El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi

Nota de la autora: yo me estoy inventando el universo vampírico de esta historia, no se rige por ninguna leyenda u otra fuente. Es como yo creo funcionaría en este universo el vampirismo.

Música de fondo:

"Pure Imagination" de Kathleen (primera parte historia de Shampoo)

"Man or a Monster" de Sam Tinnesz ft. Zayde Wolf


Sangre de mi sangre

La gente habla, susurra rumores de hermosas princesas que son prometidas a gallardos príncipes. Pero esa clase de historias no se cuentan cuando provienen de los labios de la tribu amazona.

Ahí las mujeres no son prometidas a nadie porque ellas son quienes eligen al merecedor de su corazón, esos lazos son para toda la eternidad incluso más allá de la muerte. Así que no fue sorpresa para la anciana líder Cologne cuando su única nieta y heredera eligió al noble Mousse. Un misterioso chico de ojos azules que había enamorado a la jovencita con su torpeza disfrazada, porque Cologne presentía que había algo más en las intenciones del muchacho.

Sí. La gente habla, susurra rumores.

Y los rumores flotan como neblina cuando son lo que menos nos conviene, una neblina que nos obstruye el camino.

Así que al momento del compromiso formal había otras prioridades en el camino de la anciana líder, los tiempos difíciles se aproximaban y la supervivencia de esta orgullosa tribu dependía de concentrar sus energías en los enemigos que deberían enfrentar.

Cologne necesitaba que su adorada Shampoo se volviera más fuerte, más hábil, más astuta.

Con Mousse a su lado Shampoo no estaba destinada a la grandeza. Con Mousse a su lado Shampoo podría perder la prioridad de su posición.

Y la líder de las amazonas jamás permitiría esa clase de fracasos.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Cosas oscuras se arremolinan en el corazón roto de una mujer ilusionada.

Shampoo no lo había pensado mucho o no lo había pensado bien en realidad. Pero había escuchado claramente y sin intención alguna a los hombres del ejercito platicar animados, bromeando sobre que el capitán estaría oficialmente comprometido en los próximos días y casado unas cuantas semanas después. Atado a una bella dama hija de un general.

Y Shampoo era seguramente mejor que la damisela con la que se casaría el capitán, porque ella era la fuerte amazona, la princesa de su clan. Aunque ahora solo fuera una princesa sin territorio, una mujer desamparada en tierra extranjera.

Triste.

Sola.

Con miedo.

Shampoo suponía que su prometido Mousse ya estaría muerto para entonces. Al menos eso explicaba la misiva que había llegado a manos de su abuela meses atrás y que fuera el detonante para tomar la tan difícil decisión de salir de su reino.

Habrían resistido, eran guerreras.

Pero un viejo amigo de Cologne le pedía con urgencia que tomara a su gente y huyeran. Jusenkyo se derramaría pronto y ni la fuerza o la magia que poseían sería suficiente para contener la furia de los antiguos manantiales.

Y así lo hizo su abuela.

Había reunido a su gente, había conseguido pasaje seguro para las más de 500 almas que dependían de su astucia y sus poderes. Porque Cologne era un conducto viviente de la magia sagrada de las amazonas. Un don que solo podía transferirse de primogénita a primogénita cuando la líder en curso pereciera.

La siguiente en la línea al poder debía ser su madre pero ella no había sobrevivido el parto, por lo que ahora en sus hombros recaía la responsabilidad de continuar con el liderazgo de la tribu cuando su abuela faltara.

Cologne la había educado como a cualquier artista marcial, con dureza, disciplina y rodeada de magia y cuando se había empeñado en comprometerse con el comandante Mousse ella sabía que su decisión no había sido tomada con mucha felicidad por su abuela. Pero él era su gran amor… y ahora estaba sola.

Por su parte la anciana había aceptado muy a su pesar el compromiso aunque no sin un plan, por supuesto.

Cuando Cologne decidió sacar a su gente de las profundidades de las montañas había puesto en marcha los engranes de lo que sucedería. Sabía lo que podría ser de ella al final pero no temía a lo que ocurriría si con ello cumplía el designio sagrado de saber a su joven princesa como la reina que estaba destinada a ser.

Y nada mejor para una reina que un apuesto y gallardo príncipe ¿cierto?

En el campamento del nuevo imperio a donde habían llegado la anciana había tejido la historia de fantasía en la mente de la joven, se aseguró de ponerla en el lugar exacto, en el momento preciso. Se aseguró de contarle las mentiras que en el fondo esperaba resultaran algún día ciertas.

—Mira como te observa— le había dicho la anciana a Shampoo cuando esta ayudaba al capitán del ejercito a entrenar a los nuevos reclutas —si no te quisiera a su lado ¿para qué aceptar tu ayuda?

O bien...

—El apuesto capitán Saotome me ha preguntado esta tarde donde estabas ¿te das cuenta que no le eres indiferente? Constantemente te busca.

Y Shampoo comenzó a mirar al apuesto capitán de otra manera, más apasionada. Descubrió un cierto parecido nostálgico en el azul de sus ojos y eso consoló su alma un poco. Una resignación que terminó por aceptar gustosa.

—Es muy apuesto y fuerte abuelita— comentó la emocionada joven princesa amazona la última mañana que vio al capitán cuando este partía con su regimiento.

Las palabras de Shampoo confirmaron a Cologne que su propio destino se sellaba tal como esperaba y no tuvo miedo.

Por lo que cuando una noche su nieta entró a hurtadillas a su tienda ella se quedó callada. Esperando.

Había ira y dolor en la mirada de la joven amazona cuando se colocó sobre el cuerpo recostado de su abuela, pero más que eso había determinación. Ella se haría del amor de un gran guerrero, de una forma u otra.

La daga de empuñadura oscura con las marcas de la magia de las amazonas tembló en su mano cuando la acercó al cuello de su única familia. Y por un segundo de duda se preguntó que era lo que estaba por hacer ¿valía acaso la pena?

—No vuelvas a dudar— habló la anciana sujetando el antebrazo de su joven nieta —y cumple tu destino como yo cumpliré el mío.

Ni bien terminó de decirlo cuando la mujer se cortó la garganta con la daga aún entre los dedos de la princesa.

Shampoo se estremeció horrorizada con lo que ocurría, viendo como la luz en los ojos de su querida abuela se escapaba sin perder detalles de ella. Una lágrima cayó sobre el rostro cada vez más pálido de la anciana y luego otra y otra y otra. El calor de la sangre de su abuela le empapaba las piernas y las manos que estaban ahora apoyadas sobre la tierra, rodeando el cuerpo de la mujer.

—Así lo haré— gimoteo como respuesta.

Después de obtener lo que la había llevado hasta ahí sujetó el libro con el conjuro entre sus manos ensangrentadas. Paseó sus ojos sobre el intrincado escrito, no era chino o japonés, tampoco el idioma de los romanos. Era otra cosa, era el idioma de la magia.

Tentáculos de oscuridad fluían de las palabras escritas hasta el pecho de la amazona, clamando no solo por su corazón en pena sino también haciéndose de su mente y su alma.

Shampoo entonces cambió de perspectiva, cambio también de idea ya no quería el amor del capitán… ahora deseaba su voluntad. Control. Quería el control absoluto sobre él.

Cuando se enfrentó a la noche al salir de la tienda de Cologne ya se había cambiado la vestimenta por algo más adecuado a su nuevo rol. Dio órdenes claras a un par de mujeres de su tribu que se cruzaban por ahí y después caminó con una grácil lentitud hasta donde un joven soldado volvía del bosque luego de liberarse. Lo conocía de los entrenamientos, recién había llegado un mes antes al campamento.

El chico rio de forma arisca, tímido y sonrojado hasta las orejas conforme avanzó igual hacia ella al momento que le llamó. Era joven, muy joven y Shampoo le entregó una pequeñita piedra pulida semejante al color de sus ojos para que la cuidará y luego le susurró al oído algo que lo fascinó. Como un embrujo.

Después ella buscó en el horizonte su objetivo, la causa de todo y el dueño definitivo de su corazón, y entonces recorrió en un parpadeo casi por completo el territorio imperial hasta alcanzarlo en la distancia. Un viaje que hubiese tomado semanas realizarse ella lo concluyó en una respiración.

Al exhalar de nuevo se vio de pie frente un palacio tan grande como el territorio de su tribu al otro lado del mar. Avanzó con fiereza sin pensarlo dos veces por la puerta principal de un salón lujoso y los gritos comenzaron.

Toda magia tiene un precio.

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—Será mejor no abrir eso— habla Ranma indeciso entre tomar o no lo que está sobre la palma extendida de Ranko.

Ranko lo mueve con cuidado para darle la vuelta, en la base hay grabados que en mi experiencia no reconozco y que de hecho se asemejan a una enredadera con espinas.

—Ukyo podría saber que es esto ¿no?— dice sin dejar de tocarlo con su pulgar.

—No sé porque pero creo que es el objeto que le quitó Taro a Herb cuando llegó a la casa de té— comento.

Ranma gruñe un poco exasperado —bueno no me queda duda de que si se trata de algo que Herb ha colocado en su bolsillo entonces no puede ser nada bueno.

—Pues no me da la sensación de ser algo que nos perjudique— comenta Ranko sin parecer abrumada. Al contrario veo un brillo entusiasta en su mirada, como la señal que estuviera esperando ansiosa.

—¿Crees que Herb lo haya puesto ahí para ayudarnos? — me aventuro a preguntar y Ranma se queja incrédulo.

Ranko lo ignora y cuando por fin alza su rostro veo una expresión cautiva —contrario a lo que piensan ahora de él— alza sus cejas —Herb nunca demostró ser mala persona.

Antes de que Ranma tenga tiempo de molestarse por el comentario de Ranko aparece Ukyo por el pasillo que lleva a la planta alta. Sus ojos se posan al instante en el objeto dorado y cuando lo hace acelera su andar sujetando suavemente el óvalo de la mano de Ranko.

—¿Dónde lo encontraste? — pregunta Ukyo aluzándolo a contra luz fascinada.

—Mmm… ¿estaba en mi chamarra?

Ukyo suspira aliviada y nos mira —es de mi familia— parece contenta.

—Sin duda estaba entre los objetos que robaron los Sashibii Birds— sugiero al recordar los recientes atracos.

Pero Ukyo sigue inspeccionando la pieza hasta que su frente crea arrugas.

—¿Pasa algo?— pregunto al ver el desconcierto en su expresión.

—Hay algo dentro. Algo que no estaba.

Con cuidado Ukyo presiona la delgada caja en el medio de la tapa, un pequeño golpecito suena y está se hunde abriéndose todo el marco de la misma como pétalos de una flor. Al levantarla vemos una piedra pulida color lavanda con pequeñas vetas rojizas que interrumpen su reluciente color y que sigue la forma del óvalo dorado que la resguarda.

—Me recuerda a los ojos de Shampoo cuando…— murmura Ranma al acercarse también a verla.

—Cuando la maté— complemento.

Ukyo cierra de nuevo la caja —será mejor no tocarlo. A fin de cuentas no sabemos si es una trampa.

—No lo es— dice con seguridad Ranko cuando saca ahora un papel doblado de su chamarra —acaba de aparecer esto— lo desdobla y unas lágrimas de emoción se acumulan en sus ojos azules —es de Herb— un jadeo antes de continuar hablando —dice que es la clave para revivir a Shampoo y que sin esta pieza Mousse no lo conseguirá y…— su voz se quiebra cuando me mira — que me ama y que hará lo imposible por protegerme.

Ranma camina hasta ella y la abraza, acariciando su espalda mientras Ranko se deshace llorando en su pecho.

—Buscaré información más detallada de los rituales de resurrección— sugiere Ukyo guardando la delgada caja en su abrigo y cuando la veo darse la vuelta Ryoga la está esperando al inicio del largo pasillo. La toma de la mano y le sonríe, pero por el modo en que él me mira sospecho que no tiene buenas noticias.

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Una sonrisa nefasta. Seguida de un par de ojos lilas que me observan con odio un segundo antes de sentir el peso del metal incrustado en mi pecho. La empuñadura que se hunde cada vez más es de color negro y puedo ver con nitidez los detalles en el relieve, es el viento a través de unas montañas rodeadas por flores parecidas a las peonías pero que solo he visto en el imperio vecino.

Siento mi corazón dando un latido fuerte y cuando bajo de nuevo la vista veo sangre brotando de un hueco uniforme en mi cuerpo, coloreando de a poco en rojo mi kimono rosa. Tras de mi gruñidos y cuando me giro buscando esos sonidos tengo sobre mí un par de llamas azules.

—¿Tienes miedo?

Me despierto de golpe, aún está oscuro fuera y escucho el mar rompiendo contra la orilla de la playa. A mi lado Ranma sigue profundamente dormido, con su brazo rodeando mi cintura.

Contrario a nuestros hábitos mi esposo no se despierta cuando salgo de la cama. Supongo que tiene que ver que ahora él y Ranko comparten una unión. Al menos antes de despedirnos por la noche a ella ya casi no se le notaban los rasguños y moretones en su rostro. Y cuando Ranma le quitó con cuidado el yeso del brazo este ya se había curado por completo.

Así que le dejo descansar y voy hasta el baño para vestirme con la necesidad repentina de salir. Probar el aire frío del alba y aprovechar la falta de sol para correr fuera.

Cierro con cuidado la puerta de la habitación colocando sobre mi almohada una nota y un beso en su mejilla.

Voy hasta la playa, rodeando la curva de la costera. Pero en cuanto mis pies trotan sobre la blanda superficie de arena sé que ha sido un desatino. Los recuerdos caen en cascada uno tras otro pero en especial el de la bruja atravesando el horizonte en una mañana tan fría como esta.

Y todo se mezcla con mi sueño, jamás había tenido pesadillas respecto a lo ocurrido. Por lo que seguramente esto se ha debido a que estamos en el sitio donde todo comenzó. Como un llamado primitivo de mis instintos de supervivencia que me gritan que huya de aquí.

Así que decido seguir corriendo para despejar mi mente.

El aire frío me muerde las mejillas con cada trote y sin falta daría un siglo de mi vida por sentir el calor del ejercicio realizado. Miro mi reloj de pulsera cuando la alarma suena y tras una hora decido sentarme en la playa a contemplar el mar.

Cada vez que cierro los ojos los recuerdos dejan un sabor amargo en mi boca y pienso en que parece que Mousse está interesado en el libro mucho más que en revivir a Shampoo, no niego que sea también su prioridad pero no la principal causa de su aparente cruzada. Y me siento engañada por creer que su noble y tierno corazón lloraba una perdida.

Tampoco sé como sentirme respecto a lo que ha hecho Herb. Pero por la reacción de Ranko asumo que es sincero su mensaje. Supongo que ha tenido que realizar el hechizo sobre ella y Ranma para no levantar sospechas de su jefe.

Me da curiosidad mórbida saber como terminó involucrado en el grupo de Mousse. ¿Será el pago de una deuda o fue una decisión medida?

De cualquier forma ahora tenemos en nuestras manos cartas importantes de este juego y con un poco más de suerte ganaremos la partida.

En unas cuantas horas iremos a revisar los informes del padre de Ranma al museo, tal vez podamos saber que ocurrió luego de que el campamento se quemara antes de volver a Tokio para hacerle una visita al tan ansioso Mousse.

Hundo mis dedos en la arena, sintiendo el frío de la misma como un alivio a un fuego que estuvo en mis palmas.

Esa mañana, siglos atrás, Ranma y yo nos encargamos de apilar los cuerpos de los soldados envenenados. Mis manos se llenaron de ampollas, no por el esfuerzo sino por aquello que los mató. Incluso las llamas ardieron con tonalidades verduzcas cuando la encendimos y el olor era amargo.

—Tal vez debimos haber vuelto a nuestra tienda por las cosas— susurro y entonces una idea se me ocurre entre los recuerdos.

Nosotros no tomamos los libros porque pensábamos que no eran importantes, pero la dama Kuonji sí se los llevó. Significa que tuvo que haber vuelto al campamento luego de que Ranma y yo nos fuéramos en la noche.

¿Y si fue ella quien le dio sepultura a Shampoo? Tal vez encontró su cuerpo en el campo de batalla. Nosotros limpiamos el terreno pero cuando nos embarcamos había zonas del campamento que dejamos tal cual. ¿Y si la bruja estaba ahí?

Pero Ukyo dijo que no había registro de como llegaron los libros a su familia, tal vez la dama Kuonji no volvió, tal vez esos libros llegaron a ella de alguna otra manera.

A fin de cuentas lo que sabemos es solo por lo que Mousse nos ha contado. Lo que me recuerda que si él sabe quien los tiene y donde puede encontrar esos libros ¿por qué no simplemente los toma? ¿por qué hacer toda esta prueba de lealtad con nosotros?

Escucho pisadas a la lejos, no me parece extraño cuando son casi las 6 de la mañana por que debe ser alguien que también ha salido para ejercitarse.

Pero cuando se termina la curva de la arena veo a Ryoga, así que alzo el brazo para saludarle y él hace lo mismo.

—Buen día Akane— saluda cuando se sienta a mi lado, limpiándose el excedente de la arena de sus pantalones.

—Buen día— siento su mirada recelosa así que lo enfrento —no creí que fueras de las personas que gusta hacer deporte tan temprano.

—En realidad quería aprovechar que estabas sola para hablar contigo. Te ví desde las ventanas del hotel corriendo.

Chasqueo la lengua —pensaré que me estas vigilando entonces y mi esposo es muy celoso ¿sabes?— un amago de sonrisa se forma en mis labios y una risa ronca se escucha de los del historiador — ¿sucede algo?

Pero su repentino silencio me da un indicio.

—Encontraste algo relacionado con la cura ¿cierto?

—Sí— la seriedad con la se envuelve la respuesta ya es una mala noticia.

Así que disfruto de ese momento previo a un cambio. Porque si Ryoga quería decírmelo sin estar Ranma presente no solo no es bueno sino que sobre todo seguro le compete a mi esposo.

—También encontró Ukyo información relacionada con la resurrección de Shampoo.

—Cuéntame eso primero.

Alza un hombro de forma casual, como si esto fuera una charla común entre amigos.

Ryoga parece relajarse también —bueno ahora ya entendemos por qué Mousse les ha chantajeado a ustedes para recuperar el libro.

Me quedo callada esperando continúe.

Juega con la arena mientras toma aire para decir lo siguiente en un solo respiro —es que él no puede tocarlo. El libro pertenecía a la líder de la tribu amazona.

—¿No puede tomarlo?— pregunto extrañada.

—No— abre su puño con el pulgar extendido —primer problema es un hombre de la tribu amazona— luego su índice imita el movimiento del pulgar —segundo problema fue un brujo de sangre— su dedo medio continúa estirándose —y tercero y más obvio... está muerto.

Pestañeo cuando muevo de un lado al otro mi cabeza —pero entonces… ¿cómo pretende usarlo?

—En realidad no le hace falta para el tema con Shampoo— avienta lejos una piedra que se encuentra mientras vuelve a escarbar la arena —si ha conseguido los ingredientes correctos podría revivir a su prometida— luego me mira —aunque si necesitará sangre de tu esposo.

—¿Toda?

Sonríe de lado —no— niega con la cabeza, parece incluso divertido —solo un poco, unas gotas serían suficientes y solo porque el capitán fue la razón por la que Shampoo murió.

—Pero yo la mate— apunto.

—Físicamente tal vez.

Me abrazo las piernas recargando mi cabeza en las rodillas —Ah— suspiro —su espíritu murió cuando Ranma la rechazó.

—Fue el motivo por el cual se convirtió en una bruja de sangre.

—¿Shampoo hirió a su abuela para ello?— me atrevo a unir los dos puntos que rondaban en mi cabeza y los cuales le había comentado a Ranma un par de días atrás.

—Seguramente la mató. El cuerpo de Cologne tiene un corte en la garganta.

Abro los ojos asustada.

—Hay leyendas de que las líderes de las amazonas eran poseedoras de una magia muy antigua y que se perdió la continuidad de dicha herencia cuando las guerras obligaron a las mujeres a abandonar su territorio hace 500 años.

Produzco un ruido resignado con mi nariz.

—¿La magia podría continuar en Shampoo? La magia de las amazonas me refiero.

—Si su cuerpo se hubiese mantenido intacto es posible, porque la magia misma lo preservaría... pero ustedes nos contaron que ella explotó.

—Ahora ya no sé que creer.

—Yo creería en lo que mis ojos ven, no en lo que alguien a quien no conocí cuenta.

—Pero hallaron sangre y cabello en la tumba, ese cabello era de ella y yo la vi.

—Siempre puede existir una segunda explicación.

Giro mi rostro viendo de lado al historiador —por qué me da la impresión de que no crees que Mousse tenga a Shampoo con él.

—Porque no hubiese estado tan desesperado recolectando piezas antiguas por muchos años. Si tuviera el cuerpo de su prometida solo necesitaría el conjuro adecuado y la sangre de Ranma. Pero se la ha pasado robando artículos de la época, cuyos estudios tienen una cosa en común.

—¿Qué cosa?

—Entre los robos hay piezas que mostraron rastros de ADN humano. Los objetos con pintura sobre todo y que coinciden con la región sur del país. Además el relicario que tenía Ranko pertenece a la familia de mi esposa, es como un regalo a la primogénita de los Kuonji en cada generación. Posiblemente alguna vez fue de la dama Kuonji que ustedes conocieron.

—¿Crees que Mousse está juntando piezas de Shampoo entonces?

—No las está juntando... solo necesita un fragmento de ella. Así que yo más bien pienso que la está buscando.

Medito lo que me cuenta —el relicario ¿qué es?

—Un guarda secretos— sonríe como si contara un misterio que no es suyo y en realidad no lo es —Ukyo no me lo dijo, yo lo descubrí en unos diarios de su tatarabuela cuando montábamos una exposición en Europa. De hecho fue en ese viaje cuando lo perdió.

Se rodea el cuello con un hilo invisible —el relicario tenía una cadena muy delgada de oro.

—Y así fue como lo obtuvo luego Mousse. Ukyo lo perdió y él luego lo robo.

Ryoga asiente —no creo que fuera una coincidencia que mi esposa lo perdiera, estoy seguro que alguien se lo quitó.

—¿Las mujeres Kuonji se guardan un secreto de generación en generación en ese relicario?

—Algo significativo de una Kuonji a la siguiente y cuando la actual dueña siente que es momento de cambiar el secreto para la siguiente generación, el que esta en el interior lo ocultan.

—¿Dónde?

—Nadie sabe, es una tradición de las mujeres.

—Suena a algo que harían las amazonas.

—Un siglo antes de tu tiempo una amazona fue la dama en la casa Kuonji, posiblemente ella fuera quien inicio con ese ritual.

—Ukyo... ¿ya había visto el interior del relicario?

—No lo sé, pero imagino que el peso se sentía distinto o la vibración cósmica— sonríe ahora amorosamente —amo a mi esposa con todo mi corazón porque es un enigma que nunca consigo entender. Y entre las cosas que no comprendo de ella es que vió en mí.

—Tal vez pensó que tú podrías descifrarla.

—Tal vez.

Empujo con un hombro su cuerpo mirando ahora el horizonte y el sol alzándose brillante cada vez más, viendo la línea que se refleja contra la arena un poco más cerca de mis pies también.

Suspiro cansada. Cansada en este momento de vivir tanto y a la vez de vivir tan poco —la muerte nunca nos encontrará ¿verdad Ryoga?.

Él se pone tenso, su corazón se acelera y toma aire antes de responder algo que ya sé.

Cuando nos miramos veo lástima en sus ojos, una lástima que funde mi corazón apagado —no Akane y conociéndoles ahora veo que nunca.

—Dime.

Y mientras Ryoga habla puedo sentir el pulso fantasma de mi propio corazón latiendo en mis oídos. Ahogando un grito de dolor que amenaza con escapar de mis labios.

Silencio.

Uno ensordecedor y que arranca la esperanza de raíz.

—Nadie puede saberlo Ryoga— doy una orden práctica y él parece desconcertado pero complaciente cuando mueve su cabeza de arriba abajo —nadie lo sabrá por ahora— sujeto su mano aferrando mis dedos alrededor de su palma —ya pensaré que inventar para Ranma.

—Esta bien— mueve su cabeza en una reverencia —dama Saotome.

Cuando regreso a la habitación Ranma ya está despierto con solo los jeans puestos y el torso al descubierto.

—Sabes que no podemos tener relaciones mientras estén bajo el hechizo tú y Ranko— me rio conforme mis brazos rodean su torso por la espalda y beso repetidamente sus omoplatos.

—Me gusta recordarte el apuesto esposo que tienes.

Doy un último beso y le suelto, comienzo a desvestirme para tomar una ducha rápida.

—¿Te ayudó el ejercicio?— pregunta mostrándome la nota entre dos dedos luego de que se pone por fin una camiseta.

—Tuve una pesadilla anoche.

Ranma frunce el ceño —¿por qué no me despertaste?

Me termino de desvestir y camino a un lado suyo moviendo exagerada las caderas —no era muy relevante.

—Nunca habías tenido una. Pocas veces sueñas incluso— no pasa desapercibido para mí que sus ojos me recorren cuando el agua me cubre luego de abrir la regadera.

—Posiblemente se deba a que estamos aquí, en donde solía estar el campamento de refugiados.

Ambos escuchamos los ligeros toques en la puerta de la habitación. Ranma traga saliva sin dejar de mirarme —no tardes, deben estar esperándonos para ir al museo.

—Ranma— le detengo sin saber bien porque —te amo.

Sonríe triunfal —yo también princesa— y cierra la puerta del baño para darme privacidad.

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Ranko ha recibido más mensajes de Herb. Así que preparamos nuestro vuelo de vuelta a Tokio un par de horas antes de lo pensado.

—Dice que Mousse se ha encerrado en la casa de té, ni siquiera quiere recibirlo a él— explica ahora Ranko mordiéndose las uñas mientras lee el nuevo papel que aparece en su chamarra —tendríamos que ir tras él, no estar aquí buscando respuestas— suena molesta.

—Ya hemos llegado— anuncia Ryoga ignorando el pesado silencio que se produce con las palabras de Ranko cuando el auto se detiene.

Tal vez en los diarios del padre de Ranma encontremos información sobre las bajas contabilizadas al final y eso nos ayude a descubrir si hay alguna pista sobre lo sucedido con la segunda tumba junto a la de Cologne y todos los objetos que estaban en nuestra tienda.

Ukyo nos ha explicado más a detalle como es que Mousse posiblemente busca el libro por otros motivos que desconocemos. Nos ha dicho que esos libros eran sagrados para la líder de la tribu y que es muy seguro que por su naturaleza ahora corrupta no pueda siquiera acercarse a ellos. Porque ¿qué otro motivo tendría un hombre que toma todo lo que quiere para no llevárselos?

—¿Estás segura que no hay más que la vida cotidiana de las amazonas escrito ahí?— Ranma insiste con Ukyo.

—Sí, eso es todo.

Sujeto la mano de mi samurái, tan fría como la mía —¿qué piensas amor?— le pregunto cuando nos quedamos atrás de todos a la entrada de los archivos del museo.

—Demasiada importancia gira alrededor de un libro que solo cuenta la historia de las amazonas— me mira receloso —¿por qué enterrarían a Cologne con esos libros? Incluso si eran sagrados para ellas no era parte de su rito ceremonial.

Claro, mi esposo se la ha pasado estudiando mucho respecto a la tribu.

Y entonces viene a mi mente el guarda secretos de las Kuonji —el libro guarda un secreto— digo en voz baja, casi solo para mí.

—¿Qué?— la interrogación en Ranma provoca que alce el rostro.

—El libro debe tener algo escondido. Algo que solo una amazona sería capaz de revelar y creo que esa es la razón principal por la que Mousse quiere revivir a Shampoo. Ya escuchaste a Ryoga y Ukyo. En realidad solo necesita algo de ella y un poco de tu sangre.

Ranma sonríe cuando su mente ya ha trazado un nuevo plan —entonces hay que plantear una nueva negociación con Mousse y si quiere el libro tendrá que pelear por él.

Nadie dará más pelea contra el joven yakuza que una pareja infernal que se ha ya metido muchas veces en sus planes.

Cuando alcanzamos al resto hay sobre unas mesas de madera unos cuantos pergaminos extendidos. Ranma suelta mi mano cuando quedamos frente a estos y se acaricia la boca asombrado por lo que vemos.

—Es la letra de mi padre— suspira casi al hablar —creí que jamás volvería a verla.

Froto su espalda, sé de primera mano lo que debe estar sintiendo. Yo lo viví ayer al ver el cuaderno de mi padre.

Ranma toma aire, mucho y su espalda se encorva cuando exhala —denme una media hora y prometo encontrar algo que nos sirva. Solo yo puedo leer el descontrol que eran los informes del viejo y realmente entenderlos— sonríe de lado.

Los demás salen de la pequeña habitación de cristales y yo me acerco más a Ranma —¿no quieres ayuda?— ofrezco pero él ya niega con un movimiento de cabeza.

—No hace falta, además no me gustaría de todos modos que leyeras la sarta de tonterías que podrían estar escritas por aquí.

—Bien— beso su hombro y me alejo, pero su mano me detiene sujetando la mía. Cuando alzo la vista Ranma aún sigue de espaldas observando los papiros.

—Tengo un presentimiento— dice acariciando con su pulgar mis nudillos —pero espero que no sea verdad.

Contengo el aire —si me necesitas solo susurra mi nombre ¿sí?

Alza mi mano para acercarla a sus labios y deposita un galante beso sobre el dorso —no te alejes mucho princesa.

Fuera de la puerta Ranko está leyendo, lo que creo es, un nuevo mensaje.

—Entonces ¿podemos creer en Herb?

Ranko suspira arrugando el papel entre sus dedos —si.

—¿Te ha dicho porque te colocó esa maldición o si puede retirarla?

Otro suspiro —no, pero tampoco es como si yo pudiera responderle, Akane.

Estoy por decirle algo más pero ella se me adelanta —pero dudo mucho que si me mata Mousse mi tío muera— veo una fiereza en su mirada.

—No era lo que pretendía suponer Ranko, sabes que te quiero y que me importa tu vida.

—¿Es verdad que tú lo odiabas?

Casi se me escapa una sonrisa en los labios —si no pudieras ser una agente y alguien además quisiera ponerle una cadena a tus pies para evitar que te movieras con libertad ¿tú no odiarías la idea también?

Se queda en silencio.

—¿Eso es lo que te ha dicho Herb? ¿Qué yo odiaba a Ranma?

Pero contrario a la respuesta que esperaría ella niega —no.

—¿Puedo saber de dónde ha salido la idea?

—Lo he soñado.

—¿Lo soñaste?

Ranko camina unos pasos lejos y yo la sigo —pero no fue un sueño, era como si estuviera yo ahí. En un palacio enorme vestida con un kimono que era pesado pero ligero a la vez. Y estabas tú, hablando con un hombre de bigote y cabello largo suelto, vestido con una armadura y el escudo de mi familia.

—Mi padre— mi frente se arruga —sí se lo dije, que odiaba a Ranma. Pero fue mucho antes de conocerlo, cuando me hablaron del compromiso. ¿Cómo es que has soñado con eso?

Ranko alza los hombros —no lo sé, tal vez por la maldición— juega con su cabello trenzado antes de continuar —también soñé con una mujer de ojos lavanda, como la piedra en el relicario. Se veía angustiada y triste— su mano se coloca sobre su pecho —podía sentir su pena.

Puedo escuchar su pulso errático cuando cuenta esto último.

—Deben ser los efectos de la maldición.

—¿Ya no buscaran la cura?— pregunta Ranko con un tono más relajado esta vez.

—Ukyo no ha encontrado algo que nos sirva, las opciones para separarlos siguen siendo poco convenientes.

Ella niega con la cabeza y sus labios se contraen —me refería a la que ustedes tienen.

Trago saliva procurando no parecer nerviosa —un problema a la vez ¿si?

Ella asiente pero luego de lo que ha soñado no sé si tal vez sepa la verdad.

—Akane ¿por qué estamos aquí en el museo?

—Porque necesitamos conocer mejor a nuestro enemigo para trazar un plan.

—Sí pero— me mira sin entender lo que le digo —ustedes son fuertes y ágiles y han pasado décadas luchando contra gente como él.

—La verdad es que no tenemos un plan Ranko o una estrategia. Y aunque hemos peleado con seres como él y como nosotros en el fondo lo desconocemos mucho, demasiado, es distinto. Los criminales comunes fueron fáciles porque nosotros éramos la obvia ventaja. Pero con Mousse… todo es nuevo y cada vez que encontramos una solución él ya ha pensado en como detenernos.

—Ranma pensaba sacrificarse ¿verdad?— se mira las manos ahora —y conmigo atada a él ya no será posible.

Froto sus brazos —era solo la última opción.

—No quiero perderlos— me mira con tristeza —son mi única familia.

—Y es por eso que estamos aquí ¿sí?— ella asiente —será mejor ir con Ukyo y seguir revisando las armas registradas, vamos— camino y Ranko me sigue.

Aunque no sé si tenga sentido seguir buscando las dagas que nos mataron a Shampoo y a mí.

Ryoga es quien nos encuentra en el principio de la escalera que subimos —lo que está en el relicario es el alma de Shampoo— dice de repente con emoción en su voz.

Tengo que pestañear un par de veces para cerciorarme que no me lo he imaginado.

—¿Como lo saben?— pregunta Ranko.

Ukyo sale de una pequeña oficina llena de archiveros metálicos mostrando un trozo de hoja amarillenta, con profundos dobleces marcados a todo lo largo y ancho, en alto —porque no eres la única que recibe mensajes Ranko.

La joven Hibiki parece desconcertada, está temblando y su pulso es irregular... como si hubiera visto un fantasma.

—¿De quién es el mensaje?

—De la dama Kuonji. De Hiromi Kuonji.

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Hiromi Kuonji era la única hija del general Kuonji, al servicio de la casa del daimyo Unryu. Su padre y madre la habían instruido en el conocimiento de la magia además de la pelea con armas.

Su padre sabía que Hiromi poseía lo que las mujeres Kuonji se transferían de generación en generación, un sexto sentido capaz de percibir con facilidad lo que no pertenecía al mundo.

Su madre había luchado con valentía por años al identificar monstruos y demonios en los campos de batalla cuando Hiromi apenas era una niña, fue así como su madre había fallecido. Y aunque las guerras se habían terminado Hiromi era consciente que su turno para pelear estaba lejos. Su propia batalla aún no la había alcanzado.

Por que este don ahora le pertenecía y algún día su hija también podría ver lo que ella y después la hija de su hija.

Habían pasado casi unos 10 años desde que descubrió que su poder no eran solo cuentos de su familia o ese simple presentimiento. Antes de conocer brevemente al matrimonio Saotome nunca había percibido esa peculiaridad tan notoria en la existencia. Tal vez sentido una que otra presencia, pero jamás lo había visto con sus propios ojos.

Así que cuando vio en la cima de la colina a Akane Saotome lo observó por primera vez, el entramado mágico que formaba su existencia y escuchó que su corazón no latía, escuchó al monstruo que vivía en la delgada silueta femenina y supo al instante que esa joven dama ya no era humana.

—Mamá hay unos hombres en el salón que vienen a verte— una vocecita le llamó a mitad de los jardines de su hogar.

Hiromi se había casado con un Coronel de la guardia de su padre y por ahora su esposo se encontraba fuera con su general en concilio con el daimyo Unryu. De modo que las visitas eran constantes y comunes en su casa.

—¿Los ha enviado tu abuelo?— preguntó tranquila Hiromi, sin darle importancia a las visitas tomando la manita de su pequeña hija con un par de sirvientes siguiéndola y otro par guiándola al salón.

—Me temo que no dama Kuonji— respondió a la pregunta un hombre que reconoció al instante a pesar de nunca haberlo visto cuando entraron al lugar.

Hiromi hizo una reverencia —daimyo Saotome, no tenía idea que nos honraría con su presencia.

El hombre profirió un sonido que salió de su pecho —no es nada formal y no me quedaré mucho tiempo. Solo quería entregarte algunas cosas que creo estarán mejor resguardadas por tu familia. Como sabes mi hijo mayor falleció en los campos del sur junto con su esposa, luego de ese terrible incendio.

En realidad Hiromi sabía mejor que nadie que esa era una mentira que circulaba por el imperio. ¿Estarían conscientes el daimyo y su general de la verdad? ¿De la verdadera naturaleza de sus hijos?

—Una terrible tragedia para la noble casa Saotome sin duda.

El daimyo se movió a un lado dejando ver una caja de madera sencilla tras de él cuando sus propios sirvientes salieron del salón luego de colocarla ahí.

—Si me he tomado la molestia en persona de venir es porque esto es muy importante Hiromi— se atrevió a llamarla por su nombre y no por su rango, lo que hacía que la visita fuera algo de mayor intimidad y relevancia.

Hiromi le entregó a su pequeña hija a uno de los sirvientes y despachó a todos para quedar a solas con el daimyo.

Luego se acercó hasta la caja de madera mirándola con recelo, sintiendo que había algo vivo dentro.

—Sé que a ti no puedo engañarte— continúo hablando Genma Saotome —esto es lo que encontramos en la tienda asignada a mi hijo y su esposa cuando se levantó el campamento o al menos lo que quedaba hace algunos años. Lo había guardado en mi palacio pero con la próxima llegada al mundo de mi segundo hijo y heredero no puedo seguir teniendo esto. La sangre llama a la sangre.

La joven mujer alzó la mirada cuando sintió los pesados ojos del daimyo buscando una respuesta satisfactoria.

—Ni yo o mi familia podíamos ayudarles al capitán y su esposa mi señor.

—Ni los dioses mismos podrían ayudar a los malditos jamás Hiromi— había dureza en sus palabras —y a lo que a mi concierne mi hijo Ranma murió hace mucho.

Un sabor amargo evitó que Hiromi respondiera de mala forma al hombre.

—Encárgate por favor— una orden —guardemos nuestros secretos en paz.

Hiromi solo asintió y el daimyo dio media vuelta —agradece a tu padre de mi parte— no ofreció más, no dijo más, no explicó más.

El hombre considerado el más cercano al emperador se retiró de su hogar igual de sigiloso como había llegado, como un latido pesado he inesperado.

Sola aún en el salón de su casa Hiromi abrió con medida cautela la tapa de la caja de madera, dentro habían libros y armas y viales benditas de cristal llenas de piedras diminutas como semillas. Todo vibraba con el entramado de la magia, algo que solo había visto en el capitán Saotome y su esposa.

Pero también había un objeto que llamó por completo su atención, dorado con forma ovalada y grabados de enredaderas. Un objeto curioso que palpitaba por sí mismo, en paz. Una lucecita en ese mar de caos.

Cuando intentó tomar uno de los libros tuvo que apartar de inmediato su mano, fue como si una lengua de fuego la hubiera tocado. Hiromi no lo pensó dos veces y ordenó quemar la caja.

Por la noche, cuando el fuego se había consumido ella se encontró de repente descalza y con la ropa para dormir en medio de las cenizas. De algún modo, que no recordaba, había llegado hasta ahí. Sus manos estaban manchadas por el fino polvo negruzco y sujetaba contra su pecho los tres libros que habían estado dentro de la caja junto con el pequeño ovalo dorado apretado en su puño cerrado. Y entre todas las armas destruidas una daga de mango oscuro y grabados extraños sobresalía con la hoja resplandeciendo como una llama azul clamando por la ayuda de Hiromi, totalmente intacta.

La dama Kuonji mandó construir un cofre de bambú, barnizado y pintado con hierbas especiales traídas de otros imperios. Resguardado por los monjes del monasterio en las tierras del daimyo Unryu para aumentar su protección y bendecirlo.

Su esposo no dijo nada cuando ella no supo como explicar lo que estaba haciendo, sabía de las leyendas que rodeaban a la familia Kuonji y sabía que esta era la tarea para la cual había nacido su mujer.

Cuando el encargo quedó finalizado y los rezos correspondientes se llevaron a cabo luego de colocar los libros y la daga dentro de su nuevo resguardo Hiromi escribió algo en un papiro pequeñito, meticulosamente doblado lo colocó dentro del objeto dorado. Y ese relicario quedó resguardado por fuera de la caja en un espacio socavado al medio de esta, cubierto al final por una resina transparente. Como un sello de cera.

Y luego todo se enterró al fondo de la bóveda de armas de la familia, en la mansión de su padre.

Y Hiromi nunca volvió a sentir presencias cuya naturaleza no fueran de este mundo, así como jamás volvió a ver el tejido de la magia. Pero su pequeña sí y ella estuvo ahí para guiarla.

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—Esta es la letra de mi madre— explica Ukyo mostrando la hoja —pero el mensaje no es de ella.

—¿Cómo sabes que no es de ella?— pregunta Ranko sentándose a la cabeza de la mesa.

—Por que esto estuvo dentro del relicario que pasa de primogénita a primogénita en mi familia y yo no lo he abierto— se alza de hombros —o mejor dicho no lo había abierto antes de perderlo. Además está foliado —nos muestra un número en la esquina del papel.

El mensaje es simple, es una sola línea que abarca la hoja amarillenta por el paso del tiempo.

La piedra lavanda es el alma de la bruja. Hiromi Kuonji.

Ukyo parece emocionada y no la culpo. ¿Cuántas generaciones debieron haber pasado para que esta simple línea tuviera sentido? ¿Cuántas mujeres la leyeron y la transcribieron para no perder el mensaje y que pudiera llegar a Ukyo?

—Si esa cosa es el alma de Shampoo— habla Ranko sin mirar a nadie en concreto —entonces tenemos ya una debilidad contra Mousse.

De repente escucho la voz de Ranma llamándome.

—No tardo— es lo único que digo y salgo rápidamente del archivero.

En un abrir y cerrar de ojos ya estoy de pie frente a la puerta, pero Ranma no está donde lo he dejado y tampoco los papiros. Así que entro cerrando tras de mí el sitio.

—¿Ranma?— pregunto buscando también escucharlo dentro del cuarto lleno de libreros, similar al que está en Tokio en el edificio de la fundación.

—Estoy en el fondo Akane— responde.

Sigo el rastro del sonido de su voz y me detengo de golpe cuando lo veo sentado en una esquina, con los papiros entre las manos y la cabeza recargada en la pared mirando el techo.

—¿Qué encontraste?

—Fue mi padre, él enterró a una joven mujer que descubrió en nuestra tienda en el campamento. Su cuerpo estaba…— baja la vista para buscar la descripción —roto, como cuando se estrella una pieza de cerámica.

—Entonces…— trato de darle sentido a lo que sé, a lo que Ryoga me ha contado por la mañana.

—Pero cuando arrojaron tierra para cubrirla el cuerpo se resquebrajó y se deshizo en una nube de cenizas— por fin me mira Ranma, sujetando con cuidado mi mejilla —Mousse no tiene nada de Shampoo, si es que realmente abrió la tumba.

—Tenemos una ventaja contra él— Ranma me contempla con ojos serios —la piedra dentro de la caja dorada de Ukyo es su alma.

Mi Samurái no se inmuta de momento y eso me inquieta, más cuando mira algo por encima de mis hombres.

—Qué… ves...— giro mi cabeza sin esperar él me responda y las veo también. Las luces azules que describió el hombre que solía dejar flores en la tumba de Shampoo.

Y ahora se alinean ante nosotros saliendo por el pasillo hasta quien sabe donde.

Ranma se levanta, dejando en el suelo el papiro y tomando mi mano para ayudarme a ponerme en pie —vamos, hay que seguir el rastro.

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Holi guapos! Pues en realidad tenía la intención de que este fuera el capítulo final pero no me gusta forzar una trama y la explicación de la dama Kuonji surgió de forma natural y creo que hace mucho más sentido a que si solo lo hubiese mencionado.

También confirmo que sí, Akane y Ryoga ya saben como se cura la maldición que les puso a ella y a Ranma la bruja de Shampoo.

Yo espero, porque está todavía en proceso de creación, que el siguiente ya sea definitivo el final.

Mil gracias a las personitas que están siguiendo la historia.

También quiero comentarles que ya no voy a responder reviews, no quiero que se sigan generando malas interpretaciones. Jamás ha sido mi intención ofender o burlarme de nadie. Creo que el respeto debe ser recíproco y si alguna persona se llegó a sentir agraviada alguna vez por mi forma de responder mis más sinceras disculpas. Dejemos este tema por la paz.

Peeeero... los mensajes directos con mucho gusto serán contestados.

Abrazos infinitamente gorditos a Esmeralda Yasmin, Benani0125, Niomei, Sary, Saritanimelove, Serena de Kou y todo mi cariño para AkaneKagome (yo sé que andas hasta el tope de trabajo también y tú ni te preocupes que aquí va a andar el fic *guiño, guiño *)

Leí cada una de sus reseñas y les agradezco de corazón porque son el motivo por el cual sigo publicando esta historia.