— Parece que viste a un fantasma.
—¿Eh? Lo siento.
Atsushi volvió a su escritorio, ocultando las manos al notar que estaban temblando. Sentía el sudor frío corriendo por su espalda, algo amargo y profundo en su estómago que no sabía explicar.
—¿Estás nervioso porque Chuuya siga aquí? Pensé que alguien de la Port Mafia vendría por él.
—Akutagawa está aquí.
— ¿Eso es lo que te puso nervioso?— Dazai se recargó contra el escritorio de Atsushi, acariciando su rostro—. Ya que le hicimos un favor a su superior no creo que haga alguna estupidez como ir tras tuyo, además estamos todos aquí.
—Sí, tienes razón.
La sonrisa le salió nerviosa, increíble y sus manos en sus piernas seguían temblando, la garganta hecha un nudo. Dazai suspiró, el ceño fruncido en preocupación mientras se arrodillaba frente a él, su rostro en sus piernas.
—¿Pasó algo, cariño mío? Sabes que puedes confiar en mí.
—N... Es...Bueno, no tenía idea de que Akutagawa y Chuuya estuvieran juntos.
—Salvo estas excepcionales ocasiones no es como que tengamos mucho contacto con ellos, no creo que sea la clase de cosas que deberíamos saber.
—Tienes razón.
Atsushi era un diamante puro, tan transparente que por más que lo deseara los secretos no tenían dónde ocultarse en él, saltaban a la luz con tal iridiscencia que lastimaban a la vista. Latía desconsolado y Dazai sentía más curiosidad que preocupación. Tomó su mano, besando sus dedos.
— En verdad no tienes por qué mentirme, si te hizo algo...
—No quiero que me odies ni que te molestes conmigo. Pero hay algo que no te he dicho y me siento cruel por estarlo ocultando. Akutagawa y yo estuvimos conviviendo, bueno, no sé si sea correcto decirlo así, a veces iba a verme por las noches, mayormente cuando estaba herido. Pensé que podíamos llegar a ser amigos, hablamos mucho y nos dimos cuenta que tenemos más en común de lo que parecía. En algún momento estuve enamorado de él, Dazai. Me obligaba a ser valiente, no me permitía tener dudas ni sentirme débil por mi pasado, puede que muchas veces nos tratáramos con desprecio, pero en varias ocasiones puedo decir que me trató como su igual y eso me hacía muy feliz. Me hacía feliz que confiara en mí y aunque nunca me insinuó que sintiera algo por mí yo era feliz mientras buscara mi compañía. Me aseguré de haber dejado en el olvido ese enamoramiento, fue algo sin fundamentos y tonto, sólo entonces me atreví a acercarme de esa manera a ti, pero verlo con Chuuya me movió algo.
¿Tenía permitido reírse? ¿Debía tomar una actitud más posesiva o mostrarse ofendido? Ladeó el rostro, pestañeó y Atsushi se mordió los labios, esquivando su mirada, evitando tocarlo.
— Creo que es fácil confundir la admiración y el respeto con cariño. No te estoy juzgando, tampoco estoy molesto, es algo que ocurrió antes de que estuviéramos juntos. Supongo que es normal que sientas un poco de celos, pero al final lo que importa es que ya quedó todo en el pasado y quizá verlo con alguien más es lo que termina por borrarte lo que sentías.
—Tienes razón. Lo siento. Gracias por no enfadarte.
Una débil sonrisa, casi dolorosa se deslizó en sus labios mientras acariciaba su mejilla, intentando por todo no echarse a llorar, no dejarse caer rogando por consuelo a Dazai, sabiendo que no lo merecía. Había forjado alianza con el enemigo, le había dejado entrar a su refugio y a su corazón exponiendo a sus compañeros. Estaba teniendo el descaro de decirle todo eso en la cara. Y aún así Dazai estaba allí, acariciando su rostro con una sonrisa tan dulce que le hacía sentirse a salvo, perdonado.
— Te amo tanto, Atsushi.
Era cruel. Desalmado. El brillo en sus ojos, el rosa pálido en sus mejillas y los labios ligeramente abiertos por la sorpresa, el pulso cambiando del dolor y decepción a la más pura inocencia.
— Yo también te amo.
Si Atsushi fuera tan sólo un poco menos ciego...
Tras la copa dorada y las burbujas las cosas se veían diferentes, cómicas y llevaderas. Le daba el valor para aflojar el hilo que lo tenía tenso todo el tiempo, adivinando un castigo si se salía sólo un poco del guión. Pero tras el dorado del alcohol pensaba que podía encontrar un telón que lo ocultara, que le diera un poco de privacidad. Después de todo ¿No le debía el mundo un poco de paz? Le había hecho soportar tanto, al menos podía permitirse algo así ¿Verdad? No estaba rompiendo ningún mandamiento al simplemente reírse.
— No, te lo digo en serio. Personalmente podría vivir de papas fritas y soda.
— No te puedo imaginar metiendo tus manos en una grasosa bolsa de papas fritas, pareces tan...dandy.
—¿Dandy? Cielos, Akutagawa, me has visto vomitar por estar ebrio, no tienes por qué ser tan amable. Pero sí, de verdad. Los gustos refinados y todo eso es porque ya sabes, vivimos en cierto ambiente y amerita ciertas actitudes, pero en el fondo disfruto las cosas más sencillas.
— A mí me gustan mucho los caramelos. Soy algo codicioso con el azúcar pero no me gustan los postres con nombres impronunciables, prefiero también algo más simple.
— Y aún así aquí estamos, bebiendo champagne cara y comiendo filetes caros— levantó su copa para chocarla contra la de Akutagawa—. Por las papas fritas y los caramelos que no comemos porque no son lo suficientes dandy para un par de mafiosos.
Le gustaba la risa de Akutagawa, era como una hoguera al apagarse, rápida y seca pero franca, agradable. Apoyó su mano en la mesa buscando la suya, con una sincera calidez al verlo sonrojarse pero aceptar el tacto, sus dedos largos y finos tocando sus guantes con respeto, apenas la punta. Era todo tan inocente. Tan íntimo.
—¿Alguna vez le dijiste a Atsushi lo que sentías por él?
—Primero no estaba seguro de lo que sentía y después simplemente no encontré las palabras. Pensé que creería que le estaba tomando el pelo o que tendría intenciones ocultas.
—¿Alguna vez se mostró interesado en ti?
— No creo que sea correcto hablar de él en nuestra cita, Chuuya.
— Hablas como si no creyeras que lo único posible entre nosotros es amistad o ser compañeros de copas.
Se encogió de hombros como un cachorro pateado, ocultando el golpe tras su copa, con la elegancia que su oficio les tatuaba como código, apenas frunciendo los labios. No quería ser cruel con él pero eso significaba no darle falsas esperanzas.
— La amistad está infravalorada. A veces es mejor tener un buen amigo que un buen amante.
—Que seamos amigos no significa que no podamos dormir juntos, Akutagawa— le guiñó un ojo con coquetería, recibiendo una sonrisa ladeada—. Pero debo insistir, creo que es un poco triste que nunca le hayas dicho lo que sentías.
— No soy rival para Dazai, y no quisiera que tuvieran problemas por mi culpa.
—No es como que vayas a tirártelo o secuestrarlo, sólo decirle.
—Lo de secuestrarlo suena interesante, parece que es la clase de persona que disfruta que lo amarren.
Chuuya pestañeó incrédulo ante la risa de Akutagawa, desinhibida e incluso juguetona. Vaya que era una persona interesante.
—No me atrevo— risa que se disolvió apenas la inseguridad volvió a tocarlo—. Atsushi es importante para mí pero también lo es Dazai. No quisiera que me odiara o se sintiera desilusionado.
—Esto es algo sólo entre tú y Atsushi, él no necesita saberlo. Creo que Atsushi puede comprenderlo, al menos inténtalo.
—Una parte de mí está segura que sólo te motiva a animarme el poder crearle alguna incomodidad a Dazai, sé que nunca se llevaron bien. Pero creeré en ti y lo intentaré.
Chuuya levantó su copa, el mentón recargado contra la palma, el azul tranquilo en apariencia.
—Prometo consolarte o encubrirte según transcurran las cosas, amigo.
Si Akutagawa fuera tan sólo un poco menos ciego...
Atsushi pensaba que los ojos de Akutagawa eran como polvo de luna, brillaban en un gris apagado contra la noche en lugar de fundirse en ella, de pie a la ventana en el pasillo. Se apuró a abrirle con un dedo en sus labios, mirando a Kyouka dormir apaciblemente. Por primera vez le había escrito antes de aparecerse, preguntando si podía recibirlo. Quería creer que era una trampa, pero también pensaba que le pediría silencio ante su relación con Chuuya. Contempló la opción de llevarlo al baño, pero si la chica sentía deseos de orinar. No. Suspiró, tomando la mano de su invitado para guiarlo, indicándole que entrara a su estrechísima nueva cama en el clóset, sorprendiéndose un poco que aceptara tan de buena gana entrar, acomodándose de costado. Quizá no fue buena idea, porque sentía su aliento tan cerca, porque sentía su rostro tan cerca.
— Tenía casi dos meses que no te aparecías por aquí, pensé que por fin habías conseguido un buen médico.
—No estoy herido.
—¿Entonces vienes porque te vi con Chuuya? Aunque no creo que haya sido muy higiénico que lo hicieran allí no tienes qué preocuparte, no dije ni diré nada.
—Sólo cierra la maldita boca y ...Estoy enamorado de ti. Me jode que Dazai y tú estén saliendo, me jode que estés enamorado de alguien más y me jode no haberte dicho nada antes pero no voy a interferir, sé cuál es mi lugar aunque lo odie. No sé qué pensabas sobre esto, pero mi único motivo para venir aquí era verte, maldita sea, alguna vez le pedí a Chuuya que me disparara para tener una excusa. Pero no puedo con lo que siento, no quiero verte con otra persona, no me importa si te hace feliz.
Silencio. Pesado, amargo, obligando al gris a buscar al violetadorado, encontrando la película acuosa del llanto, los labios mordidos y las mejillas enrojecidas por estarse guardando un grito, quizá un insulto.
—¿Por qué?
Sollozó, cubriéndose la boca, ahogando el llanto, inclinándose contra el pecho de Akutagawa, que a pesar de la sorpresa y sentir su cuerpo adormecido, lo abrazó contra suyo, acariciando su cabello francamente sin saber qué decir.
— ¿Por qué?
Repitió, colgándose de su cuello, manchando su camisa, obligándolo a sentirlo más cerca, como si el pequeño espacio no fuera suficiente excusa. Akutagawa tragó saliva, queriendo disolver el nudo que sentía, queriendo callar lo que fuera que le comandaba con tanta insistencia a sus movimientos. Sujetó el mentón de Atsushi, obligándolo a mirarlo. Pasó su dedo por sus ojos, después sus labios, secando sus lágrimas, besando sus mejillas. El calor allí era una droga, el olor de su piel.
Lo besó.
Apenas presionó sus labios contra los otros, apenas probando el calor y la suavidad que enseguida desataron todas las flores en su interior, todas las mariposas. Todo el fuego cuando Atsushi cerró sus puños en su ropa, abriendo apenas la boca para pedirle un poco más, para permitirle un poco más. Sujetó su cintura, atrapando su labio inferior entre los suyos, las manos de Atsushi en su pecho, los ojos cerrados y los labios abiertos, su aliento volviéndose líquido contra su paladar, separó más, la punta de su lengua tentando el paraíso.
Paraíso que se cerró en un segundo, con un Atsushi aterrado separándose de tajo de él, los enormes ojos fijos en él, murmurando algo sin sentido mientras le daba la espalda, abriendo el clóset para escapar. Akutagawa sabía con la misma certeza que a la noche le sigue el día, a dónde había ido a esconderse. Cerró de vuelta la puerta corrediza, hundiendo su nariz contra la almohada, su cuerpo frotándose contra las sábanas que todavía se sentían como Atsushi. Era tan patético, se mordió los labios para no gritar, para no llorar, acomodándose la ropa antes de escapar por la ventana.
Esa noche no era lo suficiente trágica como para no aderezarla yendo él mismo a buscar consuelo entre las piernas de Chuuya
