Hola! Después de mucho tiempo y aquí, en tiempos y tierra de cuarentena, aproveche mi fin de semana de descanso para ponerme a escribir, jijij. Acabo de ver una película viejísima de artes marciales y hay una escena con ninjas que me dio el empujoncito necesario para terminar este capítulo.
Ojalá les guste. Se que he estado muy desaparecida, pero ahora con la cosa pandémica y como personal de salud, mis horarios de trabajo ahora son mas extensos y agotadores y lo que menos hago es encender el note. TToTT
En fin, espero que les guste y les recuerdo la campaña "Con voz y voto" - Porque agregar a favoritos y no dejar comentario es como manosearme la teta y salir corriendo.
¡No me manoseen, porfa! Sean lindos y dejen aunque sea un "conti plz" jijij. Recuerden que cada review ayuda mucho y sube el animo.
Naruto y sus personajes no me pertenecen.
OJO: AU - periodo Edo. Ligero OoC
LUCES Y SOMBRAS
VII
Un nuevo mundo III
Nuevamente su sentido del olfato fue lo primero en activarse.
Una inhalación profunda y una sutil mezcla de hierbas recorrió sus fosas nasales, estimulando a su cerebro a despertar y ser consciente de su alrededor.
Podía reconocer algunos de esos aromas; manzanilla, caléndula, consuelda. Los conocía, recordaba los días en que junto a su hermano solían ayudar a su madre en el jardín y escuchar sus enseñanzas sobre las muchas propiedades de esas hierbas.
¿Era ahí dónde estaba ahora? ¿En una especie de jardín?
Una nueva inhalación, su mente aclarándose cada vez más. Sus párpados luchando para reunir energía y abrirse.
No, no era un jardín. Le tomó un par de segundos percatarse que el aroma provenía de él. ¿Por qué? ¿En dónde estaba entonces?
Repitió el ejercicio de respiración, logrando identificar nuevos aromas.
Madera ahumada, sopa de miso…
Té de jazmín.
En el momento en que su cerebro fue capaz de reconocer y etiquetar el último de los aromas que lo rodeaban, su cuerpo se puso rígido y un latigazo de dolor recorrió su abdomen. Su oído despertó de golpe, poniéndolo alerta de cualquier posible amenaza que se acercara a él, aunque no podía escuchar nada más aparte de su propia respiración y el latir acelerado de su corazón.
Era ese aroma. Ese maldito aroma otra vez.
Eso significaba que aun seguía ahí, en esa habitación y al cuidado de esas personas. Al cuidado o como prisionero, Sasuke no sabía cuál era la opción correcta y no le interesaba averiguarlo tampoco. La única certeza en su mente es que era un lugar desconocido y tenía que escapar cuanto antes.
¿Cómo era que todavía permanecía ahí tirado? ¿Tan débil era su condición? No recordaba haber pasado tanto tiempo convaleciente alguna vez, ni siquiera en esas dos ocasiones en que estuvo casi al borde de la muerte. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Ni siquiera podía saberlo, su percepción del tiempo estaba alterada, no sabía si habían pasado días, semanas o meses.
Meses.
La sola idea de haber pasado meses como prisionero de esas personas —y que se le asemejaba a una patada en el abdomen—fue el último estímulo que necesitó para lograr abrir los ojos. Tardó unos segundos y tuvo que parpadear varias veces antes de lograr adaptarse a la luz y enfocar la imagen frente a él.
Sasuke frunció el ceño al reconocer aquella imagen que cada vez le resultaba más familiar; ese tejado de vigas de madera que de alguna forma parecía burlarse de él. Sintiéndose casi ofendido por aquella visión, el Uchiha cerró los ojos y se obligó a recuperar un ritmo calmado de respiración. No podía seguir pendiendo el tiempo ahí, su mente debía concentrarse en una sola cosa; girar su cuerpo y levantarse.
Respiró profundamente y obligó a su cuerpo a obedecer…
Pero nada.
Solo una sensación de profundo agotamiento que le quitó el aliento por varios segundos. De pronto sentía como si sus extremidades estuvieran recubiertas de plomo.
¿Por qué? Ni siquiera era el dolor lo que lo mantenía quieto, si no la completa fatiga de sus músculos, casi como si acabara de realizar una exhaustiva misión.
El revoltijo en su estómago creció, pero esta vez a causa de la aversión que sentía hacia el mismo, por nuevamente comprobar lo débil que era. Furioso consigo mismo, desvió de la mirada de aquel estúpido tejado de madera.
Y entonces pudo verla.
Sentada contra la pared contraria a donde estaba acostado, la mujer de colorido cabello, vestida en un kimono casi del mismo escandaloso color, lo miraba atentamente. O al menos lo hacía hasta hace un par de segundos. Ahora, con la vista baja y estrujando una tela blanca entre sus manos, parecía haber encontrado algo realmente fascinante en el suelo de la habitación.
El ceño de Sasuke se frunció aún más al ver que esa niña seguía ahí, jugando a cuidarlo como si fuera un bebé. ¿Por qué la dejaban como su única custodia? ¿A ella, quien parecía un ratoncito asustado? Deshacerse de esa mujer sería algo sumamente fácil de hacer. Aun cuando su cuerpo dolía y el intento de moverse resultara casi imposible, Sasuke no perdería la oportunidad de retorcer ese delgado cuello si es que esa mocosa se atrevía a acercase a él.
No sabía cómo, pero estaba seguro que lo lograría.
Solo así tal vez podía salir de esa espantosa habitación.
Pero… había algo extraño esta vez.
Ella no se acercó.
Ni siquiera se movía. Solo se mantuvo en su posición, sentada sobre sus rodillas, estrujando aquel pañuelo entre sus manos.
Alarmas sonaron en el fondo de la mente de Sasuke y sus ojos se entrecerraron, mirándola con desconfianza y atento a cualquier mínimo movimiento por su parte. Era extraño, parecía mantener su distancia por un motivo diferente a la desconfianza o temor que seguramente sentía hacia él. Era algo diferente ahora, un motivo que no podía descifrar. Casi parecía luchar consigo misma, incómoda. Sus hombros tensos en lo que parecía ser una restricción a ella misma sobre acercarse, huir, o simplemente seguir ahí. Pero de nuevo, no era por temor. Era algo más.
Y cuando levantó la vista, con la timidez de un extraño que llega a un lugar desconocido, y sus ojos verdes se detuvieron en su cara…definitivamente supo que había algo raro. Había algo en la forma que lo miraba, analizándolo, estudiándolo, casi como si tratara de ver a través de él. Lo hacía sentir incómodo también. Porque definitivamente había algo ahí. Algo en su mirada, en sus ojos, algo suave… un tipo de mirada que ya casi había olvidado, algo parecido a… a…
Una bola de aire caliente se formó dentro del pecho de Sasuke al momento en que reconoció el significado de aquella mirada.
Compasión.
Fue casi una explosión dentro de su cuerpo, la sangre de sus venas hirviendo, haciéndolo temblar. Su respiración se volvió irregular otra vez y apretó los dientes con tanta fuerza que su mandíbula crujió.
¿Por qué? ¿Por qué carajos esa mocosa lo miraba así? Sus ojos negros relampaguearon furiosos en su dirección y sintió el implacable deseo de abalanzarse sobre ella y retorcer su cuello hasta que esa maldita expresión desapareciera de su cara.
Ella al parecer debió notar sus intenciones, pues la vio dar un respingo y bajar la mirada hacia el piso por unos segundos, casi avergonzada.
Sasuke respiraba agitadamente, su vista nublada por la rabia, el corazón latiendo acelerado y un odioso pitido comenzó a zumbar en sus oídos. El saber que su condición actual era tan patética que incluso provocaba lástima o compasión en alguien que aparentemente era su enemigo le resultaba peor que un kunai en la garganta, era una herida a su orgullo y a su alma.
Porque él no necesitaba compasión. No era ni un animalito herido, ni un niño abandonado, era un hombre altamente entrenado en técnicas de eliminación y muy pronto ella y todos los idiotas que se atrevían a mantenerlo ahí encerrado, tendrían el placer de comprobarlo.
¿Se divertían de tenerlo como una mascota herida? Pronto Sasuke les haría desear no haberlo hecho.
Y en el momento en que ella volvió a levantar la vista y sus ojos se conectaron otra vez, Sasuke sintió que todo en su interior daba vueltas. Estaba furioso, furioso con esa maldita mocosa que se atrevía a expresar alguna clase de preocupación o empatía por él; y también consigo mismo, por no ser lo suficientemente fuerte como para recuperarse y ponerse de pie de una vez.
Si las miradas mataran, la niña esa ya estaría tendida sobre un charco de su propia sangre o envuelta en un océano de llamas negras, pero por desgracia, Sasuke no tenía ningún tipo de técnica visual.
Ella permaneció en silencio, su rostro tan fácil de leer como un libro y expresando demasiadas cosas en esos malditos ojos verdes que a cada segundo se le hacían más detestables.
Y aunque todo en su interior hervía de ira, principalmente dirigida hacia ella, por alguna razón, Sasuke no podía apartar la mirada. La estudiaba también, preguntándose qué carajos estaría pasando por su cabeza y lo poco que debía apreciar su propia vida como para decidir quedarse a solas con él.
No fue hasta después de lo que pareció una eternidad que la mocosa de pelo rosa se puso de pie, guardando aquel trozo de tela blanca dentro de las mangas de su kimono. La vio avanzar con lentitud, casi como si dudara de casa paso que daba, hasta que llegó a las puertas corredizas y las abrió con un suave movimiento.
Con la vista al frente, sin atreverse a mirarlo por última vez, la escuchó hablar en una voz cauta y temerosa, apenas un susurro.
—Descansa.
La tensión en la habitación seguía presente, aun cuando ya había pasado bastante tiempo desde que la mujer se había ido.
Sasuke seguía sumido en un espiral de autodesprecio e intentos fútiles de mover su cuerpo agotado, casi drenado de toda energía física. ¿Qué carajos le había pasado que estaba tan cansado, mucho más que antes?
El silencio no le traía la calma de siempre, más bien aumentaba sus niveles de desesperación mientras que el jodido aroma a té de jazmín aun podía sentirse.
Kakashi escondió sus manos entre las mangas de su haori y levantó la vista al cielo, dejando escapar un suspiro al ver que nuevamente era de lo más gris. Hace apenas tres días había caído una nueva capa de nieve sobre su aldea y los escasos rayos del sol prácticamente habían desaparecido desde entonces.
Con un ritmo calmado como era su costumbre, Kakashi caminaba en dirección a casa de Sakura, sin preocuparse por la nieve que cubría sus sandalias y humedecía sus calcetines. Nadie a su alrededor parecía preocuparse por eso tampoco, el trabajo en su aldea no se detenía nunca, sin importar la estación o lo crudo del tiempo.
La relativa calma que se veía en su aldea no lo engañaba. Kakashi sabía que solo era cuestión de tiempo para que los problemas llegaran hasta ellos, aunque ahora no estaba seguro de si provendrían de los mismos ataques a aldeas vecinas o tal vez por parte del inconsciente huésped en casa de Sakura.
Mientras repasaba nuevamente en su cabeza la enorme lista de riesgos y rompimientos de reglas que significaba la presencia del ninja alojado en casa de su amiga, y tratando de convencerse a si mismo —otra vez —que obtendrían algún tipo de ventaja de eso, Kakashi escuchó a lo lejos una voz que lo llamaba.
Detuvo sus pasos y trató de no reaccionar ante la alarma que se activó en su cabeza al ver al anciano Homura Mitokado y la vieja Koharu Utatane acercarse a él, con esa cara de pocos amigos que siempre solían tener. Ver a esos dos viejos juntos nunca era buena señal.
Al llegar frente a él, Kakashi los saludó con una pequeña inclinación de cabeza. Los ancianos solo fruncieron un poco el ceño.
—¿Qué haces, Kakashi? —cuestionó Homura, a su lado, Koharu lo miraba con ojos entrecerrados.
—Am, dando un paseo. Es un lindo día, ¿no? —respondió sonriente.
Los ancianos al parecer no le vieron lo divertido. Kakashi suspiró.
—¿Podemos preguntar a dónde te diriges? ¿Una nueva visita de cortesía, quizás?
"Oh" Kakashi se mantuvo en calma. Sabía que los viejos no tardarían en sospechar de sus constantes visitas a casa de Sakura, pero esperaba que tardaran un poco más. Eso los ponía en aprietos, tenían que hacer que el muchachito ese hablara cuanto antes.
—¿Qué se traen ustedes? —cuestionó Koharu, molesta ante su silencio. —¿Por qué de pronto pasan tanto tiempo en casa de la hija de Kizashi? ¿Por qué ella no ha sido vista en la aldea? ¿Qué le pasa?
—Perdió a toda su familia. —respondió Kakashi con seriedad. —Naturalmente no está en condiciones de ir paseando por ahí. Y como amigos simplemente la apoyamos, no es fácil adaptarse al hecho que te has quedado solo.
Koharu frunció el ceño, como si con ese "naturalmente" le hubiesen dicho idiota, lo que fue completamente la intención de Kakashi.
—Sí, sabemos que tú y Naruto crecieron con los Haruno. —Homura tosió. —Espero que realmente sea solo eso, chico.
Kakashi sonrió, esa sonrisa despreocupada que ponía a todos de los nervios.
—¿Qué otra cosa podría ser? —se encogió de hombros y después de despedirse educadamente, reanudó su caminar. De reojo pudo ver como los dos viejos no le quitaban la vista de encima y dejó escapar un suspiro por milésima vez. Ni modo, tendría que cambiar de dirección y quedarse un rato en casa de Shikamaru para disimular y levantar un poco las sospechas.
Después de eso podría ir sin problemas hasta la casa de Sakura.
Solo esperaba que nada malo pasara durante su ausencia.
.
.
.
¿Qué cosa era?
Sentía algo frío tocando su cuello, recorriendo con cuidado sus mejillas y párpados. Era suave y la diferencia de temperatura entre ese algo y su piel le provocaba un ligero escalofrío.
No fue hasta un par de segundos después que pudo identificar que se trataba de una mano; dedos suaves y fríos apartando con cuidado los cabellos que se pegaban a su cara y a su frente.
El respingo que dio al percatarse de eso logró despertarlo por completo y casi de forma instintiva se arrastró sobre el futón para alejarse, aunque fuera milímetros, de ese toque. Su cabeza giró hacia un costado, encontrándose con la menuda figura de la mujer de ojos verdes.
De inmediato frunció el ceño y arrugó la nariz, casi como un animal furioso.
—Ah… tranquilo, no te asustes... —comenzó ella en un tono que supuso era tranquilizador, enseñándole las palmas de las manos.
Sasuke frunció el ceño aún más, sus cejas casi juntándose en su frente. ¡Claro que no estaba asustado de ella! Muy pocas cosas podían asustarlo en el mundo y una chiquilla de pelo rosa no estaba entre ellas, la sola idea le parecía un insulto.
—N-nadie te hará daño, estás a salvo aquí. —hizo una breve pausa —¿Cómo te llamas? Mi nombre es Sakura.
Silencio. Su nombre no le interesaba en lo más mínimo así que solo la ignoró. Con la vista de regreso en ese jodido techo, trató de mover sus brazos y piernas. Su cuerpo aun dolía, pero mucho menos que la última vez que estuvo despierto.
La escuchó suspirar.
—Am, eres un ninja, ¿verdad?
Silencio otra vez.
¿A qué estaba jugando? ¿A interrogarlo? Su método de interrogación era más que patético y Sasuke se preguntó si en algún momento aparecería otro sujeto dispuesto a soltar amenazas inútiles contra su integridad física y de paso darle un par de golpes para motivarlo a hablar. Tal vez el rubio ese con cara de idiota, debía admitir que al menos parecía alguien acostumbrado al combate.
Ella suspiró otra vez, su voz parecía titubear, insegura de continuar.
—Eh, ¿crees…? —hizo una pausa. —¿Puedes… recordar algo de ese día?
¿Ese día?
—La aldea Ikufu.
Tardó un par de segundos en procesar sus palabras.
Ah. Se refería a ese día. Aquel jodido día en donde todo lo que conocía desapareció en un parpadeo y terminó solo en el mundo. Apretó los dientes con furia al recordar a su hermano y sus compañeros cayendo a manos de esos traidores y el dolor en su pecho apareció otra vez. No era el dolor físico producto de sus heridas, ese podía soportarlo. No, era el otro tipo de dolor, mucho más profundo, que desgarraba su alma y su mente y le hacía imposible el respirar.
¿Por qué razón le interesaba saber eso? ¿Cómo lo sabía de todas formas? ¿Acaso tendrían algo que ver? ¿Aliados de Mizuki, tal vez?
Una ráfaga de odio recorrió sus venas. Si eso era así, mayor razón tendría para eliminarla. Había jurado destruir completamente a Mizuki y al maldito de Madara y eso incluía a cualquier rata que tuviera por aliado.
Sentía la mirada de la chica sobre él, mientras su pecho subía y bajaba con rapidez, sin lograr obtener el aire suficiente. La sola idea de estar bajo el mismo techo que alguien que tuviese relación con aquel maldito le provocaba náuseas.
"¡Muévete!"
Se repetía internamente, sus extremidades temblaban ansiosas por obedecer pero sin lograr reunir la suficiente energía como para completar sus órdenes.
"¡Muévete! ¡Levántate, maldición! Levántate y mátalos a todos"
—¿Te sientes bien? ¿Te duele algo?
Ella se inclinó sobre él con intención de tocarlo y Sasuke odio aun más el ver la preocupación en esos ojos verdes, incluso podía ver un tinte de dolor, como si ella estuviera sufriendo con él.
"¿Qué carajos…?"
La situación se le hacía aun más nauseabunda y comenzaba a martillarle la cabeza. Toda la rabia que tenía estaba logrando que su cuerpo comenzara a reaccionar y ya podía sentir un ligero hormigueo en las puntas de sus dedos.
—No… te acerques. —su voz sonó más grave de lo que recordaba, con un tinte gutural que provocó un escalofrío visible en el cuerpo de la chica. Su garganta ardió por el esfuerzo.—Aléjate.
La mujer clavó sus ojos verdes en él y por un segundo volvió a notar esa mirada de compasión que lo hacía sentir enfermo, la que parecía mostrarle temor y decirle "lo siento" al mismo tiempo.
Sasuke ya se preparaba para sujetarla del kimono en cuanto se atreviera a acercarse más y así poder rodear su cuello con las manos y apretar su tráquea. No le tomaría mucho esfuerzo hacerlo, estaba seguro.
Pero entonces alguien se aclaró la garganta.
La chiquilla se detuvo a mitad de camino y volteó a ver hacia otro extremo de la habitación.
Un hombre alto de cabello plateado, vestido en un kimono negro llegó hasta donde la chica, acariciándole la cabeza de una manera que supuso era fraternal. Ella acomodó su postura para sentarse correctamente y él se dejó caer junto a ella en un movimiento desenfadado.
Sasuke abrió los ojos en sorpresa y el corazón comenzó a latir acelerado en alerta. ¿Cuánto tiempo llevaba ese sujeto ahí? ¿Y quién rayos era? No lo había visto antes y ni siquiera pudo escucharlo o sentir su presencia. Si bien sus sentidos aun seguían adormecidos, debió al menos darse cuenta de una tercera persona en la habitación. Los ojos negros de Sasuke lo escudriñaron y cada fibra y músculo de su cuerpo se tensó en respuesta, sus sentidos le decían que estuviera alerta y fuera cuidadoso. A diferencia de ese tipo rubio, que era sumamente escandaloso y prácticamente llevaba escritas sus emociones y pensamientos en el rostro, este hombre se veía tranquilo, silencioso y con una mirada despreocupada.
Y esos hombres eran los más letales, impredecibles y peligrosos. Tal como su hermano lo fue.
—Mmm…—comenzó, rascando su barbilla oculta tras una especie de máscara de tela negra que cubría la mitad de su rostro. —Me alegra ver que estás despierto.
Sasuke frunció el ceño, un escalofrío recorriendo su columna.
—¿Sabes en dónde estás?
Silencio.
—Mi nombre es Kakashi. —se presentó, pasando una mano por su desordenado cabello color plata. —Te hemos traído aquí porque nos gustaría hacerte algunas preguntas. ¿Crees que puedas ayudarnos?
La expresión de Sasuke se volvió más sombría. Su mirada afilada fija en la imperturbable cara de ese hombre.
—Te aseguro que estarás a salvo aquí. —dijo calmado. —Nadie te lastimará. Tuvimos suerte de encontrarte aun con vida y te trajimos a nuestra aldea para cuidar de ti.
Silencio nuevamente. Sasuke apretó los dientes y el sujeto suspiró.
—No hablas mucho, ¿verdad? —comentó con tranquilidad. —¿Puedes al menos decirme tu nombre?
Los ojos negros del Uchiha no abandonaban la cara de ese sujeto, recorriendo sus facciones en busca de alguna intención oculta, pero no podía encontrar nada. No parecía tener intenciones de atacarlo y por eso mismo no podía confiarse.
—Tal vez sería mejor dejarlo descansar un poco más. —propuso la mujer.
—Tal vez. —el hombre cerró los ojos por unos segundos y entonces dirigió su vista hacia una de las puertas shoji. —Pueden entrar.
Un par de segundos después, Sasuke vio entrar a dos hombres más a la habitación. Uno era ese rubio de ojos azules, que ahora vestía un horrible kimono naranja con negro y el otro era un muchacho de cabello castaño amarrado en una coleta alta y picuda. Ambos con su respectiva wakizashi sujeta en el obi de sus kimonos.
El rubio se sentó a un lado de la mujer, sin dejar de mirarlo con desconfianza en ningún momento y prácticamente enseñándole los dientes, mientras que el castaño se acomodó al lado del tipo de pelo plata.
El Uchiha alzó un poco la barbilla en una pose altiva, tratando de mostrarse poco impresionado ante el hecho de estar rodeado por cuatro enemigos. O mejor dicho, por tres, porque la mocosa esa no contaba.
—¿Te encuentras bien, Sakura-chan? —preguntó el rubio, sin despegarle los ojos de encima y muy apegado a la chiquilla de pelo rosa. Ella solo asintió y Sasuke frunció un poco el ceño al notar que sus ojos viajaban hacia él por unos segundos, mirándolo nuevamente de esa manera que le crispaba los nervios.
—Bien. —el mayor del grupo dijo finalmente. —Puedes confiar en todos los aquí presente, chico. Solo queremos entender algunas cosas.
—Ese día en la aldea Ikufu. —comenzó el castaño. —¿Por qué estaban ahí? ¿Quién les ordenó atacar ese lugar?
Sasuke no dijo nada, su mandíbula tensándose al recordar aquel momento y regresó su vista hacia el techo.
—Había dos bandos de ninjas. ¿A cuál pertenecías tú?
Silencio.
—No pareces entender tu situación. —escuchó la voz chillona del rubio. —Si no cooperas con nosotros, entonces…
"¿Entonces qué?"
El rubio no terminó su oración y Sasuke vio de reojo como su rostro se contraía en desagrado. Definitivamente era un idiota, pensó. Ni siquiera podía realizar una amenaza completa.
—Hay cosas que están pasando. —la voz grave y serena del mayor del grupo llegó hasta sus oídos. —Cosas en las que al parecer tú y tu gente estuvieron implicados. Solo quiero saber por qué.
"Estúpidos" pensó Sasuke. A menos que tuvieran a un miembro de su familia frente a él, con un kunai en el cuello para obligarlo a responder a cambio de su vida, él jamás les diría nada. Había sido entrenado para cuidar información y ahora, gracias a las dos ratas traidoras de su aldea, ese horrible escenario nunca podría preocuparle de nuevo.
Ya no tenía nada que perder. Estaba solo.
—Ayúdanos. —escuchó al castaño. —Estoy seguro que tú sabes quién es el que está ordenando todos estos ataques.
"De hecho, lo sé" pensó, pero obviamente no pensaba decírselos.
—Podríamos ayudarte también.
"Nadie puede".
Los traidores eran su asunto. Madara y Mizuki caerían bajo sus propias manos, no necesitaba ayuda de nadie más.
—¿Qué es lo que quieres a cambio?
Silencio.
—¿Quieres vengar a tu gente? Asumo que no era parte del plan un enfrentamiento entre facciones ninja dentro de una aldea samurai. ¿También fueron traicionados? ¿O tú fuiste el del bando traidor?
Sasuke tensó la mandíbula, tratando de controlarse.
—¡Argh! Les dije que era una mala idea. —chilló el rubio. —Hey, escucha, tonto. Estamos arriesgando mucho solo con tenerte aquí escondido y créeme que afuera no te irá tan bien como aquí. Si sabes lo que te conviene mejor dinos lo que queremos saber, si alguien aparte de nosotros se entera que estás aquí no serán para nada amables.
Pudo sentir la mirada de la mujer sobre él, pero se obligó a no prestarle atención.
De pronto, un golpe en la puerta logró que todos en la habitación se tensaran.
El rostro de la pelirrosa había adquirido un horrible tono fantasmal y en un rápido movimiento llevó una mano hasta la boca de Sasuke, presionándola para obligarlo a estar en silencio.
Los ojos negros del ninja nuevamente relampaguearon hacia la atrevida mocosa, pero fue totalmente ignorado. Con un segundo golpe a la puerta y una indicación de ella para que todos se mantuvieran callados, Sasuke la vio levantarse con piernas temblorosas y salir lentamente de la habitación, cerrando la puerta con un suave golpe.
Sasuke observó a los hombres sentados junto a él, los dos jóvenes parecían casi de su misma edad y definitivamente eran personas entrenadas en combate. El castaño se veía tranquilo y mucho más inteligente que el rubio. Los dos parecían comunicarse con la mirada y de vez en cuando voltear la cabeza para mirarlo a él. El mayor, en cambio, mantuvo su atención hacia la puerta, tal vez preguntándose que estaría pasando del otro lado.
No supo cuánto pasó, pero cuando la única mujer de la habitación regresó, parte de la tensión en sus custodios se había evaporado. Ninguno dijo nada sobre lo ocurrido, algo inteligente a opinión de Sasuke, de no dar información innecesaria al enemigo.
—¿En dónde íbamos? —preguntó el castaño, rascándose la barbilla. —Ah, sí, bueno, como dijo Naruto, creo que lo mejor sería que cooperaras con nosotros.
—Comencemos por algo pequeño. —propuso el de pelo plateado. —¿Cómo te llamas, chico? ¿Cuántos años tienes?
Silencio.
—¡Oye, no seas grosero! Responde cuando te preguntan. —lo regañó el rubio.
—Mmm… —el mayor negó con la cabeza y luego suspiró. —Escucha, estamos en pleno invierno, los caminos bloqueados por la nieve y en una ubicación que es desconocida para ti. Sin mencionar que somos los únicos aliados que tienes en esta aldea en estos momentos. Si nos das la información que necesito y ayudas a salvar mi aldea, prometo que te dejaré ir y te ayudaré a regresar a casa cuando esto acabe.
—¡Pero, Kakashi-sensei…!
Una mano alzada logró el silencio en los dos jóvenes.
Sasuke entrecerró los ojos. Ayudar a un enemigo no es algo normal en su mundo y de hecho, todo el estilo de vida shinobi se basaba en desconfiar de cualquiera que no fuera familia o de aldea. Y tomando en cuenta que había sido traicionado por un miembro de su propia familia y de gran importancia en su aldea, ni siquiera ahí podía confiarse.
Sin mencionar que tampoco tenía un hogar al cual regresar después. De hecho, su plan era morir poco después de acabar con Madara y Mizuki.
El Uchiha cerró los ojos y la misma horrible postal de Itachi en sus últimos momentos apareció en su mente. Volvió a tensar la mandíbula y empuñó sus puños.
Su hermano… su padre… Estaba solo. Completamente solo.
Su última misión podría tomarle mucho tiempo…
Pero eso no significaba que tenía que ayudar a estos idiotas.
—Piérdete. —escupió.
—¡Bastardo! —el rubio gritó, casi abalanzándose sobre él, pero entonces la mujer lo detuvo con una mano en el pecho.
—Am… esto… —escuchó su voz titubeante y la observó de reojo. —Esto… es tuyo, ¿verdad?
Ella sacó algo del interior de las mangas de su kimono, un pañuelo blanco doblado cuidadosamente. La vio abrirlo con cuidado y luego tomar lo que estaba dentro, extendiéndolo frente a él.
Los ojos de Sasuke se abrieron completamente y una descarga de electricidad recorrió su columna, enviando destellos azules a través de todo su cuerpo. No sintió nada, ni dolor, ni cansancio ni las nauseas que se apoderaban de él ante cualquier mínimo esfuerzo, solo un impulso animal por abalanzarse sobre ella y recuperar aquel objeto tan preciado.
Todo pasó en apenas un parpadeo.
Sasuke estaba erguido, apoyando su peso sobre una pierna mientras que con sus manos, asemejando a garras de acero, envolvía el antebrazo y la muñeca derecha de la chica que ahora lo miraba con horror. A su vez, una mano igual de firme lo sujetaba a él de su propio antebrazo para alejarlo de ella, mientras alguien más lo tiraba del cuello de su kimono y el filo de una espada apuntaba a su cuello.
—Suéltala. —ordenó el hombre del pelo plateado, con un brillo filoso en sus ojos negros y por alguna razón, Sasuke recordó a su hermano Itachi. —Ahora. —agregó, acercando un poco más su katana hacia su cuello.
—Bastardo, suelta a Sakura-chan. —gruñó el rubio, apretando con más fuerza su antebrazo.
—No intentes nada estúpido. —el castaño estaba de pie, sujetándolo por el cuello de la ropa.
Sasuke dio un vistazo a los tres hombres y comprobó sus teorías. Realmente tenían entrenamiento en combate; los famosos samuráis. Les daría mérito por ello, ni siquiera pudo ver el momento en que el de pelo plateado desenvainó su espada y los otros reaccionaron. Aunque claro, de todos modos, toda su atención estaba puesta en el objeto que esa chica sostenía en su mano.
Con la vista ahora fija en los asustados ojos verdes de la mujer frente a él, Sasuke dejó libre su antebrazo, notando la zona enrojecida que había quedado sobre su piel. Su mano derecha, en cambio, se mantuvo firme sobre su muñeca, totalmente adherida a su presa.
—T-tranquilos. —dijo ella, tratando de sonar calmada. —Todo está bien.
Sasuke observó como ella se dirigía al mayor del grupo, ese tal Kakashi. Tardó un poco, pero lo vio relajarse y con una mirada, ordenar a los otros dos retroceder también. Ella entonces tomó la propia mano de Sasuke y con una fuerza que lo sorprendió, logró retirar sus dedos de hierro y liberarse a si misma.
Sin decir nada, ella extendió el colgante frente a él. Sasuke permaneció en su lugar, sin moverse por unos segundos, con el ceño fruncido y la mandíbula tensa. Se reprochó a si mismo por un momento, no debió haber reaccionado de esa forma tan obvia. Eso lo dejaba vulnerable y revelaba información sobre sí mismo, pero a estas alturas ya poco le importaba. Solo lo quería y ya, no podía permitir que esos idiotas lo tuvieran, así que sin pensar demasiado y de un rudo manotón, se lo arrebató de la mano a esa chiquilla, que frunció un poco el ceño ante su acción.
En el momento en que los dedos de Sasuke envolvieron el grabado de madera, todas las energías de su cuerpo bajaron hasta sus pies, drenadas por completo. La cabeza le comenzó a dar vueltas violentamente y escuchó el ruido de su cuerpo caer pesadamente sobre el futón. Sus párpados fueron cerrándose y aunque aun seguía despierto, los sonidos poco a poco iban alejándose.
—¿Qué carajos pasó? —escuchó la voz escandalosa del rubio.
—¿Qué era eso, Sakura?
—Solo… le devolví algo. —susurró ella. —Pensé que lo calmaría un poco y tal vez… no sé, ¿volverlo más accesible?
—Eso fue peligroso, Sakura. —esta vez habló el castaño. —No podías saber cómo iba a reaccionar.
—Lo siento.
Hubo un momento de silencio mientras Sasuke sentía como su respiración se volvía más acompasada. Alguien acomodó las mantas del futón sobre él nuevamente, asegurándose de arroparlo bien.
—Solo… creí que tener algo de su hogar lo ayudaría. Debe estar triste y asustado.
Y a pesar que quiso levantarse otra vez para refutar aquella absurda afirmación, para gritarle que no necesitaba de su compasión, Sasuke no pudo hacerlo. No cuando el cansancio del momento, el calor de las mantas y el agradable aroma a té de jazmín lo llevaban nuevamente a ese lugar de tranquilidad.
Koharu Utatane cubrió su boca con una de sus manos y las arrugas de su rostro se marcaron aun más.
Siempre tuvo razón en que algo estaba pasando en casa de la hija de Kizashi.
Cuando la visitó hace un momento, el nerviosismo mal disimulado de la chiquilla y el total silencio en su casa, aun cuando sabía que el niño de los Namikaze y de los Nara estarían con ella, fue suficiente como para convencerse que algo estaban ocultando.
Y se dijo a si misma que si se quedaba a espiar desde el jardín trasero, era solo para comprobar sus teorías y asegurarse que no fuera nada malo.
No esperaba escuchar la conversación que acababa de oír.
Algo que era más que malo, algo que significaba una traición.
Con el ceño fruncido y moviendo la cabeza en señal de desaprobación, apuró sus pasos para dejar la propiedad de los Haruno antes que la descubrieran. Debía comunicarse con Homura y los ancianos cuanto antes.
.
.
.
Al abrir los ojos, Sasuke notó que su cuerpo se sentía un poco más ligero. Sus heridas no dolían tanto y no le tomó demasiado tiempo el ubicarse en el espacio.
Pero por desgracia, comprobó que aun seguía en esa habitación.
Y comprobó que ella también estaba ahí.
Frunciendo el ceño, mantuvo la vista fija en el techo, tratando de ignorar su presencia. Ella al parecer también se dedicó a hacer lo mismo, pues se veía mas concentrada en beber de su té que en vigilarlo.
Bien para él, así no tendría que soportar miraditas cargadas de lástima. Aunque al cabo de unos minutos, ya podía sentir como su mirada viajaba hasta él y se detenía a observarlo por unos minutos para después enfocarse en otra cosa.
—Am… ¿cómo te sientes?
Silencio.
—Eh… lamento… lamento no haberte entregado antes tu colgante. —la vio jugar con las arrugas de su kimono. —Es preciado para ti, ¿verdad?
Silencio nuevamente.
De reojo pudo ver como ella se acercaba un poco más y entonces notó su aspecto cansado. Marcadas ojeras debajo de sus ojos y el rostro pálido acusaban una noche de insomnio, pero aun así, sus odiosos ojos verdes se veían igual de brillantes.
Sasuke frunció el ceño. Nunca antes había visto ese color y no recordaba haber visto una mirada así en alguna persona antes. Su mundo estaba rodeado de miradas filosas, atentas, desconfiadas, con muy poco toques de calidez y definitivamente casi nada expresivas.
Los ojos eran las ventanas del alma, decían las ancianas y Sasuke ahora sabía que era cierto.
Le desagradaban, eran tan trasparentes, tan brillantes, tan apartados de toda la mierda que rodeaba al mundo en el que vivía.
Y aunque le causaba una morbosa curiosidad la idea de verlos apagados algún día, de verlos enfrentados a los horrores del mundo real, por ahora Sasuke solo esperaba que dejara de hablar. Su vocecita chillona le martillaba la cabeza.
—Lo traías contigo el día que te trajeron aquí. Es una suerte que no se perdiera en… ya sabes. —continuó ella, como si por alguna razón Sasuke fuera a contestarle. Ilusa.
Hubo un momento de silencio y Sasuke cerró los ojos, respirando con suavidad y comprobando para su satisfacción que sus manos respondían a sus órdenes. Oculto bajo las cobijas, abría y empuñaba sus manos. También podía mover un poco sus brazos y piernas.
"Bien"
—Pronto llegaran Kakashi y los demás. —anunció ella en voz baja, como si dudara decirle o no.
Sasuke mantuvo su expresión calmada. No estaba asustado, la presencia de esos tres no le afectaba en nada. Sus ojos negros seguían fijos en las vigas del techo, casi contando cada uno de los anillos grabados en la madera. De reojo podía ver que ella seguía en su posición, sus manos fijas sobre sus rodillas.
De pronto el sonido de pisadas acercándose lo puso en alerta. Eran varias y se escuchaban apresuradas. ¿Habrían regresado los tres idiotas? De reojo vio que ella giraba para mirar hacia la puerta, pero antes que siquiera pudiera ponerse de pie, la puerta shoji se abrió violentamente, rebotando sobre el marco de madera. Y dos segundos después, varios hombres entraron en la habitación.
—¡No te muevas!
—¡Bastardo, quieto ahí!
La chica cubrió su boca con las manos, ahogando un grito de horror.
El cuerpo de Sasuke se tensó en respuesta a los ocho sujetos que lo miraban con furia y manos empuñadas en sus espadas. Ninguno de esos hombres era conocido por él y era obvio que su presencia ahí no les parecía bien.
La adrenalina recorría su cuerpo y su mente trabajaba de prisa, buscando la manera de poder escapar con vida.
¿Enfrentarse a ellos? No. No tenía armas y muy apenas podía moverse. No duraría un minuto. ¿Tomar a alguien de rehén? Sí, la chica esa tal vez. Ella estaba cerca de él y no le causaría mucha dificultad, aunque a juzgar por la manera en que uno de esos viejos la miraba con furia a ella también, casi amenazando su vida de igual forma, probablemente no serviría de mucho.
Su mente aun seguía trabajando en un plan para sobrevivir cuando el sonido de ocho espadas desenfundándose al mismo tiempo provocó un escalofrío que subió por su columna. Furioso, Sasuke frunció el ceño e hizo el intento de levantarse y pelear aunque fuera con sus uñas y dientes en el momento en que tres de ellos dieron un paso hacia él…
Sintió un peso chocar contra su cadera.
… para luego detenerse con sus espadas en alto.
Y alzar un poco la cabeza, la vio.
O más bien, vio su espalda.
Actuando como un frágil escudo humano estaba ella, apoyada sobre sus rodillas, con brazos extendidos y una larga cabellera rosa cayendo por su espalda.
Y aunque Sasuke no podía ver su cara, y aunque podía notar como su cuerpo temblaba ligeramente, estaba seguro que esos odiosos ojos verdes brillaban desafiantes.
chan chan! Sakurita protegiendo lo que es suyo, jijiji.
Bueno, ojala les haya gustado. Koharu se fue de chisme con toda la aldea y ya todos saben de la estadia clandestina de Sasuke XD
Nos leemos pronto.
Cuidense mucho y sigan las instrucciones de su personal de salud. ¡Por favaaar!
Matta ;)
