Capítulo 15
¡Aquí al fin!
He aquí un bonito y largo capítulo para vosotros, con un poco de todo en realidad, aunque parece encajar bastante bien. Como a muchos os gustó el pequeño momento de manos en el capítulo tres, hay un poco más aquí. En realidad esto no fue deliberado; pacería ser lo natural en esas circunstancias, pero es un bonito recordatorio de aquello. Como siempre con Severus, parece ser dos pasos adelante, un paso atrás. ¿Qué será hoy?
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Después de permitir que la mañana los despertara lentamente, Hermione y Severus se levantaron y fueron por separado a desayunar.
No habían dicho más sobre el asunto que ella había abordado antes, y a pesar de las incertidumbres que los acosaban, Hermione estaba feliz en el aquí y ahora. Sabía que en algún momento tendría que marcharse, y que tendrían que enfrentar su futuro. Pero por ahora, sobreviviría sólo con su pasión y necesidad, y las de ella.
Su necesidad de mantener contacto con él había disminuido de algún modo una vez que se encontraban juntos regularmente, pero esta mañana fue diferente. En medio de las conversaciones con los amigos, encontró sus ojos levantándose a los de él con frecuencia. Él a menudo tenía la cabeza baja, a veces conversando con McGonagall a su derecha, pero hubo momentos en que sus profundas pupilas negras conectaron con las suyas, y el nudo en su vientre se intensificó. Sin la distracción de las lecciones para ocupar su mente el fin de semana, sabía que no podría estar separada de él todo el día.
Cuando ella y sus amigos se levantaron para irse, se puso en pie, pero no pudo resistirse a girarse y levantar la vista hacia él. Él ya estaba mirándola. Su boca se curvó por instinto en una cálida sonrisa. Sostuvo su mirada todo el tiempo que se atrevió, tratando de comunicarle su necesidad de estar con él. Él no bajó los ojos, y después de un tiempo, vio sus cejas alzarse despacio en reconocimiento. Su sonrisa se ensanchó. Se giró y salió.
No había notado a Ginny intentando llamar su atención, y cuando no pudo, siguiendo los ojos de su amiga hasta la mesa alta, donde los vio conectándose con los de su Maestro de Pociones.
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Cuando salió del comedor, Hermione vio un grupo de estudiantes reunidos alrededor de un aviso, hablando con entusiasmo. Se acercó a ellos y leyó el cartel.
"Baile de Invierno – para celebrar esta primera nueva estación de Hielo y Nieve limpia de Oscuridad"
Estaba redactado de una manera arcaica, pero Hermione agradeció la que debía haber sido la decisión de McGonagall de desterrar todos los pensamientos de inviernos pasados, bajo la sombra de Voldemort. No había habido una celebración oficial de Hogwarts de la muerte del Señor Tenebroso. Ésta lo sería. Tendría lugar dos semanas antes del fin del trimestre, justo antes de los exámenes. La población estudiantil, incluida Hermione, estaba eufórica.
Cuando se dio la vuelta, chocó con un cuerpo firme y alto. "¡Whoops!" rio excitada. Echando la cabeza hacia atrás riendo, sus ojos se encontraron con los azules y chispeantes de Laurence Filmore.
La colisión la hizo tambalearse ligeramente y lo encontró agarrando sus brazos para estabilizarla. Su risa pronto se apagó, pero intentó mantener una sonrisa cortés en su rostro. No dijo nada.
La cara de él estaba rosada y soltó sus brazos con una sonrisa avergonzada, pero no tan pronto como a Hermione le habría gustado. "Hola, Hermione. Lo siento por eso. ¿Cómo te va?"
Ella le sonrió cálidamente. Era difícil no responder a sus modales fáciles y abiertos. "Hola, Laurence. Estoy bien, gracias. Me alegra ver que no se hizo daño esta vez." Rio. "¿Qué haces hoy?" Lo había olvidado.
"Tendría entrenamiento de Quiddith, pero ahora tengo esa maldita detención con Snape. Qué bastardo."
Hermione se puso visiblemente rígida y le lanzó una mirada venenosa. Él no pareció notarlo. Laurence señaló el anuncio en el muro.
"Es realmente genial, ¿no?" El baile. No se nos permite festejar muy a menudo." Lucía su sonrisa más hermosa. La desperdició con ella.
"Sí… sí… será muy divertido." Se quedaron incómodos por un momento. Ella sabía que tenía que marcharse, pero había tanta gente rodeándolos, que no podía ver ninguna ruta de escape obvia.
Laurence parecía nervioso. Metió las manos en los bolsillos, y miró a cada punto alrededor de ella excepto a sus ojos. "Hermione… uhh… te gustaría…"
"¡Oh! Olvidé que dejé mi libro de texto de Transformaciones en la biblioteca ayer. Tengo que ir porque de verdad lo necesito para este ensayo que estoy escribiendo para mi disertación de EXTASIS. Es mejor que lo haga ahora. La biblioteca cierra después del almuerzo hoy. Adiós, Laurence." Sus palabras se derramaron en una nerviosa oleada de excusas triviales y toscas. Sabía lo que él estaba a punto de preguntar. No tenía la presencia de ánimo suficiente en ese momento para responder con sensatez. Abriéndose camino entre la multitud, bajó la cabeza y se alejó a apresuradamente, dejando atrás a un Filmore desconcertado y decepcionado.
Una vez lejos de la multitud, pronto olvidó el incidente y sólo pensó en encontrar a Severus. Se apresuró por los corredores hacia las mazmorras. No había nadie alrededor y una vez más, pasó desapercibida. Pero después de una rápida búsqueda en sus habitaciones, pronto descubrió que no estaba allí. Se apresuró a regresar al área cercana a la sala común del profesorado. Si estaba allí, estaba insegura de cómo podría alertarlo de su presencia, pero cuando se aproximaba, su corazón dio un vuelco.
Él estaba en pie hablando con el actual profesor de Artes Oscuras, un anciano mago de ojos centelleantes llamado Magnus Piercy. Un repentino impulso se apoderó de Hermione. Sonriendo ampliamente, se aproximó a ellos.
"Buenos días, Profesor Piercy, Profesor Snape."
Los ojos de Piercy se iluminaron ante la vista de la brillante y joven bruja ante él. Los de Snape también se iluminaron.
"¡Aah! ¡Señorita Granger! Qué agradable verla en este hermoso día de otoño." Piercy sonrió ampliamente. Snape inclinó la cabeza hacia ella levemente, mirándola por un momento a los ojos antes de bajarlos enseguida. "¿Qué podemos hacer por usted?"
"Estaba preguntándome, Profesor, si podría prestarme un libro en particular. Ahora el problema es, sé de qué trata, y creo que conozco el nombre del autor, pero parece que no puedo recordar el título." Hermione habló con inocencia con los ojos muy abiertos, exagerando su falsa ignorancia.
Estaba parada cerca de Snape, y sintió su rica túnica negra rozando su brazo. No había nadie más cerca, y su voluminosa ropa estaba protegiendo sus brazos de la vista de Piercy. Ella movió a hurtadillas la mano y dejó que rozara sus dedos. Eran cálidos y táctiles. Su vientre dio un salto mortal.
"Bien, querida, quizá si me explica el contenido, pueda traerlo a la mente."
"Gracias, Profesor. Bien, trata de la Magia Oscura en la época medieval, y cómo Brujas y Magos fueros utilizados por los déspotas Muggles para crear una cortina de humo sobre las diversas atrocidades que frecuentemente perpetraban." Sus manos todavía se tocaban. Las entrañas de Hermione se apretaron de forma insoportable cuando sintió sus dedos cerrarse súbita y estrechamente en torno a los suyos, entrelazándolos y atrapándolos.
"¡Aah, sí!" Piercy frunció el ceño en concentración. "Creo saber de qué está hablando. Ahora déjeme pensar."
Snape relajó su agarre en su mano ligeramente, pero continuó acariciando sus dedos. Su pulgar pasó ociosamente sobre el de ella y la yema de su índice frotó con suavidad su palma. Ella inhaló un pequeño jadeo y trató de convertirlo en una expresión de extrema alegría porque el anciano profesor frente a ella hubiera sido capaz de ayudarla en sus nobles esfuerzos académicos.
"¡Oh! Estoy tan contenta. ¿Conoce el autor? Es Hurtwist… o alguien… creo…" Sonaba ridículamente feliz. Piercy estaba asombrado una vez más por la sed de conocimiento de la chica Granger.
"No he visto este volumen desde hace tiempo, pero… ¡sí! ¡Lo tengo ahora!" Sus ojos se abrieron de emoción. La palma de Snape estaba presionada con firmeza en la carne de la mano de Hermione, y su meñique estaba frotando exquisitamente la sensible parte interna de su muñeca. Ella imitó la expresión de deleite de Piercy con fervor genuino, mientras el retorcido profesor continuaba. "¡Es 'Enmascarando Muggles – Cómo las Artes Oscuras dieron forma a la Edad Media' por Erasmus Hirstwhistle!"
"Oh, Profesor Piercy - ¡usted es una estrella! ¿Me lo presta?" Piercy se sonrojó levemente ante su cumplido y bajó la cabeza con una sonrisa. Hermione se preguntó si se correría simplemente con la sensual caricia de su mano de su Maestro de Pociones.
"Pero por supuesto, querida. Lo tendré preparado para usted en nuestra próxima clase. Ahora debo irme. ¿Severus?"
Los ojos de Hermione se abrieron. "¡Oh! En realidad, había otro asunto que tenía que discutir con el Profesor Snape. Qué coincidencia cruzarme con ambos aquí. Me parece que también lo necesito." Se volvió y sonrió deliciosamente al mago de cabello negro que todavía acariciaba discretamente su palma.
Piercy se rio un poco y se inclinó hacia Snape, susurrando, "Ahora hay una oferta que no puedes rechazar, ¿eh, Severus?"
Snape le lanzó una mirada desdeñosa y Piercy se aclaró la garganta con repentino embarazo, antes de marcharse arrastrando los pies tan rápido como un viejo profesor marchito puede hacerlo.
No habían soltado al otro. Una vez que Piercy dobló una esquina, Hermione miró a su alrededor. No había nadie por allí, pero estaban parados en un corredor amplio y brillante. Aunque era extraño que hubiera maestros o personal por aquí un sábado, era posible que alguien pudiera encontrarlos en cualquier momento.
Ninguno habló. Sus dedos todavía estaban entrelazados. Hermione se volvió para mirarlo, y silenciosa y sensualmente, separó los dedos de su mano y le rodeó el cuello con ambas manos. A plena luz del día, y en medio de uno de los corredores más públicos del Colegio Hogwarts, atrajo la cabeza de Severus Snape hacia la suya, y lo besó larga y profundamente.
Permanecieron juntos, sus lenguas bailando, los labios saboreando al otro por una eternidad. Si él sintió alguna preocupación acerca de su situación, no lo demostró. Él le rodeó la cintura con las manos y la atrajo estrechamente hacia sí. Los dedos de ella giraron en su cabello, revolviéndolo mientras sostenía su cabeza con fuerza sobre la de ella. El único sonido era la profunda inhalación ocasional de sus narices. No desearon separar sus bocas ni por un momento.
Hermione se presionaba cada vez con más desesperación contra él y lo sintió duro e insistente. Gimió en su boca, provocando otra oleada contra sus caderas.
Después de una eternidad se separaron, jadeando sin aliento. Hermione lo miró, su enfoque nublado por la lujuria, una sonrisa satisfecha en su boca roja. Sus labios estaban hinchados y magullados por la intensidad de su beso y él no podía apartar los ojos de ellos. Esta vez ella tomó sus manos y lo llevó con ella a un aula desierta. Tan pronto como estuvieron dentro sus bocas volvieron a encontrarse.
Él viajó por su cuello, su boca caliente, húmeda, encendiendo un rastro de fuego a medida que avanzaba. Ella todavía sostenía su cabeza con fuerza, presionándolo contra su carne. Exhaló pesadamente, "¿Qué quieres, Severus? Dime lo que quieres."
Él levantó la mirada hacia ella, moviéndose siempre más abajo hacia su pecho. Ella se sacó la camisa rápidamente por la cabeza. Antes de que pudiera alcanzar el broche de su sostén, él había metido la mano en una copa y levantado el pecho para asentarlo encima, el pezón ya tenso y expectante en el aire fresco. Su pulgar revoloteó sobre él, enviando un disparo de placer a su coño goteante. Ella gimió, arqueando el pecho hacia su boca, tan cerca.
Él continuó pasando el pulgar levemente sobre el apretado capullo rosa, echándole el aliento. "Sabes lo que quiero… quiero…" Pero no terminó su frase. Su boca descendió con fuerza y devoró el pezón como si su vida dependiera de ello. La mano de Hermione se apretó en su cabello, y lo presionó aún más fuerte sobre ella, su pregunta olvidada. Jadeó de alegría mientras deliciosas sacudidas de rapto corrían de su pecho a su clítoris, la sangre precipitándose para hincharlo hasta un núcleo maduro de anticipación desesperada.
Snape se quedó en su pecho por un tiempo. Ella sabía cuánto le encantaba y lo necesitaba. No estaba quejándose. Su lengua empapaba y se arremolinaba, sus labios tiraban, y sus dientes, sólo cuando ella fue llevada al punto más agudo, mordieron con ternura al principio, después con creciente necesidad. Un grito gutural comenzó en lo más profundo de ella, elevándose en un grito de deleite. Sabía que cuando al fin tocara su clítoris, se correría casi al instante.
Por fin él liberó el pezón de su boca y miró hacia abajo para desabrocharse los pantalones. Salió de ellos y de su ropa interior y la colocó velozmente sobre una mesa frente a él. Ella se quitó enseguida las bragas y abrió las piernas. Él pudo ver sus jugos brillando sobre ella y jadeó profundamente con anhelo. Luego, colocando sus manos alrededor de su trasero, la atrajo hacia adelante, empalándola en él de inmediato. Ella jadeó con la repentina ocupación de su interior, pero pronto sus rasgos cambiaron a una amplia sonrisa.
Él alcanzó debajo de su grupa y la agarró con firmeza, luego, con un gruñido de esfuerzo, la levantó, quedando en pie con ella descansando por completo sobre él, soportada sólo por sus manos y su polla de hierro.
Su cabeza cayó hacia atrás en una risa extasiada, y sus piernas se enroscaron estrechamente alrededor de su cintura. Su deleite en él no podía ser contenido y comenzó a levantarse lo máximo posible, sintiendo que él la llenaba tan profundamente. "Oh dios, oh dios, Severus… esto es tan bueno… sabes lo bien que se siente… tan jodidamente bien." Sus palabras eran deliciosas, pero lo emocionaron tan profundamente que sabía que sólo necesitaría un pequeño movimiento para acabar.
Él la miró a los ojos enloquecidos por la lujuria y le hizo una seña. Ella comenzó a moverse lo máximo posible. No era posible mucho pero se necesitaba poco. Él atrapó su clítoris fácilmente mientras ella se frotaba a lo largo de él. Ella se apretó alrededor de él, elevándose lo suficiente como para darle la fricción que necesitaba. Fue suficiente para ambos. Ella estaba tan preparada que el siguiente toque de su clítoris, combinado con la sensación de él tan duro en su interior, fue el final. Se corrió violentamente, apretando sus brazos y piernas a su alrededor, permitiendo que sus espasmos de placer se transmitieran directamente a él. Cuando palpitó alrededor de su polla, él abrió la boca, su placer arrancando de él. Gritó más fuerte de lo que ella nunca lo había escuchado mientras su semilla se disparaba duro dentro de ella. Luego otra vez, y otra. Sus dedos se apretaron, clavándose en la carne de su trasero.
No fue hasta que las últimas convulsiones hubieron abandonado sus cuerpos que él se tambaleó velozmente, bajándola sobre un escritorio. Hermione notó que estaba respirando pesadamente, exhausto, y sólo entonces se dio cuenta del esfuerzo que debía haber sido para él sostenerla durante tanto tiempo sobre su polla.
Aun así, ella sonrió burlona, parecía haber valido la pena.
Después de que sus respiraciones se hubieron calmado, y estaban arreglándose la ropa, Hermione le habló, "Podríamos hacer algo esta mañana."
"Nuestras opciones son limitadas." Su respuesta fue instantánea y clínica.
Ella suspiró levemente ante su reacción poco imaginativa. "¿Sabes lo que realmente me encantaría hacer?"
Él levantó la mirada hacia ella inquisitivamente.
"Ir a Hogsmeade contigo. Sólo una pareja normal; ir de compras, pasear, almorzar. ¿No sería maravilloso?"
Su rostro se tensó y pareció casi perdido. Claramente incapaz de comprender una noción. No respondió y se concentró todavía en abrocharse los botones. Ella no se sorprendió por su reacción, pero aun así le causó una profunda decepción. Él, después de todo, no se había preocupado por besarla en un corredor abierto justo ahora.
Pensando en ello, sin embargo, era difícil imaginarlo haciendo esas cosas, sin importar las circunstancias, y mucho menos de manera ilícita con una de sus alumnas. Ella se preguntó si sugerir un disfraz, quizá incluso usando Poción Multijugos, pero pensó que más bien habría anulado el propósito; ella quería salir con él, física y emocionalmente. Sabía que era imposible, pero aun así quería presionarlo.
"¿Qué piensas?"
Él la fulminó con la mirada. "¿Por qué estás siendo tan tonta?" Su voz fue seca y rencorosa.
La cogió por sorpresa su repentina frialdad, y se sintió sonrojándose ante su reprimenda. No respondió de inmediato, pero una vez su confianza hubo regresado, se levantó y habló con firmeza.
"No estoy siendo tonta, Severus. Quiero existir contigo más allá de este lugar. Claramente, sería imposible ir a Hogsmeade como pareja ahora. Sólo lo mencioné para permitirme un pequeño momento de fantasía, tonta romántica que soy," habló, imitando sus tonos y pensamientos. "Pero un día, llegará un momento, espero, en que la posibilidad de hacer algo así pueda ser una realidad."
Lo miró atentamente. Él no podía levantar la cabeza para mirarla. Ella suspiró hondo, y asegurándose de que su ropa estuviera pulcra, se volvió para marcharse. "Bueno… gracias por eso, Severus… un maldito buen polvo como siempre…" Pasó junto a él, pero antes de que pudiera llegar muy lejos, él la agarró del brazo bruscamente y la retuvo, mirándola fijamente a los ojos.
"No seas tan grosera." Sus palabras fueron enérgicas, dogmáticas.
Ella mantuvo su valor y sostuvo su mirada. "¿Por qué no, Severus? Eso es todo lo que hay entre nosotros. Eso es todo lo que hacemos. Follar."
"Sabes que eso no es cierto."
"¿Lo sé?"
Él la miró, una vehemente furia ardiendo en sus ojos. Ella le devolvió la mirada, desvergonzada. Entonces, de repente, él levantó las manos, quitándose la túnica y dejándola caer al suelo. La agarró velozmente y con fuerza por la cintura, y giró su varita, murmurando unas palabras. Hermione sintió que su mente giraba; sus pies fueron sacados de debajo de ella y la habitación a su alrededor se desvaneció.
Un momento después, aunque podría haber sido más tiempo (había perdido toda noción del tiempo y el espacio), fue consciente de estar sobre tierra firme una vez más, y las mismas manos fuertes todavía la abrazaban. Alzó la mirada hacia Snape. Sus ojos todavía estaban clavados en ella, pero ahora brillaban con una emoción vibrante. Hermione de repente se dio cuenta de que estaban en el exterior. Todavía abrazándolo estrechamente, miró a su alrededor. Estaban sobre un pequeño puente de piedra, una suave corriente fluyendo debajo de él. Más edificios de piedra se extendían a lo largo de una calle con tiendas y restaurantes desparramados. Era un lugar hermoso, apenas tocado por la vida moderna, pero aun así vibrante y bullicioso.
Hermione preguntó en voz baja con callada maravilla, "¿Dónde estamos?"
"Grasmere. Está en el Distrito de los Lagos."
Lo miró con reproche. "Sé dónde está," bromeó. "William Wordsworth era de aquí." Pero no pudo reprenderlo por mucho tiempo; estaba extáticamente feliz, pero confundida. "Creía que era imposible aparecerse desde dentro del castillo."
"Lo es para la mayoría, pero pareces estar olvidando quién soy yo." Ella sonrió burlona ante su arrogante superioridad, pero le permitió continuar. "Además, técnicamente no fue una aparición."
Ella alzó las cejas en interrogación. Él continuó. "Es una forma de transporte que he ideado yo mismo, similar a la aparición, pero capaz de trascender cualquier encantamiento o protección limitadores, al tiempo que difunde los más… desagradables efectos secundarios."
Ella lo miró con absoluta admiración. A menudo olvidaba el extraordinario maestro de la magia que era él. Su corazón se hinchó y él se permitió una leve sonrisa de satisfacción mientras ella lo miraba. Luego, con una respiración profunda, Hermione se giró y comenzó a caminar con él por el pueblo.
Él atraía algunas miradas; su largo cabello negro y su oscura levita con muchos botones difícilmente eran la norma en el centro de Inglaterra, pero a Hermione no podía importarle menos. No conocía a estas personas y nunca volvería a ver a ninguna de ellas. Su anonimato era liberador y estimulante.
Hermione no podía recordar una mañana de sábado más relajada y agradable. Severus parecía completamente satisfecho lejos del opresivo ambiente del colegio, y más a gusto con los Muggles de lo que ella creyera posible. Recordó humildemente que él había crecido entre ellos. Pasearon por las pintorescas tiendas. Era un lugar turístico, pero todavía conservaba el encanto fácil de la belleza de la campiña inglesa profundamente arraigado. Al pasar por algunos salones de té, Hermione le agarró la mano y lo llevó a través de la puerta.
Pidió para ellos, té y pasteles, anticipando que no regresarían a tiempo para el almuerzo, aunque sabía en el fondo de su mente que él tenía que volver para tomar la detención.
Cuando su comida y bebida llegó, ella se inclinó hacia él y sonrió descaradamente. "Me retracto de mi declaración anterior… y mi – lenguaje grosero. Tienes razón. No debería emplearlo."
Él levantó la mirada hacia ella mientras servía su té. "No fue la palabra lo que objeté, sino el sentimiento que la rodeaba."
"Lo siento. Supongo que lo hice deliberadamente. Quería ver cómo reaccionarías. Fue como si estuviera desafiándote."
Él siguió mirándola con frialdad. "¿Y he estado a la altura de tu desafío?"
Ella le sonrió. "Admirablemente. Pero entonces… siempre estás a la altura, Severus." Sonrió, bajando la mirada burlonamente.
Sus ojos bailaron, pero sus rasgos permanecieron impasibles y habló con un indicio de su familiar frialdad despectiva, "Te traigo a una hermosa parte de la campiña, el pueblo de uno de nuestros más grandes poetas, rodeado de decoro refinado y propiedad… y aun así no puedo sacar tu mente de la alcantarilla." Hizo una pausa hasta que ella volvió a alzar los ojos hacia él, antes de continuar, su grave arrastre más delicioso que nunca, "Gracias a Merlín por eso."
Ella sonrió ampliamente y le dio un mordisco a su pastel de zanahoria.
Después del té, fueron a sentarse junto al lago, observando a la gente que pasaba, y los botes y pájaros en las ondas tornasoladas del agua extendiéndose hacia las colinas que se elevaban más allá. Hermione descansó la cabeza sobre su hombro. "Tendremos que regresar pronto." No mencionó la razón. Se sentaron un rato más bajo el débil sol de octubre. Levantó la vista hacia él. "Gracias." Él no estaba acostumbrado a escuchar esa palabra dirigida a él, y en un principio no se dio cuenta de a qué se estaba refiriendo ella. Ella sintió su interrogación. "Por traerme aquí. ¿Has disfrutado?"
Él se incorporó para mirarla, sus ojos revoloteando sobre su rostro, pero no respondió. Una punzada de preocupación empujó a Hermione. Luego, despacio, Severus bajó la cabeza para besarla cálida, larga y tiernamente como respuesta.
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¡Definitivamente dos pasos adelante!
¡Un poco de todo aquí! ¡10/10 para Severus por tocar todos los palos!
N/T: Gracias por los comentarios a los que no puedo responder.
