Moaning: gemidos
James Sirius/Scorpius
A Scorpius le encantaba pasar tiempo en casa de los Potter, era tan diferente a la suya que eran como dos mundos paralelos.
Malfoy Manor era impresionante, pero a veces, muy fría, muy ordenada, nunca había encontrado algo fuera de su lugar.
Su padre era un auténtico maniático del orden.
La de los Potter era caótica, había tantas cosas por tantos lados que ya eran parte de la decoración.
La señora Potter siempre hablaba a gritos, porque nunca iba hasta el lugar donde estaba la persona a la que le estaba hablando.
El señor Potter siempre traía una cicatriz nueva de la que contaba asombrosas historias ante la atenta mira de sus hijos, de Scorpius y de una señora Potter que trataba de parecer enfadada, pero que era la primera en preguntar más cosas.
La casa de los Potter tenía su propia banda sonora, de gritos, risas, cosas cayendo en algún lugar, aún no entendía de donde venían los cantos de fénix, porque Scorpius nunca había visto un fénix en esa casa. Pero le encantaban todos esos ruidos, las cosas, el calor, el olor, le encantaba la casa de los Potter y sus habitantes.
Pero no era por eso por lo único que le gustaba la casa de los Potter, había un ruido nuevo que había descubierto el verano pasado.
Un nuevo sonido made in Potter, los gemidos más calientes que había escuchado Scorpius en su vida. Y viviendo en un internado lleno de adolescente, había escuchado infinidad de gemidos.
Scorpius al principio pensó que había pillado a Lily masturbándose, cosa que no iba a mentir, le excitó bastante. Pero no, eran gemidos masculinos, y se había cruzado a Lily en el salón.
Scorpius había salido a fumar un cigarrillo a escondidas, un vicio muy feo que si su padre lo descubriera seguro que le colgaba de los pulgares de la entrada a la mansión por una semana.
Tampoco creía que la señora Potter estuviera muy contenta de verlo fumar, así que salió a hurtadillas al jardín.
Ese vicio le iba a costar muy caro, porque los gnomos de ese jardín eran unos cabrones que mordían hasta hacerte sangrar.
Con su varita en una mano y su cigarrillo en la otra llegó hasta la vieja y destartalada caseta.
Entonces fue cuando lo escuchó, un gemido que le erizó la piel. Y otro más.
Se le cayó el cigarrillo al césped y tuvo que pegarle una patada a un gnomo que trataba de fumárselo él solo.
Pero un gemido largo y sostenido le paralizó y el gnomo se fue corriendo fumando muy contento.
Scorpius pegó la oreja, ¿y sin eran los señores Potter? Pero aquello no era posible, él la había visto a ella en el salón luchando contra las llamas de la chimenea que se estaban revelando.
El señor Potter se había ido a una misión, por lo que ese fin de semana no estaría en casa. Y Albus estaba en su habitación de la que él había salido.
Solo quedaba James, ¿era él el que hacía esos sonidos tan comprometedores? ¿Qué demonios estaba haciendo?
No recordaba haberlo visto en toda la tarde, por lo que pensó que no estaría.
Los gemidos empezaron a ser más seguidos, los mismo que tiene alguien cuando está a punto de correrse, y cuando Scorpius no escuchó nada más, se dio cuenta de que ser pillado espiando no iba a ser nada bueno.
Salió corriendo, aún mono por fumar, con un coro de gemidos en su cabeza, y con la polla morcillona.
Esa fue la primera, pero no fue la última. Scorpius se escabullía al jardín, y se fumaba un par de cigarrillos mientras escuchaba los gemidos.
Superada la impresión de excitarse con lo que claramente era un hombre, lo que debía estar haciendo James debía ser tremendamente bueno.
Aún estaba dando por sentado que era James, pero en ningún momento había visto ese día a nadie más en la casa, no coincidía cuando algún otro Weasley estaba en casa.
No fue hasta dos meses después que se atrevió a tocarse a sí mismo mientras le escuchaba, estaba mal, pero es que era demasiado excitante escucharlo.
Cuando lo miró después se sintió un poco sucio consigo mismo, pero ¿iba a dejar de ir a escuchar al jardín? No, realmente no.
La imagen de James entrando desde el jardín a la casa poco después le hizo enrojecer, algo que ya venía sucediendo desde que lo descubrió.
Scorpius no paraba de mirarlo, siempre entraba sonriendo. En serio que debía ser algo muy bueno. Pero la imagen de James no era la de alguien que gimiera tanto y tan fuerte.
Además, ¿desde cuando los hombre gemían así? Él no lo hacía.
Empezó a cuestionarse si no se estaría perdiendo algo bueno con tanto mutismo.
Esa idea fue la que lo puso en un serio aprieto cuando a la vez siguiente, escondido tras la caseta, fuera de la vista de la casa le escuchó, esta vez debía ser algo muy fuerte porque gemía muy rápido.
Scorpius se tocaba, se tocaba a todas horas en realidad, y por primera vez hizo algo que no se hubiera imaginado.
Gimió, y el placer que sintió al hacerlo le llegó hasta la punta de su pene, pasando por casi todo su cuerpo.
El problema fue que los gemidos de dentro cesaron, Scorpius se quedó congelado, y en una postura demasiado comprometedora. Se estaba guardando el instrumento cuando volvió a escucharlo gemir.
Se lo volvió a sacar, y se mordió los labios. Pero aquello debía ser como algo que cuando se abre no se cierra más.
Porque esta vez se le escapó, y dentro de nuevo el silencio.
Le iba a pillar y le iba a matar, pero antes se lo iba a contar a todo el mundo.
—Entra de una maldita vez, Scor.—Obviamente era James, y obviamente le había pillado con las manos en la masa.
¿Pero cómo sabía que era él?
De cualquier modo, entró, y lo que vio le dejó helado.
Un montón de barras de acero, cuerdas e instrumentos que le parecieron de auténtica tortura rodeaban toda la cabaña que había sido ampliada con magia.
James estaba completamente sudado, y jadeante.
¿Qué diablos estaba haciendo allí?
—¿No te han dicho que espiar es de cobardes?
Scorpius tenía dos opciones, negarlo o aceptarlo.
—Depende a quién se espié y qué este haciendo, ¿Y si hubieras estado invocando al nuevo señor oscuro?
Uno no debe hablar mucho cuando está excitado, dice muchas tonterías, pensó Scorpius.
Pero James se rió.
—¿Quieres probar?—Ahí sí que Scorpius enrojeció.
—Yo...
James se subió la camiseta mostrando un vientre completamente definido.
—No esperarás que este cuerpazo se haga solito, ¿no?—Scorpius se quedó un poco mirando de más toda esa zona, y la que había más hacia abajo atragantándose en el proceso.
—¿Te estás ejercitando?—Se sorprendió Scorpius—¿Al modo muggle?
—Sí, regalo de mi padre, ¿qué te parece? Se llama gimnasio.
Scorpius se sintió estafado, estafado y deprimido, había estado imaginando a James por meses practicando todo tipo de perversidades sexuales que le hacían gemir de placer.
Y resultaba que todo era producto del ejercicio físico.
—¿Qué, te animas?
Scorpius lo miró de nuevo, un largo rato.
—Vale.
Al fin y al cabo, presenciar de primera esos gemidos tenía que ser impresionante.
Cuando James se colocó en un banco donde había unas pesas enormes y las levantó con sus brazos provocando una serie de gemidos, Scorpius tuvo que agarrarse a uno de los instrumentos de tortura muggle.
Sin duda la casa de los Potter tenía la mejor banda sonora de la historia.
Últimamente soy mucho más de esta pareja que del scorbus.
Sin duda así es como me imagino la casa de los Potter... siempre con un Malfoy.
Hasta mañana.
pd.: Ayer se me olvidó subirlo por aquí, así que hoy capítulo doble.
Besitos
Shimi
