Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (llora), pero me gusta jugar con los personajes y ponerlos en situaciones que me hubiera gustado ver.
Este fic participa en el Fictober del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos", también es mi primer fic publicado, entonces por favor, tengan piedad.
7. Descendencia
Mayo, 1996.
La tensión que se sentía era palpable, lo que hacía que Hermione trabajara como si no hubiera un mañana. El único problema era Harry, porque estaba mucho peor que antes. Con el distanciamiento de Dumbledore sufría millones, se sentía perdido y más solo que nunca, aunque no lo expresara abiertamente.
El episodio del Sr. Weasley fue duro, pero supieron sobrellevarlo de una manera en la que todos estaban unidos. Ron no podía hacer gran cosa, más que tratar de mantener al trío unido. Hermione se sentía especialmente agradecida por eso, Ronald Weasley era el apoyo que Harry y ella necesitaban en esos momentos.
No podía elegir el momento exacto en el que se comenzó a sentir atraída por Ron, ni mucho menos qué exactamente la hacía gustar de él. Sólo sabía que le encantaba su coraje, la humildad que poseía y el gran corazón marca Weasley que portaba muy dentro de sí. Hermione cayó en cuenta ese año que disfrutaba sólo un poco más la compañía de Ron que la de Harry, y ahí fue cuando todo cambió, aunque no lo quisiera así.
Siempre pensó que no podría pensar en ninguno de los dos como algo más que hermanos, pero al final tendría que ser una muchacha ciega para no darse cuenta de los cambios físicos del pelirrojo. Había crecido montones, el color encendido de su cabello contrastaba tanto con su piel y hacía que sus pecas resaltaran tanto, que otras tantas veces tuvo que obligarse a leer el Libro Reglamentario de Hechizos: Quinto Año con una montaña de libros entre ellos.
Y su voz, bueno, era otra de las cosas que había cambiado.
Ella simplemente no podía con su voz, porque era al final una de las cosas que más le gustaban de él. El reto diario de Hermione era no descolocarse cuando Ron le hacía cumplidos, por lo que prefería que le hablara de una manera en la que fuera menos probable que se sonrojara.
Era demasiado obvio que Hermione gustaba de Ron, pero ella no necesitaba saber lo que pensaba Ron de ella para conocer sus sentimientos hacia ella. Hermione siempre sería una buena amiga para él, así lo deseaba, para el resto de sus vidas.
Lo que pasaba era que Ron era demasiado, bueno… él era demasiado Ronald.
Hermione prefería pensar en sus TIMOS, en las reuniones del Ejército de Dumbledore y en el regreso de Voldemort antes de su relación con Ron.
Fue especialmente difícil cuando aprendió a hacer el encantamiento Patronus, porque tenía muchos recuerdos poderosos, pero siempre funcionaba si pensaba en Ron.
Luna pensaba en Theo a menudo, lo cual le hacía cuestionarse por qué Theodore Nott llegaba a su mente en los momentos más inesperados.
Ella sabía perfectamente lo que era el amor, porque amaba a su padre, amó a su madre y amaba el pudín. Pero no sabía que era lo que sentía por Theo, porque no se parecía a ningún sentimiento que hubiera sentido.
Todos describían sensaciones en el estómago, que iban desde mariposas hasta vacíos, pero Luna no podía decidir la sensación que la inundaba cuando estaba con Theo, porque su estómago se volvía pequeño, pero al parecer era capaz de contener a un thunderbird desbocado.
Ella juzgaba a las personas por lo que eran, porque tenía la capacidad de observar, pero no podía decir que Theodore Nott fuera fácil de leer.
Era tan misterioso como interesante, y aunque fuese un Slytherin, era demasiado amigable.
Luna tenía demasiados momentos felices para recordar, pero cuando reunió recuerdos para poder convocar su Patronus, supo que gustaba mucho de la compañía de Theo.
Draco caminaba por el pasillo del séptimo piso, rondando como prefecto y como miembro de la brigada inquisitorial. Era sabido que Draco Malfoy era enemigo jurado de Harry Potter, odiaba al pobretón Weasley y repudiaba a la sabelotodo insufrible Hermione Granger.
Pero era una vergüenza para él no poder sacarse de la mente a la sangre sucia. Porque era una ironía que la joven que lo despertaba por las noches era la mejor amiga, sangre sucia inmunda, de San Potter.
Se repudiaba a sí mismo, porque no podía creer como fue que llegó a caer tan bajo, sólo por una simple taza de chocolate caliente.
A decir verdad, el odio jurado que había tenido hacia Harry Potter se debía, en gran parte, a su rechazo durante su primer viaje en el Expreso de Hogwarts, cuando él sólo era uno de muchos niños que crecieron con la leyenda del niño que vivió.
A veces, muy dentro de sí, lo odiaba por tener algo que él no.
Las amistades que su padre le permitió tener desde la cuna se limitaban a los hijos de familias cercanas a la Familia Malfoy, lo que se reducía en su gran mayoría a Mortífagos. Draco lo único que quería era ser un jugador profesional del quidditch, no eso.
Cuando comenzó a notar a Granger, después del incidente con el balde de agua, se dio cuenta que, habría otra cosa que tenía que agregar a la lista por la cual odiaba a Potter.
Por eso, y por algunas razones que le fueron desconocidas, la siguió cuando la vio salir de la sala que viene y va.
Granger caminaba apresurada, al parecer hacia la biblioteca.
Draco conocía esa ruta y sabía unos cuantos trucos de esta. Lo que no supo, o no se quiso cuestionar, fue el por qué la siguió de cerca, el por qué la arrastró hacia una de las salidas secretas y por qué la aprisionó contra la pared.
En su cabeza era una buena idea.
Definitivamente la tomó por sorpresa, porque ella no reaccionó.
-Ahora no eres tan valiente. ¿Verdad, sangre sucia? –susurró aprisionándola con un brazo a cada lado de su cabeza. La diferencia de estatura le ayudaba demasiado, ella era mucho más menuda desde esta distancia.
Granger respiraba, parecía que su cerebro no procesaba lo que estaba sucediendo. Draco Malfoy tenía aprisionada a Hermione Granger en un oscuro rincón.
Cuando cayó en cuenta de lo que pasaba, ella estalló.
-¿Qué demonios crees que haces? –Granger se revolvió -¡Suéltame!-.
Draco la aprisionó más usando parte de su cuerpo. –Fuiste muy clara cuando aceptaste tu lugar, sangre sucia, dijiste que podías servirme-.
-¡Maldita sabandija! –susurró entre dientes, ella intentó alcanzar su varita, pero él fue más rápido. Pronto ella estaba tan apretada entre Draco y la fría pared, que no podía moverse.
-Acéptalo Granger, no puedes hacer nada para salir de aquí –le susurró.
Ella dejó de removerse, dejó de un momento a otro de oponer resistencia. Hermione era inteligente, evaluó sus opciones y sabía que era mejor esperar el momento perfecto para cazar, porque al final del día era una leona.
Lo miró, ceñuda, lo que le pareció una eternidad.
Draco no supo por qué lo hizo, pero tener a Granger así, lo derrumbó completamente. Los recuerdos de las noches de sueño regresaron a él, y la besó. Así bajó la guardia.
Hermione jamás esperó un beso, porque lo único que esperaba de Draco Malfoy era agresión. La caricia la descolocó, pero al final era el hurón a quien estaba besando. No era su primer beso, porque alguna vez, con Viktor Krum experimentó. Pero al final del día era un beso.
Dos segundos después, Draco Malfoy dudó que algún día después de ese momento la Familia Malfoy tuviera más descendencia.
Había olvidado que Granger tenía buena puntería.
