"Lo que hace excepcional a la especie humana, es que estamos diseñados para jugar durante toda la vida."

—Stuart Brown.

Shikadai Nara, el primogénito de dicho clan, cumplía sus 18 años y decidió festejarlo en el bosque de su familia.

Durante generaciones, nadie aparte de los Nara podían ingresar sin su consentimiento. Por esa razón, Shikadai invitó a sus amigos a que conocieran la maravillosa vista de aquel lugar.

El grupo estaba compuesto por Boruto, Mitsuki, Inojin, Denki, Iwabee, Sarada, Chouchou, Sumire, Wasabi, Metal, Namida y Tsubaki.

—¡Deberíamos jugar a algo! —propuso inmediatamente Boruto, dirigiéndose al cumpleañero— ¿Qué te parece, Shikadai?

—Pues, supongo que es una muy buena idea—expresó con parsimonia, degustando su gaseosa—¿Qué proponen?

Shikadai observó a todos sus compañeros. La mayoría murmuraba pero nadie se dignaba a responder al respecto.

—En realidad, no quieren jugar a nada porque siempre les ganas, Shikadai. Eso aburre, realmente—espetó Inojin.

Esa era una razón factible, dado que Shikadai era bueno en muchos juegos, sean de lógica, cartas e incluso en las escondidas. Su nivel estratégico aplicado en cada juego, le permitía ser el ganador en cualquiera de ellos.

—¡Yo propongo uno! —inesperadamente, la voz de Mitsuki se alzó entre todos los presentes. Los rostros de sus compañeros voltearon de inmediato, captando la atención que deseaba—Lo llamaré "El adivino"

—¿Y de qué trataría? —Sarada se mostraba inquieta y curiosa por lo que estuviera por decir su amigo.

—En este juego, una persona será el que tendrá que adivinar quiénes son los demás.

Todos nos vendaremos los ojos y nos sentaremos en el suelo, uno alejado del otro. El adivino se alejará a una distancia prudencial y también lo hará, lo cual será aún más complicado.

Lo inquietante es que, si adivina, el participante descubierto deberá cumplir un castigo por permitirle al adivino que supiera quién es— el tono de voz de Mitsuki le daba un toque aún más misterioso. Del bolsillo sacó un pequeño sobre y lo mostró ante sus compañeros—. Aquí está escrito ese castigo.

—Parece interesante, pero... —Wasabi comenzó a mirar hacia todos los presentes—¿Quién será ese adivino?

—¿Acaso estás tonta hoy, Wasabi? —acotó Tsubaki en tono bromista—Es obvio que el adivino será Shikadai.

El aludido se señaló a sí mismo y, fingiendo flojera, se levantó del suelo y sacudió su ropa.

—Bueno... —suspiró —¿Y cómo cubriremos nuestros ojos? —inquirió dirigiéndose al albino.

—Siempre estoy preparado, Nara—de su pequeño bolso sacó un manojo de vendas que fue repartiendo entre los presentes.

—¡Me gusta que seas tan precavido! —musitó Boruto, ruborizando inmediatamente al albino.

—Gracias.

Shikadai se alejó unos metros. Conocía la geografía del lugar tal como a la palma de su mano, así que no podría ser un problema.

Sin embargo, ¿cómo podría saber quién era quién?

—Este será un juego fastidiosamente interesante—vendó sus ojos y esperó unos minutos hasta que escuchó la indicación de Boruto.

Caminó unos metros lentamente. Sus pies pisaban algunas ramas que habían caído de los pinos. Estaba en el sendero correcto.

Bien, un ninja no debe quedarse sólo con lo que sus ojos puedan brindarle. Todos sus sentidos son esenciales...

Sonrió. Era momento de agudizar su oído y su olfato para orientarse. Estaba cerca.

Caminó unos metros más y su olfato captó una esencia uniforme que terminaba molestándole. Las dificultades se presentaban ante él y le agradaba muchísimo.

Bajo sus pies crujieron las hojas, haciendo que Shikadai se detuviera. Levantó su cabeza y trató de oír todo lo que lo rodeaba: el río fluyendo tranquilamente hacia su cauce; los cervatillos caminando torpemente después de haber nacido; una bandada de aves en pleno cortejo; las carcajadas ahogadas de Boruto y Wasabi; el viento soplando suavemente, trayendo consigo un aroma particularmente delicioso y los agitados latidos de un corazón.

Siguiendo las últimas pistas arrojadas por sus sentidos, se desvió del camino inicial. Los sonidos se hacían aún más fuertes y el aroma, embriagador.

—Todos se pusieron el mismo perfume para que no me guiara por sus aromas—murmuró—, pobres ilusos.

Sus pasos se volvieron más firmes y se acercaba cada vez más a su primer objetivo.

Cuando se percató de la cercanía, decidió que el tacto era el siguiente sentido que debía actuar. Estiró sus brazos y comenzó a buscar. Se agachó y fue gateando con sus manos en la tierra, hasta chocar con lo que suponía haber encontrado.

Se arrodilló y encontró las manos. Su rostro se ruborizó al notar cuán cálidas eran. Sus oídos captaron los fuertes latidos del corazón y suspiró.

—Tus nervios te delatan. Basándome en mis conocimientos previos, puedo suponer que mi cercanía te inquieta y te aseguro que yo me siento igual—musitó mientras buscaba alguna pista que lo llevara a confirmar sus sospechas.

Las manos del Nara encontró el rostro de su objetivo y se acercó hasta él. Agudizó su olfato y admitió su victoria.

No podía usar la vista. No obstante, su oído, olfato y tacto lo llevó hasta allí.

Sólo había un sentido que aún no había utilizado...

Sin un atisbo de dudas en su mente, acercó su rostro al de su objetivo y lo besó apasionadamente. Recorrió su interior, notando que sus sentidos no podían fallar.

Sus lenguas jugueteaban con fiereza. Ninguno deseaba perder.

Las manos del objetivo fueron más allá, encontrando un pequeño detalle en el Nara que llevó a que él cortara el beso abruptamente.

—No cabe duda de que eres Sarada—murmuró.

La aludida quitó su venda y la de Shikadai. La sonrisa del moreno era tan hermosa como la que solía imaginar.

Por años, la atracción hacia él fue un completo misterio. Sin embargo, el Nara se sentía del mismo modo, así que el juego fue la oportunidad perfecta para demostrarlo.

—¿Era necesario besarme? —espetó la Uchiha, avergonzada.

—Un buen ninja utiliza sus cinco sentidos para completar sus misiones. No sirve de nada tener vista aguda si tu oído no sirve, tu tacto es torpe o tu olfato está defectuoso.

—¿Qué me dices del gusto?—desafió la Uchiha—Dudo mucho que estés por allí, besando a cuanto ninja te cruces.

—Eso es porque supe de antemano que eras tú. Tu aroma fue el primero que encontré y por más que te coloques mil perfumes, lo encontraré igual... —aseguró y enarcó una ceja.

Sarada suspiró y volvió a besarlo. No podía negarse ante tal delicia.

Y cuando se separaron nuevamente, la joven exclamó:

—Estos juegos me agradan... —acarició su mejilla—Feliz cumpleaños, Dai.

—Gracias—acomodó el cabello de la Uchiha detrás de su oreja y se acercó—Tendrás que atenerte a los castigos.

—¿LOS? Mitsuki sólo mencionó uno.

—Yo también te castigaré por besarme de improvisto—sedujo y ambos rieron.

No cabía ni una duda de que Shikadai era un jugador invencible, incluso en el amor. No obstante, Sarada no perdería fácilmente.

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Muchas gracias llegar hasta la séptima entrega del fictober!!!Necesitaba mi dosis de ShikaSaraNo se pierdan mañana un nuevo BoruMitsu ️️