Antología


8. Suave.


—¡Es muy lindo! ¡Mira, mami! —Grace esbozó una sonrisa. Su mirada estaba llena de alegre entusiasmo, de manso deleite, mientras que acariciaba a su nueva mascota detrás de las orejas—. ¡Es tan suave!

Stan sabía que ella quería una mascota. No lo había pedido exactamente, no lo había demandado, pero había insinuado algunas cosas. Rachel no quería otro perro porque la muerte de Bailey había sido especialmente dura para Grace y no quería tener un gato en la casa porque ella era alérgica. El conejo había parecido una buena opción considerando, además, que Gracie llevaba tiempo hablando de conejos.

—Ya lo estoy viendo, cariño —le dijo Rachel a su hija. Luego, le sonrió a Stan con suavidad. Estaba complacida—. Es hermoso.

Stan sonrió en respuesta, un poco más aliviado de lo que debería.

Su hermana mayor le había dicho una vez que no debería ahogar a Grace con regalos, que estaba bien que quisiera darle atención pero que no tenía que excederse. Le dijo que Rachel podría verlo como un intento de comprar el amor de Grace en lugar de ganárselo. Pero, lo que Margo no entendía, era que Rachel no lo veía de ese modo. Rachel amaba los regalos. Y la atención. Disfrutaba enormemente de los obsequios que Stan le llevaba y siempre agradecía infinitamente los presentes que le llegaban a Grace. Ella entendía lo que Stan quería hacer. Lo que quería decir.

Rachel había hecho el punto de incluirlo en el tejido familiar dándole el título de papá Stan para hacer fácil la transición pero Stan no quería ser un extraño para Grace. No quería ser solo un nombre vacío, la personificación de la separación de sus madres y de la mudanza y... Sí, Grace le tenía cariño. Stan lo sabía. Lo había ido construyendo poco a poco porque, pese a que Grace era una niña increíblemente dulce, también era absolutamente leal. Y su lealtad siempre estaría, primero, con su papá. Con Danny. Y eso…

Stan no estaba tratando de comprar su amor, estaba intentando encontrar un hueco para él.

La voz de su hermana se burló en su cabeza.

—¡Quiero presentarlo en el espectáculo de animales que vamos a hacer en la escuela!

Stan alzó las cejas. No recordaba nada de un espectáculo escolar ni una presentación. Rachel dijo que estaba bien.

—¿Puedo llamar a Danno para contarle sobre el señor Hoppy?

—Puedes mostrárselo mañana, él te va a llevar a la escuela —respondió Rachel, dándole a Grace una mirada puntiaguda. Stan no se sorprendió al ver que la sonrisa de Grace caía un poco—. ¿No estás olvidando decir algo más primero?

Stan trató de mantener la sonrisa en su cara, pese a que la alegría de Grace se apagó un poco más en medio de su agradecimiento. La gratitud era sincera, desde luego, pero la reprimenda muda le sacó un poco del sabor dulce.

—Puedes ir a jugar con él —dijo Rachel, más suave. Amable. Arrepentida, incluso—. Pero solo hasta la hora de la cena.

Grace asintió. —Está bien.

Stan titubeó por un momento. —Estoy seguro que a Danny le encantará conocer a Hoppy- puedes sorprenderlo mañana.

La pequeña le sonrió de nuevo por un momento, entusiasmada ante la nueva posibilidad, antes de ponerse seria.

—Es el señor Hoppy —comentó. Stan no tenía idea por qué el título era tan importante para ella pero la voz de Grace tenía un filo persistente—. No está bien que le digan cualquier nombre.