Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo Siete
Bella no se atrevió a entrar a su habitación de nuevo esa noche, sino que eligió acurrucarse en el sofá, un arreglo con el que Sam estaba más que feliz, mientras se unía a ella en la manta, durmiendo fácilmente. Se acostó debajo de la manta, acariciando el cálido pelaje de su espalda, sintiendo las crestas de su columna bajo sus dedos mientras trataba de sofocar el pánico que burbujeaba en su pecho. Cada vez que cerraba los ojos veía esa mirada oscura e implacable perforando su alma.
Sam se retorció mientras dormía, persiguiendo a algún desprevenido roedor en sus sueños.
El descanso de Bella estuvo inquieto y atormentado por los sueños de un hombre hermoso con manos suaves y ventanas iluminadas y laberintos oscuros.
Bella se levantó poco después del amanecer, no mejor descansada de lo que había estado cuando se despertó después del… ¿sueño? Cristo, ¿cómo se suponía que debía llamarlo? No era un sueño y ella lo sabía. Ese hombre estuvo en su habitación, en su cama.
Pero también estuvo en Cullen Hall.
Bella suspiró, sorbiendo su té sin probarlo. Se le revolvió el estómago ante la idea de comer, era demasiado temprano y había dormido muy poco. Sam no tuvo tales escrúpulos, miró fijamente en la alacena donde se guardaba su comida y ella le sirvió un plato antes de sentarse a la mesa de la cocina, mirando las tres flores que ahora estaban en el jarrón. El radiante tulipán parecía casi alarmantemente brillante con sus vulgares pétalos escarlata comparado contra los tonos más pálidos del áster y el narciso.
Una prueba más de que no fue un sueño.
En un intento ridículamente infructuoso de apartar el asunto de su mente, Bella se sentó en la mesa de la cocina, de espaldas tanto a las flores como a Cullen Hall, mientras abría su novela de nuevo.
Durante un par de horas leyó lo que ya estaba escrito, editando y manipulando la estructura de las oraciones en un intento de evitar el final que aún no tenía. El sol se deslizó por la cocina y Bella bebió una taza de té tras otra, anotando ideas en su cuaderno hasta que su estómago gruñó por la cantidad de líquido y la falta de alimento que había recibido.
Acababa de abrir el refrigerador —Sam apareció mágicamente a su lado en caso de que encontrara algo que quisiera arrojarle— cuando alguien llamó a la puerta. Para decepción de Sam, cerró el refrigerador y se dirigió a la puerta principal.
Jacob le sonrió cálidamente desde el umbral y ella le devolvió la sonrisa, complacida de ver su rostro familiar.
—Buenos días, Bella. Solo quería pasar a saludar de camino a la casa —dijo y Bella se apoyó en el marco de la puerta, observando el cielo azul claro.
—Hace un buen día para eso —murmuró tontamente.
—La primavera está en camino —asintió.
—Estaba a punto de preparar el almuerzo. Entra. —Ella dio un paso atrás y él la siguió a la cocina, Sam bailando encantado alrededor de las piernas de Jacob. Jacob se sentó a la mesa, acariciando la cabeza de Sam, que descansaba dócilmente sobre su rodilla.
Bella preparó unos sándwiches con gruesas rodajas de jamón curado y trozos de queso cheddar mientras Jacob charlaba, pero apenas escuchó mientras hablaba sobre semillas y deshierbe. Se preguntó si debería contarle sobre la escapada de la noche anterior y vaciló mientras cortaba los sándwiches, dividida entre querer una segunda opinión y no querer parecer completamente loca.
—¿Jacob?
—¿Sí?
—Um... —Se sentó, deslizando el sándwich hacia él, y envolvió sus manos alrededor de su taza—. Creo que... Jacob, hay algo... extraño sucediendo.
—¿Qué pasa? —La miró preocupado y ella negó brevemente con la cabeza.
—Ni siquiera sé por dónde empezar.
—¿Es un cliché decir que por el principio? —Sonrió y ella también mientras le daba un gran mordisco a su sándwich.
Entonces ella le contó. No todo, solo que había tenido un sueño extraño —renunciando a los vergonzosos detalles íntimos— y la reacción de Sam a la casa, su propia opinión de la casa y lo que había visto en la ventana.
Eso llamó su atención y se inclinó hacia adelante, frunciendo el ceño. Cuando ella negó con la cabeza en silencio, él puso sus dedos sobre los de ella para consolarla.
—Había alguien en la ventana. Un hombre. —Se estremeció, observando sus manos unidas—. Él me estaba observando, Jacob. Se quedó allí, mirándome. Entonces Sam ladró y salté, dejé caer la linterna. Cuando levanté la vista hacia la ventana, ya no había nadie allí y la luz estaba apagada.
—¿Qué hiciste?
—Volví aquí tan rápido como pude. —Ella sonrió débilmente y Jacob también sonrió, acariciando sus dedos antes de retirar su mano.
—Esa es una historia increíble.
—Lo sé.
—¿Se encendieron las alarmas? ¿Verificaste si las puertas estaban abiertas?
—No, no lo hicieron, y no, no lo hice. —Bella suspiró, sabiendo lo que venía.
Jacob retiró la mano y apoyó la barbilla en el puño, observándola. Bella mantuvo su mirada en la mesa mientras él se sentaba en silencio, pensativo.
—Bella, ¿es posible que estuvieras soñando?
—Jacob, no…
—Es solo... dices que tienes un sueño extraño. Y luego ves a este hombre en la ventana, pero ninguna de las alarmas sonó… bueno, dijiste que simplemente desapareció.
Bella miró un punto en la mesa de madera, trazándolo con la punta de un dedo. ¿Tenía algún sentido continuar esta conversación? Claramente no le iba a creer.
Pero ella no podía contarle sobre el resto. Las flores, los sueños… esos estaban más allá de toda explicación, y ella no quería escucharle intentarlo.
—Vienes de un apartamento en el centro de Londres al centro de la nada. Quiero decir, estás bastante aislada aquí, Bella, eso puede hacer que tu mente te juegue una mala pasada. Tuviste un sueño extraño y luego simplemente te dejaste llevar —sugirió Jacob para tranquilizarla—. No te estreses, ¿de acuerdo? Y tampoco te sientas tonta, le pudo pasar a cualquiera.
Pero una pizca de miedo se había plantado en su pecho cuando volvió su mirada hacia las flores en el alféizar de la ventana, sabía que algo no estaba bien en Cullen Hall.
—¿Pensé que solo venías dos veces a la semana en esta época? —inquirió Bella mientras lo acompañaba a la puerta. Jacob asintió, rodando un poco los ojos.
—Ese era el plan. Ayer recibí una llamada de Shelley Cope. La familia viene a la casa.
—¿La familia?
—Los Cullen. No se han quedado en la casa en unos quince años y han decidido que ahora es el momento de volver, así que tengo que hacer que los jardines luzcan lo mejor posible antes de que lleguen. Deberían pasar un par de semanas antes de que estén aquí, pero aún queda mucho trabajo por hacer.
—Qué extraño, ¿por qué ahora? —Bella sintió un malestar en el estómago ante la idea de que su tranquila vida se viera perturbada.
El rostro de Jacob cayó ligeramente.
—Emmett, uno de los hijos del señor y la señora Cullen, su esposa Rosalie acaba de tener un aborto espontáneo. Además fue casi al final del embarazo, según mencionó la señora Cope. Se están reuniendo para apoyarlos a ambos y tendrán mucha privacidad aquí.
El dolor atravesó el corazón de Bella al pensar en el pobre bebé perdido de Rosalie, emanando de la emoción que sentía cada vez que visitaba la tumba de su propio bebé. Todavía colocaba flores allí todos los meses.
—Ya veo —comentó ella suavemente, sin querer traicionar sus emociones. Jacob asintió malhumorado, luego extendió la mano y le apretó el hombro.
—Será mejor que me ponga a trabajar. Gracias por el almuerzo y… aquí… —Le tendió un papelito—. Ese es mi número de teléfono móvil. Si pasa algo, llámame. No vivo lejos, puedo estar aquí en quince minutos. Solo ten en cuenta que si llamas antes de las ocho de la mañana, mi esposa puede volverse loca y romper el teléfono si la despiertas.
—Gracias, Jacob. —Bella sonrió levemente, metiendo el número en su bolsillo, y él se despidió de ella antes de ir a su camioneta y subirse. Bella se paró en la puerta, viendo como el vehículo blanco desaparecía camino arriba.
Cerró la puerta y se giró, regresando a la cocina. Sam estaba oliendo una miga en la mesa y ella le frotó la cabeza mientras llevaba los platos al fregadero, donde se quedó un momento, observando las tres flores que estaban en el jarrón, la luz del sol se reflejaba en el vidrio e irradiaba figuras brillantes en las paredes.
Bella negó con la cabeza y abrió el grifo, cuidadosamente manteniendo sus ojos en el fregadero en lugar de más allá de la ventana, al otro lado del césped, hacia la casa en la distancia.
Es bastante inverosímil la historia de Bella, así que no podemos culpar a Jacob de no creerle, a lo mejor más adelante...
Mil gracias por sus comentarios, alertas y favoritos, es reconfortante saber que les está gustando la historia. En el grupo de Facebook compartimos imágenes, adelantos y contenido relacionado a las traducciones, les esperamos.
No se olviden de decirme qué les pareció el capítulo.
Nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai
