Especial Navidad segunda parte

Caja y encaje

Hermione le dio vueltas en las manos. Entonces al moverlo se dio cuenta de que no era sólido, que había algo en el interior. Otro ruidito curioso salió de su garganta, pero esta vez alzó la comisura del labio en una sonrisa. Era un cubo hermético a simple vista, algo oscuro, de aristas ligeramente desgastadas, casi redondeadas; no parecía que fuera capaz de abrirse de ningún modo, pero sabía que se debía poder abrir, ¿no?

¿Qué sentido tendría si no? Si insistía un poco quizás averiguase la forma de poder abrirlo. Tenía que haber algo en el interior, podía notarlo. Era un misterio y le gustaban los misterios.

Entonces se dio cuenta…

El regalo era exactamente cómo él. Darse cuenta de ello, del simbolismo que podía tener la caja; le golpeó el pecho brutalmente. Sólo podía ser de él. ¿De quién iba a ser si no?

Lo examinó a conciencia buscando la forma de abrirlo. ¡Merlín! Ahora sí que tenía ganas de resolver ese acertijo. Se moría de ganas por saber cómo se abría y que había dentro.

-Alohomora.- Susurró. Pero obviamente no se abrió, no esperaba que fuera tan fácil de todos modos. No, si sus suposiciones eran ciertas y se lo había dado él. Él jamás sería tan obvio.- Rebelio.- Pero no ocurrió nada.- Finite incantatem.- El cubo seguía sin abrirse.- Así que es un puzle… ¿Qué clase de puzle?– Sonrió feliz, entusiasmada. Frunciendo el ceño y mordiéndose el labio ante el reto.- Acepto el desafío profesor.- Susurró para sí misma mientras sonreía. Se fue a la cama y se metió en ella con las piernas cruzadas, tapada y con aquella pieza de madera dando vueltas en sus dedos.

Fruncía el ceño, luego daba una vuelta, y lo miraba de nuevo. Tocaba una esquina, la otra, miraba sus laterales en busca de marcas, huecos. Lo dejaba a un metro y lo observaba en la distancia, a veces más de cerca. Lo movía con la varita, le aplicaba luz, oscuridad, calor, frío…

Pero no veía nada, sólo madera vieja, desgastada, algo rallada, incluso apolillada…

¿O puede que no?

Se fijó en los pequeños agujeros de las polillas, había algunos mas marcados… De una forma abstracta le recordaban casi a una… Pero no podía ser.

Miró mas fijamente, tratando de concentrarse en esos puntos. Merlín…

¿Eran estrellas? parecía una constelación… ¿Lo era? Merlín, necesitaba comprobar o desmentir su teoría antes de volverse loca. Los nervios de la ansiedad se colocaron un segundo en su estómago.

Se levantó y corrió todo lo que pudo por la casa tratando de no hacer ruido (aún era muy temprano, la gente dormía). Llegó a la biblioteca casi resollando.

-Accio libro de astronomía.- No quería perder el tiempo buscando. Un gran tomo tamaño enciclopedia voló hasta sus brazos. Hermione volvió a su habitación y colocó el pesado libro sobre la cama, buscó un patrón que le fuera conocido. Buscó por aquellas páginas amarillentas e ilustradas con hermosos dibujos de dioses y mitología. Había azules zafiro en sus hojas, y dorados, y grabados en relieve. Se embelesó con los mapas estelares y sintió una creciente y maravillosa ansiedad crecer en su estómago. Millones de mariposas revoloteaban en él.

Suspiró emocionada e impaciente y no pudo evitar dar un grito de triunfo cuando varios minutos después encontró un patrón de estrellas igual que los puntos de las polillas.

Leyó con ilusión y algo de ansiedad la leyenda que había bajo esta:

Cabellera de Berenice

Coma Berenices o Cabellera de Berenice. Constelación situada cerca y al oeste de Leo. Anteriormente conocida como "Coma" en hebreo "el Deseado".

Esta constelación representa la cabellera de la hermosa Berenice, que fue reina de Egipto. Su esposo Ptolomeo subió al trono, su primera misión consistió en ir a Siria para luchar contra el rey Seleuco II. Combatió largamente y obtuvo muchas victorias, pero en su ausencia, su esposa Berenice languidecía y estaba llena de temores por la vida de su esposo. En su desconsuelo, un día fue al templo de Afrodita y allí juró ante la diosa que sacrificaría para ella su hermosa cabellera en el caso en de que su marido regresara vivo y vencedor. Así fue, y ese mismo día, el día de su regreso, Berenice cumplió su promesa.

Pero por la noche alguien llegó hasta el templo y robó la cabellera. La desesperación de Berenice y el furor de Ptolomeo ante el hecho del hurto fueron grandes. Pero ante ellos llegó el astrónomo Conón de Samos para calmarlos. Conón mostró a los reyes una agrupación de estrellas, y les contó que esa agrupación acababa de aparecer en el firmamento y que sin duda se trataba de la cabellera de Berenice, que había sido transportada allí por la diosa Afrodita, a quien se le había ofrecido. Después, el sabio Conón dibujó una larga melena de estrellas en el globo celeste del Museo de Alejandría.

Hermione sonrió, su estómago dio un vuelco. Sujetó el objeto en su palma con cuidado, casi con mimo, pero con muchísimos nervios.

-Berenice.- Susurró. Pero nada.- Cabellera de Berenice.- Nada. Frunció el ceño.- Coma Berenices.- El cubo emitió un suave crack y la madera se abrió dejando a la vista una bola de cristal de navidad con una flor de jade en el interior. La flor brillaba en su interior con un tono azul verdoso, parecía que acababa de ser recolectada, incluso podía sentir el tenue aroma dulzón de la flor.- Severus…- Dijo por primera conmocionada.

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George se rió cuando conjuró un gran dragón de fuego que revoloteaba en la sala de estar para diversión del pequeño Teddy. Hermione apartó la vista y resopló.

-¿Qué te pasa con el profesor Snape?- Preguntó Ginny mientras le acercaba un taza con un chocolate caliente.

-¿A qué te refieres?- Preguntó sorprendida.

-Llevas todo el día pensando en él.- Afirmó su amiga con una sonrisa. El rostro de Hermione se encogió asombrada y confusa.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque no paras de bufar, resoplar y fruncir el ceño.- Explicó cómo si no pasara nada.- El otro día, cuando nos pilló Snape en el callejón Diagon, bromeé con que si con Snape bufabas y fruncías el ceño. Pero en realidad es cierto.- Comentó tranquilamente.- Cuando hablas de él, bufas y resoplas, y casi siempre es porque estás frustrada o desesperada.- Bromeó un poco, sólo para suavizar la expresión de angustia de su amiga.- Sin embargo cuando frunces el ceño, es porque estás pensando él, y si además te muerdes el labio es que porque estás confundida o nerviosa, y/o estás tratando de controlar esos sentimientos. Y en este caso, lo estabas haciendo todo; así que no hay duda.- Confirmó feliz. Hermione lo miró con los ojos muy abiertos. No sabía que era tan fácil de leer.

-Podía estar preocupada por otra cosa. O pensando en…

-¿Sirius?- Preguntó divertida.- No, con él tus expresiones cambian. Sueles quedarte mirando un punto fijo, y si la cosa es más seria a veces te olvidas de respirar durante unos momentos. Y cuando te das cuenta coges aire con rapidez y miras alrededor procurando que nadie se haya dado cuenta.- Comentó. La cara de Hermione era indescriptible.- Y si piensas en ambos, tú cara es un poema.

-¿Así que soy fácil de leer?- Dijo avergonzada.

-Oh…no, no ha sido fácil. He tardado años en perfeccionar la técnica.- Aclaró.- De todas formas es mi único pasatiempo últimamente.- Se sinceró con una risilla malvada y traviesa.- Confesaré que me encanta observarte en el gran comedor y ver lo que pasa cuando entra el profesor Snape, o Sirius, o estamos en el aula de pociones, o aquí en casa. Es divertido y entretenido.- Sonrió.

-¡Ginny!- Le reprochó.- Mi vida no es objeto de estudio.

-Oh… Si lo es; ya lo creo.- Afirmó.- Pero a lo que íbamos, llevas todo el día pensando en el profesor Snape. ¿Por qué?

Hermione la miró, cogió aire y la apartó a una esquina, fuera de las indiscretas miradas de los que pudieran estar en ese momento en la sala.

-Me hizo un regalo de Navidad.

-¿Snape?

-Sí.

-Oh.- Fue todo lo que dijo Ginny sorprendida.- ¿Qué te regaló?- Quiso saber. Pero la castaña no dijo nada, se limitó a morderse el labio. Ginny la miró con atención.- ¿Una poción? ¿Una pluma? Tiene que ser algo malo por la cara que pones…- Hermione negó enérgicamente, la cogió de la mano y la llevó a la habitación.

-¿Herm….- La llamó, pero se calló cuando su amiga la sentó en la cama y le colocó encima de las manos un cubo de madera vieja y apolillada. Ginny se quedó unos segundos mirándola sin saber qué hacer con ella. Después le dio un par de vueltas y frunció el ceño.- Bueno… a ver… ¿Podía ser peor no? Al menos te regaló algo, seguro que tiene un significado.

-Lo tiene.- Susurró Hermione.- Mira esto.- Le señaló los agujeros de la tapa.

-Polillas.

-No.- Hermione sonrió.- Es una constelación. Al principio no me di cuenta, tardé un rato en averiguar que era.- Dijo con una amplia sonrisa, orgullosa de su descubrimiento. Hermione cogió aire, le abrió las manos a su amiga para que la caja fuera estable.

-Coma Berenices.- Susurró tratando de que no se le notara temblar la voz. La caja se abrió suavemente y en el interior apareció la bola de cristal con la flor de jade del interior.

-Merlín Hermione.- Soltó Ginny asombrada.- Esto es… Es precioso.

-Lo sé.

-¿Y esto dices que te lo regaló Snape?- La castaña asintió convencida y un poco divertida ante la cara de perplejidad de su amiga.- ¿Y qué te dijo? ¿Venía con una nota o una tarjeta?- Preguntó aún sin poder creerse que Snape le hubiera regalado eso.

-No.- Negó con la cabeza.- No venía con nada.

-¿Unas iniciales? ¿Un feliz Navidad? ¿Un felices fiestas? ¿Algo?- Insistió.

-Nada.

-¿Segura?- Hermione hizo un pequeño ruido con la garganta mientras asentía.- ¿Y cómo sabes que es él?

-Porque cuando me hizo mi regalo de cumpleaños tampoco me dijo nada, sólo me lo dio sin más y…- Las mejillas de la bruja se tiñeron de rojo.- ¿Te acuerdas a principios de curso cuando fui con Snape a recoger unas flores de noche?- Ginny levantó una ceja pensativa, después asintió lentamente.- Recogimos esta flor, sólo florecían esa noche y su vida es de pocas horas. Hay que procesarlas, cocinarlas y conservarlas antes de que se estropeen.

Ginny abrió los ojos con sorpresa.

-Esto tuvo que haberlo hecho esa noche.- Susurró Hermione.- Fue hace casi dos meses Ginny, dos meses… Y si lo hizo ya entonces…

-¿Eso qué quiere decir? ¿Qué le gustas desde entonces?

-No lo sé… No creo… No sé Ginny.- Soltó.- No sé si la conservó pensando en mi, o la guardó sin más y luego decidió regalármela o…- Dijo frustrada.- ¿Ahora entiendes porque estoy así?- Preguntó la castaña enterrando la cara en sus manos.- Y la caja… Merlín, tú no lo ves, pero tiene… Es… Es cómo él Ginny. Cuando te dije que no venía con ningún mensaje era mentira, si que vino con uno, pero no escrito. Esto… Esto ya es un mensaje; es un… Te reto, te reto a que veas cómo soy, a que averigües como abrirme. Tiene que ser eso…

-Merlín.- Dijo Ginny asombrada.- No pensé que Snape fuera así.- Hizo una pequeña pausa.- Sea como sea Hermione, es un regalo precioso.- Afirmó la joven.- De verdad…

-Lo es… Es espectacular.- Confesó mirando embelesada la flor.

-Pero hay más…- Indicó la pelirroja.- Hay mas Hermione. ¿Qué es lo no que no me has contado?

-Sí, hay mas.- Hizo una larga pausa y miró a Ginny, era su mejor amiga; unos pocos lo sabían y había llegado el momento. Ella se lo merecía.- La contraseña… la palabra para abrir el cubo…- Hizo una pausa.

-¿Berenices?

-Si… Coma Berenices en latín.- Asintió.- La constelación de La cabellera de Berenice. Es una leyenda de una mujer que regaló su cabellera a una diosa en agradecimiento por proteger la vida de su marido.

-Y…

-Yo le salvé la vida a Snape. Fui yo quien le salvó aquella noche en la casa de los gritos…- Susurró Hermione quitándose la muñequera y enseñándole por primera vez Ginny lo que llevaba casi año y medio ocultando.

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Hermione enterró la cara en sus manos.

-Oh… Hermione.- La llamó Ginny mientras la abrazaba.- Lo que hiciste fue algo increíble. Maravilloso.

-Ya, pero no te lo dije.- Se quejó.

-Pero lo hiciste cuando creíste que era el mejor momento.- La tranquilizó.- Ahora entiendo muchas cosas, ahora entiendo tú problema con los vestidos, la escena con Sirius en la tienda. El cuero… Ahora lo entiendo todo. Tenías que habérmelo dicho, no te hubiera dejado sola.

-¿De verdad no estás enfadada?

-Jamás.- Sonrió. Hubo una pausa y ambas se quedaron en silencio uno minutos.- Así que… ¿Snape está así por eso? ¿Por lo que pasó aquella noche?

-Creo que en parte es porque no se enteró de la mejor manera, de hecho no iba a decírselo.- Confesó.- Pero no es sólo por eso y también porque vio cómo Sirius me daba un beso…- Ginny abrió los ojos.- En la mejilla Ginny, ¡en la mejilla!- Se apresuró.- Y vio también como luego me pedía que fuera a comer con él.

-Eso explica muchas cosas…- La chica cogió aire y trató de no reírse.- Está claro lo que ocurre con Snape, te regala esa caja y tiene celos de Sirius. Snape es igual de fácil de leer que tú.- Comentó divertida.- Y yo que pensaba que Snape era frío, tenía que haberme fijado mas.- Hubo otro silencio.- Así que… Sirius y Snape ¿eh?- Sonrió divertida.

-Estoy metida en un buen lío.- Resopló Hermione.

-¿Lío?- Dijo Weasley levantando una ceja.- Tal y cómo lo veo yo, no. Yo lo que veo son opciones y diversión.

-Yo no quiero jugar.- Resopló la bruja indignada.

-De verdad, Hermione; no te puedes quejar. ¿Necesitas hacer una lista de pros y contras?- Ofreció medio en broma.

-Ginny.- Le reprochó.

-Sólo era una sugerencia.- Se rió.

-¿Qué voy a hacer?

-De momento, disfrutar del resto de las fiestas; después ir a la cita con Sirius y luego… Luego ya veremos.- Aseguró abrazándola de nuevo.

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-¿Qué dicen los chicos?- Preguntó Ginny mientras entraba en una de las librerías del callejón Diagon.

-A todos les parece buena idea en realidad.- Dijo Hermione.- Y a mí también la verdad.- Comentó alegre.- Es algo muy muggle ¿sabes?

-Bueno… Que yo sepa nunca se había hecho algo así antes. Al menos eso es lo que dicen mis padres.- Informó Weasley.

-Bueno, no me parece mala idea, es cómo ir a celebrar año nuevo a Times Square, o Picadilly Circus, pero en Hogsmeade, será divertido…

-Granger, Weasley.- Saludó Draco apareciendo de la nada. Las chicas dieron un pequeño salto.

-Malfoy.- Le devolvió el saludo con amabilidad, y sorprendida de encontrárselo ahí.- ¿Qué tal las fiestas?

-Bien, gracias. ¿Vosotras?

-Bien…

-Así que iréis a la fiesta de Hogsmeade.- Afirmó.

-Si, por no quedarnos en casa.- Respondió Hermione. - ¿Tú?- Preguntó.

-Nosotros tenemos una invitación del Primer ministro búlgaro, nos vamos a Durmstrang.- Informó sin más.- Bueno, nos vemos en Hogwarts.- Y haciéndoles una breve reverencia de cabeza de repente se dio media vuelta y se fue mientras ocultaba una gran sonrisa en su rostro.

Hermione y Ginny se quedaron mirando extrañadas, había sido una situación rara. Aparecía de la nada, sin venir a cuento, preguntaba por eso y ahora… Se iba así sin más.

Las brujas se miraron una vez más, se encogieron de hombros tratando de no darle más importancia de la que tenía y continuaron disfrutando de aquella tarde. Aunque había sido raro, muy raro.

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-No he venido para esto.- Gruñó enfadado mientras dejaba el vaso hidromiel de mala manera en la mesa.

-Cómo si tuvieras algo mejor que hacer.- Respondió lentamente.

-Independientemente de lo que puedas pensar y aunque no tuviera nada que hacer; tú compañía no es algo que me guste disfrutar voluntariamente.

-Y sin embargo has venido.- Recordó con una mueca.- Porque estás solo.

-¿Desde cuándo eso es un problema para mí?

-No seas orgulloso Severus.- Le reclamó.

-Es curioso que tú me digas eso a mi Lucius.

-Sí, mira donde me ha llevado a mí el orgullo.- Se lamentó mientras apretaba la mandíbula y endurecía la mirada.- Así que, vas a ir.- Sentenció.- No es una sugerencia; no es una opción, vas a ir.

-¿Y porque debería hacer semejante tontería?

-Porque ella estará allí.- Susurró con malicia.

-¿Quién?

-La muchacha…- Lo miró con sus ojos fríos.- Granger.

-¿Granger?

-Sí, por lo que me han dicho ella estará allí.- Insistió.

-¿Y eso que importa?

-¿No tuviste una cita con ella y la besaste?- Preguntó con duda, cómo si se hubiera equivocado. Snape bufó colérico, sus fosas nasales se ampliaron para coger mas aire y la vena de su sien latió con una fuerza tan brutal que podía apreciarse a un par de metros de distancia.- Creí que te gustaba.

-¡Draco!- Gritó furioso el pocionista, nunca había gritado tanto. Después miró a Lucius.- ¡Yo no la besé! - Se excusó.- ¡Draco!- Lo volvió a llamar aun más fuerte. Segundos después, el rubio entró en la biblioteca, con su característica sonrisa de superioridad y su porte altanero.

-¿Si? ¿Ocurre algo padrino?- Preguntó con formalidad.

-Cómo si no supieras porque te llamo.- Le gruñó.- ¿No podías tener la boca cerrada?

-A mi ya no me estabas haciendo caso, así que pedí refuerzos.- Dijo simplemente.

-Draco.- Dijo el padre con firmeza.- Dice que no la besó. ¿Me mentiste?- Demandó.

-Claro que no padre.- Soltó.- En teoría ella le pidió que lo besara y él aceptó.

-¿Así que encima tuvo que pedírtelo ella?- Protestó Lucius levantando una ceja.- ¡Draco!- Le gritó enfadado.- Esto es más grave de lo que pensaba, tenías que habérmelo dicho antes.

-No pensé que fuera tan orgulloso padre.- Objetó el chico.

-¿En qué momento eres tan obtuso que una mujer tiene pedirte que la beses? Tenías que haberlo hecho tú sin que te lo pidiera. ¡Eres una vergüenza para Slytherin Severus!

-Lo que me faltaba por oír.- Gruñó.- ¿Ahora estáis los dos en mi contra?

-¿En tú contra?- Malfoy padre lo miró a la cara.- Estamos intentando que no te tires otros 20 años lamentándote por el amor de una mujer porque no fuiste capaz de afrontarlo.

- ¿Amor? ¿Qué amor? ¡Yo no estoy enamorado de Granger!- Gritó furioso.

-No, aun no, pero es cuestión de tiempo padrino.- Susurró el joven con una media sonrisa divertida.

-Mi hijo tiene razón Severus.

-Venir aquí ha sido una pérdida de tiempo.- Masculló mientras se levantaba y se iba.

-¡Severus!- Le llamó.- Irás a esa fiesta.- Ordenó.- Irás por voluntad propia o te obligaré con un Imperius, sabes que lo haré.- Le amenazó.

-No puedes conmigo, nunca pudiste.- Espetó con una mueca de superioridad, recordándole quien era más poderoso.

-Yo sólo no, pero te juro que a Narcisa tampoco le temblara la varita si tiene que ayudarme, y a Draco tampoco.

El pocionista bufó irritado y salió por la puerta dando un portazo y haciendo chillar a varios cuadros de la mansión.

-¿Algún plan de contingencia padre?

-Siempre, pero no será necesario esta vez.

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-Te preguntaría que pasa, pero en realidad ya lo sé.- Comentó con calma. El hombre se apoyó en el marco de la puerta mirándolo.- ¿Cuándo pensabas decírmelo Padfoot?

-¿El qué?

-Que te gusta Hermione.- Sirius lo miró unos segundos y cogió aire.

-Debe notárseme mucho para que me lo digas ¿no Moony?

-No todavía.- Sonrió.- En realidad se le nota a Hermione.

-¿Cómo? ¿Dijo algo?

-Ah… No.- Respondió feliz.- Ella te delató porque he visto cómo te mira. Así que me fijé en ti y vi cómo reaccionabas. Ha sido fácil.- Hizo una breve pausa.- Sirius…- Dejó la pregunta en el aire.

-Me gusta Moony.- Le confesó mientras se dejaba caer en uno de los sofás de la sala.- De verdad me gusta.- Se rindió.

-Lo veo. ¿No tengo que darte ninguna charla verdad?- Preguntó mientras se sentaba a su lado.

-¿Qué charla?

-Esa donde ejerzo de amigo, y te digo que Hermione no es una más de tus conquistas.

-No, no necesito esa charla.- Susurró mientras lo miraba.- Jamás le haría daño a Hermione.- Confesó. Remus soltó una breve carcajada mientras le daba unas palmaditas en la espalda.- Lo sabes…

-Lo sé.

-De todas formas, puedo asegurarte que Hermione puede cuidarse sola.- Le recordó Sirius.

-Lo sé.- Dijo de nuevo.- Sigue siendo la chica de su edad más brillante que conozco.- Afirmó Lupin con orgullo.

-Lo es… No tienes idea de cuánto.- Aseguró el Black.

-¿Por tú cara deduzco que no has tenido ninguna cita con ella?

-No aún.

-¿Las besado?

-No.

-Merlín, esto es grave.- Bromeó Remus.

-Pero me muero de ganas de besarla Moony, es solo que…- Sirius se levantó, nervioso y entusiasmado, como un niño a punto de abrir sus regalos de Navidad.- Es Hermione.- Dijo llanamente. Cómo si eso fuera ya de por sí una respuesta.- ¿Sabes? Es increíblemente inteligente, independiente, fuerte y condenadamente preciosa. Y cuando se ruboriza porque me acerco a ella… ¡Merlín Remus! Me dan ganas de abrazarla y besarla hasta no poder mas.- Soltó.

-Nunca te había oído hablar así de ninguna mujer.

-Porque ella no es cómo ninguna mujer que haya conocido.- Se sinceró.

-Y no la has besado porque…

-Es complicado.- Dijo sin más. Remus sólo asintió.- No quiero presionarla, no quiero que se sienta obligada, y quiero que confíe en mi… No quiero que piense que es otra más… No quiero estropearlo.

-Pues si que te gusta… si.

-Mucho Remus. Me tiene loco esa mujer.

Los dos se miraron, el hombre lobo se acercó a su amigo y le puso una mano en el hombro.

-Le he pedido una cita…

-¿Y?

-Me dijo que si Remus.- Sonrió. Una sonrisa amplía, feliz como un niño con regalos nuevos. Sus ojos grises brillaban cómo nunca lo habían hecho. Lupin soltó una leve carcajada y lo miró.

-Si no te conociera Sirius, pensaría que te estás enamorando de ella…

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-¡No voy a decirte nada!- Dijo Ginny levantando las manos en señal de paz.- Ahora que lo sé, no voy a decirte nada de la muñequera. Eso lo primero.- Se defendió.- Pero…

-Pero que…- Soltó.

-¡Es que esto no tiene nada que ver con la muñequera!- Se quejó la joven. Hermione levantó una ceja.- ¿Quieres dejar de parecer Snape?- Espetó la pelirroja ciertamente divertida.- Es raro…

-Más raro es que tenga que usar un vestido sólo porque es fin de año.- Protestó mientras se cruzaba de brazos. Hermione sonrió, cogió el bolso de mano, la miró con una sonrisa amplia y bajó las escaleras donde ya todos esperaban.

-¡Es lo habitual!- Gritó Weasley apareciendo tras ella.

-¿Habitual?- Preguntó Tonks.

-Quiere que lleve un vestido, está obsesionada con que lleve vestidos.- Resopló Hermione.

-Es fin de año.- Protestó Ginny.

-Cómo si es el fin del mundo.- Comentó sonriendo. El grupo se rió fuertemente y comenzaron a acercarse a la chimenea.

-Hermione.- Susurraron en su oído mientras la cogían por el brazo y la arrastraban del resto.

-Sirius…- Soltó llevándose la mano al pecho. Sus mejillas se tiñeron de un suave rosa y agachó la cabeza.- ¿Todo bien?

-Sólo quería decirte lo verdaderamente espectacular que estás hoy.- Halagó suavemente.

-¿Incluso sin vestido?- Bromeó Hermione.

-No intentes desviar mi atención, sabes lo que opino de eso.- Sirius la miró de arriba abajo, no se cortó, la admiró cómo si nunca la hubiera visto. Aquella mujer de pelo castaño recogido, de labios rojos rubí, pestañas largas y negras, de traje negro entallado y camisa blanco cegador marcando su pecho. El pantalón satinado se ceñía a su cintura, se amoldaba a su cadera y bajaba pegado a sus largas piernas hasta los tobillos, donde se encontraba subida a unos espectaculares zapatos altos cerrados.

Había algo en esa mujer que lo volvía loco.

Vio con auténtico placer cómo sus mejillas se sonrojaban ante sus palabras…

¡Merlín!

Era su perdición. No podía más.

-Sirius.- Lo llamó suavemente. Se acercó a ella con extremado cuidado, levantó una mano para posarla apenas en su cintura, sintiendo sutilmente la textura sedosa de la chaqueta del traje. Respiró lentamente, tratando de calmarse, tratando de encontrar las fuerzas suficientes para no rodearla con sus brazos y fundirse en ella.

Hermione volvió a respirar. Quizás llevaba un minuto o dos sin oxígeno, no podría decirlo con exactitud. Sus ojos castaños estaban fijos en él, hipnotizada, maravillada con su colonia, con el calor que desprendía su cuerpo, con la mano que se posaba en su cintura. Suspiró.

Se acercó a él, y besó su mejilla, cerca de la comisura, lentamente, recreándose, deleitándose en aquellas cosquillas que sentía en los labios por su barba de dos o tres días.

Sirius se apartó apenas unos centímetros de ella sólo para disfrutar del maravilloso rubor que cubría sus mejillas suaves y cálidas. Era encantadora. Se acercó a ella de nuevo, pero no tenía intención de devolverle el beso, no en la mejilla al menos. Suspiró contra sus labios al sentir su calor y el delicado aroma de la vainilla, casi podía tocarlos.

-¿Vais a venir o no?- Chilló Ronald.- Sois los últimos.

Hermione gruñó y se apartó rápidamente de Sirius, mientras miraba un poco enfadada y un poco asustada a Ron. Pero también excitada por lo que podía haber pasado.

-¡Es la segunda vez Ronald!- Le recriminó la chica mientras pasaba como un huracán junto a él, metiéndose en la sala y dejándolos solos a los dos hombres.

-¿Por qué tengo la sensación de que he vuelto a interrumpir algo?- Le preguntó a Sirius confundido. El hombre resopló, pero le otorgó una sonrisa divertida, se acercó a él, e igual que había hecho la última vez posó una mano sobre su hombro, le guiñó un ojo y lo dejó solo mientras se metía en la red Flú.- No entiendo nada…

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Sintió los copos de nieve rozar su rostro. Las calles estaban decoradas y llenas de gente, los locales aun estaban abiertos, los dos pubs a rebosar. Las luces doradas y blancas decoraban cada uno de los rincones de Hogsmeade. El centro del pueblo, justo donde se erigía la fuente de mármol gris, era el epicentro de la fiesta. Todo se centraba ahí, toda la atención se concentraba alrededor de aquel monumento.

Todos los magos y brujas vestidos para la ocasión con sus mejores galas y ataviados con gruesas capas y túnicas que los protegían del tiempo, aunque a unos pocos ya no les importase mucho de todas formas.

Nunca había estado en algo así. Sonrió, se refugió tras su gruesa capa negra y avanzó hacía la fiesta rodeada de sus amigos.

El pueblo había decidido celebrar una gran fiesta al aire libre. La fiesta de fin de año.

Podían haberse quedado en Grimmauld place cómo habían previsto en un principio. Pero la idea les había parecido a todos mucho más interesante y menos aburrida que la tradicional cena y borrachera en casa.

El ambiente era festivo, y desde luego muchísimo más agradable de lo esperado. El grupo avanzó feliz un rato, se acercaron a las tres escobas y consiguieron un hueco en una esquina. No estaba tan lleno a pesar de todo, la gente prefería estar fuera, disfrutando de la última noche del año.

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Hermione disfrutó de la fiesta cómo nunca, no paraba de hablar con la gente, de reírse con sus amigos que iban y venían, de copas en su mano que nunca estaban vacías, de la mirada de Sirius que la seguía con interés allá donde iba.

El bullicio enloqueció. El momento llegaba. Sonrió feliz y salió al exterior, junto a la fuente. Sintió un calor a su espalda y un aliento cálido rozar su nuca…

-Sirius…- Susurró con una sonrisa.

-¿Cómo sabes que era yo?

-Tú colonia.- Recordó.- Me encanta tu colonia.- La joven dio media vuelta para mirarlo y le sonrió. El griterío aumentó. La gente salió al exterior.

Un cohete estalló en el cielo iluminando Hogsmeade con un gran número 10 en rojo brillante.

-¡Diez!- Gritó la gente.

Sirius se acercó a ella.

-¡Nueve!

-¿Serás mi última persona y la primera que vea este año?- Preguntó lentamente el hombre.

-¡Ocho!- El número del cielo se volvió verde.

-Me encantaría.

-¡Siete!

-Sirius…

-¡Seis!- Gritaron.

-¡Cinco!

-¡Cuatro!

-¡Tres!

-¡Dos!

-¡Uno!- Chilló la multitud. El cielo estalló en colores con cientos de fuegos artificiales y de gente gritando de felicidad y agitando sus copas. Black se acercó a ella y la abrazó.

-Feliz año Hermione.

-Feliz año Sirius.- Devolvió mientras se separaba un poco de él, Sirius agachó la cabeza decidido, Hermione levantó el rostro y cerró los ojos disfrutando del momento… Quería tanto besarlo, quería…

-¡Feliz año!- Gritó alguien abrazando a la bruja con fuerza y apartándolo del hombre.- ¡Feliz año Hermione!- Granger abrió los ojos confundida y viéndose arrastrada de aquel cuerpo cálido para sentir que otros brazos la estrujaban con poca delicadeza y torpeza.

¿Qué?... ¿Por qué no estaba besando ahora a Sirius? ¡Tendría que estar besándolo!

-¿Ron?- Gruñó Hermione.- Te mato, te mato… No llegas vivo al año que viene.- Masculló enfadada.

-¿A ti que te pasa? ¿Es así cómo me recibes en los primeros segundos de año nuevo?

Hermione se resignó.

-¡Tienes la inteligencia de una lechuga Ronald!- Le chilló. Ron parpadeó confuso, pero se encogió de hombros. Tenía la impresión de que había vuelto a meter la pata, pero no sabía exactamente en qué…

Hermione se giró y buscó a Sirius, pero ya lo habían arrastrado a un grupo de magos y brujas que le deseaban un feliz año con mucho entusiasmo.

La chica resopló, se resignó y se apartó un poco mientras disfrutaba de los fuegos artificiales y de su copa de… Lo que fuera que estuviera bebiendo en aquel momento.

-¿Sirius te ha dejado sola?- Preguntó la bruja acercándose a ella.- Feliz año Hermione.- Felicitó feliz mientras le daba una abrazo.

-Feliz año.- Murmuró con una gran sonrisa.- No es una cita Ginny, hemos venido todos juntos y esto es una fiesta. Puede ir y estar con quien quiera.

-¿Con quien quiera? ¿Seguro?

-Realmente puede, no somos nada…

-Ya bueno… técnicamente tienes razón pero…

-¿Pero qué?

-Nada… Pero nada.- Se encogió de hombros.

-Puedo disfrutar de la fiesta y de las primeras horas de año nuevo yo sola.- Remarcó Hermione.- Y eso pienso hacer.- Le sonrió mientras la dejaba sola junto a la plaza. Paseó entre la gente, felicitó y saludó a varios conocidos. Disfrutó de la noche y tras un buen rato se metió en las tres escobas para renovar su copa de... Champán, parecía que lo que estaba bebiendo ahora era champán. Curioso. Juraría que hacía unos minutos era ponche de brandy.

El pub estaba caldeado, había un pequeño grupo de hombres en la barra. Harry estaba rodeado con algunos miembros del Ministerio, amigos…

Hablaban animadamente sobre algo, pero a la bruja no le interesaba mucho. En su mayoría parecía la típica conversación de hombres de ver quien la tenía más grande, o exhibiendo la mejor conquista. Como siempre, una pelea para ver quién era el mejor. Y dado el nivel de alcohol que empezaba a correr por los gaznates de varios, estaba más que segura que faltaría poco tiempo hasta que los comentarios sobre mujeres fueran aún más escandalosos.

Hombres…

Tan primitivos…

Tan simples….

Vio el espectáculo de un par de ellos bebiendo dos jarras de cerveza de golpe.

Puso los ojos en blanco. Encantador…

¿De verdad era necesario ese alarde de estupidez galopante? ¿De testosterona? Sólo les faltaba golpearse el pecho y gruñir. Bufó molesta, pensando sinceramente en volver con Ginny o buscar otro tipo de compañía más adecuada. Su mirada se clavó en un punto, en medio de todos aquellos hombres.

-Beba, diviértase por una vez.- Pidió divertido. Snape los miró a todos con genuino aburrimiento. Hermione se sorprendió de verlo ahí. ¿Snape en una fiesta como aquella? ¿Qué hacía el hombre en una fiesta de fin de año? ¿Con gente? Mucha gente…

-Mi concepto de diversión difiere del suyo Potter.

-Vamos.- Insistió.

-¿Y acabar borracho?- Espetó alzando una ceja.- No es algo que aprecie.

-¿Nunca consumes alcohol mas allá de esa copa de hidromiel?- Preguntó el hombre tras la barra.

-No. El consumo de alcohol desmesurado me parece más apropiado para una reunión de chimpancés.

-Que poco aprecias las cosas… Con lo estimulante que es…- Soltó Potter feliz.

-Quizás ese tipo de estimulantes no sean lo mío entonces.- Hizo una mueca extraña mientras arrastraba las palabras hasta hacerlas casi inaudibles. Los miró a todos y le dio un ligero sorbo a su copa para luego desecharla sobre la mesa casi intacta. Sintió unos ojos castaños mirarlo y le devolvió la mirada con firmeza a través de la gente. Levantó la mano y movió los dedos suavemente, como si estuviera acariciando algo en el aire.- Yo prefiero sentir la ligera curva que se forma al final de la espalda de una mujer, la firmeza de su piel, el hueco entre la clavícula y el cuello…- Susurró con lentitud, arrastrando las palabras hasta convertirlas en terciopelo. Hermione lo siguió observando con los ojos abiertos mientras su respiración se cortaba y su pulso se aceleraba.- Eso si es estimulante Potter, no el alcohol.- El hombre asintió.- Si nunca ha experimento lo que se siente al besar a una mujer y sentir cómo esta se eriza con un simple roce... Entonces mejor que siga bebiendo.- Aconsejó mientras se iba de las tres escobas dejándolos a todos asombrados, a los hombres con la mandíbula desencajada y a las mujeres suspirando con deseo.

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Hermione se disculpó con el profesor Flitwick que trataba de pararla para hablar con ella. Salió a la calle y lo buscó. Pero había mucha gente, cientos de personas disfrutando, bebiendo, hablando, gritando, tambaleándose en el peor de los casos.

Caminó un poco mas, buscándolo entre la multitud. Se mordió el labio molesta y frustrada. No había visto a su profesor desde el baile de Navidad, excepto hacía escasos minutos, cuando lo había visto aparecer en las tres escobas. Pero había sido algo fugaz, demasiado. No le había podido agradecer su regalo, y quería hacerlo. Estaba decidida a hacerlo…

El problema es que tras sus palabras tan…

Bueno; que tras aquel pequeño discurso se había quedado mirando embobada hacia la puerta por donde había salido. Sin poder hablar, sin poder moverse, con la boca abierta y el corazón latiendo contra su pecho con violencia. ¿Qué demonios había sido eso?

Estaba claro lo que había sido; había sido lo más sensual y malditamente erótico que había escuchado en toda su corta vida. Oír su voz decir aquello, y sentir su mirada oscura clavada en ella mientras lo decía, había sido mejor que muchos de los orgasmos que había sentido en su vida. Su piel se había erizado, su respiración agitado y su estómago había dado un vuelco mandando corrientes de placer a todas y cada una de las células de su cuerpo. ¡Merlín! ¿Desde cuándo Snape era capaz de provocar eso? O mejor dicho, ¿de provocarle eso a ella?

Evidentemente después de aquello le había costado bastante volver a la realidad y darse cuenta de que quería hablar con él.

Se cruzó de brazos y paseó suavemente hasta las afueras del pueblo. Resopló frustrada al no verlo.

-¿No tiene amigos con los que estar?- Preguntaron con acidez a su espalda.

-Profesor.- Dijo asustada, pero rápidamente sonrió. La verdad es que se alegraba de verlo, se alegraba mucho de verlo.- Debería pero…

-¿Decidió salir a buscarme?- Alzó una ceja.

-Sí.- Admitió.

-¿Por qué?

-Recibí su regalo de navidad.- Susurró sonriendo.

-¿Qué regalo?- Espetó con desdén. Pero Hermione continuó sonriendo.

-Muchas gracias.- Agradeció.- La caja… es verdaderamente maravillosa. La cabellera de Berenice… -Susurró mirándolo, queriendo observar sus reacciones. Pero sólo pudo apreciar la más absoluta indiferencia.- Y la bola de navidad con la flor de jade, la noche que estuvimos recolectándolas hace dos meses…- Recordó sonriendo.- Gracias. Gracias…- Insistió.- Es de los mejores regalos que he recibido en mi vida.- Snape la observó unos segundos más, después dio media vuelta para irse.

-¡Profesor!- Lo llamó corriendo hacia él. Snape se giró justo a tiempo para verse rodeado por una brazos cálidos que lo apretaban con fuerza. El hombre farfulló un poco incómodo. Pero apenas fueron unos segundos, después la rodeó con los brazos y le devolvió el abrazo.

No supo exactamente cuánto tiempo había estado abrazado a ella. Podían haber sido un par de minutos, o la noche entera, le daba igual. Trató de no soltar un gruñido disconforme al notar cómo la bruja se separaba de él, al igual que trató de que no se le notara que no estaba enfadado. Debería estarlo… aun lo estaba…

-Por favor…- Suplicó Hermione.- Dígame que me ha perdonado.- Pidió.- Por favor…

Su suplica hizo que sus ojos negros se posaran en ella con una brillo curioso.

-¿Por qué exactamente?

-Por mentirle y por lo de Sirius.- Soltó decidida.

-Confiaba en usted.- Susurró de repente. Aunque no sabía si aun se lo decía con reproche o resignación. Hermione abrió los ojos de golpe, odiaba oírle decir eso.- Y encima… Si, odié ver a Black cerca de usted.- Su conmoción aumentó. Nunca había sido tan directo con ella, nunca.

-Siento no habérselo dicho antes, pero más siento que no confíe en mí.- Murmuró con tristeza. Hubo un breve silencio, Hermione pensó que no había más que decir, al menos ella no tenía más que decir, no de momento, no; si él seguía así.

Snape gruñó. Molesto, enfadado, irritado incluso.

-Pensé que confiaba en mi… a pesar de todo.- Se sinceró Snape. Hermione abrió los ojos de golpe. ¿Se trataba de eso? ¿Se trataba de que le dolía que no confiara en él?

-Sí que confío en usted, con mi vida.- Soltó de golpe, sin darse cuenta de lo que sus palabras podían implicar. De lo que esa afirmación podía significar o cómo se podía interpretar.- Lo digo de verdad, lo siento. Siento no habérselo dicho, pero es lo único que siento.

Snape bufó y la miró.

-Supongo que he de darle las gracias entonces.- Siseó. No estaba claro si era sarcasmo o lo decía de verdad, había sido un tono de lo más raro. Sin embargo Hermione quiso entenderlo cómo una aceptación de su disculpa. Sonrió, sonrió feliz de oírle decir eso. Y por un momento, unas décimas de segundo, sintió cómo el hombre frío y reservado se relajaba un poco.

-Sólo espero que pueda volver a confiar en mi.- Confesó con esperanza la bruja.- En cuanto a lo otro. ¿Puedo hablar sinceramente?

-¿Y que ha estado haciendo hasta ahora?- Espetó con una ceja alzada.- ¿Mentirme de nuevo?

-Por favor…- Pidió. Snape solo asintió y trató de ocultar la curiosidad genuina que se esforzaba por salir a la superficie.- Siento que le moleste que Black esté cerca de mí, pero eso no voy a evitarlo. Primero porque no quiero, y segundo porque no puedo.- Informó seriamente.- Pero quiero que sepa que me gusta profesor, me gusta mucho.

Ahora sí que no tenía nada más que decir. Hermione cogió aire y fue el momento de que ella se diera la vuelta.

-Granger.- La llamó con firmeza. La joven se quedó en el sitió, sintió cómo le daban la vuelta agarrándola por los brazos con ambas manos, y cómo unos labios fríos besaban los suyos. Abrió los ojos sorprendida, pero encantada por sentir de nuevo su aliento contra ella. Jadeó contra él.

El Slytherin rápidamente se separó.

-Feliz año Granger.- Masculló.- Y gracias por las especias.- Susurró antes de desaparecerse delante de sus narices.

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.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- Fin de capítulo.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Cómo me ha gustado este capítulo. Las que adoráis a Sirius me habréis mandando a la mierda, las que lo odias, casi que también.

Las que odiáis a Ron, ahora lo odiáis más por meter las narices donde no le llaman. A menos que odiéis también a Sirius, en cuyo caso, esta vez os gustará el zanahorio por haberle frustrado dos intentos a Black.

La que no está contenta es Hermione jejejej dejar con las ganas es frustrante. Aunque luego Severus la calmó un poquito. Eso no lo visteis venir seguro. De hecho yo tampoco lo vi venir…

Me salió sin pensarlo pero dije… Ahí se queda, hay que darle una alegría al cuerpo a la mujer.

Luego el detalle de la caja… Sólo podía ser de Severus. Pero no os relajéis, que la semana que viene, es la cita con Sirius. XD

Gracias por los mensajes y el apoyo y a las que me leéis simplemente: Gracias.

Saludos de Cloe