Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.
Palabras: 1282.
07.- Fotos
Penny abrió los ojos, miró la pared y no la reconoció. Las sienes le martilleaban, masculló una maldición y se incorporó para intentar ubicarse. El lugar le sonaba, pero no lo situaba en ningún espacio en el que pudiera dormir, hasta que miró a su lado.
—Ay, no. No, no, no, no.
Se movió para salir de la cama, tiró de la sábana que permanecía enredada en su tobillo destapándolo por accidente. Jagged espatarrado y desnudo, dormido como un tronco, ajeno a su próximo ataque de nervios.
—Ay, no. No, no, no, no.
Logró librarse de la sábana enredada y saltó de la cama verificando que ella también estaba desnuda. ¿Dónde estaba su estúpida ropa? Tenía que encontrarla antes de que se despertase y la pillase allí desnuda junto a su cama. Trató de hacer memoria, habían abierto la botella de bourbon que le habían regalado por el éxito fulgurante del single, se habían sentado en el sofá y después todo se volvía confuso.
El sofá, esperaba que su ropa estuviera allí esperándola y que Fang no la hubiese devorado... Fang debía de estar hambriento y enfadado porque ella le había quitado su hueco en la cama junto a Jagged.
Eso estaba mal. Muy, muy mal.
Penny vio aliviada como su camiseta y sus pantalones estaban tirados en el suelo y de una pieza, encontró su sujetador colgando de la lamparita y los calcetines en el sofá. Sólo le faltaba una prenda por localizar.
Se vistió con lo que tenía porque, al menos así, si se despertaba, no la encontraría desnuda y rebuscó por todos lados. Fang, en lo alto del sofá la seguía con la mirada como si su desesperación por dar con una prenda de ropa le divirtiera especialmente.
«Mierda, mierda. ¿Dónde están?» pensó moviendo los cojines.
Vio un trozo de tela blanco asomando bajo la pata de Fang y soltó una maldición.
—Fang, necesito eso.
Él la miró sin moverse. Sin embargo, en cuanto Penny acercó la mano a las bragas le lanzó un furibundo rugido que la hizo apartarse.
—En serio, Fang, las necesito. Sé que estás enfadado, pero... —Penny sacudió la cabeza—. Estoy intentando razonar con un reptil, genial, aún puedo hacer más el ridículo.
Esperaba que Jagged hubiese bebido tanto como ella y no se acordase de lo que fuera que había ocurrido, también esperaba poder recuperar sus bragas sin que él las viese. Por el momento volvería a su suite, se daría una buena ducha y haría algo con aquel maldito dolor de cabeza mientras deseaba que al cocodrilo le diera por moverse en su ausencia.
Cuando Jagged se despertó el sol entraba con fuerza por la ventana de su suite. Estaba solo en la cama. Penny se había despertado antes que él y estaba seguro de que se habría montado una buena película sobre qué debía de haber ocurrido entre ellos. Le iba a estallar la cabeza, se levantó refunfuñando y buscó algo para ponerse que no fuera un pijama.
Fang estaba en su lugar preferido y Penny estaba en su silla de siempre trabajando, guardando las formas.
—Buenos días —masculló dejándose caer en el sofá, enterró la cara en uno de los cojines rehuyendo la claridad—. Que dolor de cabeza...
—He pedido que te traigan el desayuno —musitó con un tono de voz extraño.
—Penny...
—Mira, no sé qué pasó anoche, pero te prometo que no volverá a ocurrir —barbotó sin molestarse a mirarlo.
—Nada —farfulló contra el cojín.
—¿Qué?
—Que no pasó nada —repitió girando el rostro para poder mirarla.
Casi podía oír a su cerebro ir a toda velocidad analizando la escena que se había encontrado al despertar.
—Bebimos demasiado, nos dimos un par de besos y ya está.
Pero estaban desnudos y eso no era algo que ocurriese por darse un par de besos.
—Me dijiste que odiabas mi pijama y te empeñaste en que tenía que quitármelo y, después, te pareció injusto que sólo yo estuviese desnudo, así que te quitaste la ropa y nos fuimos a dormir —explicó pausado—. Para lo único que te he tocado ha sido para taparte, soy un caballero. Además, te quedaste fuera de combate nada más tocar la almohada.
»Así que no te preocupes más. No me he aprovechado de ti, ni tú de mí. Todo está en orden.
—Lo siento mucho —musitó sintiéndose ridícula.
—¿Qué es lo que sientes? ¿Ser humana?
—No es apropiado para...
Jagged enterró de nuevo la cara en el cojín y meneó la mano dejando claro que no quería oír nada más al respecto.
—Jagged —llamó, él replicó con un murmullo ahogado—, nada, olvídalo.
El golpeteo de los nudillos sobre la puerta le hicieron protestar, Penny se levantó al instante para abrir. El trabajador del hotel empujó con profesionalidad el carrito hasta el centro de la suite y esperó a que Penny le diese su correspondiente propina antes de marcharse sin mediar palabra.
—¿Puedes traerlo aquí?
Penny lo empujó diligente hasta allí, acomodando las cosas sobre la mesa baja frente al sofá. Miró de reojo a Fang que seguía sin moverse con sus bragas secuestradas bajo la pata.
—¿Has desayunado? —inquirió sentándose.
—Sí, cuando me he levantado.
—¿Quieres un poco de café?
Ella dudó, pero aceptó sentarse con él y compartir el café. Estaba incómoda y no había que ser demasiado observador para darse cuenta.
—¿Te acuerdas de cuando nos conocimos? —le preguntó.
—Sí, no ha pasado tanto tiempo —musitó ella—Dijiste que parecía una misa en Navidad y me llamaste "doña estirada".
—¿Quieres que te cuente un secreto vergonzoso?
Ella asintió, aunque no sabía si quería sumar más vergüenza a la que ya sentía.
—Pensé que Karim era un cabrón con suerte por haberse ligado a una chica como tú. Porque eres preciosa, pero aquella pinta de... abogada no me gustaba nada.
»Y entonces te plantaste con una nueva imagen y no podía trabajar contigo.
—Me odiabas —afirmó ella.
—No exactamente. Es que no quería trabajar contigo, me distraías, así que me concentré en ponértelo difícil para que renunciases —declaró ofreciéndole una tostada con queso y miel—. Pero menuda tozudez la tuya, chica, yo me hubiese ido llorando si hubiese tenido que aguantar la mitad.
—He crecido en un barrio de mierda, soy inmune a ese tipo de ataques.
Penny mordisqueó la tostada más tranquila que unos minutos antes. Suponía que habría tenido que tragar mucho racismo y discriminación en su infancia y adolescencia como para que sus ataques no la afectasen en absoluto.
—Y me sigues distrayendo aún.
—¿Cómo se supone que lo hago?
—Tengo un amuleto de la suerte, siempre me preguntan por él —musitó cambiando de tema.
—Nunca contestas cuando lo hacen.
—¿Te gustaría verlo?
Penny asintió, tenía tanta curiosidad por aquel amuleto como el resto del mundo. Jagged buscó en su cartera y la miró.
—Están prohibidas las burlas, ¿entendido?
—No me burlaré, lo prometo.
Sacó una pequeña funda de plástico rígido con tres fotos protegidas en su interior. En la primera salían su madre y él, la segunda era la primera que se había hecho y la última era de ella en la playa de Niza, durante el breve descanso que habían tomado al acabar la segunda gira en la que habían trabajado juntos.
—Desde que te conozco que me acompaña la buena suerte, así te puedo llevar conmigo cuando no estás.
Penny le dio un suave empujón arrollada por la timidez.
—Si es una estrategia para que te dé días libres no va a funcionarte.
Jagged se concentró en apurar su desayuno y tomarse el par de aspirinas que le había dado Penny. Algo había cambiado durante aquella breve conversación, aunque aún no sabía qué era.
Continuará
Notas de la autora:
¡Hola! El incómodo despertar sin ropa en una cama que no es tuya sin acordarte de qué ha pasado o cómo has llegado allí.
Mañana más.
