Juegos

Yao como Jack era responsable de la mayor parte de las tareas diplomáticas junto al Rey, así que era común que visitaran juntos a los reyes vecinos. Pero en aquella ocasión Alfred lo había enviado solo, ya que tenía que atender ciertas cuestiones personales.

Por lo que Yao tuvo que lidiar con el rey de Tréboles por su cuenta ¿y qué podía decir?, no le resultaba tan cómodo estar solo con el rey Iván, para no decir que lo ponía nervioso. Su plan era simplemente explicar el motivo de su misita, exponer el tema del trato de importación que habían acordado el año pasado.

Una simple tarea de entrada y salida rápida. Sencillo, ¿no?

Pues su plan se vio frustrado por una simple frase, una pregunta inofensiva del rey a la que por su posición no pudo negarse

—¿Le gustaría jugar conmigo? —expresó mientras señalaba un tablero de ajedrez en su escritorio.

—Ah, claro con todo gusto—se acomodó en su asiento mientras él ordenaba las piezas. El ambiente seguía tenso para él. Su incomodidad alrededor del rey no se debía a que le desagradara, sino que no sabía como tratarlo… o preguntarle la razón por la que lo miraba tan fijamente cuando hablaba o en cada reunión en la que coincidían. Y no se trataba de miradas discretas, sino que sus ojos parecían querer penetrar en lo más profundo de su alma.

Quiso concentrarse en el juego más que en su acompañante. Fácilmente pudo quitarle todos los peones mientras que Iván lucía más concentrado moviendo sus alfiles e incluso sacó a la reina antes de tiempo. Yao levantó la mirada, notando lo concentrado que estaba.

"¿Realmente sabe jugar esto?" pensaba Yao, estando menos tenso alrededor suyo.

—Creo que su alteza debe pensar mejor sus siguientes movidas —se atrevió a decir. Llamando la atención del rey, quien lo miró sorprendido y al final sólo le sonrió.

—Estoy algo oxidado, pero por lo que veo usted es muy bueno.

—Realmente no tanto aru~ no juego mucho ya que estoy siempre ocupado y a veces prefiero jugar damas— mencionó, suspirando un poco al recordar como los reyes le cargaban con más preocupaciones de las que debería, sin contar las largas horas que dedicaba a entrenar a su sucesor.

—La siguiente vez que venga puede enseñarme a jugar —agregó Iván mientras movía su siguiente pieza. —Tampoco tengo con quien entretenerme mucho por aquí.

—Traeré mi propio tablero entonces, supongo volveré pronto, ya que debe sellar algunos tratos personalmente con el rey —siguió con su turno.

—Creo que me gusta más tratar con usted que con el mismo rey —respondió sin despegar la mirada del tablero —Eres más agradable, Yao y ahora disfruto mucho de tu compañía.

El Jack no pudo evitar sonreír, se sentía bien recibir halagos de vez en cuanto y sobre todo dejar de lado la incomodidad que tenía antes con el rey —Podría decir lo mismo de usted, su alteza… por cierto, si gano este juego ¿puedo pedirle alguna de las botellas de su reserva?

—¿Propone una apuesta?, bien, pero si gano yo tendrá que cumplir lo que lo le pida ¿de acuerdo?

—Por supuesto —Yao estaba confiado ya que tenía más fichas en su tablero y cualquier movimiento erróneo que diera Iván sería una oportunidad para que él hiciera jaque.

Iván se mantuvo tranquilo, moviéndose a sitios seguros, sonriendo al ver el animo que Yao reflejaba en su rostro.

Yao logró sonreía motivado, confiado en que ganaría.

—Jaque mate—pronunció Iván.

—Pero… ¿cómo? —Yao se quedó estupefacto.

—Descuidaste a tu rey mientras te concentrabas más en atacar al mío, un error básico—sonrió Iván.

Yao se dejó caer en su asiento —Creo que lo subestime bastante, su alteza —suspira— ¿Y qué desea que haga por usted?

Preguntó eso sin temor alguno, mirando expectante al monarca mientras pensaba. Iván recogió las piezas del juego y volvió a acomodarlas.

—¿Le gustaría quedarse un poco más y tener su revancha?

—No me puedo negar a eso, señor.

Al final de todo, quedarse en Tréboles más tiempo de lo esperado no sería un problema, menos si su compañero de juegos no era otro que el mismo rey.