Disclaimer: Tengo tanto derecho a reclamar como propios los personajes y argumento de Orgullo y Prejuicio en la misma medida que el resto de la humanidad que no es Jane Austen.
Las situaciones y diálogos, así como los personajes no mencionados en la obra original que a continuación se muestran, son producto de mi imaginación.
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Los carruajes de las familias Walden y Spencer se dirigieron hacia Longbourn una mañana de febrero. Todos iban ansiosos aunque se esforzaban en no mostrarlo.
Longbourn era una finca relativamente pequeña en comparación con las propiedades a las que ambas familias estaban acostumbradas, pero no podía decirse que era precaria, después de todo, se trataba de la finca con mayor importancia después de Netherfield. Los jardines parecían bien atendidos y tenía un encanto rústico que reflejaba calidez.
Al llegar, Elizabeth hizo las presentaciones entre las familias, y fue imposible para los Bennet no notar el gran parecido entre Elizabeth y Jonathan, incluso con los pequeños Joseph y Evan. Ese fue el primer momento en el que lo inevitable empezó a tomar forma.
Los visitantes encontraron las descripciones de cada uno de los miembros de la familia Bennet tal y como Elizabeth mencionó con anterioridad. El señor Bennet les pareció reservado, la señora Bennet atenta y bastante emotiva, a Kitty y Lydia las encontraron quizás menos efusivas de lo que esperaban, a Mary con aspecto callado y un poco tímido, y a Jane como la gentileza personificada.
Fueron Robert, Daniel y Emily quienes pusieron particular atención a Jane a causa de lo que sabían del señor Bingley y Darcy. Los gemelos Walden de inmediato la empezaron a interrogarla con la intención de escuchar historias divertidas para molestar a Elizabeth; Robert, al verla, solo deseó que ella no siguiera enamorada de Bingley.
Para la señora Bennet, se trató de un momento difícil al mismo tiempo que reconfortante. Ella sabía que estaba por perder a Elizabeth, sin embargo, al verla en compañía de los Walden y los Spencer, descubrió que la mirada melancólica que su hija tuvo por semanas finalmente había desaparecido.
Entre los más jóvenes, la conversación fluyó de forma cordial, sin embargo entre las mayores podía percibirse la tensión. Al cabo de un rato de intentar establecer una conversación normal, el señor Benet se rindió y los invitó a pasar a su biblioteca. Entre el grupo que se retiró podía contarse Lord Walden y Lady Cassandra, Lord Denton y Lady Mary, Jonathan, el señor Gardiner, Fanny y Elizabeth.
Quienes tomaron la palabra primero, fueron Lord Denton y Lady Mary, explicándole al señor Bennet cómo la curiosidad de Emily y Daniel los llevó más seguir a Elizabeth gracias al parecido con el retrato de Emily Spencer. Después se hizo mención de las visitas a la tienda del señor Gardiner y cómo en tales reuniones los Walden pudieron establecer el parecido no solo con la mujer del retrato sino con varios miembros de la familia Spencer.
—Todos fuimos engañados, señor Bennet—, comentó Lord Denton—No tengo manera de comprobarlo, pero asumo que la razón fueron los celos. Houghton Park, la finca de los Blake, es una propiedad que produce unas seis o siete mil libras anuales que hacían de Ernest un hombre con el que muchas familias hubieran deseado unir a una hija. Alexander dejó la escuela y con lo que su padre le dejó en el testamento, compró una comisión en el ejército; así que por un lado uno es el heredero de una finca con miles de libras anuales y por el otro lado se tiene a un soldado que empieza en su trayectoria, y sin embargo, cuando los dos conocen a Emily, es el soldado quien conquista el corazón de ella.
—Negarle a alguien una hija solo por celos me parece algo extremo, Lord Denton—comentó el señor Bennet.
—Lo sabemos, pero es la única razón creíble que podemos aportar para justificar una traición tan cruel. Blake tiene el certificado de defunción de una hija a la que jamás ha podido conocer y que está viva.
El señor Bennet procedió a mostrarle la correspondencia que muchos años atrás había sido intercambiada con Ernest Blake. Thomas tenía copias de las cartas que él envío hasta Houghton Park así como las negativas de Ernest.
—Mi hermano Frank era casi nueve años mayor que yo, no estudiamos al mismo tiempo y nuestras amistades siempre fueron diferentes, yo no podía saber que la palabra del señor Ernest era cuestionable.
—No lo estamos culpando, señor Bennet. Emily fue engañada por Ernest y por su propia madre, Lady Virginia. Eso la llevo a pedir la ayuda de Frank Bennet en lugar de recurrir a nosotros. Cuando Alexander regresó a buscar a Emily, Ernest le entregó un certificado de defunción legítimo y uno apócrifo. Usted fue solo alguien más en los engaños de Ernest. Lamentablemente, la señorita Elizabeth es la más afectada de todos—finalizó Lord Denton, mientras miraba con tristeza a Elizabeth.
Fueron corroborados cartas y retratos, y al cabo de casi cuarenta minutos, Thomas Bennet reconoció que Elizabeth Bennet era la señorita Blake. Por común acuerdo, nada de esto sería revelado sino hasta que Blake estuviese de vuelta y se pudieran hacer las averiguaciones en la parroquia donde que había emitido el certificado de defunción falso, además de que el resto de los documentos estaban en Houghton Park.
—En cuanto todo eso esté aclarado, publicaremos los edictos necesarios para que Elizabeth sea reconocida como la hija de Alexander y Emily Blake—agregó Lord Walden.
Más detalles fueron especificados sobre el curso que tomarían las acciones hasta la llegada del Coronel Blake, quien recibiría la más fuerte de las impresiones.
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Los hermanos Walden, Catherine y la señora Gardiner platicaron con Mary, Kitty y Lydia, quienes a diferencia de Jane, disimulaban mejor la ansiedad por la que estaban atravesando. Robert se sentó cerca de Jane, quien tenía los ojos fijos en la puerta de la biblioteca.
—Elizabeth estará bien, señorita Bennet, no es nuestra intención privarla de la hermana que usted ha conocido toda una vida— comentó él, ofreciéndole un pañuelo para las casi invisibles lágrimas que corrían por el rostro de Jane.
—Lo sé, mi lord, pero ella no es solo una hermana, sino una parte de mi alma—dijo ella, de forma distraída para luego notar cuales habían sido sus palabras. Al hacerlo, ella se sonrojó con intensidad. Robert sonrió ligeramente y lejos de pensar que el comentario había sido una equivocación, lo dejó conmovido. Había un amor intenso y un dolor que parecía infinito, en la mirada de ella cada vez que hablaba de Elizabeth. Robert pensó que la calmada señorita Bennet era capaz de cortar a un hombre para proteger a su hermana, una lealtad que él encontró admirable.
—También soy hermano mayor, señorita Bennet, entiendo lo que es el deseo de protegerlos siempre. Incluso cuando sus acciones me hacen perder la paciencia, no imagino mi vida sin ellos. Elizabeth es afortunada de haber crecido con hermanas que le demuestran tanto afecto. Ella nos comentó que ustedes dos son muy unidas, ella habla muy bien de usted.
—Ambas nos cuidamos, así ha sido desde siempre. La última vez que ella hizo algo casi extremo por mí, fue en noviembre del año pasado, cuando cruzó tres millas de campos húmedos solo porque yo tuve un resfriado muy fuerte. Tuve que permanecer el Netherfield y ella fue para preguntar cómo me encontraba y cuidarme.
—Ella mencionó algo parecido—comentó Robert, aprovechando que había sido ella quien tocó el tema—, la familia Bingley y Darcy en ese entonces vivían en Netherfield, me dijo. Conozco bien al señor Darcy, a Bingley no tanto, ambos estuvieron en Londres durante el invierno. Son hombres agradables.
Jane asistió en confirmación pero no abundó más en el tema. Ella no parecía particularmente herida por la mención del señor Bingley, lo que llevó a Robert a decidir que le preguntaría a Elizabeth más sobre la señorita Bennet. Robert se sentía intrigado por la actitud de ella, ya que cuando se trataba de su familia, Jane era bastante fácil de leer en sus expresiones, pero al tocar el tema de Netherfield, todo era bastante ambiguo.
Ellos conversaron por un rato más, y después de media hora, Robert concluyó que Bingley había cometido el más grande error de su vida.
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De vuelta en la biblioteca, todo había sido aclarado y la reunión se disolvió. Antes de salir, el señor Bennet le pidió a Elizabeth que se quedase un momento más. Ella no guardaba esperanzas de que la conversación fuera fácil, sin embargo, era necesario hablar con él.
Él parecía haber envejecido durante la reunión y se veía particularmente cansado. Elizabeth se sentó a esperar lo que él tenía que decir. Primero el señor Bennet se recargó en su silla y por unos instantes solo la observó, como si fuera la primera vez que la conocía.
—Lo lamento mucho, Elizabeth. Jamás hubiera podido imaginar las condiciones en las que fuiste separada de tu familia. Te ofrezco una disculpa por mis palabras antes dichas.
No había demasiada calidez en las palabras, pero era evidente que él hablaba con honestidad. Elizabeth apenas sonrió, era mejor de lo que ella hubiese esperado.
—Gracias, padre...
—No soy tu padre, Elizabeth—interrumpió él, con tristeza—, nunca lo he sido. He visto que no te falte nada en el presente, pero jamás pensé en tu futuro. Yo debí de haber ido directo a Norfolk, y no lo hice—él hizo una pausa—espero que al menos me tomes como un amigo, o una especie de tío lejano, no merezco el ser tu padre.
Incluso si lo dicho por él estaba diseñado para reprocharse a sí mismo, Elizabeth sintió el abandono del hombre que hasta el momento había sido la única figura paterna que ella conocía. Ella quería desmentirlo, pero lo cierto es que había mucho de verdad en sus declaraciones. Él ni siquiera había previsto dinero para el futuro de las hijas cuyo apellido real era Bennet.
—Señor—, empezó ella— ¿Tengo el permiso de usted para ayudar a mis hermanas y a mi madre, en la manera en la que yo pueda?— preguntó de forma tímida.
—Por supuesto, señorita Blake—respondió él, se levantó para besar la frente de Elizabeth y dejó la biblioteca de inmediato.
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Fanny entró en cuanto vio salir a su esposo. Elizabeth estaba de pie junto a una de las ventanas de la biblioteca, mirando hacia el jardín, perdida en sus pensamientos.
—¿Qué sucedió, Lizzy?—preguntó Fanny a su hija, con cierto temor por la respuesta. Durante la reunión, ella pudo ver cómo los sutiles gestos del señor Bennet mostraban que él no estaba bien y que claramente se sentía afectado, aunque fue capaz de conciliarlo ante los ojos de los demás.
Fanny suponía que probablemente las palabras del señor Bennet habían herido a Elizabeth, tal y como sucedió el día anterior o en noviembre. Durante la ausencia de ella, Longbourn fue un lugar bastante callado y Thomas se había aislado más de lo normal, eso le daba razones a Fanny para no ser optimista.
Elizabeth se giró para encontrar la voz que le hablaba, ella no respondió y en lugar de eso, abrazó a la única madre que había conocido en toda su vida. Ella se sujetó a Fanny con toda la fuerza posible, como si su propia vida dependiera de ello.
Memorias de cuando ella tenía siete y Fanny le compró una muñeca como la que la señora Long le regaló a Jane por su cumpleaños, cuando ella cumplió nueve y toda esa semana el postre fue pastel de manzana porque era su favorito, cuando cumplió quince y Fanny le regaló una caja con listones en los colores que más le gustaban, hasta cuando Fanny la regañó por dormir en los establos para cuidar a una camada de gatos recién nacidos.
—Por favor dime qué al menos tú me sigues viendo como tu hija, porque no podría soportar perder a una madre por segunda vez—dijo Elizabeth, casi como una súplica que quebró su voz.
—Tú siempre serás mi hija, Elizabeth. Lo único que no te hace mía es la sangre de tus venas, y eso llevo veinte años ignorándolo.
Solo después de eso, Elizabeth se permitió llorar por última vez en la casa de Longbourn. Fanny pasó su mano por el cabello de su hija y arregló los mechones que salían de los pasadores. Era una escena íntima que Lord Walden y Lady Cassandra presenciaron de manera clandestina, una escena que a la larga, se volvería crucial en la vida de muchos.
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Saludos a quienes se toman el tiempo de leer esta historia y un agradecimiento a todos aquellos que extienden un comentario, deciden seguirla o agregarla a favoritos.
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