de que Deku sienta rencor hacia mi por lo que le hice.

—Sabes que no es así— Corrigió Kirishima.

—¿Y si no es así?!—Dijo de sobremanera. El temor en sus ojos parecía una capa de niebla que no se dispersaba, sino que se pintaban por un matiz oscuro. Sombrío. —¿Qué hubiera pasado si Deku me odiara?

—Él no te odia.

Bakugou se pasó una mano entre sus mechones, revoloteando sus puntiagudos cabellos. Su semblante gritaba miedo. La desesperación en su voz agrieta su conflicto consigo mismo.

—¿Y si me odiara?!— Replicó el rubio.

—Pero no te odia— Objetó Kirishima. —¡Midoriya no te odia! Entiéndelo en ese orgullo que tienes.

—¡No puedo evitar pensarlo, cabeza de picos!—Gritó, agitando las manos. —Porque yo no…yo no…— Lo miró a los ojos, evidenciando su clara frustración entrelazada con angustia. —¡Yo no merezco a alguien como Deku!—Kirishima abrió sus orbes. —Yo no merezco su compasión y su amabilidad. No merezco que me quiera, después del infierno que le di casi toda su vida… soy un asco de persona.

—¿Por eso no hacías nada?— Supuso tras unos segundos de haber proceso lo que dijo. Su intuición lo incitó a que sí se debía a eso, pero necesitaba comprobarlo. —¿Por eso me dejaste el camino libre y preferiste ser miserable que hacer algo por tu felicidad?

Bakugou contuvo un grito exasperado que amenazaba con escapársele, mas se abstuvo de hacerlo y se limitó a asentir.

—Eso no es varonil— Opinó Kirishima, respecto a su comportamiento. —Tus razones puede que tengan fundamento, pero para mí no. Tus razones me parecen tontas.

—¿Qué has dicho, bastardo?— Bakugou le dirigió una mirada ofendida, a cuestas de que su pesar abarcaba toda su expresión.

—Está bien que tengas miedo, Bakugou— Optó por tomar aquella tangente, en lugar de suponerle una carga que quizá lo haría odiarlo. —Pero eso no es motivo para no luchar por lo que tú quieres. Nadie te ha puesto un alto para que no intentes luchar por lo que sientes por Midoriya. Él te quiere mucho.

Bakugou apretó sus cejas en un nudo. Su mirada cristalina, le daba un toque de que lloraría.

—Yo nunca tuve una oportunidad con él— Manifestó Kirishima, tomado por el impulso de desahogarse. —Tampoco Todoroki, porque sabes que a Todoroki también le gusta Midoriya— Bakugou relajó sus facciones, cambiando a una ligera cara de burla. —Pero tú— Lo señaló. —Tú haz tenido la oportunidad de poder estar con él y te rehusas a aceptarla. Ya sea por tu orgullo, tus razones, tu pasado con Midoriya, lo que sea que tengas que decir para justificarte es pasable, pero no cuando Midoriya busca conectar contigo. Dices que no quieres arruinar lo que ya tienen, pero tú eres el que lo está arruinando con tus conductas y tus palabras hirientes. Y no me veas así, Bakugou, porque sabes que es verdad. Tú haz alejado a Midoriya de ti una vez más y te justificas diciendo que no lo quieres lastimar, pero lo que en realidad haces, es lastimar a Midoriya, dándole la espalda.

—¿Dices que esto lo ocasioné yo?!— Irrumpió el rubio, consciente de lo que planteó.

—Sí, Bakugou— Afirmó pausado. —Esto lo provocaste tú.

—Idiota— Murmuró. Pero no supo a quién iba dirigido ése insulto.

—Aún estás a tiempo de arreglarlo, sabes?— Suavizó su tono. —Estás a tiempo de hacerle saber a Midoriya lo que sientes por él.

—No puedo— Dijo áspero.

—Sí puedes— Indicó. —Tú te estás poniendo un alto para no hacer nada. No seas cobarde, Bakugou.

—No lo soy— Negó molesto. —Cállate. Te odio.

—Yo también te odio— Añadió con una sonrisa triste. —Te odio por tener el amor de Midoriya sin intentarlo.

—¿Qué carajos dices?— Replicó, sonsacado. —Lo dices como si Deku me quisiera.

—Es verdad— Siguió Kirishima. —Midoriya te quiere, más allá de ser solo amigos. Pero eso no me corresponde a mi decirte, sino— Dio unos pasos atrás, llegando al final del pasillo de casilleros, donde había dejado a Midoriya. La cara del chico reflejaba su contento, entremezclado con una expresión de encontrarse conmovido. Se veía tan lindo. Ojalá y esa expresión se la hubiera hecho a él, pero no existe ese final para él. —A Midoriya de decírtelo a ti.

—¿De qué estás hablando, pelo pincho?— Bakugou enarcó una ceja.

Con un suspiro, le dijo al chico del pelo verde:—¿Ya escuchaste?

—¿A quién le hablas, idiota? Te estoy hablando a ti—Señalo el chico explosivo.

Midoriya lo miró y asintió, quitándose así la mano de la boca.

—Sí escuché— Afirmó.

Y Bakugou palideció al oír su voz.

—¿Lo trajiste?!— Acusó Bakugou, sintiéndose atacado. —¿Es esta otra manera de humillarme.

—No, no lo es— Negó Kirishima. —Es la manera en la que se me ocurrió de que pudieran hablar, porque conociéndote, no te sincerarás aunque tengas una pistola en la cabeza.

—No paras de apuñalarme por la espalda, ¿eh bastardo?— Bakugou empuñó sus manos.

—No te apuñalé por la espalda, Bakugou— Aclaró Kirishima, al momento en que estiró la mano y alcanzó tocar el brazo de Midoriya, quien lo miró agradecido.

Se sintió como un perdedor, pero no tenía nada qué perder para esos instantes, en que dejaría que esos dos aclarasen todo. Los tercos tendrían que poner sus sentimientos en la mesa.

Midoriya caminó siendo halado por él, apareciendo en el rango de visión de su amigo, que se ruborizó de verlo.

—Midoriya no quería escuchar nuestra conversación, pero yo insistí en que lo hiciera— Explicó Kirishima, colocando a Midoriya justo en frente de su amigo, que lo observaba con miedo, dentro de su ceño fruncido y su mirada fría. —Él también necesitaba saber tus sentimientos, y él está dispuesto a decirte los suyos.

Midoriya asintió.

—¿Qué sentimientos?— Exigió el rubio. —¿De qué sentimientos está hablando, Deku?

Midoriya cogió aire, diciendo:—Que me gustas, Kacchan.

—¿Hah?— Escupió incrédulo. —Deku, no tienes que fingir. Este idiota te metió ideas en la cabeza. No le hagas caso.

—No miento, Kacchan— Aclaró Midoriya. La calma en su entonación, infringía una calma en el ambiente, que provocaba un sentimiento austero de sutileza. —Kirishima me hizo darme cuenta de lo que siento por ti. Él le puso nombre a mis sentimientos.— Bakugou seguía sin creerle. —Me dijo que lo que siento por ti es amor.

—Tonterías— Bufó Bakugou, llevándose el antebrazo a cubrir lo que parecían ser rastros de lágrimas, que no cedieron en caerse.

—No son tonterías, Kacchan— Aclaró Midoriya, dando un paso adelante, que afectó al rubio, que en respuesta, retrocedió otro paso. —Yo no mentí cuando dije que te quiero— Bakugou se ruborizó. —Mis palabras son sinceras y mis intenciones contigo también lo son. Yo te quiero, Kacchan.

—Deku, ya basta— Puso una barrera, subiendo sus brazos como escudo protector, ante el ataque del chico.

Solamente Midoriya podía penetrar esas barreras.

Kirishima sólo podía limitarse a verlo impresionado con el poder que Midoriya tiene sobre él.

—Te quiero, Kacchan. Me gustas— Repitió Midoriya, aumentando la intensidad de su tono. —Solo contigo me siento más que completo. Eres más que mi mundo, más que la persona que admiro. Me haces feliz con sólo estar a mi lado.

—Basta— Espetó Bakugou, bajando la cabeza. Su quijada temblaba violentamente. Sus hombros se agitaban. —No sigas, Deku…

—Por favor, créeme Kacchan—Pidió Midoriya, acercándose a su amigo. —Créeme, Kacchan. Me gustas. Eres todo lo que quiero.

—Deja de decir esas cursilerías, Deku bastardo— Gruñó trémulo.

Midoriya aprovechó que él estaba echo un nudo de conflicto, para tomar su mano y halarlo hacia él, aprisionándolo en un abrupto abrazo. Bakugou jadeó en sorpresa.

—¡D-Deku, suéltame!— Ordenó.

Kirishima pestañeó confundido.

¿Acaso Bakugou tartamudeó?

Diría que es imposible que él tartamudeara, mas con Midoriya presente, aseguraba que tartamudearía más en adelante, pues el chico lo volvía otro. Lo hacía verse humano.

—Deku, no me hagas esto— Advirtió Bakugou, retorciéndose en el abrazo. —Te mataré.

—No me importa— Estableció Midoriya, convicto. —No te soltaré, Kacchan. Te quiero y no pienso dejarte ir.— El rubio jadeó, sacudiendo sus brazos a los lados. —No me alejes más de ti, Kacchan, te lo suplico.

—¡Deku, detente!— En ese breve lapso en que habló, percibió el desbarato de su voz.

Podría divagar en que el detrás de aquellas líneas decía: No me hagas esto, no me hagas vulnerable a ti. ¿No ves que me desmoronas?

—Me hace más daño no estar contigo— Externó con tal presencia que silenció incluso al rubio. —Permíteme estar a tu lado, Kacchan. Es todo lo que he querido desde que te conozco y desde que me acepaste como tu rival, ha hecho que mis esperanzas de que me aceptes en tu vida, sigan creciendo. Estoy tan dichoso cuando me permites hablar contigo. No importa lo corto que sea la conversación. Es suficiente para que mi día sea más brillante que antes.

Kirishima contemplaba la escena, en espera de que Bakugou dijera algo, pero no dijo nada. No quiso aventurarse a divagar sobre lo que pasaba detrás de su cabeza, mas atinaba en pensar que quizás los pensamientos de su amigo florecían. Cedían a su fuerza.

En eso, Bakugou alejó a Midoriya del abrazo. Solo un poco. Y se lanzó a sus abrazos, envolviendo sus brazos alrededor su cuello, escondiendo su cabeza en la abertura de su cuello. Apretaba los ojos con fuerza

—Deku— Articuló embelesado.

Kirishima sonrió orgulloso de que su amigo, por fin cedía a sus anhelos.

—Kacchan— Midoriya suspiró complacido, abrazándolo de igual manera.

—Deku— Repitió su amigo, abrazándolo más fuerte. Aferrándose a Midoriya lo más posible. —Deku, Deku...

Se escuchaba tan agradecido de poderlo abrazar, que no evitó ampliar su sonrisa.

Por fin, se dijo Kirishima.

Por fin están juntos estos tercos.

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NOTA: Lamento dejarlos con la intriga en el capítulo anterior, traté de hacer el capítulo lo más allegado posible. Espero que les guste.

Pobre Kirishima, nunca tuvo una oportunidad. Sacrificó su amor por Midoriya, para que Katsuki fuera feliz con él.