Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo seis

― Pagué una buena cantidad por ti. Es tiempo de cobrarme, niña ―sus ojos color miel me dan miedo, un miedo que es capaz de secar mi boca y erizar mi piel.

― Suélteme o haré un escándalo, lo juro ―le amenazo tratando que su agarre sea menos doloroso. El hombre es alto y de gesto intimidante, al menos así me sigue mirando.

― Tenemos un maldito trato, Isabella ―susurra en mi oído― hice un depósito a tu cuenta bancaria, puedes mirar si quieres. Mi parte ya está hecha, ahora te falta cumplir.

Forcejeo y soy liberada al tercer intento. Sus ojos recorren con disimulo el campus, hay alumnos por doquier, a pesar del frío. El hombre esconde sus manos en los bolsillos de su gabardina oscura y se recarga en su camioneta.

― Vamos a otro lugar ―murmura tan bajo que es difícil escucharlo, abre la puerta para que suba―. Debemos hablar, preciosa.

Aprieto mis puños. No soy tan idiota como piensa.

― Usted está loco, no le conozco ―expreso claro y conciso.

Me alejo con grandes pasos de él. Mi corazón quiere salirse del pecho, estoy llena de pavor porque llegue atraparme. Justo cuando mis piernas no quieren cooperar y correr, veo al chico Newton atravesando el pasto pintado de blanco. Él es un compañero de clase.

― Oye, Newton… ―le sacudo mi mano y él se detiene; corro a su encuentro. Estoy salvada, no volteo atrás, supongo que Carlisle sigue donde lo he dejado―. Ah... hola, soy Isabella. Bella.

El chico tiene sus gafas de aumento empañados, alza sus cejas rubias mirándome por encima de los vidrios pañosos y sus ojos azules parecen precavidos.

― Soy Michael ―su mano aprieta la mía, en un saludo reconfortante―. Mike.

Seguimos caminando. Él ajusta su bufanda cubriendo boca y nariz y sus gafas se vuelven a empañar, resopla.

― Odio el frío ―murmura.

― ¿Por qué elegiste este lugar si odias el frío? ―quiero saber. Necesito hablar de cualquier cosa.

― Aquí gané una beca completa ―presume orgulloso, incluso se sonroja.

― Yo tengo media beca, pero a mí no me ha ido bien.

― Oh… a mi hermana tampoco le fue bien. De un día para otro le dijeron que había un error en el sistema y que ella solo tenía media beca ―ajusta el gorro de su cabeza― se regresó a Arizona y allá encontró una mejor universidad.

― Es justo lo que haré. Debo irme.

― ¿Lo dices por la beca o por el tipo que te estaba maltratando?

Hago una mueca mientras el viento gélido nos golpea de frente. Mike se ha dado cuenta de Carlisle, quizás debo confiar en él y contarle.

― Presiento que estoy metida en algo grande, y tengo miedo ―reflexiono en voz alta.

― Si temes por tu integridad física, lo mejor es alejarse.

― Creo que tenemos las mismas clases ―cambio de tema. No puedo involucrar a más personas― ¿te apetece caminar juntos a la hora de salida?

― Bien. Solo tenemos que apresurar el paso porque no quiero llegar tarde a mi trabajo. ¿Dónde vives?

― A dos bloques. Es el edificio más nuevo, ahí vivo con Jessica, mi mejor amiga.

― Trabajo en la cafetería que está detrás de ese edificio, seré tu guardián ―promete tímidamente.

Seguimos caminando mientras hablamos de cualquier cosa, aunque mi mente no puede dejar de pensar en ese hombre. Debo evitar a toda costa quedarme sola, pero sobre todo, debo evitar volver a verlo.

Mike sacude su mano cuando me ve entrar al edificio. Estoy agradecida con él, al fin encuentro a una persona buena en esta jodida ciudad. Una vez estoy a salvo en el pequeño apartamento empiezo a hacer mis deberes; una buena limpieza nunca está de más, paso la escoba por todos los rincones y el plumero por las superficies. Ahora es tiempo de cocinar.

.

Ha pasado una semana desde que tuve el desafortunado encuentro con Carlisle Cullen. Me alegro no tener noticias de él, aunque no puedo decir lo mismo de Lauren, sus miradas de perra asesina apunto de atacar me han seguido a todos lados.

Froto mis frías manos por mi cara.

La tarde continua lluviosa y helada como casi todos los días. Ahora estoy afuera de la modesta cafetería donde Mike trabaja, estoy aquí para una entrevista de trabajo. Veo por el cristal que su jefe sacude la cabeza y sé que es un no.

Mi ánimo decae y lo disfrazo con una corta sonrisa.

― Lo siento. ―Dice él cuando sale conmigo― no entiendo qué pasa, necesitamos personal y él había prometido que te contrataría y al solo escuchar por tu nombre se echó para atrás, maldito.

― No te preocupes, no fue un día de suerte ―mi voz se entrecorta y mis ojos pican, aún así sonrío―. Gracias, Mike. Debo irme, la tarde está cayendo.

― No puedo irte a dejar ―explica apenado― estoy en mi turno.

― Tranquilo, vivo a la vuelta ―levanto mi mano en un corto adiós.

Corro bajo la lluvia helada camuflando mis lágrimas. Me siento tan miserable, tan inútil.

Doy vuelta al edificio caminando por la acera; mi cabello está escurriendo a causa de la lluvia, tengo frío. También sigo llorando y empiezo a sollozar.

Saco mis llaves; al edificio solo se accede si perteneces a él, es muy seguro para universitarios.

― Así que... aquí vives.

El respingo involuntario que hace mi cuerpo me permite soltar las llaves que caen sobre mis botas. Me vuelvo; ella está frente a mí con una sombrilla y unos documentos en su otra mano.

― Déjame en paz, Lauren.

Ella se acerca un poco más. Extiende los documentos a mí.

― Aquí están las malditas pruebas, idiota. Hay un depósito en tu maldita cuenta ―en esas hojas está impreso mi nombre con una gran cantidad. No las acepto.

Su dedo índice presiona mi hombro.

― Sigue perdiendo tu tiempo en busca de trabajo, nunca tendrás uno. No, hasta que hayas cumplido tu parte del trato.

― ¡Maldita! ―tiro de su brazo y su sombrilla cae; la empujo y ella cae sobre la acera encharcada―. Te acusare, maldita loca. Hablaré y lo diré todo ―amedranto.

― ¡Perra! ―grita a mis espaldas― ¡te arrepentirás! No imaginas lo que te espera.

Levanto mis llaves y con dedos temblorosos logro abrir la puerta de vidrio, no miro atrás. Simon me saluda al verme y yo le ignoro corriendo hacia el ascensor.

Cuando entro al apartamento sé que estoy segura; recargo mi frente en la puerta al mismo tiempo que pongo el cerrojo.

La estancia está sola Jessica acostumbra dormir después de clases. En estos días deja intencionalmente su celular sobre la encimera para que yo pueda usarlo. Ella es buena conmigo.

Lo tomo entre mis manos y me deslizo hasta quedar sentada en el piso. Abrazo mis piernas. Mis lágrimas empiezan a salir de forma torrente y amarga.

«¿En qué estoy metida?»

Lo único que se me ocurre es hablar con papá, quiero que me abrace. La punta de mi dedo elige su contacto. Timbra una vez…

¿Qué quieres? ―mi pequeña hermana pregunta. Leah sabe que estoy usando el celular de Jessica para comunicarme con ellos.

― Hola, Leah, me pasas a papá ―pido, limpiando mis lágrimas. No debo llorar―. Es urgente ―sollozo cubriendo mi boca con mi mano― por favor, hermana.

No me digas así. Tú, no eres hija de mi mamá ―su comentario es cruel, se queda un momento en silencio y luego resopla―. ¿Sabes qué está haciendo mi papá? Me está decorando la habitación ¡al fin sacamos tu cama! Ahora es solo mía, ya no hay rastro de ti en toda la casa, también quitamos tus fotos de los portaretratos y ahora todo luce mejor.

Me tumbo sobre el piso de madera, estoy hecha un ovillo. Dejando que mis lágrimas salgan y me liberen de mi zozobra.

― ¡Bella! ―exclama mi amiga, se acuclilla envolviendome en sus brazos y con sus dedos peinando mi cabello pone mi cabeza en su regazo. ¿Qué te ocurre?

― Me pasa todo. Y no sé qué hacer.

― Llora, Bells. Por el momento llora, es bueno desahogarse.

― Quiero irme de aquí.

― No, no ―solloza―. ¿Por qué no hablamos con papá? Podemos contarle todo, estoy segura que sabrá qué hacer para ayudarte. Él es abogado, Bella.

― Tengo miedo de que Carlisle Cullen vuelva aparecer. El maldito depositó la cantidad acordada en mi cuenta, lo hizo para presionarme.

― Por qué no hablas con el rector ―sugiere―. Marcus Vulturi es un hombre atento y caritativo, él puede ayudarte.

Irguiendo mi cuerpo quedo sentada en el piso, limpio mis lágrimas y la observo con atención. Jessica trae su cabello rubio en dos trenzas mal hechas y viste su pijama de pantera rosa.

― Si Aro se niega a escucharte ―añade― bien puedes recurrir a su hermano. Marcus es la solución a todo. No hay nadie más.

Me sonríe sosteniendo mi mano, le da un apretón. Ella tiene razón, debo buscar a Marcus Vulturi.

― Vamos a cocinar, anda… ―pide, poniéndose de pie y tirando de mi mano― no seas haragana, tengo hambre.

Me arrastra unos cuantos pasos, no quiero pararme.

― Puedes comer sobras, Jess ―protesto― no quiero cocinar.

― No me has dicho qué te dijeron en la cafetería, ¿cómo te fue?

El cambio de conversación me aflige de nuevo ―suspiro y esta vez me pongo sobre mis pies. Abro el refrigerador y compruebo que no hay sobras dentro, ni nada apetecible que no sea vegetales.

― Ni siquiera me dieron una entrevista, el tipo apenas escuchó mi nombre y su respuesta fue un rotundo no. Eso no es todo ―muerdo una zanahoria bebé, tengo hambre― no encontraré un trabajo a menos que cumpla mi parte con ese hombre. Me lo dijo Lauren.

Jessica se impulsa sentándose en la encimera.

― Esto es espeluznante, Bella. Qué tal si son una mafia ―se estremece― si te vas me iré contigo, no me quedaré sola.

― ¿Te irás conmigo a Hawái?

Rueda los ojos. Está sonriendo.

― Claro, quiero ver con mis propios ojos cómo terminas manteniendo al inútil de Tyler. Quiero ser quién te diga: te lo advertí.

― Nunca lo vas a querer, verdad.

― No.

― Ty es un buen chico y me ama.

― Ajá… Tyler era el chico popular de americano que se fijó en la niña estudiosa del Instituto, muy cliché.

― Cuando tengas tu primer novio tampoco lo querré, ya lo verás.

Ella se encoge de hombros.

― Cuando tenga mi primer novio lo vas a adorar porque será el mejor ―se escucha ilusionada―. He sido muy paciente porque llegue el perfecto chico a mi vida, le estoy esperando de muy buena gana.

― Y llegará, te lo aseguro ―le sonrío―. Ahora por lo pronto, muévete. Necesito ingredientes para preparar una lasagna, ¿quieres ir al super? Te haré una lista.

― Yo confundo el azúcar con la sal. Ves tú ―salta bajándose de la encimera y camina a su habitación― te daré mi tarjeta.

Miro mis ropas, estoy empapada.

― ¡Debo usar ropa seca o voy a enfermar! ―grito, mientras entro a mi habitación.

En mi closet busco algo cómodo; unos vaqueros acampanados y un suéter negro y mi anorak.

― Iré contigo, no te dejaré sola ―abotona su abrigo abajo sigue con su pijama de pantera rosa, rio.

Bajamos juntas el ascensor, al salir al exterior el frío cala hasta los huesos cuando el sol se oculta. Caminamos con mayor prisa porque el viento nos azota en la cara, pero la lluvia ha cesado.

El supermercado está a dos bloques atrás.

― ¿Corremos? ―le propongo a Jess.

Ella se echa a correr antes que yo, es una tramposa. Corro.

Mi corazón va a salir por la boca, estoy muy agitada. Doy una bocanada y entro en la tienda. Jess trae con ella una canastilla y está eligiendo lechuga ―ruedo mis ojos.

Jessica no sabe nada de elegir ingredientes de bajo costo, le da igual el precio por esto mismo empieza a llenar la canasta de todo lo que ve.

Inspiro.

Mis ojos recorren los estantes en busca de chocolate en polvo ―hago un mohín― debo olvidar el sabor de ese delicioso chocolate que tuve la dicha de saborear. Me alejo molesta del pasillo; a mi mente vienen imágenes del arrogante papá de Pat y lo que un día le hice.

Sacudo mi cabeza. Soy una desvergonzada.

― Pagar más de cien dólares en compras innecesarias te hace pésima ama de casa ―me quejo mientras hago un esfuerzo por cargar las bolsas.

Jessica y yo no somos las chicas más altas ni tampoco las más robustas.

― Oh… espérame aquí ―dice bajando las bolsas y poniéndoles en el suelo― olvidé mis m & m 's

Exhalo. La veo por el cristal y Jess sigue mirando y pasando sus dedos por los distintos chocolates. Tarda algunos cinco minutos antes de regresar, reanudamos nuestro camino entre risas. Frente al edificio mi amiga busca sus llaves.

Un chirrido de neumáticos me hace girar, las bolsas caen de mis manos y mis piernas se debilitan al mirar estacionarse una lujosa Cadillac.

― Hola, preciosa ―dice Carlisle, el sonido meloso de su voz me provoca asco― ¿has tomado una decisión?

Mis pulsaciones se aceleran por un miedo indescriptible.

Jessica toma mi mano, ella está conmigo. Tengo un nudo en mi garganta y mucho miedo.

Giro levemente mi rostro al escuchar otro coche estacionarse; es una camioneta Ford. Edward Cullen con su porte salvaje y enigmático desciende de ella.

Su mirada fúrica va de su padre a mí y viceversa.

Sin pensar suelto la mano de mi amiga y me refugio en los brazos de Edward, lo abrazo con toda mi fuerza. Y mi necesidad de sentirme protegida.

― Mi amor, estás aquí ―vocifero sin soltarlo. Estoy segura que él puede sentir mi pánico. Mi voz se quiebra―. Quédate conmigo, Edward.

Sus brazos se envuelven a mi alrededor, me abraza y yo puedo sentir paz.

― Soy todo tuyo ―responde.


¡Hola! Aquí estamos con otro capítulo más, hoy se me hizo tarde para publicar. ¿Les gustó la reacción de Edward? ¿Creen que Edward intuye lo que sucede con Bella y su padre?, ¿qué pasará con Bella? Espero leer sus opiniones.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Iza, Mar91, Patty, Kony Greene, PaolaValencia, Dulce Carolina, ALBANIDIA, Gibel, Lili Cullen-Swan, Lily, Flor Mcarty, Vane, Adriu, torrespera172, Moni, Jade HSos, Diannita Robles, Lupita Calvo, Lidia, Lizdayanna, Pameva, Ximena, Isis Janet, Ana, mrs puff, Pepita GY, Antonella Masen, Rocio y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!