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Disclaimer:
Los personajes de SAINT SEIYA no me pertenecen.
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¿Y DÓNDE ESTÁ EL POLLO?
v 3.0
Duele. Duele mucho.
A Seiya le duele la cabeza pero, manteniendo los ojos cerrados, intenta soportar el dolor.
- Seiya, - escuchó la voz de su hermana mayor - ¿te sientes mejor? –
Seiya asintió. Él estaba recostado en la cama y cubierto con una frazada.
- ¡Qué bien! – Seika se alegró de que el medicamento estuviera haciendo efecto, sólo que había algo que la inquietaba – ¿Por qué no me dijiste que te sentías mal? –
En la mañana, justo después de desayunar, Seiya sentía que le dolía la cabeza, aunque apenas era leve, así no le dio importancia. Más tarde, tuvo la impresión de que era un día muy caluroso, o más bien era porque estaba corriendo por todos lados ya que estaba jugando a "las traes" con otros niños. Sí, seguramente era eso, así que siguió jugando. Sólo que, después de un rato, sintió que ya no podía correr tan rápido como al principio, además de que la cabeza le estaba doliendo más fuerte… ¡lo iban a atrapar muy fácil! Se detuvo un momento, aprovechando que el niño que "las traía" perseguía a alguien más, para recuperar el aliento y esperando a que se le pasara el dolor de cabeza. Entonces, fue que sospechó que estaba enfermo, pero no quiso decirle a su hermana… ¡lo obligaría a quedarse en la cama! No quería estar acostado teniendo tantas cosas qué hacer, como jugar y… seguir jugando. Así que agitó la mano para llamar la atención del niño que "las traía" para motivarlo a que lo persiguiera, pero su hermana mayor apareció de repente, interrumpió el juego y comenzó a examinarlo; él tenía fiebre.
- No quería preocuparte. – dijo Seiya con un tono de voz a la defensiva.
- Seiya, - dijo Seika levemente molesta - cuando te sientas mal, dímelo. No se trata de que no me preocupe, sino que pueda ayudarte, o podrías empeorar. –
Seika ya se había dado cuenta que su hermanito no tenía las mismas energías de siempre, pero fue durante el juego que se dio cuenta que, definitivamente, él no estaba bien.
Seiya abrió los ojos.
- Lo siento. – respondió apenado.
Seika tocó la frente del niño. La fiebre estaba bajando. Ella sintió alivio.
- Ahora duerme. – pidió a su hermanito con amabilidad - Vendré a despertarte en cuanto esté preparada la comida. -
Al escuchar la palabra "comida", Seiya abrió los ojos y se incorporó como si ya estuviese recuperado. Sonrió saboreando la deliciosa comida que su hermana sabía preparar.
- ¿Qué comeremos? -
Seika aguantó las ganas de reír. Su hermano era incorregible.
- Si te quedas en la cama y duermes un poco, cuando despiertes, te sentirás mucho mejor y podrás comer en el comedor y tú mismo lo descubrirás. Si no descansas, te sentirás peor, y tendrás que quedarte en la cama más tiempo, y cuando sirva la comida, tendrás que esperar a que termine de servir a todos los niños. -
Inmediatamente Seiya se recostó y cerró los ojos deseando quedarse dormido, porque sabía que eran muchos niños a los que había que darles de comer y él, al ser el último por estar en la cama, comería hasta en la noche.
Seika apartó el mechón de la frente de su hermanito para darle un beso.
- Descansa. -
La chica pelirroja se apartó de la cama y se fue a la cocina, pero la voz de su hermanito le llamó. Se detuvo y volteó.
- Seika, - dijo Seiya con genuina curiosidad pero sin abrir los ojos - ¿cómo supiste que no me sentía bien? -
Seika regresó y se quedó a un lado de la cama; acarició la cabeza del niño con suavidad.
- Soy tu hermana mayor, - sonrió con dulzura - y como hermana mayor, sé cuando mi hermanito está enfermo. -
Seiya abre los ojos y aparta la compresa fría que Shiryu aplica sobre su cabeza.
Seiya y Shiryu están en la cocina. Seiya está sentado y Shiryu le estaba aplicando una compresa fría a él en la nuca para bajar la inflamación provocada por el golpe que se llevó.
- Un hermano mayor también debe saber. –
Seiya habla con decisión e ignorando el dolor de cabeza; se pone de pie con rapidez, se marea y… caería al piso, de no ser porque Shiryu logra agarrarlo del brazo.
- ¿A dónde vas? – le reprende Shiryu – El chichón de tu cabeza sigue inflamado. -
Seiya se recupera enseguida para apartarse de su amigo; le mira desafiante.
- Voy a salvar a mi amigo. -
Shiryu comprende la impaciencia de Seiya.
- Pensaremos en otro plan. -
Seiya está por decir algo más… es cuando Hyoga entra a la cocina.
- La servidumbre acaba de llegar. –
Cuando los chicos son dados de alta del hospital, ellos permanecen algunos días en la mansión para recuperarse del todo. Saori pide a la servidumbre que no estén durante ese tiempo para que los chicos puedan estar a sus anchas, pero un día a la semana, la servidumbre se presenta para realizar la limpieza y preparar comida (algo que no sean sándwiches), para los chicos.
Tras Hyoga entra una chica de cabello oscuro.
- Hola Mika. – Shiryu saluda a la chica con familiaridad; ella es quien regularmente les prepara la comida.
- Buenos días. – ella saluda con cortesía.
Shiryu y Hyoga se sientan a la mesa, y comienzan a platicar con Mika.
- ¿Qué hay para hoy en el menú? – pregunta Hyoga ciertamente con hambre.
Mika comienza a platicarles sobre los platillos que hará para el desayuno, merienda y cena, pero Seiya permanece de pie.
- Disculpen. – habla con voz cansada – Iré a recostarme. –
- Puedo llevarle el desayuno. – Mika le ofrece con prontitud.
- Sí, por favor. – Seiya agradece el gesto y se retira.
Shiryu e Hyoga se miran, pero ninguno puede pensar en lo que deben hacer con el estómago vacío.
Seiya, por su parte, sube las escaleras tan rápido como se lo permite el impertinente mareo. Está algo molesto porque sus "amigos" le prometieron que iban a ayudarlo; ahora se están echando para atrás…
Seiya está a unos pasos de llegar a su habitación, y a pesar de estar sumergido en sus pensamientos, se da cuenta que pasa un hombre de mediana edad, por el otro pasillo, llevando una cubeta con agua y jabón. El hombre saluda a Seiya y prosigue su camino, pero de repente, Seiya se pone frente al hombre.
- ¿Puedo ocupar esta cubeta? –
Al hombre le extraña la rara petición de uno de los jóvenes amos, pero antes de que pueda preguntarle si necesita que limpie algo… Seiya prácticamente le arrebata la cubeta de la mano y va deprisa a su habitación. El hombre no tiene más remedio que regresar por otra cubeta con agua y jabón.
Justo cuando Seiya entra en su habitación y el hombre se retira, Shun sale de su habitación y baja a la cocina.
Mientras baja las escaleras, Shun va pensando sobre que los ruidos que escuchó en la cocina, al llegar de su recorrido matinal, debieron ser porque sus amigos ya están ahí. Se sorprende un poco porque ellos no suelen levantarse tan temprano, pero sólo hay una manera para salir de dudas, porque puede tratarse de otra persona. A unos cuantos metros de la cocina, percibe el delicioso aroma de la comida. Sabe perfecto quién debe estar preparando el desayuno.
Mika es una chica muy amable que procura cocinarles algo diferente cada semana, y es una excelente cocinera, por eso Shun, en cada ocasión, le pide que le enseñe a cocinar, para cuando se presente su hermano, le prepare un platillo delicioso. ¡Sí! Para cuando su hermano se presente, no en medio de una batalla a muerte, sino cuando vaya a visitarlo, desea recibirlo con un aperitivo como el tempura, seguido de un buen plato de ramen, o quizás takoyaki, o mejor yakitori, o todo junto…
Con este plan en mente, y emocionado por aprender a cocinar más que por comer, Shun se apresura a llegar a la cocina.
- Buenos días. – saluda cortés y animadamente.
- Hola. – le responden Shiryu e Hyoga.
- Buenos días. – Mika saluda con una pequeña reverencia.
- ¿Y qué prepararás hoy, Mika? – Shun se aproxima a la chica.
Mika se pone nerviosa.
- Yo voy... voy a… –
- Shun, – Hyoga lo reprende – no molestes a Mika. -
Shun se detiene y se vuelve hacia su amigo.
- Quiero aprender a cocinar. – dice suplicante, y enseguida se vuelve hacia Mika – Perdona Mika, no quiero ser impertinente ¿Me permites ayudarte? – le sonríe con gentileza.
- Es… Es mi trabajo, joven. – responde Mika atropelladamente pero dándose prisa por colocar el desayuno para Seiya en una bandeja, que en instantes se dispone a llevar a la habitación de él.
- Permíteme. - Hyoga prácticamente le arrebata la bandeja de las manos a Mika.
- Pero joven Hyoga, es mi trabajo. –
Pero Hyoga no escucha las protestas de la chica.
- No es problema. – le sonríe con amabilidad – Vamos Shiryu. Ayúdame con la jarra de jugo. –
Shiryu también está por protestar, pero la mirada de complicidad de Hyoga se lo impide. Se levanta de su lugar, toma la pequeña jarra que contiene el jugo, y lo sigue.
No han puesto un pie fuera de la cocina, cuando Shun le vuelve a insistir a Mika que le permita ayudarle. Y como siempre, la chica, aunque nerviosa, accede.
Shiryu le pide una explicación a Hyoga.
- ¿Qué pretendes? –
- Llevarle el desayuno al comodino de Seiya. –
- No. Me refiero a permitirle a Shun que acose a Mika. –
- Ah. – Hyoga finge no haber entendido – Pues ayudo a mi druk [amigo]. -
- ¿Qué quieres decir? ¿Consiguiéndole novia es tu manera de ayudar a Shun con su fase depresiva? –
- No. Sólo espero que Shun deje de pensar en el ingrato de Ikki. Prefiero que se concentre en aprender a cocinar a que esté pensando todo el tiempo en su hermano ausente. –
Shiryu reflexiona por un instante.
- Podría funcionar. Shun no parece tan decaído como en días pasados. -
- Después de que desayunemos, tal vez por fin vayamos al centro comercial. –
- Sí. Quiero salir al menos a dar un paseo y comer un helado. -
En la cocina, Mika, dominando sus nervios al estar junto a un chico tan guapo como Shun, va explicándole cómo preparar gohan.
Para la chica, son unos largos e incomodos minutos que contrastan abrumadoramente con la felicidad que borbotea de su corazón...
De repente, se escucha un ruido atroz.
Shun sale apresuradamente de la cocina, sube prácticamente volando por las escaleras (deseando en lo más profundo de su alma que no haya ocurrido nada grave), se dirige hacia el pasillo que conduce a las habitaciones, dobla en otro pasillo, y ahí, a poca distancia de las puertas de las habitaciones que les pertenecen a sus amigos y a él...
Shiryu, Hyoga y Seiya, están tirados en el piso, Shiryu e Hyoga de espaldas, y Seiya boca abajo, y los trastes del desayuno, y el desayuno mismo, regados por doquier.
Shun se apresura a ayudarles pero, apenas da un paso, se detiene; se da cuenta que hay un líquido esparcido en el piso, además de notar que sus amigos están empapados. Debieron haber resbalado probablemente a causa del piso mojado, lo que lo desconcierta porque el personal de limpieza no es negligente.
- No se levanten. - va rápido por un trapeador.
Cuando los tres heridos ya no oyen los apresurados pasos de Shun, Shiryu se atreve a pedir una explicación al indudable culpable.
- Seiya… – Shiryu dice amargamente – ¿Ahora qué hiciste? –
- Nada… - Seiya se excusa pero es obvio que le cuesta trabajo hablar por el dolor; volvió a golpearse la cabeza, esta vez en la frente – Sólo regué agua con jabón en el piso para cuando Shun saliera de su habitación y pasará por aquí y resbalara… -
- ¡Seiya! – Hyoga dice furioso sin dejar que Seiya termine de hablar, he intenta ponerse de pie, pero su columna vertebral truena, y desiste – Auu… -
Los tres heridos se retuercen del dolor implorando que la ayuda llegue pronto.
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Muchas gracias por leer y por tus comentarios.
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