Fictober 2020

8. Bombones

Caminaba a paso lento por las concurridas calles de Tokio; quería llegar rápido a casa, pero las pesadas bolsas de compras no hacían más que retrasarme. Y es que solo a mí se me ocurría ir al supermercado completamente sola para hacer una gran compra, ahora me arrepiento muchísimo de haber rechazado a Tomoyo cuando se ofreció a acompañarme. Lo bueno es que falta muy poco para llegar al apartamento.

Me disponía a cruzar la calle cuando consideré que sería el momento adecuado, pero un carro azul que parecía nuevo y muy caro me lo impidió al cerrarme el paso bruscamente y, de paso, casi atropellarme porque ya tenía un pie fuera de la acera.

—¡TEN MÁS CUIDADO! —le grité con rabia y susto a la vez.

Pero como era de esperarse, no se detuvo a disculparse y siguió su camino. Definitivamente hay personas a las que nunca deberían darles una licencia de conducir.

Cuando llegué al apartamento me recibió Kero, mi gatito, y Tomoyo, mi mejor amiga desde que tengo memoria. Nos mudamos acá hace un par de años cuando comenzamos asistir a la universidad. Me ahorro mucho tiempo y dinero viviendo con Tomoyo en el apartamento que le compró su madre, en lugar de viajar todos los días de Tomoeda a Tokio y viceversa; aunque mi hermano no estuvo muy de acuerdo en un principio, pues él piensa que no soy lo suficientemente madura como para valerme por mi misma. Pero le he demostrado lo contrario:

Sé cocinar, limpiar, trabajo medio tiempo en una pastelería, ayudo con los gastos del apartamento, y mantengo un buen promedio en la universidad. Si eso no es ser madura, entonces no sé lo que será.

—Bienvenida a casa. —dijo Tomoyo con su habitual sonrisa.

—Gracias —le contesté un poco desanimada. Grave error, ahora comenzaría un eterno interrogatorio.

—Sakura, ¿Qué te pasa?, ¿por qué usas ese tono tan extraño?, ¡oh Dios, te ves algo pálida! , ¿estás enferma?, ¿te duele algo?, ¿te asaltaron?, ¿qué te sucedió?, ¡dime, por favor!

—Tomoyo cálmate, estoy bien, sólo pasé un susto.

—¿Un susto?, ¿a qué te refieres con un susto? Sakura Kinomoto, quiero que me expliques con lujo de detalles qué fue lo que te pasó —dijo con el ceño fruncido.

—No fue nada, solo que casi fui atropellada al cruzar la calle, y todavía tengo el corazón un poco acelerado, pero no me pasó nada, ¡estoy bien! No te preocupes.

—¡¿Qué no me preocupe?! Y me lo cuentas todo tan tranquila, ¿Quién fue el idiota que casi te atropelló?

—No lo sé, no se detuvo y no alcancé a ver su rostro, solo recuerdo cómo era su carro —le dije restándole importancia al asunto.

—¿Lograste ver su número de placa? Si fue así podemos poner una denuncia en la estación de policía. Espera un momento, ¡llamaré a mi abogado! —dijo de manera decidida.

—¡Tomoyo no es necesario! No me pasó nada, además no vi la placa, sería un caso perdido. Pero mira, a pesar de todo las compras llegaron sanas y salvas. Podré comenzar a hacer los postres que tanto te gustan —comenté tratando de cambiar la conversación.

—Definitivamente eres un caso perdido, ¿cómo le vas a restar importancia a algo como esto? —suspiró resignada.

—¡Mira! traje mucho chocolate que estaba en oferta para hacer bombones rellenos —respondí cambiando definitivamente el tema de conversación.

—¡Oh genial! Solo no les vuelvas a poner licor por favor, ya sabes lo mal que nos pusimos aquella vez. — dijo apenada.

Y es que en esa ocasión comimos tantos bombones rellenos con coñac, que nos emborrachamos y pasamos una gran vergüenza. Ella llamaba por teléfono a su ex novio a las dos de la madrugada y yo tocaba sin parar la puerta de nuestro huraño y apuesto vecino, para reclamarle por todas las veces que puso música a todo volumen mientras yo trataba de concentrarme para estudiar. Sentí tanta vergüenza que siempre trato de evitarlo en los pasillos y el ascensor.

Recordar todo eso causó que yo también me sonrojara, cosa que no pasó inadvertida para Tomoyo.

—¿Con que recordaste tu escenita con nuestro guapo vecino? —preguntó en tono burlón.

—¡No quiero oírte!, ¡No pasó nada!, eso es solo un vil recuerdo del pasado.

—Quien diría que la tierna y dulce Sakura podía ser tan fiera al reclamarle a alguien— Dijo conteniendo las lágrimas por la risa.

—Solo sucedió una vez, y no volverá a pasar. Primero, porque no pienso volver a tocar el coñac en mi vida y segundo, porque no le dirigiré la palabra más nunca a ese ser, que cada vez que me ve lo hace como si quisiera asesinarme ¡es un ogro! —dije tajante.

—Bueno tranquila, yo solo bromeaba. Aunque ahora que lo pienso ¿alguna vez le pediste disculpas por lo que pasó?

La pregunta de Tomoyo me cayó como un balde de agua fría. Traté de hacer un viaje retrospectivo a mis memorias, solo para darme cuenta de que nunca le pedí disculpas por lo que hice. ¡Oh no! Todo este tiempo él ha tenido un buen motivo para odiarme ¿Cómo pude ser tan tonta y despistada como para no recordar pedirle perdón? Debo enmendar este error.

—Creo que haré unos bombones de disculpa.

—¿Bombones de disculpa? — me preguntó confundida.

—Sí, para nuestro vecino —estaba decidido, ¡ahora debía ponerme a trabajar!

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Hoy fue un día difícil en el trabajo: mi asistente olvidó enviarme unos reportes importantes y me metí en un gran problema con mi jefe, cuando fui a almorzar una ancianita tiro su jugo sobre mí por accidente y en la tarde se dañó el aire acondicionado de la oficina causando que todos nos sofocáramos del calor. Cuando por fin el reloj marcó la hora de irme, bajé al estacionamiento y me subí a mi carro estando todo sudoroso, estresado y con una gran mancha de jugo en mi camisa que se veía muy difícil de quitar.

Arranqué el motor y conduje como alma que lleva el diablo hasta mi apartamento, aunque cuando casi llegaba recordé que tenía que pasar por la tintorería a recoger unas prendas, ¡Rayos! El lugar quedaba lejos, pero el resto de la semana no tendría tiempo de ir. Me desvié rápidamente un par de calles y llegué a mi nuevo destino. Una vez recogida la ropa , aproveché la ocasión para ir al baño y cambiarme la camisa manchada por una completamente limpia, y de paso dejar la que tenía la gran mancha de lo que parecía ser jugo de sandía.

Cuando por fin llegué a mi apartamento, solo quería darme un baño, preparar algo para comer e irme a dormir, no podía esperar a que este espantoso día terminara. Pero en cuanto abrí la puerta me encontré con una escena desagradable, ¿Cómo rayos había entrado?

—¡¿Qué haces tú aquí?! —grité exaltado.

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—¡Están listos! —exclamé satisfecha con mi trabajo.

—Te quedaron preciosos, Sakura —dijo Tomoyo tan amable como siempre.

—Y saben aún mejor. Los pondré en una cajita y los llevaré mañana, o tal vez el fin de semana.

—¿Por qué no lo haces ahora? Mientras más rápido lo hagas, será mejor.

—En estos momentos no estoy psicológicamente preparada para hacer eso. Hace apenas un par de horas me di cuenta de mi error, no he terminado de asimilarlo todo. Además no sé muy bien qué es lo que le diré —contesté en tono dramático.

—Está bien, hazlo en el momento en que te sientas más cómoda, ¿de acuerdo?

—Sí, aunque siendo sincera, creo que para que llegue ese momento tendrán que pasar muchos años. No quisiera cruzarme con su cara malhumorada en estos momentos —respondí burlonamente.

En ese momento tocan el timbre, algo muy raro porque casi nunca recibimos visitas y menos a estas horas. Iban a ser casi las ocho de la noche, por lo que no podía ser el servicio de correo.

Cuando abrí la puerta me congelé en mi lugar. Frente a mí tenía a la persona a la cual no estaba lista para enfrentar en estos momentos, mirándome fijamente con rabia, tenía el ceño fruncido, la boca torcida y puedo jurar que casi vi una vena a punto de estallarle. Me sentía intimidada, pero a la vez no podía dejar de pensar que se veía guapo el muy condenado. Tan absorta estaba en mis pensamientos, que no pronuncie ni una palabra hasta que él lo hizo.

—Creo que esto es tuyo, estaba dentro de mi apartamento —me entregó una bola gorda y peluda.

—¡Kero! —grité sorprendida, ¿en qué momento había salido de casa?

—¿Qué sucede? —preguntó Tomoyo acercándose a la puerta.

—Kero entró a la casa del vecino. Ya sabes que le gusta pasearse por la escalera de incendios, seguramente el señor… ¿Li, cierto? Dejó una ventana abierta y debió entrar por allí —contesté con la explicación que parecía ser la más lógica.

—Dile a tu bola de pelos que no entre a casas ajenas, ¡deberías tener más cuidado y disciplinarlo! —dijo molesto.

—E-es solo un gato, no entiende muchas cosas —defendí cohibida.

—¡Da lo mismo! Hoy tuve un día asqueroso y solo quería llegar a casa a relajarme ¿y qué me encuentro? Un gato obeso queriendo comerse mi caja de chocolates, y por suerte no alcanzó a hacerlo ¿sabes lo peligroso que es para él? Debes cuidar más lo que come ¡Aunque de todos modos aplastó la caja y los arruinó todos!

—¡Lo siento mucho! —Genial, por culpa de Kero ahora estaba pasando otra vergüenza, ¿Será este un buen momento para pedirle perdón por lo ocurrido la otra vez?

—Puedes esperar aquí un momento, por favor —pedí rápidamente mientras colocaba a Kero en brazos de mi amiga y me dirigía adentro.

—¡Hey! ¿A dónde crees que vas? No hemos terminado aquí.

—No te preocupes, en seguida vendrá —intervino Tomoyo para calmarlo.

Busqué la caja de bombones que había hecho y corrí nuevamente a la puerta para entregársela.

—¡Toma! —grité.

Él estaba sorprendido, al parecer no entendía qué estaba pasando. Tomoyo me dio un pequeño empujoncito en la espalda, lo suficientemente fuerte como para que diera un par de pasos y terminara fuera del umbral de la puerta, eso lo aprovechó para cerrar con llave y dejarme afuera, sola con Li.

—Este... yo…—No sabía qué decir.

—¿Por qué me entregas esto? —preguntó muy serio.

Era ahora o nunca, debía disculparme si quería estar en paz con él.

—Quiero disculparme por la vergonzosa escena que hice la otra vez, al tocar tu puerta y hacer un escándalo en la madrugada mientras estaba borracha. No estuvo bien, pero estuvo peor no haberme disculpado inmediatamente. Estos bombones eran una ofrenda de paz para pedirte perdón por el mal rato que te hice pasar —solté mientras me reverenciaba.

Silencio. Eso no podía ser bueno, lo más seguro es que estaba tan molesto que no me quisiera perdonar nunca.

—Gracias —oí decir—. Es muy amable de tu parte. Yo también debería disculparme por no ser un buen vecino, subirle mucho a la música y nunca saludarte, lo siento —dijo mientras él también se reverenciaba. No lo podía creer.

—¡No te preocupes por eso! Y no creo que seas mal vecino, solo eres un poco gruñón. —Ups, no debí decirle eso.

—¿Gruñón? Sí, creo que ese adjetivo podría definirme bien. Para disculparme por mi comportamiento y agradecerte los bombones permíteme invitarte a cenar.

¿Acaso escuche bien? Toda la situación parecía tan irreal. Sin embargo, acepté su oferta. Ésta podría ser la oportunidad perfecta para hacernos amigos. Entré por mi bolso y le conté rápidamente a Tomoyo, ella estaba muy emocionada y con la esperanza de que se convirtiera en una cita romántica.

Bajamos juntos al estacionamiento mientras conversábamos amenamente por primera vez desde que éramos vecinos. Todo iba perfecto hasta que vi su carro.

—¡¿Tu eres el idiota que casi me atropella hoy?! —grité señalándolo.

—¡¿Tú eres la peatona despistada?!

Al parecer la cena no será tan emocionante como Tomoyo pensaba, ¿o sí?

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Nota de Wonder Grinch: El día de hoy les presentaremos a una chica que por primera vez da a conocer sus ideas... Mafer escribe, aunque solo para ella, pero esta vez se animó a compartir con nosotros su talento. Esperamos les guste el shot.

Notas de la autora: ¡Hola! Por aquí los saluda Mafer con su primer shot publicado. Espero que les guste.

Quiero agradecer a la página de Wonder Grinch por dejarme ser parte de esta maravillosa y divertida iniciativa. Han despertado en mí una alegría enorme al animarme a escribir algo que no fuese solo para mí y que los demás puedan disfrutar. ¡Mil gracias!