A/N: primer aporte del día 04/10, con tema "Distopía del corazón", usado de una manera un poco... No ortodoxa. Los que recibieron comentarios míos estos días, y me leen, se habrán dado cuenta de que no soporto la más mínima mala vibra entre Kirito y Asuna, así que no será en plan "sad" esta susodicha distopía.
A/N 2: este capítulo sufrió mucha re edición, porque toda la parte anterior del fic, al principio, ni tenía 7 capítulos ni ocupaba la mitad la historia que quería contar. Terminó mutando en lo que vienen leyendo (espero jaja) y por ello lo que decía al comienzo de esta nota de autor. A donde quiero llegar es a que creo haber corregido todo, pero si notan algún error de continuidad, apúntenmelo para corregirlo, por favor. Gracias. No los retengo más, lean en paz.
30 de Septiembre de 2026
Rinkou los desconectó de los Traductores que habían estado usando por horas. Revisó sus cuerpos y y les quitó los electrodos que les había puesto para monitorear sus constantes.
Todavía tuvo que aguardar diez minutos más hasta que empezaron a dar señales de haber despertado.
- Bienvenidos de vuelta. - los recibió. - ¿Qué tal les fue? -
Asuna, ya sentada, miró a Kirito un momento, luego a la mujer frente a ella, y le ofreció una amplia sonrisa feliz.
- Muy bien. Ha sido... Un regalo insuperable. -
La adulta estuvo segura, sin embargo, de que esa jovencita habría considerado un sapo un buen regalo si se lo regalara él. El pensamiento le hizo gracia y no pudo evitar reírse. Ella había sido igual con Kayaba.
- Mejor así. - cedió. - Pero tengo curiosidad, si fueron a parar a la Era Kamakura, ¿por qué había katanas? No existían en aquel entonces, se comenzaron a fabricar más adelante. - cuestionó. - Y aunque me agrada el cambio, Asuna debió haber estado muchísimo más limitada por su sexo. -
El muchacho de pelos negros se permitió uno de sus largos bostezos.
- Lo de las katanas... No sé, supongo que es algo muy asociado con Japón, y por eso pensamos en esas espadas antes que en las que verdaderamente son de esa época. - se giró hacia su novia y le dirigió una mirada cargada de afecto. - En cuanto a Asuna, nada puede detenerla cuando se le mete algo en la cabeza. Al parecer, habría cambiado la historia, de haber estado allí. - su expresión se deshizo. - Lo que me molesta es que Kayaba estuviera presente. - miró de nuevo a la mujer en la sala. - ¿Era parte de nuestra imaginación también o era la fluctlight original? -
Rinkou no contestó enseguida. Aunque ahora se estaba viendo con Higa Takeru, la sola mención de su anterior interés amoroso la desestabilizaba.
- Creo que prefiero no descubrirlo. - decidió decir. - Bueno, si han terminado, vístanse y pónganse en camino, no puedo imaginar que no estén llegando tarde a alguna parte, aun habiendo faltado a clases como un par de irresponsables. -
- Ah. - intervino Kazuto. - Pero tú fuiste quien justificó nuestra ausencia hoy. -
Koujiro Rinkou lo ignoró olímpicamente y, cuando llegó a la puerta, se volteó una vez más.
- Hasta la próxima, Asuna-san, Kazuto-san. -
Cuando hubieron quedado los dos solos, tras estirar un poco los músculos, la muchacha se tiró encima de su novio y lo atrapó en un abrazo estrangulador que lo dejó sin aire, incluso cuando sus brazos pasaron alrededor de su cuello y no de su torso. Él, en respuesta, la rodeó por la cintura y la apretó con fuerza, dejándola sin aire también. Cuando la sintió aflojar su agarre sobre él, hizo lo mismo y se quedaron viéndose a los ojos uno con otro muy de cerca.
- ¿Te gustó? - preguntó Kirito dubitativo.
- Claro que sí. - le aseguró. - ¿Nacer de nuevo en otro mundo sólo para inevitablemente volvernos a enamorar igual que en este? Es... Es... - pareció casi ahogarse de la emoción. - No hay nada más romántico. - dijo en un tono que le sacó una sonrisa al por poco inexpresivo Espadachín Negro.
- Toda una experiencia. - concedió el chico.
- Es más que eso. - susurró Asuna bajando sus manos por su pecho. - Es una declaración de amor eterno, Kirito-kun. - apoyó la cabeza en el hombro del muchacho y lo abrazó de nuevo. - Acabamos de probarnos que si existe la reencarnación, todas nuestras vidas las pasaremos juntos. Fue un regalo perfecto. -
Kazuto se sorprendió de sus palabras. Ella siempre había tenido aquella facilidad para expresar sus sentimientos que él no. Desearía poder ser tan abierto, pero simplemente no le salía.
Al menos, no sin toneladas de contexto previas.
- Sólo fue un tonto obsequio, no leas tanto de ello. - susurró, avergonzado, aunque Asuna había acertado de lleno con el propósito de su regalo.
La mueca de la muchacha se tornó hostil, con sus ojos entrecerrados, sus labios fruncidos y apretados, una ceja levantada y su mirada casi asesina.
- Tonto, ¿eh? - torció la cabeza a un lado y soltó un sonoro "jum". - Entonces no te invitaré a casa esta noche. -
- ¿E-E-Eh? - el joven se vio desesperado. - P-Pe-Pero... Se suponía que hoy... - su voz se deshizo, aflojó su agarre en la cintura de su pareja, que se rio y le plantó un húmedo beso en la mejilla.
- ¿En serio todavía crees que te haría esas cosas? - apoyó su mentón en su hombro y le acarició la nuca y la espalda con ambas manos. - No soy una sádica... Sé que dijiste eso porque eres un vergonzoso sin remedio, pero compartes mi opinión. Te conozco hasta el último recoveco. - se apartó pero no soltó su cuello, que sus manos habían vuelto a rodear. - Ya son 16:58, no olvides que tienes que estar en mi casa a las 18 en punto. -
Kazuto maldijo bajo su aliento. Con la lentitud que manejaba, aún confundido por sus doscientos dos años y medio en Underworld, y la última vez que habían entrado, apenas tendría tiempo de llegar a su casa, bañarse e ir hasta la de Asuna.
- Entonces vayamos yendo o no voy a llegar a horario. - dijo. - Te veo en un rato, Asuna. -
Ella pensó en que no dejaba de gustarle su nombre en sus labios, aun después de tanto tiempo juntos. Suponía que aunque no recordara el noventa y nueve por ciento, igual le habría quedado la sensación de aburrimiento o desdén, como le pasaba con otras cosas. Pero en lo referente a este idiota amante de las espadas... Solamente tenía buenas sensaciones.
Le dio unas palmadas en la mejilla mientras se dirigían juntos a la salida del edificio.
- Nos vemos a las 18, Kirito-kun. -
Partieron en direcciones opuestas, cada uno hacia su hogar. Veinte minutos más tarde, Kazuto halló a Alice sentada en el suelo de su habitación, al lado de la puerta, enchufada al toma especial para su cuerpo que habían instalado allí.
- Buenas tardes. - le saludó, levantando la cabeza.
- Hola, Alice. - él se dirigió a su armario, sin siquiera mirarla, y buscó qué ponerse para su compromiso nocturno. - ¿Qué tal? - preguntó sin interés aparente, mientras perezosamente tiraba pantalones y camisetas al colchón sin mirar.
- Todo está en orden. - respondió. - ¿Cómo te fue con Asuna? - preguntó con cierto recelo.
- De maravilla. - contestó él, incapaz de reprimir una sonrisa.
La rubia frunció el ceño.
- No suenas ni un poco emotivo, ¿seguro que lo disfrutaste? - inquirió, irritada ante su incapacidad para leer al espadachín, siempre tan falto de emociones excepto cuando hablaba de su novia o de Eugeo. - No entiendo. -
Kazuto no pudo evitar reírse.
- ¿No aprendiste nada de Bercouli y Fanatio? - le cuestionó.
- ¿Cómo? - la caballero se llevó un dedo a la barbilla. - Ellos... ¿Eran como tú y Asuna? -
- Lo mantenían oculto, pero tuvieron descendencia. -
Alice frunció el ceño.
- ¿Por qué no me lo... ? - pareció reparar en algo. - Oh. Pediste que les borraran la memoria. Cierto. -
- Mira, ¿qué tal esto? Esta noche le sugeriré a Asuna que te llevemos a un circo. - dijo lo primero que se le ocurrió para salir del tema. Sus doscientos años en Underworld olvidados era algo en lo que no quería pensar. Tampoco quería explicarle lo que sentía por su novia, ni a Alice ni a nadie. Él mismo no estaba seguro de que pudiera poner en palabras lo fuerte que eran sus sentimientos por ella. - Creo que te interesará ver a los mimos, y a algunos de los demás artistas, ¿te parece? - se encaminó a la puerta y se fue sin esperar respuesta.
- Hace una pregunta y se va sin que se responda. - farfulló la guerrera por lo bajo. - Tan típico. - suspiró y vigiló su batería, notando que todavía necesitaba estar allí unas horas. - Circo. - repitió, buscando en internet la palabra, sólo para asegurarse de saber qué esperar.
Lo que encontró no le llamó mucho la atención. Parecía ser un grupo de gente compuesto por domadores de bestias, un líder, algunos cómicos que a veces asumían roles, como el triste y el alegre, otros que fingían cosas sin hablar, teniendo por límite su propia imaginación...
- ¿Huh? - eso tomó su interés. - Un contrincante interesante, el mimo. - susurró, repentinamente ansiosa de conocer uno de estos. - Me pregunto hasta qué punto son capaces de usar la Encarnación. -
Seguramente no tenían el nivel de Kirito, o el que supo tener el Emperador Vector, pero no hacía falta que fueran tan poderosos. Ella sabía que no estaba a ese nivel todavía. Sin embargo, si podían ofrecerle una buena pelea...
- Sí, un circo puede ofrecer un buen escenario para un combate. Quién hubiera creído que era un lugar tan interesante. -
Minutos más tarde, Kazuto salió del baño, habiéndose llevado con él una muda de ropa para salir cambiado, consciente de la puerta abierta de su habitación, todavía preguntándose por qué había salido con esa invitación al circo. No lograba darse de qué había conectado su cerebro para llegar a eso. ¿Qué posible relación podía haber entre Alice y el circo?
Evitó volver a entrar a su cuarto, tomó su teléfono de la mesa del living, donde había estado cargándose, y la llave de su moto.
- ¡Sugu, Alice! - llamó. - ¡Me voy, me esperan en casa de Asuna! - anunció, y se quedó esperando por un momento, pero lo descartó al ver la hora.
Corría con el tiempo justo.
Alcanzó su destino con apenas diez minutos de sobra. El mayordomo lo esperaba en el frente con el porte estoico de siempre.
- Bienvenido, Maestro Kirigaya. - lo saludó con una reverencia.
Kazuto apagó el motor de la moto con curiosidad acerca de por qué lo trataba así. Nunca antes le había dirigido la palabra. ¿Cómo que Maestro, además?
- Por favor, sólo Kirigaya, o Kazuto, o Kirito, está bien. -
- El Maestro Yuuki pidió que se lo trate como parte de la familia, sólo cumplo mi trabajo. -
El muchacho tuvo la sensación de que el hombre no lo respetaba. No podía culparlo, suponía que ningún mayordomo tendría ganas de tratarlo bien así sin más. La única excepción que tenía eran Asuna y su padre, pero ninguno de los dos contaba realmente. Ella por la situación en que se habían conocido, él por deberle la vida de su hija, aunque nunca se lo echaría en cara, a ninguno de los dos.
- Está bien. - accedió, pasando delante del empleado cuando le abrió la puerta, entrando al terreno también su moto y aparcándola donde le indicó.
Escuchó que se abría la puerta frontal de la propiedad.
- Oh, ¿este es el famoso Espadachín Negro? - dijo una voz que no reconocía, aunque le daba la sensación de que sonaba parecido al padre de su novia.
- Amo Kouichirou, ¿qué...? -
- Quería conocer a mi cuñado, nada más, relájate. - lo cortó, no sin respeto, mientras salía afuera y caminaba hacia el visitante. - Un gusto, - saludó, tendiendo su mano. - soy el hermano de Asuna, Yuuki Kouichirou. -
El joven de negro recordó algo que su pareja le había comentado una vez. El NerveGear y el cartucho de SAO que ella había usado eran de él. Se había tenido que ir a trabajar cuando volvió de comprar el equipo, y le sugirió que lo probara en su lugar, algo que hizo que fuera su hermana la atrapada.
- Entonces eres a quien le debo conocer a Asuna. - le estrechó la mano con fuerza y le sonrió. - Me avergüenza decir que, de no haber sido por eso, no sería quien soy. Así que, por favor, no te sientas mal por haberla metido allí, incluso si no fue adrede. -
Su cuñado lo estudió por un momento, y luego bajó la mirada.
- Veo que mi hermana te contó eso. Era de esperarse, estuvieron... Están... - se corrigió. - Casados. Lo natural sería que no tengan secretos. Sí, yo tuve que salir por trabajo y ella terminó ahí adentro en mi lugar. Tuve un impulso de robar un NerveGear de algún fallecido, y su copia del juego, para entrar. Papá, sin embargo, actuó de otra manera, consiguió control de Argus y pudimos monitorear un poco lo que sucedía. Me calmó haciéndome ver que Asuna viajó, al principio, contigo, un tal Kirito, por bastante tiempo. Para cuando se separaron, ella era bastante fuerte. Número Tres del ranking, ¿quién lo hubiera dicho? De completa noob al Top Tres. Tuvo que haber sido por tus consejos, perseverancia suya a un costado. - sonrió. - Pero bueno, me alegro de que sirviera para algo. Ella solía... No ser como es hoy. Y creo que ese cambio es gracias a ti y a lo que vivieron juntos en Aincrad. - se puso al lado de Kazuto y le puso el brazo sobre los hombros. - Papá piensa muy parecido, no tiene problema con que Asuna salga contigo, pero mi madre... - arrugó la nariz. - No te entiende. Trata de mostrarle cómo eres. Conseguimos que interactúe contigo, y queremos que el regalo para Asuna de este año sea esto. Que mamá y tú puedan congeniar. - lo soltó y le alisó la ropa. - Disculpa si te estoy poniendo mucha presión. Me gustaría decirte cómo tratar con ella, pero... - lo miró a los ojos. - Tengo la sensación de que no te gustaría que lo hiciera. -
Kirito levantó una ceja y puso una sonrisa arrogante en su cara.
- ¿Me estás diciendo que quieres spoilearme el Jefe del Piso 101? - se burló con nerviosismo.
Kouichirou se quedó sorprendido por un momento, luego se tapó la boca mientras se reía sin tapujos, de la misma forma que su hermana, y el otro muchacho se le terminó sumando, tentado.
- Pero bueno. - espetó Asuna desde la puerta. - ¿Pueden dejar de reírse solos? Vengan y cuenten el chiste adentro. - se cruzó de brazos mientras su hermano pasaba delante suyo todavía riendo, pero le dio un abrazo a su novio cuando la alcanzó.
- Feliz cumpleaños, Asuna. - le susurró al oído, dejando un beso en una de sus mejillas y acariciándole la otra.
- Bienvenido. - respondió ella haciendo lo mismo con sus labios. - Pasa. -
Ni bien entró, instintivamente se descalzó. Dejó sus zapatillas en un costado y le dirigió una inclinación a los padres de la chica, que lo miraban desde un sofá cerca de la entrada.
- Mamá, papá, - dijo la chica, poniendo una mano en la espalda de su novio y alargando la otra hacia sus padres. - les presento a Kirito-kun. Aunque papá ya lo conoce. - se rio un poco.
- No hagas eso. - le pidió la mujer al chico. - No eres un simple visitante. -
El hombre asintió, y los dos juntos se pusieron de pie para ir hasta él.
- Es un gusto recibirte. - saludó Yuuki Shouzou. - Ese libro que publicaste... No teníamos tanta visión sobre los hechos, Kazuto. -
- ¿Por casualidad vas a intentar la literatura? - preguntó Yuuki Kyouko. - Podría ofrecerte algunos contactos. -
- Ah, no, no, - negó, sobrecargado así de rápido. - no será necesario, sólo escribí esa historia para poder comprarle un regalo a Asuna. - se rio, intentando restarle importancia.
Marido y mujer compartieron una mirada, y luego dirigieron sus ojos a su hija, que los evitó a toda costa y escondió las manos tras la espalda. No era como que no hubieran notado el anillo en la mano de su niña, pero habían decidido no mencionarlo si ella no lo sacaba a flote, cosa que no había hecho.
- ¿Y a qué piensas dedicarte, Kazuto-kun? - insistió la madre.
- Mecatrónica, señora. - contestó. - Específicamente, quiero achicar aun más la distancia entre los mundos real y virtual. Participar de la creación de nuevos dispositivos de inmersión, por ejemplo, sería una manera de hacerlo. -
- Interesante. - Kouichirou reapareció por el arco que llevaba al comedor. - Todos aquí escuchamos a esa Alice hablando la otra vez, ¿no? Eso me parece un acercamiento bastante grande. -
La mirada de Asuna se vio tensa por un instante, pero, para su suerte, sólo lo notó el más próximo a ella.
- Ah, creo que él no lo sabe. - la mujer le dijo a su marido.
Kirito intentó fingirlo.
- ¿No sabe qué...? - preguntó, esperando que le siguieran el juego y no se comenzara a hablar de Underworld.
No le habían dicho a nadie acerca de los doscientos años que habían compartido, a excepción de los que sabían sin que lo dijeran, que era un grupo muy reducido de gente: Klein, Agil, Leafa, Lisbeth, Silica y Sinon.
- Kazuto y Asuna estuvieron involucrados en el asunto. -
El joven adulto levantó las cejas.
- ¿Y no me contaste? - le preguntó a su hermana con indignación. - ¡Sabes que me encantan esas cosas! -
- ¡Bueno! - los cortó Kyouko, intuyendo que su hija estaba incómoda. - ¿Qué tal si continuamos esta conversación en la mesa? -
Yuuki Shouzou se sentó en la punta, con su mujer a su derecha y Kirito a su izquierda. Al lado del muchacho, se ubicó la señorita de la casa, y su hermano frente a ella, al lado de su madre.
- Entonces. - volvió a insistir Kouichirou. - ¿Qué es eso de que conocen a esa Alice? -
Kazuto miró a Asuna de reojo.
No pasa nada. No saldrá de estas cuatro paredes. le dijo ella con la mirada.
Está bien.
Así que, entre los dos, relataron todo lo que había pasado. Cada detalle. Primero, habló mayormente él, explicando el funcionamiento del Traductor del Alma, cómo y por qué Underworld era tan real como el mundo que habitaban.
Les contó sobre Johnny Black, sobre el Gigas Cedar, sobre Eugeo, logrando de alguna manera no largarse a llorar por su hermano difunto, sobre la Espada de la Rosa Azul, la caída del árbol demoníaco, su largo viaje a Zakkaria, cómo estuvieron en la guardia de la ciudad un tiempo antes de participar de un torneo que les ganó la entrada a la Academia de Artes de la Espada, cómo obtuvo la Espada del Cielo Estrellado, y cómo él y su amigo terminaron presos por defender a sus pupilas.
Aquí, hicieron una pequeña pausa para el postre, y todos observaron maravillados cómo el invitado de negro supo de inmediato que lo había hecho su novia y, consecuentemente, lo devoró con una voracidad que no le habían visto.
- Les dije que tenía un agujero negro en el estómago. - lo mandó al frente Asuna.
- Sólo por cosas que hayan sido hechas por tus manos, al parecer. - comentó su madre.
Hasta él tuvo que reírse. No era como que pudiera hacer otra cosa.
Cuando la risa pasó, siguieron su relato con Kirito y Eugeo subiendo la Torre de la Catedral Central de Centoria, encontrando a Alice, cumpliendo así la promesa que se habían hecho de rescatarla, separándose y volviéndose a encontrar. Cuando llegó a la parte donde su hermano de otra madre se iba, tuvo la suerte de que Asuna estaba atenta para tomar el relato desde allí, dándole unos momentos para recomponerse.
Continuaron con el resto entre los dos, hasta la parte donde se quedaron encerrados.
Y mintieron. Mintieron descaradamente, dijeron que salieron en ese momento pero hubo algunos inconvenientes, y por eso tardaron en recobrar la conciencia.
No era como que pudieran decirles algo acerca de ese tiempo, de todos modos. No tenían más que recuerdos escasos y vagos, aunque hubieran presenciado lo que su influencia sobre Underworld había hecho.
Los dos adultos se quedaron sorprendidos. Ambos, incluso Kyouko, que había comenzado a aceptarlo recientemente, sabían que Kazuto era de confianza, pero esto era un nivel totalmente distinto. Se había pasado dos años y medio por su cuenta sin olvidar a la dueña de su corazón, aunque no podía verla. Había movido cielo y tierra para volver a ella, y, en el proceso, se había perdido a sí mismo.
Por su parte, la joven a su lado no había hecho menos de ninguna manera. Había llegado a cuidarlo y se había dejado la piel en ello, arriesgándose a morir. Cuando relataron todo el encuentro final con Vassago, los tres presentes se volvieron a convencer de que Kazuto y Asuna no se separarían nunca, sin importar la situación que enfrentaran. Kyouko, particularmente, finalmente se convenció, con aquello, de que este chico era un buen partido para su hija y no la dejaría hacer sola todo el esfuerzo necesario para vivir. No había comprado su amor de ninguna forma, se lo había ganado, poniendo sudor y sangre en ella.
Parecía un cuento de hadas con un final feliz.
Aunque, de nuevo, ya habían pasado por un cuento de hadas con un desarrollo tétrico para los dos, por más que terminara con relativa tranquilidad.
- Todo este relato al margen... - dijo el invitado, con el café que le habían ofrecido entre sus manos temblorosas. - Tengo mis preocupaciones en lo referente al tiempo que me puede costar participar del desarrollo de estas cosas. - suspiró. - Pero quiero prometerles que a Asuna no le faltará nada cuando pase a ser... Mi... Eh... Responsabilidad. -
Sorpresivamente para todos, fue su madre la que le respondió, sin ninguna hostilidad en su voz.
- No lo dudo, Kazuto-kun. No necesitas tartamudear, mi hija no esconde tu regalo ni un poco. - la aludida contuvo un gritito y se puso escarlata, la mujer en diagonal a ella pareció meditar algo por un momento. - Quiero extenderte una oferta. Un amigo podría conseguir que se te considere para el ingreso del Instituto de Tecnología. -
El receptor de su mensaje se atragantó y apenas consiguió no escupir a la cara de la madre de su novia. Kikuoka poco podía hacer por él, considerando que de cara al público estaba muerto, aunque todos supieran que no había perdido tanto poder como parecía.
- ¿Lo... Lo dice... En serio? - tosió mientras lo decía, tapándose la boca con la mano.
- Por supuesto. - ignoró los ojos de su marido y sus hijos, enormes ante lo abierta que estaba siendo. - Podría incluso conseguir que te tomen los exámenes necesarios a la brevedad, e incluso que te gradúes al mismo tiempo que Asuna, si estás dispuesto a intentar aprobar materias de forma adelantada. Vas a tener que mostrarme tu esfuerzo, sin embargo. Convencerme. Darme algo con lo que persuadir a este amigo para poner sus ojos en ti. -
Kirito de inmediato miró a su novia, que se estaba girando hacia él también.
¿Debería mostrarle eso?
No lo sé... Inténtalo. No perdemos nada.
¿Segura? ¿Estarán listos para conocer a Yui?
Tendrán que estarlo, Kirito-kun. Tendrán que estarlo.
- Tengo algo aquí mismo. - dijo, poniéndose de pie y, al instante, sentándose de nuevo. - Perdón, no quise ser irrespetuoso. -
- Búscalo. -
Así fue como se dirigió a su moto, levantó el asiento y tomó los parlantes, micrófonos y cámaras holográficas que siempre llevaba con él. Se tomó quince minutos para instalar todo en el comedor, hizo un escaneo del lugar, y se quedó con el dedo sobre el botón de ejecución en la pantalla de su teléfono, dudando una última vez al respecto. Finalmente, ante un asentimiento y una sonrisa de su pareja, que le quitó todas las incertidumbres, deseó por lo mejor y le dio la señal a la IA.
Una niña holográfica apareció sentada en la punta de la mesa, frente a Yuuki Shouzou, quien, junto a su mujer y su hijo, la miraban tan maravillados como atónitos.
- Hola, papá. - saludó la niña, que, aunque no veía a su padre, sabía que estaba detrás suyo por las cámaras. - Hola, mamá. ¿Dónde estamos? -
- ¿Papá? ¿Mamá? - preguntaron los padres de Asuna, más perdidos que antes. - ¿Qué...? -
- ¿Tengo una sobrina virtual? - preguntó Kouichirou con curiosidad.
- ¿Sobrina? - inquirió el holograma.
- Yui. - la llamó la joven con la calidez con que siempre la trataba. - Esta es mi casa en el Mundo Real. - le explicó con un cariño que su familia no le había visto nunca, pero que Yuuki Kyouko reconoció como el de una madre que amaba a sus hijos incondicionalmente. Al inevitablemente pensar en su propia madre, la asaltó una punzada de dolor. - Quiero que conozcas a tu tío y tus abuelos. Kouichirou. - señaló a su hermano. - Kyouko y Shouzou. - movió la mano hacia los adultos.
- Esta es Yui. - Kazuto puso sus manos en los hombros de la niña, cuidando de no atravesarlos. - La adoptamos en Aincrad, poco después de casarnos. Solía ser el Programa de Consejo de Salud Mental. Ha crecido desde entonces, y, no hace mucho, se convirtió en humana. Ya no es una Inteligencia Artificial. Puede sentir e imaginar como cualquiera de nosotros. Lo que tomo como mérito propio en relación a ella es el poder traerla aquí de visita. Estoy trabajando en darle más movilidad y hacer que ya no sea posible esto. - bajó más sus manos y la atravesó.
- Eso es grosero, papá. - le espetó la niña.
- Lo siento, lo siento. - le sonrió y subió sus manos al respaldo de la silla. - Se puede interactuar mejor con ella en un entorno virtual, pero aquí también funciona bastante, aunque sólo se le puede hablar. -
- No. - negó Asuna. - También puedes herirla o hacerla feliz. Eso no cambia. -
- Esto no es... Sólo algo que tienes pre grabado, ¿no, Kazuto-kun? - aventuró Kyouko. - Quiero decir, no digo que... -
- Sácate las dudas, abuela. - la frenó Yui. - Habla conmigo. -
Tiene agallas. le dijo la muchacha al de cabellos negros con la mirada.
Como siempre.
- N-No, está bien, de todos modos no sabría... -
- Yui. - la llamó su abuelo. - ¿Tienes alguna opinión sobre nosotros? Antes de que nos vayamos conociendo, quiero decir. -
La niña miró a su mamá, que le asintió, y luego a su papá, que hizo lo mismo. Le ofreció al adulto una expresión muy amigable típica suya y puso sus manos sobre la mesa, aunque no hicieron ruido.
- Bueno, supongo que, siendo la familia de mamá, ¡seguramente son muy buenas personas los tres! -
Hubo silencio por unos momentos, y, finalmente, fue de nuevo la madre de Asuna quien continuó la conversación.
- ¿Podría pedirte tu AmuSphere un momento, Kouichirou? - se giró a su yerno. - ¿Podrían tú y Asuna llevarme con ella? Quisiera... -
- Por supuesto. - accedió su hija. - Enseguida. ¿Quisieras entrar después de mamá, papá? -
Él accedió.
Los padres de Yui observaron desde el sofá de su cabaña de madera en el piso veintidós de Nuevo Aincrad cómo Yuuki Kyouko charlaba y jugaba con su nieta por un rato, antes de decirle que se desconectaría para dejarle el lugar a su esposo. Cuando escuchó eso, la niña le dio un fuerte abrazo y derritió su helado corazón.
Se puso a llorar como aquella vez en que Asuna había evocado recuerdos en su interior. Le hizo señas a su hija y su yerno de que se desconectaran junto a ella y lo que hizo a continuación fue comentario de la casa por días.
Afirmando seriamente que el calor que había sentido no podía ser falso, le pidió a Kazuto que instalara todas las cámaras, micrófonos y parlantes que necesitara para que Yui pudiera ir y venir por cualquier parte de la casa a voluntad. También le compraría lo que le hiciera falta para ofrecerle la misma libertad en casa de los Kirigaya, si no tenían objeciones.
Quería que siguiera estrechando la brecha que los separaba de Yui. No sabía cómo explicarlo, pero la niña le hacía querer que esa separación no existiera, y el que podía hacer eso, con la mayor de las motivaciones, era su yerno, al menos de la gente que conocía.
Y, por supuesto, dijo que convencería a su amigo para que tanto él como su hija pudieran asistir al Instituto de Tecnología de Tokyo. Sabía que ella quería acompañarlo. Se aseguraría de, a través de su propio esfuerzo, proveerles de todas las oportunidades para lograrlo.
Y ese fue el regalo de Asuna de parte de sus padres, su hermano y su novio. La posibilidad, por fin firme, de realizar su futuro tal y como quería, sin ninguna limitación más que la que le asignaran acorde a su esfuerzo.
Ante la felicidad descomunal en la cara de su hija, Yuuki Shouzou rodeó con un brazo a su esposa y le susurró algo que ella había entendido en esos momentos.
- Entonces... ¿Conforme? -
Yuuki Kyouko suspiró.
- Seguro. Debo reconocer que no se puede hacer nada al respecto. - una sonrisa casi imperceptible se formó en sus labios, aunque su marido la notó. - Son un caso perdido. -
Él solamente pudo asentir.
