Resumen: Colaboración con Misao-CG. Durante las peleas contra los akumas de Papillon, Ladybug y Chat Noir son atacados por un nuevo enemigo que está detrás de algo más valioso que sus Miraculous, lo que traerá nuevas revelaciones sobre todo lo que ellos creían saber de sí mismos. AU Saint Seiya.
NOTAS:
1) Los personajes no nos pertenecen. Miraculous Ladybug es propiedad de ZAG y los créditos son para Thomas Astruc y su equipo. Saint Seiya fue creado por Masami Kurumada.
2) Esta historia NO fue realizada con fines de lucro, solo para divertirnos.
3) Puede tener spoilers de toda la serie y películas disponibles.
JUEGOS DE DIOSES
CAPÍTULO 9
(Escrito por Misao-CG)
Calles de París, cercanías del Jardin des Tuileries
En esos momentos
Decir que llevaba varios días con el corazón en la garganta era ser amable. Perséfone, desde que se había enterado de lo que había hecho su madre con ella, estaba de muerte y con un dolor indecible en el alma. Pero no se quedaba ahí en el suelo hecha un flan, sino que no al mucho andar había decidido que no se iba a echar a morir. ¡CÓMO LE DOLÍA! No haber podido tener un embarazo y cuidar de su pequeño le hacía arder el alma de dolor. Probablemente nunca se recuperaría: le habían quitado a su hijo incluso de antes que ella lo percibiera y con ello impedido que lo tuviera a su lado por catorce años. ¡Quizás como había sufrido!
Ciertamente había estado bien cuidado. Analizando el caso, que vaya que había investigado a la familia Agreste, su hijo tuvo la suerte de que Emilie lo criase como propio, pese a que la pobre siempre estuvo muy consciente de que el nene no era suyo… después de todo, no había hecho nada que ameritase un embarazo, por accidental que fuera; pero al mismo tiempo tuvo la desgracia de cruzarse con un ente como Gabriel, quien asumió el rol de padre, al menos en lo legal.
¡Oh no! No lo iba a matar. Iba a esperar que muriera y lo haría arrastrar hasta el tribunal de Giudecca, saltándose Caína, Antenora y Ptolomea. ¡No! A ese bastardo lo juzgaban ella y Hades, los jueces supremos de almas. ¡Nadie más!
Se sentía inquieta y herida por la decisión de Ananké de no poder ir con su hijo y llevárselo con ella en el acto. No, era él quien tenía que buscarlos, y hasta cierto punto podía comprenderlo, aunque no le gustase nada la idea. pero… ¿Cómo Adrien los iba a buscar, si ni siquiera tenía consciencia que sus padres eran otros?
Hades no estaba mucho mejor que ella. Pero llevaba la procesión por dentro. Su querido esposo tontorrón no estaba en paz y se sentía horrible por haber faltado a sus deberes. Se culpaba no haberlo notado, no haberlos protegido, no haberse dado cuenta él mismo que su hijo estaba en el mundo humano, necesitándolos. ¡Era esa la responsabilidad que había estado eludiendo sin saberlo! Y por ello se sentía espantoso. ¡Tantas ganas que tenían de ser padres! Y esa opción se las habían arrancado de la misma esencia. ¿Solo porque Démeter no pudo tolerar que su nieto fuera hijo de Hades?
Quizás ese dolor y dilema la habían llevado a París ese día. A lo mejor también el consejo de Hécate, "el que no te puedas revelar ante él no te impide verlo de lejos sin que sepa que estás ahí". Perséfone apenas le prestó atención a la ciudad, que comenzó a recorrer con ojos ansiosos. Otro que estaba nervioso era Kagaho, su guardaespaldas personal. El mundo humano lo ponía nervioso y no le gustaba seguir a su señora a un lugar tan peligroso. La ansiedad siempre lo hacía temer un ataque sorpresa y luego ¿con qué cara le explicaba a su señor que su esposa había sido atacada? No que le fuera a pasar algo, primero lo mataban, pero la posibilidad siempre estaba ahí presente.
—Seth se está moviendo… —susurró la diosa viendo en dirección del Jardin des Tuileries…
—Mejor mantenga la distancia, señora, es peligroso.
—Mi hijo está allá… —Perséfone empuñó las manos— ¡No Lo Quiero Cerca De Esa Bestia Egipcia!
—Señora, la comprendo, pero no debe arriesgarse a que la vea. —Kagaho intentó razonar con ella, pero la diosa le hizo el quite.
Sus rizos parecieron flotar en la brisa, sus ojos verdes se llenaron de angustia y la naturaleza que les rodeaba, los árboles y plantas que formaban parte del ornato de París comenzaron a reaccionar al estrés de la diosa de la primavera. La naturaleza se preparaba para obedecer las órdenes que pudieran recibir.
Perséfone no escuchó razones y comenzó a caminar y luego a trotar en la dirección donde creía que estaba su hijo. Trote que se convirtió en franca carrera cuando se desató el combate contra las criaturas, como una mamá osa que corre en auxilio de sus cachorros. ¡La diosa veía en rojo! Pero no solo de ira, sino por esa imperiosidad necesidad de llegar junto a su hijo en peligro. Ahora que sabía que lo tenía, no iba a escatimar esfuerzos en protegerlo, ¡Y Al Carajo Con La Orden Del Destino! Kagaho salió corriendo detrás de ella apenas siguiéndole el ritmo.
Fue cuando el golpe de cosmo erupcionó y se extendió sobre París como una onda expansiva. Esto detuvo a Perséfone en el acto, quien espantada miraba hacia adelante… había llegado hasta el Jardin des Tuileries solo para ver como su hijo lanzaba un ataque de cosmo en propiedad para salvar la vida de Ladybug. A diferencia de la vez anterior, que apenas había sido un pulso, esta vez había sido un ataque completo. Y casi se deshizo del susto cuando vio a Chat Noir colapsar al suelo por el esfuerzo, inerte, quedando a merced de la Cobra de Seth.
¡Y el muy mugre se reía de ambos!
—Eso No Es Bueno, ¡No Sabe Usar Cosmo! Le Va A Dar Un Shock… —balbuceó Kagaho asustado.
—¡No le va a dar! —exclamó Perséfone pálida— ¡Ya le dio!
La diosa echó a correr en dirección de su hijo y con horror vio a la Cobra enroscándose alrededor de él, dispuesto a cenárselo. Por el rabillo del ojo vio la intervención de Apolo en favor de su propia hija, pero no le prestó atención. Solo tenía ojos para la cobra y a ella le lanzó un ataque de cosmo, golpeando a la serpiente en toda la cara, al tiempo que le ordenaba al follaje cercano crecer todo lo salvaje que pudieran para así ocultar la identidad de su hijo, lo que así pasó. La cobra se desplomó al suelo y millares de plantas crecieron con fiereza, rompiendo incluso el pavimento, de tal manera que el Héroe de París quedó por completo oculto a miradas indiscretas cuando su transformación se deshizo. Plagg cayó más que exhausto (y quizás engrifado) sobre el pecho del chiquillo.
—¡Essssa essss mi pressssssa! —siseó la serpiente, recuperando la compostura y lanzándose sobre la diosa, quien se había interpuesto entre ella y Adrien.
—¡LARGO CRIATURA!
La diosa solo lanzó un ataque de cosmo más y se desentendió del asunto. Kagaho entendió la indirecta y se abandonó al ataque, lidiando él con la serpiente, así que Perséfone no se preocupó más por ese asunto. Pudo ver que Apolo se llevaba a su hija, pero ella se concentró en el suyo, volviéndose hacia él.
Ahí estaba Adrien, en el suelo, sin moverse, cobijado por la hierba que solo permitía el paso de Perséfone. Era la primera vez que la diosa lo veía tan de cerca, ¡su pequeño gato valiente!, y sin embargo cada fibra de su ser lo reconoció como suyo. Se le atenazó la garganta al verlo y rápidamente cayó de rodillas a su lado, embargada de emociones, sin saber ni por donde comenzar a sortearlas. Las lágrimas le surcaban las mejillas.
—¡Mira cómo te dejaron!
—¡Y a mí que me parta un rayo! —se quejó Plagg, echo bola en el pecho de su portador. Perséfone tomó al kwami entre sus manos y le dio un beso en toda la cabeza, antes de dejarlo a un lado, sobre mullida y fragante hierba— ¡Argh! ¡Chiquilla Insolente! Sabes Que Solo Mi Sucrette puede… ¡Oh Vaya!
Perséfone, generalmente muy respetuosa con él, lo ignoraba. Tenía a Adrien acunado en sus brazos, y con lágrimas en los ojos, trataba de hacerlo reaccionar con cariñosos pellizcos en las mejillas. El muchacho estaba totalmente inconsciente, pálido como la muerte, y obviamente no respondía a los intentos de su verdadera madre por despertarlo. Plagg abrió la boca sorprendido: el parecido de Adrien con Perséfone era increíble… y también le dio un poco de lástima ver el cariño con el que la diosa trataba de despertarlo, mientras lo acicalaba. No pasó mucho rato hasta que la serpiente cayó con estruendo, muerta, y Kagaho aterrizó junto a ellos, victorioso.
—Necesita ir al hospital… —gimió la diosa, fijando su mirada en su guardaespaldas— ¡No puedo dejarlo solo! Ni dejar que lo vean aquí.
Kagaho simplemente asintió.
Hotel Le Grand París.
Desde la cima del hotel, Athena y sus bronceados, excepto Ikki, se encontraban mirando en la dirección general del combate. Todos estaban luciendo sus armaduras, por si acaso. Camus estaba junto a la diosa, al igual que Milo. Ambos dorados optaron por estar cerca de Athena en caso de que la situación se saliera de las manos. No les hacía gracia la presencia de Seth y su señora en la misma ciudad.
—¡Noob! ¿Para qué lanza cosmo si no sabe usarlo? —preguntó Seiya medio burlón— Sobre todo cuando no tienes ni idea de lo que es el cosmo.
—No te burles, Seiya, despertar cosmo no es fácil e incluso a nosotros nos fue difícil. —trató de justificar Shun— Ese chico la tuvo fácil, pero… ¿así de improviso?
—Seguramente le dio un shock cósmico. —razonó Camus— Me preocuparía si fuera humano, pero es un dios, no se va a morir.
—Olímpico o humano, un shock de esas características lo iba a aterrizar de todos modos en el hospital.
—¡Mi pobre primito! —exclamó Athena— pero el que Perséfone haya estado ahí me tranquiliza.
—No la juzgo. Madre es al fin de cuentas. —suspiró Milo— Yo ni siquiera hubiera intentado detenerla.
—Oye Saori… —comenzó Seiya, pero Camus le dio un zape.
—¡Señora Athena y la boca te queda donde mismo!
—Jejeje. ¡SEÑORA Athena! ¿Qué pretendes? Entiendo que quieras reunir a la familia, pero algo más te traes.
—¡Claro que quiero reunir a la familia, Seiya! —dijo Athena con una sonrisa dulce— Y si eso ayuda a predisponer a Hades a la firma final del tratado de paz, mejor.
—Oooh. ¡Siempre gana puntos ser el factor que reúne padres e hijos! —Milo sonrió de costado— ¡Esa es mi diosa de la estrategia!
—Pobre señor Hades. ¡Se debe estar sintiendo fatal!
Todos se quedaron mirando a Shun. El bronceado había sido brevemente el avatar del dios durante la última guerra santa, con los resultados conocidos por todos, y había estado particularmente silencioso durante esta situación. El muchacho, al sentirse centro de atención, suspiró.
—¿Eso lo dices por algo en especial, Shun? —preguntó Hyoga.
—Pues… el señor Hades es muy terco e inamovible, pero eso no quiere decir que sea un insensible. Cuando fui su avatar… pude percibir mucha tristeza y anhelos de paz…
—El tío se embolsa mucho, y que aparenta ser frío, pero no es un desalmado —dijo Athena, aunque pronto se encogió de hombros— Es porfiado como mula de carga. Se le metió entre ceja y ceja acabar con la humanidad y mira no más donde nos trajo. ¡Varias guerras santas! Pero Shun tiene razón. En el fondo… no es malvado, solo… tajante.
—No sé si quería eliminar a la humanidad —insistió Shun— Él… solo quería acabar con lo malo. Pero al mismo tiempo, Quería estar con su esposa… y creo que siempre quiso su propia familia…
—Pues habría sido un padre muy estricto. No en balde le dicen el implacable e inconmovible. —añadió Shiryu.
—Pero cariñoso. En el fondo el señor Hades es muy gentil.
—Pero BIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN en el fondo. —intervino Milo, soplándose el flequillo.
—¡Pues a mi no me convencen así de fácil! —Seiya sujetó juguetonamente a Shun en una llave y le refregó los nudillos en la frente— Hades nos dio muchos problemas la última guerra santa. ¡Casi nos mató bien muertos!
—¡Suelta, Seiya, Suelta!
—¡Oblígame!
—En serio, ¡No empiecen! —pidió Shiryu.
Athena iba a añadir algo, pero se contuvo, entretenida como estaba viendo como Seiya y Shun comenzaban a forcejear entre sí. Milo rodó los ojos divertidos, mientras Camus, cruzado de brazos, juzgaba en silencio. Pronto Shiryu decidió intervenir para separarlos y antes que se dieran cuenta, los tres comenzaron a pelear entre sí solo con el ánimo de jugar. Era algo inofensivo, pero no vamos a comparar las luchas amistosas de adolescentes normales con las de santos de bronce. Sí, estaban jugando, pero cada golpe que se daban hacía resonar la terraza y sacudía la estructura. Nada anormal para ellos, conste.
La diosa volvió a prestar atención hacia el sitio de la pelea, ignorando a sus santos de bronce. Milo tampoco les prestó mucha atención aunque Camus, como buen maestro que era, mantuvo un ojo en los muchachos, mientras que con el otro prestaba atención a sus alrededores en caso de que las cosas se pusieran feas. Hyoga aprovechó entonces para unirse al juego y pronto los cuatro santos de bronce se estaban dando golpes y patadas.
—¡Calma los cuatro! —advirtió Camus— No quisiera tener que explicar daños en el…
—¡METEORO PEGASO!
—¡POLVO DE DIAMANTE!
—… Válgame.
—¡Seiya! —chilló Athena girando sobre sus talones. Milo instintivamente se puso delante de ella.
—¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
El problema con las peleas amistosas de adolescentes es que estas a veces se iban de las manos. Todo era risa y alegría hasta que alguien perdía un ojo. En el caso de los santos de bronce… a veces corría sangre y otras veces…
—¡QUÍTATE, QUITATE! ¡PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
… pues otras veces involucraban daños estructurales de consideración.
—¡LO SIENTO, LO SIENTO!
Quiso la mala suerte de los santos de bronce que Seiya olvidara donde estaban y lanzó su técnica favorita contra Hyoga como parte del juego. Obviamente el cisne se defendió a tiempo y de un salto pudo esquivar los meteoros, lanzando su propio ataque al mismo tiempo. Los golpes del Pegaso cayeron de lleno en el piso y obviamente lo atravesó, causando un forado. Shiryu y Shun cayeron al piso inferior, justo en el momento en que Chloé hacía un video en vivo en su Instagram.
Por los pelos no le cayeron encima y de milagro (o más bien gracias a los reflejos de Shun), no la lastimaron. No obstante, Chloé perdió toda onza de glamour con el susto, quedando plasmada para la posteridad.
—¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAA, PAPAAAAAAAÁ! ¡CASI ME MATAN! ¡SABRINAAAA!
Athena y los dos dorados se asomaron rápidamente al agujero. Milo se largó a reír, pero al menos Camus tuvo la decencia de verse serio.
—¿Están todos bien? —preguntó la diosa.
—¡MI DIGNIDAD ESTÁ MUERTA! —Lloró Chloé mientras aleteaba con los brazos para que Shun la soltase. Sabrina, despeinada, pero ilesa, seguía grabando.
—¡Y en vivo y en directo, por lo visto! —se carcajeó Seiya. Camus aprovechó para darle un zape.
—¡HIJA MÍA! —en ese momento, André Bourgeois hizo acto de presencia en la destruida suite de su hija, observando incrédulo los daños producidos— ¡¿Qué diantres pasó aquí?!
Athena se sopló el flequillo mientras Milo le daba palmaditas de ánimo. Esto iba a estar muy difícil de explicar, tanto a la gerencia del hotel, como a los de contabilidad en su Santuario.
—Iré por mi chequera.
Catedral de Notre Dame.
Momentos más tarde
Apolo se materializó junto con Marinette en uno de los campanarios de la mítica catedral. La dejó delicadamente sobre sus pies, pero la muchacha ni se movió: lo estaba abrazando con fuerza y sollozaba histérica. Le acarició los cabellos y la dejó desahogarse tranquila, al menos de momento. Tikki estaba sobre su cabeza y trataba de consolarla. Uno de sus guerreros apareció tras él y le entregó el Lucky Charm antes de desaparecer tan rápido como había aparecido.
—¿Me permites, señora Tikki? —le preguntó el dios mirándola a los ojos. La kwami asintió.
—Hablo por mi portadora. ¡Adelante, hijo de Zeus!
Apolo lanzó el lucky charm sin muchas ganas hacia el cielo por una de las aperturas del campanario, el que estalló en miles de catarinas que comenzaron a repararlo todo, excepto los efectos del enojo de Perséfone. Aquello no era tan grave ni dañino: simplemente los jardineros municipales tendrían más trabajo podando plantas (y puede que necesitaran maquinaria pesada para despejar el insólito exceso de follaje). Apolo volvió a fijarse en Marinette, esta vez buscando heridas ocultas que la reparación no hubiera resuelto.
—¡Se comieron a mi chaton!
—Err… no. Te aseguro que no, petite.
—¡Entonces me lo mataron! —Marinette tenía los ojos enrojecidos de lágrimas. Apolo aguantó la respiración: su hija estaba al borde de una crisis nerviosa— ¡Quizás qué le pasó! Señor Apolo, ¡No puedo hacer esto sin él! ¡No puedo perder a Chat Noir! —la chica se quebró en llanto y ya no pudo seguir hablando…
Apolo bajó los hombros y la dejó llorar. Al cabo de unos momentos la envolvió en un abrazo y la contuvo. Aquél gesto volvió a remecer algunas memorias de la muchacha, que involucraban golpes, piedras y alaridos; del mismo modo, le flaquearon las piernas, el estrés estaba a punto de gatillarle una crisis nerviosa. No dejaba de pensar que no pudo lanzar ella el lucky charm, que casi la habían matado y que Chat podría estar muerto por haberla ayudado. ¡Era posible que incluso se lo hubieran comido!
—¿Qué pasó con Chat, señor Apolo? ¿Qué fue esa energía? —preguntó por fin Marinette, limpiándose las lágrimas— ¡Se sintió como Chat Blanc! Y no era Chat Blanc, era mi chaton…
—Calma Marinette. ¡Estoy segura de que Chat Noir está a salvo! —Tikki se quedó viendo a Apolo como preguntándole si sabía algo más— Apolo… ¿qué pasó?
—No puedo decirles mucho, señora Tikki. —confesó Apolo con gentileza— Solo puedo decir que esa mujer era la maman de Chat Noir y les aseguro que no va a dejar que nada le pase a su retoño…
—¡Se desvaneció! —exclamó Marinette— Fue como si su presencia se anulara. ¡Nunca le había pasado eso antes! Explotó con fuerza y luego se anuló. ¡Era Chat! ¿De dónde sacó todo ese poder? —la chica miró suplicante a su padre— Y ese monstruo… el que me atrapó y no me dejó ayudarlo…
—El chacal…
—¡¿Esa cosa era Seth?! —preguntó Marinette sintiendo como las rodillas le fallaban del susto. Apolo tuvo que sujetarla— ¿Señor Apolo?
El dios asintió con calma, sintiendo como el corazón se le quebraba al ver los pucheros de su hija. Al mismo tiempo estaba extrañado, pues eso de que su hija pudiera haber percibido una presencia de esas características no debía haber pasado. Bueno… tal despliegue de energía no pasó desapercibido para nadie, pero ¿sentir como se anulaba para esconderse? Hmm. Su hija aprendía más rápido de lo que le había dado crédito. Tikki lo miró feo, y prosiguió en su afán de calmar a su portadora. Apolo la volvió a abrazar, lo que causó que Marinette estallara en llanto.
—¡Y yo que creí que estabas enamorada del tal Adrien Agreste! No de ese gato negro… —exclamó Apolo en un afán por distraerla.
—¡CHAT ES MI AMIGO! —exclamó Marinette alarmada, mirando a Apolo con escándalo— Adrien es otra cosa, ¡Es tan lindo! ¡Chat No! ¡Chat es mi partenaire, le confío mi vida y me irrita! Pero es mío. Y sí parece que lo amo. Adrien no es lo mismo, pero también lo amo. Aparte que me acabo de dar cuenta que si Chat me falta me infarto. ¡No puedo sola sin él! Pero también me infarto sin Adrien —reconoció a toda velocidad, antes de ponerse roja como un tomate y taparse la boca— ¿Cómo supo eso, señor Apolo, que amo a Adrien?
—Es el dios de la verdad Marinette. No puedes mentirle ni aunque quieras. Ni Lila podría hacerlo —dijo Tikki rodando los ojos. Entonces exclamó de sorpresa— ¡Pero por supuesto! ¡Por eso te enronchas cuando mientes o escuchas mentiras!
—¡Tikki! ¡eso es privado! —reclamó Marinette avergonzada— Y me podría enronchar por cualquier cosa, no por escuchar mentiras. ¡¿Cuándo se ha visto algo así?! Seguro es otra cosa…
—¿Te enronchas cuando dices mentiras?
—¡NO SÉ! ¿Cómo voy a saber algo así? Solo me enroncho. ¡Puede deberse a cualquier cosa y…! —Marinette aguantó la respiración cuando Apolo la tomó por las mejillas y pareció auscultarla con los ojos. Se sintió muy pequeña, pero curiosamente muy protegida, sobre todo cuando su padre le acarició con ternura la cabeza, mientras sonreía de oreja a oreja— ¿Qué hace, señor Apolo?
—¡JAJAJAJAJAJAJAJA! —se rió el dios de buena gana, antes de despeinar a Marinette, y abrazarla lleno de orgullo— ¡Tienes alergia a las mentiras, ma petite! No te impide mentir, pero sufres consecuencias, y si escuchas mentiras, no solo te irritas sino que también te enronchas. ¡Hace siglos que no me salía un hijo con alergia a las mentiras!
—¡¿De qué está hablando?!
—Ahora… puede que la alergia se haya agudizado por culpa mía: ¡Lo siento ma petite! —Apolo tomó aire— Te recetaré algún antialérgico: puede tornarse problemático, pero nada que no puedas manejar.
—Considerando que nadie puede mentir en tu presencia, Apolo… —continuó Tikki con algo de travesura en la voz— El que Marinette acabe de admitir que ama por igual a dos personas…
—¡TIKKI! —el horror en el rostro de Marinette fue casi adorable. Estuvo a segundos de reclamarle a Tikki al respecto, pero de pronto la verdad sobre sus sentimientos la golpeó como una montaña de ladrillos. Tuvo que sujetarse de su padre—. Adrien es el amor de mi vida… ¡Chat Noir también! —la muchacha dio un brinco del susto y comenzó a hiperventilar— ¡AMO A DOS PERSONAS POR IGUAL!
Tikki y Apolo se miraron sin saber qué decir.
—¿Se lo dices tú o yo? —preguntó Apolo mientras Marinette tenía otra crisis nerviosa y daba botes por el lugar. Tikki se encogió de hombros.
—De momento es mejor que se mantenga el suspenso.
Hospital Necker– Enfants Malades. París
Varias horas después.
Gabriel Agreste acababa de dignarse a aparecer en el hospital. Hacía unas horas que le habían avisado que su hijo había sido llevado a la sala de urgencias, tras verse implicado en el último combate contra los akumas. La enfermera que había dado aviso le recomendó que fuera rápido, ya que su hijo estaba en shock y no estaba respondiendo bien a los tratamientos de urgencia.
Gabriel se tomó su tiempo. ¡Es que tenía cosas más importantes que hacer! Como enviar mariposas tras la pista del monstruo que había atacado a la muchacha o intentar seguir a Apolo, que se escabulló con Ladybug quizás a donde: la heroína de París había perdido la transformación y estuvo a milésimas de segundos de saber quién era, pero la intervención de su divino padre impidió tal cosa, por lo que puso en serio ganas para encontrarlos a ambos.
No pudo, les perdió la pista, y cuando quiso concentrarse en el otro héroe, quien también había perdido la transformación… digamos que una mini selva había explotado en el Jardin des Tuileries y ni a machetazos pudieron pasar. El combate le dejaba tantas dudas. ¿Qué había pasado con Chat Noir? ¿de dónde sacó eso? Seguro era una evolución del cataclismo, pero… ¡era evidente que ese monstruo con cabeza de chacal no buscaba los miraculous! Buscaba a los héroes. ¡¿POR QUÉ?! ¿Qué era lo que estaba pasando por alto?
Lo peor de todo es que Nathalie no había sido ayuda en lo más mínimo. Ni bien recibieron la noticia que dos samaritanos habían llevado al muchacho al hospital se puso como gallina despeinada, más interesada en saber del bastardo ese que en prestarle atención. Si hubiera dependido de él no habría salido de la casa. ¿Para qué tanto escándalo si ya estaba recibiendo atención médica?
¡Ah sí! Era su padre: se esperaba que hiciera acto de presencia. Gabriel rodó los ojos. ¡Sí claro! Su padre. ¡Le iba a descontar los gastos médicos a Adrien de su sueldo!
…
Cierto. No le pagaba. ¡Maldición!
—¿Usted quién es y qué hace aquí? —ladró Gabriel al ver a una mujer extraña junto a la camilla de su hijo.
—¡Más respeto con mi señora! —ladró a su vez a un joven que tenía cara de pocos amigos— ¡Discúlpese en el acto!
—Quieto, Kagaho. —ordenó la mujer con gélida gentileza.
Perséfone se había quedado con Adrien en todo momento. No lo dejó solo ni siquiera cuando le tomaban los exámenes, pese a que el muchacho estaba por completo inconsciente. El enorme parecido entre ambos hizo pensar al personal de salud que se trataban de parientes, por lo que no se les ocurrió correrla: siempre era bueno que un pariente adulto se mantuviera con el menor accidentado en caso de cualquier cosa..
—¡Le hice una pregunta!
—Haga caso a mi guardaespaldas. La próxima vez no lo detendré. —la diosa tomó aire, y lo miró de pies a cabeza, como quien mira basura. —Soy Perséfone Heinstein. ¿Ud. quién es? —dijo a la rápida, tomando el apellido de la familia de Pandora.
Bueno, Hades consideraba a Pandora como su hermana, y así la presentaba muchas veces. Para efectos legales en el mundo humano, su marido siempre tomaba ese apellido y como estaba casada con Hades, pues normal que tomara el "apellido" de su esposo. ¿no?
—No le debo explicaciones. No la quiero cerca de mi hijo, mademoiselle…
—FRAU Heinstein para usted. —siseó Kagaho entrecerrando los ojos.
—Como si me interesara. —Gabriel hizo un gesto despectivo con su mano— hablen con mi asistente, serán recompensados por encontrar a Adrien y traerlo aquí. ¡Pueden marcharse!
Gabriel rápidamente los ignoró y avanzó unos pasos para ver a Adrien un poco más de cerca, con las manos en la espalda. No pasó mucho tiempo antes de sentir los pesados ojos verdes de la mujer, quien lo miraba como si quisiera trepanarle el cráneo. ¿A quién se parecía? ¿Acaso sería pariente biológico de su hijo?
La mirada de esa mujer… era fría. Pero no un frío normal, sino hasta le conmocionaba el alma. Aquella mujer era implacable. Inamovible e inevitable. La Doncella de los ojos verdes como la selva parecía diseccionarle el alma. Esto sería difícil. ¿Quién era? No la quería cerca.
Nathalie estaba justo detrás de Gabriel y en franca histeria. Moría por revisar la ficha de Adrien, averiguar qué le había pasado, si había tenido alguna hemorragia, como la habían controlado y cuál era su pronóstico. Por supuesto que lo disimulaba con la maestría de una actriz, pero estaba por perder los estribos. Y no solo por la salud de Adrien, a quien quería mucho, sino… por la extraña mujer que estaba junto a su camilla. ¿Quién era y porqué la asustaba tanto?
Era mucho más parecida a Adrien que la misma Emilie, quién lo parió. Tuvo un extraño presentimiento, una intuición que pareció taladrarle la cabeza ni bien la vio. Cuando Emilie descubrió su embarazo, y algunos días después, se la encontró en la sala de seguridad buscando las cintas de vigilancia. Estaba convencida que Gabriel la había drogado para tener intimidad con ella, pues no recordaba haber hecho nada con él, ni con nadie, que resultase en un embarazo. Al menos no en la ventana de tiempo que le había dado el doctor. Cuando por fin se convenció que no, no la habían drogado y violado, hizo un comentario en voz alta que Nathalie no debió escuchar, pero cuyo secreto guardaba hasta el día de hoy. "No es hijo mío" dijo con lágrimas en los ojos, mientras protegía su vientre, "Aun así lo amo desde ya"
Años después Nathalie se enteró que Gabriel había hecho analizar al pequeño, y no… tampoco era su padre. El misterio quedó en tablas, pero ahora que veía a la mujer…
Ella tenía rizos dorados, no lacios, y el tinte verde de sus ojos era muy inusual, iguales a los de Adrien. Tenía algunas pecas y tanto su nariz como su mentón eran tan parecidos a los del muchacho que no podía ser coincidencia. Ese porte y esa mirada, sin embargo, inspiraban temor, y se la veía dispuesta a defender al chiquillo a toda costa. ¿Acaso era…?
—No me iré a ningún lado.
—Retírese o haré que la saquen.
—Que lo intenten a ver cómo les va. Debería estar más preocupado por el pequeño que por mi, ¿o no le interesa su bienestar?
—Justamente por eso no la quiero cerca. No me gustan los extraños. ¡Largo! Y olvídese de la recompensa.
—Debió llegar más temprano. No me voy a mover ni necesito su sucio dinero. ¡Créame que no me interesa!
Gabriel tuvo un tic en el ojo. Había tratado en su vida con muchas mujeres porfiadas. Modelos, su esposa, su suegra, Audrey Bourgeois, pero a todas había terminado por abrumarlas y lograr que lo obedecieran. Esta mujer parecía ser un desafío mayor: ni siquiera estaba intimidada por su presencia. Además… ¿Y qué hacía sujetando la mano de Adrien?
El muchacho había sido tratado por un shock. Los médicos habían conseguido controlarlo, pero en un momento había tenido una descompensación muy preocupante. Si hubiera sido humano seguro hubiera muerto, pero no lo era. Se había estabilizado gracias al tratamiento que le habían dado, pese a los sustos que le hizo pasar al personal de urgencias. Todavía no recuperaba la consciencia, pero si todo seguía bien, pasaría la noche en el hospital, aunque Gabriel ya había pedido llevárselo a casa ni bien despertara.
—¿Usted trajo a Adrien hasta aquí?
—Sí. Su hijo tomó refugio con nosotros. De pronto colapsó, y lo trajimos. —Perséfone volvió su mirada hacia el muchacho y osó despejarle algunos cabellos del rostro, mientras lo miraba con cariño— Su padre debe estar orgulloso de él, se portó muy valiente.
Obviamente Perséfone no se refería a Gabriel.
—¡No hay nada de que estar orgulloso! Se metió en un lío y estas son las consecuencias. ¡Se pudo haber matado! ¡Nathalie! Anota que debo castigar a Adrien por salir sin…
—¡Cuidado como tratas a tu hijo, mortal! ¿Acaso no sabes que los dioses toman ofensa cuando se maltrata a un niño? —el nivel de peligrosidad en la voz de Perséfone hizo que Kagaho se tronara los nudillos, más que dispuesto a repartir golpes.
—LARGO. —Gabriel avanzó sobre la diosa con la intención de tomarla del brazo y sacarla a la fuerza de ahí— ¡ARGH!
Kagaho fue más rápido, y en menos de un suspiro, atajó el brazo de Gabriel y lo dobló en una llave a su espalda.
—¡Mucho cuidado con Frau Heinstein! No hagas una estupidez, sastrecito de cuarta.
¡¿SASTRE?! ¿ÉL, ¡¿UN VIL SASTRE?!
—Hmmmmpf… —gruñó de pronto Adrien. Perséfone se volvió hacia él, se inclinó para besarlo en la frente, y se alejó antes que despertara.
—Vamos Kagaho. No te ensucies las manos con esa chusma.
—¡Chusma! —exclamó Kagaho casi en la cara de Gabriel, antes de darle un empujón y salir tras su señora.
Perséfone por cierto se detuvo unos instantes junto a Nathalie.
—Tengo sangre Rh nulo. —Perséfone estiró la mano hacia Kagaho, quien le pasó una tarjeta, que a su vez se la ofreció a Nathalie— Aquí está mi contacto: no dude en llamarme si el pequeño necesita alguna transfusión.
Nathalie recibió la tarjeta que le ofreció Perséfone ante la perpleja mirada de Gabriel, quien no podía estar más sorprendido y adolorido (por poco no le habían dislocado el brazo). La asistente recibió la información como si se tratara de oro fino, y asintió con una leve reverencia que no supo por qué hizo. Perséfone asintió y se alejó, dejando atrás a Adrien, a merced de Gabriel, con el alma hecha jirones. Ni bien salió a la sala de espera, y antes de echarse a llorar, Hades la sorprendió con un abrazo que por fin le derramó los ojos.
—Por favor, Perséfone… ¡Dime como está mi muchacho! —le preguntó Hades con la voz en un hilo.
—Tu hijo es muy valiente, cariño. ¡Defendió a la chica incluso a costa de su salud! ¡Se va a recuperar!
Cercanías de Le Grand París
Cuatro noches después.
Chat se detuvo sobre una chimenea en un tejado cercano. Miró brevemente hacia el hotel y suspiró. Comenzó a acicalarse la cabeza con la mano derecha igual que un gato antes de estirarse por completo. Hizo medio puchero y resopló.
El último mes había estado complicadísimo. El cansancio parecía formar parte de su rutina, estaba teniendo un pésimo desempeño en esgrima por eso; Papillón estaba dando una lata soberana, Seth ya los había atacado abiertamente y todo parecía indicar que se los quería comer, con todo y miraculous. ¡Y él sin entender nada! Porque además de eso, estaba teniendo sueños extraños, sensaciones que no se sentían naturales, estaba HORRIBLEMENTE preocupado por Ladybug y para colmo un desconocido le estaba mandando mensajes que lo estaban haciendo dudar de sus orígenes.
Para terminarla de amolar, ese gato farsante seguía coqueteándole a su princesse. Bueno, no tanto como al principio, pero de todos modos siseó molesto y territorial. ¡Que Cheshire se consiga su propia gatita moteada! No tenía por qué estar coqueteando con la suya.
—¡ARGH! ¡¿Qué Demonios Pasa Conmigo?! —reclamó sacudiendo su cabeza— ¡La mujer que amo es Ladybug! No Marinette. Marinette es mi amiga…
…
Se quedó callado. En silencio, meditando… como siempre se quedaba tras asociar a Marinette a la palabra amiga. Suspiró con más tristeza: no era que considerase a la chica como una amiga, era mucho más que eso. Era muy cara a su corazón y solo quería verla feliz. Era nerviosa, había que ser muy gentil con ella, porque se alteraba por cualquier cosa, pero esa sonrisa, ese ánimo para ayudar a otros, sus ideas tan locas y su increíble talento sin duda lo hacían sentir cosas.
… Era más probable que él terminara con Marinette y no con Ladybug. Ahora su lady era inalcanzable, ¡era la hija de un dios! Y uno de los más importantes del panteón olímpico, uno de los consejeros directos de Zeus junto con Athena. ¿Él? ¿Quién era él?
…
Ah sí. El hijo de una actriz, un modelito sin talento, cuyo padre, si es que en verdad lo era, se decepcionaba de él cada día que pasaba, sin importar los esfuerzos que hacía por agradarle.
—Ya debería cortar con eso… Nunca voy a impresionarlo… ni que se sienta orgulloso de mi.
La noche anterior había estado conversando con Plagg. No supo cómo terminó el asunto en el Jardin des Tuileries el otro día. Recordaba que casi se lo comen, pero lo peor de todo, incluso precediendo su propio terror, fue que el tal Seth había estado muy cerca de matar a su lady, de quebrarle la espalda como su fuera un palillo de fósforo. El solo recuerdo lo hacía hiperventilar y no supo qué pasó con él después de sentir esa supernova interna en su corazón, de la que se aprovechó para ayudarla…
… despertó en el hospital, horas después, acompañado por Nathalie. Luego fueron a casa y no lo dejaron ni siquiera ir a clases hasta que se hubo recuperado. Esa noche por fin se había podido escapar, ¡Tenía ganas de conversar con Ladybug! Necesitaba hacerlo, asegurarse que estuviera entera, que no tenía daños permanentes. Si no se aseguraba que ella estuviera bien, no se dejaría de torturar. La amaba, aunque ella no le correspondiese, y por eso le urgía saber cómo estaba…
—No tengo oportunidad con ma lady. Los dioses y los mortales no deben mezclarse… —se dijo desesperanzado— Y si me acerco a Marinette… no sería justo para ella. ¡No es segundo plato de nadie! Además… tiene a Luka…
Por lo visto, también amaba a Marinette, aunque todavía no se daba cuenta de ello. Dejó caer las orejas, muy triste. Se quedó quieto: tenía ganas de llorar, pero no se lo permitía. Se abrazó a sí mismo… se tragó el nudo en la garganta. Revisó su bastón distraídamente: todavía no recibía mensajes de su compañera.
—Hey… a lo mejor Marinette ha visto a Ladybug —se dijo de pronto, poniéndose de pie— Iré a verla, quizás sabe algo.
Y así aprovechaba de marcar territorio, que no iba a permitir que otro gato la galantease. ¡¿Qué onda con Cheshire?!
Chat Noir se dispuso a partir y comenzó a correr por los techos de París en dirección a la panadería, pero no hubo avanzado ni siquiera cien metros cuando una sombra alada se dejó caer delante suyo, lo sujetó por la cabeza y lo lanzó contra otro techo.
—¡ÑYAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
Varios fueron los tumbos que dio y de hecho, estuvo a punto de caer por el borde de un edificio. Rápidamente se levantó para ver a su atacante, pero por lo visto no fue lo bastante rápido.
—¡Presta Atención A Tus Alrededores O Te Van A Matar! ¡Las Emboscadas Están En Todos Lados, you bloody bloke!
Un hombre con una armadura negra y alada lo sujetó del hombro y volvió a lanzarlo en la otra dirección. No podía ver nada ni mucho menos adivinar: cuando se detuvo de nuevo tuvo el instinto de rodar en cualquier lado, pero de nuevo, ¡De nuevo!, volvieron a sujetarlo esta vez de un pie y otra vez estuvo volando sin control por el aire.
Chat Noir intentó retorcerse sobre su eje para acomodar su caída, pero la sombra lo atrapó en el aire y sujetándolo de un brazo, cortó su trayectoria y lo lanzó contra el piso. El pobre gato cayó de pie, pero dio algunos botes innecesarios. ¡Un estupendo porrazo! Se incorporó resoplando, incluso sangrando por la boca, poniéndose en guardia ni bien la sombra alada aterrizó delante de él. Era un hombre imponente, con un notorio acento londinense, cuya presencia lo hizo sentir como gatito de pecho, que emanaba una energía gélida, llena de importancia, de lealtad incluso, pero peligrosa como pocas cosas había sentido en su vida.
Tenía miedo. Se erizó como un gato, asumiendo una postura de combate.
—Primera lección, you bloody cat. Vamos a probar que tanta energía tienes.
—¿Lección? ¡No he pedido clases!
—Me vale. Tendrás lecciones de todos modos. ¡Y esta es la primera!: huye y no permitas que te atrape.
—¡¿Cómo?! —Chat no entendía nada. El hombre dio un paso al frente.
—Tendrás que evadirme por cinco minutos. ¡Y eso es fácil! Pero mientras no lo consigas, la lección no acaba. ¡Podemos estar toda la noche en esto!
—¿Por qué tendría que hacerte caso?
—Porque no tengo más opción, pequeño señor.
¡¿Señor?! ¿Por qué lo llamaba así?
—¡¿Quién eres?!
Radamanthys de Wyvern, juez de almas de Caína, estrella celeste de la ferocidad, se acercó a Chat Noir en todo su esplendor, con toda la seriedad del mundo, y miró desde su altura hasta abajo, al gato negro de París, quien estaba en guardia, listo para defenderse de un ataque, pese a que sus posibilidades de defenderse o de ganar eran cercanas al 0,0007 %.
Aun así mantenía terreno, sin ceder medio palmo, pese a lo aterrado que estaba. ¡No! Él era uno de los héroes de París, y no se arredraría ante ningún desafío con tal de proteger su ciudad. ¡Menos ante un psicópata vestido con latas!
—¿Quién soy yo? ¡Tu peor pesadilla! —Radamanthys entrecerró los ojos— Soy quien te va a entrenar.
—¿Qué fumaste, inglés?
—Run!
Y sin darle mayor advertencia, Radamanthys lo atacó.
Se pasaron las siguientes tres horas correteando por los techos de París, en busca de los objetivos planteados.
No, esa noche Chat no pudo ir a conversar con Marinette. Cuando por fin logró evadir al psicópata este que había decidido entrenarlo, estaba molido y ni siquiera pudo llegar por sus propios medios a su casa. Cayó dormido ahí donde quedó.
Radamanthys, al verlo, tuvo un tic en el ojo… pero se lo echó al hombro y lo llevó a casa, dejándolo sobre su cama sin mucho cuidado. Cuando la transformación se deshizo, un muy irritado Plagg le quitó los tenis y lo arropó, dejándolo dormir.
…
Y solo por si estaban al pendiente… soñó con Marinette.
CONTINUARÁ…
Nota de Misao: Sí, recorté mucho del capítulo, añadí cosas, boté otras. Nada como una subida de cafeína para aligerar la tarde. Al menos Adrien fue atendido y Marinette recibió algo de contención necesaria. Abby… your turn!
Nota de Abby: Muajajaja... prepárense psicologicamente porque tengo planes malvados
BRÚJULA CULTURAL:
Traída a ustedes por un exceso de cafeína y quizás un sugar rush. Wikipedia, Saint Seiya Wiki y Medline Plus también intervinieron.
Kagaho de Bennu: es el Espectro de la Estrella Celeste del Salvajismo, capaz de rivalizar con un santo dorado. Personaje exclusivo del Saint Seiya Lost Canvas – Hades Mithology, jura lealtad a Hades porque Alone, su entonces encarnación, se parecía a su hermano menor Sui.
Hécate: (en griego antiguo, Ἑκάτη) es una diosa en la antigua religión griega y en la mitología. La mayoría de las veces se muestra sosteniendo un par de antorchas o una llave y en periodos posteriores se representa en forma triple. Fue asociada de diversas maneras con encrucijadas, caminos de entrada, luz, magia, brujería, conocimiento de hierbas y plantas venenosas, fantasmas, nigromancia y hechicería. Aparece en el himno homérico a Deméter y en la Teogonía de Hesíodo, donde es promovida como una gran diosa.
Hécate fue una de las principales deidades adoradas en los hogares atenienses como diosa protectora y que otorgó prosperidad y bendiciones diarias a la familia. En cuanto a la naturaleza de su culto, se ha comentado que "ella se siente más cómoda en los márgenes que en el centro del politeísmo griego. Intrínsecamente ambivalente y polimórfica, se encuentra entre los límites convencionales y elude la definición."
Las inscripciones más antiguas se han encontrado en el Mileto arcaico tardío, cerca de Caria, donde Hécate es una protectora de las entradas. En el culto de los molpoi (cantantes sagrados) milesios, se colocaba frente a una estatua de Hécate una piedra engalanada y bañada en libaciones.
Shock: Es una afección potencialmente mortal que se presenta cuando el cuerpo no está recibiendo un flujo de sangre suficiente. La falta de flujo de sangre significa que las células y órganos no reciben suficiente oxígeno y nutrientes para funcionar apropiadamente. Muchos órganos pueden dañarse como resultado de esto. El shock requiere tratamiento inmediato y puede empeorar muy rápidamente. Hasta 1 de cada 5 personas que sufren shock morirá a causa de esto.
Jardin des Tuileries: También llamado jardines de las Tullerías, en plural, es un parque público parisino localizado en el I Distrito, entre el Louvre y la plaza de la Concordia. Fue creado por Catalina de Medicis, a partir de 1564, como jardín del palacio de las Tullerías —antigua residencia real e imperial hoy desaparecida— en el emplazamiento de unas antiguas tejeras que le dieron su nombre (en francés, tuile). Finalmente se abrió al público en 1667 y se convirtió en un parque público después de la Revolución Francesa. En los siglos XIX y XX, era un lugar donde los parisinos celebraban, conocían, paseaban y se relajaban. Es el jardin à la française más importante y antiguo de la capital y fue clasificado como monumento histórico en 1914, como un sitio inscrito en 1975 y en 1991 quedó incluido en la ámbito protección del Patrimonio Mundial de la UNESCO en relación con las Riberas del Sena en París. El jardín ahora es parte del dominio nacional del Louvre y de las Tullerías.
Hospital Necker – Enfants Malades: Es un hospital universitario ubicado en el 15th arrondissement de París. Es un centro de salud pública y parte del grupo de los hospitales de París, afiliado además a la Universidad de París Descartes. El Necker – Enfants Malades fue creado en 1920 con la fusión del antiguo Hospital Necker, fundado en 1778 por Suzanne Necker, con el Hospital Enfants Malades, fundado en 1801, cuyo edificio era contiguo. Éste último además era el hospital infantil más antiguo del mundo.
