CAPÍTULO 9

La mansión Gillemot Hall se convirtió en todo un caos en la mañana de ese domingo, 25 de marzo. Marcus estaba tan furioso, que se mantenía sentado en un sillón del despacho de Sasuke, con las manos cerradas en un puño sobre las rodillas, y el rostro tan rojo como un tomate, e inexpresivo como el de una estatua. Eva se encontraba sentada en el brazo del asiento, acariciándole el cabello, mientras daba pequeños mordiscos a una barra de cereal. Jonathan y Sophia hacían llamadas a todas las propiedades de la familia, y a los hoteles más frecuentados por ellos. Lara y Daniel conversaban en un sofá, sin hacer el más mínimo contacto físico.

Sasuke mantenía a Sakura abrazada, esperando a que se le pasara el dolor de cabeza que le había dado la noticia. Y Joseph se mantenía de pie junto a un ventanal, mirando hacia los jardines. Sakura llevaba varios minutos mirándolo, esperando algún tipo de reacción por su parte, algo que indicara lo que pensaba de las acciones de su hijo, y nada pudo atisbar más que melancolía; la misma que le veía siempre.

―¿Qué crees que esté pensando tu tío Joseph de todo esto? ―preguntó Sakura a Sasuke en voz baja, para que nadie más la escuchara.

―Seguramente está pensando en mi tía Lizzy. Es lo que hace siempre.

―Iré a hablar con él. Sakura se acercó, y le brindó una leve sonrisa cuando él la miró.

―Joseph, ¿se encuentra bien? ―preguntó suavemente. El hombre le devolvió la sonrisa y asintió.

―En lo que me está permitido sí, Sasuke. Sakura guardó silencio por un momento. Sabía que él se refería a la ausencia de su esposa.

―Me siento perdido ―continuó el hombre―. Mi hijo se fuga con su novia, nadie sabe a dónde, y mi hija está demasiado interesada en un hombre, que casualmente es el hermano de la chica de Kendal. ―Suspiró y cerró los ojos por unos segundos, como si deseara contener las emociones―. Ella sabría qué hacer. Sakura extendió la mano y se la colocó en el brazo, para reafirmar sus siguientes palabras.

―Usted ha realizado un excelente trabajo con ellos dos, Joseph. No tiene por qué dudar de las decisiones que toman. Claro, lo de Kendal es el colmo, y aun así, ya tiene edad para responder por sus actos. Y Eva parece un poco loca, pero sabe lo que hace. Joseph esbozó una gran sonrisa, que Sakura consideró, lo hacía ver mucho más guapo a pesar de sus años.

―Eva me recuerda a mi Lizzy. Es idéntica a ella en todos los aspectos. Mi vida era aburrida hasta que la conocí. Ella llegó para convertirla en una aventura, y cuando se fue… cuando se fue, mi vida dejó de tener sentido.

―Tiene dos hijos que lo adoran ―dijo Sakura en un hilo de voz. Tratando de contener las lágrimas.

―Eso me hizo ver Sophia, y es por ellos que he podido aguantar tanto. Sobre todo por Eva, que aún vive conmigo… ―Giró la cabeza para mirar a su hija, y la encontró acomodándose en las piernas de Marcus, que parecía no ser consciente de nada a su alrededor

―. ¡Eva, compórtate! ―gritó, autoritario. La joven brincó de nuevo al brazo del sillón, y le lanzó un beso en modo juguetón. Joseph volvió a mirar hacia la ventana, y fue ahí cuando su ceño se relajó, y esbozó una suave sonrisa.

―Prefiero que me vuelva loco a que me deje. Aunque creo que eso será inevitable algún día. Por lo que veo, más pronto de lo que me gustaría. En ese instante, Eva llegó y lo abrazó por la cintura.

―Papi… Le dio un beso en la mejilla, y batió las pestañas en medio de una sonrisa inocente.

―Me asustas cuando me dices papi de esa forma… ¿Qué quieres? Sakura soltó una risita por la mirada recelosa del hombre, y se retiró para darles privacidad.

―¡Nada! ―exclamó Sophia, cortando la última llamada―. No están en ninguna parte. ¡Desaparecieron!

―Mamá, ya te lo dije ―le recordó Sasuke, haciéndole señas a Sakura para que se sentara de nuevo entre sus piernas. La necesitaba cerca para que no le estallara la cabeza―. Kendal no es tan estúpido como pensamos todos. Seguramente están en algún avión comercial, rumbo a un país que ni siquiera está en Europa, y se alojarán en un hotel cualquiera… Conclusión: tenemos que esperar a que regresen, y ahí sí, podremos matarlos lenta y dolorosamente.

―Nadie va a matar a nadie ―ordenó Jonathan con voz calmada―. Estamos hablando de dos personas adultas que saben lo que hacen. No de adolescentes.

―El problema, papá ―intervino Sasuke de nuevo―, es que uno de esos adultos es la hermana menor de mi administrador, y por ende, mi responsabilidad.

―De toda la familia ―completó Sophia, y buscó a su sobrina con la mirada―. Eva, vuelve a leer la nota, por favor. Eva se separó de su padre y se acercó a Marcus. Le quitó la nota que estrujaba en una de sus manos, y la leyó en voz alta… por cuarta vez.

Marcus, hermanito, te quiero y lo sabes, pero estoy enamorada de Kendal, y aunque nunca lo quisiste aceptar, él también me ama y me propuso matrimonio… Para cuando leas esta nota ya estaremos lejos, y en pocas horas, casados. Volveremos en dos meses, luego de nuestra luna de miel. Te quiero, perdóname. Emma.

―Es la última vez que la leo ―aclaró Eva al terminarla. ―Lara, lee la de Kendal ―ordenó Sophia.

―Solo fue un mensaje en el celular que decía «Muñequita, me escapo con Emma. Kendal».

―¡Qué profundo! ―exclamó Eva y bufó. Eso ni siquiera se podía catalogar como un mensaje serio.

―Ni una pista, ni para saber si están bien. Si llegaron bien a donde sea que van ―increpó Sophia, claramente angustiada, y miró a Sasuke de forma acusadora―. Y tú, ¿por qué no avisaste que tu primo pidió dos meses de vacaciones?

―¡Porque no tiene cinco años! ―respondió Sasuke, exasperado―. Me dijo que quería tomarse un descanso, que había trabajado mucho el tiempo en que no estuve por mi luna de miel, y que hacía más de tres años que no tenía vacaciones, lo cual era cierto. ¿Cómo iba yo a saber que se quería escapar con Emma? ―Y ustedes dos ―dijo, señalando a Eva y a Sakura―, se supone que son amigas de Emma. ¿Acaso nunca se los comentó?

Marcus giró la cabeza para mirar a Eva, esperando una respuesta. ―¡Te juro que yo no sabía nada! No me gusta hablar con Emma de su relación con mi hermano. ―Se inclinó, y le dio un rápido beso en los labios―. ¿Me crees? Marcus suspiró, estiró el brazo, y la arrastró hasta sus piernas para abrazarla, y al recordar que no estaban solos, la apartó de nuevo.

―Lo siento ―dijo con voz tensa.

―Yo menos ―afirmó Sakura―. Últimamente no quería hablarme de Kendal, así que pensé que tenían problemas. Nunca imaginé que estaban planeando escapar.

Joseph caminó hacia el centro de la estancia, y se colocó frente a Marcus. ―Muchacho, sé que estás preocupado por tu hermana, pero yo respondo por mi hijo. Si escaparon para casarse, es lógico que sus intenciones son las mejores, así el camino no haya sido el correcto. Marcus se puso de pie con la misma expresión tensa en el rostro, miró al hombre frente a él, y luego a todos los demás. ―Agradezco la preocupación que han demostrado por Emma, y por ustedes creo que puedo estar tranquilo, aunque eso no me quita las ganas de… ―Se detuvo al percatarse de que su voz

comenzaba a tornarse salvaje―. Si llegan a tener noticias, por favor, no duden en avisarme. ―Así lo haremos, hijo. Tranquilo ―prometió Sophia, acercándose a él, y apretándole la mano para reconfortarlo. Él le sonrió de vuelta. Se dirigió a la salida del despacho, y antes de retirarse, le lanzó a Eva una mirada significativa, para enseguida cerrar la puerta. La joven se acercó a su padre y le hizo un puchero. Joseph frunció el ceño.

―Ya te dije que me parece un buen muchacho, lo que no me gusta es que pretendas estar metida en su cama a toda hora.

Eva arrugó los labios, y se giró hacia donde Sophia.

―Tía… ―Pienso igual que tu padre. ―Pues que yo sepa, el tío Jonathan y tú, luego de que te engañó para pasar la noche contigo, parecían conejos en celo.

―¡Eva! ―gritaron Jonathan y Joseph al unísono, mientras que Sophia se sonrojaba fuertemente.

―¡¿Qué?! ¡Solo dije la verdad!

―¡Ya sal de aquí! ―ordenó Joseph. Eva dio una palmada de alegría, lo besó en la mejilla, y corrió hacia la puerta.

―¡Te quiero mañana en la oficina a primera hora! ―gritó Sasuke.

―¡Jódete! ―Se escuchó antes de que la puerta se cerrara. Ese lunes, Eva se presentó a trabajar a la hora del almuerzo; luciendo una gran sonrisa en el rostro.

Las siguientes semanas, Sakura se sintió por fin plena, dando clases a los niños del colegio, y cuidando de Naomi y sus tres crías: la hembra gris, Jane; y los dos machos, Charlie y Mathew. ―Sakura, no puedes ponerle nombres de personas a los gatos ―indicó, mirando a la madre con recelo.

―Que yo sepa, no hay una ley que me lo prohíba, así que puedo usarlos como quiera y en quien quiera.

―No sé si la hay, solo digo que no queda bien.

―Pues tú bautizaste a tus perros «Sam» y «Leo».

―Esas son abreviaturas, no los nombres completos.

―Debería ponerle «Sasuke» a uno de ellos… Al menos así tendría a un «Sasuke» que sí me complacería en todo. Sasuke suspiró, y se acercó a ella para abrazarla por la espalda, que se encontraba sentada sobre unos almohadones, en el suelo de la habitación de Naomi.

―Nena ―dijo, besándola en el hombro. Las hormonas la tenían con los sentimientos a flor de piel―, usa los nombres que desees. Y si resulta que es ilegal, diremos que yo lo hice… ¿Te parece? Sakura sonrió, y giró un poco la cabeza para poder besarlo en los labios.

―No te dejaré hacerlo. Los niños llegaban todas las tardes, y luego de comenzar con un grupo pequeño, este creció tanto, que Sakura se vio obligada a dividirlos en dos, para recibirlos a cada uno, dos veces por semana. El viernes lo tomó libre, pues el embarazo la mantenía con un poco de cansancio, que nunca le admitió a Sasuke.

Ya bastante molesto se encontraba con que ella tuviera dos grupos a su cargo, como para enterarse de su fatiga; aun así, él no dudó en tomar medidas. La hizo revisar por la partera y la ginecóloga, consultó segundas opiniones, y hasta comenzó a ver vídeos por internet, de cómo atender un parto de emergencia. No duró mucho en esa tarea, ya que al segundo vídeo de parto natural, sin ningún tipo de restricciones, tomó la decisión de que Elizabeth no pasaría por esa experiencia tan dolorosa; y al continuar con las cesáreas, antes de terminar el primero, vomitó sobre el suelo de su oficina.

Un fin de semana conversó con Becca, sobre los procedimientos a seguir en caso de que se presentara un parto prematuro, y le pidió que acordara con Hannah un plan de acción en conjunto, si se llegaba a presentar el caso.

―Sakura, mañana llegaré un poco tarde. Tengo una cita con el gerente de una empresa, y aprovecharé para esperar a Hannah, y reunirme con ella en mi oficina, luego de que acabe con su jornada aquí.

―Estás paranoico.

―¡Estoy preocupado por mi mujer y mi hijo! Sakura sacudió la cabeza. La idea de ellos dos reunidos no le gustaba mucho, pero debía admitir que últimamente se había comportado muy bien con ella. Era amable y trataba de atenderla, aún en asuntos que no le correspondían al no ser su doncella. Lissa en cambio, se mostraba cada vez más hostil con la mujer, y no se despegaba ni un solo momento de ella, tratando de suplir todas sus necesidades, para no darle tregua a la enfermera. Sakura imaginaba que era miedo a perder su empleo, o que simplemente Hannah no terminaba de agradarle, por lo que decidió no prestarle atención a la situación. «Hannah no es un peligro en nuestra relación ―pensó Sakura―, quien me preocupa es la otra mujer». ―Lara me llamó. Quiere que vea unas revistas sobre artículos para bebés que…

―¡Mierda, sus cosas! Se encontraban sentados en la cama. Él trabajaba en su computadora, y Sakura revisaba las tareas de los niños.

―¿Cómo se nos pudo olvidar algo tan importante? ¡Nuestro hijo no tendrá ni una manta para taparse! «¡Ay, Dios, no!».

―Sasuke, cálmate. Todavía tenemos unas ocho semanas. Además, quiero que los primeros meses duerma con nosotros, y ahí tendremos tiempo de organizar su habitación.

―No importa, quiero que esté todo listo cuando nazca. Él no debe esperar. ―Él… ¿De qué color compramos las cosas, si no hemos querido saber?

―¿Qué te han dicho?

―Nani y Katy coinciden en que es un niño por la forma de la panza. ―Entonces se compra todo azul, y si es niña, regalamos lo que no nos sirva y lo compramos rosa. Sakura lo miró con una expresión de indignación marcada en el rostro. Todavía le turbaba cuando Sasuke hablaba de gastar dinero, como quien lo hacía sobre el clima.

―Pasa uno de estos días por la casa de tus padres. Yo le digo a Lara que deje el paquete, para que te lo entreguen si ella no está.

―Hannah, ¿qué te dijo Sasuke ayer? ―preguntó Sakura, sentada en la terraza, aprovechando los pocos rayos de sol que las nubes de lluvia dejaban ver. La mujer la miró, y una pequeña sonrisa de inocencia se marcó en su rostro.

―¿El señor no se lo comentó? Creí que no existían secretos entre ustedes.

―Entre los señores no hay secretos ―intervino Lissa, que muy disimuladamente se había sentado junto a ellas, dejando a Sakura con la palabra en la boca. A ninguna de las dos le había gustado el tono sarcástico y malicioso en sus palabras―. Lo que sucede es que el señor Sasuke es muy quisquilloso en cuanto a la seguridad de su esposa, y muchas veces le oculta las medidas que ha decidido tomar para no agobiarla. Sakura miró a Lissa, y en silencio le agradeció la intervención, aunque también le molestó que no le permitiera defenderse.

―Lo que Lissa dice es cierto. Sasuke tiende a ser algo exagerado.

―Es el proceder natural de un hombre locamente enamorado ―remató Lissa, levantando la barbilla con actitud altiva, como si fuera de ella de quien él estuviera enamorado. Hannah enrojeció hasta el escote, y lanzó a Lissa una mirada que nada bueno presagiaba. Sakura lo notó y decidió intervenir.

―¿Hay algún problema, Hannah? La mirada de la mujer cambió al mirar a su señora, y se tornó amable y desconcertada.

―¿Respecto a qué, señora? Sakura frunció el ceño. Hannah no terminaba de agradarle, pero no quería amargarle la vida a Sasuke con la búsqueda de otra enfermera, además de

que era muy poco el trato que tenía con ella. ―Lissa, déjanos solas un momento, por favor. La chica se levantó a regañadientes y se alejó, sin perderse de vista.

―Hannah ―continuó Sakura―, no me gusta que mi relación con mi esposo sea cuestionada, y mucho menos comentada por el personal. Si te pregunté fue porque, tal como dijo Lissa, Sasuke es muy exagerado y sabe que no estoy de acuerdo, y por ello a veces, y solo en cuestiones de mi seguridad, actúa a mis espaldas. Si entre él y yo hay secretos, no es asunto tuyo ni de nadie más.

Mi marido me ama, lo sé, y no tengo por qué estar discutiendo contigo la confianza que nos tenemos. Solo te hice una pregunta, y tu deber era contestarme, no crear insinuaciones sobre mi matrimonio. El tono de rojo que adquirió la mujer no parecía ser saludable. Los vellos de sus brazos se erizaron, y su mandíbula se apretó con fuerza. Su hermoso rostro se tornó tan salvaje, que por un momento Sakura sintió pánico, y en un acto reflejo se cubrió el vientre con los brazos, en un intento de proteger a su bebé. Estuvo a punto de llamar a Lissa, cuando Hannah, de repente, se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar convulsamente.

―¡Por Dios, Hannah! ―exclamó Sakura, inhalando profundamente para tranquilizarse. Estuvo a punto de sufrir uno de sus ataques. Lissa llegó a donde ellas, asustada, y se arrodilló al lado de Sakura.

―Señora, ¿está bien? ¿Le hizo algo? Sakura negó con la cabeza.

―Hannah, ¿qué tienes? ¿Qué sucede?

―¡Yo también tenía un amor así y me lo quitaron! ―sollozó, con el rostro aún oculto por sus manos, pidió disculpas y corrió hacia el interior de la mansión.

―¿De qué está hablando? ―preguntó Lissa, exaltada, acercándole a Sakura un vaso de agua, que estaba en la mesita frente a ellas.

―Ella tuvo un amor que le arrebataron… Algo así. Pobre mujer. Se me había olvidado por completo ese detalle.

―¿Pobre? Pobre usted que tiene que aguantarla. Debería despedirla. Sakura tomó agua y le devolvió el vaso.

―No quiero preocupar a Sasuke, y ella no representa ningún peligro. Solo es algo extraña y un poco confianzuda.

―Muy extraña y demasiado confianzuda. No le creí ese teatro de llorar con las manos en la cara.

―Ya hablé con ella. Le dejé claro que no toleraría ese tipo de actitud. Es muy sensible en cuanto a cuestiones de pareja, y eso la hace reaccionar mal ante ese tipo de temas. Lissa bufó, y enseguida se sonrojó por el gesto.

―Lo siento, señora ―dijo, apenada―. ¡Es que no me gusta! Aunque la decisión la tiene usted. ¿Quiere que le traiga algo?

―No, vamos a la habitación de Naomi. Sasuke me dijo que quería traer a Sam y Leo. Llegan mañana, y tenemos que asegurarnos de que no

entren. No quiero más problemas. ¿Sabes si alguien ha visto a Ron?

―Unos trabajadores lo vieron en las plantaciones. Iba detrás de otra gata.

―¡Perro! ―gruñó Sakura.

Sasuke se encontraba en su coche rumbo a la casa de sus padres. Era sábado muy temprano, y esperaba que su hermana se hallara en casa, pues al encontrarse Jonathan y Sophia visitando al tío Alex, Lara acostumbraba a quedarse donde alguna de sus dos mejores amigas. Habría preferido quedarse en casa con su esposa, disfrutando de su compañía, así fuera solo observándola revisar las notas de sus alumnos…

Le encantaba observarla, porque todavía no podía creer que fuera completamente suya. Sinceramente quería quedarse, pero tenía asuntos pendientes en la oficina, y prefería finiquitarlos ese día, a tener que llegar más tarde la semana siguiente a su casa. Al llegar a La Mansión, Sasuke le preguntó a uno de los guardaespaldas si su hermana se encontraba, y este le contestó afirmativamente. Entró, y una de las señoras del servicio le entregó el paquete que contenía las revistas.

―¿Lara todavía duerme? ―preguntó, dirigiéndose a las escaleras. ―Supongo que sí, señor ―contestó la mujer, nerviosa―. Si quiere le digo que usted se encuentra aquí.

―No, yo me encargo. Llegaron al segundo piso, y la señora se atravesó en su camino.

―Señor, la señorita puede no estar presentable. Sasukese detuvo y frunció el ceño.

―¿A qué se refiere? ―A que… A que puede seguir dormida y estar desnuda. El hombre bufó, y la rodeó para seguir caminando.

―Soy su hermano. De niño ayudaba a cambiarle los pañales.

Además, ella nunca ha dormido desnuda. ―Pero, señor… Entre ruegos por parte de la angustiada señora, llegaron a la puerta de la habitación, y cuando Sasuke colocó la mano sobre la cerradura, ella corrió hacia las escaleras.

―¡Alguien llame a los de seguridad! Escuchó Sasuke gritar a la desesperada mujer, e intentó preguntarle cuál era el problema, solo que ya la puerta se había abierto por completo, y toda su atención se concentró en lo que vio del otro lado.

―¡Pero ¿qué mierda?!