Pt 3: Intenciones.

El entrenamiento era duro pero formaba el carácter, veía en cada gota de sudor que emergía y caía por mi frente como superaba mis propias capacidades y me volvía un buen Kitsunē. Un miembro importante de la tribu y de entre mis pares.

Había desarrollado —aún más sí es posible — mí astucia, mí intelecto. La capacidad que me hacía resaltar a pesar de mí juventud al igual que mí apariencia. Tal vez esa era la razón por la que los jefes me habían elegido, habían derramado su sensatez y sabiduría por sobre mí. En un corazón más humano que yôkai. Un corazón de zorro que se atrevía a querer sin esconder.

Había viajado continuamente, lo había hecho por mucho tiempo en virtud y consejo de los grandes jefes y ancianos, escuchando, aprendiendo, entrenando, creciendo, volviéndome a poco lo que quería y —mas que ello– lo que necesitaba, por mí y por los míos. Fue así por lo que no se me hizo complejo el recoger mis pocas pertenencias, darle un beso a mí somnolienta madre y salir en medio de una noche sin luna aparente días después.

Lo sorprendente, no obstante, fue el encontrarme con un monje vigilante y ataviado con ropas violetas, oculto entre los árboles y leyendome entre las sombras. Por supuesto, lo noté: claro que lo noté, pero eso no lo hacía menos inverosímil.

— ¿Qué haces aquí tan tarde, Miroku?– Pregunté de pronto.

— Decir que lo mismo que tú probablemente sea un eufemismo. Por lo que, esperándote: al parecer ya has tomado tu decisión ¿No es así? – Inquirió.

— Cosas están sucediendo en el Oeste, la tribu a la que respondo está directamente relacionada con Lord Sesshômaru y no solo eso, necesito buscar información. Debo hallar una solución a las prontas y posibles consecuencias. —Hablé.

— Lo sé, Hachi habló de algo por el estilo y no me fue difícil notar ese detalle. Nosotros también respondemos a la misma hegemonía de Sesshômaru, quizás la aldea responde más a su línea sanguínea que a él en persona, pero su caída no creo que tenga cambios del todo positivos. Si bien conocemos su intolerancia, parece ser un buen monarca para todos los yôkai: desde que Naraku partió de éste mundo, ha mantenido a muchos de los demonios bajo su mando en línea, casi aislándose de los seres humanos. – Señaló y Shippô asintió.

— Si él cae puede que el que se siente en su puesto como todopoderoso monarca desate peores cosas que intolerancia, que desate una mortandad debido a lo corto de su mano sobre sus propios vasallos y los seres humanos, su yugo promete anarquía: Promete terror.

Un silencio se hizo en el aire.

— ¿Crees que es por eso se ha interesado en Kagome? No tiene mucho sentido que el quiera hundirse hasta las botas con la presencia de una sacerdotisa, uno de los seres que su ancestral pueblo más detesta.

— No sí está jugando a la política y va perdiendo. Después de todo, mí madre es una mujer poderosa: tenerla de aliada y sentarla a su lado significaría no solo la paz entre las representanciones sagradas y los yôkai, sino también, el hecho de una nueva fortaleza: un renacimiento lleno de posiblidades.

— Pero las posibilidades no se definen como buenas o malas, Joven Shippô. Se definen por lo que son: Una alianza entre Lord Sesshômaru y la señorita Kagome, incluso una frágil alianza humano-yôkai, llamaría la atención del círculo sagrado, los monjes y sacerdotisa (según ellos) están encargados de librar del mal al mundo y déjame decirte que el mal no es solo un sentido abstracto sino bastante literal, ustedes en realidad. — Señaló con premura. — ¿No recuerdas como tildaron a Kagome de sacerdotisa corrupta? Cómo allanaron aquí y dijeron que estabamos siendo liderados por una mujer sucia, amante de un mitad bestia. – Casi escupió mientras sus ojos resplandecían con preocupación.

— Kagome los alejó, su marca es indiscutiblemente sagrada, eso es innegable, pero ellos no van a tolerar que ella se una, no solo a un yôkai cualquiera sino a su primer enemigo…–Casi murmuró él monje, acallándose en la última parte como si temiera decirlo. Cómo si, si lo vocalizaba se haría realidad.

—… El descendiente legitimo de Inô no Taishô, y el indeseable #1 para ellos. – Completé y Miroku asintió con seriedad. — Entonces no solo Sesshômaru tiene demasiadas cosas en contra sin darse cuenta sino que está jugando su cuello, el de su línea y al propio Inuyâsha. – Señalé y el asintió.

— Debo irme cuánto antes, te traeré noticias cuánto antes. Cuida de mí madre, no permitas que tome decisiones arriesgadas sin meditar y por algún impulso estúpidamente noble. – Pedí y Miroku asintió solemnemente.

— Estaré con Kagome y la orientaré pero no es como que tú y yo no supiesemos que va a decidir finalmente. No obstante, soy su amigo y aliado, siempre lo he sido desde que la conozco y lo seré. – Declaró y me dí por convencido, empecé a adentrarme en el bosque y poco después note pasos tras de mí.

— Así que vendrás conmigo, Kirara. – Le sonreí y la Neko demonio maulló convirtiéndose en su verdadera forma y ofreciendome su lomo. — Vamos. –Invité, surcando el cielo nocturno y sus oscuras nubes.

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— ¿Hasta cuándo piensas fingir que no me he dado cuenta de tu vigilia? – Preguntó el monje entre las sombras. — Shippô se mostró tan afectado por las nuevas direcciones en su cavilar que incluso ignoró tu presencia. –Señaló.

Dando un paso al frente, el mitad bestia descendió de un árbol y se mostró frente al monje.

— Sí no es así, ustedes me mantendrían parcialmente en las sombras, como a Sango. No sé sí ofenderme por lo ligero que me toman o sí es una estrategia estúpida. – Demandó de mal humor Inuyâsha.

— No te tomo a la ligera, tampoco a Sango pero si es cierto que su tranquilidad es en parte para reconfortar a la señorita Kagome, no obstante, tus riñas infantiles con Shippô si bien cómicas son innecesarias y distraen lo suficiente como para ver más guiable el discutir por separado y gastar saliva que plantarse a esperar que ustedes maduren y se muestren como dos adultos. – Habló tajante y las orejas del medio demonio parecieron bajarse por un momento antes de que este enrojeciera y frunciera el entrecejo antes de relajarse.

— Es más por costumbre que por la misma pelea, Miroku. —Expluxó Inuyâsha. — Pero lo importante así mismo, es que iré a hablar con el Cara e' culo.

— Evita llamarlo así sí esperas que te tome en serio. – Aconsejó el monje.

— Sí no hay un par de insultos de por medio, dudará curiosamente.

— ¿Crees que logres conseguir lo que planeas, querido amigo? –Pregunté curioso.

— Shippô y tú lo dijeron, no solo él es su enemigo, también lo soy yo. Por eso tanto ahínco contra Kagome, tanta persecución estúpida.

— Avivar los viejos prejuicios fue un buen plan, debo admitir. — Señaló. – Pero, evidenció sus intenciones e intereses, su verdadero odio y motivación. El pueblo está de tu lado ahora y eso los mantendrá a raya en estos límites, pero idearan algo. Son extremistas y siempre habrá manos sueltas y mentes suceptibles que apoyen sus causas.

Inuyâsha asintió y lo observó pesadamente antes de hacer un ademán con su mano en despedida, partiría a ver al hijo de su padre, a su medio hermano.