Preocupaciones
Hipólita y Prince charlaban en la cama.
-Vamos con el otro tema grave que queda – le dijo él - Ahora sí que quiero que nos miremos a los ojos.
-Vale.
Volvieron a separarse.
-¿Me das el segundo pico? – le preguntó ella.
-Prefiero darte los dos cuando terminemos de hablar.
-Vale.
-Céntrate en lo que estamos, Hipólita, que esto es muy grave y nos va a llevar un rato.
-Ya sé lo que es.
-Desde luego que lo sabes.
-Lo que le conté a Sirius el lunes.
-Eso mismo. Pero hace un rato me has dicho algo más, que me quieres más que a tu vida desde antes de conocerme. Así que comienza a contármelo todo desde el principio.
-Ariel siempre nos hablaba de ti, desde primer año.
-Sí, eso ya lo sé.
-Yo siempre estaba pendiente de ti cuando te veía en casa. Te espiaba cuando hablabas con los maléficos.
-Vaya…
-Y también en la Biblioteca, te veía con Lily.
-Ya.
-Y me enteraba siempre cuando te atacaban los Gryff.
-Claro…
-Fui atando cabos, igual que él.
-Claro.
-Y también sabía que entrenaban en el Bosque desde el año pasado, porque faltaban a almorzar los fines de semana.
-Obviamente.
-También me di cuenta de que ninguno de los dos tomasteis el Expreso en Navidad.
-Claro, porque es tu compañero y porque estabas pendiente de mí.
-Eso, de hecho, para asegurarme, te busqué a ti por todo el Expreso.
-Vaya…
-Entonces deduje que os habíais quedado casi solos en casa.
-Claro.
-Y que por fin os habíais conocido.
-Por supuesto. No se te escapa una, Hipólita.
-A partir de entonces me fijaba también si tú faltabas al Comedor a la vez que ellos.
-Claro.
-Ellos dejaron de faltar a partir de Navidad.
-Eso.
-Porque te estaban tanteando.
-Muy bien.
-Y empezaste a hacerlo el veintinueve de febrero.
-¡Bravo, Hipólita!
-Una fecha fácil de recordar. Además, Ariel y Shelley no faltaron, sólo los mayores. Seguían tanteando.
-Eso es, Hipólita.
-Y esa tarde, era domingo, Ariel no estuvo con nosotros, se la pasó esperando en las escaleras de fuera del castillo.
-Eso es.
-Ya te digo que yo me entero de todo. Así que ya sabía, desde Navidad, que estabas del lado de los buenos, intentando separarte de los maléficos. Además, desde entonces, tampoco volviste a Hogsmeade y dejaste de hablar con ellos en casa.
-Muy bien, Hipólita.
-Y diseñé un plan para ayudarte cuando lo necesitaras.
-De eso quiero que me hables.
-Sabía que cuando os descubrieran tendríais problemas, porque sólo erais Anthony y tú contra cuatro en vuestro dormitorio. Quería proponerte que fuéramos tres para vigilar mientras dormíais, por eso quise entrenar el quince de mayo, para decírtelo en privado.
-Eso me contó Sirius.
-Luego ya no hacía falta en casa, pero te veía con escolta y deduje que quedaban maléficos en el colegio.
-Muy bien deducido, Hipólita, eso no se lo contaste a Sirius pero yo lo pensé.
-Por eso te pedí esa misma noche que me enseñaras a lanzar maleficios.
-Por eso mismo lo pensé. Te has saltado algo.
-¿Qué?
-¿Qué habrías hecho si los maléficos de casa se hubieran quedado y yo no hubiera estado dispuesto a que te colaras en mi dormitorio?
-Colarme igualmente, sin que te enteraras.
-Así me gusta. Cuéntamelo todo o te leo, ¿eh? Todavía puedo.
-No, Prince, te lo cuento todo.
-Pues sobre esto que acabo de preguntarte ya puedes imaginar lo que tengo que decirte, ¿no?
-Sí, que muy mal hecho.
-Eso, Hipólita. Porque tú sólo conocías los maleficios Imperdonables. Si los hubieras usado, habrías ido a Azkabán con catorce años, y allí habrías muerto poco después con total seguridad.
-Ya te digo que estoy dispuesta a dar mi vida por ti.
-Pero morir a causa de lo que te hacen los dementores es peor que la propia muerte, Hipólita.
-Lo que sea con tal de que a ti no te pase nada.
-¿Y tus padres, Hipólita?
-Podrían tener otro hijo.
-Nunca pienses eso, los destrozarías, perder un hijo es lo peor que te puede pasar en la vida, peor que morir. Has de mantenerte viva no sólo por mí, también por ellos. Yo sobreviviría a tu muerte, quizá tus padres no, yo te quiero mucho, pero ellos te quieren más que yo. ¿Te queda claro?
-Sí, Prince.
-Pues no quiero que estés dispuesta a jugarte la vida por mí. Sigue contándome, ¿qué otros planes tenías?
-Averiguar quiénes eran los maléficos que quedaban y matarlos yo.
-Lo mismo, Hipólita, habrías ido a Azkabán. ¿Te enteraste de cómo lo hicimos nosotros? No empleamos maleficios, sino el equivalente a darles una paliza a lo muggle. Sólo le lancé el Sectumsempra a uno de ellos, pero no para matarlo, sino para que le quedaran las cicatrices de por vida. Y los Obliviamos, por eso no hubo investigación, no pudieron denunciarnos porque no saben quiénes fuimos. ¿Sabes lo que es Obliviar?
-Claro que lo sé.
-¿Te das cuenta de cómo se hacen las cosas? Somos los mayores quienes sabemos hacerlas, y hay que trabajar en equipo, confiar los unos en los otros, nada de andar matando tú sola sin contar con los demás.
-Me doy cuenta, Prince.
-Sigue contándome. ¿Qué otros planes tenías?
-Escaparme de casa para protegerte como escolta de verano.
Prince rio.
-Perdona que me ría, cariño, no es que me haga gracia, pero eso es una idea descabellada. Para empezar, no vas a enterarte de dónde voy a estar, porque no voy a decírtelo.
-Ya, ya lo imagino.
-Para seguir, una vez aprendas Oclumancia quizá sí, pero cuando le contaste eso a Sirius yo ya te había dicho que no podía darte la dirección de mi casa, que era peligroso.
-Claro.
-¿Cómo me habrías buscado?
-No lo sé.
-¿Te estás dando cuenta de la tontería que se te ocurrió?
-Sí, Prince, soy un poco boba.
-Para continuar, no eres la única que está dispuesta a dar la vida por mí, las ocho personas que constituyen la escolta están dispuestas a hacerlo. Que te quede claro.
-Sí, Prince.
-Para seguir, todos son mayores de edad, excepto Deborah, que lo será el veinticinco de julio. Ellos pueden usar magia fuera del colegio, hechizos defensivos sin que los sancionen, tú y yo no, no nos valemos por nosotros mismos todavía, a ti aún te quedan tres años. Eres muy pequeña.
-Sí, Prince.
-Para continuar, ya te había mostrado que puedo hacerme invisible, tengo mucha protección, mucha más de la que puedes darme tú.
-Es cierto, Prince.
-Y para terminar, como ya te he dicho antes, hemos aprendido una magia muy poderosa que los Mortífagos no conocen y tú tampoco. Ellos son mucho más capaces de protegerme que tú. Siento decírtelo así, pero es así, Hipólita. Cuando seas mayor de edad ya iremos juntos a merendarnos Mortífagos si queda alguno para entonces, que lo dudo. ¿Te ha quedado claro que no puedes andar haciendo planes tú sola?
-Sí, Prince. Ahora me da mucho apuro, soy muy boba.
-No es que seas boba, cariño. Es sólo que me quieres mucho y quieres poner todo de tu parte para que a mí no me pase nada, como me pasa a mí contigo, pero todos podemos equivocarnos. Por eso es importante compartir lo que pensamos con los demás, porque varias mentes piensan mejor que una sola, al igual que los dos juntos hemos caído en la cuenta de que hay que enseñarte Oclumancia, no queda otro remedio. Es un error que he tenido yo, porque he puesto por delante tu problema de salud, pero ahora es más apremiante lo otro.
-Claro.
-¿Tienes algún otro plan que se te haya ocurrido a ti sola y no me hayas contado todavía?
-No, Prince.
-Vale, si se te ocurre otro plan, cuéntamelo, ¿vale?
-Por supuesto.
-¿Alguna otra cosa importante que deba saber?
-No, Prince.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Vale, confío en ti. Mira que a partir de esta tarde ya no voy a poder vigilarte como lo hacía, ¿eh? No vuelvas a fallarme, Hipólita.
-Nunca, Prince, te lo he jurado.
-Vale, así me gusta.
-¿Has visto cómo no hacía falta que me leyeras?
-Sí, Hipólita, ya lo he visto, y no sabes lo aliviado que me siento.
-¿Me das el pico ya?
-Claro que sí.
Se lo dieron.
-¿Qué hora es?
-Las once y media pasadas.
-Dímela exacta.
-Las once y treinta y tres.
-Otro múltiplo de tres impar.
Prince rio.
-Hipólita, estás obsesionada, no vuelvo a decirte la hora exacta.
-Cuando nos conocimos también eran las nueve y treinta y tres.
Volvió a reír.
-Vaya… qué casualidad.
-No es casualidad, es suerte.
-Bueno… como quieras… ¿Quieres ahora que nos abracemos y me cuentas más cosas?
-Vale, Prince, pero a las doce me voy, ¿eh?
-Claro, cariño, para que no te pillen.
Se abrazaron.
-A ver, cuéntame eso de que te dieron más ganas de darme besos cuando viste a los borrachos haciendo cosas de novios por el suelo.
-Esas son las cosas que precisamente no quería que leyeras, Prince.
-Lo entiendo, pero has de tener confianza en mí también para esas cosas, o de lo contrario, contárselo a alguna chica mayor para que te aconseje. ¿Se lo contarás a Valerie o a Deborah?
-No, Prince, a ellas me da más apuro todavía.
-Vale, entonces cuéntamelo a mí, que yo sé más que tú de esas cosas.
-Quería hacer contigo las cosas que hacían ellos.
-Vale, lo entiendo. Cuando se quiere a alguien te entran ganas de hacer esas cosas con esa persona, o también sin querer a alguien, sólo porque te gusta mucho y te apetece. Es normal que te apetezca, no tiene que darte ningún apuro. ¿Vale? ¿Te da menos apuro ahora?
-Sí…
-Muy bien, te sigo contando. Toda esa gente que viste era gente mayor, que ya ha hecho muchas otras veces cosas de novios. Para ellos no era la primera vez y la mayoría lo hacían sólo porque les apetecía, sin querer de verdad a la otra persona.
-Claro...
-Pero cuando quieres de verdad a una persona, como nos pasa a nosotros, y más todavía si es la primera vez para alguno de ellos o para los dos, hay que hacer bien las cosas. ¿Y sabes cómo se hacen bien las cosas?
-¿Cómo?
-Tomándose tiempo, no haciendo todas las cosas de novios a la vez, de golpe, sino poco a poco, pasito a pasito, como aprender a volar, a luchar, o alguna asignatura difícil. ¿A que tú esas cosas no las aprendiste en un solo día?
-No.
-Pues lo que te digo. Quererse también lleva su tiempo y su aprendizaje, y no sólo eso, lo que decías ayer, que hay que tomarse tiempo para estar muy seguro de si quieres a alguien de verdad, y más si es la primera vez que quieres a alguien de verdad y no tienes con qué comparar. Esperar un tiempo para ver si el sentimiento se mantiene y no cambia. Si haces las cosas de novios demasiado deprisa y luego cambian tus sentimientos, te arrepientes de haberlas hecho con esa persona.
-Yo ya sé que mis sentimientos no van a cambiar.
-Ayer no me dijiste eso, Hipólita. Tú también estás hecha un lío.
-Pues sí, un poco sí.
-Pues mejor me lo pones. Mientras estés hecha un lío, no debes hacer nada de lo que no estés segura. Por el momento olvídalo todo aparte de los picos y dormir juntos.
-Vale, Prince. ¿Puedo pedirte algo?
-Pide.
-¿Podemos volver a dormir juntos esta noche?
-Claro que sí, cariño. Por eso le dije anoche a Ariel que no voy a volver a dormir con él mientras estemos en el colegio.
-¿Y una cosa te puedo preguntar?
-A ver, pregunta.
-¿Tú duermes siempre con pijama?
-Buf, Hipólita… ya sé por dónde va el tema. No voy a responderte a eso.
-Prince… yo te lo cuento todo…
-No, cariño, todo no me lo cuentas, no te he pedido que me des detalles de las cosas. Sólo te he tanteado para saber si necesitabas buenos consejos. Ya adivino lo que viene a continuación de la pregunta y ya te digo que no, también en una larga temporada.
-Con Ariel duermes sin pijama.
-Jo… Ariel os lo cuenta todo, ¿eh?
-Yo le sonsaco.
-Ya lo veo, ya.
-Es mejor sin pijama para el calorcito de la piel.
-Tienes razón, Hipólita, pero con él lo hago porque es un chico y no quiere hacer cosas de novios conmigo. Si durmiera contigo sin pijama te entrarían más ganas de hacer cosas de novios, yo no quiero, y tú lo pasarías mal.
-Jo… en el estanque sí que te quitas la ropa para bañarte…
-Pero en el estanque estamos jugando, es una situación muy diferente, allí no piensas en las cosas de novios. Y si lo piensas, ya no me baño más contigo.
-Jo, Prince… pero eso no es natural, hay que ser como somos, lo que nos apetezca.
-Pues eso, Hipólita, a mí no me apetece dormir sin pijama contigo.
-No me creo nada. A ti también te gusta el calorcito de la piel contra piel, a todo el mundo le gusta.
-Qué calado me tienes, Hipólita.
-Te prometo que no pensaré en las cosas de novios, sólo dormir.
-Vale, cariño, lo pensaré.
-Podemos hablar también de dormir juntos en verano, ¿nos da tiempo?
-Claro que nos da tiempo Hipólita, sólo han pasado cinco minutos. Para estar tan obsesionada con el tiempo, calculas muy mal la hora, ¿eh?
-Es que no he traído el reloj porque el pijama no tiene bolsillos.
-Y la varita, ¿la has traído?
-Claro, nunca voy a ninguna parte sin mi varita, está debajo de la almohada.
-Vaya… Yo también dormía con la varita en la mano, debajo de la almohada, cuando dormía con los maléficos, y tampoco voy a ningún sitio sin mi varita.
-Más en común. ¿De qué madera es tu varita?
-De pino negro con núcleo de corazón de dragón.
-Claro… negra como tú. La mía también es de pino, pero rojo, y también de nervio de corazón de dragón.
-Vaya, Hipólita… increíble… más en común. A ver, hablemos de dormir juntos en verano.
-Ya has dicho que la tienda de campaña ni hablar, ¿verdad?
-No, ni hablar. En una casa y en una cama. Y si ya eres oclumante, podremos dormir en casa de Lily o incluso en la mía. En casa de Lily es muy fácil disimular que duermo con ella y dormir contigo, porque las dos habitaciones están muy cerca. Y además, sus padres son muy discretos, no entrarán nunca en su habitación ni en la tuya. Y aunque me vieran a mí salir de la tuya, no pensarían que vengo de dormir, pensarían que he ido a ver qué tal estás. Nunca se chivarían a tus padres.
-Vaya…
-Lo hablaré con Lily después de pedirle disculpas, claro, a ver si no está muy enfadada conmigo.
-Claro.
-Y para dormir en mi casa, más fácil todavía, porque aunque sólo hay dos habitaciones, la de mi madre y la mía, vamos a comprar otra cama para ponerla en la mía para que duerman allí mis amigos cuando quieran. Y también puedes dormir tú, como si durmieras en la otra cama, pues te metes conmigo en la mía. Mi madre tampoco entra nunca a mi cuarto sin permiso, nunca me molesta cuando estoy dentro, y aunque lo hiciera y nos pillara en la misma cama no va a pensar que hago nada raro contigo, mi madre me conoce muy bien.
-Claro. Pero mis padres a lo mejor no me dan permiso para dormir en tu casa.
-Entonces les dices que vas a otra casa. ¿Te controlan cuando usas la Red Flu?
-No siempre, si no, no podría escaparme.
-Pues ya está, y si te controlan, vas primero a casa de Lily o de Deborah y de allí a mi casa. Solucionado.
-¿Y los padres de Lily o Deborah no se extrañarían de que hiciera eso?
-No tienen por qué, si te quedas un ratito allí y luego les dices que vas a visitarme un rato a mí y que ya volverás a tu casa desde la mía.
-Claro…
-¿Te das cuenta de que era conmigo con quien tenías que hablar de esas cosas y no con Lily? Yo soy el diseñador de estrategias.
-Claro… Pero la solución ha salido porque vas a enseñarme a Oclumancia.
-La habríamos encontrado igualmente compinchándonos con Deborah, hablando con ella, pero no para dormir en una tienda de campaña, sino en su casa, su casa es muy grande y seguro que entre los tres encontrábamos la manera de disimular también, simulando que dormía con ella en lugar de contigo. Ella ya les contó a sus padres que estaba conmigo.
-Se precipitó.
-Pues sí, se precipitó. Por eso te digo que hay que tomarse mucho tiempo y mucha calma para estas cosas. Porque no se trata sólo de las dos personas que se quieren, sino también de todo el resto de personas que quieren a esas personas, que se ven afectadas por las cosas que les pasan a ellos.
-Claro.
-Por eso es mejor que por el momento no les cuentes a tus padres que duermes conmigo ni esas cosas, ya van a alarmarse bastante con tu problema con la comida y con lo de Lestrange, no vamos a darles una preocupación más por el momento.
-Claro. ¿Me miras otro ratito, ya sin preocupaciones?
-Claro que sí.
Se separaron. Hipólita le colocó los mechones.
-¿Quieres que te mire como te gusta a ti?
-Sí, por favor, ahora sí.
La miró así. Ella se quedó mirándolo con mucha atención, como el día anterior, durante varios minutos. Por fin, inesperadamente, le dio el tercer pico.
